O lo que es lo mismo: autobioarte.
Lo que Melissa Fisher realiza no es nuevo ni excesivamente original en el campo del
bioarte, pero sí rotundamente honesto, ya que sobre una base escultórica convencional, un molde de su propio rostro, realiza un trabajo metapictórico consistente en alterar la superficie, la "piel" aparente de su autorretrato escultórico, mediante la intervención de bacterias extraídas de su auténtica piel. Los conceptos de reproducción y representación flirtean con los de creación y vida. El juego de analogías se vuelve tan claro como inquietante e incluso perverso.
Extraemos la información de un artículo de
Stephanie Leke para
Broadly.
Podéis
acceder al artículo original aquí.
Uno nunca se sabe cómo ni cuándo le va a llegar la inspiración,
pero para la artista Mellissa Fisher, residente en el Reino Unido, fue
durante un curso extracurricular al que asistió mientras estudiaba en la
Universidad de Westminster. La clase, titulada "Broad Vision" ("Visión
amplia"), ofrecía a los estudiantes la oportunidad de colaborar en
diversas disciplinas y combinaba materias como la fotografía, la
biología y la ilustración. Sorprendentemente, Fisher (que por aquel
entonces cursaba la carrera de ilustración y comunicación visual) se
sintió sobre todo intrigada por el componente de la biología.
"La primera vez que miré a través de un microscopio", me explica en un
email,
"me sentí totalmente subyugada por el invisible mundo de los organismos
vivos y las células humanas". Según sus palabras, lo que vio era tan
bello que activó su ambiciosa imaginación y le hizo empezar a pensar a
un nivel escultórico.
Aquel interés se manifestaría más tarde con mayor intensidad
cuando alguien mostró a Fisher "placas de agar", es decir, placas de
Petri que contienen algún tipo de caldo de cultivo (como el agar, que es
una sustancia gelatinosa que se obtiene de las algas) empleado para
cultivar microorganismos o pequeñas plantas. ¿Podía ella emplear el agar
para hacer arte? Y, de ser así, ¿cómo lo haría? Descubrió que sí podía y
el resultado es el más reciente proyecto de Fisher,
Microbial Me ("Mi yo microbiano").
Retrato microbiológico. Fotos cortesía de Mellissa Fisher
Fisher me explica que
Microbial Me,
una colección de esculturas que combinan el arte con la microbiología
(creada en colaboración con los científicos Dr. Mark Clements y Dr.
Richard Harvey), encarna la conexión existente entre "la naturaleza y el
ser".
Para crear cada una de las esculturas, Fisher debe crear
primero un molde de su cara empleando el agar en un proceso similar al
que se sigue para hacer gelatina. El polvo de agar se disuelve en agua,
la mezcla resultante se vierte en el interior de un armazón con la forma
de su cara y después se deja enfriar a baja temperatura. La mezcla se
retira del armazón una vez endurecida y así se obtiene el molde que
servirá como base de su obra.
Fisher
eligió su propio rostro para estos autorretratos escultóricos porque
"es una forma de visualizar los organismos que habitan sobre mi piel",
afirma. Explica que centrarse en su cara fue una experiencia
introspectiva ("Es como otra forma de llegar a conocerme a mí misma, a
mi yo invisible", indica), pero también una manera de conectar con
quienes contemplaran su obra: "El principal motivo por el que uso mi
cara es conseguir que el público se identifique con ella", me cuenta.
"Todo el mundo tiene un rostro".

Con
el molde listo, Fisher frota con un hisopo varias zonas de su piel para
recoger las bacterias que viven en ella. Según la artista, "mi rostro
se convirtió en un campo interesante para cultivar bacterias, porque hay
muchas que viven en esa zona y se transmiten a través de las manos, los
teléfonos, etc". A continuación frota el material recogido sobre el
molde de agar antes de colocarlo en una incubadora, que ofrece un
entorno controlado y regulado para que se desarrollen sus cultivos
microbianos. En unos tres días la escultura empieza a mostrar los
primeros signos de crecimiento y cada escultura puede durar un plazo
máximo de un año, cambiando con el paso del tiempo.
"Cress" ("Berros") muestra la diferencia que marca el paso del tiempo
Lo
que más sorprende de este proyecto es la variedad de colores y texturas
que van surgiendo conforme las bacterias crecen y se extienden en cada
molde. Cada pieza comienza como un rostro monocromático con aspecto de
estar hecho de plástico antes de comenzar a transformarse en una
superficie con gran cantidad de bultos y hendiduras. En algunas de sus
obras, la aparición de bultos con aspecto de moho recuerda a las frutas
demasiado maduras que presentan ronchas de varios colores y tamaños por
toda su superficie. Fisher explica que esto depende del tipo de agar que
use.
"En la ciencia hay cientos de tipos diferentes de agar, cada
uno de los cuales desarrolla células de un tipo especial". El tipo
empleado depende de la clase de bacterias o microorganismos que trate de
cultivar determinado científico y algunos factores como el entorno y la
temperatura también afectan al progreso de las bacterias. Para
Microbial Me,
Fisher optó por el agar UTIC (empleado generalmente para ayudar a
diferenciar entre los diversos microorganismos que causan infecciones en
el tracto urinario), lo que le permitió obtener resultados más
impactantes y caóticos que también resultan visualmente más atractivos
por el modo en que las bacterias interactúan con él.
En esencia,
Microbial Me
es un reflejo del ecosistema de nuestra propia vida representado de
forma acelerada. Somos testigos del nacimiento de nueva vida, del modo
en que se adapta e interactúa con determinado entorno y, conforme cada
pieza madura y envejece, la belleza inicial se transforma en decadencia y
finalmente en muerte. Al establecer conexiones entre la ilustración, la
escultura y los organismos vivos, la obra
Microbial Me de Fisher explora el cuerpo humano como paisaje para el crecimiento.
Teniendo
en cuenta la mezcla de reacciones que surgieron cuando el proyecto se
exhibió por primera vez —algunas personas lo consideraron poco atractivo
mientras que otras comprendieron su carácter único—, Fisher planea
seguir ampliando el proyecto y hacerlo evolucionar. Gracias a una
residencia en Canadá el otoño pasado llamada "Biophilia—Where Art Meets
Biology" ("Biofilia: donde el arte se encuentra con la biología"),
Fisher ya ha comenzado a idear cómo va a utilizar los hongos en sus
siguientes obras para un próximo proyecto denominado
Immortal Ground
("Tierra inmortal"). Para él, Fisher afirma que utilizará el cuerpo
como paisaje para crear un tipo de ecosistema diferente al del proyecto
Microbial Me, empleando el hongo Reishi —denominado "hongo de la inmortalidad" en la cultura asiática— como elemento central.
Microbial Me
(patrocinado por Thermofisher Scientific) está actualmente expuesto
como parte de la exposición The Human Microbiome ("El microbioma
humano") presentada por The Eden Project en Cornualles, Inglaterra. La
obra de Fisher también será expuesta en la próxima muestra
Unfolding Realities ("Realidades desveladas") que se inaugura el 25 de mayo en el Central Saint Martins de Londres, Inglaterra.
En
cierto momento Fisher barajó la posibilidad de crear un molde de cuerpo
entero en lugar de uno solo de su cara para el proyecto. "Microfloral
Femunculus" es una versión más pequeña de esta idea.