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miércoles, 19 de febrero de 2020

Iconografía dinosauriana de la ilustración científica a la cultura popular. Del cine al cómic transitando los mundos prehistóricos de Ray Harryhausen resumidos por Charlie Charmer para Koprolitos.


Espero que no os importe que lleve un tiempo sin elaborar artículos propios o al menos comentar con cierta perspectiva propia y extensión contenidos obtenidos de fuentes ajenas.

Ya llevo un tiempo inmerso en mi trabajo docente y académico y no tengo tiempo de desarrollar los borradores que se me van acumulando. Querría también que los temas abordados tuviesen una cierta vigencia o frescura de última hora, pero más bien he estado rescatando acopios de contenidos sobre personajes y temáticas más que comentadas en el ámbito de la antrozoología artística y de la iconografía animal en los medios de difusión y entretenimiento.

Tal es el caso del recopilatorio dedicado a Willis O'Brien, o el dedicado a Karel Zeman, ambos extraídos de sendos artículos elaborados por Charlie Charmer para Koprolitos, a quien debemos también el grueso de nuestro artículo sobre especulación, espectáculo y ciencia a propósito de los dinosaurios animatrónicos de los pioneros George H. Messmore y Joseph Damon.

Podríais pensar que ya está bien de aprovecharse del trabajo de Charmer y de los contenidos de Koprolitos, pero comprenderéis que es muy tentador compilar para los estudiosos de las interacciones entre arte y zoología unos resúmenes tan bien documentados e ilustrados, aunque sean tan específicos en cuanto a su carácter paleontológico y especulativo. No en vano, Koprolitos comparte nuestro punto de vista e intereses intelectuales, pero sus redactores están especializados en los animales prehistóricos y muy particularmente en los dinosaurios. Dicho esto, y tras haber traído a nuestras páginas los comentarios acerca de artistas tan influyentes como O'Brien o Zeman, y después de mencionar inevitablemente en múltiples ocasiones a su más ilustre heredero, Ray Harryhausen, entenderéis que era inevitable consagrar una parcela de nuestros contenidos al maestro americano de origen alemán, sobre todo después de que, en tres notables entregas, Charlie Charmer le dedicase un notable resumen y comentario ilustrado a su actividad. Compilamos dichas entregas, enlazadas a sus publicaciones originales para que disfrutéis de una disposición de las imágenes a mayor tamaño, ya que nosotros rediseñamos su presentación para que ocupe menos espacio.

Es muy poco lo que podemos añadir a lo expuesto por Charmer, aparte de matizar que éste se centra en los dinosaurios, y, si bien es cierto que Harryhausen es posiblemente el principal responsable de la popularización de la imaginería dinosauriana en movimiento, también lo es que desde su oficio como narrador de historias y de especulaciones fantásticas, también ha diseñado seres no estrictamente dinosaurianos, y ha tocado aspectos más propios de la especulación mitológica. Ni siquiera Charmer elude esta dimensión en las actividades del maestro de la escultura animada y el stop-motion. Sin embargo hemos de recalcar que su mérito reside en su minuciosa observación zoológica y naturalista de la mecánica animal, de la anatomía comparada y de todos los aspectos científicos inherentes a su estudio, lo que hace que sus obras, además de alimentar fantasías y ficciones, ofrecían la oportunidad de estudiar y comprender aspectos científicos, realistas y consistentes, de las capacidades motrices tanto de animales extintos como de seres fantásticos. Todos ellos siempre enriquecidos con la credibilidad y la verosimilitud otorgadas por las observaciones científicas. Hablamos del influjo de la anatomía comparada instaurada por Cuvier, el influyente naturalista con grandes dotes para el dibujo. No en vano las influencias de Harryhausen hemos de buscarlas entre grandes representantes del arte naturalista y de los ilustradores especializados en especulación paleontológica como Charles R. Knight, a quien ya habíamos dedicado una entrada por su innegable trascendencia en la manera de comprender e imaginar los animales prehistóricos y la fauna extinta. También esta entrada era deudora de los artículos de Koprolitos.

El público no entendería ni visualizaría lo que le explicaban los zoólogos o los paleontólogos si no hubiese contemplado las recreaciones de artistas plásticos pioneros, yni mucho menos habría imaginado su movimiento si no surgiesen escultores especializados en las técnicas cinematográficas como O'Brien o Harryhausen, o sus dignos herederos como Phil Tippett, Stan Winston, Rick Baker, etc.

Alguien podría objetar que dichos trabajos no estaban exentos de errores. Tanto Knight como Harryhausen nos mostraron dinosaurios que arrastraban sus colas por el suelo, mientras que ilustradores posteriores como Gregory Scott Paul mostraon la posibilidad de animales homeotérmicos ágiles y rápidos, con sus colas elevadas del suelo a modo de balancín, lo que sería recogido por Tippett, Winston o Dennis Muren a finales del siglo pasado para renovar la imagen de los dinosaurios, que todavía tendrían que pasar por nuevas fases como, por ejemplo, sugerir la posibilidad de estar cubiertos de plumas multicolores...pero eso ya es otra historia.

Mafa Alborés

A continuación, las tres entradas de Charlie Charmer sobre la obra de Harryhausen:


martes, 22 de octubre de 2019


Los mundos prehistóricos de Ray Harryhausen (I)

La familia de Raymond Frederick Harryhausen (1920-2013) era originaria de Alemania. De hecho, el apellido era originariamente Herrenhausen (“mansión” en alemán, de “herren” –caballeros- y “hausen” –vivir-). Con sólo cinco años, sus padres le llevaron a ver El mundo perdido [1], y su pasión por la animación será irrefrenable desde la pubertad, gracias a otra película de O’Brien, King Kong. Otra influencia temprana es el paleoartista Charles R. Knight [2] y sus murales de animales prehistóricos, como el que pintó en 1925 retratando a la fauna encontrada en los pozos de alquitrán de La Brea (Los Angeles), expuesto en el Museo del Condado. Sus padres le animaron en sus experimentos con marionetas y en el instituto destacó con sus maquetas y comenzó su amistad con su tocayo y riguroso contemporáneo, el genio de la ciencia-ficción Ray Bradbury (1920-2012), junto al que en 1939 se unió a la Science-Fiction League de Los Ángeles de Forrest J. Ackerman (1916-2008), editor de Famous Monsters of Filmland, que será otro de sus grandes amigos.

Evolución

En su día, dedicamos un post a su primer proyecto, Evolution (1938-40), que pese a quedar finalmente en una secuencia de tres minutos, le facilitó debutar profesionalmente en los Puppetoons [3] del animador de origen checo George Pal (1908-80) antes del servicio militar, durante el que consiguió llamar la atención de Frank Capra, en cuya División de Servicios Especiales trabajó en varios filmes propagandísticos.
Tras la guerra, consigue trabajar como ayudante de su admirado Willis O’Brien, comenzando por Mighty Joe Young (1949) –la penúltima revisión del mito del mono gigante comenzado con King Kong, pero esta vez sin dinosaurios en el reparto-, que consiguió el óscar a los mejores efectos especiales; se dice que Obie les dejó a él y a Pete Peterson [4] (1903-62) casi toda la tarea de animación.

La bestia de 20.000 brazas

The Beast from 20,000 Fathoms (1953) fue la primera película en la que Ray asumió la responsabilidad de los efectos especiales, que generó con un nuevo sistema al que dio el nombre de “dynamation”: animaba sus modelos –en este filme, un descomunal redosaurio- frente a una grabación y luego los sincronizaba con los elementos que debían estar en primer plano tapándolos con pintura negra sobre un cristal para luego realizar una segunda exposición ya sin muñecos. Los productores, Hal E. Chester [5] (1921-2012) y Jack Dietz [6] (1901-69), de Mutual Pictures of California, estaban tanteando otros dos proyectos, pero una exitosa reposición de King Kong les decidió a realizar un filme con un monstruo gigante mutado por la radiación, para explotar la creciente paranoia nuclear. Inspirado en el cuento de Ray Bradbury The Fog Horn (1951), cuyo título inicial en The Saturday Evening Post fue The Beast from 20,000 Fathoms, se anticipó en algo más de un año a Godzilla, cuya primera idea era muy similar y que fue inicialmente conocida como El monstruo gigante de 20.000 millas bajo el mar. También fue la primera cinta como director del, hasta entonces, director artístico galo Eugene Lourié [7] (1903-91), que al amparo de su éxito dirigió otros dos nuevos largometrajes protagonizados por nuevos dinosaurios mutados por la energía atómica: The Giant Behemoth (1959) –con animaciones de Obie- y Gorgo (1961), producidas en Reino Unido.

Vino del fondo del mar


Su siguiente película, It came from beneath the Sea (1955) –esta vez el monstruo no es un saurio sino un enorme pulpo prehistórico-, fue producida por Charles H. Schneer (1920–2009), a quien puso en contacto con Harryhausen un amigo común del servicio militar. Les unirá una amistad de por vida y producirá todas sus películas excepto One Million Years BC.

El mundo animal


Tras ganar el óscar por The sea around us (1951), Irvin Allen decidió hacer otro documental sobre la evolución de la vida terrestre, de los organismos unicelulares a los dinosaurios y la fauna actual: Animal World (1956), que ya fue objeto de este post en el blog, y donde Ray y O’Brien volvieron a colaborar. Originariamente, la escena de los dinosaurios iba a ser montada a base de dioramas con modelos estáticos, pero Allen se puso en contacto con Harryhausen para comprarle los derechos de Evolution. Ray convenció a Irvin para producir nuevas animaciones. Mientras Harryhausen movía los muñecos, O’Brien participó como supervisor del proyecto, diez minutos de metraje que completaron en tan sólo seis o siete semanas urgidos por Allen. Ray recuerda que, a imagen de las escenas que Irvin había grabado, emplearon un tono crudo y gore que, tras el visionado final, decidieron suavizar [8]. El resto del filme no es demasiado memorable, por lo que se trata de la única cinta de Harryhausen que no ha pasado a formato video según Roy P.Webber [9]. Sin embargo, una buena parte del metraje con dinosaurios fue reutilizada en la película Trog (1970, Freddie Francis), protagonizada por un troglodita que aparece en el Londres actual y, en un flashback ilustrado con Animal World –con nuevos efectos de sonido-, recuerda el mundo que ha dejado atrás. Trog sí pasó a video y DVD.

Trog recuerda sus años mozos en el pueblo


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[1] Belinchón, Gregorio (2013) “Fallece Ray Harryhausen, el mito de los efectos especiales”, en El País.
[2] "Las pinturas y dibujos de dinosaurios de Knight tienen algo más que un aspecto realista; exhiben claramente esa inspiración y dedicación que distinguen al verdadero creador del mero artesano. [...] Su larga experiencia retratando animales vivos en zoológicos le mostró cómo la anatomía influye en el movimiento, y su estilo romántico y vivo aportó a sus reconstrucciones prehistóricas un carisma único". Harryhausen, Ray (2006) The Art of Ray Harryhausen, Watson-Guptill Publications.
[3] The Puppetoon Movie (1987, Arnold Leibovitz) comienza con Gumby dirigiendo una película protagonizada por Arnie, un T.Rex que se ha vuelto vegetariano por la influencia del cine de Pàl, que amansa a las fieras, y le muestra una selección de cortos del animador para que lo comprenda.
[4] Nacido Svend Aage Pedersen, hasta entonces no era animador, sino técnico de grúas o iluminación. Aquejado de esclerosis múltiple, se vio obligado a trabajar sentado, por lo que las maquetas debía situarse a poca altura. Tras su fallecimiento –el mismo año que O’Brien-, Jim Danforth y otros jovenes animadores descubrieron unas cortos inéditos de Pete que utilizaron en la producción de Flesh Gordon (1974).
[5] Había producido el trasvase de la tira de cómic del boxeador Joe Palooka (1930, Ham Fisher) al serial cinematográfico en 1946-51, así como el clásico de terror Night of the Demon (1957, Jacques Tourneur), para cuyos efectos se contactó con Harryhausen, entonces ocupado en The 7th voyage of Simbad.
[6] Productor de The Black Scorpion (1957, Edward Ludwig), protagonizada por un arácnido prehistórico animado por Willis O’Brien, y donde aparece junto a un edificio un rhedosaurus, el dinosaurio ficiticio de dimensiones kaiju (king size dicen los angloparlantes) que protagoniza The Beast from 20,000 Fathoms, donde, por cierto, no se reaprovechó este metraje.
[7] Colaboró en los clásicos La gran ilusión (1937) y La regla del juego (1939) con Jean Renoir, junto al que marchó a USA en 1941. En 1959 codirigirá junto a Douglas Hickox Behemoth the Sea Monster.
[8] “Cuando el estegosaurio muere, el ceratosaurio, creo que era, le arranca grandes pedazos de carne chorreando y comienza a masticarla. Pero cuando la película fue presentada, recibimos tantos comentarios negativos sobre la carnicería que gran parte fue eliminada en la versión final”.
[9] Webber, R.P. (2004) The Dinosaur Films of Ray Harryhausen, Mc Farlane & Co.

domingo, 9 de febrero de 2020

Los mundos prehistóricos de Willis O'Brien expuestos por Charlie Charmer desde Koprolitos.


Bocetos de Story Board para el proyecto original de Willis O'Brien "The valley of Mist"


Previendo que este año estaremos muy ocupados con asuntos docentes, burocráticos y académicos en general, intentaremos mantener el interés por los contenidos de El Animal Invisible retornando a la exclusividad antrozoológica del arte que nos caracteriza, pero con más material prestado y sin reelaborar. Recientemente hemos encontrado un artículo biográfico sobre Willis O'Brien (concretamente: Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografia de Willis O'Brien. En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea. Barcelona (España). Recuperado de https://www.biografiasyvidas.com/biografia/o/o_brien_willis.htm el 9 de febrero de 2020.) que nos ha recordado una deuda obligada tras nuestros comentarios sobre la trascendencia iconográfica de Karel Zeman y Ray Harryhausen. En ambas ocasiones nos limitábamos a comentar, contextualizar y apenas ampliar los excelentes artículos elaborados por Charlie Charmer para Koprolitos. Quedaba sobreentendido entre líneas, para los iniciados en la imaginería zoológica cinematográfica, que ambos autores estaban en deuda con el pionero O'Brien, pero sin duda protagonizamos una omisión, o cuando menos una mención excesivamente superficial, de la trascendencia del trabajo del maestro de los recreadores audiovisuales de criaturas antediluvianas, tanto desde una perspectiva científica como meramente fantástica o especulativa.

Concept Art de Ray Harryhausen inspirado en el stoyboard de su mentor O'Brien
Intentaremos no insistir excesivamente en todo aquello que quisimos dejar claro acerca de la influencia de los artistas gráficos y plásticos en la divulgación popular de animales extintos cuando apenas ampliamos con matices lo recopilado por Charmer acerca del ilustrador Jack Sparling, quien llevó El Valle de Gwangi, de Harryhausen, al cómic.

No es casual que encabecemos esta entrada con una imagen correspondiente al proyecto de O'Brien ("The valley of mist") que quedó aparcado para ser recuperado por su discípulo Harryhausen y realizarlo bajo el título de "The valley of Gwangi". Enlazamos con lo entonces manifestado y lo ampliamos con el valioso material que Charmer ha elaborado para Koprolitos en sucesivas entradas dedicadas a los maestros del arte antediluviano para el cine y la ilustración. Concretamente, recopilamos aquí el contenido de las tres entradas dedicadas al maestro O'Brien complementadas, a modo de introducción, con la reseña biográfica de Ruiza, Fernández y Tamaro mencionada más arriba, con el deseo de ofrecer la mejor información posible en línea para todos los interesados por este tipo de actividades artísticas y por la obra de alguien de la trascendencia de O'Brien, de quien la wikipedia en español se limita a decirnos lo siguiente:


Willis Harold O'Brien (Oakland, California, 2 de marzo de 1886 - Los Ángeles, California, 8 de noviembre de 1962) fue un pionero en efectos especiales y animación stop motion estadounidense.
Algunos de sus más notables trabajos son El mundo perdido, King Kong y El gran gorila (película que obtuvo un Óscar a los mejores efectos visuales).1​ 

Afortunadamente, el resumen que nos ofrecen Ruiza, Fernández y Tamaro en Biografías y Vidas, es bastante más detallado en cuanto al tipo de actividades desarrolladas por el artista:
 
Willis O'Brien
(Oakland, 1886 - Los Angeles, 1962) Animador y técnico de efectos especiales estadounidense. 

Insatisfecho con la vida familiar, huyó a los once años de su casa y desempeñó toda clase de oficios, desde vaquero hasta boxeador y dibujante, pasando por asistente de un paleontólogo en una excavación de fósiles en Crater Lake. Posiblemente esta experiencia lo marcó para siempre, pues lo introdujo en el mundo de los dinosaurios, que luego habría de recrear cinematográficamente con sus maquetas y efectos visuales.

En 1915 comenzó a experimentar en el campo de la animación mediante figuras móviles. Un año más tarde fabricó un complicado escenario en miniatura y, junto a un amigo fotógrafo, decidió rodar un cortometraje en el cual O'Brien empleó el sistema de animación stop-motion, consistente en recrear el movimiento filmando un objeto fotograma a fotograma, y variando al mismo ritmo su disposición en el encuadre.
Un empresario al que le fue mostrada la película decidió patrocinar una versión ampliada y mejorada. El cortometraje recibió el título The dinosaur and the missing link, y en él aparecían varias bestias prehistóricas, entre ellas un brontosaurio y un pterodáctilo. O'Brien utilizó piezas de goma para construir los modelos, pues consideró que ésta era un material más fiable que la arcilla a la hora de simular piel o el movimiento de los músculos, ya que las potentes luces del estudio de filmación no la secaban, y se evitaba la aparición de grietas.
La película fue adquirida por Thomas Alva Edison y tuvo una magnífica carrera comercial, a tal extremo que O'Brien y sus colaboradores completaron una secuela de parecido contenido, The dinosaur and the baboon. Edison, buen conocedor del mercado cinematográfico, animó a O'Brien a realizar nuevos cortometrajes de animación, todos ellos de tema prehistórico, pues estos contenidos sorprendían y agradaban al público de la época. Este éxito propició que el animador alcanzase un ventajoso acuerdo con el propietario de una compañía cinematográfica de Chicago, Watterson R. Rothacker. El objetivo de esta alianza era la adaptación de una popular novela de Arthur Conan Doyle, El mundo perdido.
Con medios técnicos patrocinados por la empresa First National Pictures, de Burbank, y bajo la dirección de Harry Hoyt, El mundo perdido supuso una verdadera revolución en el campo de los efectos visuales. Recreando los seres prehistóricos que aparecían en la ficción mediante sofisticadas maquetas móviles de alrededor de cincuenta centímetros de altura, Willis O'Brien logró la admiración sin reservas de sus productores. Tras dos años de trabajo, el animador presentó la versión definitiva de este largometraje, que desveló nuevas posibilidades técnicas en el empleo de las maquetas articuladas.

En 1931 O'Brien se planteó un ambicioso proyecto de animación, Creation, también protagonizado por dinosaurios. David O. Selznick, insatisfecho con el excesivo coste del proyecto, lo clausuró, y ello permitió a O'Brien iniciar su colaboración con Merian C. Cooper, quien planeaba por esas fechas los efectos especiales del largometraje King Kong.
En líneas generales, las técnicas empleadas en esta película fueron muy semejantes a las experimentadas en El mundo perdido. La inversión final ascendió a 430.000 dólares, y se emplearon 55 semanas en el rodaje, que comenzó en la primavera de 1932 y concluyó en marzo de 1933. Aunque aparentaba en la gran pantalla una imponente altura de quince metros, el gran gorila era en realidad un muñeco articulado de alrededor de 45 centímetros de envergadura.
El armazón de la marioneta era de acero, su musculatura era de caucho y látex, y todo su cuerpo estaba recubierto con piel de conejo teñida de tonos oscuros. Para determinados planos, se fabricaron asimismo tres piezas de tamaño real: un pie, una mano y la cabeza, que en realidad era una sólida estructura forrada con cuarenta pieles de oso y movida mediante una serie de dispositivos de aire comprimido.

Animado por el éxito comercial de King Kong en todo el mundo, O'Brien rodó los efectos especiales de dos secuelas, El hijo de Kong (1933), producida por el mismo equipo, y El gran gorila (1949), donde ayudó al técnico un joven aspirante, Ray Harryhausen. En 1955, O'Brien rodó varias secuencias animadas de The animal world. Aunque éste y sus posteriores proyectos acreditaban su excelente conocimiento de los efectos especiales, el veterano técnico, sucedido con éxito por su ayudante Harryhausen, fue espaciando sus trabajos.
Fue el propio Harryhausen quien recuperó materiales de O'Brien en un proyecto estrenado tras el fallecimiento de éste. El resultado, un homenaje al maestro de las maquetas, se estrenó con el título The valley of Gwangi.

Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografia de Willis O'Brien. En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea. Barcelona (España). Recuperado de https://www.biografiasyvidas.com/biografia/o/o_brien_willis.htm el 9 de febrero de 2020.

Recopilamos, a continuación, los artículos de Charlie Charmer para Koprolitos, cuyos títulos enlazan a las entradas originales para que las disfrutéis si gustáis en formato más generoso con el tamaño de las imágenes:

lunes, 18 de noviembre de 2019


Los mundos prehistóricos de Willis O'Brien (I)

Willis Harold O'Brien (1886-1962), “Obie” para los amigos, para abreviar y para quienes odian los apóstrofes, es uno de los principales responsables del éxito del cine de dinosaurios y, por extensión, del sólido asentamiento de estas criaturas en la cultura popular.
Las emocionantes historias que podemos disfrutar en sus películas son, por otra parte, reflejo de una agitada vida de aventurero: Tras una primera intentona a los once, Obie se marchó de su casa en Oakland (California) con tan sólo trece años, pasando los cuatro siguientes en Oregón, donde aprendió el arte del lazo trabajando como granjero –cowboy los llaman por allí-, fue barman o trampero y, a los 16 años, sirvió como guía a una expedición de paleontógos [1] de la University of Southern California para buscar fósiles en Crater Lake, que ese mismo 1902 fue declarado Parque Nacional [2]. Esta experiencia marcaría el inicio de su pasión por la fauna extinta (en particular, por los dinosaurios).

Primera fotografía de Crater Lake (1874, Peter Britt)
El siguiente año regresa a California, donde trabajó como ayudante de un arquitecto y entró de caricaturista deportivo en el San Francisco Daily World. Enamorado de los caballos y el boxeo, intentó en vano hacer carrera en ambas modalidades, hasta que su padre le facilitó un puesto en el Southern Pacific Railroad. 

Desencantado, probó suerte con la escultura, ganando una competición para diseñar una chimenea para un millonario, y también ayudó al arquitecto-jefe de la Feria Mundial de San Francisco [3] de 1915. 

San Francisco World Fair (1915)

Fue precisamente durante este periodo cuando comenzó a realizar modelos que animaba con ayuda del cámara de un noticiario local, incluyendo minuto y medio protagonizado por un troglodita y un dinosaurio de masilla con esqueletos de madera [4] que decidió al exhibidor de la Feria Herman Wobber a encargarle su primera cinta (The Dinosaur and the Missing Link), para la que dispuso un presupuesto de 5.000 $.

Gertie (1914)


Recordemos que, el año anterior, el también pionero de la animación Windsor Mc Cay había estrenado Gertie, the Dinosaur. Para un modelador apasionado de los dinosaurios como Obie, suponemos que aquello debió ser la revelación definitiva sobre el camino a seguir.

Obie en el estudio de Edison (1917)




En el post que dedicamos a The Dinosaur and the Missing Link (1917) ya os contamos el argumento de esta cinta, que fue adquirida por Edison, quien encargó a Obie más cortos similares, a 500 $ la pieza, estrenando ese mismo año RFD 10,000 DC o Prehistoric Poultry.  

El dinosaurio y (tras el extremo de su cola) el eslabón perdido


La profesionalización de Willis fue acompañada de mejoras técnicas como uniones metálicas en los esqueletos, más flexibles y articulados, o pieles de plástico que cubrían a los muñecos de barro impidiendo que se deformaran.

El Servicio Postal Rural 10.000 a.C.


Aves prehistóricas


El fantasma de la montaña del sueño


También dedicamos otra entrada del blog a desgranarte la historia de The Ghost of Slumber Mountain (1918), rotundo éxito que le costó un pleito –que ganó O’Brien- por apropiación indebida de la patente de sus técnicas de stop-motion con su nuevo productor, Herbert M.Dawley [5], quien animó dinosaurios en Along the Moonbeam Trail (1920).

Dawley, trabajando sobre un hadrosaurio
 Dado el prestigio conseguido por Obie, cuando el productor Watterson R.Rothaker se animó a adaptar la novela de Conan Doyle El mundo perdido (1912), de la que también te hemos hablado en alguna que otra ocasión, no tuvo que pensar mucho a quién ofrecerle los efectos especiales. O’Brien convenció al escultor mexicano Marcel Delgado [6] (1901-76) para que le ayudase con las maquetas, que modeló basándose en las ilustraciones del paleoartista Charles Knight [7], añadiendo renovadas dosis de realismo con la “filmación con cristal” –en el que se pintaban imágenes que se superponían durante la grabación- ideada por Ralph Hammeras (1894-1970). Tras varios años de producción, se estrenó el 2 de febrero de 1925 con gran éxito de público y crítica, en busca del cual se han sucedido las nuevas adaptaciones de la novela hasta hoy [8].

Richard A.Rowland, gerente de la productora de El mundo perdido, First National Pictures, anunció inmediatamente el comienzo de una secuela con el mismo equipo, Atlantis [9], pero las dificultades económicas que acabaron obligando a vender la productora a Warner Bros. dieron al traste con el proyecto. Algo parecido ocurrió con su siguiente y ambicioso proyecto Creation (1931), al que ya dedicamos este post; aunque David O’Selznick acabó cancelándolo por demasiado costoso, entre los bocetos supervivientes había uno en que un gorila gigante sostenía a una chica en la mano [10]...

Fotograma de lo poco que quedó de Creation (1931)
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[1] Parece que finalmente localizaron algunos restos de Smilodon, pero no hemos logrado averiguar más sobre esta expedición, aunque “Entre 1902 y 1982, sólo se organizaron alrededor de una docena de expediciones científicas para estudiar las características únicas de Crater Lake”: Larson, Douglas W. (2002) Probing the Dephs of Crater Lake: During much of its 100 years of National Park status, this national treasure saw little scientific study, despite significant enviromental threats; en American Scientist vol.90 #1; pp.64-71 (traducción propia).
[2] El 22 de mayo. William Gladstone Steel, que organizó en 1886 la expedición de la USGS de la que resultaría el primer mapa oficial de la zona, luchó desde entonces por su declaración como Parque Nacional, siendo el quinto más antiguo de los USA.
[3] La Feria, que acogió a 19 millones de visitantes, celebraba la inauguración del Canal de Panamá y el centenario de la ciudad. Entre sus hitos, podemos destacar la primera llamada telefónica transcontinental, que Graham Bell efectuó desde su oficina de Nueva York, la demostración del montaje en cadena de Ford (el modelo “T” apareció el año anterior) o la posibilidad de los visitantes de volar diez minutos con los hermanos Lockheed apenas una década después de que los Wright despegaran por primera vez del suelo.
[4] Sawicki, Mark (2010) Animation with Stop-motion Pro, Focal Press.
[5] También produjo las siluetas animadas de dinosaurios de Tony Sarg. Recientemente, Stephan Czerkas ha puesto en duda que Dawley se limitara a aprovecharse de Obie: para saber más, haz click aquí.
[6] Llegado de niño a California tras la Revolución, se resistió al principio a trabajar con O’Brien porque quería ser escultor y no animador. Forraba sus esqueletos de dural (aleación de aluminio) con músculos de hule y goma que cubría con piel de látex, dando a sus modelos un aspecto bastante realista que aumentaba ocultando vejigas inflables para simular la respiración.
[7] Milner, Richard (2012) Charles Knight: The artist who saw through time, Ed. Harry N.Adams.
[8] Además del remake de 1960 con Obie en los créditos aunque inactivo, se produjeron nuevas versiones en 1992 (con la secuela Return to the Lost World ese mismo año, también dirigida por Timothy Bond) ó 1998 (Bob Keen), una serie de televisión en 1999, un telefilme en 2001 o una serie animada franco-canadiense en 2002. King of the Lost World (2005, Leigh Scott) mezcló The Lost World y King Kong.
[9] “La historia de Atlantis es la historia de otro ‘mundo perdido’, un mundo que dio a luz a fieros superhombres que devastaron y conquistaron a las naciones que les rodeaban. Para liberar al mundo de su amenaza, los dioses, dice el mito, enviaron un terremoto y la Atlántida se hundió bajo el mar. La ciencia, sin embargo, sabe que el legendario lugar es poco profundo, y algunos eruditos tienden a creer que se trata del terreno sobre el que Noé hizo flotar su arca. Otra teoría de la ciencia que pondremos en práctica es la creencia de que en las profundidades del mar hay monstruos y vida marina que el ojo humano nunca ha visto. Con la experiencia adquirida a través de nuestro trabajo en 'El mundo perdido', hay muchas razones para creer que la historia de Atlantis será aún mejor.” “Roland Announces Another Big Million Dollar Special”, Moving Picture World, 21 de febrero de 1925 (traducción propia).
[10] En la hoy perdida Stark Mad (1929, Lloyd Bacon) aparece un enorme gorila –un actor disfrazado- que rapta a la protagonista, y la pseudoerótica Ingagi (1930, William Campbell) se anunció como “un documental que mostraba el sacrificio de una mujer a un gorila gigante”.

lunes, 25 de noviembre de 2019


Los mundos prehistóricos de Willis O'Brien (II)

El mayor éxito de O’Brien, King Kong (1933, Ernst B. Schoedsack y Merian C. Cooper [1]), llegó tal vez en el peor momento de su vida: su exmujer mató a sus dos hijos y luego trató de suicidarse. El mito de la bella y la bestia es revisitado en la famosa historia del gorila gigante cuyo amor fatal por una mujer le cuesta viajar enjaulado a Nueva York, donde acaba sus días abatido por la aviación encaramado a la cúspide del Empire State. Las maquetas de Obie y Delgado alcanzan nuevas cotas de perfección y la respuesta de público y crítica fue apabullante [2], estrenándose ese mismo año la muy inferior secuela Son of Kong, con animación a cargo de O’Brien Buzz Gibson, ayudante de O’Brien, que planeó otras, como King Kong vs. Frankenstein, que  se vendió bajo el título King Kong vs. Prometheus a los nipones estudios Toho [3], siendo el germen del cine kaiju. Pero no sólo en Japón llega a nuestros días la estela de King Kong, objeto de numerosos remakes y secuelas [4].

Kong, rey de la Isla de la Calavera, haciendo sus pinitos como ortodoncista

Otros proyectos que Obie no llegó a materializar fueron War Eagles (1939), cuyo título hace referencia a las gigantescas águilas prehistóricas que harían de montura para guerreros normandos que combaten contra los nazis, y que frustró el comienzo de la Guerra, o Valley of the Mist (1941), ambientada en un valle perdido en el desierto de México donde unos cowboys capturan a un alosaurio, proyecto que  O’Brien vendió a Colonial Pictures e iba a rodarse en el Gran Cañón, en Arizona, aunque acabará siendo materializado en Cuenca, como veremos.

David Conover y Philip J.Riley han dedicado un ensayo completo al proyecto de Águilas de Guerra
Respecto a la Colonial, fundada por John Speaks (1896-1965) –la fecha de defunción aclara que jamás supo que su proyecto vio finalmente la luz-, es la responsable del trasvase a la gran pantalla del cómic Little Orphan Annie en 1938, dirigido por Ben Holmes y protagonizado por Ann Gillis, voz de Falina en Bambi seis años después y que en los 60 participó en la serie de televisión El Santo o el filme de culto de Kubrick 2001, a Space Odissey (1968).

Y según Mark F.Berry [5], el reparto original de Gwangi en los 40 incluía a Anne Shirley y James Craig, mientras la historia es obra de Emily Barrye y Harold Lamb.

Emily (1895-1957) y Harold (1892-1962) habían escrito el guión de Las cruzadas (1935) para Cecil B. De Mille. Barrye fue también actriz. Historiador y biógrafo de personajes históricos, Lamb escribió varias novelas de mundos perdidos –aunque sin dinosaurios-, como Marching Sands (sobre una ciudad oculta con cruzados en medio del Gobi) o A Garden to the Eastward (sobre una tribu que habita en un volcán del Kurdistán) y Robert E.Howard le tenía por uno de sus escritores favoritos.

La bestia de la montaña hueca
Según Roy P.Webber [6], la cancelación de la producción a comienzos de 1942 se debió a las restricciones bélicas y un cambio abrupto en la estructura ejecutiva de RKO, la productora que financió el proyecto, algunas de cuyas ideas fueron usadas Mighty Joe Young o la coproducción charro-yanqui The Beast of Hollow Mountain (1956, Edward Nassour e Ismael Rogríguez), en la que se reutilizó el armazón que iba a dar vida a Gwangi. Las –rudimentarias- animaciones y efectos especiales de este filme fueron obra de Nassour, Jack Rabin, Henry Sharp y Louis de Witt.

Storyboard de Obie publicado en Cinefex #7 (1982)
Ray Harryhausen, al que O’Brien entregó una copia del guión y storyboards de Valley of the Mist que éste guardó durante muchos años, recuperará el proyecto inicial tras la muerte de su mentor como El valle de Gwangi

Recuerda Harryhausen, en relación con la producción abortada en 1942: 
No sé si se llegó a fotografíar algo de metraje. O’Brien tenía muchas pinturas en cristal durante la preproducción. Pude ver seis de ellas en su oficina. Marcel Delgado había hecho un precioso alosaurio articulado para la película. Recuerdo que la piel tenía una maravillosa textura, pero no estaba pintado [7].”

Escena del rodaje de El mundo animal
Otra película a la que ya hemos dedicado un post es Animal World (1956), de Irwin Allen [8] (1916-91), que en 1960 realizó un remake de The Lost World para el que volvió a contratarse a O’Brien como supervisor de efectos especiales, con el único objeto de usar su nombre como reclamo ya que no realizó animación alguna, pues los dinosaurios eran lagartos, iguanas o caimanes disfrazados. En Animal World, Obie supervisó los diez minutos de animaciones de su discípulo Ray Harryhausen, cuyo monográfico seguirá al que estás leyendo, y allí dedicaremos algo más de atención tanto a este filme como a The Beast from 20,000 Fathoms (1953), en la que Ray animó a un dinosaurio mutante para Eugène Lourié. Animado por el éxito conseguido, Lourié dirigió la similar The Giant Behemoth (1959), con animaciones de Obie, que tuvo que lidiar con un presupuesto muy bajo, por lo que no pudo lucirse demasiado.

En 1962 terminó el recorrido vital de Willis O’Brien, lo que nos privó de muchas otras potenciales películas de dinosaurios. Si alguien ha mantenido vivo su legado, sin duda, éste ha sido Ray Harryhausen (puedes verlo aquí, aquí y aquí).



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[1] Cooper (1893-1973) y Schoedsack (1893-1979) eran documentalistas que habían rodado alguna película de ficción, como Las cuatro plumas (1929), con la protagonista de King Kong, Fay Wray. David O’Selznick les protegió dentro de RKO, y luego fundaron Argosy Pictures con John Ford, donde produjeron algunos clásicos. Cooper recibió un óscar especial por sus innovaciones, siendo el primero en comercializar el cinerama. Schoedsack dirigió otro filme con animación de O’Brien –y su protegido, Ray Harryhausen-, Mighty Joe Young (1949), que obtuvo la estatuilla a los mejores efectos especiales.
[2] “Tan excepcional acogida ha recibido en las nuevas generaciones, que forma parte, con otros privilegiados –Charlot, Marilyn, Garbo y Bogart- de la corte de máximos fetiches culturales producidos por el cine e identificados con él. En su momento ‘King Kong’, producida por Merian C.Cooper y Ernest B. Schoedsack, fue la película que en mayor medida contribuyó a la salvación económica de la RKO
[3] La materializó Ishirô Honda (1911-93) en King Kong vs. Godzilla (1962) y Frankenstein vs. the Subterranean monster Baragon (1965), conocida en USA como Frankenstein Conquers the World. Padre de Gojira(1954), Honda dirigió también King Kong escapa(1967), en la que el gorila lucha con un mecha simiesco. Pero los efectos de Eiji Tsuburaya (1901-70) para estas películas no tienen nada que ver con la stop-motion de O’Brien, ya que el monstruo suele ser un actor disfrazado.
[4] Dino De Laurentis produjo un remake de King Kongen 1976, con Jeff Bridges y Jessica Lange, que ganó el óscar a los efectos especiales y tuvo una secuela en 1986 en la que el gorila gigante es operado a corazón abierto tras su caída del World Trade Center, se empareja y tiene un hijo... Peter Jackson dirigió un nuevo remake en 2005 que conquistó tres estatuillas y en 2017 Jordan Vogt-Roberts reinicia la historia en Kong: La isla de la calavera. También se produjeron series -The King Kong show (1966), Kong: The animated Series (2000)- y películas de dibujos animados: The mighty Kong(1988), Kong: King of Atlantis(2005), Kong: Return to the Jungle(2006).
[5] Berry, M.F. (2002) The Dinosaur Filmography, Mc Farlane & Co.
[6] Webber, R.P. (2004) The Dinosaur Films of Ray Harryhausen, Mc Farlane & Co.
[7] Archer, Steve (1993) Willis O’Brien: Special Effects Genius, McFarland Publishing.
[8] Conocido por los filmes catastróficos El coloso en llamas (1974) o La aventura del Poseidón (1972), así como series de ciencia-ficción de televisión como The Time Tunnel (1966), en cuyo episodio 24 los protagonistas viajan un millón de años atrás en el tiempo y se reutilizan escenas de The Lost World de Allen, o Lost in Space (1965), inspirada en el cómic de Gold Key Space Family Robinson (1962, guión Del Connell y luego Gaylord Dubois/Dan Spiegle), cuyas desventuras llevan a planetas similares a la Tierra durante el Mesozoico; a su vez, de Lost in Space procedían los trogloditas de It’s about time, que Spiegle adaptó para la misma editora en 1966.

lunes, 2 de diciembre de 2019


Los mundos prehistóricos de Willis O'Brien (y III): Obie y los cómics

Obie, visto por Sanjulián
Las películas de Willis O’Brien, como las de su discípulo Ray Harryhausen, han cautivado la imaginación de millones de espectadores, entre ellos cientos de creadores de cómics. Por supuesto, las que más nos interesan son las que incluyen dinosaurios en el reparto. Y como vais a comprobar, sus adaptaciones a viñetas pueden llenar sin problemas un estante en vuestro salón, comenzando por las de The Lost World (1925).

The Lost World, versión de Newman/Kane
Entre otros, la trasvasaron al cómic:

 Paul S.Newman (1924-99)/Gil Kane (1926-2000) en 1960 para Dell Comics), Juan Manuel González Cremona (1934)/José García Pizarro (1934) en 1982 para la colección de Bruguera Joyas literarias juveniles #257, con portada de Antonio Bernal (1924-2013), Gray Morrow (1934-2001) en 1993 para Dinosaur Times, o en 1996 Don Marquez, que versionó otros relatos de Arthur Conan Doyle protagonizados por el Professor Challenger, como The poison Belt (1997).

King Kong según Cravath


King Kong (1933) es la película más famosa de Obie. Su secuela Son of King Kong (1933) fue promocionada antes del estreno con una tira de Glenn Cravath (1897-1964), que la Editorial Cisne de Germán Plaza reaprovechó en un cuadernillo de 1942 completado por Tomás Porto (1918-2003), aunque no fue el primer cómic español que protagonizó el simio gigante, obra de Arlet Clapera -posiblemente con guión de José María Canellas Casals (1902-77)- a mediados de los años 30 en Rintintín (1928, Marco), junto a otro de Josep Alloza (1936) en Boliche (1936, Sanxo).

King Kong encogió bajo el lápiz de Calvo


Edmond-François Calvo (1892-1958) publicó una serie en Francia en 1948 donde redujo el tamaño del simio hasta el de un gorila convencional. En México Editorial Orizaba publicó una versión seriada en 1965, reeditada por Ed. Mexico (luego Nama) en 1980 como El Gorila (más tarde El gorila de la selva), y en 1979 Editorial America publicó King Kong en el microcosmos.

King Kong en erótico revolcón con una tiranosauria (Stout)


El italoamericano Alberto Giolitti (1923-93) adaptó King Kong en 1968 para Gold Key. El paleoartista William Stout (1949) dibujó la portada de los #3 y #4 de la serie limitada de la línea “Monster comics" de Fantagraphics King Kong (1991). En 2006 Dustin Weaver (1978) y Dan Parsons realizaron su adaptación para Dark Horse y el siguiente año el británico Andy Briggs (1972) publicó Kong: King of Skull Island en Markosia. Boom! Studios explota el mito desde 2016 y Legendary Comics lanzó una miniserie en 2017.

Osamu Tezuka (1928-89) comenzó su carrera realizando unas adaptaciones libres de King Kong (1947) o El mundo perdido (1948). En Shonen Magazine #34 (1967) se publicó una de las diversas versiones manga de la serie producida por Arthur Rankin Jr. y Jules Bass The King Kong Show, que animó Toei y que también inspiró en USA viñetas: “Kong joins the Circus” (1967) fue publicada en America’s Best TV Comics (Marvel).

El Profesor Challenger no soporta encontrar bichos en el campo (Don Marquez)



http://koprolitos.blogspot.com/2019/11/los-mundos-prehistoricos-de-willis.html

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http://koprolitos.blogspot.com/2019/12/los-mundos-prehistoricos-de-willis.html

https://www.biografiasyvidas.com/biografia/o/o_brien_willis.htm


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