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domingo, 15 de octubre de 2017

Aditya Aryanto. Fotorrealismo cubista. Animales e imagen digital.


Aditya Aryanto

Aditya Aryanto
Tras un abrupto paréntesis postvacacional que se ha prolongado en demasía, nos proponemos solventar algunas omisiones de artistas que reclamaron nuestra atención antes del verano y que se habían quedado almacenados en nuestros borradores de entradas y que lo accidentado de este inicio de curso otoñal ha reclamado de nuestra atención.

Lo hacemos para seguir ofreciendo contenidos mientras preparamos artículos más elaborados desde un punto de vista crítico, pero creemos que Aditya Aryanto es un perfecto argumento para retomar el hilo de nuestras selecciones de artistas caracterizados por las preocupaciones antrozoológicas expuestas a través de sus obras.

En su caso, descubrimos a través de COLOSSAL sus grotescas manipulaciones digitales de imágenes animales reducidas a formas  básicas de paralelogramos, un guiño a la pixelización de las imágenes bitmap y de la estética Minecraft que evoca nuestro alejamiento del mundo natural y es una clara metáfora de nuestra cultura afectada por la tecnología, que distorsiona la imagen que percibimos de las demás especies animales. En el artículo original de Christopher Jobson, éste nos ponía brevemente en situación al respecto de estas imágenes y su autor:


Aditya Aryanto, diseñador y retocador con sede en Yakarta, se plantea la pregunta: ¿qué aspecto tendrían las criaturas digitales en miniatura de Minecraft si realmente caminaran por la Tierra? El resultado es una serie totalmente absurda de fotografías retocadas titulado Minecraft in Real Life. Aryanto enganchó varias imágenes libres de derechos de Pixabay y Unsplash y las cpnvirtió digitalmente con Photoshop en los conocidos seres cúbicos. Pueden ver más de la serie en Behance. (vía PetaPixel)


Sin embargo, creemos que se puede aportar más información sobre la obra de Aryanto, que se inspira en cuestiones medioambientales y que se traduce en diversas series de imágenes inspiradas por la estética de videojuegos y gráficos clásicos de ordenador. No sólo el mundo cubista de Minecraft inspira los trabajos de Aryanto, en muchos de los cuales es fundamental la presencia de animales de carácter simbólico en los que constatamos la presencia de recursos iconográficos que ya habíamos visto en otros artistas de diversa índole presentes en nuestras selecciones.

Aditya Aryanto


Entre sus evocadores fotomontajes digitales nos encontramos diferentes formas de asociar los animales al paisaje natural persistiendo en su inevitable interacción en la que la desaparición de uno implicaría la del otro.


Maico Akiba
Curiosamente, no siempre el referente más claro lo hace a través de la fotografía o la ilustración digital, sino a través de medios tridimensionales físicos, como en en el caso de las islas a lomos de animales de Maico Akiba.
Wang Ruilin











El antiquísimo icono de la cultura oriental lo encontrábamos casi caricaturizado por la coreana en su aplicación de material de maquetismo sobre reproducciones de animales de plástico del mundo de la juguetería presente en almacenes chinos y mercados a un euro. Se trata de una coincidencia temática que ya constatábamos también entre los reciclajes y procesados de Akiba y las esculturas en cerámica de Wang Ruilin.



Entre los trabajos de Adita Aryanto encontramos más de un ejemplo asociable asociable a Wang Ruilin:
 




Y en cuanto el paisaje pasa de ser transportado a lomos del animal para ser conformado como el interior esencial esencial de este, el artista pasa a decirnos que el paisaje es un todo que incluye a toda la vida que alberga, y que cada especie animal o vegetal no es parte de ese paisaje, sino que lo encarna. El animal es el paisaje. El biotopo implica la interacción de todos sus integrantes, pues todos ellos son el biotopo.

Aditya Aryanto

Andreas Lie


Esa misma idea la encontramos en otros autores que hemos expuesto pero que trabajaban en ámbitos tan diferentes como la fotografía digital, en el caso de Andreas Lie, o la escultura y el bioarte de Anna Garforth. El mediador digital a través del que estamos observando las obras de estos artistas es el digital, de apariencia esencialmente fotográfica, y la versión que experimentamos de todas ellas son JPEGs de pantalla que las iguala incluso en su forma presencial, por lo que los animales reducidos a la peculiar estética cubista de Minecraft adquieren una significación clara y contundente disfrazada de divertimento.


Anna Garforth

Anna Garforth


Obras de Adita Aryanto vinculables a Andreas Lie o a Anna Garforth:









Una vez vistas estas imágenes, nos cuesta menos buscar coherencia al mundo simbólico, por otro lado bastante obvio, de Adita Aryanto:





Pero aparte de evocaciones oníricas un tanto New Age, preferimos a Aryanto sumergiéndonos en las roturas de la lógica de la percepción y recordándonos que incluso esta supone una representación del mundo natural, no su reproducción fiel.








Serie Minecraft Animals:















https://www.instagram.com/ditpict/



Jakarta-based designer and retoucher Aditya Aryanto posed the question: what would the blocky digital creatures in Minecraft look like if they actually walked the Earth? The result is a totally absurd series of retouched photographs titled Minecraft in Real Life. Aryanto snagged several royalty-free images from Pixabay and Unsplash and Photoshopped them into the familiar cubic beings. You can see more from the series on Behance. (via PetaPixel)


http://www.thisiscolossal.com/2017/05/minecraft-in-real-life/


http://mafa-elanimalinvisible.blogspot.com.es/search?q=Anna+Garforth

sábado, 29 de octubre de 2016

Fronteras entre arte textil y bioarte. Bordados naturalistas de Emma Matson y alfombras de vegetación sobre alfombras Persas por Martin Roth

Emma Mattson
Que el arte imita a la naturaleza es algo de lo que no nos suele caber la menor duda, aunque sólo sea por el arraigo de un tópico recurrente, y de arraigos precisamente hablaremos hoy, aunque en un sentido bastante más literal.
En la medida que una obra artística hace referencia al esclarecimiento o reflexión sobre hechos biológicos podríamos asociarla a lo que se denomina bioarte desde que pioneros como Eduardo Kac, George Gessert o Louis Bec propiciaron su definición.
Sin embargo no es infrecuente un cierto abuso del término. Si una obra de arte está inspirada en productos de la divulgación de la biología puede ser que flirtee con el bioarte sin llegar a serlo, o si imita los recursos expositivos de los museos de Historia Natural. Lo cierto es que una pieza de bioarte tendría que estar viva, o estar realizada con materiales o soportes vivos y no sencillamente servirse de materiales de origen orgánico más o menos evidente (o cualquier tabla -madera extraída de un árbol antaño vivo- pintada al temple -pigmento cuyo medio de aplicación es el huevo, símbolo de la vida y símbolo del alma- pertenecería a su ámbito).
Aparte de las muestras de trabajos artísticos que recurren a la taxidermia, no deja de ser curioso observar obras artísticas cuyas piezas son directamente preparaciones de muestras zoológicas en las que los propios cuerpos de los animales, sus anatomías, constituyen una forma particular de bioarte (a ello nos referíamos al respecto de trabajos como los de Iori Tomita, entre otros).
Louis Bec
El bioarte es un término que abarca tanto reflexiones plásticas sobre las formas vivas como piezas artísticas que de un modo simulado (Félix Deac, Patricia Piccinnini) aparentan formas de vida, aunque de forma más exacta las obras de bioarte están vivas de manera virtual (Louis Bec y sus simulaciones digitales de organismos) o constituyen auténticos seres vivos intervenidos genéticamente con fines artísticos, y cuyo máximo representante es Edouard Kac.
Los ejemplos que traemos hoy a colación reflexionan sobre las formas vivas de la naturaleza en relación a los entornos artificiales creados por el hombre, asociándose, concretamente, a la arquitectura y el interiorismo o, más concretamente, a las artes textiles aplicadas al interiorismo: tapices y alfombras.
Para empezar podríamos establecer una asociación que cualquiera puede entender cuando nos referimos a la materia de la que están hechos los seres vivos como tejido vivo, o tejido orgánico, analogía que nos recuerda la disposición imbricada de los elementos que constituyen la materia viva. Las telas y tejidos de confección artificial, sea artesanal o industrial, han servido para vestirnos, abrigarnos y modificar la percepción de nuestra propia animalidad, así como para decorar y dar calidez o distinción social al interior de nuestras edificaciones. La fría dureza de suelos y paredes ha sido amortiguada por la presencia de alfombras y tapices de múltiples calidades y diseños a lo largo de la historia y en nuestras asociaciones léxicas nos hemos referido a ciertos elementos naturales como alfombras o tapices: rocas tapizadas de musgo, alfombras de hierba, cortezas vestidas de líquenes.
Alexandra Kehayoglou
Con estas premisas hemos explicado el sentido otorgado a la estética de ciertos trabajos como los de Alexandra Kehayoglou, y sus alfombras y tapices inspirados en las formas y combinaciones cromáticas de las diferentes especies vegetales que podemos encontrar cubriendo suelos y espacios naturales. Los trabajos textiles de Kehayoglou flirtean con el bioarte sin serlo, pero sin duda apuntan a una reflexión sobre nuestra relación con el mundo natural y tracienden, por tanto, al mero interiorismo, pudiendo asociarse a trabajos de artistas como Anna Garforth que a menudo constituyen auténticas piezas de genuino bioarte por la utilización de material orgánico vivo.
Alexandra Kehayoglou
Las alfombras de Kehayoglou están realizadas con técnicas textiles herederas de la tradición propia de la industria, pero constituyen un recordatorio de nuestro creciente alejamiento del mundo natural intentando compensar la nostalgia de su percepción visual directa. En este sentido van más allá del elemento meramente decorativo, o de un producto más de las artes aplicadas, en tanto que conceptualmente constituyen una peculiar manifestación del arte pictórico, del bajorrelieve o del diorama.

Emma Mattson
Recientemente hemos descubierto otros trabajos interesantes asociados a la confección textil inspirada en formas vegetales, como los tambores de bordado de Emma Mattson, quien, mediante la utilización de fieltro, hilo y la técnica del nudo francés aplica puntadas con configuraciones semejantes a musgo en aros de bordado como soporte de las plantas sin flores que imita. Además de simular el aspecto de la vegetación, a Mattson también le gusta añadir fragmentos de auténtico y falso musgo sobre el que trabaja para trazar una fina línea entre la imitación y la realidad.
Emma Mattson
Tal vez al contemplar sus obras alguien pueda pensar que se trata de un mero ejercicio técnico de una artesana del bordado, o de más o menos llamativas piezas decorativas o de coleccionismo, pero si buscamos entre su producción nos encontramos interesantes piezas de distinta índole que indagan en cómo percibimos las cosas a través de nuestros sentidos acostumbrados, prevenidos o, en ocasiones, aturdidos por las diferentes artes y técnicas de reproducción. 
La apariencia superficial de los objetos resulta a menudo engañosa a través de los distintos medios de difusión de imágenes, y el paradigma fotográfico impregna nuestros recuerdos visuales, sea por la presencia directa de los objetos referenciados o a través de gadgets electrónicos, reproducciones impresas, recreaciones tridimensionales, etcétera.
Emma Mattson
Son especialmente significativas sus piezas volumétricas, escultóricas, cubiertas de fragmentos fotográficos en forma de collage tridimensional que nos invitan a dotarnos de antenas que perfeccionen nuestra precisa percepción de las cosas y, por tanto, constituyen en esencia una reflexión sobre los límites entre naturaleza y artificio, entre nuestros órganos sensitivos y nuestras capacidades de percepción. 
La preponderancia que otorgamos a un mundo construído a base de reconstrucciones de carácter esencialmente visual, o audiovisual, cada vez más alejadas de sus referentes reales, sirve a Mattson para elaborar objetos que reclaman nuestra atención sobre este hecho, y que de alguna manera, mediante su propio artificio, nos recuerdan que el mundo natural tambié se huele, se saborea, se oye y se vive en una inmersión sensorial que nunca es ajena a nuestros límites corporales por más que nos empeñemos en ello.
Emma Mattson
Desde este punto de vista, sus creaciones textiles de formas vegetales, lejos de buscar un hueco en el mercado de los productos decorativos (algo que sin duda es esencial para el desarrollo de la actividad fabril de Alexandra Kehayoglou) conforman auténticas series artísticas emparentadas con la ilustración científica, la pintura paisajística, el arte ornamental, los dioramas en incluso la escultura, pero, además, no debemos olvidar en plena era digital que los orígenes de las imágenes rasterizadas y los sistemas informáticos se hallan en los telares, en la mecanización de la producción textil pioneros en el uso de códigos aplicados en tarjetas perforadas, tal y como reflexionábamos al comentar las obras de
Cayce Zavaglia.



Emma Mattson:












Martin Roth:


Martin Roth
Otro interesante descubrimiento, gracias a Christopher Jobson desde COLOSSAL, son las alfombras de hierba de Martin Roth, quien sí se acerca en gran medida al concepto de bioarte en una línea que nos recordaría a Anna Garforth, y que también muestra ciertas inquietudes ecologistas y biológicas en casi todas sus instalaciones.  
Estas se basan en un discurso de metáforas visuales contundentes y procesos de trabajo que en sí mismos encierran una narrativa reflexiva.  Esta reflexión a la que nos invita reivindica nuestra pertenencia a un ecosistema que alteramos, como en su día la hierba y las gramíneas alteraron y revolucionaron los ecosistemas terrestres compitiendo con los bosques, hasta transformar nuestros territorios primigenios en llanuras y sabanas que forzaron nuestro bipedismo a la vez que alimentaban las crecientes aglomeraciones de ungulados que un día cazaríamos y más tarde pastorearíamos.

Jobson nos lo explica más o menos en los siguientes términos:

Prestando a sus obras las atenciones de un jardín, el artista austríaco con sede en Nueva York Martin Roth cultiva la hierba desde el interior de las fibras de alfombras persas, constantemente regando sus piezas para garantizar que la hierba crezca exuberante desde dentro del denso tejido. El resultado final de este proyecto, expuesto por primera vez en un castillo de Austria en 2012, siempre será el mismo. Las alfombras se desenmarañarán y la hierba morirá. Este acto fatalista es a la vez poético y político para el artista, que trabaja con una efímera sensualidad, al tiempo que nos habla acerca de los impulsos de los países occidentales por llevar sus valores a otros países.La instalación de alfombras más reciente de Roth se encuentra actualmente en exhibición en el Centro Cultural Coreano en Londres como parte de un espectáculo titulado Riptide que cuenta con el trabajo de Koo Jeong A y otros artistas. Durante las próximas semanas la pieza cambiará gradualmente a medida que la hierba imita inicialmente los patrones que se encuentran en las alfombras hasta que crece para crear nuevas formas. Hacia el final de la exposición, la hierba prácticamente consume las alfombras antes de morir en sí, en un ciclo de nacimiento, consumo, y finalmente la muerte.






Otras muestras de trabajos, procesos de trabajos e instalaciones de Roth remiten a la presencia de seres vivos que interactúan con registros fotográficos o sonoros de otros seres vivos salvajes o en cautividad:






Roth registra fotográficamente su proceso de grabación sonora de voces de animales en cautividad para evocar sonidos de la naturaleza cautivos de algún modo en los altavoces que flanquean a un bonsai para recordarnos el tipo de relación de sometimiento que mantenemos con la naturaleza que supuestamente amamos y homenajeamos hasta la saciedad;






En otras ocasiones nos sorprende con contrastes entre el diseño arquitectónico más aséptico o minimalista propio de una galería de arte donde camuflar una pieza pensada para alojar caracoles vivos:



Con frecuencia sus trabajos sugieren la presencia de plantas o animales como una chocante intrusión en el terreno tomado por el artificio; los espacios arquitectónicos hacen una concesión a su presencia efímera a pesar de que podría ocurrir que en realidad la naturaliza podría también tomarse la revancha e invertir los términos.




A la vista de estos y otros trabajos del austriaco, el registro de su estancia con un rebaño de ovejas adquiere un nuevo sentido que ironiza con la búsqueda de experiencias que nos reconecten con una existencia menos artificiosa, más directamente conectada a la vida natural y a la tierra.
Invadir edificios y salas de exposiciones o espacios alternativos, al fondo de pasillos o escaleras, de aspecto aséptico, con tierra y piedras naturales, o agua y plantas, como hábitat improvisado para pájaros, ranas u otras criaturas son actos que para el artista encierran el mismo mensaje que la hierba que crece en sus alfombras, porque en dicho contexto expositivo, la presencia descontextualizada de los elementos naturales los señala como artificiales y nos alerta sobre el entorno que nos convendría desear exento de manipulación.













Fuentes:


http://martinroth.at

http://www.thisiscolossal.com/2016/10/a-temporary-lawn-planted-amongst-a-patchwork-of-persian-rugs/