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domingo, 23 de junio de 2013

percepción y contexto (Confunden estatua con una mujer real)

Arte figurativo. La relación entre percepción y contexto.

En alguna otra ocasión ya hemos hablado de equívocos y engaños de la percepción, de las fronteras entre percibir, conocer, reconocer y confundir.

De hecho, tenemos en proyecto reunir y renovar contenidos al respecto con nuestras entradas dedicadas a percepción 3D, arte hiperrealista, neurociencia y percepción extravisual, sinestesia, etc.
Nos serviremos de la presentación de algunos proyectos fotográficos y otros polidisciplinares que no atiendan exclusivamente a la percepción visual. Queremos ofreceros experimentos auditivos, visuales, y audiovisuales ya que no disponemos de otras sensaciones on line, pero todo llegará.

De momento, me bastaría con abrir un espacio a la reflexión sobre la construcción sensorial de nuestro(s) mundo(s), y cómo el contexto y nuestras expectativas pueden confabularse para adoptar una actitud radicalmente diferente ante un objeto. La semejanza de las estatuas figurativas con las personas reales es consustancial al progresivo esfuerzo de los escultores por observar las características físicas, la animalidad, de las anatomías humanas que reproducían o representaban. Una escultura es una piedra sorprendentemente parecida a una persona. Reconocer tal hecho implica la posibilidad de confundir una escultura con una persona real, momento preciso en que nace la posibilidad de lo contrario, confundir una persona real con una escultura, estableciendo el bucle que lleva a poder confundir una escultura con una persona que simula ser una escultura.
Os dejamos con un ejemplo del que habéis tenido noticia recientemente en la red sobre los ingeniosos trabajos de Jeff Greenspan


Confunden estatua con una mujer real

Jeff Greenspan es un neoyorkino que disfruta hacer bromas sofisticadas a los habitantes de su ciudad. Su última ocurrencia ha generado más de un millón de visitas en YouTube en menos de una semana.

En High Line Park, en Manhattan, hay una pequeña efigie que todo el mundo ignoraba hasta que a Jeff se le ocurrió colocar un tazón de cristal a sus pies. Entonces la gente comenzó a pensar que la escultura era una actriz de las que simulan ser una estatua. Algunos incluso le pusieron dinero que, al final del día, Greenspan donó a un actor callejero.

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viernes, 15 de febrero de 2013

Viudas negras y el estudio de lo sorprendente




La memoria solicita discontinuidades en la percepción, roturas, sorpresas.


Nuestra percepción se basa, en cierto modo, en el estudio de lo sorprendente




-El oportuno ejemplo de la viuda negra.
La fama terrible de la viuda negra, devoradora ocasional del macho durante la cópula, se tiñe además de su carácter venenoso de arácnido convirtiendo su toxicidad en mortal para el hombre.
Parece ser que este hecho es más accesible de contrastar estadísticamente, y resulta que, según el Instituto de Investigaciones Científicas de Arizona, de cada 3000 picaduras de viuda negra a seres humanos sólo se registra una mortal, y resulta muy difícil que el animal reaccione de forma agresiva, ya que su carácter pacífico le hace usar su veneno sólo para cazar, y no basta con intimidar, sino que hay que acorralar o capturar al animal para que intente morder a cualquier agresor que lo supere en tamaño.
Esto parece estar bastante claro para los responsables del documental sobre arácnidos producido y realizado por Stephen Ellis para KEG-Ellis Productions. En el más puro estilo canadiense, el filme expone de forma estudiadamente desapasionada la injustificada mala fama de la especie, basándose en el estudio estadístico anteriormente mencionado, y escogiendo cuidadosamente la gravedad y serenidad de la voz del narrador, para más señas Neil Diamond.
Sin embargo, a la hora de tocar el tema del apareamiento se omite el hecho de que casi nunca sea fatal ya que en todo caso siempre es un tanto problemático para el macho evitar los impulsos y órganos agresivos de la hembra.
Lo curioso es que se insiste en el hecho aún cuando se muestra al macho repetir la operación dos veces: "...esta separación pacífica es infrecuente en una especie que acostumbra a reciclar al macho". El uso del término "reciclar" es un intencionado distanciamiento de la realidad del macho, y por tanto una forma conscientemente "cruda" de mostrar la redundante crudeza de la vida salvaje, en definitiva la vida más real, dando por sentada nuestra afortunada posición como miembros de una sociedad civilizada. Una pose, en todo caso, que favorece la justificación de cualquier defecto del estado organizado, o de sus abusos. La fórmula, en realidad, es simple: la encarnizada competitividad de la sociedad capitalista no es más que un reflejo de lo que sucede en la naturaleza, aunque lo que se intenta es crear un recelo hacia la vida natural, que se nos presenta como como una amenaza indiscriminada, aleatoria, carente de favoritismos.
"Reciclar" al macho es una actitud deshumanizada, propia de la peor fantasía apocalíptica de Orwell o Huxley. La mecanización de los actos vitales y su reducción a términos de rentabilidad para la especie estaría asociado a un subliminal terror a un estado drásticamente comunista, y, por si fuera poco, machista, temblorosamente machista.
Para los que crean que estas lucubraciones van demasiado lejos, les diré que como mínimo hay un aspecto de esta imagen artificial interesado en el maniqueísmo descriptivo, y se trata de su revalorización.
La revalorización de las imágenes depende de la revalorización de su contenido. Un alto dirigente fotografiado junto a un desconocido carece de interés, a no ser que la vinculación con el desconocido tenga algo de escandaloso o cuando menos raro o llamativo.
La paradoja de documentales como el de Stephen Ellis es que se alimentan de imágenes lo más infrecuentes que sea posible, y sin embargo casi todos ellos caen en un océano de tópicos reconocibles.
Se conjura un acto terrible, llamativo, mortalmente peligroso y vitalmente necesario, que se supone frecuente, y se nos muestra uno aparentemente normal aún cuando parece ser que su inapreciable rareza reside precisamente en su aparente normalidad.
¿Porqué no se nos muestra un ejemplo de apareamiento "normal" con la "natural" captura e ingestión del macho? ¿Es que se filmó este fenómeno "a la primera" y casualmente? ¿O es que se han seleccionado hembras menos agresivas en el terrario que sirve de decorado de apariencia natural a la película?.
Es curioso que sin embargo se llame la atención sobre la subjetividad de nuestra conmoción al ver un anolis (un reptil) devorado por un ciempiés gigante, una muerte que "impresiona más porque somos vertebrados, como el anolis". El criterio de cercanía como móvil de simpatía, que se torna más evidente cuando el que cae bajo el poder de un artrópodo es un ratón (no sólo vertebrado sino también mamífero, "subiendo" en la escala subjetivamente ascendente que va hasta el primate humano).
Lo que nos tiene que llamar la atención es, en realidad, que un acercamiento supuestamente imparcial, científico, que nos recuerda que mamíferos y artrópodos son iguales ante la fatalidad de la naturaleza, nos describa la "parada nupcial" de la viuda negra como una "mezcla de sexo y peligro", o, incluso, "como una película de James Bond".


Después de este comentario, tal vez perciban de otro modo a las arañas, o las mantis religiosas en procesiones de viudas negras, pero basta con que perciban de otra forma la persistencia de los tópicos en las sucesivas informaciones sobre animales que llegan a los medios, especialmente e la red.

Les dejo un par de amenos ejemplos ejemplos:


La araña que corta su pene durante el coito

Hembra de N. Malabarensis. En el recuadro rojo se puede ver el pene del macho.Hembra de N. Malabarensis. En el recuadro rojo se puede ver el pene del macho.En algunos casos, el término "guerra de sexos" toma un sentido literal. Si la hembra de tu especie te come una vez terminada la cópula, y además busca varios machos para inseminarla, debes encontrar una estrategia que mejore tus posibilidades.
Por ejemplo, deshaciéndote de tu pene. Según han descrito desde la Universidad Hubei de China, el macho de una especie de araña, Nephilengys malabarensis, se automutila el pene durante la cópula, dejando el apéndice insertado en la hembra. No se trata únicamente de la punta del aparato copulador, llamado pedipalpo, sino de la estructura entera. Y permanece expulsando esperma mientras el macho huye.
En esta especie, la hembra es mucho más grande que el macho. En las arañas, cuando esto ocurre las hembras suelen comerse al macho al terminar la cópula. La razón de que esto ocurra tiene que ver con la inversión energética que cada uno de los sexos realiza en la cría. De manera sencilla, podemos entender la inversión energética como la cantidad de comida que cada uno de los padres deja de utilizar en sí mismo para emplearlo en sus crías. Y cuando la inversión de la madre es muy superior a la del padre, una forma de equilibrar las cuentas es mediante el canibalismo post-coital.
LibélulaExplicado así, parece que el macho cercera su aparato reproductor para sobrevivir a la cópula, aunque haya quedado estéril, pero la cosa no es tan sencilla. En términos biológicos, la función de todo ser vivo es reproducirse, y por tanto el macho ya ha cumplido con su función al terminar la copúla. Entonces, ¿para qué sirve seguir viviendo, más aun siendo estéril?
La razón por la que los machos de N. malabarensis se desprenden de su apéndice es para evitar que la hembra se reproduzca con otros machos. En esta especie, la hembra suele copular con varios individuos, reduciendo de esta manera las posibilidades de paternidad de cada uno de los machos. Al dejar su pene insertado en la hembra, éste sirve de tapón e impide que otros machos puedan fecundar a la hembra. Además, el pene desprendido expulsa más esperma que si se mantuviese unido al macho.
Esta estrategia resulta sorprendente por darse en arácnidos. Es la primera vez que se descubre un comportamiento así en arañas, y hasta ahora se tenía asumido que los machos participaban de buen grado en el canibalismo, a modo de ofrenda a la hembra. Lo que no es, es novedoso. Este tipo de estrategias, en las que o bien se controla a la hembra durante la gestación para asegurarse de que ningún otro macho copule con ella, o se genera un tapón para evitar esto mismo, está muy extendida por el reino animal. Por ejemplo, muchas especies de libélula presentan o bien una o incluso las dos estrategias al mismo tiempo.



Las viudas negras han encontrado a su rival


Por José de Toledo | Ciencia curiosa – jue, 5 jul 2012
Hembra de viuda marrón. Por Tanikawa, via Wikimedia CommonsUno de los animates más temidos del planeta es la viuda negra (Latrodectus hesperus). Y su fama no es inmerecida, ya que se trata de uno de los depredadores más voraces del planeta, cuya picadura puede acabar con un humano adulto. Pero parece que no es tan temible, o que al menos ha encontrado a la horma de su zapato: la viuda marrón (Latrodectus geometricus).
Un equipo de investigadores de la Sociedad Entomológica Americana ha llevado a cabo un trabajo de campo tratando de determinar cuántas viudas negras había en la zona de California, y cuáles eran sus hábitas. Pero en lugar de viudas negras, encontraron muchas más viudas marrones. De hecho, hasta 20 veces más arañas de esta especie.

Las viudas marrones se descubrieron por primera vez en Florida, en la Costa Este americana, en 1935. Hasta 2003 no se encontró ninguna en la región de California, y ahora están superando en número a las viudas negras, originales de la zona. Esto demuestra un enorme éxito, ya que su expansión ha sido completamente natural.
En realidad las dos arañas son muy parecidas. Pertenecen al mismo género, comparten estrategias de caza y ninguna de las dos presenta el comportamiento que ha hecho tan famosos a estos animales, el canibalismo sexual. Las hembras de estas dos especies no se comen al macho al terminar la cópula, como sí ocurre en otras especies muy cercanas.

Al ser tan similares, sus hábitats son los mismos. Cuando las dos especies se encuentran en el mismo lugar, comienzan a competir por la comida, por los espacios para montar los nidos, y en general por todos los recursos. A la vista de los datos, esa lucha suele ganarla la viuda marrón. Aún quedan lugares en los que las viudas negras son mayoría, o incluso la única especie, pero cada vez van perdiendo más espacio.
Una de las diferencias que hay entre ambas es en cuanto a toxicidad. Si comparamos el veneno de la especie negra y el de la marrón gota a gota, son prácticamente igual de venenosas. Pero la marrón inyecta mucha menos cantidad de veneno en cada picadura, lo que supone una buena noticia para los humanos. Además, es mucho menos común un ataque de viuda marrón hacia un ser humano que en el caso de la negra.

Otra buena noticia es que las viudas marrones suelen evitar las casas. Aunque no es común, las viudas negras pueden montar sus nidos en casas, normalmente en las cornisas de los tejados. La especie marrón evita las viviendas, siendo más habitual encontrarlas en bloques abandonados o en parques urbanos, sobre todo debajo de tablas o bancos.
Fuente: Yahoo! España



Curiosport - Le pica una araña venenosa pero sigue jugando

A la golfista Daniela Holmqvist le picó una viuda negra, cuya picadura es venenosa, mientras jugaba un torneo pero eso no impidió que acabara su ronda. Tras picarle la araña, ella misma se hizo una incisión, apretó sobre la herida para quitar el veneno y siguió compitiendo.


Los más puntiagudo que se suelen encontrar los golfistas mientras están jugando son los tees (pinchos para colocar la bola) que están en torno al punto de salida de cada hoyo. Pero la golfista sueca Daniela Holmqvist se encontró con algo mucho más peligroso.
Mientras participaba en la ronda preliminar del torneo en Yarralumla (Australia), y cuando estaba en el cuarto hoyo, Holmqvist notó una picadura en la pierna. La sueca bajó la mirada y vio que era una araña alejándose de ella y noto un dolor intenso. Su caddie, conocedor de la fauna australiana identificó enseguida que tipo de araña era: una viuda negra.
El caddie le informó que la picadura de la araña era venenosa, y que puede matar a un niño en media hora. En esa situación de pánico, Holmqvist sabía que tenía que actuar rápido. Al ver la hinchazón, se sacó un tee del bolsillo e hizo una incisión en la herida. Una vez abierta, apretó lo más fuerte que pudo para sacar el veneno o como ella lo llamó, “un líquido claro”.
Tras hacerse ella misma esa operación de urgencia, y como si fuera lo más normal del mundo, siguió jugando para acabar con una tarjeta de 74 golpes. Casi cae eliminada, pero el mérito es impresionante.
Cuando acabó la ronda, bromeó sobre su hazaña en Twitter
Traducción: Si hay un ‘Tiburón’, una ‘Pantera Rosa'?, etc Soy yo ahora la ‘mujer araña’? Mejor ese que la ‘mujer canguro’….
Holmqvist, ya con antibioticos para curarse de la herida, se sacó un foto de la pierna en donde se ve el lugar exacto de la picadura



    martes, 1 de enero de 2013

    Hombres y simios: primates





    Yuri Dmítriev, en "El hombre y los animales", hace una interesante reflexión antropológica sobre la relación hombre-animal y dedica no pocos comentarios a las expectativas generadas por descripciones orales tanto como descripciones gráficas de animales, sin embargo, a la hora de demostrar las ansias humanizantes de los artistas muestra este dibujo de un chimpancé (asociado al uso de un bastón, como hemos comentado, erguido, humanizado más en su compostura que en sus formas físicas) y lo contrasta con la imagen siguiente, supuestamente más realista, más actual, menos humanizante. Lo curioso del caso es que el libro de Dmítriev incurre en el error de confundir la imagen de un orangután (pues de un macho adulto se trata) con la anterior de un chimpancé, más precisa como chimpancé por muy humanizada que esté, y escoge por error la imagen de este viejo orangután en actitud amenazante, violenta (algo asociado a lo animal en contraste con lo humano, por paradójico que nos parezca a muchos) más propia por cierto de un chimpancé que de un pacífico orangután, (aunque sin duda el modelo original que posó para la cámara no estaba de buen humor, y el dibujante que copió la imagen no tuvo que tergiversar gran cosa). En todo caso, y más tratándose de un dibujo reproducido en grabado, se trata de una imagen atípica en la iconografía del orangután, aunque no en la del simio como personificación de una bestia humanoide, algo rentable para las ferias ambulantes y circos con fieras que fascinaron e inspiraron a escritores como Edgar Alan Poe relatos en la línea del triple asesinato de la calle Morgue.




    Recientemente, se ha difundido en internet la siguiente noticia:






    Apuntes de Naturaleza

    Los simios también sufren "la crisis de los 40"

    Por Thomas Lersch, via Wikimedia CommonsUna cuestión que desata bastante interés en los científicos que se dedican al comportamiento humano es la crisis de la mediana edad, la conocida popularmente como “crisis de los 40”. Lo que sorprende es que ejemplos de este tipo de situaciones se dan a lo largo de todas las épocas de la humanidad y de todas las culturas conocidas. Esto hace pensar que puede tener algún tipo de componente biológico. Segúnun estudio publicado en la prestigiosa revistaPNAS, así es. Al menos en el grupo de los grandes simios.
    En realidad no se trata únicamente de la crisis de los cuarenta. La satisfacción que sentimos los seres humanos, así como otros grandes simios como chimpancés u orangutanes, tiene forma de U.Es decir, que presenta un máximo en la juventud y otro en la vejez, y llega a su mínimo durante la parte media de la edad adulta.
    Para llegar a estas conclusiones, el equipo de investigación responsable del estudio trabajó bajo un esquema multidisciplinar. Se emplearon estudios de biología del comportamiento, ecología, psicología e incluso economía. Todo ello adaptado a las condiciones de vida de los grandes simios.
    A la hora de realizar el estudio, había dos problemas fundamentales que solucionar. En primer lugar, no se puede utilizar el método clásico de realizar una encuesta pormenorizada al individuo y convertir después sus respuestas en valoraciones matemáticas. Y el segundo problema era que, con casi total seguridad, no darían las mismas “respuestas” los animales que viviesen en cautividad y aquellos que permaneciesen en su hábitat natural.
    La solución a la que llegaron fue realizar la encuesta a los cuidadores de estos animales en los zoológicos en los que viven, o a los voluntarios y responsables de su conservación en aquellos que viven en santuarios. Se seleccionó con mucho cuidado a aquellos simios que hubiesen establecido una relación estrecha con algún ser humano, y de entre esos a aquellos cuidadores y voluntarios que resultasen fiables.
    Una vez analizados los datos, las conclusiones fueron claras. El patrón de satisfacción con nuestra propia vida era constante en todos los grandes simios. Todas las especies y las poblaciones estudiadas mostraban un porcentaje importante de casos en los que la curva de la felicidad tenía forma de U. La edad en la que se llegaba al mínimo era constante, aunque no en número de años. En todos los casos se situaba ligeramente por encima de la mitad de la esperanza de vida, lo que cuadra bastante bien con los cuarenta años en humanos modernos.
    Los científicos no han querido descartar que existan componentes económicos y culturales para esta situación en los seres humanos. Pero sí han podido demostrar que existe un componente biológico que facilita el que este hecho se dé.
    La explicación biológica que han ofrecido de momento es la siguiente. Durante la juventud estos individuos van ganando prestigio y experiencia, y pasan progresivamente a disfrutar de mayor número de recursos. Pero según van avanzando en su madurez, cumplen con sus roles en las poblaciones y al hacerlo pierden importancia. En el momento en que ya han tenido sus crías – y ayudado a criarlas en las poblaciones en que lo hacen – y comienzan a tener problemas para acceder a los recursos, llegan al mínimo. Tras una etapa de transición y adaptación, son capaces de emplear otro tipo de estrategias y recuperan de nuevo un papel relevante en sus comunidades, lo que les lleva a sentirse más satifechos, completando así la curva en forma de U.
    (publicado por José Toledo en Yahoo)

    Si volviésemos a usar el rinoceronte de Durero como paradigma de exactitud tanto como de distorsión iconográfica, podríamos volver a deleitarnos con la persistencia del dibujo del maestro alemán en las posteriores representaciones gráficas del animal hasta bien entrado el siglo XIX.
    Las expectativas que había generado la existencia del mítico unicornio, unidas a la fascinación por lo insólito, lo monstruoso (por no hablar de lo conspicuamente grande o potencialmente agresivo) fueron responsables del éxito del grabado y sus sucesivas copias que, con más o menos variantes, influyeron incluso en las proporciones, encuadres y postura aplicadas a las ilustraciones de rinocerontes durante cuatrocientos años. Como ya hemos dedicado entradas anteriores a este caso concreto, clásico entre clásicos y por tanto bastante manido, creo que es oportuno mencionar otros ejemplos que me parecen muy llamativos y se me antojan poco comentados, como si nadie se diese cuenta de ello.
    Ya he hablado de la anchura de la boca del cachalote, aumentada por los artistas gráficos de toda índole durante años y años (esa persistencia se da hoy en día), y también me he referido al gesto intimidatorio del lenguaje facial de lobos y perros de mostrar los dientes: se ha trasladado gráficamente a especies que no practican ese gesto (como por ejemplo los osos) y se ha añadido colmillos de gran tamaño a serpientes venenosas que carecen de ellos sólo por recordarnos que lo son.
    Todos entendemos que los peces se representasen vistos desde arriba (como en un estanque desde un puente) antes de la aparición de los primeros acuarios con paredes de cristal, y es posible que por un motivo parecido los reptiles se hayan representado mayoritariamente de perfil y los anfibios vistos desde arriba, en planta. También es curioso constatar que en innumerables representaciones (incluso en reproducciones detalladas y fidedignas) los anfibios son mostrados boca arriba, mostrando el vientre, tal vez por la preferencia de una atávica atracción por los vientres blandos, sin pelo (como los nuestros) pero carentes de ombligo. Téngase en cuenta que ni siquiera los tritones o las salamandras (al fin y al cabo de morfología básica semejante a la de reptiles como los geckos o las lagartijas) se escapan a ser vistos preferentemente desde arriba.

    Hemos mencionado, también en entradas específicas, cierta persistencia en asociar la imagen de los monos y simios antropomorfos a actitudes humanizantes que hiciesen hincapié en el parecido entre la presencia física de dichos primates con la del primate humano, pero, por si a alguien se le había escapado, se da un caso particular que va más allá de asociar a un chimpancé al uso de un palo o un bastón para humanizarlo.
    Se trata del curioso caso del orangután.



    Pierre Belon provocó el primer revuelo a partir de la analogía anatómica entre el esqueleto humano y el de las aves

    En entradas específicas de este blog hemos hablado de la iconografía de los simios antropomorfos, así que no insistiré mucho más en el hecho de que han generado numerosas confusiones a la hora de identificarlos o darles nombre. A menudo se han intercambiado (incluso en libros serios de zoología) las imágenes y los nombres de orangutanes, chimpancés, bonobos y gorilas.



    La anatomía comparada de Cuvier tenía en el dibujo a algo más que un aliado para transmitir evidencias sobre los parecidos anatómicos entre las especies antes de que el evolucionismo emparentase a simios y homínidos.


    En todos los casos, los más confusos y los más acertados, y sobre todo antes del advenimiento del evolucionismo (antes incluso que la aceptación adaptativa de las teorías de Lamarck) el artista quiere transmitir al espectador algo más que la transcripción de las formas y proporciones del animal al papel, sino que apreciamos un considerable esfuerzo por recalcar el hecho de que ante la presencia real de estas criaturas percibimos por mera empatía una cercanía, un parecido con el ser humano difícil de describir en un dibujo sin una cierta ayuda, hecho constatable especialmente a la hora de representar chimpancés (casi siempre dibujados erguidos o asiendo bastones u otros utensilios). Curiosamente, las noticias de hombres salvajes o selvátivos, bestializados de algún modo por sus hábitos, pero hombres al fin y al cabo, están presentes en prácticamente todas las culturas, seguramente, como ya hemos apuntado, a causa de la persistencia atávica de arquetipos ancestrales provinientes de épocas en las que distintas especies de homínidos compartían biotopo, como ya se ha confirmado con cromagnon y neanderthal y se supone con otras especies diferenciadas.



     
     


















    Del orangután, desde Borneo principalmente, llegaban noticias que no lo presentaban como un raro animal, sino como un hombre peculiar, de costumbres selváticas, asociadas a una vida arborícola, y es posible que tras esta espectativa los estudiosos occidentales sólo pudieran tener dos reacciones extremas ante la presencia de los animales:

    Por un lado estarían aquellos que esperaban un hombre y descubrían un ser que sólo podían asociar a un animal, parecido a un mono (tópico del animal parecido al hombre), pero animal al fin y al cabo.

    Por otro estarían los escépticos e incluso incrédulos que, esperando ver otra cosa, se encontraban ante una criatura a la que veían rasgos de indudable humanidad, o cuando menos hominidad, al igual que de la forma más natural del mundo hacían los aborígenes de Borneo, Java e India. Al fin y al cabo, orangután significa literalmente "hombre del bosque".




     Pues bien: dicha perplejidad, mezcla de empatía y decepción, produce la asociación gráfica del orangután a la rama de los árboles de forma mucho más persistente que en el caso de los otros póngidos. Aunque conocemos reproducciones de dibujos y grabados que muestran chimpancés o gorilas subidos a un árbol o descendiendo de él, todavía sujetos a una rama con una de sus manos, en el caso del orangután, la asociación gráfica parece prácticamente inevitable a lo largo de cientos de años.

     












    Imagen estereoscópica de un orangután (puede verse en 3D con gafas de anaglifo rojo-azul)


    Ilustración de un gorila que hereda la asociación a las ramas de los árboles propia de la iconografía del orangután
    Recreación de los referentes gráficos anteriormenete expuestos en una preparación taxidérmica de una hembra de gorila