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miércoles, 19 de junio de 2019

La imagen grande se come a la pequeña. Imágenes boquiabiertas y peces fuera del agua.


Abrimos la entrada de hoy con una imagen alusiva al viejo tópico que en castellano enunciamos como que "el pez grande se come al chico", un concepto culturalmente persistente y poderoso, anclado además a imágenes atávicas y arquetípicas que ponen en evidencia, de alguna manera, nuestra dependencia de nuestro evolutivo pasado animal inmerso en la configuración de nuestro cerebro más primitivo y determinante.

La imagen en cuestión es un fragmento de la que reproducimos al lado y que, en realidad, constituye poco más que una copia (invertida especularmente por las condiciones de las planchas de grabado y el calco de sus imágenes) de otra realizada sesenta años antes por el artista y grabador Cock.

En el excelente artículo de Mesa Revuelta (por Antonio Bernat Vistarini y Tamás Sajó) que reproducimos para complementar y justificar este post de hoy, encontramos una interesante vuelta de tuerca a la imagen de la ballena varada que ya estudiamos y comentamos en su día, así como un importante referente para los que quieran volver a incidir en el tema de la boca como foco escópico en la cultura visual.

Ya veíamos en muchas obras de Jan van Kessel el Viejo que el avance del comercio, la navegación y las mercaderías constituían una forma de acercar la fauna marina en forma de producto de consumo a las sociedades urbanas postmedievales, lo que hacía que muchos artistas como van Kessel comenzasen a reproducir fielmente el aspecto de dichas criaturas tal y como las observaban "al natural", es decir, fuera del agua. Mientras no aparecieron las exposiciones de acuarios transparentes con peces vivos en el siglo XIX, los peces vivos eran representados vistos desde arriba, y su representación de perfil, antes de corresponderse con la inmersión del espectador en el medio acuático, se ajustaba a su precisa reproducción como objetos peculiares de bodegón o naturaleza muerta. El pez varado, boquiabierto, y en ocasiones con otros peces en su vientre, alude poderosamente a la cadena alimenticia que nos incluye en uno de sus extremos, o simplemente entre sus múltiples eslabones. Las dificultades para segregar a las ballenas del reino de los peces o cuando menos de su categoría léxica e iconográfica ha tenido que ver con su captura con fines comerciales y con la mitología acerca de su boca y sus ingestas, como hemos observado anteriormente, así que os hacemos un recordatorio al respecto antes de ofreceros el interesante artículo sobre la iconografía del pescado de Vistarini y Sajó:



Ballenas varadas como foco de atracción reivindicativo y monstruos surgidos de las profundidades (por Mafa Alborés)






En nuestra entrada precedente dábamos un pequeño repaso a la obra de Juan Cabana para reflexionar sobre la influencia de los artistas en nuestra interpretación de imágenes de animales como fuente de información verosímil. Lo hacíamos después de observar este tipo de cuestiones al respecto de la Historia Natural de un naturalista de ficción tan ilustre como Stephen Maturin, en la última de una serie de entradas en la que hacíamos referencia a la problemática información plagada de confusiones iconográficas acerca de las ballenas en la época en la que supuestamente a Maturin le habría tocado vivir (coetáneo de los hermanos Cuvier y de toda una plétora de precursores de lo que hoy en día llamamos Biología). En la penúltima de esta serie de entradas, dedicada (entre otros animales observados directa o indirectamente por el Dr Maturin) al narval, observábamos un hecho frecuente en las ilustraciones naturalistas de los siglos XVII al XIX, y es que muchos cetáceos eran mostrados, a falta de una representación mejor, fuera del agua y, concretamente, varados en la playa o sobre los arrecifes, dando pie a una ambigua interpretación en la que los animales podrían aparentar la capacidad de arrastrarse fuera del agua, de modo anfibio, a la manera en que lo hacen otros mamíferos marinos como los pinnípedos (focas, morsas, leones marinos, etc.).

De la misma manera que hasta la llegada de los acuarios transparentes los peces eran mostrados tal y como se verían en una pescadería (de costado, como si reposasen sobre el papel de dibujo, tal y como se le presentaban al artista que los observaba de forma directa) o vistos desde arriba (tal y como los observaría cualquiera desde un barco o al borde del mar, un lago, un río o un estanque), los grandes cetáceos sólo podían ser observados, antes de las primeras inmersiones con ventanas de observación, de forma parcial asomándose a la superficie del agua. Ni siquiera los balleneros tenían muchas oportunidades de observar su anatomía externa al completo, pues solían descuartizar a los animales semisumergidos o flotando junto al costado del barco, y tan sólo cuando éstos podían ser izados a cubierta o arrastrados a puerto para su troceado podían ser observados al completo, e incluso en esas ocasiones, al estar fuera de su medio natural, careciendo de los efectos físicos de la flotación, los cuerpos se deformaban a causa de su propio peso. Normalmente estas raras ocasiones de observación directa estaban reservadas a los profesionales de la industria ballenera, y ni siquiera eran documentadas.

El mar ofrecía antaño un territorio de especulación, pues sólo mostraba fragmentariamente a la mayoría de las grandes criaturas que lo pueblan, por lo que la imaginación, responsable de la existencia de muchos de los monstruos que invaden las culturas, solía completar con escasos datos fiables las partes ocultas o visibles desde puntos de vista engañosos muchas partes de la las anatomías de estas gigantescas criaturas. Ya hemos procurado dar cuenta de ello respecto a la distorsión gráfica de la anchura de la boca del cachalote.



Los gigantes de cualquier tipo producen fascinación, y los gigantes marinos adquieren además el misterio de la rareza de su observación directa y el misterioso fraccionamiento de esta causada por el velo óptico de la superficie del agua. Tampoco insistiremos en todo lo dicho al respecto de los recursos visuales empleados por Stephen Spielberg en "Tiburón", con la imagen dividida entre la zona aérea superior y la acuática inferior, acentuando tópicos culturales que siguen acompañando prácticamente a cualquier documento gráfico sobre tiburones y otras grandes bestias marinas.

Existen documentos gráficos y escritos sobre avistamientos de grandes animales marinos desde tiempos muy antiguos. Ya hemos mencionado en más de una ocasión el célebre grabado de Goltzius sobre la aparición de un cachalote varado en la costa holandesa en el siglo XVI, así como de muestras similares de otros autores tanto conocidos como anónimos, y en casi todos ellos se hace obvia la atracción que suponían para la población local y, de hecho, es asombroso comprobar el gran parecido entre las escenas dibujadas hace cientos de años y las fotografías registradas de casos similares mucho más recientemente.



El afán de rigor visual, de realismo acorde con un criterio científico y naturalista, invitaba a los artistas a recrear este tipo de situaciones no sólo mediante una transcripción gráfica directa, in situ, de la escena, sino como recurso expresivo que daba sensación de información verosímil, amén de la oportunidad de observar, cuando se representaba también a las personas presentes, la escala comparativa entre el tamaño de estos seres y el de un observador humano cualquiera.





antecedentes ilustrativos:


Es fácil constatar las múltiples versiones existentes de la escena inmortalizada por Goltzius, que evidencian el lógico impacto que el acontecimiento supuso en la acomodada sociedad Holandesa de la época. Lo que ya no es tan fácil determinar es cuáles de estas imágenes se corresponden a apuntes realizados directamente en el lugar de escena y cuáles intentan remedar los posibles errores gráficos o zoológicos a partir de imágenes de referencia, tanto si éstas eran directas como si no.

Observamos en todas una cierta insistencia en aprovechar el escorzo del plano de la mandíbula inferior del cachalote para darle una apariencia más ancha y de este modo sobredimensionar la boca del animal para que parezca digno representante del monstruo que se tragó a Jonás, capaz de albergar, por tanto, a uno o más hombres enteros en el interior de su boca, cosa absolutamente inexacta.
El animal mostrado totalmente de perfil y ligeramente boquiabierto de la ilustración de al lado sugiere una boca que vista ventralmente se mostraría ancha, semicircular, y en la ilustración inferior, más abajo de estas líneas, aunque fiel a la realidad, el sombreado inferior y el conjunto de personajes en primer término camuflan la evidencia. Las expectativas del observador fugaz hacen el resto.

De todas formas, la imagen propia de la ballena de las ilustraciones de Pinocho o de la versión animada de Disney es una especie de cachalote inexistente. Se parece superficialmente en su perfil, en su voluminosa cabeza, pero presenta una boca con dientes en ambas mandíbulas (no sólo en la inferior) extremadamente ancha, más incluso que la de animales reales, como marsopas u orcas que sí pudiesen hacer creer posible la existencia de una especie con rasgos prestados de varias diferentes y, a juzgar por las interpretaciones de infinidad de ilustraciones en enciclopedias de historia natural, la distorsión se basa en hechos reales...erróneamente ilustrados



También es curioso observar que el hecho de tratarse de animales facilita que no haya intenciones aparentemente morbosas en el hecho de mostrar abiertamente los genitales del animal, pero en un momento histórico y cultural en que la cultura popular asociaba las ballenas a los peces, resultaba sorprendente que un pez tuviera pene, y al tratarse de uno gigantesco, los artistas difícilmente se resistían a mostrarlo y mucho menos disimulaban la curiosidad que dicho miembro despertaba entre los espectadores humanos (con toda seguridad reflejo de la escena real). Ello ofrecía además la oportunidad de ofrecer una comparación visual llamativa entre el tamaño del pene de un cachalote macho y el del cuerpo de un humano adulto.

Los genitales de los cetáceos normalmente están ocultos en una hendidura corporal, así que, en la antigüedad, escasos mortales tenían la oportunidad de observarlo en la naturaleza, dado que también quedaban ocultos casi siempre bajo el agua. Un animal muerto, desprovisto de la presión del medio acuático y de la flotación, sufre una distribución de la masa corporal que tiende a aplastar el cuerpo contra el suelo provocando que la mortal flaccidez expulse el miembro viril al exterior, así como la lengua, infrecuente entre los peces y difícil de ver en un animal nadando libre en el océano, así que la realitava sorpresa de observarla en directo hace que sea uno de los rasgos persistentes en muchos dibujos e ilustraciones de libros de los siglos XVIII y XIX, que parece que no mostrarían el auténtico aspecto de estos animales si prescindiesen de la lengua colgante y el pene expuesto.

También es posible observar que en muchas ocasiones, sea por una ambigua interpretación de la perspectiva, o por la persistencia de la analogía establecida con la anatomía de los peces, la aleta caudal en la cola del animal no se muestre en un plano horizontal, sino vertical, o el tópico que asocia corpulencia a ballena se malinterprete en confusión con obesidad o redondez (la ballena azul, el mayor animal conocido, es delgada, muy alargada y estilizada) exagerando este hecho en aras de la verosimilitud mal entendida. De todos modos, llegados a este punto, también hemos de insistir en la influencia de los modelos muertos, ya que un cadáver en descomposición produce gran cantidad de gases que se acumulan en el abdomen e hinchan el cuerpo de forma engañosa a la hora de hacerlo pasar por el aspecto habitual de un ejemplar cualquiera (véase como drástico ejemplo el video insertado al final de esta entrada)

Nuestra moderna tecnología cambia poco el aspecto que pueda mostrar la escena, aparte del hecho de poder registrarla fotográficamente o que aparezcan máquinas modernas como vehículos o grúas para solventar la problemática presencia del coloso convertido en un problema de higiene, y aunque los varamientos lleguen a ser desdichadamente más normales y atraigan menos curiosos, siguen siendo fuente de inspiración, de fascinación y también, cómo no anotarlo, de preocupación ecologista, de la que todas las especies de grandes ballenas son baluarte indiscutible para sus más fervientes y concienciados defensores. De todas las especies que han sido objeto de campañas de conservación, sólo ellas dan respuesta al eslogan "¡Salvad...!" de forma inmediata e indiscutible para gran parte, diríamos que mayoritaria, de la población que se autodefine como preocupada por la naturaleza.

Los modernos medios de inmersión subacuática y de registro audiovisual hacen que la sorpresa en cierta medida sea menor, o sencillamente que la gente sepa, sin más, de la existencia de tan sorprendentes criaturas y se contente con que habiten felizmente las aguas en las que, sin embargo, no todos los bañistas quisieran encontrarlos pese a su talante indiscutiblemente inofensivo.


De manera que, aunque sigan siendo dignos de ser registrados gráficamente, las imágenes que generan, como tantos documentos fotográficos de la actualidad, se limitan a testimoniar la presencia directa de los testigos en el lugar, dado que de alguna manera ceden lo extraordinario de la situación exclusivamente a su vivencia en directo, cuestión a la que apunta, entre otras muchas, el curioso proyecto artístico desarrollado por el colectivo Captain Boomer y que rememoraba la aparición de un cachalote a orillas del Támesis colocando sobre una de sus playas fluviales urbanas, a escasa distancia de Greenwich, una réplica escultórica a tamaño natural de un cachalote de fibra de vidrio y polyéster cuyo realismo era acentuado por la presencia de figurantes disfrazados de científicos haciéndose cargo del asunto con vestimenta y artilugios supuestamente especializados.



La imagen se beneficia de la distancia en muchos aspectos para que la apariencia de un objeto sea identificable o sea engañosa dependiendo de la naturaleza de un objeto. El arte figurativo, por más detallado e hiperrealista que sea, busca algo más que engañar a los sentidos en el caso de este proyecto de Captain Boomer. Ya no se trata sólo de que la escultura sea convincente incluso si fuese vista de cerca, observando o tocando su textura al detalle. Pensemos en la pintura hiperrealista y en cómo el advenimiento de fotografía y su asentamiento en la vida cotidiana le dan la oportunidad de semejar ser reales en cuanto que semejar ser fotografías.

Si esta escultura se instalase en un museo de historia natural, su presencia sería sencillamente ilustrativa, y eludiría, posiblemente, parecerse a un animal muerto, por más que ello lo dotara de verosimilitud.

Esta aplicación concienzuda de técnicas propias de los recursos expositivos naturalistas ofrecería sensaciones alternativas al sacarla del contexto de un museo temático e introducirlo en una sala de arte, pero como instalación o intervención en un paisaje al límite de lo natural y lo urbano consigue exactamente lo que pretende: ofrecernos el recordatorio contundente sobre qué es lo que reclama nuestra atención y cómo interpretamos lo que ocurre a nuestro alrededor dependiendo de un contexto. Los artistas que simulan ser científicos u operarios técnicos gestionando la situación sirven de anclaje a un engaño, pero si reflexionamos sobre su papel, son los que consiguen dar credibilidad a un hecho que, al fin y al cabo, había ocurrido de verdad en el pasado.


Para conmemorar el incidente de un leviatán varado cerca de Greenwich, cuando el mamífero nadaba río arriba, (quedó varada 2006 y murió-para el Greenwich y Docklands Festival Internacional) , el colectivo de Arte belga Capitán  Boomer creó una reproducción de tamaño natural, de 17 metros (55 pies) de largo, una escultura de una ballena varada. La escultura de la ballena varada apareció a lo vera de la orilla del río Támesis, Londres. 
Actuando también como Intérpretes empleados para pretender ser científicos 'investigando' la escena, y un equipo de la Asociación Marina Birtánica también estaban en escena para responder a las preguntas. "En los últimos años, hemos estado viendo más y más ballenas y delfines en las costas de las islas británicas ", Alan Knight, del grupo británico de buzos de rescate de vida marina, manifestaba a la BBC .

"El varamiento de este modelo cachalote en Greenwich es algo que podría suceder". "Si esto  pasa de verdad, queremos hacer todo lo posible para evitar que una ballena de este tipo y de este tamaño encalle, utilizando una flotilla de barcos para suavemente guiar a la ballena fuera del río"

Incluso contemplando la evidencia del trabajo escultórico, no podemos evitar albergar atávicas sensaciones o pura y llana empatía por la impotencia de la gran criatura desubicada, por estar fuera de sitio como lo estuvo en su día su referente real. La escultura representa la frontera entre lo vivo y lo muerto y su propia ubicación natural pertenece a un espacio fronterizo entre agua y tierra, entre realidad y ficción. Remite a algo cierto, posible e incluso aparentemente reiterativo para los conocedores de los hechos históricos.
Villar Rojas (bienal Venecia)
No obstante, el misterio encerrado en un animal acuático varado remite ante todo a sus circunstancias, a su historia ¿Cómo diablos ha llegado hasta ahí? ¿Qué le ha llevado a esa situación? La cercanía del agua, incluso del agua dulce, enlaza con la lógica de la explicación plausible, y la presencia de los supuestos científicos acaba de amortiguar la pregunta obstaculizándola con una especie de "no es asunto tuyo". Lo sorprendente y lo difícilmente explicable se asocian en prácticamente cualquier escultura monumental, pero la quintaesencia de los gigantes escultóricos serían en este sentido las ballenas en tierra, los gigantes acuáticos lejos del mar, y en este sentido equivalen a un navío tierra adentro, la imagen de la fragilidad de la existencia dependiendo de la fragilidad del medio o de su mera presencia.

La predilección reincidente por el cachalote entre las demás ballenas por muchos artistas plásticos tal vez se deba a su condición de depredador que recurre a la selección y acoso violento y estratégico de presas tan grandes como nosotros. El mayor de ellos sin duda, aunque eso supone desconsiderar como seres individuales a los pequeños camarones y peces que constituyen bancos de los que se alimentan las ballenas filtradoras, que interpretamos casi como pacíficos hervíboros recolectores (cosa que en justicia sólo deberíamos atribuir al manatí). Su potencialidad como monstruo aterrador es lo único que lo destaca entre las demás ballenas, aunque llegar a conocerlo bien haya sido a costa de su interés comercial. Ambas cosas en combinación propician la profundidad costumbrista y existencialista de la novela de Melville.
Mocha Dick (Tristin Lowe)
"Moby Dick", de todas formas, no es un animal cualquiera, y su condición albina, aunque posible o plausible, tiene sobre todo una gran carga simbólica y espiritual que ya hemos comentado en su día acerca de los animales blancos.

Si condensáramos lo expresado hasta el momento en una pieza artística, probablemente tendríamos que mencionar la obra Mocha Dick, de Tristin Lowe (a quien seguramente deberíamos dedicar un monográfico a no mucho tardar) que apunta a una cierta claustrofobia que aumenta considerablemente el carácter aparentemente desubicado de la pieza y lo que representa. Su condición neumática (se trata de una especie de inflable de látex por piezas) establece conexiones y asociaciones que nos hablan de la flotabilidad y de nuevo de la desubicación. Un flotador en un espacio cerrado, seco y estanco es tan chirriante como un paraguas abierto bajo techo.

Mafa Alborés


A continuación


(extracto de Mesa Revuelta)

© studiolum, 2006 - 2018

Antonio Bernat Vistarini
Tamás Sajó

IBSN

Gracias por todo el pescado



¿Qué quedaría de esta imagen si elimináramos el enorme pez? Apenas nada: una pobre cabaña de pescador a la izquierda y una ciudad portuaria en el horizonte, una bahía abierta al mar entre ambos y una playa de arena vagamente definida. El paisaje parece limitado a ejercer de marco a la presa sin par, ese Gran Pez cuyo vientre saja un hombre como liliputiense, embistiéndole con un cuchillo más grande que él. Del tajo en el estómago y de la boca del animal varado se derraman grandes peces-matrioshka: los que había engullido el pez y que justo antes, o ya en su estómago, tragan a su vez peces menores. Las piezas de la presa que se escurren al mar son devoradas inmediatamente por otros peces (como hacían las focas en la lonja de Puerto Ayora), y hasta vemos un pez volador que con las fauces abiertas llega reclamando su parte del festín. El paroxismo de este frenesí de engullimiento llega al punto de que los mejillones intentan atrapar los peces. En el bote de la parte inferior de la imagen, un remero señala el espectáculo a su hijo: ECCE, y en la inscripción en cursiva en lengua flamenca, comparte con él la experiencia básica de su vida: «Mira, hijo mío, he sabido desde hace mucho tiempo que los peces grandes se comen a los pequeños». Lo mismo dice el hexámetro de las mayúsculas latinas: «GRANDIBUS EXIGUI SUNT PISCES PISCIBUS ESCA»: Los peces pequeños son alimento para los peces grandes. Y una versión bastante posterior de esta de 1557, publicada por Jan Galle, activo en Amberes entre 1620 y 1670, que agrega además una explicación trilingüe de la imagen para que nadie pueda malinterpretar ni un ápice la metáfora: «La opresión de los pobres. Los ricos te aniquilan con su poder». Epístola de Santiago, 2: 6».



Si el Pez —con los menores peces que ha tragado— ilustra esta injusticia básica, entonces es posible que el cuchillo que le abre el estómago, con la representación del orbe en forma de una insignia real en la hoja, como la que usualmente sostiene Cristo en las escenas del Juicio Final, represente la justicia suprema.



¿Quién es el autor de la imagen? La inscripción muestra dos firmas. A la izquierda: «Hieronymus Bos. inventor», y bajo esta: «PAME», mientras que a la derecha vemos: «COCK EXCU[DIT], 1557». Es decir, el dibujo es de Hieronymus Bosch y la impresión fue realizada por Cock en 1557. Nada de esto es cierto. Que Cock no fue el grabador lo prueba el monograma PAME, que señala a Pieter van der Heyden: uno de los grabadores habituales de Hieronymus Cock, el mejor editor de grabados de Amberes. Por lo tanto, Cock se jactaba de la ejecución de la impresión no como autor, sino como editor. Pero tampoco se puede atribuir el dibujo original a El Bosco. Es similar en estilo, ciertamente, pero carece de la profusión de monstruos compuestos que lo caracteriza (excepto por ese pez bípedo que trata de escapar con su presa cerca de la choza).

El Albertina de Viena, sin embargo, conserva el dibujo original que sirvió como modelo para la impresión (inv. no. 7875). Y este en lugar de la firma de Bosch lleva la de Pieter Bruegel el Viejo. Aquí aún escribe su nombre con una h, pero pronto la eliminará, y solo sus hijos Pieter el Joven y Jan recuperarán la forma Brueghel.

 
 


Y Bruegel también usa este motivo para una de las escenas de sus Proverbios neerlandeses de 1559.



En 1556, el joven —quizás de unos treinta años— Pieter Bruegel el Viejo acababa de regresar a casa tras su viaje de estudios en Italia, donde mejoró sus habilidades de dibujante y realizó una gran cantidad de bocetos, especialmente de los paisajes montañosos, desconocidos y atractivos para el público de los Países Bajos. Quería hacerse un hueco en Amberes, que era el centro no solo comercial sino especialmente del mercado de arte por entonces. En 1540 se abrió aquí la primera galería europea permanente de pintura y grabados, donde trescientos maestros de la ciudad colocaban sus obras, y desde aquí alcanzaban lugares tan lejanos como, por ejemplo, la catedral armenia en Isfahan, donde las paredes se decoraron con frescos hechos a partir de grabados bíblicos producidos en Amberes. Uno de los comerciantes de arte de más éxito en la ciudad, Hieronymus Cock, abrió en 1548 su casa editora A los cuatro vientos (In de Vier Winden), donde imprimió grabados muy codiciados. Y para ello necesitaba dibujantes de talento. Así, cuando el joven Bruegel volvió de Italia, lo contrató de inmediato (y quizás ya le había financiado el viaje), y desde ese momento colaboraron en multitud de exitosas series de grabados, desde los Grandes paisajes hasta Los siete pecados capitales y las siete virtudes, que aumentaron la fama de ambos.

Hans Vredemann de Vries, Vista de calle de Amberes, con la editorial de Hieronymus Cock en la esquina derecha, donde también se imprimió este mismo grabado en 1560, y con el propio Hieronymus Cock a la puerta

En el mercado de arte de Amberes, un joven y prometedor principiante podía prosperar promocionándose como maestro en aquellos temas populares que habían cobrado vida en décadas anteriores. Hasta principios de la década de 1500, había un solo tema comercial: el retablo, ya fuera para la iglesia o particular. Sin embargo, al asentarse el mercado de arte y el coleccionismo privado —con el auge de las Kunst- und Wunderkammer— en el siglo XVI, aparecieron nuevos temas de especialización: paisajes, asuntos exóticos, escenas campesinas, etc. Entre los nuevos temas, las réplicas de El Bosco llegaron a ser un sector independiente. Las sorprendentes criaturas fantásticas de Hyeronimus Bosch eran extremadamente populares. Su obra original había sido recogida principalmente por Felipe II para su colección y el mercado reclamaba sucedáneos. Muchos pintores se especializaron en ello: copias de sus pinturas y nuevas creaciones siguiendo su estilo. Entre ellos se encontraba Bruegel, que hizo varios dibujos de monstruos a imitación de El Bosco y Cock los publicó con gran éxito.

Bruegel, La tentación de san Antonio, 1554. Esta escena fue uno de los temas principales de los imitadores de El Bosco, porque los demonios que acosaban al santo ermitaño ofrecían un generoso pretexto para la representación de seres monstruosos similares a los del maestro.

Una de las piezas de más éxito de la colaboración entre Bruegel y Cock fue la serie de grabados que representan los siete pecados mortales, las siete virtudes y el Juicio Final, entre 1557-60. El éxito se atribuyó en gran parte a las diablerías de El Bosco, que inundaron casi todas las planchas de la serie: las de los pecados, naturalmente, pero también las de las virtudes, llenas por igual de demonios aquí derrotados.

Bruegel, Ira, 1558

Bruegel, Fortitudo, 1560

En 1572, el humanista Dominicus Lampsonius de Brujas publicó con Cock una colección de retratos de grandes artistas holandeses. Para entonces, la reputación de Bruegel como imitador de El Bosco era tan notoria que Lampsonius podía escribir sobre él: «Es el nuevo Hieronymus Bosch, quien con su pincel imita y pone ante nuestros ojos los ingeniosos sueños del Maestro y reproduce su estilo tan eficazmente, que así al mismo tiempo lo supera». De aquí viene la apelación de Bruegel como «segundo Bosco» que, gracias a la descripción de los Países Bajos de Lodovico Guicciardini, se extendió también por todo el sur de Europa.

En el grabado de los peces de 1557, que hemos visto arriba, Bruegel todavía no usaba aquellos monstruos típicos de El Bosco. Pero para el espectador contemporáneo, los peces que se devoran entre sí ya eran marca registrada de este autor, quien a menudo representaba sus demonios de igual modo. Curiosamente, el motivo aparece repetidamente en la película Ruben Brandt, el coleccionista (2018), que trabaja con numerosas referencias a la historia del arte e imágenes absurdas. Si no la habéis visto aún, hacedlo (y si lo habéis hecho, volved a verla) y contad los peces.

Bosch, La tentación de san Antonio, c. 1501, detalle

Bosch, Adoración de los Magos, c. 1485-1500, detalle

Bosco, El jardín de las delicias, c. 1490-1510, detalle

Bosco, El carro de heno, 1516, detalle. A la derecha, el pez bípedo del grabado de Bruegel

Bruegel, El Juicio Final, 1558, detalle

Milorad Krstić, Ruben Brandt, el coleccionista, 2018. Detalle del episodio sobre la exposición de arte pop en Tokio

En 1556, cuando Bruegel dibujó y firmó el modelo del grabado de los peces, era todavía un joven talento desconocido, que se buscaba la vida en casa de Cock (y Cock se enriquecía gracias a Bruegel). El Bosco, por su parte, era ya toda una marca. Quizás sea por eso que Cock decidió poner a El Bosco como el «inventor» del dibujo. En aquel momento, esto no significaba necesariamente engañar al comprador. Se trataba claramente de una obra de género: esto es «un Bosco», o, con mayor precisión: «diseñado a partir de El Bosco por un miembro de nuestra editorial». Y el aficionado que lo comprara y lo conservara durante al menos quince años, momento en el que Bruegel también se convirtió en una marca de referencia, podía presumir de tener un Bosco que, en realidad, finalmente resultó ser un Bruegel. No está mal.

Para ilustrar el recorrido de esta imagen entre los consumidores de los Países Bajos, veamos este ejemplo de sesenta años después.



Claramente se copió de la impresión original de Cock. Sin embargo, la crítica social de tipo general se agudiza aquí alrededor del debate político. El pez lleva la inscripción «Barnevelsche Monster», de la cual, y de otros detalles, se infiere que el panfleto celebra la ejecución de Johan van Oldenbarnevelt, canciller de las Provincias Unidas de los Países Bajos, en 1619. El canciller, que había sido el juez supremo de los Países Bajos Libres durante treinta años, finalmente entró en conflicto con los Estados de los Países Bajos como partidario de la rama arminiana del calvinismo, y convencieron al gobernador príncipe Mauricio de Nassau para que lo condenara y ejecutara en un juicio sumario, al igual que en el grabado el príncipe abre el estómago del «monstruo» con «el cuchillo de la justicia». El «monstruo» es rematado por el arpón de la «Oude Leer», es decir, la enseñanza calvinista ortodoxa, y la ciudad del horizonte se perfila con las características particulares de Utrecht, el último refugio de Oldenbarnevelt. La posteridad considera a Oldenbarnevelt como un gran estadista, pero en el transcurso de treinta años pudo haber perjudicado a algunos: sus nombres pueden leerse en los peces que escapan de su estómago y garganta. La verdad triunfó, desde el punto de vista de alguien. La pregunta es, tal como un pez grande le preguntó al chico antes de tragárselo: ¿qué es la verdad?
http://mesa-revuelta.blogspot.com/2018/12/gracias-por-el-pescado.html 



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lunes, 13 de abril de 2015

Unicornios y serpientes de mar. Una asociación aparentemente improbable tristemente hecha realidad.




Si existen dos animales míticos por excelencia en tierra y mar tendríamos que referirnos al unicornio y a la serpiente de mar (aunque existen mitos criptozoológicos que apuntan también al unicornio marino, por cierto).
 Los dones otorgados a las sustancias contenidas en el cuerno del unicornio se tornaron legendarias desde un pasado bastante remoto. Dichas leyendas, provenientes de distintas fuentes cultural y geográficamente diversas, guardan sin duda relación con las propiedades atribuidas al cuerno del rinoceronte, cuyas especies asiáticas, de un solo cuerno, se identificaron en tiempos de Marco Polo como la confirmación de la existencia de un animal fantástico que tal vez había sido inspirado por la distorsión creciente de las narraciones referidas a dichos animales. No insistiremos en ello dado que hemos dedicado páginas específicas del blog a la mitología e iconografía del rinoceronte, que siguen siendo las más visitadas de nuestras publicaciones. 
Los hallazgos ocasionales de colmillos de narval en las costas causó la existencia del mítico unicornio marino, y los ocasionales avistamientos de grandes congrios, peces remo o ballenas observadas de forma confusa generaron el mito de las serpientes marinas. La imagen de la serpiente también ha sido analizada desde nuestras páginas, y poco podríamos añadir a no ser que en su vertiente de mito marino monstruoso reuniría dos miedos atávicos, a saber: el miedo a toda criatura serpentiforme y el miedo al mar como medio contenedor de criaturas difícilmente visibles y habitantes de un medio ya impropio.Lo cierto es que, aparte de compartir las páginas ilustradas de bestiarios, narraciones fantásticas y más o menos sesudos tratados de criptozoología, la asociación de ambos mitos parecía improbable, a no ser por mediación humana, lo cual es tristemente cierto, y no precisamente a manos de literatos y fabuladores, sino de explotadores comerciales sin escrúpulos.

Y es que el unicornio de la vida real, el rinoceronte asiático (y, por desdichada extensión, sus bicornes primos africanos) sigue siendo perseguido por las cualidades supuestamente medicinales de su cuerno. Su escasez encarece sus productos haciéndolos todavía más apetecibles como lujo o como remedio, y hacen de su comercio algo peligrosamente lucrativo a pesar de las medidas proteccionistas que, legislativamente, pretenden proteger la integridad de las especies africanas y asiáticas en preocupante proceso de extinción.
Curiosamente, las auténticas especies de serpientes genuinamente marinas, al igual que tantas otras terrestres, también son objeto de comercio por motivos medicinales en muchas culturas asiáticas, y su captura accidental entre otras especies marinas ha empezado a tornarse más rentable que la de las especies pescadas como alimento. Así lo constata un informe de Nguyen Van Cao del que da cuenta Jason G. Goldman para Conservation Magazine en Noviembre del pasado año. Entra en juego incluso el mítico Kraken asociado a los calamares gigantes, puesto que son los más modestos clamares objetos de explotación pesquera la especie perseguida por los hombres implicados en la captura, en principio accidental, de las también de modesto tamaño serpientes marinas, cuya disposición dental haría poco probable su letal mordedura, a no ser que camines descalzo en contenedores atestados de ejemplares vivos.

Lo que más llama la atención del caso es que las diferentes especies de serpientes marinas son muy venenosas, pero poco estudiadas toxicológicamente, así que no hay sueros o antídotos para sus improbables mordeduras. El creciente riesgo asumido por los pescadores conlleva la creciente demanda del remedio más tradicionalmente conocido en sus culturas: el cuerno de rinoceronte.

Mafa Alborés










Jason G. Goldman para Conservation Magazine
Socios improbables: La caza furtiva del rinoceronte y la explotación de la serpiente de mar.
21 de noviembre, 2014

Cada mes, cientos de buques de pesca de calamar que regresan a puerto en Vietnam no sólo cargan con calamares, sino también con las serpientes de mar capturadas en el Golfo de Tailandia. Cada mes, las siete principales instalaciones de procesamiento de  serpiente mueven un promedio de 6.500 kilogramos de serpientes de mar, que se venden  entre $ 10 y $ 40 por kilogramo, dependiendo de la especie. En comparación, el calamar se vende entre $ 7 y $ 20 por libra, por lo que la captura de serpiente de mar es más lucrativa.

En la más reciente edición de la revista Conservation Biology, el
investigador Nguyen Van Cao de la Academia de Ciencia y Tecnología de Vietnam y sus colegas argumentan que la cosecha de las serpientes de mar del Golfo de Tailandia es quizás la explotación sistemática más grande de reptiles marinos en el mundo, pero es lamentablemente ignorada o, como mucho, bajo escrutinio.

Durante cinco años, los investigadores observaron el comercio de serpientes, cómo cambiaban de manos de los barcos de pesca a los intermediarios, de los intermediarios a los comerciantes, y como las serpientes vivas eran embaladas para su envío por carretera, ferrocarril, barco o avión. Además, se entrevistó a 30 capitanes de los buques de calamar, 30 miembros de tripulación, 20 intermediarios, y un puñado de comerciantes, trabajadores en sus instalaciones de procesamiento, y  médicos de los hospitales locales. Debido a que se sabe tan poco sobre el comercio de serpientes de mar, los investigadores simplemente querían determinar la extensión geográfica y temporal de la cosecha, qué
especies se capturaban y y en qué cantidad, y cuáles han sido los factores socioeconómicos  que impulsan el comercio.

La mayoría de las serpientes de mar llegaron en los buques de pesca de calamar a los dos principales puertos de Ca Mau Province de Vietnam, Song Doc y Khanh Hoi. Juntos, estos dos puertos son el hogar de siete principales comerciantes de serpiente de mar del país.

Una vez que las serpientes eran transferidas de los buques de pesca a los intermediarios, los intermediarios (que tiraban de un beneficio mediante el pago a los pescadores menor de lo que reciben de los comerciantes) que las trasladaban a los mercaderes. Allí, fueron ordenados en dos  clases por
tamaños, con los individuos más pequeños de menos de 500 gramos, y los más grandes que pesan más. Las serpientes son colocadas en cajas de poliestireno que contienen agua del grifo y sal, los agujeros para el aire se asoman en la parte superior, y se sellan con cinta adhesiva. Cada contenedor ostentó alrededor de 17-18 kilogramos, lo que equivaldría a un máximo de 40 grandes o 60 pequeñas serpientes.

Las serpientes son utilizadas por la carne, su sangre se infunde en alcohol ("para mejorar la salud y la virilidad"), los órganos se utilizan para la medicina alternativa (las vesículas biliares, en particular, se creen útiles para las mujeres embarazadas), y también se convierten en polvo para una especie de ungüento que se pretende para curar el dolor de las articulaciones, dolor de espalda, anorexia, insomnio, y para fortalecer los tendones y los huesos. Los efectos sobre la salud son, predeciblemente, dudosos.

La mayoría de las serpientes son de sólo dos especies: Lapemis curtus e Hydrophis cyanocinctus. El quince por ciento restante se compone de unas seis especies adicionales: Acalyptophis peronii, Aipysurus eydouxii, atriceps Hydrophis, H. belcheri, H. Lamberti, y H. Ornatus. Basándose en los análisis de los investigadores, todos eran
individuos subadultos o adultos, aunque algunas hembras terminaron de dar a luz después de que fueron capturadas, dejando a algunos recién nacidos también en la mezcla.

A pesar de que cada una de estas especies está descritas en la lista por la UICN como "asunto preocupante" o "datos insuficientes", las tasas de captura revelan que, al menos en el Golfo de Tailandia, las poblaciones están disminuyendo. En 1995, sólo 25 a 30 barcos de calamar también cosechaban serpientes. En 2013, ese número había aumentado a 900. "La mayoría de los capitanes de los buques de calamar informó sobre cosechar serpientes marinas como captura incidental valiosa que requiere un esfuerzo adicional insignificante", escriben los investigadores, y se han tornado espectantes por traer serpientes a su regreso a puerto. Esa cosecha se ve quizás apoyada por el hecho de que el seguimiento de la explotación de la serpiente de mar y el cumplimiento de cualesquiera reglamentos en estos lugares "es prácticamente inexistente."

Como resultado, de 2009 a 2012, hubo una reducción estadísticamente significativa en la biomasa total de serpientes marinas recolectadas. En 2009, más de 100 toneladas se procesan a través de las instalaciones comerciales, lo que representa unas 275.000 serpientes individuales; 84 toneladas en 2010; 78 toneladas en 2011; y sólo 68 toneladas en 2012. El número real de individuos capturados es probablemente bastante mayor que las estimaciones, ya que los investigadores se centraron sólo en los buques pesqueros vietnamitas, ignorando los de Malasia y Tailandia, que también  cosechan
serpientes desde el Golfo de Tailandia.

Los resultados sugieren que a pesar de sus clasificaciones de la UICN, un gran subconjunto de especies de serpientes de mar en el archipiélago indonesio -un paisaje conocido por su alta biodiversidad marina- está en peligro de que sus poblaciones se vean dañadas o, gracias a las prácticas de pesca insostenibles., destruidas. Esta cosecha de serpiente marina particular ha estado sucediendo esencialmente desapercibida por las organizaciones nacionales e internacionales de conservación durante más de una década, en parte debido a que aparentemente entra en conflicto no abiertamente con las leyes vietnamitas, lamenta Nguyen. "Sin embargo, dado el volumen de serpientes y el amplio espectro de especies extraídas y que los efectos ambientales de las capturas se desconocen, la atención inmediata por parte de las organizaciones de conservación de la pesca de la serpiente de mar parece justificado."

Los
precios considerables que se pueden pagar por las serpientes se refleja en el desprecio gratuito que los pescadores  tienen por su propia seguridad personal. Las serpientes marinas son algunas de las  más venenosas del mundo, y no hay antídoto para la mayoría de ellas porque están muy poco estudiadas en relación con otras criaturas venenosas terrestres. A pesar de ello, a menudo se manejan sin guantes, y los trabajadores suelen caminar descalzos en tanques que contienen serpientes vivas.

¿Un remedio popular para las mordeduras de serpientes? Cuerno de rinoceronte, aplicado directamente a la picadura, o pulverizado en una pasta para ser ingierido. Por lo tanto, existe un vínculo directo entre el desgarrador sentido de una brutal masacre, de rinocerontes por sus cuernos, y la pesca insostenible de serpientes de mar en el Golfo de Tailandia. Dos crímenes de vida silvestre sistemáticas, a miles de kilómetros de distancia, se facilitan mutuamente. 


- Jason G. Goldman | 21 de noviembre 2014



(nótese que el artículo en su ubicación original está ilustrado con fotografías de una serpiente marina y de un rinoceronte, pero no un asiático unicorne, sino un rinoceronte blanco africano, bicorne, y distinguible del llamado rinoceronte negro por su característico labio superior recto y ancho -"wide", término que acabó confundiéndose fonéticamente con "white", "blanco", lo que determinó por contraste la denominación "negro" para la otra especie africana, también bicorne-)    Mafa Alborés

http://conservationmagazine.org/2014/11/unlikely-partners-rhino-poaching-sea-snake-exploitation/


Unlikely partners: Rhino poaching & sea snake exploitation

Each month, hundreds of squid fishing vessels return to port in Vietnam loaded not just with squid, but also with sea snakes harvested from the Gulf of Thailand. Each month, the seven major snake processing facilities move an average of 6,500 kilograms of sea snakes, which are sold for between $10 and $40 per kilogram, depending on species. By comparison, squid sell for between $7 and $20 per pound, making sea snakes the more lucrative catch.
In the most recent issue of the journal Conservation Biology, Vietnam Academy of Science and Technology researcher Nguyen Van Cao and colleagues argue that the harvest of sea snakes from the Gulf of Thailand is perhaps the world’s largest systematic exploitation of marine reptiles in the world, but it’s one that is woefully ignored or, at best, underscrutinized.
For five years, the researchers observed the trade in snakes as they changed hands from fishing boats to middlemen, from middlemen to merchants, and as the live snakes were packed up for shipping by road, rail, boat, or plane. In addition, they interviewed 30 captains of squid vessels, 30 crewmembers, 20 middlemen, and a handful of merchants, workers in their processing facilities, and physicians in local hospitals. Because so little is known about the trade in sea snakes, the researchers simply wished to determine the geographical and temporal extent of the harvest, which species were harvested and how much, and what the socioeconomic factors were that drove the trade.
Most of the sea snakes came in on squid fishing vessels to the two major harbors in Vietnam’s Ca Mau Province, Song Doc and Khanh Hoi. Together, those two harbors are home to the country’s seven major sea snake merchants.
Once the snakes were transferred from fishing vessels to middlemen, the middlemen (who pulled a profit by paying the fishermen less than they received from the merchants) moved them to the merchants. There, they were sorted into two class sizes, with smaller individuals being less than 500 grams, and larger ones weighing more. The snakes were placed into Styrofoam boxes containing tap water and salt, air holes were poked into the top, and it was sealed with tape. Each container held some 17-18 kilograms, which equaled as many as 40 large or 60 small snakes.
The snakes are used for meat, their blood is infused into alcohol (“enhancing health and virility”), the organs are used for alternative medicine (gall bladders in particular are thought useful for pregnant women), and they also become ground into a sort of glue which is purported to cure joint pain, back pain, anorexia, insomnia, and to strengthen tendons and bones. The health effects are, predictibly, dubious.
Most of the snakes were from just two species: Lapemis curtus and Hydrophis cyanocinctus. The remaining fifteen percent was comprised of an additional six species: Acalyptophis peronii, Aipysurus eydouxii, Hydrophis atriceps, H. belcheri, H. lamberti, and H. Ornatus. Based on the researchers’ assessments, all were sub-adult or adult individuals, though some females wound up giving birth after they were caught, leaving some newborn infants in the mix as well.
Despite the fact that each of these species is listed by the IUCN as either “learn concern” or “data deficient,” catch rates reveal that, at least in the Gulf of Thailand, populations are dwindling. In 1995, just 25-30 squid vessels were also harvesting snakes. By 2013, that number had increased to 900. “Most squid vessel captains reported harvesting sea snakes as a valuable bycatch that requires negligible additional effort,” write the researchers, and they’re now become expected to bring snakes back with them. That harvest is perhaps aided by the fact that tracking of sea snake exploitation and enforcement of whatever regulations are in place “is virtually nonexistent.”
As a result, from 2009 to 2012, there was a statistically significant reduction in the total biomass of sea snakes harvested. In 2009, more than 100 tons were processed through the merchant facilities, representing some 275,000 individual snakes; 84 tons in 2010; 78 tons in 2011; and just 68 tons in 2012. The actual number of harvested individuals is likely quite higher that the estimates, since the researchers focused just on Vietnamese fishing vessels, ignoring those from Malaysia and Thailand which also harvest snakes from the Gulf of Thailand.
The findings suggest that despite their IUCN classifications, a large subset of sea snake species in the Indonesian archipelago – a landscape known for high marine biodiversity – is in danger of having their populations damaged or destroyed thanks to unsustainable fishing practices. This particular sea snake harvest has been going on essentially unnoticed by national and international conservation organizations for more than a decade, in part because it apparently does not overtly conflict with Vietnamese laws, laments Nguyen. “Yet, given the volume of snakes and the wide spectrum of species extracted and that the environmental effects of the harvest are unknown, immediate attention by conservation organizations to sea snake harvesting appears warranted.”
The handsome price fishermen can be paid for snakes is reflected in the wanton disregard they have for their own personal safety. Marine snakes are some of the world’s most venomous, and there is no anti-venom for most of them because they’re so understudied relative to Earth’s other venomous critters. Despite that, they’re often handled without gloves, and workers often walk around barefoot in tanks containing live snakes.
One popular remedy for snakebites? Rhino horn, either applied directly to the bite, or ground into a paste and swallowed. Thus, there is a direct, heartbreaking link between the pointless, brutal slaughter of rhinos for their horns, and the unsustainable harvest of sea snakes in the Gulf of Thailand. Two systematic wildlife crimes, thousands of miles apart, each facilitating the other. 
– Jason G. Goldman | 21 November 2014