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lunes, 23 de septiembre de 2019

Viajes y literatura antrozoológica. Obligada desambiguación entre los Animales Invisibles de Gabi Martínez y El Animal Invisible de Mafa Alborés (por no hablar del de Mancus y York)



Recientemente he recibido consultas y comentarios acerca de la existencia del libro "Animales Invisibles" de Gabi Martínez. Algunos consistían en preguntarme si teníamos algo que ver o si habíamos colaborado en dicho trabajo. La respuesta es que no, y que he leído este interesante trabajo, por lo que me siento obligado a comentarlo y despejar toda posible duda producida por la coincidencia del título con el de mi tesis doctoral y el blog que estáis leyendo y que gestiono desde hace ya más de una década.

Mi personal trabajo de investigación, en el ámbito de la Teoría e Historia de la Imagen, arrancaba a principios de los años noventa con intenciones más cercanas a la crítica de las formas de arte figurativo y a la influencia de la estética fotográfica como paradigma de realismo ("Digo, miento, fotografío"). Sin embargo, debido a mi interés por otras formas de artes aplicadas como la escultura, el modelismo y la escenografía en el ámbito de las exposiciones divulgativas de carácter científico, como ciertos recursos museísticos en exposiciones temáticas en los que yo mismo me vi involucrado por azares laborales, inicié una segunda etapa de mi trabajo ("El árbol de plástico") más centrada en este tipo de recursos visuales y expositivos que complementé con una especie de cierre de una trilogía que titulé, precisamente "El animal invisible", que dió título a la tesis doctoral que publiqué en la UB a principios del presente siglo.

En esta tercera parte, concreté el ámbito de mi estudio a diversos aspectos problemáticos de la iconografía animal en los medios de divulgación científica (zoológica) especialmente dedicados al público generalista, no especializado, y que por tanto nos da pistas sobre la apreciación cultural de las demás especies animales. El título alude a la invisibilidad de las especies animales no humanas en nuestra cultura pese a su omnipresencia iconográfica y simbólica, a su dificultoso calado en la mentalidad colectiva y a las constantes distorsiones en la apreciación de las características peculiares de las diversas especies que nos acompañan en nuestro viaje planetario.

Casualmente, hace poco más de un lustro, descubrí un trabajo del ámbito de la teoría de la sociología titulado también "The Invisible Animal"de los profesores Philip Mancus y Richard York, de cuyo contenido realicé una breve recensión en una entrada que explica bastante bien el alcance de su trabajo y del mío propio, así como la posible relación entre ambos. Desde aquel momento decidí adoptar la definición de Antrozoología Artística, o Antrozoología del Arte, para el género artístico de mi estudio y para mi propio estudio, respectivamente, como enmienda a la inexistencia del término "Antrozoología" en el diccionario de nuestra lengua, reivindicando un campo de estudio no reconocido nominalmente pero cada vez más presente en universidades de todo el mundo e incluso, más recientemente, en nuestro país, normalmente bajo la denominación de estudios críticos humano-animales, ética animal, estudios humano-animal y similares. Entre ellos, por ejemplo, destacaría los campos de trabajo a los que se aproxima Marta Tafalla en su obra "Ecoanimal" a la que aludíamos en la entrada precedente.

Gabi Martínez viene a engrosar nuestra selección de autores vinculados a lo que denominamos literatura antrozoológica, o, mejor aún, antrozoología literaria, ámbito en el que hemos destacado especialmente al gran exponente de las letras gallegas contemporáneas Xavier Queipo, uno de nuestros faros desde los incios de nuestra singladura, y que, ya desde sus primeros apuntes de filosofía natural y microrrelatos de trasfondo naturalista hasta sus más recientes publicaciones de poesía de trasfondo científico (junto a Ramón Neto, "Minutos para a Medianoite"), es uno de nuestros principales referentes.
Queipo practica el ensayo científico, literario y poético tanto como el cuaderno de apuntes, la novela y el libro de viajes, en una amalgama a veces indiscernible pese a su lúcida y clara definición, fruto de una maestría intachable y un bagaje científico curioso y crítico.
La asociación entre Gabi Martínez y Xavier Queipo acaba ahí, en los lindes del libro de viajes justificado por una reflexión naturalista con cierto calado filosófico y antropológico. Queipo construye toda una poética existencial al respecto. Martínez se esfuerza por desvelar información en un periplo no exento de reivindicación ecologista y añade su grano de arena a la equiparación entre zoología y criptozoología en unos tiempos de extinciones masivas que podrían hacer que las especies todavía supervivientes del hoy sean los mitos zoológicos del mañana, como el picozapato o el pangolín, a la manera en que ya lo son el dodo o el moa, acrecentando su valor simbólico (y, en consecuencia, tal vez -y peligrosamente- su valor económico, como apuntábamos en su día).

Gabi Martínez propone una búsqueda intelectual y genuinamente antrozoológica de espacios y lugares en cuanto que biotopos vinculados a especies animales caras de ver, ya sea por su carácter esquivo, por su escasez o por su existencia legendaria. Así, cuestiones como las que planteábamos en relación al tilacino, o argumentos similares a los de Victoria Finlay en sus viajes buscando el origen de los colores y los pigmentos y sustancias naturales que los producen, Martínez nos lleva de viaje con el pretexto de seguir la pista de animales todavía más invisibilizados que los demás.

"El Animal Invisible" hace referencia al concepto de animal desde un punto de vista iconográfico, y cómo la persistencia de ciertos rasgos conspicuos, de ciertos superestímulos, arraiga en la imagen colecctiva de cada especie animal invisibilizando casi totalmente la información acerca de dicho animal. "Los Animales Invisibles" de Gabi Martínez dan título a un libro de viajes y a un proyecto antrozoológico notable, que no ignora en absoluto la antrozoología artística de la que partimos, pero que, como en el caso de Xavier Queipo, toma prestados ciertos aspectos metodológicos de la investigación de campo, de la biología y de la ecología, de la etología y de la antropología.

En una reseña a su libro del blog de cultura de la Cope del pasado mes de marzo, obtenemos la siguiente información, con testimonios del autor a partir de una entrevista a la agencia Efe:

El narrador y periodista Gabi Martínez asegura que estamos en una época en la que solo cree lo que se ve y que el interés por la naturaleza ha disminuido, porque el ser humano hoy solo mira lo que tiene cerca, como demuestra en su nuevo libro "Animales invisibles".

Hace dieciséis años, a Martínez (Barcelona, 1971), cuando escuchó hablar sobre el picozapato, un pájaro que nadie ha visto pero que se sabe que existe y se le respeta, le surgió la inquietud por describir un termitero.

He de decir que me sorprende la perplejidad de Martínez ante la supuestamente críptica existencia del picozapato, un animal que yo creía perfectamente bien conocido para cualquier aficionado a la zoología. Incluso uno de los animales típicos de la fauna africana, como el secretario o serpentario, y ni siquiera raro, escaso, o difícil de ver, como en el caso de animales bien conocidos pero escasos y relativamente recientes en su descubrimiento como el okapi.

Hace dieciséis años, a Martínez (Barcelona, 1971), cuando escuchó hablar sobre el picozapato, un pájaro que nadie ha visto pero que se sabe que existe y se le respeta, le surgió la inquietud por describir un territorio siguiendo a un animal, como excusa. 

"Animales invisibles" (Capitán Swing y Nórdica Libros) sigue el rastro de seis especies extinguidas o muy difíciles de ver con el objetivo de descubrir nuevos lugares: el picozapato, la gran barrera de Coral, el yeti, la moa, el tigre coreano y la danta.


"Es una excusa para entrar en el imaginario de aquellos que residen en los entornos que rodean a estos animales de leyenda", declara en una entrevista a Efe.
En un mundo en el que prima la imagen, Martínez niega la concepción de que "si algo no se ve, no existe", y define el proyecto, en el que le acompañó el arqueólogo Jordi Serrallonga, como un libro "muy activista, una iniciativa para intentar cambiar las cosas y fijar el foco en la protección de la naturaleza".

Después de la crisis económica, Martínez manifiesta que desapareció el interés por la ecología, "porque se pensaba que había cosas más importantes", pero el cambio climático ha seguido avanzando y "hay que gritar y luchar por la protección del planeta", añade.
Ante el dato de que el 84 por ciento de las razas autóctonas están en peligro de extinción, el escritor denuncia que "mientras las banderas ondean, se deja que los animales del país, una de las marcas de identidad más naturales que hay, desaparezcan".
"Animales invisibles" nació con la intención de convertirse en un proyecto multidisciplinar que abarca desde el libro, un cómic y una página web hasta un documental sobre la búsqueda en Venezuela de la danta, un animal semisagrado en peligro de extinción.


Martínez, especializado en literatura de viajes, muestra su desacuerdo cuando se dice que hoy hacer turismo ha perdido "su encanto", porque todo esté descubierto. "Cada vez resulta más necesario encontrar un buen argumento para viajar y yo viajo para no ver", concluye con humor.

La aportación de Gabi Martínez a la antrozoología artística viene de su colaboración para la edición del libro con la ilustradora Ester García, ya conocida por otros trabajos suyos relacionados con la zoología y su particular visión de la selección natural, y a quien deberíamos, pues lo merece, dedicar un artículo próximamente. Ester García iguala en imágenes que aluden a la observación astronómica y a la simbología astrológica, la vieja unión entre aprendizaje científico y creencia religiosa o mitológica, la presencia de animales existentes e inexistentes, hermanos en su invisibilidad y pretexto para las expediciones de Martínez en busca de algo que sabe que no va a ver, una experiencia que conecta de alguna manera con lo que comentábamos acerca del fugaz avistamiento de un tigre por parte de Jared Margulies y la foto del tigre ausente para testimoniar su pretérita e irrecuperable presencia.

Volviendo al picozapato como ejemplo de lo invisible o poco documentado, he de decir que tampoco me sorprende esta apreciación del animal como algo escaso y esquivo, o posiblemete extinto en la naturaleza, hasta el punto de que un naturalista no mucho más joven que yo ignorase hasta hace poco su existencia o su imagen, que, por cierto, hasta el advenimiento de las teorías que a finales de los ochenta relacionaban ya con cierta certeza a las aves como herederas del linaje de los dinosaurios (hecho ampliamente divulgado por las novelas de Crichton y convertido en tópico popular por las versiones cinematográficas a cargo de Spielberg a partir de los años 90) no había sido apreciado como la viva imagen de un dinosaurio moderno.

                                



Dejando de lado apreciaciones sobre la rareza o el aparentemente escaso conocimiento iconográfico acerca del picozapato, lo cierto es que el trabajo literario y divulgativo de Gabi Martínez nos parece arrebatadoramente interesante y muy acertado en su planteamiento.

Al fin y al cabo, no creemos casual que haya llegado prácticamente a la misma elección del título que nosotros mismos para su obra, y que también tenga proyectada su presencia en las redes para ampliar el soporte y el alcance de sus testimonios y reflexiones.

Martínez ofrece en sus páginas el testimonio de una singladura personal con una observación directa y concienzuda de las circunstancias sociológicas, políticas, económicas y antropológicas de los territorios en que se ubican los biotopos de las criaturas que motivan su búsqueda, sea toda una gran barreara de coral o un misterioso tigre coreano, se trate de un tapir sudamericano o de una extinta ave gigante.

Quede claro, pues, que no existe vinculación directa entre El Animal Invisible de Mafa Alborés y los Animales Invisibles de Gabi Martínez, pero sí unas motivaciones intelectuales que guardan, como mínimo, empatía, y que, lejos de molestarnos como han sugerido algunos que veían una especie de intrusión o apropiación, nos alegra la feliz coincidencia onomástica y de ciertos planteamientos en ambos proyectos. Pensemos que incluso he dado el título de Animal Invisible a mi proyecto fotográfico sobre la estética de las Cámaras Trampa, o Tarmpas Fotográficas y que en el fondo también ilustra la difícil aprehensión iconográfica o registro de imágenes de animales sumidos en las tinieblas. Esperamos expectantes la aparición en la red de dicho proyecto como algo consolidado y confiamos en contactar en breve con el autor para compartir opiniones, experiencias y reflexiones.

Mafa Alborés







Ver también;

The Invisible Animal (El Animal Invisible)

Antrozoología y macrosociología

 

entradas relacionadas:

Antrozoología Artística.

Antrozoología literaria. Antrozoología y ficción según Michelle Szydlowski.

Naturalistas de Ficción y ficción de Naturalistas: Xavier Queipo y la Antrozoología Literaria

Joyas de la naturaleza. El valor de lo escaso y las imágenes de animales al borde de la extinción.

El último cazador y el tilacino como metáfora de la revalorización de lo escaso. La fotografía como trofeo.

 Conocer animales. Reconocer animales. Reflexiones sobre las reflexiones al ver un tigre salvaje por primera vez de Jared Margulies.

Viendo y Viviendo con animales

Antrozoología y teriantropía del arte en internet. 

Estudios humano-animales emperrados y falsificadores alemanes

Reflexiones para un retorno a la divulgación de la antrozoología artística.

Arte y ciencia: Metodologías artísticas en la ecología de los medios. Matthew Fuller.

Enlaces a contenidos on line de Mafa Alborés y "El Animal Invisible"

Se busca animal, vivo o muerto. Emma Kisiel a la estela del caballo de Muybridge y la divulgación del arte antrozoológico y naturalista. Naturaleza muerta y fotografía (I)

Sandro Alviani y la divulgación zoológica en complicidad con las artes aplicadas. 

Un oso polar como intruso de la fotografía popular alemana. 

Nick Brandt nos advierte sobre la herencia del polvo 

Animalidad y Parecido 

 

 https://www.cope.es/actualidad/cultura/noticias/gabi-martinez-reune-animales-desconocidos-libro-acerca-invisible-20190321_378325

http://vein.es/hablamos-la-ilustradora-infantil-ester-garcia/



jueves, 6 de julio de 2017

Trampas fotográficas de Mafa Alborés y Pau F. Luís. El Animal Invisible como proyecto fotográfico y artístico. (proyecto Animal Invisible VI)



Para enlazar con la escultura de Aubry y Vassil habíamos pensado introducir nuestro más reciente capítulo de nuestro propio proyecto "Animal Invisible" inspirado en la fotografía naturalista, pero no pudimos resistir la tentación de rescatar la peculiar escultura escenográfica de Jordan Maclachlan, con su disposición en peculiares dioramas domésticos. El motivo para asociar nuestras imágenes a las esculturas de Aubry, y muy especialmente a las de Vassil, era demostrar hasta qué punto la fotografía documental de la vida salvaje y sus herederos audiovisuales habían modificado nuestra manera de ver a los animales, y cómo había supuesto la implementación de nuevos tópicos iconográficos de temática zoológica. La observación minuciosa del movimiento en las escenas escultóricas de Vassil es impensable antes del aluvión de registros cinematográficos, fotográficos y videográficos que han convertido el Serengeti o el Ngorongoro en espacios cercanos y supuestamente bien conocidos gracias a su generosidad en escenas de acción cinegética y supervivencia.

George Shiras
Además de los múltiples paisajes con abundante fauna salvaje que han alimentado nuestro imaginario zoológico colectivo, que prefiere seleccionar hermosos y mortíferos depredadores, nos queda el último recurso de vigilar y espiar hasta la saciedad los rincones más remotos para averiguar qué se mueve por ahí de día o de noche gracias a lo que se denominan trampas fotográficas o trap cameras. De hecho, ya hemos reivindicado desde este blog al pionero de la fotografía de fauna salvaje George Shiras, que a caballo de los siglos XIX y XX realizó maravillosos registros fotográficos de la fauna salvaje americana y experimentó las posibilidades de la fotografía nocturna a modo de caza fotográfica inspirada en un método indígena de caza nocturna con antorchas delatoras de ojos en la oscuridad. Por si fuera poco, Shiras ideó diversos sistemas de cámaras-trampa que se activaban al paso de los animales por zonas concretas, consiguiendo no sólo fotografiarlos, sino obtener pruebas de su presencia y actividades, tal y como hacen hoy en día cámaras armadas con sensores infrarrojos y sensores de movimiento. Steve Winter, bajo nuestro punto de vista el más honorable sucesor del gran George Shiras.

Steve Winter
Gracias a esta tecnología se han redescubierto especies supuestamente extintas ocultas en zonas especialmente densas o inaccesibles. Su peculiar estética generalmente en blanco y negro, con la silueta sobreexpuesta del animal sobre el oscuro fondo nocturno suele evidenciar la frontalidad de la iluminación del flash que rebota en la retina de los ojos de los animales de forma casi fantasmal, a no ser que las lámparas sean ubicadas estratégicamente para generar una iluminación que delate menos el origen de las imágenes, y para ilustar esto no se nos ocurría mejor ejemplo que las series fotográficas de falsas cámaras trampa, nuestras propias trampas fotográficas que complementaban otras series basadas en huellas, vestigios y restos (como falsos fósiles, reproducciones de pequeños animales en fundición de metal, etcétera).

Hemos de decir, como ya hemos comentado en anteriores capítulos dedicados a este proyecto, que nos gusta la estética de muchas fotos realizadas automáticamente por trap-cameras con sensor de movimiento. Muchas son meramente informativas, testimonios de la presencia de tal o cual ejemplar de tal o cual especie en una zona concreta de territorio salvaje o no tan salvaje (como las series de fauna de periferia urbana del propio Winter) pero muchas de ellas han sido planificadas con esmero y seleccionadas posteriormente con un criterio artístico exigente, pero en ocasiones la casualidad ofrece ejemplos extraordinarios.

Como no quiero repetirme en exceso, y ya he dado cuenta de múltiples ejemplos sorprendentes, os ofrezco hoy tan sólo unas pocas más de las que hemos hallado sencillamente activando la búsqueda "trap-camera" en el buscador de imágenes de Google. Disculpad que no estén referenciadas, pero es que sencillamente pretendo que veáis hasta que punto se pueden cosechar imágenes de gran potencial artístico dotadas de un plus de misterio que consigue desentrañarse del propio sentido de su realización, y es que existe un factor sorpresa importante al revisar los archivos de memoria de las cámaras que llevan un tiempo operando en una zona determinada de un biotopo.










Las fotos que creamos mi hijo Pau y yo, a modo de pasatiempo didáctico y de lúdico aprendizaje fotográfico, recurren a piezas industriales de modelismo zoológico, principalmente de las firmas Papo y Schleich, que fotografiamos en mesas de bodegón con fondo negro o bien cubrimos con escenorafías a modo de maquetas paisajísticas de apariencia más o menos naturalista. Lo que nos queda es procurar imitar encuadres y apariencias ópticas frecuentes en las fotografías nocturnas y en las cámaras-trampa. Nos gusta el concepto de trampa fotográfica y llevarlo a a toda la extensión de sus posibles significados léxicos y semánticos. Hacemos trampas con trampas, pero son genuinas trampas fotográficas, en las que descubrimos lo lejos que nos hallamos de la auténtica fauna salvaje.

Como ya hemos explicado con anterioridad, parte de los objetivos de nuestras trampas fotográficas consisten en que algunas de ellas se cuelen en el registro de los buscadores de imágenes de internet, que se camuflen entre las auténticas para poder contrastar con ellas sus diferencias y sus coincidencias. La conexión con las esculturas de Vassil se halla en el uso de figuras de volumetría inspiradas en el estudio de movimiento faciltado por el registro fotográfico o por las nuevas tecnologías de escaneado y reproducción 3D. Nuestra propia aportación al mundo de la tecnología 3D se halla en las tomas en las que hemos aplicado cambios de ángulo sucesivos para poder ofrecer versiones estereoscópicas de las imágenes. Al ofrecerlas en forma de anaglifo digital (necesitaréis gafas anaglifas filtradas en rojo/cyan) el aparente fallo de registro de canales disimula un poco el artificio del que han partido las fotos, pero precisamente toda apariencia natural se esfuma cuando nos ponemos las gafas y vemos en tres dimensiones una escena que delata la presencia de esculturas de plástico en el papel de animales reales. Espero que os gusten tanto como las anteriores ediciones y que pronto os ofrezcamos más.


Mafa Alborés / Pau F. Luís: Proyecto Animal Invisible VI
























































http://mafa-elanimalinvisible.blogspot.com.es/2017/03/el-animal-invisible-como-proyecto.html

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