Entradas populares

Mostrando entradas con la etiqueta animales y sociedad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta animales y sociedad. Mostrar todas las entradas

domingo, 9 de agosto de 2020

Charlie Charmer desde Koprolitos observa la iconografía del dinosaurio en la cultura popular bajo la influencia del Crystal Palace. Benjamin Waterhouse Hawkins como precursor de las volumetrías antrozoológicas.


Enlazamos la fotografía de Lewis Carroll con un tema más directamente relacionado con la antrozoología artística que mejor nos define, y lo hacemos sin abandonar el contexto social e histórico del propio Carroll. 

Nos mantenemos en la era victoriana y reincidimos en recordar el estado de sorpresa constante por las maravillas que suponían los descubrimientos científicos, geográficos y tecnológicos. El final del siglo XIX está marcado por la llegada de la fotografía, del ferrocarril, de la maquinaria de vapor que aceleraría el tiempo en la revolución industrial, pero también contemplaría los cambios de paradigma en la historia natural gracias a la generosa aportación de Alfred Russell Wallace y los escritos de Charles Darwin. También, la Inglaterra finisecular será testigo de la llegada oficial de los dinosaurios a la cultura popular, del descubrimiento y manifestaciones públicas acerca del iguanodón y de la asimilación de sus primeras representaciones tridimensionales en los jardines alrededor del Cystal Palace.

Ya hemos dado cuenta de ello en entradas precedentes, pero hoy podemos añadir una valiosa aportación comentarista y recopilatoria de Charlie Charmer para Koprolitos, acerca precisamente de estas instalaciones paleoantrozoológicas pioneras en el Crystal Palace que anunciaban el advenimiento de los parques temáticos de nuestro presente. Recordemos un extracto de nuestras anteriores publicaciones antes de ofreceros los contenidos que nos facilita Charmer.


Ya en nuestros propios escritos preliminares a la existencia de El Animal Invisible como blog de divulgación de Antrozoología Artística, elaborados en un contexto académico serio, por así decirlo, remarcábamos el hecho de que si existe un caso claro en el que la asimilación de la imagen de un animal era vehiculizada por el trabajo de artistas y no por el de zoólogos es el de los dinosaurios y los animales prehistóricos en general. El tráfico de influencias entre todos ellos era muy abundante y acababa por dejar claro porqué los más admirados, los más ilustres y los mejores eran normalmente los más influyentes y, en definitiva, los creadores de la imagen colectiva de especies concretas, como el dibujo de Durero y el consecuente grabado de Gesner lo fueron en su momento de lo que en Europa se asimiló prácticamente como holotipo gráfico del rinoceronte. Eso es lo que nos recuerda Javi Godoy, también desde Koprolitos, con sus deliciosas entradas dedicadas a paleoilustradores ilustres y sus alargadas sombras, (como ya vimos respecto a Charles R. Knight)
Posiblemente, el ejemplo más paradigmático de lo que estamos diciendo sea el Iguanodon, cuyas primeras representaciones museísticas en los albores de la paleontología durante la época de la Inglaterra victoriana nada tienen que ver con las actuales. Y, casi con certeza, si tuviésemos que mencionar a un artista gráfico con sólidos conocimientos científicos que revolucionase la ilustración científica de los dinosaurios pasándolos de pesados y torpes animales de sangre fría a estilizados y rápidos animales homeotérmicos, tendríamos que referirnos, como hicimos entonces, a Gregory Scott Paul.

Si la película "Dinosaurio", de Disney, estaba protagonizada por Aladar, un ejemplar de iguanodón, está claro que su aspecto físico y su manera de moverse se ajusta a los cánones establecidos por los estudios gráficos de G. S. Paul, pionero en levantar las colas de los dinosaurios del suelo a modo de estabilizador (nunca más como mero apéndice arrastrado absurdamente por el suelo). Tal vez los primeros dinosaurios en movimiento naturalista sean los de "Jurassic Park" de Spielberg, pero tanto su película como la novela original de Crichton deben mucho a los artículos científicos y libros paleontológicos ilustrados por Gregory S. Paul, desmarcándose claramente de la influencia todavía persistente de otros grandes de la ilustración paleozoológica como Z. Burian

Desde las primeras esculturas e ilustraciones representando iguanodones (los primeros dinosaurios descritos por la naciente paleontología británica) hasta las volumetrías promocionales del iguanodón de Disney se ha producido una evolución en la que el trabajo gráfico de G. S. Paul es decisiva. Obsérvese la diferencia entre la especulación de los artistas victorianos, con sus consecuentes y famosas recreaciones escultóricas, y las más recientes reproducciones basadas en los concienzudos estudios anatómicos, mecánicos y motrices de Grgory Scott Paul y sus discípulos. 

Diríase que se trata de animales totalmente distintos, no sólo en su aspecto físico sino en el carácter y comportamiento que éste nos sugiere, lo cual nos recuerda que el grado de distanciamiento o capacidad de empatía y comprensión de otras especies es algo que también ha evolucionado, afectando a su representación gráfica tanto como tendríamos que considerar lo inverso: las representaciones gráficas influyen en las consideraciones que podamos tener de un animal concreto a la vez que indican en gran medida qué grado de conocimiento o comprensión tenemos de los demás miembros de la vida natural.

Recordemos que cuando se especulaba que los dinosaurios serían lentos y pesados, casi incapaces los de mayor tamaño de moverse fuera del agua, estos eran representados junto a ella o sumergidos en ella, y, en cambio ahora, cuando las más recientes teorías apuntan hacia criaturas homeotérmicas, de mayor rapidez de acción, y capacitadas para utilizar sus colas como contrapeso, y no como un apéndice reptante, las ilustraciones de los libros divulgativos sacan a los dinosaurios del agua y los muestran moviéndose por tierra firme. 
Cuando se invoca a un animal, se invoca a sus caracteres físicos, y también a los de comportamiento. 
 
El tricerátops, por ejemplo, siempre asociado a una versión antediluviana del rinoceronte, ha sido tradicionalmente dibujado con apariencia pesada. Pero también, como el rinoceronte se ha visto relacionado con la velocidad propia de un ariete capaz de agredir al temible tyranosaurio. Sin embargo, nos han pintado al tricerátops como un obeso y pacífico animal que sólo decargaba su furia en casos extremos, como si la potencia del impacto de su triple cornamenta dependiese sólamente de la inercia de su sobrepeso. La nueva concepción de los dinosaurios, alejada filogenéticamente de los reptiles, cercana a las aves, agilizada por su nueva sangre caliente tenía forzosamente que reflejarse de algún modo en las imágenes de todos sus representantes más populares.
El tricerátops no podía ser menos, como atestigua cierto dibujo de Gregory S. Paul, en el que tres tricerátops, significativamente estilizados, corren hacia nosotros recordándonos un travelling frontal cinematográfico. La sensación de gran angular imprime mayor velocidad a la escena, que muestra oportunamente una vista totalmente frontal del ejemplar que corre a la derecha de la imagen, un medio perfil izquierdo del que ocupa el centro y el flanco izquierdo del tercero, que parece que va a abandonar el margen izquierdo de la ilustración a toda velocidad, sensación acentuada por la polvareda levantada por la estampida (este y otros ejemplos de Gregory S. Paul están reproducidos en las páginas 223, 224, y 230 de Gould, S. J.: "El pulgar del panda"). 





Gregory S. Paul: "Tricerátops"
(reproducido de Gould, S.J.: "El pulgar del panda", p. 223, 224 o 230).

 

Según nos indica Joe Cain, (Por qué Benjamin Waterhouse Hawkins creó los dinosaurios de Crystal Palace) el escultor Benjamin Waterhouse, autor de las célebres piezas, tuvo mucho que ver con la promoción de la instalación y con su popularización, más allá de su mera ejecución:


Ilustración de la conferencia pública de Benjamin Waterhouse Hawkins (1854) sobre la creación de dinosaurios de Crystal Palace


Ilustración de la conferencia pública de Benjamin Waterhouse Hawkins (1854) sobre la creación de dinosaurios de Crystal Palace

Benjamin Waterhouse Hawkins (FGS, FLS) fue el escultor que creó los dinosaurios de Crystal Palace. Específicamente, creó más de treinta estatuas de animales prehistóricos para el Crystal Palace and Park (Sydenham), que se inauguró en junio de 1854. Las estatuas incluían dinosaurios (Iguanodon, Megalosaurus e Hylaeosaurus), reptiles marinos mesozoicos (Plesiosaurus, Ichthyosaurus y Mosasaurus) , otros reptiles extintos (Dicynodon y Labyrinthdon), y mamíferos del Período Terciario (Anoplotherium y Palaeotherium) y del Período Cuaternario (Megaloceros y Glyptodont). Otros fueron planeados pero no construidos.

Hawkins fue un hábil promotor de sus obras. Él diseñó el famoso evento mediático "Cena en el Iguanodon" para la víspera de Año Nuevo, el 31 de diciembre de 1853.

Hawkins habló sobre la fabricación de sus famosas estatuas y sus ambiciones subyacentes para la exposición en su conjunto, en una conferencia nocturna en la Royal Society of Arts el miércoles 17 de mayo de 1854. El Crystal Palace and Park en Sydenham estaba a punto de inaugurar, y la publicidad de ese evento estaba en marcha.


Hay más que publicidad en la conferencia de Hawkins. Las estatuas ofrecían "educación visual", explica. Esto se puede resumir como, "una imagen vale más que mil palabras". Los niños recordarán lo que ven mucho más tiempo que cualquier cosa que puedan leer, argumentó. La educación necesitaba hacer un mayor uso de los materiales visuales, dijo, y los educadores debían trabajar más duro para crear materiales visualmente útiles para el aula.

Junto a su conferencia esa noche, Waterhouse Hawkins también exhibió modelos y dibujos de sus esculturas, así como sesenta fotografías de Philip H. De la Motte (vean algunas de estas fotografías a través de English Heritage o en forma de libro a través de Crystal Palace Foundation). Waterhouse Hawkins pronunció esta charla en otros lugares de Inglaterra durante 1854.
Ilustración de la conferencia pública de Benjamin Waterhouse Hawkins (1854) sobre la creación de dinosaurios de Crystal Palace 












 

The Morning Post (Londres) calificó su charla de “muy interesante y muy capaz” (19 de mayo). The Standard (Londres) también informó sobre la conferencia (19 de mayo). El mismo día, la sociedad publicó la conferencia de Waterhouse Hawkins en su totalidad:

    Waterhouse Hawkins, Benjamin. 1854. Sobre la educación visual aplicada a la geología, ilustrada por diagramas y modelos de las restauraciones geológicas del Crystal Palace. Journal of the Society of Arts 2 (78): 443-449 (vea el original a continuación o mediante Google Books).

El texto de la conferencia de Hawkins se ha reimpreso varias veces. Lo emocionante de leer el original a través de Google Libros es un vistazo al debate posterior a la conferencia. Está claro que su audiencia quedó asombrada por la calidad de su trabajo. También retomaron su punto sobre la educación, sugiriendo que los modelos que había hecho Waterhouse Hawkins podrían copiarse y distribuirse en las escuelas de todo el país.

Hawkins también jugó un papel importante, pero no reconocido, en la creación de la guía para visitantes de las estatuas:

    Owen, Richard. 1854. Geology and Inhabitants of the Ancient World (Londres: Crystal Palace Company), 48 páginas. Edición facsímil de 2013 por Euston Grove Press. ISBN 978-1-906267-36-0.












A continuación, os ofrecemos el extracto del artículo de Charlie Charmer en Koprolitos:

jueves, 9 de julio de 2020


Los dinosaurios de Crystal Palace en la cultura popular

"Prehistoric World" (1962)

Desde que H.G. Wells los incluyera en su novela Kipps (1905), han sido varios los escritores que han tomado la exposición de dinosaurios de Crystal Palace como parte del decorado de sus obras, como Have his Carcase (1932, Dorothy L.Sayers), My Secret History (1989, Paul Theroux), Fanny and the Monsters (1991, Penelope Lively) o End of an Era (1994), donde Robert J.Sawyer menciona la famosa cena de inauguración dentro del iguanodón, y los libros infantiles donde los dinosaurios cobran vida El castillo encantado (1907, E.Nesbit) o Dinosaurs don’t Die (1970, Ann Coates).

Fotograma de In those all Good Days (1922)

También el cine ha tomado la muestra como localización de cintas como la reciente London Fields (2018, Martin Amis), donde sirve de telón de fondo para la conversación de dos personajes. Y por supuesto, ha sido objeto de numerosos documentales, como los de la British Pathé In those all Good Days (1922), Crystal Palace Monsters (1950), Palace Monsters (1954), Restoring Monsters (1959) o Crystal Palace (1967). Entre los más recientes, destaca Back to Life – Crystal Palace Dinosaurs (2018, Tal Amiran) que recoge los trabajos de conservación realizados el invierno de 2016-17 en ocho de las esculturas.

Cartel informando de la reparación de Iggy (foto propia)

El iguanodón, visto por Angelo Torres

Pero ya sabéis que nuestra debilidad es el cómic. La entrega #167A de la serie Classics Illustrated de Gilberton (el cómic más vendido de la historia) se tituló Prehistoric World (1962) y fue dedicado a la evolución de la vida en el planeta. Incluía la historieta de Angelo Torres “In search of the past”, donde se daba cuenta, entre otros eventos, de la expo de Crystal Palace.

Don Glut (1944) creó al detective de lo oculto Dr. Spektor (1972, Mystery Comics Digest #5), desarrollado en su propia cabecera por Jesse Santos (1928-2013). En “Dr. Spektor & Mr.Hyde” (1973, The occult Files of Dr. Spektor #5) tiene lugar una persecución entre las esculturas de dinosaurios de Crystal Palace, si bien muchas de ellas inventadas ya que se trata de especies aún no descubiertas cuando se inauguró la exposición.

"Living in the Past" (1990)
"Living in the Past" (1990)

En la década de los 70, la actriz Carol Ann Ford, que interpretaba a Susan, nieta del primer Doctor Who, se vistió con pieles en el parque, con dinosaurios al fondo, para celebrar el décimo aniversario del Doctor Who. Otra actriz, Sophie Aldred (Ace), volvería a posar con los dinosaurios de Crystal Palace para la portada de la revista Doctor Who Magazine  #162 (1990), que incluía el relato de Andy Lane "Viviendo en el pasado", acompañado con ilustraciones de Cam Smith como ésta en la que Ace monta sobre un dinosaurio. En el cómic “The Crystal Palace” (2009, Doctor Who Adventures #112), de Christopher Cooper/John Ross, el Décimo Doctor intenta llevar a Heather Mc Crimmon a Crystal Palace el 10 de junio de 1854, pero encuentra complicaciones.

Doctor Who Adventures #112 (2009)
Doctor Who Adventures #112 (2009)

La colección Science Comics de First Second Books (2006) incluye Dinosaurs: fossils & feathers (2016, MK Reed/Joe Flood) en la que los autores reproducen la inauguración de la exposición de los dinosaurios de Crystal Palace.

Dinosaurs: fossils & feathers (2016)

sábado, 25 de abril de 2020

Vadim Solovyov y su invasión de animales salvajes gigantes

Vadim Solovyov

Una vez hecha la reflexión sobre el fotomontaje que ofrecimos en nuestra entrada precedente, a la que dimos un sesgo en el que la eficacia del fotomontaje tal vez sea un síntoma de nuestro alejamiento del mundo natural, volvemos al fotomontaje para mostrar un claro ejemplo de lo que veníamos diciendo. 

Y es que, cuando el fotomontaje funciona de forma más llamativa es cuando imita o emula a la foto documental, y es por ello que  Gigantescos animales salvajes deambulan por las calles rusas en las composiciones surrealistas de Vadim Solovyov.

Vadim Solovyov
No obstante, en este caso entraríamos de nuevo en la eficacia de la evidencia de lo imposible, en el regusto de la fantasía creíble que hace realidad de forma ópticamente verosímil una cierta ensoñación de retorno de la naturaleza al mundo urbano cotidiano.

Es, creo, un recurso fácil, resultón y difícilmente eludible por el público automáticamente atraído por las imágenes de trabajos como el de Christophe Huet, por ejemplo, u otros tantos como el estudio Creatonautes, generando quimeras digitales, o Sarah DeRemer con sus asociaciones y analogías de manual, también flirteando con lo quimérico.

Sin embargo, como en el ejemplo de Huet, hemos de añadir todavía otro factor que convierte estos fotomontajes en un tópico de las redes y de las ensoñaciones digitales: la alteración de la escala.

Vadim Solovyov
Los animales son agigantados, preferentemente (aunque no faltan los ejemplos de miniaturización pretendidamente llamativa o sorprendente), para reclamar todavía más la atención, además de en su desubicación. 

Tampoco es nada nuevo, volvemos al viejo recurso de los insectos agigantados o vengadores de los mundos perdidos a lo King Kong, cuyo émulo no falta, desde luego, entre las imágenes de Vadim Solovyov.

Así, animales proverbialmente pequeños son traídos a la escala de nuestras mascotas o a la nuestra propia para incluso superarla, pero también es tentador reducirlos, especialmente en el caso de las mascotas domésticas, hasta convertirlos en miniaturas de bolsillo.

Vadim Solovyov
De hecho, es uno de los pocos casos en que Solovyov se centra en un animal doméstico, puesto que en la mayoría prefiere agigantar la fauna silvestre y, por tanto, constiuiría un caso contrario al que observábamos en Mitch Boyer sacando de paseo a su "perrito" gigante Vivian por Brooklyn.

Lo que pasa es que el de Boyer constituye un caso de proyecto fotográfico o artístico con su propia poética, mientras que los trabajos de Huet o Les Creatonautes, como, las de Solovyov parecen responder más a un "¿porqué no?" a cada ocurrencia de la imaginación menos exigente.

Aunque sería injusto no elogiar la buena vista y pericia técnica del artista ruso, o su trasfondo crítico con el avance desaforado de la civilización, puesto que, aunque nosotros, siguiendo nuestra línea habitual, nos centramos en sus trabajos protagonizados por animales, lo cierto es que la tecnología y los robots son su temática alternativa, que, de todas formas, no deja de ser vicaria de cualquier observación de lo que entendemos por animalidad. 

Vadim Solovyov
En ciertas ocasiones incluso combina ambos conceptos y los insectos gigantes o cualquier criatura aumentada o reducida de escala es acechada en su entorno por máquinas o drones misteriosos que cierran el bucle de su condición de reclamo de atención visual.

Solovyov presenta a los animales de tal modo que la máxima expresión de su método, si es que no se trata de una rutina, es mostrarlos siempre de forma insólita pero conocida, si es que es posible afirmar una cierta previsibilidad en nuestros hábitos de observar lo insólito, que deja de serlo en realidad cuando lo asimilamos por parecido a una categoría de fenómenos que deberían existir sólo fuera de una conocida y no dentro de una de aquello parecido a otra cosa.

Vadim Solovyov

Es decir: las imágenes de Vadim Solovyov nos presentan a los animales constituyendo el foco de observación de la cámara, ocupando un lugar protagónico en cualquier pantalla, agigantándolos incluso hasta el extremo de superar con creces el concepto de recurso de aumento de escala de la pantalla gigante.

Cosa que al menos demuestra tener clara el artista como idea comunicativa de cierto calado, en el caso en que muestra la presencia de una pantalla gigante en un evento deportivo, una de las muestras que quedan de acotación simbólica del terreno natural para la lucha simbólica de clanes por la ocupación de dicho terreno acotado y cuya escala obliga a una lejanía que, para acercar los rostros de los participantes al espectador en directo, requiere de los mismos recursos al que se ha acostumbrado como espectador en diferido: la pantalla.

Vadim Solovyov
La pantalla agigantada en escala para adaptarse a la escala del estadio de aforo masivo, de esa pantalla gigante que, no obstante, pierde protagonismo y se limita a subrayar la metarrealidad del animal enfocado, de la reiteración del encuadre y, por tanto, de una nueva revisión del cuadro dentro del cuadro magrittiano.

No faltan tampoco los casos en que se establece una analogía conceptual entre los animales y objetos, herramientas o vehículos y maquinarias, aunque en estos casos apenas se subraya con pequeños elemento asociativos:

Un rinoceronte se parece a un furgón o a un vehículo industrial y basta con señalizarlo con un faro de alumbrado o posición y, 
Vadim Solovyov
siguiendo este tipo de pretexto iconográfico y argumental, un tiuburón martillo se convierte en un martillo industrial o una máquina de construcción, con la insólita particularidad de flotar en el aire.

Y es que este es otro de los tópicos oníricos que se repiten en muchos artistas figurativos que recurren al uso surrealista de los animales: 

desplazar los animales acuáticos al aire, realizar un ejrcicio que desafía a la densidad del medio y de la materia orgánica que constituye a los propios animales. 

En la ensoñación del vuelo nadamos, porque cuando nadamos desafiamos a la gravedad del medio aéreo e incorporamos esa experiencia a nuestras expectativas. 

Vadim Solovyov
La imaginación y el subconsciente hacen el resto. De ahí que sea tan frecuente observar la presencia de animales acuáticos voladores en múltiples trabajos artísticos pictóricos, video y cinematográficos y, cómo no, fotográficos de montaje. Moverse sin apoyarse en el terreno, sino en el medio, es algo consustancial y común a animales acuáticos nadadores  y terrestres voladores, por lo que reflejar dicha idea en una imagen es siempre tentador e inmediatamente comprendido, porque forma parte de fantasías de origen atávico, que seguramente llevamos incorporadas desde un remoto pasado evolutivo.

En este sentido Solovyov no iba a ser menos y muchas de sus ocurrencias y creaciones explotan este tema o recurso argumental y así, yendo un poco más lejos, repasa también otro tópico antrozoológico que es la fascinación por los cefalópodos, por su peculiar e insólita configuración anatómica radial.

Vadim Solovyov
El artista demuestra su preferencia por la simbología clásica del pulpo, el calamar y la sepias y los reubica, cómo no, agigantados, en espacios aéreos como extraños zeppelines orgánicos, o como sugerentes apariciones fragmentarias de sus tentáculos como amenaza de una naturaleza al acecho que, en tiempos de coronavirus y confinamiento domiciliario, remiten a la reconquista de la naturaleza de los espacios urbanos arrebatados a los bosques, los mares y la vegetación primigenia.

La orografía invadida por la urbe no deja de ser un montaje artificial y la frontera entre naturaleza y artificio es puesta en cuestión por todas las formas de arte desde la noche de los tiempos.


Vadim Solovyov

Vadim Solovyov
 En el caso de los cefalópodos las refrencias iconográficas que aluden a lo amenazador o lo monstruoso parten, como bien menciona Caillois, de Victor Hugo, responsable literario del cambio de la mitología del pulpo, que pasa a ser digno representante del cambio y el disfraz, a ser monstruoso y amenazador guardián de los tesoros submarinos, algo que de alguna manera retomó Julio Verne recurriendo al parentesco con los calamares y su enciclopédica fascinación por la existencia documentada de los calamares gigantes del género architeutis.

Vadim Solovyov
Otros animales acuáticos como los hipocampos pasan de ser diminutos caballitos de mar a gigantescos habitantes de los cielos transformándose así en una especie de fenómeno atmosférico, pero es curioso constatar que como prefiere presentar a los pulpos y las sepias es en su condición de desubicación natural, haciendo justicia a la vieja expresión de encontrarse perdido como un pulpo en un garaje, aunque seguramente más de uno se sorprendería de lo resolutivo que podría llegar a ser un de estos inteligentes animales fuera del agua.

Por lo demás, la mayoría de ejemplos gráficos de Vadim Solovyov, envuelven las ciudades rusas que le sirven de escenario, así como los pueblos y barriadas rurales, de pequeñas criaturas agigantadas que tal vez simbolicen una suerte de venganza natural, en la que los pequeños insectos, las abejas polinizadoras y otras criaturas amenazadas por la influencia humana nos recuerdan hasta qué punto nuestra propia supervivencia depende de su presencia.

Por tanto, sobredimensionar escópicamente su presencia no es más que denunciar el peligro de su ausencia.

Vadim Solovyov
Volviendo a los temas que ha ha reavivado la crisis del COVID19, la invasión de los espacios naturales y de la fauna salvaje llevada al límite de su supervivencia e integrada en el consumo mercantil humano ha sido puesta sobre la mesa como una posible causa del peligroso acercamiento a las enfermedades que afectan a dichas especies y la posible letalidad poéticamente vengativa de sus parásitos, gérmenes y virus en formas hasta ahora insospechadas.

Uno de los animales que simbolizan la rareza y la fragilidad ante la extinción por la acción del hombre es el pangolín, especialmente por ser uno de los símbolos de la fauna asiática y constituir uno de los tesoros zoológicos de China, que encarna a su vez, como nación, a la potencia ancestral a la par que moderna, a la economía liberal emergente y atroz en su superpoblación y en su consumo indiscriminado de cualquier especie natural como mercadería gastronómica o medicinal.

La ausencia de gente en las calles a causa del confinamiento sanitario ha traído a las redes imágenes de animales silvestres invadiendo las calles y los espacios urbanos visto desde una perspectiva esperanzadora. Ante este hecho, la imagen de los pangolines convertido en vagabundos, hobbos o tal vez obrerors sobreexplotados del reciclaje y la trapería tal vez constituya el ejemplo más resaltable como rabiosamente actual de la obra gráfica de Solovyov.

Pero, en cualquier caso, queremos recalcar que el artista ruso constituye un ejemplo de todo aquello que se repite insistente y significativamente en el arte figurativo digital de los tiempos que corren y que, además, ejemplifica claramente todo aquello que venimos observando hace años desde nuestra plataforma de El Animal invisible.

Mafa Alborés


La obra de Solovyov la descubrimos a través de COLOSSAL, donde Grace Ebert nos dice al respecto:

Vadim Solovyov
Ver a un mapache lavando sus patas en los ríos de San Petersburgo o un pulpo emergiendo de un autobús de la ciudad sería una vista sorprendente para la mayoría de sus habitantes. Sin embargo, el artista Vadim Solovyov lleva esas escenas surrealistas un paso más allá al imaginar enormes grajos, pingüinos y camaleones invadiendo la ciudad rusa. Si bien muchas de las composiciones presentan a los animales en la naturaleza, algunas los colocan en espacios típicamente ocupados por un humano, como un perezoso detrás del mostrador cubierto de dulces de un kiosco.

Solovyov explica a Colossal que comenzó la serie misteriosa como una forma de explorar eventos extraños en su vida real. 

Vadim Solovyov
Por ejemplo, dice que el mapache gigante y sus contrapartes presuntas "se abre paso silenciosamente a través de la ciudad desierta en la tarde a los estuarios donde enjuaga tímidamente algo en el agua. A fondo. No menos de 20 segundos ", lo cual es una referencia a las sugerencias actuales de lavado de manos para evitar la propagación de COVID-19.

El artista dice que valora los componentes visuales y textuales de su trabajo por igual.

    Los animales gigantes (son) sólo una de las características de este mundo. Su origen, la historia del mundo en sí, se puede encontrar en fragmentos de los textos bajo las publicaciones. Existen muchas publicaciones en el contexto de eventos reales en mi ciudad y país. A través de mi trabajo, a menudo transmito de una manera velada (ya veces extraña) cuestiones importantes para mí  o problemas de la sociedad (actitud hacia los animales, política, fallas sociales). Pero esto, por supuesto, no excluye el hecho de que algunas obras son un "juego visual" irónico sin significados profundos adicionales.

Para ver la colección completa de la vida salvaje y sus respectivas historias, dirígete al Instagram de Solovyov. (fuente: This Isn’t Happiness)

Vadim Solovyov
Vadim Solovyov

Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
Vadim Solovyov

Vadim Solovyov
Vadim Solovyov

Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
Vadim Solovyov

Vadim Solovyov

Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
Vadim Solovyov

Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
https://www.instagram.com/solovyewadim/

https://www.instagram.com/p/B7kkVjioiH-/?utm_source=ig_web_button_share_sheet

https://www.instagram.com/p/B5He7AQIiEM/?utm_source=ig_web_button_share_sheet


https://www.thisiscolossal.com/2020/04/vadim-solovyov-giant-wildlife/ 

https://thisisnthappiness.com/post/615287843655450624/they-want-their-stuff-back-vadim-solovyov


Entradas Relacionadas:

Animalidad humana y percepción. Las enseñanzas del fotomontaje.

Christophe Huet y la manipulación fotográfica con animales. Publicidad y antrozoología.

Vivian el perro se va a Brooklyn. Mitch Boyer. (Arte y refragmentación I)

Animales en la publicidad y publicidad de concienciación animal. Publicidad y Ecologia.

Les Creatonautes y los animales simbólicamente vacíos. Fotomontajes y quimeras de internet.

 La imagen animal, la fotografía y la publicidad. Muestra ejemplar del estudio de Joan Garrigosa.

Fotografía y animales: Los "Selfies" de Diomedia para National Geographic, por Silvio Medeiros, Pedro Galdi y Marcos Medeiros.

Fotografía y publicidad conservacionista. El retorno a la metonimia fotográfica de Andreas Lie por Robin Wood.

sanctuary: un agresivo proyecto visual de concienciación ambiental

Animalidad y desnudo. Proyecto fotográfico con peces.

Animales vinculados a sus paisajes mediante la estética de la doble exposición fotográfica, por Andreas Lie y el antecedente del paisaje como soporte de sí mismo en las genuinas fotografias de Abe Morell.

DINOSAURIOS DIBUJADOS POR NIÑOS REINTERPRETADOS POR DOUGAL DIXON. Los límites entre la especulación y la fidelidad gráfica.

Sarah DeRemer. Quimeras y photoshop.

Felix Deac frente a Patricia Piccinini y otros escultores que indagan los límites de la animalidad en las fronteras del bioarte.

Cabeza de animal. Bestiario de Francesco Sambo y un repaso a otros creadores de zoocéfalos fotorrealistas.

Híbridos humano-animal. Antrozoología pictórica y surrealismo: Matthew Grabelsky. 

Animales vinculados a sus paisajes mediante la estética de la doble exposición fotográfica, por Andreas Lie y el antecedente del paisaje como soporte de sí mismo en las genuinas fotografias de Abe Morell.

Brian Kane nos invita a revisar la vieja cuestión del cuadro dentro del cuadro y la asociación entre ventana y paisaje.

Del cuadro dentro del cuadro a la fotografía dentro de la fotografía. Paisajes surrealistas de Catherine Nelson.

Nick Brandt nos advierte sobre la herencia del polvo