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domingo, 22 de septiembre de 2019

Unicornios y Unicornios marinos. Repaso iconográfico y analítico a partir del trabajo de investigación de Natalie Lawrence.






Complementamos, comentamos y ampliamos una Entrada original de Public Domain Review, por Natalie Lawrence. Un ameno e interesante artículo que retorna sobre uno de los problemas clásicos de la iconografía zoológica y criptozoológica, y, por tanto (especialmente desde la célebre revisión del problema por parte de Roger Caillois, o bajo la perspectiva de textos sobre la constatación de aparentes mitos zoológicos por parte de Willy Ley, uno de los padres de la zoología interesada por criptozoología) un tema aparentemente trillado a la vez que digno de la presencia en nuestras secciones. De hecho, hemos dedicado diversos espacios a comentar e ilustrar la iconografía antrozoológica del unicornio, especialmente en relación a su vinculación con la iconografía del rinoceronte.

Una de las causas de la existencia del mito se debe al hallazgo de restos óseos de narvales en las costas de los mares nórdicos, especialmente de su característoc diente hipertrofiado helicoidalmente en los machos de estos cetáceos, y cuyo aspecto visual ha servido de modelo fundamental para las representaciones gráficas de unicornios desde la antigua Edad Media. No deja de ser un dato curioso que dos mamíferos tan aljados como el narval, un cetáceo odontoceto marino, y un cuadrúpedo perisodáctilo terrestre como el rinoceronte, se presenten como los orígenes reales de la mítica existencia del ser unicorne.

Intentaremos, pues, ampliar o condensar aquí lo que en su día comentamos al respecto y ofrecer un extracto traducido al castellano del trabajo de Natalie Lawrence complementado con apuntes de nuestra cosecha, confiando en que resulte de vuestro interés.


Para comenzar hemos de apuntar que el famoso cuerno atribuído al unicornio no sería estrictamente un cuerno ni en el rinoceronte ni en el narval, y que su constitución material es queratinosa en el caso del rinoceronte y marfil en el caso del diente de narval.

Por lo tanto no se trata de material córneo óseo, como sería el caso de un ciervo, o un antílope (se sabe que la pérdida de uno de estos apéndices, en especial en el caso de los órix, y otras especies africanas o asiáticas, especialmente aquellas que presentan cuernos rectos de estructura conspicuamente helicoidal, y por lo tanto semejantes de algun modo a los dientes de narval que sostenían testimonialmente la existencia del animal legendario.

Hace algún tiempo refiriéndonos a aspectos interesantes observables en los naturalistas de ficción en la literatura, dedicábamos un capítulo al Dr Stephen Maturin, de las sagas navales de Patrick O'Brien, y hacíamos un glosario de las especies comentadas por Maturin a modo de ilustración de los conocimientos científicos a caballo de los siglos XVIII y XIX. En la tercera entrega de dicho repaso a los animales observados por Maturin, ya hacíamos observaciones sobre el Narval y su famoso cuerno (diente) uno de los cuales formaría parte de las colecciones del célebre personaje y tendría cierta relevancia argumental:



  El narval


En "Capitán de Navío" (Post Captain), el capitán Aubrey da al Dr. Maturin un colmillo de narval (Monodon monoceros, longitud del aver. 16 pies). El doctor lo agradece y le responde: "Es perfecto, la apoteosis de un diente". Aunque estos colmillos fueron tomados por cuernos de unicornio, son (como pueden ver), el incisivo delantero izquierdo del narval macho. Los narvales son ballenas dentadas, pero los machos solo tienen este diente, y las hembras no tienen ninguno en absoluto. En Los Cien Días, hay una discusión sobre la función de este colmillo, y casi 200 años después todavía no tenemos una respuesta definitiva. No se pueden utilizar para la alimentación, ya que las hembras no tienen un colmillo y, obviamente, deben obtener alimentos también. Hay poca evidencia de que se usen para la defensa o el combate.
 
Esqueleto de narval. Yo creo que se utilizan para la exhibición, que es atraer a los narvales femeninos. Entre los mamíferos marinos, la hembra proporciona todo el cuidado adicional necesario para criar a la próxima generación. Facilita las calorías adicionales para apoyar a la cría por nacer, y proporciona las calorías adicionales para los jóvenes después del nacimiento en forma de leche. También facilita su instrucción sobre cómo respirar, dónde viajar y qué comer. Todo lo que el macho proporciona es su herencia genética. La hembra está obviamente buscando los mejores genes que puede encontrar, ya que va a invertir mucho de su tiempo y esfuerzo. Este colmillo largo anuncia la buena salud y las habilidades para la supervivencia del varón. Eso es algo así como una tarjeta de platino, un Lexus, o una prenda de Armani para el macho humano, y conduce al mismo resultado.

Al introducir temáticas adecuadas para un naturalista, una naturalista con cierta relevancia incluso, como el Dr Maturin, vinculado a la vida naval y a las expediciones marítimas, era casi inevitable que O'Brian introdujera uno de los mitos zoológicos por excelencia: el narval. Como bien apunta Wanda Finch, los restos y fragmentos del diente de los machos fue tomado en la antigüedad por cuernos del mítico unicornio, dando pie incluso a la construcción de un mito vicario de éste, el unicornio de mar, al que seguramente contribuiría el avistamiento fugaz y fragmentado de estos cetáceos. 

Las grandes criaturas marinas, por el hecho de ser visionadas de forma fragmentada, incompleta o distorsionada por el agua, dieron lugar a muchas más especulaciones incluso que las criaturas terrestres amparadas en la oscuridad, en la espesura, o en la simple confusión con otras criaturas a las que aportaban rasgos novedosos o llamativos a menudo atribuibles a descripciones fantásticas precedentes. 

El narval constituye un ejemplo clásico de caso real que fomenta la especulación criptozoológica. Posee el atractivo misterioso de todo animal acuático que sólo puede ser visto de forma fraccionada y fugaz, pero además, como todos los cetáceos, es voluminoso y su necesidad de respirar aire lo obliga a presentarse periódicamente en la superficie ostentando no sólo su gran tamaño, sino sus grandes apéndices dentales. Sin embargo, gracias a estudios de carácter antropológico de las tribus asentadas en las áridas regiones árticas, que llegaban a capturarlos como  una pieza más de caza para su sustento, empezó a ser conocido entre los lectores de testimonios de expediciones geográficas, destacando como una de las criaturas que avistaban los inuits desde sus kayaks cuando pescaban, o cuando o capturaban focas, por lo que los navegantes e investigadores europeos tuvieron acceso a cierta información bastante directa. 
No obstante, incluso estas capturas eran raras en comparación con las que seguirían a la toma de conciencia de los inuits acerca del valor al borde de la mitificación comercial que los dientes de narval habían adquirido debido a reseñas literarias semejantes a las de O'Brian o al mítico poder curativo que se la ha atribuido de forma análoga al del cuerno del rinoceronte.  

También habría que destacar el hecho de que el avistamiento de narvales y su posterior narración bien pueden haber contribuido a extender la leyenda acerca de la existencia de grandes animales marinos poseedores de un gran cuerno único, pero en este caso es curiosa la escasa ambigüedad con la imagen de las distintas variedades de pez espada (en cuyo caso se trata de una prolongación ósea del propio cráneo del animal - no así en los peces sierra, en los que la prolongación es una compactación cartilaginosa dotada de "dientes" que en realidad son escamas dentales modificadas). 

Existen pruebas documentales del conocimiento  y registron iconográfico de la existencia de ejemplares con más de un diente (dos e incluso tres) como vemos en la ilustración junto a este párrafo, pero se trata de casos excepcionales, aunque no raros, que tan sólo podían sorprender a los naturalistas de los siglos XIX, XIX y de principios del XX. 

Por ello hay que destacar que en ocasiones no es único el diente de un sólo ejemplar, y no son raros los casos de narvales que ostentan dos dientes. 

El diente del narval dio lugar a especulaciones al ser hallado de forma fragmentaria, pero también al ser avistados sus restos varados en la costa en estado de descomposición o semiconsumido por los depredadores y carroñeros o por el impacto contra las rocas.


De hecho, el varamiento de las criaturas marinas constituye una de las raras ocasiones en que pueden ser conyempladas de modo directo y mensurable, a la vez que constituye literalmente la revelación de criaturas que habitan una dimensión desconocida o un medio oculto a nuestra vista.

Así que no sólo estos avistamientos accidentales, al igual que en el caso de otras muchas especies marinas, especialmente las grandes, está tan vinculado a su encallamiento que a menudo son representadas de esta guisa en las ilustraciones naturalistas de los siglos XVIII y XIX.
Esto consigue un efecto de acercamiento o realismo respecto al lector-espectador, y le ofrece la oportunidad de comparar la escala del animal con la de otros objetos conocidos e incluso con la de seres humanos caminando junto al animal, que ni siquiera es mostrado siempre como evidentemente muerto, emulando la presencia de otras ciraturas, como los pinnípedos, que sí podrían aparecer decansando en una ensenada, un escollo o una playa. No tardaremos en dedicar una entrada exclusiva a este tipo de representaciones y a su persistencia en obras de arte recientes.




Sí nos gustaría destacar, antes de pasar a otros animales de la fauna de Maturin, que los grandes cetáceos, al ser objeto de caza por inuits y otras culturas, ofrecían la oportunidad de imaginar estampas de lucha cinegética en la que además la criatura muestra un tamaño épico. En el caso del narval, como en los diferentes especies de pez espada o incluso en el caso de grandes peces sierra, se añade un elemento aparentemente armamentístico (aunque no sea esa su función, el accidental uso agresivo por parte de los peces espada contra pequeñas embarcaciones sugiere el mismo peligro por parte de los narvales).

Ver un arma ofensiva en los atributos físicos de cualquier criatura forma parte de la percepción humana a falta de mejor información. La nalogía con el ariete presente en la proa de algunos barcos de combate de la antigüedad facilitó que el narval, a diferencia de muchos de sus parientes delfínidos como marsopas, calderones o belugas, fuesen incluidos entre los animales marinos potencialmente agresivos. Su considerable tamaño, y su parentesco con otros grandes cetáceos de talla verdaderamente descomunal, equiparable a la de grandes navíos, facilitó el argumento de Julio Verne para 20.000 Leguas de Viaje Submarino, en cuyo inicio los ataques del Nautilus son interpretados como agresiones provinientes de algún tipo de narval gigantesco.

La duras condiciones de la captura del narval por parte del pueblo inuit, bien desde tierra o hielo o bien desde pequeñas y comparativamente frágiles embarcaciones, ha fomentado un imaginario emparentado con las expediciones ballenaras o con los pescadores de los grandes e inofensivos tiburones peregrinos en el mar del norte. Tal vez por esto y por su presencia en mares fríos e inhóspitos justifica su presencia simultánea en algunas ilustraciones de antiguos libros naturalistas, como en el ejemplo adjunto, en el que es asociado a la presencia de otra de las misteriosas criaturas de las frías aguas árticas: el tiburón boreal, de cuya existecia apenas se habría sabido nada si no fuera por la ocasional captura por parte de los inuits. Otro animal raro de ver, grande y candidato a la categoría de monstruo marino (incluso incluido entre los posibles causantes del mito del monstruo del lago Ness).
Pasemos ahora a la lectura del artículo de Natalie Lawrence:


Unicornios de Groenlandia y la Alicornia Mágica

Cuando se comenzó a cuestionar la existencia de unicornios y los poderes curativos de los cuernos que se les atribuyen, un médico danés rechazó por medios curiosos: reformulando el unicornio como una criatura acuática de los mares del norte. Natalie Lawrence en una fascinante convergencia del folklore establecido, la ciencia naciente y la economía farmacéutica.


Monoceros, una bestia mítica descrita por primera vez en la historia natural de Plinio el Viejo como una criatura con cabeza de ciervo, cola de jabalí, patas de elefante y cuerpo de caballo, y de la cabeza un cuerno de cuatro pies de largo, del Aberdeen Bestiario ( Sra. 24, folio 15r), escrita e iluminada en Inglaterra alrededor de 1200 Fuente/Source.

Caben Pocas dudas sobre la relación entre la descripción de Plinio y la posible descripción de un rinoceronte, especialmente si ésta es referida a un rinoceronte asiático, unicorne, y no una de las especies africanas bicornes. La fuerza simbólica de los miembros físicos únicos (no formantes de una pareja simétrica) como la boca, el corazón o el sexo, adquiere u poder peculiar. Las cornamentas dobles son la norma en la mayor parte de cuadrúpedos dotados de tal defensa armamentística en sus cráneos. La carencia por pérdida de uno de ellos en especies de antílopes como el órix puede haber colaborado a extender la leyenda pese a su posición descentrada, pero el rinoceronte asiático perenta su cuerno en una genuina posición central. No obstante, su aspecto, que podría concordar con las descripciones de Plinio, o la de Ctesias, no se ajusta a la imagen estilizada que imperaría a partir de la edad media, más asociada a la de un hermoso y estilizado cérvido o a la de un corcel. Por añadidura, en el caso de los antílopes y los cérvidos, parientes filogenéticos de los bóvidos, la cornamenta surge del propio cráneo del animal y está constituída por una forma particular de la sustancia ósea, y son genuinamente córneos, pero el cuerno del rinoceronte no es estrictamente córneo, sino que forma parte del tejido que conforma sustancialmente la piel y el pelo y está hecho de queratina, como si se tratase de una compactación entrelazada y fibrosa de la sustancia de la que está hecho su propio pelo.

Los nicorns parecen estar en todas partes en estos días. Es prácticamente imposible caminar por una calle principal o entrar en una tienda de regalos sin encontrarse cara a cara con una de estas criaturas con lentejuelas arcoíris de una forma u otra. Se han convertido en un ícono cultural de moda de fantasía, escapismo e individualidad (paradójicamente), un hecho explotado al máximo por fabricantes y expertos en marketing. De todos modos, la mayoría de las personas de hoy saben que los unicornios no existen.

En el siglo XVII, la existencia del unicornio era un tema de gran controversia. Lo que estaba en juego era mucho más que los mundos de fantasía de las chicas adolescentes: esta bestia fantástica fue la base de todo un conjunto de literatura académica y un lucrativo mercado internacional de productos farmacéuticos (tanto recreativos como medicinales). Como lo muestra el profesor Bernd Roling en su ensayo de 2014 "Der Wal als Schauobjekt", una familia en particular fue responsable de la desaparición del antiguo valor de mercado del unicornio en Europa.1 Caspar Bartholin, su cuñado Ole Worm y su hijo Thomas Bartholin era un trío de eruditos y médicos escandinavos que examinaron el unicornio y sus supuestos poderes medicinales. Su trabajo culminó con la publicación de De unicornu observen novae (Nuevas observaciones sobre el unicornio) de Thomas Bartholin en 1645 (segunda edición en 1678). Muy en contra de las intenciones de Thomas, este libro precipitó la derivación del unicornio de la realidad creíble al mito.

De unicornu observa que las novas tratan con "unicornios" en el sentido más amplio, examinando todos los animales con un solo cuerno. Thomas extendió su red de par en par porque intentaba realizar una tarea muy importante: demostrar que simplemente tener un solo cuerno no calificaba algo como un unicornio. Quería mostrar que los unicornios "reales" existían y que sus cuernos eran un ingrediente clave para muchas medicinas potentes. Al hacerlo, sin embargo, tuvo que reemplazar la imagen tradicional europea de los unicornios como antílopes terrestres o caballos que habitaban exóticos animales salvajes del este al demostrar que los unicornios en realidad eran criaturas acuáticas del norte.


Unicornio y Narval confrontados, ilustración extraída del Museo de Museos de Michael Barnhard Valentini de 1704
Unicorn and narwhal side by side, from Michael Bernhard Valentini’s Museum museorum (1704) — Fuente/Source.

¿Por qué Thomas Bartholin sintió la necesidad de hacer esta puntualización? Primero echemos un vistazo a por qué los unicornios eran tan importantes a principios de la Europa moderna. En el siglo XVII, ya tenían una larga historia: los eruditos medievales habían reunido descripciones de "unicornios" de autores clásicos como Ctesias, Aelian, Aristóteles y Plinio en un cuerpo de tradición unicornio. Estas descripciones eran de muchos y variados animales, desde bestias poco elegantes con aspecto de rinoceronte con temperamento y predilección por intimidar a los elefantes hasta antílopes extrañamente coloridos o quimeras feroces. El médico griego Ctesias, por ejemplo, registró cuentos de viajeros exóticos en su libro Indica (ca. 810-893 dC), que contiene quizás el primer relato sobreviviente de unicornios:

    Hay en India ciertos asnos salvajes que son tan grandes como caballos y más grandes. Sus cuerpos son blancos, sus cabezas de color rojo oscuro y sus ojos de color azul oscuro. Tienen un cuerno en la frente que mide aproximadamente un pie y medio de largo.2

El cuerno, agregó Ctesias, se decía que era blanco, rojo y negro, y ofrecía protección contra el veneno. La mayoría de los otros autores clásicos probablemente también se referían a animales que habían visto o escuchado de los viajeros (aunque algunos podrían haber sido más creativos con su material). Lo que unificó los relatos de estos variados "unicornios" fue la idea de que eran bestias de gran poder con un solo cuerno en la cabeza.

Hoy sabemos que Ctesias nunca estuvo en la India, y que por tanto su testimonio no es más  que el procedente de otros testimonios consecutivos que habían ido acumulando distorsiones subjetivas y ambigüedades.

La imagen del unicornio se transfiguró a lo largo de la Edad Media, por el erudito del siglo sexto Isidoro de Sevilla, entre otros, en un caballo salvaje de un solo cuerno que los cazadores podían matar solo si primero lo atraía y lo domesticaba. Virgen. Historias de este tipo se registraron en bestiarios y colecciones de tradiciones como el Physiologus, que se agregó, tradujo y reprodujo durante muchos siglos. Algunas versiones del Physiologus incluyeron cuentos de unicornios que sumergen sus cuernos en agua que había sido envenenada por serpientes, para purificarla.


Virgen domesticando un unicornio, del Physiologus Bernensis, una copia iluminada del siglo IX de la traducción latina del Physiologus (Bern Cod. 318)  Fuente/Source.


Este fabuloso caballo, sus habilidades mágicas y su tentativa de soltera fueron consagrados en la secuencia de siete Tapices de Unicornio, que se cree que se hicieron a principios del siglo XVI (ahora en exhibición permanente en el Met Cloisters en Nueva York). A principios de la era moderna, el unicornio se había convertido en un símbolo cristiano. La imagen de la bestia asesinada por los cazadores se asoció con el sacrificio de Cristo y su noble sumisión a una virgen había llegado a representar el poder casto de la Virgen María.


Segundo de los Tapices de Unicornio, el unicornio se muestra sumergiendo su cuerno purificador en el agua, mientras que alrededor de la partida de caza se para y habla Fuente/Source.


Tales asociaciones exóticas y sagradas ayudaron a ganar al cuerno de unicornio o "alicorn" una reputación como panacea en Europa. Los nobles habían tenido durante mucho tiempo vajillas supuestamente hechas de alicornios para evitar ser afectados por veneno en su comida y bebida. Del mismo modo, se creía que el polvo hecho del cuerno curaba un caso de envenenamiento. El Alicorn también fue considerado un poderoso afrodisíaco y un tratamiento efectivo para todo tipo de dolencias, desde la fiebre hasta los dolores de la vejez.

En las décadas anteriores a que Thomas Bartholin publicara De unicornu observation novae, todavía existía un fuerte comercio de "cuerno de unicornio" en polvo reforzado por textos clásicos e imágenes bíblicas, así como por trabajos académicos más recientes que cantaban las alabanzas y potencias del cuerno. Los boticarios en algunas áreas mostraban imágenes de unicornios o especímenes reales de cuernos para indicar que tenían acceso a estas sustancias costosas y potentes. Los colmillos en espiral (más exactamente deberíamos decir "en hélice" -noata del traductor-) de narvales, identificados por comerciantes, coleccionistas y eruditos como alicornios, eran posesiones preciadas en muchos gabinetes de maravillas en la Europa moderna temprana.

La bocina en polvo, vendida por boticarios, generalmente estaba hecha de colmillo de narval, comercializado a Europa a través de Escandinavia, que se benefició enormemente del comercio. El cuerno también podría tener otras fuentes, incluido el colmillo de elefante o morsa. Algunos expertos podían distinguir los marfiles: un boticario argumentó que el narval "Cuerno ... puede distinguirse del marfil [del elefante] por los hilos o fibras que son más sutiles" y por ser "más sólidos y más pesados" .3 Cortados en trozos, Sin embargo, pocas personas, excepto los cazadores y los traficantes, sabían de dónde procedían realmente los cuernos. Esta confusión fue ocasionalmente lamentada por escritores y boticarios. El muy viajado médico francés Pierre Martin de La Martinière (1634–1690), por ejemplo, comentó sobre la dificultad de conocer "el Unicornio correcto ... habiendo varios Animales que los griegos llaman Monoceros, y los Latinos Uni-Cornis", que van desde innumerables cuadrúpedos terrestres y "serpientes", para "pescar" como el "elefante marino" .4



Representación de un "camphur", de Des Monstres et Prodiges (1585) de Ambroise Paré. Esta mítica bestia con forma de unicornio era anfibia (tenga en cuenta los pies palmeados y los peces) y se dice que vive en Indonesia  Fuente/Source.


Varios tipos de unicornio terrestre (incluido el anfibio "camphur" arriba a la izquierda), de Histoire générale des drogues de Pierre Pomet (1694) Fuente/Source.



Licorne de mer (unicornio marino) y un narval representado como dos animales distintos, de Histoire générale des drogues (1694) de Pierre Pomet Fuente/Source.


Sin embargo, la gente no carecía por completo de escepticismo. Muchos tenían sus sospechas sobre la realidad del unicornio y el poder del cuerno. Des Monstres et Prodiges (1585), del médico francés Ambroise Paré, contenía un "Discurso sobre el unicornio" en el que se discutían sus dudas. Las exploraciones de los europeos en el Ártico a lo largo de los siglos XVI y XVII revelaron que el narval, un extraño pez con punta de lanza que antes era desconocido en la erudición europea, fue la fuente de algunos de estos cuernos "unicornio". Después de que William Baffin produjera la primera descripción formal europea del narval a fines del siglo XVI, el valor medicinal de la alicorn comenzó a cuestionarse. Se pensaba que muchos tipos de productos similares a cuernos contenían propiedades mágicas; algunos textos afirmaban que el colmillo de morsa era incluso más poderoso que el alicorn. Tales comparaciones amenazaron aún más el estado elevado de alicornio ya que las preguntas sobre sus orígenes empañaron su atractivo. Los académicos del sur de Europa comenzaron a preguntarse si "cuerno de unicornio" era realmente todo lo que se había imaginado.
 

Irrumpen los Bartholins. A partir de 1613, el padre de Thomas, Caspar Bartholin el Viejo, era profesor de medicina en la Universidad de Copenhague en Dinamarca. Antes de tomar este puesto, había viajado mucho por Alemania, los Países Bajos, Inglaterra, Francia y Alemania, lo que era relativamente inusual en ese momento. En sus viajes, visitó algunos de los Wunderkammern o gabinetes de maravillas más ilustres de Europa. Al examinar los cuernos de unicornio presentes en estas colecciones, concluyó que no podían ser antílopes ni apéndices derivados de caballos. Deben ser marinos. Viniendo de Dinamarca, Caspar estaba demasiado familiarizado con el narval como para no haber notado la similitud entre sus cuernos y alicornios, pero evitó establecer un vínculo directo entre ellos.

No fue sino hasta 1636 que el cuñado de Caspar, el prolífico anticuario y coleccionista Ole Worm, afirmó que los narvales eran de hecho la fuente de alicorn. Al comparar sistemáticamente los esqueletos de narvales con los cuernos de marfil retorcidos vendidos como cuernos de unicornio en Europa, demostró que eran uno y lo mismo: los alicornios solo podían ser los dientes extraños y únicos de los animales marinos. La conclusión de Ole creó todo tipo de problemas. ¿Qué habían estado describiendo los autores clásicos? ¿Existían los unicornios terrestres? ¿El Alicorn era realmente médicamente potente?



El gabinete de curiosidades de Ole Worm, como se muestra en su Museo Wormianum Fuente/Source.


Detalle de la imagen de arriba, que muestra lo que parece ser un cuerno de narval en la pared del fondo.



Imagen compuesta que muestra tres ilustraciones del narval y el cuerno, del Museo Wormianum de Ole Worm  Fuente/Source 


Thomas Bartholin, que era médico de formación, intervino para resolver los dilemas que dejaron las investigaciones de su padre y su tío. También logró ejecutar un marketing inteligente y relaciones públicas para la industria pesquera de Dinamarca. Su trabajo colmó la inclinación académica tradicional por priorizar la autoridad de los textos antiguos con la tendencia creciente de usar el experimento y la observación directa. Sintetizó las conclusiones de Caspar y Ole en De unicornu observation novae, reafirmando que los alicornios eran los colmillos de los narvales mientras seguía insistiendo en su potencia medicinal. En cierto sentido, fue un ejercicio de cambio de marca: el humilde narval, con sus propiedades mágicas afirmadas, ahora reinventado como el "Unicornio de Groenlandia".

Escrito en latín, el libro de Bartholin analizó laboriosamente todas las criaturas con cuernos conocidas, desde rinocerontes hasta escarabajos rinocerontes, cálaos y víboras con cuernos. Bartholin incluso tocó algunos objetos de cuerno hechos por el hombre, como el "Cuerno de Gallehus", una pieza de artesanía del siglo V hecha de oro puro, que se encontró en Dinamarca en 1639. (Todas estas criaturas y objetos fueron ilustrados minuciosamente, con imágenes plegables completas en la edición posterior de 1678 producida por el hijo de Thomas, quien, como su abuelo, se llamaba Caspar).




Ilustración de criaturas unicorneras, de la edición de 1678 de Thomas Bartholin’s De unicornu observen novae Fuente/Source.



Ilustración de una criatura parecida a un narval, de la edición de 1678 de Thomas Bartholin’s De unicornu Observaciones nova Fuente/Source 


Dado que las autoridades clásicas habituales se centraron en las versiones terrestres de la bestia mítica, Bartholin recurrió a algunas fuentes antiguas muy diferentes para que le dieran gravitas a su trabajo. Utilizó textos nórdicos antiguos como el King's Mirror (Konungs skuggsjá), un texto escrito en 1250 para la educación de un joven príncipe noruego, para demostrar que los nórdicos eran muy conscientes de la naturaleza de estos cuernos y sabían de su gran poder. mientras comerciaban con ellos. Invocar la sabiduría de un texto tan antiguo era un argumento poderoso en un mundo donde la tradición y el conocimiento antiguo se ponían en un pedestal.

Además de buscar en el registro escrito, Thomas también realizó una serie de experimentos con la esperanza de confirmar la eficacia del cuerno de narval / unicornio para curar dolencias. Roling menciona que Thomas "incluso pensó que era capaz de detener una epidemia de fiebre en Copenhague con roces de unicornio" .5 Utilizando pruebas de observación tan duras para demostrar que Alicorn realmente era una medicina poderosa, sofocó los crecientes argumentos en sentido contrario. Finalmente, Thomas estaba dispuesto a admitir que los unicornios terrestres mencionados en textos antiguos deben tener contrapartes de la vida real en lugares exóticos; pero la alicorn medicinal, potente y valiosa? Bueno, eso solo podría obtenerse de los mamíferos marinos del Ártico. Y solo de Islandia.




"Monocheros", de Thomas Cantimpré’s Liber de natura rerum (ca. 1280) Fuente/Source.


"Monocheros", del bloeme Der naturen de Jacob van Maerlant (ca. 1350) Fuente/Source.


Narwahl, o "unicornio marino", de Conrad Gesner’s, Historia animalium (1558) Fuente/Source.


La reinvención de Thomas Bartholin del narval como el "unicornio marino" fue un truco de marketing importante. Protegía el valor de un medicamento que los Bartholins, como médicos, podían continuar administrando a un gran costo para sus pacientes. Al mismo tiempo, protegía el valioso comercio escandinavo de cuernos de narval, que era importante para la economía danesa. La publicación en 1678 de una edición elaboradamente ilustrada de De Unicornu por el hijo de Thomas, Caspar, ayudó a mantener la imagen del unicornio marino a la vista del público, y durante décadas después, las ideas de Thomas continuaron teniendo un lugar en las discusiones académicas sobre alicorn.

Este cambio de caballo terrestre a bestia marina es uno de los muchos cambios que el significado de "unicornio" ha sufrido con el tiempo. Durante un corto tiempo en el siglo XVII, el "Unicornio de Groenlandia", una extraña criatura del mar del norte que pocos europeos habían visto, desplazó a sus oscuros primos con pezuñas en Asia como la fuente de los maravillosos y colmillos en espiral valorados por coleccionistas y médicos. El juego de manos de Thomas Bartholin mantuvo la fe popular en la potencia de la alicornio hasta principios del siglo XVIII, cuando los farmacéuticos se desencantaron. Experimentos más confiables demostraron que el polvo no era tan útil para curar enfermedades o proteger contra el veneno. En su Systema Naturae (1735), el taxonomista más prominente de la historia, Carl Linnaeus, rechazaría el "Unicornio de Groenlandia" de una vez por todas (aunque el nombre científico del narval sigue siendo Unicornu groenlandicus). Aún así, hubo un momento en que los unicornios existían tanto en el mar como en la tierra, antes de que la magia medicinal de sus cuernos se disipara y se retiraran al mundo de la fábula pura.

Natalie Lawrence recibió recientemente su doctorado en historia de la ciencia de la Universidad de Cambridge. Su tesis fue "Asamblea monstruosa: la construcción de animales exóticos en la Europa moderna temprana", y examinó la creación y el uso de maravillosas bestias novedosas en la historia natural y otras formas de publicación de 1550-1750. De particular interés fueron las aves angelicales del paraíso del este lleno de especias, el pangolín y el armadillo de ambas Indias, la morsa del Ártico helado y el buldo dodo de Mauricio. Actualmente la está convirtiendo en un libro.

1. Bernd Roling, "Der Wal als Schauobjekt: Thomas Bartholin (1616-1680), die danische Nation und das Dens der Einhorner", en Karl A. Enenkel y Paul J. Smith (eds.), Zoology in Early Modern Culture, Intersecciones de Ciencia, Teología, Filología y Educación Política y Religiosa. Intersecciones, vol. 3 (Leiden: Brill, 2014), 194–5.
2. Ctesias, "Indica", en The Library of Photius, ed. y trans. por J.H. Freese (Nueva York: MacMillan, 1920), 117. aquí.
3. Johann Schröder, Zoologia: o, La historia de los animales como son útiles en fisica y
quirurgia Dividido en cuatro partes ... (Londres: Impreso por E. Coates para R. Royston, 1659),
73, 83.↩
4. Pierre Martin de La Martinière, Un nuevo viaje al norte ... Sobre la situación
y Extensión de Groenlandia y Nova Zembla (Londres: Impreso para John Starkey, 1674), 146-7.
5. Roling, "Der Wal als Schauobjekt", 194–5.

1. Bernd Roling, “Der Wal als Schauobjekt: Thomas Bartholin (1616-1680), die danische Nation und das Dens der Einhorner”, in Karl A. Enenkel and Paul J. Smith (eds.), Zoology in Early Modern Culture, Intersections of Science, Theology Philology and Political and Religious Education. Intersections, vol. 3 (Leiden: Brill, 2014), 194–5.
2. Ctesias, “Indica,” in The Library of Photius, ed. and trans. by J.H. Freese (New York: MacMillan, 1920), 117. here.
3. Johann Schröder, Zoologia: or, The history of animals as they are useful in physick and
chirurgery. Divided into four parts…
(London: Printed by E. Coates for R. Royston, 1659),
73, 83.

4. Pierre Martin de La Martinière, A New Voyage into the Northern… About the Situation
and Extent of Greenland and Nova Zembla
(London: Printed for John Starkey, 1674),146-7.

5. Roling, “Der Wal als Schauobjekt”, 194–5.

Public Domain Works
Entrada original de Public Domain Review, por Natalie Lawrence.
















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https://publicdomainreview.org/2019/09/19/greenland-unicorns-and-the-magical-alicorn/

martes, 6 de junio de 2017

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(sigue de la anterior entrada)

Continuamos el repaso a la fauna presente en las aventuras del Dr Maturin y el capitán Aubrey escrtas por Patrick O'Brian tal y como propone Wanda Finch:


 
    
El ornitorrinco


Al final de "La Goleta Nutmeg" (The Nutmeg of Consolation), el doctor Maturin por fin tiene la oportunidad de ver a un ornitorrinco vivo (Ornithorhynchus anatinus, promedio de 2,5 a 4 libras de largo y medio de altura). El doctor habría estado estudiando en París cuando el primer ejemplar del ornitorrinco llegó a Europa. Era una hembra, así que no sabía que el ornitorrinco masculino tenía un espolón de veneno en los talones. Son el único mamífero que tiene la capacidad de producir veneno, por lo que su lesión fue totalmente inesperada. Los ornitorrincos (Platypuses) son uno de los dos únicos monotremas vivientes. El otro es el equidna. Ambos son nativos de Australia, pero su linaje se remonta a fósiles de más de 100 millones de años. Los monotremas ponen huevos, a diferencia del resto de nosotros los mamíferos. Comparten el resto de características de mamíferos (pelo, sangre caliente, producción de leche, etc.), por lo que son realmente miembros de nuestra clase. Viven una vida acuática, obvia a juzgar por sus patas palmeadas, en arroyos, alimentándose de gusanos y otros invertebrados. Los machos usan su espolón envenenado para proteger su territorio y su familia. El Doctor nunca llegó a observar al siguiente mamífero en estado salvaje, pero sí tenía uno de sus dientes (el narval). 
  

curiosa interpretación en posición erguida
El ornitorrinco es el animal raro por excelencia. Desde el punto de vista de la iconografía animal europea la aparición del ornitorrinco supuso todo un impacto entre el mundo científico hasta el extremo de que se le sigue incluyendo en las listas de los seres criptozoológicos tan a menudo como si fuese no fuese real. 

Entre las criaturas imposibles de la Fauna Secreta de Pere Formiguera y Joan Fontcuberta era, junto al ciervo almizclero, prácticamente el único animal auténtico de la exposición, aunque les hubiesen cambiado los respectivos nombres. 

La cuestión de la denominación, por tanto, forma parte del reconocimiento y la autentificación científica de cualquier fenómeno natural o de cualquier cosa. En el caso de los animales, las múltiples denominaciones y variantes locales dificultan su identificación específica o la hacen confusa. 

Nuestro ejemplo clásico lo explicamos con anterioridad a propósito de la creencia popular de que el Leopardo y la Pantera son dos especies diferentes, cuando en realidad la palabra pantera denominaba a la misma especie desde sus avistamientos en Asia y Oriente Medio vía Mediterráneo, con preferencia por la denominación griega, mientras que los ejemplares observados en África adoptaron el nombre latino que  etimológicamente implica la antigua creencia de que se trataba de un híbrido entre leones y panteras. Hoy en día, la palabra pantera identifica sobre todo los casos de melanismo, tanto de leopardo como de jaguar, pero también se usa indistintamente para denominar a pumas y otras especies de felinos medianos de todo el mundo.


Ilustración  realizada entre 1798_1830 Imagen Bilderbuch fur Kinder
Patrick O'Brien demuestra su buen oficio como escritor de ficción histórica al mostrar los problemas que puedan surgir de las confusiones léxicas a la hora de identificar adecuadamente un animal, puesto que la primera denominación que flirteaba con el sistema de Linneo dio pié a su nombre en inglés, platypus, pero los colonos locales, ignorando la denominación indígena, lo denominaron según una asociación visual, superficial, entre el animal y los animales europeos a los que pudiese recordar por algún aspecto de su morfología o su comportamiento, lo que dio lugar a "topo de agua". 

Pese a la cercanía de un río poblado por estos animales, Maturin realiza una expedición en busca de ornitorrincos frustrada por la escasez de tiempo y por el curso de los acontecimientos, pero, casi de regreso al barco, al observar un par de topos de agua en el río que inicialmente había ignorado, comprueba que se trata de ornitorrincos (constatando un reconocimiento visual vicario de las imágenes creadas por artistas naturalistas) e incluso llega a capturarlo para comprobar por sí mismo una de las rarezas más insólitas en un mamífero, o cuando menos en una animal de sangre caliente cubierto de pelo: su carácter venenoso. En cuanto a los efectos clínicos que el doctor padece a causa de la toxina, ignoramos si se ajustan o no con exactitud a los síntomas estudiados en víctimas de dicho aguijonazo o se basa en un compendio de efectos tóxicos de una amalgama de criaturas venenosas.

En tiempos del Dr Maturin, tras dudas y acusaciones de montaje ante los primeros ejemplares muertos observados en Francia e Inglaterra, pasó a ser una de las criaturas estelares de los libros ilustrados y pese a su rareza, o precisamente por ello y por su reciente descubrimiento (a finales del siglo XVIII) se convirtió paradójicamente en una de las criaturas más famosas y por tanto dignas de ser vistas o capturadas. Uno de los sueños de cualquier naturalista.

Si quiséramos aclarar más cuestiones en cuanto a la etimología de la denominación del ornitorrinco, la vincularíamos claramente a su taxonomía, y esto es un signo de una cierta modernidad y, en cualquier caso, de novedad con respecto a los animales tradicionalmente conocidos, y por ello también al margen de lo extraordinario:



Cuando el ornitorrinco fue descubierto por primera vez por los europeos en 1798, el capitán John Hunter, segundo gobernador de Nueva Gales del Sur, envió un bosquejo y la piel de un ejemplar a Gran Bretaña.5 A la vista de tan extraño animal, los científicos británicos creyeron encontrarse ante una broma pesada.4 George Shaw, que en 1799 hizo la primera descripción del ornitorrinco en la revista Naturalist's Miscellany, afirmó que era imposible no haber mostrado dudas sobre su autenticidad y Robert Knox creyó que podría haber sido creado por algún taxidermista asiático.6 Se creía que alguien había cosido el pico de un pato al cuerpo de un animal parecido a un castor. Shaw incluso utilizó unas tijeras para comprobar si había suturas en la piel disecada.4
Su nombre común en inglés, Platypus, es un término latinizado derivado de las palabras griegas πλατύς (platys, plano, ancho) y πους (pous, pie), «pie plano».7 Shaw se lo asignó como un nombre de género linneano cuando lo describió por primera vez (siendo el nombre de la especie Platypus anatinus), pero pronto se descubrió que ese nombre de género ya pertenecía a unos escarabajos de la madera (género Platypus).8 En 1800 fue descrito de manera independiente como Ornithorhynchus paradoxus por Johann Blumenbach, a partir de un ejemplar que le entregó Sir Joseph Banks,9 y, siguiendo las reglas de prioridad de nomenclatura, posteriormente se le reconoció oficialmente como Ornithorhynchus anatinus.8

El nombre científico se forma con Ornithorhynchus, que deriva de la palabra griega ornithorhynkhos (ὄρνις, -ιθος, pájaro, y ῥύγχος, pico); y anatinus, que en latín significa «semejante a un pato». El nombre común en español proviene también del griego ornithorhynkhos.10


Wanda Finch nos dice que los monotremas son mamíferos de los que tan sólo existen dos especies (ornitorrincos y equidnas), aunque algunas voces científicas creen que quizá más que un orden de los mamíferos, tal vez deberían considerarse una clase aparte. En cualquier caso, existen cuatro diferentes especies de los denominados equidnas, así que sería más exacto hablar de cinco especies, y no dos, de monotremas.



Dadas las singulares características del ornitorrinco, a veces se ha dicho, a modo de broma, que es una prueba de que Dios tiene sentido del humor (por ejemplo, al inicio de la película Dogma). 
 Como símbolo de lo extraño se ha utilizado para algunas reflexiones filosóficas, como por ejemplo las de Umberto Eco en su obra Kant y el ornitorrinco (1997) o las de Thomas Cathcart en Platón y un ornitorrinco entran en un bar... La filosofía explicada con humor (2008).
Aparece a menudo como personaje de programas infantiles de televisión, como el popular «Perry el Ornitorrinco» en el programa Phineas y Ferb de Disney Channel, o «la familia Ornitorrinco» de Mister Rogers' Neighborhood, y es protagonista de poemas infantiles de autores como el australiano Banjo Paterson o de la española Gloria Fuertes.69 70 También ha aparecido en algunos temas musicales, como Platypus (I Hate You) de Green Day o Platypus de Mr. Bungle.
Su peculiar apariencia ha hecho que aparezca en muchos medios, especialmente en su Australia natal. Se ha usado en varias ocasiones como mascota: «Syd» el ornitorrinco fue una de las tres mascotas elegidas para los Juegos Olímpicos de Sídney 2000, junto con un equidna y una cucaburra,71 «Expo Oz» lo fue en la Exposición Mundial de 1988 celebrada en Brisbane,72 y el ornitorrinco «Hexley» es la mascota del sistema operativo Darwin, de Apple, uno de los principales componentes en los que se basan Mac OS X e iPhone OS.73
Es el emblema animal del estado de Nueva Gales del Sur.74 Desde la introducción del sistema decimal en las monedas de Australia en 1966, la imagen decorada en relieve de un ornitorrinco figura en el reverso de la moneda de 20 céntimos. El ornitorrinco es el emblema animal del estado de Nueva Gales del Sur.74



Pese a la popularidad del ornitorrinco entre la población occidental con cierto nivel de estudios o formación científica básica, lo cierto es que la mayor parte del mundo conoció al ornitorrinco en 1939 cuando la National Geographic Magazine publicó un artículo sobre este sorprendente animal y los esfuerzos llevados a cabo para su estudio y cría en cautividad. Se trataba de una tarea difícil, y desde entonces solo se ha conseguido criar con éxito unos pocos ejemplares. 


La figura más destacada de estos esfuerzos fue David Fleay, que puso en marcha un «ornitorrincuario» simulando un riachuelo dentro de un tanque en el Healesville Sanctuary en Victoria, donde consiguió el primer nacimiento con éxito de un ornitorrinco en cautividad en 1943. En 1972 encontró una cría muerta de unos cincuenta días de edad, que presumiblemente había nacido en cautividad, en su parque faunístico de Burleigh Heads en la Costa de Oro de Queensland.66 Healesville volvió a tener éxito en 1998 y de nuevo en 1999 con un tanque con un riachuelo similar al montado en los años 1940. El Zoo de Taronga de Sídney consiguió el nacimiento de gemelos en 2003,67 y hubo un nuevo nacimiento con éxito en 2006.68 

La búsqueda del contacto placentero con otras especies animales, la empatía necesaria para interactuar con ellos y un cierto grado de confianza o al menos falta de miedo o desconfianza parece determinar otro de los caracteres propios del naturalista, a quien gustaría por tanto moverse por espacios naturales y mostrar cierta predisposición a la actividad física. Esto no siempre cuadra con la imagen del científico y casi podría decirse que es una distinción peculiar de los biólogos y demás científicos de campo frente a los científicos teóricos. Estos están asociados a los espacios cerrados, bibliotecas, archivos y laboratorios, lugares menos frecuentados por aquellos que muestran más aptitudes físicas o deportivas. 

El clásico empollón, el científico en ciernes, busca en sus estudios un refugio donde protegerse de sus fracasos deportivos o de su escasas aptitudes para ello. Asimismo podríamos decir que se suele asumir que el hombre y la mujer de ciencia no suelen gozar de belleza o atractivo físico que fomenten sus relaciones sociales o sus predisposición a participar de los juegos asociados al cortejo sexual, aunque evidentemente no tenga porqué ser así. 

Tópicamente el intelectual reprime estos instintos o le son negados por alguna razón. En las historias originales de Peter Parker/Spiderman, el guionista Stan Lee parece comprender muy bien esta cuestión. Parker es físicamente débil, y está socialmente segregado por compañeros como Flash Thompson, físicamente atractivos y deportivamente válidos, pero por ello intelectualmente descuidados. 

Cuando el azar otorga superpoderes al joven Parker, su talento científico le facilita comprender lo que le ha ocurrido y lo asume prácticamente como un gaje más de la adolescencia, pero no se aprovecha de ello directamente y lo oculta, porque sabe qué significa ser un marginado sin el tipo de ingenio que cotiza para las relaciones sociales. Aplica su talento científico a optimizar sus nuevos dones físicos y desde ese momento separa su personalidad superheróica de la mundana. Parker deposita su ingenio en la personalidad humorísticamente verborreica de Spiderman, pero sigue siendo el empollón y el científico incomprendido cara a los demás. No está tan lejos del planteamiento de Stevenson para Jekyll/Hyde, o, como decíamos previamente, con el de Stan Lee y Jack Kirby para Bruce Banner/Hulk.

Dudo que las actividades físicas o deportivas de Darwin fuesen más allá de los paseos necesarios para desarrollar actividades de caza propias de su entorno social, y sin duda éstas sirvieron para incentivar su curiosidad zoológica y botánica, pero, al igual que tantos ilustres naturalistas de su tiempo, también lo habituó a la aceptación de una concepción especista de las cosas, antropocéntrica y casi siempre poco compasiva con los animales capturados, aprisionados o muertos para su estudio científico. Daba igual si eran los responsables directos o no de las capturas, porque de un modo u otro seguían siendo los ejecutores, aunque también es cierto que no dudaban en encargar el trabajo sucio a especialistas más precisos para evitarse la triste experiencia o incluso por evitar sufrimientos innecesarios a los animales. Estos aspectos de la vida del naturalista sirven de pretexto para la ficción literaria de Roger McDonald "La escopeta de Darwin", que observa la actividad del científico desde el punto de vista de su cazador a sueldo.
Stephen Maturin es un buen tirador, y entiende de armas. En más de una ocasión sus compañeros de tripulación se benefician de dichas habilidades, pero también es cierto que muchas veces manifiesta su rechazo a matar sin una causa plenamente justificada (supervivencia o catalogación de una especie desconocida) y limitándose al mínimo número de ejemplares. A menudo el lector tiene el privilegio de conocer sus pensamientos acerca de las indiscriminadas actividades cinegéticas y predatorias de sus colegas marinos y sabemos hasta qué punto le perturban. Sin embargo, sus hábitos profesionales y le habitúan a la muerte tanto de humanos como de otros animales, lo que supone una cierta frialdad de carácter que solemos observar en los científicos de ficción porque supuestamente la población media percibe así el talante racionalista y supuestamente desapasionado del hombre de ciencia capaz de observar un ser vivo como un mecanismo, como un objeto.



  El narval

En "Capitán de Navío" (Post Captain), el capitán Aubrey da al Dr. Maturin un colmillo de narval (Monodon monoceros, longitud del aver. 16 pies). El doctor lo agradece y le responde: "Es perfecto, la apoteosis de un diente". Aunque estos colmillos fueron tomados por cuernos de unicornio, son (como pueden ver), el incisivo delantero izquierdo del narval macho. Los narvales son ballenas dentadas, pero los machos solo tienen este diente, y las hembras no tienen ninguno en absoluto. En Los Cien Días, hay una discusión sobre la función de este colmillo, y casi 200 años después todavía no tenemos una respuesta definitiva. No se pueden utilizar para la alimentación, ya que las hembras no tienen un colmillo y, obviamente, deben obtener alimentos también. Hay poca evidencia de que se usen para la defensa o el combate.
 
Esqueleto de narval. Yo creo que se utilizan para la exhibición, que es atraer a los narvales femeninos. Entre los mamíferos marinos, la hembra proporciona todo el cuidado adicional necesario para criar a la próxima generación. Facilita las calorías adicionales para apoyar a la cría por nacer, y proporciona las calorías adicionales para los jóvenes después del nacimiento en forma de leche. También facilita su instrucción sobre cómo respirar, dónde viajar y qué comer. Todo lo que el macho proporciona es su herencia genética. La hembra está obviamente buscando los mejores genes que puede encontrar, ya que va a invertir mucho de su tiempo y esfuerzo. Este colmillo largo anuncia la buena salud y las habilidades para la supervivencia del varón. Eso es algo así como una tarjeta de platino, un Lexus, o una prenda de Armani para el macho humano, y conduce al mismo resultado. Bueno, esto ha supuesto un montón de mamíferos, pero hay un reptil de que tenemos que hablar.

Al introducir temáticas adecuadas para un naturalista, una naturalista con cierta relevancia incluso, como el Dr Maturin, vinculado a la vida naval y a las expediciones marítimas, era casi inevitable que O'Brian introdujera uno de los mitos zoológicos por excelencia: el narval. Como bien apunta Wanda Finch, los restos y fragmentos del diente de los machos fue tomado en la antigüedad por cuernos del mítico unicornio, dando pie incluso a la construcción de un mito vicario de éste, el unicornio de mar, al que seguramente contribuiría el avistamiento fugaz y fragmentado de estos cetáceos. 

Las grandes criaturas marinas, por el hecho de ser visionadas de forma fragmentada, incompleta o distorsionada por el agua, dieron lugar a muchas más especulaciones incluso que las criaturas terrestres amparadas en la oscuridad, en la espesura, o en la simple confusión con otras criaturas a las que aportaban rasgos novedosos o llamativos a menudo atribuibles a descripciones fantásticas precedentes. 

El narval constituye un ejemplo clásico de caso real que fomenta la especulación criptozoológica. Posee el atractivo misterioso de todo animal acuático que sólo puede ser visto de forma fraccionada y fugaz, pero además, como todos los cetáceos, es voluminoso y su necesidad de respirar aire lo obliga a presentarse periódicamente en la superficie ostentando no sólo su gran tamaño, sino sus grandes apéndices dentales. Sin embargo, gracias a estudios de carácter antropológico de las tribus asentadas en las áridas regiones árticas, que llegaban a capturarlos como  una pieza más de caza para su sustento, empezó a ser conocido entre los lectores de testimonios de expediciones geográficas, destacando como una de las criaturas que avistaban los inuits desde sus kayaks cuando pescaban, o cuando o capturaban focas, por lo que los navegantes e investigadores europeos tuvieron acceso a cierta información bastante directa. 




No obstante, incluso estas capturas eran raras en comparación con las que seguirían a la toma de conciencia de los inuits acerca del valor al borde de la mitificación comercial que los dientes de narval habían adquirido debido a reseñas literarias semejantes a las de O'Brian o al mítico poder curativo que se la ha atribuido de forma análoga al del cuerno del rinoceronte.
También hay que destacar que en ocasiones no es único el diente de un sólo ejemplar, y no son raros los casos de narvales que ostentan dos dientes. El diente del narval dio lugar a especulaciones al ser hallado de forma fragmentaria, pero también al ser avistados sus restos varados en la costa en estado de descomposición o semiconsumido por los depredadores y carroñeros o por el impacto contra las rocas.

De hecho, el varamiento de las criaturas marinas constituye una de las raras ocasiones en que pueden ser conyempladas de modo directo y mensurable, a la vez que constituye literalmente la revelación de criaturas que habitan una dimensión desconocida o un medio oculto a nuestra vista.

Así que no sólo estos avistamientos accidentales, al igual que en el caso de otras muchas especies marinas, especialmente las grandes, está tan vinculado a su encallamiento que a menudo son representadas de esta guisa en las ilustraciones naturalistas de los siglos XVIII y XIX.
Esto consigue un efecto de acercamiento o realismo respecto al lector-espectador, y le ofrece la oportunidad de comparar la escala del animal con la de otros objetos conocidos e incluso con la de seres humanos caminando junto al animal, que ni siquiera es mostrado siempre como evidentemente muerto, emulando la presencia de otras ciraturas, como los pinnípedos, que sí podrían aparecer decansando en una ensenada, un escollo o una playa. No tardaremos en dedicar una entrada exclusiva a este tipo de representaciones y a su persistencia en obras de arte recientes.




Sí nos gustaría destacar, antes de pasar a otros animales de la fauna de Maturin, que los grandes cetáceos, al ser objeto de caza por inuits y otras culturas, ofrecían la oportunidad de imaginar estampas de lucha cinegética en la que además la criatura muestra un tamaño épico. En el caso del narval, como en los diferentes especies de pez espada o incluso en el caso de grandes peces sierra, se añade un elemento aparentemente armamentístico (aunque no sea esa su función, el accidental uso agresivo por parte de los peces espada contra pequeñas embarcaciones sugiere el mismo peligro por parte de los narvales).

Ver un arma ofensiva en los atributos físicos de cualquier criatura forma parte de la percepción humana a falta de mejor información. La nalogía con el ariete presente en la proa de algunos barcos de combate de la antigüedad facilitó que el narval, a diferencia de muchos de sus parientes delfínidos como marsopas, calderones o belugas, fuesen incluidos entre los animales marinos potencialmente agresivos. Su considerable tamaño, y su parentesco con otros grandes cetáceos de talla verdaderamente descomunal, equiparable a la de grandes navíos, facilitó el argumento de Julio Verne para 20.000 Leguas de Viaje Submarino, en cuyo inicio los ataques del Nautilus son interpretados como agresiones provinientes de algún tipo de narval gigantesco.

La duras condiciones de la captura del narval por parte del pueblo inuit, bien desde tierra o hielo o bien desde pequeñas y comparativamente frágiles embarcaciones, ha fomentado un imaginario emparentado con las expediciones ballenaras o con los pescadores de los grandes e inofensivos tiburones peregrinos en el mar del norte. Tal vez por esto y por su presencia en mares fríos e inhóspitos justifica su presencia simultánea en algunas ilustraciones de antiguos libros naturalistas, como en el ejemplo adjunto, en el que es asociado a la presencia de otra de las misteriosas criaturas de las frías aguas árticas: el tiburón boreal, de cuya existecia apenas se habría sabido nada si no fuera por la ocasional captura por parte de los inuits. Otro animal raro de ver, grande y candidato a la categoría de monstruo marino (incluso incluido entre los posibles causantes del mito del monstruo del lago Ness).

 
    
La tortuga gigante


Esta es una tortuga de Galápagos (Testudo vicina). Este ejemplar es los restos de uno que murió en el zoológico del Bronx en la década de 1920, y ya no sabemos cuántos años tenía cuando murió, de cuál de las islas vino, o cuánto pesaba cuando estaba vivo. Las gigantescas tortugas terrestres parecen evolucionar fácilmente en las islas. Hay diferentes especies de Seychelles, Mauricio, Albemarle Island, así como las Islas Galápagos. Si las tortugas que comen plantas pueden llegar a una isla, ya sea por una balsa de vegetación flotante o por otros medios, lo harán muy bien. Son de sangre fría, por lo que con su metabolismo bajo, pueden soportar prolongados períodos con poca comida o agua. También tenderán a evolucionar en gigantes, tanto como defensa de los depredadores como por la selección sexual para la reproducción tanto del macho como de la hembra. Los machos más grandes serán más exitosos en la competición para los compañeros, y la hembra más grande pondrá más huevos.Como he dicho, no sé cuál era el peso de este espécimen cuando estaba vivo. El caparazón es de aproximadamente 36 pulgadas de largo. El ejemplar más grande que he podido localizar, era un animal que vivía en el zoológico de Londres en el siglo XIX. Era de Aldabra, una de las Seychelles, y pesaba 575 libras. Y su caparazón era de 55 pulgadas de largo. Usando esto como una guía, ahora llegamos a Testudo aubreii, como se vio por primera vez en la fragata Surprise, donde el Dr. Maturin la describió como de un peso de una tonelada, y también se comentó en El Reverso de la Medalla. Aquí, creo, tenemos una gran historia del Sr. O'Brian. El espécimen más grande de tortuga  tierra fósil encontrado también tiene un cuerpo de cerca de 55 pulgadas de largo. Si una tortuga pesa una tonelada, 2240 libras. (Medida inglesa), tendría que ser alrededor de 1,5 a 2 veces más largo (dependiendo de si el peso se ajusta a una progresión geométrica o aritmética) o de 83 a 110 pulgadas. Esto es mucho mayor que cualquier espécimen (vivo o fósil) jamás reportado. Como apoyo a mi idea de que el señor O'Brian  juega con nosotros, quisiera señalar que Testudo aubreii se encuentra en una isla que no tiene nombre ni posición fija en ninguna carta. El descubridor es un individuo que acaba de realizar una cirugía a corazón abierto a sí mismo, la eliminación de una bala de su propio pecho.No todas las maravillas de la historia natural observadas por el doctor Maturin y el capitán Aubrey eran criaturas vivientes. Veamos algunas rocas inusuales.

Coincidimos sin duda con las apreciaciones de Finch acerca de las grandes tortugas de tierra, y de la anecdótica nomenclatura empleada por Stepehen Maturin para inmortalizar el nombre de su amigo Aubrey en una gran tortuga. 

Ésta es clasificada por él en persona, lo que remite a una costumbre que nos sigue obligando a distinguir especies como el pingüino de Humboldt o la gacela de Thompson con el nombre de su descubridos o de un partícipe en el descubrimiento. En este caso se trata de una mera especulación, pero que sin duda es creíble, aparte de la licencia acerca del desmesurado tamaño de la especie, y efectivamente su veracidad queda amparada por su ambigua localización en una isla sin registro cartográfico.






 
    
Bombas volcánicas


Al comienzo de Un mar oscuro como el Oporto (The Wine Dark Sea), el capitán y su tripulación experimentan una lluvia de bombas volcánicas. Este fenómeno natural ocurre a causa de los volcanes que surgen en las zonas de subducción. Como el movimiento de las placas tectónicas fuerza a una placa bajo otra, la mayoría de las veces en un fondo marino bajo una placa continental, se forman volcanes. En una zona en la que el suelo oceánico, con sus sedimentos y organismos deteriorados (ricos en agua y carbono), son forzados hacia abajo, se sobrecalientan y se forman volcanes para liberar la presión del vapor y otros gases. Los gases, mezclados con lava fundida, producen erupciones explosivas y, a veces, forman bombas volcánicas.

Estas bombas en particular son de California, en el otro lado del Océano Pacífico que produjo el ataque al capitán. Tan muchas de las observaciones del doctor de los fenómenos naturales estaban en el mar, debemos cubrir algunos de ésos.


 Nos ha gustado esta inclusión de un fenómeno de origen geológico entre las muestras naturalistas de Wanda Finch asocialbles a las historias literarias de Stephen Maturin y Jack Aubrey. Aunque las maravillas descritas en los libros de eventuras de la época suelen ser zoológicas, no faltan las referencias a curiosos fenómenos naturales de cualquier índole que susciten la curiosidad y el asombro del lector. Los que muestran un carácter violento a gran escala, sobre todo aquellos cuya presencia no es esporádica, sino permanente o cuando menos predecible, acaban por formar parte de episodios significativos de este tipo de narraciones. Recordemos el escenario final de las 20.000 leguas de viaje submarino de Verne, entre las Islas Sethland y las Feroe, en pleno mar del Norte, donde se forma el Maëlstrom, un titánico remolino en una confluencia de corrientes marinas que sella el destino (al menos momentáneamente, hasta su reaparición en La Isla Misteriosa) del capitán Nemo. Los volcanes también sirvieron para sellar una vez más la desaparición de Nemo en La Isla Misteriosa, o para suscitar las peripecias del profesor Lidenbrock en Viaje al centro de la Tierra, así como en otras narraciones de arriesgadas expediciones. La fuerza procedente de la propia tierra es bien conocida a lo largo de la Historia, con casos tan ilustres como la documentación de los últimos días de Pompeya por Plinio el viejo, quien sucumbió así a una vida de publicaciones protocientíficas.
 
    
El Albatros


El doctor adoraba contemplar los albatros, y en la Isla Desolación tenía latuvo oportunidad de ver su anidación de cerca. Estos son los albatros de Layson (Diomedia immutabilis), diferentes en las marcas y el tamaño del albatros real (Diomedea epomophora, aver. 17 libras, ala de 11,5 pies) que vio con más frecuencia en los mares del sur. Ambos son narices tubulares, compartiendo similar anatomía, y estilo de vida. La característica de la nariz tubular, o las fosas nasales en el extremo de los tubos a cada lado del pico, no se explica completamente. Como los albatros son totalmente aves de los océanos abiertos, no beben nada más que agua de mar y sus glándulas nasales secretan el exceso de sal. Tal vez el tubo impide que este agua salada afecte a los ojos. Los albatros también segregan aceite de olor desagradable en su estómago que utiliza para rociar a un agresor. Esto es especialmente cierto en las crías cuando reposan en su nido, incapaces de volar. Los albatros se alimentan principalmente de calamares, pero ocasionalmente de peces, otras aves, carroña o semillas. 

Los marineros son especialmente aficionados a las fragatas, porque significan que la tierra está cerca ... (Finch introduce, como siempre al final de cada una de sus breves entradas, el tema de la entrada siguiente, en este caso dedicada a las fragatas o rabihorcados, aves marinas asociadas a la cercanía de la costa, como en casi todos los casos, a excepción precisamente del albatros, conocido por su extraordinaria capacidad para abarcar enormes desplazamientos en mar abierto)


Los albatros han sido descritos como «la más legendaria de todas las aves».41 Un albatros es el eje central en el famoso poema Rime of the Ancient Mariner (Balada del viejo marinero), de Samuel Taylor Coleridge; un albatros cautivo también es una metáfora para el poète maudit del poema de Charles Baudelaire «El albatros». El uso de «albatros» como una metáfora deriva del poema de Coleridge; en inglés, y, aunque en menor medida, también en español, se dice que alguien con una pesada carga o problema tiene a «un albatros alrededor del cuello», el castigo impuesto en el poema al marinero que mató al albatros. Existe un mito extendido entre los marineros de que es un ave de buen augurio y de que puede resultar desastroso matar o dañar a un albatros y era creencia popular que éstos encarnaban las almas de los marinos muertos en el mar.43 44 La realidad, sin embargo, nos muestra que los marineros los mataban y comían con regularidad.24 Los maorís usaban los huesos de sus alas para grabarse tatuajes ceremoniales en la piel,45 y para tallar flautas.46

Son aves muy apreciadas por los aficionados a la ornitología y sus colonias son destinos populares para la práctica del ecoturismo. En muchos pueblos y ciudades costeras como Monterey, Kaikoura, Wollongong o Sídney, se realizan travesías regulares de avistamiento de aves marinas pelágicas, y los albatros son fácilmente atraídos a estos barcos turísticos arrojando aceite de pescado al mar. Las visitas a las colonias pueden ser muy populares; la colonia de albatros real del norte en Taiaroa Head (Nueva Zelanda) atrae a 40.000 visitantes al año,6 y las colonias más aisladas son atracciones habituales en los cruceros a las islas subantárticas.

Hoy en día, la persistencia del albatros en la iconografía zoológica popular no se debe a sus grandes dotes para el vuelo transoceánico, ni a su peculiar anatomía del pico, sino a su gran tamaño. Se trata de la criatura voladora de mayor envergadura de la actualidad, y su conexión con las grandes aves legendarias queda reforzada por esta razón. Podemos dar fé del interés que todavía suscitan las aves gigantes a juzgar por el gran número de visitas de nuestra entrada dedicada a este respecto, pese a sus carencias de edición, y que sigue siendo una de las más visitadas de este blog a día de hoy.
 
 
   
La fragata (fregata o rabihorcado)


En Un mar oscuro como el Oporto, el Capitán y el Doctor discuten las razones estructurales de la habilidad de vuelo de la fragata (Fregata magnificens, longitud promedio de 40 pulgadas, promedio de 3 libras). Aunque los pájaros de la fragata vuelan lejos, mar adentro, permanecen cerca de sus hogares isleños. Sus plumas no son impermeables, por lo que rara vez, si alguna vez lo hacen, amerizan. Pasan su tiempo en el aire, a la caza de los peces voladores. Sus habilidades de vuelo son tan avanzadas que pueden atacar a otras aves marinas en el aire, obligándolas a regurgitar sus capturas. Las fragatas son capaces de pasar por debajo y recuperar la comida antes de que caiga al mar. Su gran envergadura (más de 7 pies) les permite remontar el viento sin esfuerzo, pero les difulta aterrizar.

Ahora es el momento de ver algunos animales de debajo del agua.


Hoy en día, si hay algo que destaque a la fragata de las demás aves marinas, aparte de su piratería característica (comportamiento frecuente, por otra parte, en casi todas las esepecies de gaviota, al fin y al cabo el ave marina más omnipresente y conocida) es su coloración oscura y el característico saco pectoral inflable e intensamente rojo de los machos. Curiosamente, este hecho apenas es mencionado o discutido en las páginas de O'Brian.
 

    
Tiburones


En el puerto de la traición, el capitán y el doctor y su equipo tienen una mala experiencia, cuando pierden un pasajero a causa de un tiburón tigre (Galeocerdo cuvier, longitud hasta 20 pies). Este es uno de los tiburones más peligrosos en las aguas tropicales, un probado devorahombres. También se conoce como "cubo de basura con aletas", pues comerá cualquier cosa: neumáticos, bolsos, animales, carroña, etc. Su nombre común viene de sus rayas obvias.

  
Otro encuentro entre hombre y pez en el Puerto de la Traición, esta vez un encuentro agradable con el Doctor, es con el tiburón ballena (Rhinodon typus, longitud promedio 40 pies). Cuando el Doctor está bajo el Mar Rojo en una campana de buceo, llega a observar de cerca a un tiburón ballena nadando cerca.

Esta es una experiencia común hoy en día, pero ahora los buceadores tienen suficiente movilidad para nadar junto con los tiburones. Los tiburones ballena son filtradores en cuanto a su modo de alimentación, filtrando lentamente animales microscópicos del agua mientras nadan con la boca abierta. A medida que el agua pasa a través de la boca y las branquias, los órganos esponjosos de filtración recogen la comida. Son completamente no agresivos, aunque su piel es muy áspera, por lo que la gente que quiere tocarlos debe usar guantes.

La verdad es que si hay algo llamativo respecto a la presencia de tiburones en las aventuras del doctor Maturin es su escasez. Pese al tópico recurso del tiburón como monstruo marino o como presencia letal en este tipo de aventuras (hasta el punto de usarlo de forma genérica, y sin necesidad de concretar su especie), lo cierto es que parece que O'Brian minimice su presencia deliberadamente, como para dar mayor credibilidad a sus narraciones y apartarlas de los tópicos más truculentos. 

De hecho, en muchas ocasiones se resta importancia a su presencia, como si formasen parte de la cotidianeidad de la vida marinera, y no suelen ser un motivo disuasorio para los frecuentes baños en alta mar de Aubrey o del mismo Maturin. 

Sin embargo es imposible sustraerse a su poder terroríficamente, o cuando menos inquieteantemente, evocador, y el episodio al que hace referencia Finch sirve como golpe de efecto oportuno, suponiendo un antes y un después de la consideración de Aubrey acerca de estos grandes selacios. 

Aubrey había mencionado recientemente la poca aversión o temor que sentía por estos animales, llegando a mencionar una ocasión en que había ido a dar con un gran tiburón martillo en una zambullida sin consecuencias pocos capítulos antes de la repentina desaparición violenta de un personaje al que se había caracterizado como alegre y bonachón. 

Tal vez no sea casual que se argumente la posible identificación del animal agresor como un tiburón tigre, dado que así O'Brian contenta tanto a los lectores ávidos de sangre como a aquellos que prefieren que no se carguen en exceso las tintas en contra de estos animales, dado que es bien conocida la peligrosidad de los tiburones tigre debido, más que a su malévola agresividad, a su poder físico y a su glotonería sin escrúpulos. 

Además, su estampa es la de un gran tiburón señalado por manchas o franjas verticales que motivan su nombre asociado al del gran felino terrestre. Por lo tanto, la mera aliteración de los vocablos tiburón y tigre resulta de lo más adecuada para dejar claras las cosas al lector que menos sepa de estas interesantes y amenazadas criaturas. 


 En cuanto al episodio de la campana de inmersión, uno de tantos caprichos científicos del doctor (y que lo caracteriza como un hombre moderno para los parámetros de su época) y que acaba por tener una frustrante utilidad estratégica, cuenta también con la ocasional presencia de un ejemplar perteneciente a los carcharodon, sin especificar (probablemente un gran blanco -téngase en cuenta que O'Brian escribe este episodio cuando ya ha sido un éxito de ventas Tiburón, de Peter Benchley, y el film homónimo de Spielberg, que habitúa a los curiosos a la denominación científica de Carcharodon Carcharias-). 

 Sin embargo, en esta ocasión, la presencia del animal no pasa de resultar vagamente inquietante y no tiene mayores consecuencias.
Sí creo que resulta más significativo el avistamiento de uno de tantos tiburones azules que siguen la estela del barco por motivos alimenticios y que es devorado por otros de menor tamaño en medio del frenesí alimentecio provocado al arrojar despercicios de las cocinas al mar. 

Como en tantas otras ocasiones, el plausible realismo de un fenómeno natural sirve para ilustrar el trasfondo del estado anímico o narrativo de las peripecias personales del doctor, cuya situación estratégica como espía y agente secreto suele exponerlo en posiciones de riesgo imprevisible.

(continuará en las próximas entradas) 



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https://es.wikipedia.org/wiki/Stephen_Maturin

https://en.wikipedia.org/wiki/Stephen_Maturin

https://es.wikipedia.org/wiki/Aubrey-Maturin

http://www.hmssurprise.org/

http://www.hmssurprise.org/dr-maturins-natural-history

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http://blogs.elpais.com/periodismo-con-futuro/2011/04/infograficos-peligrosos.html


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