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jueves, 24 de noviembre de 2016

Animalidad y parecido. Iconicidad del rostro en los autorretratos de Annelies Maria Francine





Uno de los temas que más gustamos de tratar en nuestras páginas es el de las particularidades de la percepción humana condicianada por nuestra evolución zoológica.
Somos una especie que otorga una gran prioridad a la información visual, y nuestra visión es el resultado del proceso evolutivo de criaturas arborícolas, frugívoras y oportunistamente depredadoras, lo que ha propiciado que sea en color y esteroscópica (tridimensional). Además de esto, las preferencias perceptivas de nuestro cerebro dan una gran importancia a los datos que nos ayudan a identificar la presencia de otras criaturas vivas en nuestro entorno, y, de modo muy particular y especializado, a la identificación de rostros y al análisis de sus particularidades para el reconocimiento de individuos concretos en complicidad con nuestra memoria. Hemos dedicado entradas al tema concreto de nuestra animalidad asociada al concepto de parecido, a la identificación de rostros, y cómo nuestra predisposición a analizar datos visuales concretos sobre la disposición de los rasgos principales de una cara (disposición de ojos, nariz y boca, contorno de la cara, cabellera como contexto del rostro, etc.) para categorizar tipologías, preferencias estéticas o interpretación de lenguaje quinético.
Noel Cruz
Uno de los campos artísticos que más material nos ha ofrecido al respecto es el de la fotografía, pero os recomiendo especialmente que repaséis nuestras observaciones y comentarios al respecto de ciertos trabajos de caracterización asociada a las enseñanzas del dibujo y la pintura en el ámbito del maquillaje. Posiblemente nuestro caso favorito sea el de Noel Cruz y sus personalizaciones de muñecos de coleccionismo representando personajes célebres que en su caso reproducen con exactitud pasmosa los claroscuros que modifican la percepción de los volúmenes del rostro basándose en un paradigma fotográfico.
Noel Cruz
Aunque la red está plagada de ejemplos de galerías fotográficas de maquilladores profesionales o aficionados que obran el milagro de transformar unos rostros en otros, hasta hace apenas unos días no nos habíamos encontrado con nada especialmente destacable, como es el caso de Annelies Maria Francine, una joven belga que muestra a través de las redes sus autorretratos caracterizada como estrellas icónicas del celuloide o como personajes femeninos que han dejado huella en nuestra cultura visual. La hemos descubierto gracias a una reseña de Bored Panda. Si echáis un vistazo a sus imágenes comprenderéis porqué le dedicamos un merecido espacio entre nuestras publicaciones.


















http://mafa-elanimalinvisible.blogspot.com.es/p/animalidad-y-parecido.html

http://mafa-elanimalinvisible.blogspot.com.es/2013/11/analogia-parecido-y-exito.html

http://mafa-elanimalinvisible.blogspot.com.es/2015/03/animalidad-y-parecido-identificacion-de.html


http://www.boredpanda.es/recreacion-looks-vintage-annelies-maria-francine/



Mira estas fotos que te mostramos. Podrías pensar que son imágenes de Audrey Hepburn, Vivien Leigh o Anna Frank, pero no. Estás viendo a Annelies Maria Francine, una chica belga de 17 años que es capaz de hacer fotos atemporales.
Desde Scarlett O’Hara en Lo que el viento se llevó, a Audrey Horne en Twin Peaks, no hay ningún look que Annelies no pueda imitar con las ropas adecuadas, maquillaje y un poco de imaginación. Y no importa que se convierta en Bella o en la chica de la perla de Vermeer, cada look que recrea es casi perfecto. La próxima vez que estés mirando fotos vintage, asegúrate que no son de Annelies.
Más información en: Instagram (via: fashionablygeeky)





lunes, 11 de julio de 2016

El bioarte autobiográfico de Mellissa Fisher




O lo que es lo mismo: autobioarte.
Lo que Melissa Fisher realiza no es nuevo ni excesivamente original en el campo del bioarte, pero sí rotundamente honesto, ya que sobre una base escultórica convencional, un molde de su propio rostro, realiza un trabajo metapictórico consistente en alterar la superficie, la "piel" aparente de su autorretrato escultórico, mediante la intervención de bacterias extraídas de su auténtica piel. Los conceptos de reproducción y representación flirtean con los de creación y vida. El juego de analogías se vuelve tan claro como inquietante e incluso perverso.
Extraemos la información de un artículo de Stephanie Leke para Broadly.
Podéis acceder al artículo original aquí.




29 abr 2016
Oscar Wilde escribió la célebre frase, “La vida imita al arte mucho más de lo que el arte imita a la vida”. Sin embargo, en la obra “Microbial Me” de la artista Mellissa Fisher resulta difícil definir la línea que los separa.
Uno nunca se sabe cómo ni cuándo le va a llegar la inspiración, pero para la artista Mellissa Fisher, residente en el Reino Unido, fue durante un curso extracurricular al que asistió mientras estudiaba en la Universidad de Westminster. La clase, titulada "Broad Vision" ("Visión amplia"), ofrecía a los estudiantes la oportunidad de colaborar en diversas disciplinas y combinaba materias como la fotografía, la biología y la ilustración. Sorprendentemente, Fisher (que por aquel entonces cursaba la carrera de ilustración y comunicación visual) se sintió sobre todo intrigada por el componente de la biología.
"La primera vez que miré a través de un microscopio", me explica en un email, "me sentí totalmente subyugada por el invisible mundo de los organismos vivos y las células humanas". Según sus palabras, lo que vio era tan bello que activó su ambiciosa imaginación y le hizo empezar a pensar a un nivel escultórico.


Aquel interés se manifestaría más tarde con mayor intensidad cuando alguien mostró a Fisher "placas de agar", es decir, placas de Petri que contienen algún tipo de caldo de cultivo (como el agar, que es una sustancia gelatinosa que se obtiene de las algas) empleado para cultivar microorganismos o pequeñas plantas. ¿Podía ella emplear el agar para hacer arte? Y, de ser así, ¿cómo lo haría? Descubrió que sí podía y el resultado es el más reciente proyecto de Fisher, Microbial Me ("Mi yo microbiano").
Retrato microbiológico. Fotos cortesía de Mellissa Fisher
Fisher me explica que Microbial Me, una colección de esculturas que combinan el arte con la microbiología (creada en colaboración con los científicos Dr. Mark Clements y Dr. Richard Harvey), encarna la conexión existente entre "la naturaleza y el ser".
Para crear cada una de las esculturas, Fisher debe crear primero un molde de su cara empleando el agar en un proceso similar al que se sigue para hacer gelatina. El polvo de agar se disuelve en agua, la mezcla resultante se vierte en el interior de un armazón con la forma de su cara y después se deja enfriar a baja temperatura. La mezcla se retira del armazón una vez endurecida y así se obtiene el molde que servirá como base de su obra.
Fisher eligió su propio rostro para estos autorretratos escultóricos porque "es una forma de visualizar los organismos que habitan sobre mi piel", afirma. Explica que centrarse en su cara fue una experiencia introspectiva ("Es como otra forma de llegar a conocerme a mí misma, a mi yo invisible", indica), pero también una manera de conectar con quienes contemplaran su obra: "El principal motivo por el que uso mi cara es conseguir que el público se identifique con ella", me cuenta. "Todo el mundo tiene un rostro".
Con el molde listo, Fisher frota con un hisopo varias zonas de su piel para recoger las bacterias que viven en ella. Según la artista, "mi rostro se convirtió en un campo interesante para cultivar bacterias, porque hay muchas que viven en esa zona y se transmiten a través de las manos, los teléfonos, etc". A continuación frota el material recogido sobre el molde de agar antes de colocarlo en una incubadora, que ofrece un entorno controlado y regulado para que se desarrollen sus cultivos microbianos. En unos tres días la escultura empieza a mostrar los primeros signos de crecimiento y cada escultura puede durar un plazo máximo de un año, cambiando con el paso del tiempo.
"Cress" ("Berros") muestra la diferencia que marca el paso del tiempo
Lo que más sorprende de este proyecto es la variedad de colores y texturas que van surgiendo conforme las bacterias crecen y se extienden en cada molde. Cada pieza comienza como un rostro monocromático con aspecto de estar hecho de plástico antes de comenzar a transformarse en una superficie con gran cantidad de bultos y hendiduras. En algunas de sus obras, la aparición de bultos con aspecto de moho recuerda a las frutas demasiado maduras que presentan ronchas de varios colores y tamaños por toda su superficie. Fisher explica que esto depende del tipo de agar que use.
"En la ciencia hay cientos de tipos diferentes de agar, cada uno de los cuales desarrolla células de un tipo especial". El tipo empleado depende de la clase de bacterias o microorganismos que trate de cultivar determinado científico y algunos factores como el entorno y la temperatura también afectan al progreso de las bacterias. Para Microbial Me, Fisher optó por el agar UTIC (empleado generalmente para ayudar a diferenciar entre los diversos microorganismos que causan infecciones en el tracto urinario), lo que le permitió obtener resultados más impactantes y caóticos que también resultan visualmente más atractivos por el modo en que las bacterias interactúan con él.
En esencia, Microbial Me es un reflejo del ecosistema de nuestra propia vida representado de forma acelerada. Somos testigos del nacimiento de nueva vida, del modo en que se adapta e interactúa con determinado entorno y, conforme cada pieza madura y envejece, la belleza inicial se transforma en decadencia y finalmente en muerte. Al establecer conexiones entre la ilustración, la escultura y los organismos vivos, la obra Microbial Me de Fisher explora el cuerpo humano como paisaje para el crecimiento.
Teniendo en cuenta la mezcla de reacciones que surgieron cuando el proyecto se exhibió por primera vez —algunas personas lo consideraron poco atractivo mientras que otras comprendieron su carácter único—, Fisher planea seguir ampliando el proyecto y hacerlo evolucionar. Gracias a una residencia en Canadá el otoño pasado llamada "Biophilia—Where Art Meets Biology" ("Biofilia: donde el arte se encuentra con la biología"), Fisher ya ha comenzado a idear cómo va a utilizar los hongos en sus siguientes obras para un próximo proyecto denominado Immortal Ground ("Tierra inmortal"). Para él, Fisher afirma que utilizará el cuerpo como paisaje para crear un tipo de ecosistema diferente al del proyecto Microbial Me, empleando el hongo Reishi —denominado "hongo de la inmortalidad" en la cultura asiática— como elemento central.
Microbial Me (patrocinado por Thermofisher Scientific) está actualmente expuesto como parte de la exposición The Human Microbiome ("El microbioma humano") presentada por The Eden Project en Cornualles, Inglaterra. La obra de Fisher también será expuesta en la próxima muestra Unfolding Realities ("Realidades desveladas") que se inaugura el 25 de mayo en el Central Saint Martins de Londres, Inglaterra.
En cierto momento Fisher barajó la posibilidad de crear un molde de cuerpo entero en lugar de uno solo de su cara para el proyecto. "Microfloral Femunculus" es una versión más pequeña de esta idea.

lunes, 8 de junio de 2015

Noell S. Oszvald y el simbolismo animal




Siguiendo en la línea de los trabajos fotográficos en blanco y negro de Alexey Bednij de la entrada anterior, nos parece oportuno añadir a nuestros archivos una muestra de Noell S. Osvald. Esta fotógrafa de Budapest, aunque se diferencia sustancialmente del estilo de Bednij, recurre también al blanco y negro y a un esmerado sentido de la composición realzado por la presencia de sombras proyectadas y contornos de animales (sobre todo con alas, cuya capacidad de elevación aérea siempre ha simbolizado el aspecto espiritual del ser humano y su capacidad de sobrevolar los límites terrenales de su existencia, a menudo a través de la virtualidad de los mundos oníricos plagados de imágenes arquetípicas relacionadas con las inquietudes y miedos más básicos, en los que las presencias de formas animales señalan precisamente a nuestra propia y más elemental condición). Las sombras, por tanto, simbolizan los límites del mundo perceptible, y los animales alados y las aves constituirían la imagen del ser espiritual anclado a nuestra condición física. Aunque no tenemos constancia ni certeza acerca de las técnicas empleadas en sus autorretratos, suponemos sin demasiadas dudas que las imágenes son objeto de postproducción digital y que, por tanto, como en el caso de Alexey Bednij, entrarían en la categoría de fotomontaje digital. La presencia simbólica de animales o plantas como vínculo vital entre el mundo material y el espiritual nos ha parecido motivo suficiente para incluirla en nuestra galería de fotógrafos dignos de ser mencionados dentro de la categoría de fotografía antrozoológica.

Mafa Alborés.

 


 Más sobre el trabajo de Osvald en:
https://www.facebook.com/noellosvald




Nuestra primera noticia acerca de los trabajo de la fotógrafa húngara nos llegó a través de una entrada original de Cultura Inquieta:

http://culturainquieta.com/es/foto/item/1258-el-trabajo-de-noell-s-oszvald.html


Poderosas y conceptuales fotografías de la artista húngara residente en Budapest Noell S. Oszvald. Noell, nacida en 1990, lleva fotografiando desde 2011. Trabaja principalmente con autorretratos en donde construye espacios en lo cuales se sumerge. Se presenta sin mostrar el rostro, lo que podemos ver de ella es su cuerpo interactuando con ese entorno ficticio. Sus imágenes transmiten soledad, calma, misterio y belleza sin pretensiones.

Utiliza composiciones muy bien estudiadas, casi siempre en blanco y negro, y con una manipulación sutil de la imagen.













martes, 28 de abril de 2015

Fotografía y animales: Los "Selfies" de Diomedia para National Geographic, por Silvio Medeiros, Pedro Galdi y Marcos Medeiros.


Diomedia es una prestigiosa agencia de Imágenes y Publicidad que, en complicidad con el creativo Silvio Medeiros y el fotógrafo Marcos Medeiros produjo en su día esta divertida campaña para National Geographic en plena efervescencia del fenómeno "selfie" (esa absurda magnificación de moda del término anglosajón apócope de "sel-portrait" -el autorretrato de toda la vida, vamos-) bajo el lema "hay montones de imágenes deleznables de animales por ahí fuera", recalcando el sello de calidad fotográfica y audiovisual que ha caracterizado históricamente las producciones y publicaciones de la ilustre organización.







La campaña, aparte de tener bastante claro desde el principio el concepto basado en un gancho visual irónico y fácilmente entendible por todo el mundo, consigue identificar a National Geographic con el paradigma de la imagen animal documental, al ser supuestamente ellos mismos quienes se toman las fotos, que, aunque imitan la calidad accidental de la tecnología utilizada por los usuarios de a pie, simples aficionados, ofrecen una calidad escópica digna de un profesional, y adornadas con pequeños detalles humorísticos que caricaturizan el atrezzo de los espacios íntimos humanos durante el proceso de postproducción digital y acabado de los fotomontajes, como es el caso del portarretratos que observamos en el margen inferior izquierdo de la imagen correspondiente al koala.


Nos encontramos, pues, ante un típico recurso publicitario: la humanización de los animales, eso que tradicionalmente se emparenta con los "animales antropomorfos" del cómic y los dibujos animados, y que hace ya tiempo que yo abogo por denominar "humanos zoomorfos", que no es lo mismo y considero más exacto.


En la preproducción, se puso bastante esmero en la selección de localizaciones para las tomás fotográficas de los escenarios definitivos, tras lo cual se probaron múltiples opciones de encuadre y diversos fotomontajes recurriendo a diversas especies zoológicas.
Lo significativo de la selección final para las imágenes de la campaña me parece muy interesante e ilustrativo acerca de qué especies animales son más o menos fotogénicas para establecer un juego con el espectador en el que éste las identifica como típicos protagonistas de las producciones documentales que se publicitan, y que por tanto han adquirido una categoría especial: la de animales que atraen a la audiencia, que han de ser llamativos, vistosos, empáticos y atractivos, todo junto. No basta con ser raro o insólito para llamar la atención del público, sino que se ha de adquirir una cierta condición de rentabilidad mediática, que confirma que el público quiere ver animales reconocibles, algo que he podido constatar durante los años que he trabajado en el ámbito de exposiciones zoológicas. En el zoo, donde la presencia animal es física y directa, el público busca la confirmación de la presencia de estas especies ilustres, cuyo protagonismo va cambiando con el tiempo y, podríamos decirlo, con las modas. Sin duda hay algo tristemente perverso en todo ello, pero también es un claro reflejo de cómo los seres humanos nos relacionamos con los demás animales y con la naturaleza, actualmente bajo el prisma de un consumismo capitalista basado en la ensoñación y en el entretenimiento ocioso. Los leones y cebras de los documentales zoológicos de los años 70 del siglo pasado han dado paso criaturas que llamaron en su día la atención de los documentalistas para dejar de ser secundarios de la sabana africana y  arañar protagonismo a los grandes cuadrúpedos, como los suricatas, que hicieron posible el estrellato de Timón a través del Rey León de Disney. No es casual que prácticamente todos los elegidos para la campaña sean lo suficientemente antropomorfos, de frecuente actitud bípeda, y su deslocalización del mundo natural tiene una doble función: llamar la atención por estar fuera de sitio (hay algo hiriente o preocupante en verlos encerrados en espacios arquitectónicos, tal y como comentábamos al respecto de los fotomontajes de Karen Knorr o Mikel Uribetxeberría) y al mismo tiempo sugerir implícitamente lo contrario: lo placentero de tenerlos en casa gracias a los profesionales que más nítidamente se jactan de hacerlo: National Geographic, en base a la calidad técnica y visual de sus producciones, tal vez sólamente parangonables en ese sentido a las de BBC, generalmente mucho más serias, sesudas y honestas además de espectaculares. Y es que las producciones documentales sobre animales son divulgación, son conocimiento, son ciencia, pero constituyen un negocio, una industria que es, ante todo, espectáculo y entretenimiento.









 CREDITOS:

Advertising Agency: Heads, Sao Paulo, Brazil
Creative Director: Silvio Medeiros
Art Directors: Silvio Medeiros, Pedro Galdi
Copywriter: Gabriel Sotero, Alpho Ramsay
Photographer: Marcos Medeiros
Post production: Megablaster

http://www.diomedia.com/mainMenu.do;jsessionid=24EFAE11E056E9D7660C8B646A955B7B.worker1

http://silviomedeiros.com/Diomedia-NatGeo

Fuentes:

 http://animalesenelarteylahistoria.com/category/fotografia/ 

http://adsoftheworld.com/media/print/diomedia_national_geographic_gorilla