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martes, 22 de diciembre de 2020

Fijar los ojos en las alas de las mariposas. Hilando fino en la entomología a través de los lepidópteros de Yumi Okita

Yumi Okita 


Yumi Okita

El uso de telas y tejidos en volumetrías suele ser adecuado para la recreación de formas orgánicas, como hemos visto a menudo en las selecciones de El Animal Invisible. 

Ello se debe a que las estructuras fibrosas entretejidas constituyen la forma habitual de construir los cuerpos de los seres vivos, de las formas orgánicas. 

No en vano nos referimos a dichos materiales de construcción como tejidos vivos, capaces de adoptar diversas formas y consistencias versátiles, más o menos rígidas, elásticas, flexibles o blandas según lo requieran las necesidades mecánicas, motrices, defensivas o de cualquier otro tipo del órgano específico que constituyen. 

Habíamos contemplado el uso de tela (combinada con papel y otros materiales) a cargo de Kate Kato, para realizar ejemplares, algunos de los cuales nos pueden recordar a los de Yumi Okita, la artista a la que hoy dedicamos esta entrada. 

Yumi Okita

La principal diferencia entre ambas producciones está en el uso exclusivo de tela y tejido por parte de Okita y en su aumento de escala de los especímenes, jugando así al efecto producido por las lentes de aumento y la observación detallada de las estructuras que constiuyen la disposición de dichos tejidos en su versión natural. 

Volvemos, pues, a la cuestión establecida por la medida de las cosas en base a nuestra propia escala, que condiciona los límites de nuestra percepción y la apreciación de lo que consideramos los detalles constituyentes de un organismo, algo a lo que ya alude en forma literaria Jonahtan Swift en sus alegóricas visiones de la sociedad humana a través de los mundos alternativos de Lilliput y Brobdingnag en "Los viajes de Gulliver". 

Yumi Okita

Brobdingnag supone la observación en macro de los detalles mínimos aumentados, como en las imágenes entomológicas de Levon Bliss. Las imbricaciones estructurales de los tejidos las hemos observado como emulación de los materiales constituyentes de las formas orgánicas vegetales en las obras de Emma Matson, o especialmente en Alexandra Kehayoglou, en este caso volcada en la recreación de formaciones vegetales.

Al respecto del uso de la tela como material de trabajo a cargo de Matson y Kehayoglou decíamos lo siguiente:

Que el arte imita a la naturaleza es algo de lo que no nos suele caber la menor duda, aunque sólo sea por el arraigo de un tópico recurrente, y de arraigos precisamente hablaremos hoy, aunque en un sentido bastante más literal.
En la medida que una obra artística hace referencia al esclarecimiento o reflexión sobre hechos biológicos podríamos asociarla a lo que se denomina bioarte desde que pioneros como Eduardo Kac, George Gessert o Louis Bec propiciaron su definición.
Sin embargo no es infrecuente un cierto abuso del término. Si una obra de arte está inspirada en productos de la divulgación de la biología puede ser que flirtee con el bioarte sin llegar a serlo, o si imita los recursos expositivos de los museos de Historia Natural. Lo cierto es que una pieza de bioarte tendría que estar viva, o estar realizada con materiales o soportes vivos y no sencillamente servirse de materiales de origen orgánico más o menos evidente (o cualquier tabla -madera extraída de un árbol antaño vivo- pintada al temple -pigmento cuyo medio de aplicación es el huevo, símbolo de la vida y símbolo del alma- pertenecería a su ámbito).
Aparte de las muestras de trabajos artísticos que recurren a la taxidermia, no deja de ser curioso observar obras artísticas cuyas piezas son directamente preparaciones de muestras zoológicas en las que los propios cuerpos de los animales, sus anatomías, constituyen una forma particular de bioarte (a ello nos referíamos al respecto de trabajos como los de Iori Tomita, entre otros).

Louis Bec
El bioarte es un término que abarca tanto reflexiones plásticas sobre las formas vivas como piezas artísticas que de un modo simulado (Félix Deac, Patricia Piccinnini) aparentan formas de vida, aunque de forma más exacta las obras de bioarte están vivas de manera virtual (Louis Bec y sus simulaciones digitales de organismos) o constituyen auténticos seres vivos intervenidos genéticamente con fines artísticos, y cuyo máximo representante es Edouard Kac.
Los ejemplos que traemos hoy a colación reflexionan sobre las formas vivas de la naturaleza en relación a los entornos artificiales creados por el hombre, asociándose, concretamente, a la arquitectura y el interiorismo o, más concretamente, a las artes textiles aplicadas al interiorismo: tapices y alfombras.
Para empezar podríamos establecer una asociación que cualquiera puede entender cuando nos referimos a la materia de la que están hechos los seres vivos como tejido vivo, o tejido orgánico, analogía que nos recuerda la disposición imbricada de los elementos que constituyen la materia viva. Las telas y tejidos de confección artificial, sea artesanal o industrial, han servido para vestirnos, abrigarnos y modificar la percepción de nuestra propia animalidad, así como para decorar y dar calidez o distinción social al interior de nuestras edificaciones. La fría dureza de suelos y paredes ha sido amortiguada por la presencia de alfombras y tapices de múltiples calidades y diseños a lo largo de la historia y en nuestras asociaciones léxicas nos hemos referido a ciertos elementos naturales como alfombras o tapices: rocas tapizadas de musgo, alfombras de hierba, cortezas vestidas de líquenes.
Alexandra Kehayoglou
Con estas premisas hemos explicado el sentido otorgado a la estética de ciertos trabajos como los de Alexandra Kehayoglou, y sus alfombras y tapices inspirados en las formas y combinaciones cromáticas de las diferentes especies vegetales que podemos encontrar cubriendo suelos y espacios naturales. Los trabajos textiles de Kehayoglou flirtean con el bioarte sin serlo, pero sin duda apuntan a una reflexión sobre nuestra relación con el mundo natural y tracienden, por tanto, al mero interiorismo, pudiendo asociarse a trabajos de artistas como Anna Garforth que a menudo constituyen auténticas piezas de genuino bioarte por la utilización de material orgánico vivo.
Alexandra Kehayoglou
Las alfombras de Kehayoglou están realizadas con técnicas textiles herederas de la tradición propia de la industria, pero constituyen un recordatorio de nuestro creciente alejamiento del mundo natural intentando compensar la nostalgia de su percepción visual directa. En este sentido van más allá del elemento meramente decorativo, o de un producto más de las artes aplicadas, en tanto que conceptualmente constituyen una peculiar manifestación del arte pictórico, del bajorrelieve o del diorama.

Emma Mattson

Recientemente hemos descubierto otros trabajos interesantes asociados a la confección textil inspirada en formas vegetales, como los tambores de bordado de Emma Mattson, quien, mediante la utilización de fieltro, hilo y la técnica del nudo francés aplica puntadas con configuraciones semejantes a musgo en aros de bordado como soporte de las plantas sin flores que imita. Además de simular el aspecto de la vegetación, a Mattson también le gusta añadir fragmentos de auténtico y falso musgo sobre el que trabaja para trazar una fina línea entre la imitación y la realidad.

 

Emma Mattson
Tal vez al contemplar sus obras alguien pueda pensar que se trata de un mero ejercicio técnico de una artesana del bordado, o de más o menos llamativas piezas decorativas o de coleccionismo, pero si buscamos entre su producción nos encontramos interesantes piezas de distinta índole que indagan en cómo percibimos las cosas a través de nuestros sentidos acostumbrados, prevenidos o, en ocasiones, aturdidos por las diferentes artes y técnicas de reproducción. 
La apariencia superficial de los objetos resulta a menudo engañosa a través de los distintos medios de difusión de imágenes, y el paradigma fotográfico impregna nuestros recuerdos visuales, sea por la presencia directa de los objetos referenciados o a través de gadgets electrónicos, reproducciones impresas, recreaciones tridimensionales, etcétera.
Emma Mattson
Son especialmente significativas sus piezas volumétricas, escultóricas, cubiertas de fragmentos fotográficos en forma de collage tridimensional que nos invitan a dotarnos de antenas que perfeccionen nuestra precisa percepción de las cosas y, por tanto, constituyen en esencia una reflexión sobre los límites entre naturaleza y artificio, entre nuestros órganos sensitivos y nuestras capacidades de percepción. 
La preponderancia que otorgamos a un mundo construído a base de reconstrucciones de carácter esencialmente visual, o audiovisual, cada vez más alejadas de sus referentes reales, sirve a Mattson para elaborar objetos que reclaman nuestra atención sobre este hecho, y que de alguna manera, mediante su propio artificio, nos recuerdan que el mundo natural tambié se huele, se saborea, se oye y se vive en una inmersión sensorial que nunca es ajena a nuestros límites corporales por más que nos empeñemos en ello.
Emma Mattson
Desde este punto de vista, sus creaciones textiles de formas vegetales, lejos de buscar un hueco en el mercado de los productos decorativos (algo que sin duda es esencial para el desarrollo de la actividad fabril de Alexandra Kehayoglou) conforman auténticas series artísticas emparentadas con la ilustración científica, la pintura paisajística, el arte ornamental, los dioramas en incluso la escultura, pero, además, no debemos olvidar en plena era digital que los orígenes de las imágenes rasterizadas y los sistemas informáticos se hallan en los telares, en la mecanización de la producción textil pioneros en el uso de códigos aplicados en tarjetas perforadas, tal y como reflexionábamos al comentar las obras de
Cayce Zavaglia.
Emma Mattson

 

 Pero si en todos estos casos se da una reflexión sobre cómo la materia se estructura a pequeña escala para crear armazones con los que edificar las formas de los seres vivos, para crear materiales de construcción de diferentes consistencias, texturas y colores, la eficacia del juego ilusorio establecido se da porque nos hace tomar conciencia de alguna manera de los límites de nuestra percepción cuando queremos observar al detalle los datos visuales y de apariencia táctil que dotan que credibilidad o verosimilitud las representaciones y recreacioes del mundo natural. 

Yumi Okita

Y mientras la mayoría mantienen el criterio de escala natural, Yumi Okita nos invita a recordar aquello que la tecnología óptica, las lentes de aumento y los microscopios nos han mostrado de las estructuras constituyentes de las alas de las mariposas y las polillas. Curiosamente, pese a haber aprendido de sus escamas y placas microscópicas con diversas reflexiones cromáticas constituyen un claro ejemplo de cómo percibimos las imágens y dónde está el límite del tamaño de sus unidades constituyentes (tal y como lo hace el píxel en la imagen digital) Okita vuelve a engañar a nuestra vista y sustiuye la aliteración ordenada de microplacas intercaladas como un tejado y opta por la superposición de fibras de tejido, remitiéndonos con ello a la tradición de los tapices y los mosaicos, recordándonos que el arte de la pintura y la ilusión visual no se limita a la aplicación directa de pigmentos sobre una superficie, sino a la aliteración consecutiva de unidades cromáticas que nuestro cerebro reconstituye y reordena siempre afectado por su acumulación de experiencias, conocimientos y trasfondos más o menos científicos. Una vez más, arte y ciencias naturales se ponen de acuerdo para describir la naturaleza y la vida.

Mafa Alborés

 

Descubrimos ya hace mucho tiempo a Okita y sus trabajos textiles a través de COLOSSAL, pero una nueva entrada de dicha página web sobre arte dedicada a nuevas muestras de la artista nos ha recordado que le debíamos un comentario entre nuestras propias selecciones. Esto es lo que Andrew Lasane comenta de su curiosa entomología textil desde COLOSSAL:

 

Yumi Okita

La artista Yumi Okita, con sede en Carolina del Norte (anteriormente/previously), aplica capas de tela pintada a mano, hilo de bordar, plumas y piel sintética para crear grandes esculturas de insectos. Cada polilla y mariposa hecha a mano es única, con coloración y patrones a menudo inspirados en especies existentes.

Las esculturas de fibra de Okita están diseñadas para colgarse de cables o mostrarse como obras independientes. Las alas de tela de los insectos miden hasta 9.5 pulgadas de ancho, mientras que las criaturas peludas miden una impresionante altura de 3.5 a 4.5 pulgadas. Desde la distancia, podrían confundirse con lo real, pero una mirada más cercana revela un intrincado tejido de materiales y una vibrante variedad de colores.

Las creaciones únicas se venden a través de la tienda de Etsy de Yumi Okita, y puedes ver la creciente galería de muestras en Instagram.


Yumi Okita


Yumi Okita

Yumi Okita

Yumi Okita

Yumi Okita

Yumi Okita

Yumi Okita

Yumi Okita

Yumi Okita

Yumi Okita

Yumi Okita

Yumi Okita

Yumi Okita

Yumi Okita

Yumi Okita


Yumi Okita

Yumi Okita

Yumi Okita

Yumi Okita

Yumi Okita

Yumi Okita


Yumi Okita


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Enlaces relacionados: 

https://mafa-elanimalinvisible.blogspot.com/search?q=insecto

https://mafa-elanimalinvisible.blogspot.com/search?q=entomolog%C3%ADa



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Macrofotografía alternativa. Insectario fotográfico de Levon Biss: Microsculpture

 

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martes, 4 de abril de 2017

De Kafka a Zhuangzi según Andricin como excusa para hablar de la metamorfosis...de cucaracha a escarabajo.


Mafa Alborés/Helena Luís: escarabajo rinoceronte (fundición en bronce) Fotografía esteroscópica/Anaglifo 3D


Las cucarachas, del género blatodea, son confundidas icónica y nominalmente con los escarabajos, coleópteros, de forma persistente en la cultura occidental y en muchas de sus lenguas, generalmente bajo denominaciones comunes, genéricas y tan confusas como "bicho".
Cuando la reacción común es aplastarlos con el pié, tal vez se les acabe clasificando por el sonido más o menos explosivo de sus cuerpos al ser aplastados, y esto sería, con matices, casi lo único en común entre ambos géneros. A menudo, la gente llama cucaracha a cualquier escarabajo que se cuele en el ámbito doméstico, o escarabajo a cualquier cucaracha en entornos silvestres, cosa menos probable a merced del extraordinario desarrollo de ciertas especies vinculadas a las poblaciones humanas.
El hecho es que, aunque las cucarachas están más cercanas a las mantis religiosas, a las que ya hemos dedicado comentarios específicos, su contorno en planta aproximadamente oval, su forma convexa y su relativa dureza, aunque generalmente mucho más flexible que la de los coleópteros, suelen ser denominadas escarabajos con la misma ligereza que estos son llamados cucarachas. El término que genera ambigüedad en inglés es beetle, que se vería más concretado como coleóptero en los términos scarab o chafer, mientras que cucaracha correspondería de forma más precisa a cockroach o simplemente roach.
He oído decir de los Beatles (juego de palabras entre beat -ritmo- y beetle -escarabajo-) que su nombre se refiere tanto a las cucarachas como a los escarabajos, y algo similar ocurre al referirse en castellano al popular Volkswagen Beetle, aunque lo más frecuente sea entenderlo como escarabajo, cuya dureza y mayor convexidad parece invitar a no confundirlo con la más flexibles, lisas y escurridizas cucarachas. En el caso de los cuatro fantásticos de Liverpool, es posible que sus famosos peinados a cargo de  Astrid Kirchherr ofreciesen la posibilidad de establecer una analogía iconográfica. En el caso del persistente diseño del mítico automóvil alemán se aúna su convexa curvatura casi semiesférica con la dureza metálica de los automóviles, tan fácilmente asimilable al exoesqueleto de los coleópteros.




El sintético perfil del beetle mecánico comparte lo orondo de vehículos humildes (algo distorsionado y exagerado por la perspectiva americana que lo asociaba a un coche pequeño, más comparable a un insecto, para establecer una paradójica relación jocosa entre su asumido feísmo y su simpatía vital) con la nostalgia de formas aeródinámicas de futurismo vintage a lo Buck Rogers.
De hecho, su parentesco mecánico y motriz con el Porsche 911 se evidencia en la evolutiva estilización del escarabajo hasta concretar más su rostro en el de una rana (indudablemente relacionable con otro mítico de Citroën, el DS, asociado nominalmente al tiburón) y su posterior renacimiento en virtud a un minimalismo que abstraía la forma del escarabajo original en analogía a diseños minimalistas contemporáneos como el del Audi TT...pero esto sería otra historia. Animalidad industrial.
Tal vez mis lectores crean que exagero al señalar una confusión que no es tal, o que no se manifiesta tan asiduamente (o tal vez algunos despistados se sigan preguntando qué diferencia existe entre cucarachas y escarabajos). Siempre habrá quien recuerde que las cucarachas pueden girar la cabeza y los escarabajos no, y que dude de la posibilidad de intercambiar gráficamente sus anatomías a la hora de concretarla en un dibujo, o una ilustración, o a la hora de escoger un modelo a dibujar o fotografiar, pero el hecho es que basta con buscar ilustraciones o portadas las ediciones de "La metamorfosis" de Franz Kafka, para comprobar cuán a menudo resulta evidente la confusión entre ambos géneros de insectos.



De hecho, en la obra de Kafka, el término utilizado es el genérico para "bicho", "insecto" o animal despreciable o repugnante, por lo que la cucaracha parece el primer candidato por su capacidad para alimentarse de prácticamente cualquier resto orgánico en entornos humanos, por lo que su presencia no es casual y es casi consustancial a ciertas condiciones de higiene que definen también diferentes espacios de uso social más humildes o prosaicos. El estatus social podría medirse por el número de cucarchas que lo rodean a uno. Cuanto más grande más llamativo y más connotativamente es un insecto, y la desmesura, la tentación del hiperestímulo aupado en arquetipos, busca inspiración en los ejemplos más llamativos, cosa que en Europa lleva al uso como modelo del ciervo volante, escarabajo notable por su tamaño y por los grandes apéndices de sus mandíbulas, asimilados icónicamente a cuernos o armamento conspicuo que facilita la demonización de cualquier bestia. Pero un ciervo volante no es una cucarcha, ni tenemos porqué asociarlo a la inmundicia doméstica (cosa también bastante errónea respecto a las propias cucarachas) sino a la vida natural y al bosque. Sí es destacable, no obstante, la capacidad para girar la cabeza y por tanto dirigir la mirada (poderoso motivo de antropormofización de la mantis, su pariente lejana y silvestre) para convertirla en objeto de inquietud.
Ha motivado estas reflexiones un escrito faciltado por Stevan Zivkov Andricin  acerca de la contrastada diferencia entre las motivaciones poéticas de Kafka y las de Zhuangzi al imaginar una metamorfosis asociada a un insecto. La de Kafka es oscura, tenebrosa, metáfora de la alienación social, de la perversidad de las convenciones sociales y la burocracia, mientras que para el filósofo chino representa una conexión empática con el mundo natural. La capacidad de vuelo de las cucarachas es irritante, intimidante y preñada de negatividad por una distorsionada carga de connotacones negativas basadas preocupaciones higiénicas, pero el vuelo siempre ha sido envidiado por la especia humana, y apreciado cuando simboliza la explosión de recursos vitales del entorno: la primavera, el vuelo de los insectos, su fertilidad polinizadora, la presencia de flores y su vínculo con el color y la belleza que comparten con un género específico de insectos: los lepidópteros, es decir, las mariposas. Zhuangi evoca la metamorfosis más recurrentemente metafórica de todos los tiempos: la de la mariposa, siempre asimilada como una evolución positiva a algo hermoso, efímero y libre.
Os dejo con el texto compilado y comentado por Andricin y luego os invito a observar una selección comentada de portadas e ilustraciones del famoso relato de Kafka.

Stevan Zivkov Andricin


https://www.linkedin.com/pulse/making-all-things-equal-stevan-zivkov-andricin

"Cuando Gregor Samsa despertó una mañana de sueños incómodos, se encontró transformado en su cama en una gigantesca criatura insecto." En 1912, Kafka escribió la historia "Die Verwandlung" ("La Metamorfosis"), publicada en 1915 en Leipzig . La historia comienza con un vendedor ambulante despertando para encontrarse transformado en un Ungeheuren Ungeziefer, un insecto monstruoso, un insecto gigante. Ungeziefer es un término general para animales no deseados e impuros que no son aptos para el sacrificio. Los críticos consideran el trabajo como una de las obras seminales de ficción del siglo XX. En la carta de Kafka a su editor del 25 de octubre de 1915, en la que discute su preocupación por la ilustración de portada de la primera edición, utiliza el término Insekt, diciendo: "El insecto no debe ser dibujado, ni siquiera debe ser visto desde una distancia." Kafka usa la metáfora de la metamorfosis para describir los aspectos deshumanizantes y alienantes de la conducta humana, como la burocracia.
 Chuang Tzu o Zhuangzi, uno de los más influyentes filósofos chinos antiguos, junto a Confucio, que vivió alrededor del siglo IV aC, escribió una colección de treinta y tres ensayos cortos.  
En la "Discusión sobre hacer todas las cosas iguales" él también sintetiza ("hace iguales") tales opuestos como Kafka lo hizo muchos siglos más tarde. Zhuangzi soñaba que era una mariposa, una mariposa volando y revoloteando, feliz consigo mismo y haciendo lo que quisiera. No sabía que era Zhuangzi. De repente se despertó y allí estaba él, sólido e inconfundible Zhuangzi.  
Pero no sabía si era Zhuangzi que había soñado que era una mariposa, o una mariposa soñando que era Zhuangzi.


„As Gregor Samsa awoke one morning from uneasy dreams, he found himself transformed in his bed into a gigantic insect-like creature.“ In 1912, Kafka wrote the story "Die Verwandlung" ("The Metamorphosis"), published in 1915 in Leipzig. The story begins with a travelling salesman waking to find himself transformed into a ungeheuren Ungeziefer, a monstrous vermin, a giant bug. Ungeziefer being a general term for unwanted and unclean animals not suitable for sacrifice. Critics regard the work as one of the seminal works of fiction of the 20th century. In Kafka's letter to his publisher of 25 October 1915, in which he discusses his concern about the cover illustration for the first edition, he uses the term Insekt, saying "The insect itself is not to be drawn. It is not even to be seen from a distance." Kafka use the metaphor of metamorphosis to describe the dehumanizing and alienating aspects of human behaviour, like bureaucracy.

Chuang Tzu or Zhuangzi, one of the most influential ancient Chinese philosopher, next to Confucius, who lived around the 4th century BCE, write a collection of thirty-three short essays. In the „Discussion on Making All Things Equal“ he also synthesize ("make equal") such opposites like Kafka did many centuries later.

Zhuangzi dreamt he was a butterfly, a butterfly flitting and fluttering around, happy with himself and doing as he pleased. He didn't know he was Zhuangzi. Suddenly he woke up and there he was, solid and unmistakable Zhuangzi. But he didn't know if he was Zhuangzi who had dreamt he was a butterfly, or a butterfly dreaming he was Zhuangzi.


En esta ilustración, pese a posibles ambigüedades, nos encontramos ante una cucaracha, si nos guiamos por las secciones transversales de su abdomen.


En este caso observamos el uso de un escarabajo para ilustrar la historia

En este caso observamos sencillamente el viejo recurso de la terioencefalia, aunque a decir verdad las mandíbulas y la disposición de las antenas nos alejan de los coleópteros (escarabajos) y nos acercan a las cucarachas, aunque en realidad observemos resgos de hormiga o avispa.

Ambigua síntesis de rasgos formales de la anatomía de un escarabajo con los élitros desplegados

Sin ninguna duda, el ilustrador recurrió a la imagen de un escarabajo., y detectamos un ejemplo de preferencia por el ciervo volante y sus conspicuas mandíbulas.

Sin duda la especie representada se corresponde con una genuina cucaracha

Nuevo ejemplo certero de cucaracha, asociada en esta ocasión a la miserable figura humana fagocitada iconográficamente


Corríjanme los entomólogos, pero esta persistente imagen de montaje entre el rostro del autor y la silueta de lo que más bien parece una cigarra, un hemíptero del género Cycadidae


Pese a la antromorfización tétrica causada por la suporposición de la calavera humana, la estructura del insecto parece corresponderse con un coleóptero, y no con blatodea.

Recurrir a la imagen del escarabajo ciervo volante, como vemos, es habitual y frecuente, debido seguramente al hecho de ser uno de los mayores insectos europeos y a la llamativa disposición y tamaño de sus mandíbulas, asociadas a una cornamenta, uno de los signos propios de bestias maligans o diabólicas.

He de decir que en este caso, aunque diría que se trata de una cucarcha, podría corresponder a un cicadiae.


Forma ambigua basada en el contorno de algo que podría estar más cercano a una cucaracha que a un escarabajo.

Otro caso en que nos dan escarabajo por cucaracha


No lo dudéis: es un escarabajo, no una cucaracha