Gracias a un artículo de Cultura Inquieta (que reproducimos al final de nuestro propio post) tenemos noticia del trabajo de Akie Nakata, una observadora del relieve de las piedras y cantos rodados que recoge para pintar. De los relieves de mineral Nakata extrae sombras sugerentes que le ayudan a descubrir posibles animales escondidos a los que sólo ha de evidenciar iluminándolos con sus pinturas y trazos. Metafóricamente, sin reflexionamos un poco, su trabajo es sin duda contundente, dado que las piedras representan la materia base de la madre tierra y los animales representados son algo así como los representantes de la vida que, contra todo pronóstico, surge de ella, aunque desde luego poco intuimos de tamaña reflexión existencial, y resulta bastante evidente el simple reto lúdico de encontrar inspiración en las formas pétreas que sirven de soporte a sus piezas. Nakata se mueve entre la escultura, el bajorrelieve y la pintura, desafiando al arte bidimensional a rendirse a la tercera dimensión, pero lo hace como un entretenimiento ornamental y poco pretencioso que no hace sino resaltar la simbología potencial de sus obras que pondría en tela de juicio los límites entre lo vivo y lo inerte, y el desolador futuro ecológico tras las extinciones forzadas por nuestro agresivo antropoceno.
Alguien pensará que lo que ocurre es que no hemos encontrado nada mejor, o que otras entradas potenciales entre nuestros borradores exigen comentarios más profundos y estructurados que nos obligan a posponer su publicación hasta que las consideremos lo suficientemente pulidas para ello. ¡Cómo nos conoce! Acierta plenamente. Así que paciencia, disfrutad y reflexionad con Nakata, quien confirma algo que nos han dicho muchas veces, y es que vemos animales hasta en las piedras.
Para la autodenominada "artista de la piedra" Akie Nakata,
las rocas son más de lo que parecen. Dejando de lado el uso de lienzos
convencionales y optando por un enfoque más orgánico, Nakata pinta representaciones de animales realistas y minuciosamente detalladas en la superficie de cantos rodados.
Desde crías de búho hasta nutrias, Nakata se sumerge en una amplia gama de representaciones animales.
Aunque
su selección de materiales puede parecer arbitraria, en realidad son
profundamente significativas. En lo que el artista describe como
encuentros aparentemente serendípicos, Nakata descubre y recoge
personalmente las piedras que decora.
Mientras
mantiene los ojos abiertos en busca de posibles hallazgos, no tiene un
tema específico en mente. En cambio, encuentra la inspiración en los
contornos naturales de cada roca (que ella nunca altera o ajusta de
ninguna manera) y luego decide qué criatura crear.
Para
Nakata, la forma de cada piedra, desde el gujarro más pequeño hasta el
peñasco más grande, es parte de su historia y por lo tanto, desempeña un
papel crucial en su práctica.
Tal y como expresábamos en entradas precedentes dedicadas a los trabajos escultóricos, principalmente en madera, de Álvaro de la Vega y Víctor Lorenzo, las esculturas de Nico Nubiola ponen en evidencia la condición humana, de peculiar animalidad apenas disfrazada por sus propias imposturas sociales y sexuales, y son especialmente sugerentes cuando abordan temas animales, a los que desde aquí queremos dar mayor relevancia.
Las esculturas de Nico Nubiola parecen la materialización en tres dimensiones de bocetos dibujados visualizados con perspectivas muy concretas en su cabeza, por lo que es natural su preferencia por el bajorrelieve.
La aparente tosquedad de sus formas, de sus trazos, responde en realidad a un minucioso estudio compositivo y a una elaborada talla de la madera, de acabados suaves y policromados mediante la aliteración de líneas y tramas trazadas con lápices de color y otros materiales que vinculan las obras al dibujo y la pintura bidimensionales.
Las distorsiones de la perspectiva adquieren a menudo una crítica reducción al absurdo al ser perfectamente naturales en la escultura exenta y necesariamente instrumentales en el bajorrelieve.
Las figuras humanas, como en el caso de las piezas de Álvaro de la Vega se presentan desnudas, o en ropa interior que remite a lo íntimo desubicado, fuera de contexto en cuanto el artificio de las convenciones sociales así lo determinan, y Nubiola consigue fácilmente recordarnos que somos animales de costumbres, pero de costumbres sociales y por tanto impuestas, acusando nuestra incomodidad dentro de nuestro ropaje humano tanto como desprovistos de él.
No obstante, sería relativamente fácil resumir ciertas características estéticas o técnicas de la obra más personal de Nico Nubiola y nos perderíamos gran parte de lo más interesante de su producción vinculada a montajes escénicos, espectáculos y atrezzo de montajes artísticos.
Es este aspecto mercenario del trabajo de Nubiola el que más nos atrae, puesto que a menudo se basa en la aplicación de movimiento, articulaciones mecánicas y arte titiritero a escalas alternativas.
La Fura dels Baus, Marcelí Antúnez, Trigo Limpo, o Teatre Acert se han beneficiado del impacto visual de sus trabajos o cuando de menos de sus pinceladas ambientales, como el perro de aires art decó que complementaba la escenografía de Lluc Catells para la adaptación de Xavier Albertí de "Vida Privada" de Josep Maria de Segarra.
En este caso, los típicos acabados en madera policromada son sustituídos por la imitación mediante material sintético de la brillante superficie de las porcelanas ornamentales.
El perro, en este caso un galgo, expresa una cierta sumisión del animal doméstico por excelencia a la vida acomodada, utilitarista y ostentosa, de las clases altas, que a través de las artes decorativas han querido dejar constancia de su control sobre los recursos naturales y sobre los animales exhibibles como demostración material de su poder económico.
Al igual que su peculiar caballo en caída invertida, que nos recuerda vagamente a los elefantes de Daniel Firman, esta escultura es una peculiar excepción en el típico acabado marca de la casa, como hemos dicho identificable en sus tramas multicolores que nos recuerdan el origen orgánico y sanguíneo del color de la piel humana. Sin embargo, antes que pensar sencillamente en escultura policromada, insisto en preferir la designación de dibujos o ilustraciones volumetrizados, dado que las evocaciones de la estética del cómic underground de los años 80 está latente en muchas de las piezas.
La casualidad ha propiciado que algunas de estas piezas representen animales con una significación dramática bien distinta, desde la relación ornamental y cosificada con la fauna remarcada por la escultura mencionada del perro, hasta el simbolismo bélico y heróico del caballo realizado para el Tirant Lo Blanc de Joanot Martorell adaptado por Calixto Bieito. Era cuestión de tiempo que su experiencia como colaborador en la construcción de títeres y marionetas de gran escala desembocasen en un proyecto a medida y correspondiente a una de nuestras obras literarias de calado antrozoológico predilectas: El Viaje del Elefante, de José Saramago, convertido en espectacular pasacalles por Trigo Limpo.
Muy en la línea de trabajos expuestos anteriormente , en especial el de Julie Alice Chappell, y enlazando con nuestra anterior entrada (así como nuestro propio proyecto "Animal Invisible") nos encontramos con la interesante propuesta de Peter McFarlane, quien aprovecha deshechos industriales, concretamente electrónicos (circuitos integrados) para soldarles piezas que visualmente emulan el visionado de restos fósiles en sedimentos minerales.
Aunque visual y plásticamente la ocurrencia pueda parecer obvia o poco más que resultona, lo cierto es que a mi entender constituye una rotunda reflexión sobre la permanencia de la información en la red, cada vez más invasivamente abundante pero necesitada de soportes físicos que la almacenen, lo cual, como todo proceso industrial, plantea un problema ecológico además de logístico.
Joan Fontcuberta
Sin duda, las piezas de Chappell nos pueden parecer técnicamente más precisas trabajando a partir de un similar reciclaje de elementos electrónicos de deshecho, pero la reflexión que puedan suscitar está ya implícita, de forma mucho más inmediata, en los "fósiles" de McFarlane, sin lugar a dudas, cuyo "mensaje" coincide con el planteamiento de Joan Fontcuberta cuando emulaba las falsificaciones de restos de criaturas míticas de otros tiempos con su "Hydropithecus".
La información sobre los trabajos del canadiense nos llegan a través de Koprolitos, una de nuestras fuentes favoritas, de donde copiamos el extracto que os ofrecemos con sus correspondientes enlaces.
El artista canadiense Peter McFarlane
suele trabajar con circuitos electrónicos estropeados, convirtiendo
trastos que acabarían en la basura en unas originales esculturas que
recuerdan a fósiles de vertebrados. De esta forma utiliza cables y
láminas de metal que va soldando para dar forma a lagartos, serpientes o
peces del pasado que quedan incrustados en estas placas de color verde.
Aquí dejamos una muestra de lo que McFarlane es capaz de hacer: