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lunes, 4 de noviembre de 2019

Sobre los cuadernos de campo y sus diálogos mostrados por Bibiana Martín: Una interesante aportación a la antrozoología audiovisual y las interacciones arte-ciencia

Cuaderno de campo de 1909. Notas del paleontólogo Charles D. Walcott sobre los fósiles de las Lutitas de Burgess.

El cuaderno de campo es el soporte básico, la herramienta de trabajo fundamental de la mayoría de científicos e investigadores naturalistas, hasta el punto que sus convenciones, el aspecto que ofrece desde fuera visto por un entendido, o un científico ajeno a la investigación concreta del autor del cuaderno, son reconocibles o reinterpretables, o yendo más lejos, son incluso caricaturizables o impostables, como bien nos demuestran Pere Formiguera y Joan Fontcuberta en Fauna Secreta, construyendo una historia alrededor de los supuestos cuadernos de Campo del profesor Ameisenhaufen:

                                      


De hecho, el cuaderno de campo como prueba de la existencia de algo real funciona como pretexto realista para sustentar muchas obras de ficción. Algunas tan célebres como las crónicas de Spiderwick, una serie de libros para niños realizada a principios del presente siglo por Tony DiTerlizzi y Holly Black complementada por la publicación de libros ilustrados a modo de los "auténticos" cuadernos de campo del investigador de ficción.

El uso del cuaderno de campo en la ficción es un recurso de verosimilitud, y ha sido explotado hasta la saciedad, y, posiblemente, el ejemplo más ilustre que se nos ocurre destacar es el de la fauna especulativa, la evolución de un futurible posterior a la desaparición de la especie humana, a cargo del biólogo Dougal Dixon, que acabó por tomar forma como documental audiovisual hace años.

Es curioso que normalmente sean poco conocidos los cuadernos originales de los naturalistas más célebres, y, en todo caso, sólo han servido como base o apunte para las posteriores ediciones ilustradas de sus trabajos, llevadas a cabo por artistas especializados. Aunque en muchas ocasiones la maestría técnica de los naturalistas daba a sus trabajos de campo una cierta categoría artística, como ocurre con algunos de los apuntes de primates del profesor Sabater Pi, sin duda hábil dibujante pero posiblemente sobrevalorado como tal. Sólo en ciertos casos puntuales se encuentran momentos decisivos o trascendentales en el cuaderno de campo, aunque tal apunte provenga de la inspiración de otro pensador.

Se ha dado más trascendencia e importancia al primer esbozo del árbol de la vida de Charles Darwin (al lado, derecha) pese a ser vicario de la generosidad intelectual de Alfred Russell Wallace, y, en cualquier caso, la celebridad de las teorías evolucionistas de Darwin y Wallace se deben a las ediciones ilustradas de otros naturalistas internacionales que aportaban sus dotes de ilustrador fuera del ámbito de la inmediatez del cuaderno de campo.

Ya hemos referido esta trascendencia en ejemplos como el de Alfred Brehm, pero sin duda el más memorable sea el caso de Ernst Haeckel, quien reordenaba magistralmente sus apuntes en ilustraciones que en sí mismas entrañaban el concepto de orden natural, donde todo está dispuesto con un sentido armónico evocado por la propia disposición y simetría de los elementos en la página, a imagen y semejanza de los anaqueles de los gabinetes de historia natural, el campo de trabajo de donde surgen estos sucedáneos de los auténticos cuadernos de campo.

En el cuaderno de campo caben tanto los apuntes del natural como las anotaciones abstractas, el desarrollo de ideas en forma de esquema dibujado que posteriormente intentará mejorar y optimizar el resultado de la propuesta inicial o profundizar en ella gráficamente para que sea más comprensible o simplemente más memorable, atractiva o hermosa en cuanto que imagen gráfica.

El apunte del cuaderno de campo de Darwin apunta tan sólo a una idea. No observa nada directamente del entorno, aunque sea en la naturaleza en donde se revele. Por eso no reproduce ningún árbol concreto, y apenas representa el esquema de ramificación de algo semejante a un árbol. Posteriormente, para la edición ilustrada de su obra, se realiza una curiosa metáfora visual, dado que se representa un árbol simbólico con el que visualizar las ramificaciones de la evolución, pero adopta un acabado más minucioso, que recuerda al de la observación directa y el apunte detallado y minucioso propio de los naturalistas atentos al detalle.

Con todo y eso, es significativo observar el primer esbozo del cuaderno de Darwin , su versión en la ilustración de la edición de su obra (arriba, izquierda), y las revisiones posteriores por parte de Haeckel (al lado derecha), por seguir con el mismo ejemplo.

E. Haeckel
En Haeckel observamos un desarrollo intelectual basado en la reordenación de la observación natural. El cuaderno de campo puede ser casual y a menudo un tanto caótico, pero su razón de ser es la de recopilar datos visuales y apuntes para su ordenación intelectual, por lo que su culminación se da cuando dicho cuaderno se desarrolla en un campo ya pasado por el cedazo de la clasificación científica, de la redisposición intelectual. La estética de las célebres láminas zoológicas de Ernst Haeckel no es casual o caprichosa, sino concienzudamente ansiosa de una ordenación rigurosa y bella, puesto que plasmar la belleza de las características físicas de los ejemplares expuestos es equivalente a otorgar una cierta belleza a la relación armónica entre las diferentes especies expuestas, como si efectivamente formaran un cuadro o una composición precisa y reflexionada, donde no quede lugar a dudas acerca de la belleza de la creación natural frente a la belleza implícita en la creación divina, de modo que ambas se influyan mutuamente para contentar por igual a sus posibles seguidores o detractores.

Frente a las elaboradas ilsutraciones de ilustradores especializados, los cuadernos de campo muestran no sólo una cierta inmediatez o un recordatorio de la presencia física del autor en un biotopo determinado ante unos ejemplares y accidentes naturales determinados, sino también un poso de la presencia y la subjetividad del propio autor, y por tanto se convierten también en testimonios de su intimidad. De dicha ambivalencia nace el uso oportunista como recurso narrativo del cuaderno de campo, real o ficticio, tal y como hemos comentado al respecto de algunos bien conocidos como los mencionados más arriba.

También son célebres éxitos editoriales otros ejemplos como el de Dragonology, una recopilación en forma de cuadernos de campo de un supuesto zoológo compilando las especies de dragones del mundo.

Todo ello podría hacernos pensar en el cuaderno de campo como algo ya en desuso o no estrictamente fiable como documento o testimonio estrictamente científico, pero lo cierto es que sigue siendo un soporte natural y habitual en el desarrollo del trabajo de cualquier científico, o de cualquier artista que haga observaciones directas de su entorno, pero no debemos olvidadr que una cosa es un libro de apuntes, otra un libro de artista y otra bien definida un cuaderno de campo naturalista.

Pues bien: hemos descubierto una pequeña joya, "Diàlegs entre quaderns" ("Dialogos entre cuadernos") una reflexión audiovisual sobre diversos aspectos observables en los cuadernos de campo de varios investigadores contemporáneos, realizado por Bibiana Martín, que ofrece una perspectiva particular y sugerente sobre los documentos generados por la actividad compiladora de datos y anotaciones al respecto de los naturalistas seleccionados como ejemplo.

Su autora se limita a informarnos de que este documental ha sido grabado íntegramente con un móvil (iphone8). La intencionalidad del filme es mostrar la relación entre el arte y la ciencia a través de los cuadernos de campo, desde los que se espía la intimidad de unos y otros.

Consideramos este trabajo como una bella, sencilla y valiosa aportación a todos los que reflexionamos sobre el modo en que extraemos información del mundo natural y sobre el modo en que transmitimos dicha información:

                                            


                                        
                        




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lunes, 19 de febrero de 2018

Kate MccGwire en los límites del bioarte. Sugerentes formas serpentiformes emplumadas.


Kate MccGwire
Kate MccGwire
Kate MccGwire es  una escultora británica de renombre internacional cuya práctica explora la belleza inherente a la dualidad, empleando materiales naturales para explorar el juego de los opuestos a un nivel  estético, intelectual y visceral.

Al crecer en los Norfolk Broads, su conexión con la naturaleza y su fascinación por las aves se nutrió desde una edad temprana, y los trasuntos y materiales aviarios han constituido el tema recurrente en sus obras de arte. Desde que se graduó en el Royal College of Art en 2004, sus asombrosas esculturas se han exhibido en la Saatchi Gallery (Londres), el Museum of Art and Design (Nueva York), el Musée de la Chasse et de la Nature (París) y recientemente en Glasstress, un evento colateral oficial de la Bienal de Venecia.

'Recopilo, clasifico, reutilizo, añado capas, pelo, quemo, revelo, localizo, cuestiono, duplico, juego y fotografío'


(extracto de la web de la artista)


Pasamos de los restos orgánicos de animales como recurso expositivo al empleo de estos como pretexto artístico. Este tipo de prácticas se acercan al terreno del bioarte, en tanto en cuanto ha sido necesario un proceso biológico para llegar a ellos, y dicho proceso está argumentalmente implícito en el propio sentido de la obra, pero en una obra de genuino bioarte, la propia forma final de la obra habría de estar determinada por un proceso biológico, o cuando menos el material orgánico habría de estar vivo aunque intervenido. Al fin y al cabo, las principales obras de Louis Bec, uno de los padres del bioarte junto a Eduardo Kac, se amparan en soportes digitales y constituyen simulaciones virtuales de formas de vida en desarrollo, un desarrollo virtual, pero esencialmente autónomo y en cierto modo auténticamente vivo. Discutir sobre su auténtica condición orgánica, viva, no hace sino constatar que consiguen el propósito de hacer cuestionarse al espectador acerca de la vida y su propia condición como ser biológico, y sin duda este es el propósito final de cualquier manifestación de lo que se pudiese considerar bioarte.

Darryl Cox
En nuestra anterior entrada volvíamos sobre ciertos autores de diferentes disciplinas, entre ellos muchos fotógrafos, que focalizan sus reflexiones sobre la vida a través de sus vestigios, centrando sus miradas en formas animales muertas.

Algunos de dichos referentes flirtean con cuestiones cercanas a los ámbitos del bioarte, pero lejos de una concreción de un discurso amparado en interrogantes científicas, denotan una preocupación más espiritual, abstracta si se prefiere, que los inserta más bien en lo que hemos venido denominando necroantrozoología artística y que sería tánatoarte en contraposición al bioarte.

No obstante es posible encontrar casos fronterizos en los que el despojo animal se convierte en material no exento de significado implícito. Al fin y al cabo, una talla en madera no evoca nada en relación al desarrollo biológico del árbol del que se ha extraído el material base, a no ser en el caso que ya hemos comentado anteriormente de las obras de Darryl Cox.

Guido Mocafico


Hoy dedicamos nuestra atención a la obra de Kate MccGwire precisamente por estar en un espacio intelectual similar, a medio camino entre sugerir texturas y materialidad orgánicas reconocibles a través de la observación zoológica, pero también modelando formas sugerentes que atañen al esquema básico de una tracto digestivo protegido por una armadura motriz, como en los gusanos o en esa atávica imagen de la serpiente. Las esculturas forradas de plumas naturales de MaccGwire nos recuerdan a ovillos de serpientes o al menos a seres vivos serpentiformes, estableciendo además un cierto nexo entre las serpientes y los demás reptiles que antaño evolucionaron hasta los dinosaurios que darían paso a las aves. Sin embargo, sería demasiado escueto limitarnos a establecer esta categorización en base a que sus esculturas nos recuerdan a serpientes que se mueven en un sentido concreto determinado por la disposición estudiada de sus escamas convertidas en plumas. Lo que más nos constata que la artista reflexiona sobre nuestros conocimientos biológicos y sobre el poso cultural del discurso científico es su concienzuda elección de los soportes y contenedores para sus obras, a menudo preservadas por expositores transparentes semejantes a peceras, matraces y campanas transparentes que nos remiten a los recursos expositivos propios de museos de la ciencia y museos de historia natural. La asociación entre la preservación de los especímenes biológicos y la preservación de las obras de arte en espacios específicos para su observación es el argumento que más justifica la presencia de Kate MccGwire entre nuestras selecciones.

Guido Mocafico:
Fotografía de uno de los modelos zoológicos
en vidrio de Leopold y Rudolph Blaschka
Si en nuestra anterior entrada observábamos cómo la plastinación convierte los restos animales en esculturas, podríamos decir que las obras de MaccGwire sugieren un proceso inverso, de forma casi más evidente que estableciendo dicha comparación con esculturas para la didáctica zoológica o veterinaraia. En esta misma entrada sobre los animales plastinados podíamos observar la fotografía de un pulpo tratado mediante dicho proceso, lo que posibilita visualizar al animal de forma más aproximada a su movimiento en estado natural que si esos mismos restos orgánicos se hallasen sumergidos en un frasco con glicerina o formol, porque su condición blanda e invertebrada convierte a los cefalópodos en algo difícil de mostrar.

Recordemos la solución técnica a la condición traslúcida de este tipo de animales, así como de las medusas y otros invertebrados marinos, al reproducirlos en vidrio mediante sofisticadas técnicas policromadas a cargo de los célebres Blaschka, padre e hijo, y a cuyas célebres piezas dedicamos un artículo. lo que fotografió para un catálogo el fotógrafo Guido Mocafico, y vale la pena comparar el pulpo plastinado con la pieza del pulpo en vidrio de los Blaschka fotografiada por Mocafico, pero si en su momento dedicamos un espacio propio al fotógrafo fue por sus propias composiciones fotográficas de animales (a destacar arañas y medusas) y muy especialmente de sus series de estudio con serpientes, por su forma de aliterarlas en cajas rectangulares coincidentes formalmente con el rectángulo del propio formato fotográfico.
Ernst Haeckel

Precisamente eran las piezas zoológicas de estos famosos vidrieros (famosos inicialmente por sus excelentes reproducciones botánicas y florales en vidrio)

El pulpo de los Blaschka fotografiado por Mocafico exhibe una simetría heredera de las ilustraciones de Ernst Haeckel que inspiran la pieza.


De este modo, Mocafico nos recuerda que la fotografía es una forma de preservación de especímenes semejante a un matraz cuadrangular, y que está tan cargada de información visual sobre aspectos anatómicos de los especímenes como de estímulos estéticos y estrictamente artísticos y compositivos, como en cualquier pintura sea abstracta o figurativa. Hemos de pensar en el hecho de que el material más valioso de los especímenes compilados en cualquier menagerie es actualmente la información genética, seriamente mermada o anulada por los procesos de conservación, con lo que estos objetos sólo aportan información visual, al igual que las fotos, pero constituyen un material que se acomoda más a una galería de curiosidades que a un archivo científicamente significativo.

Tal vez parezca forzada la asociación entre las fotos de serpientes de Mocafico y las esculturas de MccGwire, pero lo cierto es que ambos trabajos aluden a la expresividad de las formas orgánicas y a la importancia de la textura iridiscente de escamas y plumas para dotar a los objetos expuestos de belleza cromática además de significado estructural y orgánico, que sugieren vida y movimiento en contraste con los rígidos formatos cuadrangulares de las vitrinas expositivas, que aluden a un discurso científico organizado pero que se limita a extraer fragmentos sujetos a coordenadas ortogonales, racionales, que aportan otro tipo de verosimilitud a las piezas. Es significativa, además, la preocupación la escultora por fotografiar de forma concreta y precisa sus piezas, tomando clara conciencia de lo que exponíamos al inicio de este escrito, que la fotografía constituye una forma particular de preservación y, a la postre, el soporte natural en que la mayor parte del público visionará su obra en las redes y en medios impresos, evocando al máximo la detallada observación que los que las contemplen en directo tendrán en las salas que las expongan.

Mafa Alborés

Os ofrezco ahora un recordatorio de las serpientes fotografiadas por Mocafico y a continuación una selección de las obras de MccGwire, entre las que descubriréis algunas que apuntan a texturas botánicas, además de las consagradas a superficies con plumas.



referentes: (Guido Mocafico)

Guido Mocafico

Guido Mocafico


En un artículo de COLOSSAL, se comenta al respecto de la reciente exposición de la escultora británica:

Las esculturas de plumas de Kate MccGwire yuxtaponen el material hermoso y delicado con formas desconcertantes. Mientras que su trabajo anterior tendía a instalaciones extensas que rezumaban y se deslizaban hacia el espectador, las piezas más recientes de MccGwire se enrollan con fuerza y ​​se muestran dentro de los límites de marcos, armarios y campanas.
Aunque a primera vista los increíbles colores y patrones de las plumas parecen exóticos, la británica MccGwire obtiene todos sus materiales de plumas sueltas proporcionadas por granjeros, guardabosques y corredores de palomas. 
Originalmente se inspiró para comenzar a trabajar con plumas después de descubrir una colonia local de palomas que dejaba caer plumas cerca de su estudio de arte rural. Las plumas de urraca y pato silvestre brillan con un azul tornasolado iridiscente, y las plumas de faisán exhiben patrones detallados.
En una entrevista con Artnews, MccGwire describe su trabajo: 

"Pienso al respecto que es como un cordón umbilical. Quiero seducir por lo que hago, pero rebelarme en igual medida. Es realmente importante para mí obtener ese rechazo de las cosas que crees saber con certeza ".

MccGwire está representada por La Galerie Particuliere y Mark Sanders Art Consultancy y exhibe ampliamente; ella actualmente tiene obras en tres shows. El artista también comparte actualizaciones en Facebook e Instagram.















Kate MccGwire‘s roiling feather sculptures juxtapose the beautiful, delicate material with discomfiting shapes. Whereas her earlier work tended toward sprawling installations that oozed and slid toward the viewer, MccGwire’s more recent pieces are tightly wound and displayed within the confines of frames, cabinets, and bell jars.
Although at first glance the feathers’ incredible colors and patterns seem exotic, the British MccGwire sources all of her materials from dropped feathers provided by farmers, gamekeepers, and pigeon racers. She was originally inspired to begin working with feathers after discovering a local pigeon colony that dropped feathers near her rural art studio. Magpie and mallard feathers gleam an iridescent inky blue, and pheasant feathers sport detailed patterns.
In an interview with Artnews, MccGwire describes her work: “I’m thinking of it as being like an umbilical cord. I want to seduce by what I do—but revolt in equal measure. It’s really important to me that you’ve got that rejection of things you think you know for sure.”
MccGwire is represented by La Galerie Particuliere and Mark Sanders Art Consultancy and exhibits widely; she currently has works in three shows. The artist also shares updates on Facebook and Instagram.

http://www.thisiscolossal.com/2018/01/seething-sculptures-kate-mccgwire/

http://katemccgwire.com/

Guido Mocafico

Darryl Cox

martes, 23 de abril de 2013

Formas artísticas de la naturaleza. De Ernst Haeckel a Karl Blossfeldt.

 

 

En este blog, en su página específica sobre bibliografía naturalista comentada podéis contemplar ejemplos más o menos ilustres de libros naturalistas ilustrados, especialmente de los siglos XVIII y XIX. 

Los trabajos de carácter más academicista, tanto desde la perspectiva de sus contenidos científicos como desde el de sus ilustraciones gráficas, constituyen la edad de oro de la divulgación zoológica en papel, y, del mismo modo que el aguafuerte supuso un avance considerable respecto a la calidad de detalle de las xilografías de los primeros bestiarios ilustrados, la litografía, en el XIX, constituía la técnica reprográfica de más calidad y más parecida a un original a lápiz y acuarela. Invito a cualquiera que tenga la oportunidad de contemplar ediciones originales a comprobar la extraordinaria calidad de detalle y color de la mayoría de las hermosas obras que ilustran los trabajos de los naturalistas más eminentes, desde Buffon o Cuvier hasta Wallace o Brehm. Los libros constituían un viaje virtual a los lugares lejanos poblados de criaturas exóticas y que, además, suponían el testimonio visual de las conquistas territoriales de trasfondo económico y político de las grandes potencias comerciales de la era preindustrial.

Los elementos y formas de la naturaleza siempre han sido objeto de observación e inspiración para los artistas tanto en el ámbito de los talleres basados en el oficio y la maestría como en el de las escuelas de carácter académico de la Ilustración.

La anatomía comparada no habría nacido como disciplina científica si el gran Cuvier no la hubiese concebido a través de su propio aprendizaje académico como dibujante, por mencionar un ejemplo lo suficientemente indiscutible.

El aura científica que rodeaba a muchos artistas, que encontraban en la ilustración divulgativa (libros de viajes, enciclopedias de botánica, zoología y geología) un nuevo campo profesional donde desarrollar y divulgar su trabajo, propició que muchos de ellos, como ya hemos comentado al respecto de Abott Thayer, por ejemplo, ampliasen la perspectiva de sus conocimientos y aportaciones al saber general.

Recordemos el caso de Karl Blossfeldt, escultor, cuya trayectoria vital le llevó a ganarse la vida como maestro de taller de forja en una escuela de artes y oficios alemana, para lo cual realizó un muestrario de ejemplos extraídos de la naturaleza con los que aleccionar a sus alumnos. Eran los primeros tiempos de la fotografía, cuyo carácter tecnológico suponía su desprecio como forma artística, pero cuyas virtudes instrumentales fascinaba a muchos artistas que recurrieron a ella como un anclaje con la tecnología industrial emergente, cargada de connotaciones científicas reivindicadas por artistas polidisciplinares de todos los tiempos. Blossfeldt no se sentía herrero o forjador, sino, ante todo, artista, escultor. Las formas vegetales le servían como didáctica inspiración, y la fotografía era sólo un novedoso instrumento con el que registrarlas para ofrecérselas a sus alumnos en forma de catálogo, de herbario fotográfico:

Karl Blossfeldt
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Karl Blossfeldt
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Karl Blossfeldt

Sin embargo, el trabajo fotográfico de Blossfeldt es el que le ha hecho pasar a la historia, reivindicado, además, como el padre de la fotografía objetiva, es decir, la fotografía genuínamente fotográfica, que no busca entrar en el olimpo de las artes a través de un pictoricismo denostado por pintores academicistas y por fotógrafos adalides de la modernidad. No deja de ser un tanto paradójico que Blossfeldt, casi con seguridad, no fuese de este parecer, puesto que, con sus trabajos fotográficos, técnicamente muy precisos y metódicos, no hacía sino intentar reproducir, e incluso mejorar, el carácter documental de una tradición de ilustradores científicos que, no cabe duda, también intentaban insuflar una "artisticidad", una cierta belleza compositiva, esteticista y a menudo premonitoriamente abstracta, geometrizante, a sus obras de archivo y divulgación.

Como ejemplo hemos escogido a Ernst Haeckel por la gran calidad de su trabajo, por la estilización de sus composiciones y, esencialmente, porque Javier Fuentes nos lo ha recordado en su copiosa entrada de "El Hurgador", donde os recomiendo que veáis más ejemplos gráficos que los que os muestro en este pequeño extracto a continuación:

 

 Ernst Haeckel ['Kunstformen der Natur', Litografías]

Ernst Haeckel, "Kunstformen der Natur"
(Formas artísticas de la naturaleza)
Imagen publicada en "Photographische Gesellschaft", 1906
Ernst Heinrich Philipp August Haeckel (* Potsdam, 16 de febrero 1834 - Jena, 9 de agosto de 1919) fue un biólogo y filósofo alemán que popularizó el trabajo de Charles Darwin en Alemania, creando nuevos términos como "phylum" y "ecología."
Lámina 80, Blastoidea
Haeckel estudió Medicina en las universidades de Berlín, Wurzburgo y Viena.
Más tarde se incorporó, en calidad de asistente de zoología de Carl Gegenbaur, a la Universidad de Jena, de la que sería catedrático (1865-1909). Desde 1862 Haeckel se convirtió en el promotor más destacado de la teoría de la evolución en Alemania.

Lámina 88, Discomedusae, Pilema

Lámina 30, Echinidea
Haeckel organizó varias expediciones zoológicas, fundó el Museo Filético de Jena y fue miembro de casi un centenar de instituciones científicas, como la Academia Leopoldina, la de Ciencias Bávara de Berlín, la Imperial de Ciencias de Viena, la de Turín, etc.

Lámina 70, Ophiodea

Lámina 21, Acanthometra
En el transcurso de su carrera, Haeckel produjo en torno a mil grabados en base a sus bocetos y acuarelas. Muchos de los mejores fueron incluidos en la obra Kunstformen der Natur, trasladados desde los dibujos a la imprenta por el litograbador Adolf Giltsch.
La obra consta de cien páginas representando varios tipos organismos, muchos de los cuales fueron descritos por primera vez por el propio Haeckel. Los dibujos fueron publicados por primera vez en conjuntos de diez entre 1899 y 1904 y en un volumen completo en 1904.

Lámina 66, Arachnida
Según el estudioso de Haeckel, Olaf Breidbach (el editor de las ediciones modernas de Kunstformen), el trabajo es "no sólo un libro de ilustraciones sino también la representación de su visión del mundo." Las páginas de Kunstformen son un ejemplo de simetría y organización. Los organismos representados han sido seleccionados para integrarse en una organización, desde la escala de patrones de los peces cofre a las espirales de los ammonites y a las simetrías perfectas de las medusas y microorganismos. Las imágenes que componen cada página están dispuestas de forma que se consiga el máximo impacto visual.

Lámina 85, Ascidiae
Se pueden recorrer las 100 láminas en Wikimedia Commons. Junto a cada imagen, información detallada acerca de las especies representadas. El resto de la información está tomada de las fichas de Ernst Haeckel y de la Obra en Wiki.
Lámina 57, Cirripedia