Muertos de hambre y abandonados a momificarse en el peor zoo del mundo:
Una vez animales orgullosos como leones y cocodrilos no son ya más que
estatuas terribles después de que sus cuidadores tuvieron que dejar de
alimentarlos. Así describían los hechos Anthony Joseph y Gianluca Mezzofiore Para Mailonline (Publicado: 17:11 GMT 5 de marzo el año 2016) Estas eran las imágenes terribles de cadáveres momificados de decenas
de animales que murieron de hambre en el peor zoo del mundo y que constituyen el documento tal vez más espantoso y significativo del año recientemente zanjado en cuanto a la relación entre los seres humanos y los demás animales con los que se resisten a compartir el planeta. La territorialidad marca no sólo las principales disputas interespecies, sino también entre individuos y grupos de una misma especie, lo que en la nuestra en particular constituye la base de las fronteras, las nacionalidades y las guerras. Lo sorprendente de esta serie fotográfica es que constituye un curioso y excepcional ejemplo de arte tánato-antrozoológico del que tanto fascina a artistas y estudiosos del arte como Emma Kisiel, e incluso nos extraña que no le haya dedicado un comentario especial en su recopilación del blog The Muybridge's Horse.
En nuestra entrada anterior comentábamos los trabajos de Gabriel Ruiz, un artista peculiarmente especializado en reproducciones zoológicas y recreaciones naturalistas como las que han caracterizado en los últimos tiempos los espacios expositivos de los museos de historia natural y los zoológicos más ambiciosos y modernos, lo que nos recuerda que la mera aliteración de ejemplares tal y como se hacía en los antiguos bestiarios y parques zoológicos ha quedado obsoleta en la era de los medios de difusión audiovisual. Los animales ya son difícilmente desvinculables de los territorios que les son propios y los paisajes que los caracterizan. Los libros ilustrados, la irrupción de la fotografía y los documentales cinematográficos y videográficos, amparados por tecnologías cada vez más sofisticadas, han impregnado nuestra cultura de documentos audiovisuales que han exigido de los zoológicos un replanteamiento en cuanto al aspecto visual que debían ofrecer sus instalaciones, aunque ello suponga sencillamente disfrazar escenográficamente las sórdidas jaulas de siempre.
Creo que ya es hora de comprender de forma generalizada que un animal en un zoo no es representativo de su especie, al menos no más que cualquier holotipo conservado en un museo de historia natural. Aunque en el texto reproducido más abajo encontramos comentarios peyorativos acerca de algún zoo en concreto calificándolo como una prisión en vez de un zoológico, lo cierto es que incluso el más sofisticado y moderno de ellos lo es, al margen de la espectacularidad de sus instalaciones o la cuantía de sus recursos para la manutención de sus desdichados huéspedes. Estos últimos años hemos sido testigos de una creciente conciencia animalista en todo el mundo, y ello ha impregnado el contenido de numerosas e influyentes obras de arte, tal como constatamos desde este blog consagrado precisamente a la revisión de este tipo de trabajos, y la conciencia colectiva, aunque terca y perezosamente, toma nota de ello, en un entorno cultural cada vez más influido por el veganismo radical y otros movimientos de clara conciencia ecologista y antiespecista. Puede parecer extraño que nos posicionemos a favor de las argumentaciones básicas de este tipo de movimientos, cuando nosotros mismos hemos participado en trabajos expositivos de carácter zoológico, pero lo cierto es que el desdén para con la dignidad de las demás especies animales consideradas como meros recursos humanos ha estado presente incluso en los ambientes científicos y académicos supuestamente más amantes de los animales. Veterinarios y biólogos han estudiado y progresado a costa del sacrificio y el sufrimiento de ejemplares, provocando una actitud distante que supuestamente ama y admira su belleza, aunque dicha actitud los transforma en meros objetos de observación, aunque esta suponga admiración. Artistas, biólogos e hibridaciones de ambos han sido los mayores admiradores de los animales, los que se han esfozado por ejercer sus profesiones lo más cerca posible de su presencia física y, sin duda, los parques zoológicos han constituido lugares de gran atractivo para ellos, aunque lo cierto es que en su mayoría suelen manifestarse en contra de sus existencia, y es que se repite el eterno conflicto entre encarñarse con los animales salvajes y respetar su salvajismo sin domesticarlo o apropiárselo.
La publicitación de las fotos tomadas en los zoos de la franja de Gaza se ha hecho desde esta perspectiva, pero sin duda lo que hace es condenar la guerra como causante de la desgracia de los animales antaño exhibidos en vida, sin tener en cuenta, tal vez, que sólo prueban hasta que punto dichos animales ya estaban muertos en vida. No deja de fascinarme el esfuerzo realizado por ciertos responsables de estos zoos por conservar el material expuesto, por monstruoso que sea el resultado, ya que de alguna manera ello constata que el valor de estos ejemplares va más allá de que estén vivos o no, revalorizándolos no como seres dignos de admiración y respeto sino en su condición de vestigios reales de formas de vida que en poco tiempo, por desgracia, acabarán por ser valiosas por su escasez, vivas o muertas. Ante la posibilidad de que ocurra algo tan terrible como lo que constatamos en Gaza, podemos afirmar la dudosa (y paradójica) condición de reserva natural de especies en peligro con la que los zoos intentan justificar la necesidad de su existencia y nos hacen pensar que tal vez los artistas como Gabriel Ruiz deberían reproducir no sólo la apariencia de los hábitats animales, sino también la apariencia física de sus cuerpos, y dejar que sean los diferentes medios de registro de imagen 2D y 3D los que llenen los expositores de estos recintos.
Las fotografías fueron tomadas en el zoológico de Khan Younis en la empobrecida Franja de Gaza. Los animales se quedaron sin alimentos debido al conflicto entre
Palestina e Israel, por lo que el personal no fue capaz de alimentar o
cuidar de ellos correctamente. Mohammed Awaida abrió el South Forest Park en 2007 y ha invertido cientos de miles de dólares en el zoológico. Perdió un notable número de animales durante los ataques israelíes contra Hamas que comenzaron un año más tarde. Durante la ofensiva de tres semanas, puesta en marcha en respuesta a
los ataques con cohetes contra Israel, Awaida dijo que no podía acceder
al zoológico, y muchos animales murieron de abandono y hambre. La historia se repitió en el verano de 2014, a raíz de la guerra de Gaza conocida como Operación borde protector. Durante los combates entre Israel y militantes palestinos murieron más de 1.960 palestinos, y 67 personas en el lado israelí. También dejaron 80 animales muertos y sólo 20 supervivientes en el zoológico de Al-Bisan en Beit Lahia. Khan Younis es uno de los cinco parques zoológicos en la Franja de
Gaza, un enclave costero densamente poblado de 1,7 millones de personas
gobernadas por militantes islámicos de Hamas. Sin órgano de gobierno en Gaza que supervise los parques zoológicos, y
ningún movimiento de derechos animales en la región, la instalación
Khan Younis está virtualmente sin supervisión. Las imágenes tomadas este año muestran cómo los cadáveres se han degradado en los últimos años. Los animales allí ahora sólo se encuentran, como adornos o gnomos, secos y sin vida por completo.
Un tigre muerto, un mono, una leona y otros esqueletos de animales pueden verse en el peor zoo del mundo en la Franja de Gaza Awaida comenzó a usar sus habilidades rudimentarias de taxidermia
de animales muertos en el zoológico después de que comenzara la guerra
de Gaza. 'La
idea de momificar los animales surgió tras la guerra de Gaza
debido a la muerte de una serie de animales como el león, el tigre, monos y
cocodrilos", dijo con anterioridad. "Así que nos informamos acerca de ello y hemos aprendido de la web cómo empezar".
El formaldehído y el aserrín proporcionan las herramientas básicas, aunque Awaida reconoció que no era un experto. En 2009, un zoológico en la ciudad de Gaza exhibió burros pintados de
blanco con rayas negras aparentando cebras porque era demasiado caro reemplazar dos cebras pedidas durante la ofensiva
israelí. "uno de los peores parques zoológicos en el mundo, ' dijo el Dr. Amir Khalil a Haaretz."Es menos que un zoológico", dijo Khalil. 'Es una prisión". Khalil, de 51 años, es el director de gestión de proyectos en Four Paws ("cuatro patas"), una organización internacional de bienestar animal que ha estado
ayudando a más de 100 animales en tres zoológicos de Gaza, entre ellos
Jan Yunis, con la ayuda de voluntarios locales. La organización dijo que proporcionó alimentos y atención veterinaria para 40 animales en Khan Younis. El trabajo de Four Paws en Gaza se inició en 2014, a raíz del conflicto entre Israel y Palestina. Tres leones fueron transportados al Nuevo Centro de la Esperanza, un santuario de animales de emergencia en Amman.
Este hermoso tigre fue uno de los muchos muertos de hambre o de
sed
El cuerpo momificado de este babuino, en la foto en su recinto junto a
los cuerpos de varios otros monos, murió en el zoo Khan Younis
Starved to death and left to MUMMIFY in the world's worst
zoo: Once proud animals including lions and crocodiles are now no more
than horrifying 'statues' after carers had to stop feeding them
El final del año ha llegado y tal vez por esto uno intenta repasar las cuentas pendientes. La que intento saldar hoy no tiene que ver estrictamente con el año ya pasado, sino más bien con el reconocimiento a los representantes de un mundo profesional al que de algún modo he pertenecido y que cuenta con notables representantes en nuestro territorio. Nos referimos a los artistas volcados en la representación de elementos naturales para ilustrar contenidos de carácter científico, especialmente zoológico.
De hecho, este tipo de trabajos ilustran aspectos generales de las artes figurativas que atañen a nuestra particular percepción del mundo a través de analogías y recursos que apuntan al simulacro, temas que focalizaban mi interés como artista en ciernes y más adelante como estudiante de arte e imagen. Sin embargo, cuando los vericuetos de la vida profesional y de las necesidades de supervivencia me llevaron precisamente a trabajar en el ámbito de las artes aplicadas a las exposiciones zoológicas y naturalistas, opté por focalizar mis estudios teóricos en el trasfondo de este tipo de actividades y a interesarme particularmente por los aspectos técnicos de su desarrollo.
Ya he dedicado entradas específicas a este tipo de trabajos, generalmente escultóricos o escenográficos, muy a menudo vinculados a recursos expositivos en museos, zoológicos y parques temáticos. Incluso, al comprobar el gran número de visitas que recibía una breve reseña a uno de mis trabajos publicitado por la revista del Zoo de Barcelona, amplié su contenido con extensos comentarios a mis trabajos y este tipo de actividades en la obra de otros autores para aclarar al máximo cualquier aspecto relativo al tema en cuestión: recursos expositivos de carácter científico. Hemos demostrado nuestra empatía con artistas, especialmente fotógrafos que se han interesado por estos espacios empeñados en replicar los entornos naturales, y hemos mostrado nuestra devota admiración por los maestros y pioneros de las réplicas zoológicas, como en el peculiar ejemplo ofrecido por los Blaschka.
En algunas de estas ocasiones había hecho mención al trabajo de dos antiguos conocidos con los que había coincidido circunstancialmente en múltiples ocasiones: Gabriel Ruiz y Ramón López. Ambos constituían un raro ejemplo de especialización profesional asociados en una empresa que llamaron Gàlig, aunque hace ya años que que han separado sus destinos profesionales y empresariales en las que yo considero las muestras más notables de especialización en volumetrías y réplicas naturalistas en nuestro país e internacionalmente: Gecco3D y Quagga.
Dedicamos hoy nuestra atención al trabajo de Gabriel Ruiz, uno de los indiscutibles referentes de las reproducciones y escenografías naturalistas y zoológicas, especialmente para quien suscribe estas líneas, puesto que conozco a Gabi desde hace muchos años, concretamente desde una de mis primeras incursiones en el mundo de los decorados en la ciudad condal, la construcción del "Bosc de les Fades" para el Museu de Cera de Barcelona. Por aquel entonces yo estaba contratado como ayudante de decoración por el museo y, aunque hacía de todo un poco (pintor, escultor-modelista o lo que hiciese falta) recibí el encargo específico de optimizar el color y la textura de los árboles y formaciones rocosas de poliéster realizadas por un equipo externo de jóvenes escultores entre los que se encontraba Ruiz, quien sin duda era quien mostraba mayor talento artístico y aptitudes para el desarrollo profesional de la escultura aplicada, y mi escasa experiencia con modernos materiales sintéticos para tales fines me hacía sorprenderme más con los sugestivos resultados y posibilidades demostrados por su equipo.
Es curioso cómo pueden desenvolverse los acontecimientos cuando uno busca un destino profesional que le satisfaga, porque cuando me vi envuelto en las obras del bosque de hadas del museo de cera, apenas estaba finalizando mis estudios de imagen en la facultad de bellas artes, y había trabajado como atrezzista o decorador en un par de producciones cinematográficas.
Recuerdo que hacía pocos años había leído un artículo sobre las nuevas tendencias escenográficas hiperrealistas en zoos como el del Bronx o el de Omaha, en algún caso llevados a cabo por especialistas vinculados al Museo de Cera de Londres, y verme envuelto en un decorado que evocaba lejanamente mis intereses alimentaba cierta ilusión o cuando menos ciertas expectativas. Estas, sin duda, incluían las escenografías y volumetrías para cine, cosa poco fructífera profesionalmente si uno limita su actividad a nuestro país, no exento, no obstante, de referentes importantes, como Enrique Alarcón o Gil Parrondo, por citar dos ejemplos clásicos. No voy a negar que la vinculación del museo de Cera de Barcelona a la herencia del trabajo para el cine de Enrique Alarcón me ayudaba a sugestionarme con la idea de codearme profesionalmente con la gente correcta y en el ambiente indicado, y aunque tengo serias dudas de que fuera así, mentiría si dijese que el olor a parafina y resinas no me siguen evocando el del taller del museo y la ilusión y buen ánimo que depositábamos en aquellos trabajos a los que deseábamos continuidad.
El Bosque de las Hadas continúa siendo un espacio de ocio y restauración vinculado al museo, y los árboles de Gabi y mi rótulo artesanal plagiando a Alan Lee siguen allí. Comprenderéis por qué, aún sin ser una escenografía para "Legend" o para el Zoo del Bronx o el Museo de Historia Natural de Nueva York, se trataba de la oportunidad más inmediata disponible para un joven modelista autodidacta y todavía me trae recuerdos del trabajo hecho por placer, aunque fuera sin él.
Habría que recalcar, además, que en una época en que las video-instalaciones y el arte de vocación vanguardista dejaban de lado el arte figurativo vinculándolo en el más benévolo de los casos al pop-art, los habilidosos artistas de vocación realista encontrábamos pocos nichos culturales donde ser respetados y valorados, así que ser un mercenario de las artes aplicadas al servicio de los nuevos medios de divulgación cultural y científica parecía una buena y atractiva opción, por lo que algo que me atraía todavía más de la actividad de Gabriel Ruiz era su vinculación al Zoo de Barcelona y al antiguo Museo de la Ciencia de la Ciudad Condal (actualmente Cosmocaixa) donde había realizado construcciones de decidida vocación realista-naturalista y renovadoras en cuanto a planteamientos estéticos y expositivos de ambas entidades.
En este sentido cabría destacar la galería destinada a primates con habitáculos decorados con esculturas y bajorrelieves decididamente naturalistas pese a su estilización, y dispuestas a alejarse del desangelado esquematismo de sus antiguas jaulas y recintos.
No es la primera vez que muestro ejemplos de trabajos de Ruiz para referirme a la específica actividad alrededor de los dioramas, escenografías y reproducciones o recreaciones naturalistas, pero no le había dedicado una entrada específica con muestras de su excelente trabajo, así que os ofrezco una selección extraída de diversas fuentes, especialmente de su propia página web, incluyendo datos curriculares e imágenes.
Os invito a que visitéis la web de Gecco Tridimensionals para ver un muestrario más amplio, dado que, como criterio de selección adecuado a los habituales contenidos del blog, hemos optado por ofreceros aquí aquellos trabajos vinculados a la reproducción de formas vegetales y minerales para escenografías naturalistas y, muy especialmente, reproducciones zoológicas de estudiada fidelidad científica.
GABRIEL RUIZ DONAIRE (18 de marzo de 1959).
- Diplomado en Artes Aplicadas por la Escuela Massana de Barcelona (1979).
- Maestro de cursos de cartón piedra en Montcada i Reixac INEM (1985),
Sant Fost de Capcentelles INEM (1986), La Llagosta (1985).
- Maestro de cursos de barcos en fibra de vidrio, Ayuntamiento de Badalona (1989-92).
- Técnico especialista en la construcción del velero “Mundus”, participante en la Vendée Globe.
- Realización de maquetas y decorados en Zoo de Barcelona, Museo de la
Ciencia de Barcelona, Museo de la Cera de Barcelona, Teatro Romea,
publicidad e imagineria efímera.
- Miembro del colectivo artístico K.R.A. (Kol•lectiu de Recerques Artístiques)
1993 Socio-Fundador de REALIZACIONS GALIG, realizando diferentes proyectos, disolviéndose en 1999
2000 crea la empresa GECCO TRIDIMENSIONALS, taller especializado en la
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esculpidos o moldeados.
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Fotos/Video por Antonio Velasco:
"El Bosc de les Fades":
Mencionamos este trabajo en la trayectoria de Gabriel Ruiz por las razones expuestas más arriba: uno de sus primeros trabajos de escenografía naturalista en materiales sintéticos que coincidió con una de mis primeras experiencias profesionales en este campo, aunque fuese mucho menos específico en mi caso, más volcado en aquella ocasión en el color y la pintura aplicada a las volumetrías de Ruiz y su equipo, para adaptarlas a la estudiadamente limitada iluminación del recinto. Aunque el rincón de la fotografía de al lado sí que se corresponde a mi libre ejecución de los bocetos del director artístico de la obra, Víctor Alarcón, e incluso llegué a modelar alguna pieza tridimensional, lo cierto es que mi labor consistió mayormente en realzar la creíble apariencia naturalista de los fantasmagóricos árboles creados por Gabriel en fibra de vidrio y resina de poliéster. Por lo demás, no se trata precisamente de lo más significativo o ejemplar para referirnos a las habilidades técnicas y artísticas de Ruiz, pero lo cierto es que es uno de los espacios más visitados de Barcelona y sin embargo menos conocidas por sus residentes habituales, que tampoco suelen saber nada respecto a la autoría de este tipo de trabajos artísticos.
En ciertas zonas del recinto, como podéis observar en la foto inferior, la iluminación del flash de la cámara revela la sobreactuada iluminación pictórica de las superficies, pensada para la penumbra que habitualmente la invade.
Zoo de Barcelona:
La primera gran incursión de Gabriel Ruiz en el recinto del zoo barcelonés se da con la decoración de su renovada galería de primates, que años más tarde desembocó en la remodelación del espacio dedicado a "Copito de Nieve", el gorila blanco de fama mundial y principal reclamo comercial del zoo. Esta coincidió, en plena efervescencia olímpica e inversora de la ciudad, con un ambicioso proyecto de remodelación de las instalaciones que incluía la creación de espacios temáticos destinados a simular una experiencia de inmersión paisajística inspirada en zoos y parques temáticos de todo el mundo. Uno de ellos, y posiblemente el pionero en este tipo de instalaciones en España, fue el dedicado a Madagascar, encargado en sus aspectos técnicos al Museo de Cera de Barcelona para el que yo trabajaba y con el que, para la ocasión, volvió a cooperar el equipo técnico de Gabi Ruiz, así que de nuevo me vi dándole un acabado a las reproducciones pétreas y arbóreas de Ruiz, que finalmente ofrecián el aspecto que se puede apreciar en las imágenes siguientes.
Aunque los participantes en el proyecto no acabábamos de vernos completamente satisfechos con el resultado debido a múltiples limitaciones técnicas, lo cierto es que ya apuntaba hacia el tipo de escenografías que hoy en día es normal ver en este tipo de instalaciones, y tal vez la coincidencia de múltiples criterios en un espacio a cargo de muy diversos equipos de trabajo externos, específicos del museo de cera o específicos del zoo fue lo que hizo que no acabase de satisfacer completamente a los artistas implicados, cosa que cambió a partir de una concienzuda y paulatina remodelación de los espacios expositivos del zoo bajo techo. Así fue como mi compañero Geno Rey y yo nos desvinculamos del Museo de Cera para centrarnos en este tipo de instalaciones específicas, concebidas bajo criterios de conservación zoológica para facilitar su mantenimiento y su específico uso diario. El Terrario del zoo fue el espacio idóneo para comenzar los primeros ensayos de zoo para comprobar su viabilidad, y allí coincidimos en múltiples ocasiones Ruiz y yo en cordial y amistosa competencia profesional que en su caso era mucho más concienzuda y solvente, como demostrarían las precisas superficies minerales transferidas desde moldes de silicona a realistas réplicas en poliéster en la instalación fotografiada bajo estas líneas, situada en el aviario del zoo barcelonés, bajo mi punto de vista una de las áreas más beneficiadas por la intervención de Ruiz.
El traslado de "El Misterioso Mundo del Veneno" de Sandro Alviani ("Atrox") desde el Terrario al "Aquarama" del Zoo de Barcelona no sólo sirvió para procurarme más trabajo, sino también para Ruiz, pero sobre todo supuso una remodelación/reconversión de antiguos acuarios en un derrotista traspaso de protagonismo al entonces recientemente inaugurado "Aquarium de Barcelona".
En este nuevo gran espacio divulgativo, el naturalismo y el hiperrealismo se daban ya por hechos indiscutibles y de nuevo las habilidades de Gabriel Ruiz dejaron huella en la divulgación naturalista de la ciudad, y sus reproducciones de rocas y árboles sirvieron para escenificar los bosques tropicales que periódicamente se inundan y son habitados por toda clase de peces y anfibios.
Estas escenografías no sólo son más o menos hermosas, creíbles o evocadoras, sino que han de ajustarse a exigencias técnicas complejas, como su impermeabilidad, estanqueidad y fácil acceso para su mantenimiento por parte de los cuidadores zoológicos, algo que Ruiz ha demostrado conocer sobradamente no sólo por sus intervenciones en el zoo, sino, sobre todo, por la espectacular recreación de este tipo de hábitat en el Museo de la Ciencia/Cosmocaixa denominada "Bosque inundado" y que sirve para introducir esta entrada.
Aunque la escala y el nivel de acabado no sea tan espectacular en el Aquarium como en el Cosmocaixa, la optimización del espacio exhibible es notable, y he de decir que en aquella ocasión, y de forma puntual, tuve ocasión de colaborar con Ruiz como un miembro más de su equipo, no sólo para documentar mi trabajo de investigación académica (a lo que Gabi se mostró amablemente cooperador) sino, como pueden imaginar, por pura supervivencia. El árbol semisumergido que encabeza este párrafo es mi humilde contribución a uno de los acuaterrerios del espacio citado en el Aquarium, cuyo exterior también incluía cierto nivel de camuflaje naturalista, tal y como vemos en la imagen contigua, correspondiente al acabado que se dio a la parte superior de la galería de acuaterrarios, y donde vemos una reproducción de un ave tropical, lo que nos recuerda otra de las habilidades específicas de Ruiz: las reproducciones de animales bajo criterios de exactitud científica, algo que se pone especialmente de manifiesto en dioramas con ejemplares no vivos y como alternativa a la presencia de animales disecados, superando a manudo las limitaciones de la taxidermia, tal y como podemos ver en algunas de las imágenes siguientes:
"Bosc Inundat" (Cosmocaixa Barcelona -exMuseu de la Ciència-):
La reiterada colaboración con entidades museísticas ha procurado en Gabriel Ruiz una poco frecuente especialización profesional que se adapta a las exigencias científicas de las entidades pero que a menudo también propone nuevas soluciones en base a la experiencia acumulada. A veces, las piezas solicitadas no tienen tan sólo un valor expositivo, sino eminentemente didáctico o estrictamente científico para evitar el deterioro consiguiente de la manipulación directa de piezas originales para su estudio, como es caso frecuente en el ámbito de la paleontología.
Así, gracias a distintos acabados materiales, puede imitarse el aspecto real de un hueso incluso a partir de un original fosilizado, u ofrecer acabados con colores o transparencias alternativas con fines educativos o ilustrativos de ámbitos de estudio específicos, como dan cuenta algunas de las piezas reproducidas en las fotografías adjuntas a estas líneas, que hemos seleccionado de su página web, cuya lenta y escasa actualización da fé del mucho tiempo y recursos que Ruiz dedica a sus trabajos más que a su publicitación, que depende más bien de otros medios de comunicación propios del periodismo profesional, más dado a hablar de la espectacularidad de sus piezas o del calado de la exposición a la que pertenecen que de su autoría, y es que el artista especializado, el artista mercenario, pese a su innegable solvencia profesional y su innegable oficio, en raras ocasiones trasciende el anonimato o el reconocimiento artístico, en la medida que supuestamente se limita a cumplir con las exigencias de un encargo y éstos, bajo mi humilde punto de vista, son los auténticos y genuinos artistas.
Un caso curioso: un comedero para buitres con apariencia de cadáver de jabalí para evocar el realismo de una situación en la que los mismos buitres son figurantes, y por tanto reproducciones simuladas de buitres salvajes en libertad.
Y, tras repasar la precisa reproducción de detalles cromáticos y de textura de diferentes especies de ranas para el zoo de Barcelona, me quedo, como colofón de despedida de este repaso por la interesante actividad profesional y artística de Gabriel Ruiz, con este detalle de la reproducción de una corteza de árbol, apenas distinguible de una auténtica, especialmente cuando nos amparamos en el contexto de una imagen fotográfica. Esto viene a confirmar algo que repetimos desde hace mucho tiempo: el paradigma fotorrealista es la base de cualquier objeto considerado hiperrealista. Si se confunde con un ejemplar auténtico en una fotografía es que su hiperrealismo es indudable, a no ser que ciertos aspectos de la foto delaten alguna señal de descontextualización natural, como la que saca fuera del agua al ejemplar de tiburón tigre de la escultura que vemos en la foto bajo estas líneas, pero que nos hace olvidar que se apoya sobre una formación rocosa igualmente falsa pero en ventajosa posición para ser percibida como auténtica y que, en todo caso, nos hace desear el seguir teniendo oportunidades para contemplar los hermosos alardes técnicos del equipo especializado de Gabriel Ruiz.