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viernes, 18 de diciembre de 2020

El paleoartista Mark Witton desentraña la problemática pilosidad de la iconografía del mastodonte y nos ejemplifica las relaciones entre arte y ciencia a través de las dudosas representaciones de los antiguos primos lejanos de los elefantes

 

El mastodonte es el epítome del animal grande, de lo grande, lo mastodóntico. Pero pocos no iniciados en la zoología y la paleontología saben qué es. Incluso los que lo saben incluir entre los antepasados del elefante lo confunden con otros proboscídeos prehistóricos y no acaban de concretar su aspecto. La imagen que encabeza este artículo no se corresponde con un mastodonte, sino con un Dinoterio. La asociación entre el encabezamiento de texto y esta imagen en los buscadores aumentará la ambigüedad de la identificación pero es que esta entrada habla precisamente de eso, de las circunstancias que pueden volver confusa la imagen de un animal, como en su día generó cierta confusión entre mamuts y mastodontes, parientes pertenecientes a una familia común a la que dieron nombre alternativamente: 
Los mamútidos (Mammutidae, antiguamente llamada Mastodontidae) son una familia extinta de mamíferos proboscídeos conocidos normalmente como mastodontes. No deben confundirse con los mamuts, que pertenecen al género Mammuthus de la familia Elephantidae.


Mark Witton es un paleoartista que además de realizar trabajos de ilustración naturalista notables, reflexiona de manera muy interesante sobre su actividad en excelentes artículos sobre el arte aplicado a la paleontología en su magnífico blog

Desde el Animal Invisible sentimos una gran empatía y respeto por Witton, ya que como en nuestro caso se interesa por las relaciones entre arte y ciencia y la influencia que el contexto cultural, histórico y artístico tiene en la percepción y asentamiento de múltiples ideas y acepciones sobre los animales extintos, a menudo tan sujetas a especulación o reconstrucción. Reconstrucción científica, sin duda, pero sujeta a valoraciones subjetivas e influencias culturales, coyunturales, sociales e incluso políticas.

 

Mark Witton

Como muestra de lo que destacamos del elogiable trabajo intelectual y artístico de de Witton, queremos ofreceros un delicioso artículo sobre la imagen del Mastodonte, tradicionalmente influida por toda la mitología y fascionación alrededor de su pariente filogenético, el Mamut. 

Efectivamente, el mastodonte y otros proboscídeos prehistóricos y extintos han ofrecido cierta persistencia iconográfica influída por la imagen del mamut y el hallazgo de tejidos blandos de éste, incluyendo piel y pelo. 

La popularidad de la estampa peluda del mamut acabó repercutiendo en la iconografía de supuesto rigor científico y naturalista del mastodonte, reivindicado como icono zoológico de la paleontología norteamericana compitiendo en relevancia con el mamut, cuyos hayazgos más significativos y sorprendentes se habían dado en Rusia (a pesar de la presencia de hallazgos fósiles de dicha especie en Alaska y en Canadá). La subjetividad estadounidense y ciertas distorsiones debidas a la popularización de noticias y descripciones poco contrastadas acabaron por generar una imagen especulativa del mastodonte en vida marcada por la presencia de una pelambrera que emulaba a la de su primo lejano, pero que posiblemente se debiera a la incorrecta identificación como restos de dicha pelambrera a lo que no sería otra cosa que restos de algas propias de los pantanos donde se hallaron sus restos fósiles.

Mark Witton

En una fascinante historia detectivesca de investigación bibliogràfica y paleontológica, iconográfica e histórica, muy en la línea del añorado Stephen Jay Gould, Witton nos demuestra cuánta observación y razonamiento hay detrás de todas las hermosas y fascinantes imágenes que produce en su labor de paleoartista. Estamos seguros que nuestros queridos redactores del blog Koprolitos, al que tantas veces hemos recurrido para nuestras propias selecciones, suscribirían el deleite que produce aprender del legado científico del pasado tanto como de los ejemplares preservados en el tiempo y lo que nos dicen acerca de los hábitos biológicos de los animales que nos descubren.

Os ofrecemos hoy, pues, una selección de ilustraciones de Witton, entre las que destacamos un proboscidio emparentado con los mastodontes y los mamuts, el Deinotherium Giganteum, para ser lo suficientemente oportunos, y algunas de las que nos parecen más originales y hermosas, para, a continuación, dejaros un extracto de su artículo traducido al castellano y una invitación a que visitéis su página web y, sobre todo, su blog y sus amenos e interesantes artículos, destinados a dejarnos claro hasta qué punto arte y ciencia van de la mano, especialmente en el mundo de la paleontología.

 

Mark Witton

A la vista de su evocadora visión del Espinosaurio, no podemos evitar recordar lo que ya hemos comentado acerca de la evolución iconográfica de dicho animal y lo que ello significa para demostrar la aportación de la información científica en el arte y la aportación del arte en la comprensión de los datos aportados por dicha información. 

Este tipo de contenidos son los abordados por Witton en sus escritos a la par que en sus ilustraciones para testimoniar el momento histórico concreto que determina la gestación de cada una de ellas. Y creemos que un excelente ejemplo es su disertación sobre el mastodonte.

Mafa Alborés

 


El "folklore paleontológico" 

del pelo de mastodonte

 

El mastodonte americano Mammut americanum es uno de los miembros más emblemáticos de la megafauna norteamericana. Tema frecuente de exhibiciones en museos, libros e investigación técnica durante más de dos siglos, todos podemos evocar inmediatamente imágenes mentales de este animal parecido a un elefante de cuerpo largo y patas relativamente cortas. Casi todos imaginaremos a los mastodontes de la misma manera: es decir, cubiertos con una gruesa capa de cabello castaño de manera que recuerda a su primo aún más icónico, el mamut lanudo. Así es simplemente como hemos llegado a entender la apariencia en vida del mastodonte a través de siglos de refuerzo artístico y literario (ejemplos en libros conocidos incluyen Špinar y Burian 1972; Benton 2015; Prothero 2017).  

Muchos textos ni siquiera se molestan en citar fuentes académicas que evidencian la afirmación: el concepto de los mastodontes peludos se ha repetido con suficiente frecuencia y el tiempo suficiente para ser un hecho establecido. Las cebras tienen rayas, los leones tienen melenas y los mastodontes tenían una capa de pelo marrón espesa.

 


La versión de 1964 (?) De Zdenek Burian del mastodonte americano: una restauración completamente típica de esta especie que pasaría como una restauración creíble en cualquier momento durante los dos últimos siglos.

 

Por lo tanto, podría sorprendernos saber que la base de la evidencia acerca de nuestros mastodontes peludos fue en realidad completamente infundada durante casi dos siglos, y que este concepto ampliamente aceptado solo ha ganado una pequeña cantidad de apoyo durante nuestras vidas. Esta tampoco es una nueva revelación. El antropólogo y autor estadounidense Loren C. Eisley, una figura clave para desentrañar la extraña historia de los tejidos blandos de los mastodontes, no contuvo sus embestidas cuando describió el pelo del mastodonte como "elementos del folclore paleontológico" en 1945 (p. 108). El interés de Eisley en los mastodontes fue impulsado por ideas de su supervivencia en los últimos siglos, donde los llamados tejidos blandos de mastodonte descubiertos en el siglo XIX se interpretaron como evidencia de la extinción de los mastodontes hace solo cientos de años. Eisley publicó refutaciones a este concepto varias veces durante la década de 1940 y, en su artículo de Science de 1946 Men, Mastodons, and Myth, profundizó específicamente en la peculiar historia de los descubrimientos de tejidos blandos de mastodontes. A través del trabajo de detective histórico, Eisley descubrió una serie de interpretaciones erróneas, correcciones fallidas e incluso subterfugios deliberados de los primeros días de la exploración fósil estadounidense. A continuación se proporciona un breve resumen de sus hallazgos, pero asegúrense de consultar el relato de Eisley ustedes mismos para visualizar la imagen completa.

Mentiras, malditas mentiras y pelo de mastodonte

 

La historia de los tejidos blandos del mastodonte comienza en 1800 en Newburgh, Nueva York, donde se extrajo un diente de mastodonte y una muestra asociada de pelo áspero y "pardo" de un pantano en la granja del Sr. A. Colden. Este espécimen, que se dice que estaba tan podrido que se convirtió en polvo en unos días, fue un hallazgo significativo. No fue solo el primer supuesto pelo de mastodonte, sino también el primer indicio de que algunos gigantes del Pleistoceno podrían haber estado cubiertos de piel. Es uno de los relatos más creíbles de pelo de mastodonte del siglo XIX y, para muchos, fue la mejor evidencia de piel de mastodonte, incluso cuando se hicieron nuevos hallazgos más adelante en el mismo siglo.

 


Impresionante pintura Mammut americanum de Charles Knight de 1897. Por lo que puedo decir, el trabajo de Knight se encuentra entre las primeras restauraciones de esta especie y establece el pelaje peludo que asociamos con él. Esta es una de mis pinturas favoritas de Knight:  miren sencillamente ese paisaje.

 

Poco después del descubrimiento de Colden Farm, los informes de tejido blando de mastodonte se volvieron abundantes y rápidos. En 1805, los nativos americanos de Shawnee informaron que un mastodonte tenía una nariz y una boca largas, interpretadas, naturalmente, como un tronco fosilizado. Aproximadamente al mismo tiempo se informó de un hallazgo de un estómago de mastodonte fósil con contenido intestinal, al igual que más especímenes con pequeñas cantidades de piel peluda. En 1839 se informó de láminas de piel especialmente grandes. Según los informes, estaban tan bien conservadas que incluían arterias y tendones, pero eran demasiado frágiles para recolectarlas en una sola pieza; solo se podían extraer pequeños fragmentos. En conjunto, tales restos formaron un conjunto de datos significativo sobre los tejidos blandos del mastodonte, desde los órganos internos hasta las características externas. Son la semilla a partir de la cual creció el concepto de mastodontes peludos y marrones, y a finales de siglo, los mastodontes peludos se describían en los libros de texto (por ejemplo, Hutchinson 1893; tengan en cuenta que el libro de Hutchinson contiene una rara ilustración de Joseph Smit de un mastodonte casi sin pelo) y aparece en obras de arte influyentes de Charles Knight (arriba),

 

Pero si esta evidencia es tan grande y extensa, ¿por qué ninguno de estos especímenes es mejor conocido? ¿No se exhiben en museos, o al menos se ilustran en un libro o en un artículo? Resulta que hay una buena razón por la que nunca los has visto: todos son completamente falsos. Ni un solo ejemplo de tejido blando de mastodonte reportado en el siglo XIX fue ingresado a un museo, prácticamente ninguno fue examinado por personas con experiencia paleontológica y nunca se hicieron informes detallados. Es evidente que algunos nunca existieron y los que sí lo hicieron fueron tomas erróneas de objetos por lo demás poco notables.

 

La investigación de Eisley asume que algunas de estas malas interpretaciones fueron errores honestos de personas sin experiencia, o quizás sobreinterpretaciones de informes de campo (por ejemplo, el relato del espécimen de 'nariz larga' no hace mención real de tejidos blandos y podría pertenecer solo a observaciones osteológicas). Él atribuye estos errores a que los primeros años del siglo XIX fueron una época de gran entusiasmo por los mamuts congelados siberianos recién descubiertos y la anticipación de que los proboscidios estadounidenses fósiles devolverían restos de calidad similar. Esto podría explicar por qué algunos casos, como el presunto espécimen de estómago de mastodonte, son completamente extraños. Los tejidos intestinales se encuentran entre los primeros órganos en descomponerse cuando los animales mueren y sería muy extraño que un estómago sobreviviera, solo, después de que el resto del animal se pudriera. Este descubrimiento suena muy parecido al tipo de interpretación demasiado entusiasta que podría hacer alguien ingenuo sobre la tafonomía y, de hecho, este espécimen fue rápidamente sometido a refutaciones y correcciones de eruditos más experimentados. ;

 

(La tafonomía (del griego « τάφος» taphos, enterramiento, y «νόμος» nomos, ley) es la parte de la paleontología que estudia los procesos de fosilización y la formación de los yacimientos de fósiles. ​ Se puede servir de disciplinas como la ecología, la geoquímica, la sedimentología, etc.)

 

Pero otros relatos probablemente fueron deshonestos desde el principio: cuentos para despertar el interés en especímenes fósiles que se exhibirán en museos privados y espectáculos itinerantes. El comienzo del siglo XIX fue una época antes de que existieran los museos públicos en los EE. UU., por lo que los restos fósiles se exhibían al público a través de empresas privadas: la publicidad y la publicidad fueron importantes para que tales esfuerzos fueran financieramente viables. Es en este contexto en el que tenemos que ver que el mastodonte de Missouri de 1839 presenta grandes cantidades de piel, arterias y tendones preservados, lo cual fue informado por no otro que Albert Koch: el mismo propietario del museo responsable de reconstruir Basilosaurus como una serpiente marina y un mastodonte de Missouri como el 'Missourium', un ensamblaje monstruoso de mastodonte y bloques de madera que se exhibió públicamente a mediados del siglo XIX. El enfoque exagerado y fraudulento de Koch para la transmisión de datos paleontológicos roba toda la credibilidad de sus relatos, y nadie puede tomarse en serio su afirmación no verificada de muestras de piel gigantes. El hecho de que nunca haya realizado un seguimiento de estos restos de tejidos blandos aparentemente notables es una prueba más de que nunca existieron.

 

 


"Missourium" de Albert Koch: un esqueleto de mastodonte compuesto y distorsionado aumentado con trozos de madera para alargar la columna vertebral. El espécimen de Missourium fue recolectado alrededor de 1840, y me pregunto si los relatos de Koch sobre muestras de piel gigantes estuvieron asociados con su descubrimiento.

 

Pero, ¿qué hay del hallazgo de Colden Farm que, si bien sigue siendo completamente anecdótico, al menos menciona la naturaleza inestable de su cabello de mastodonte y, por lo tanto, explica su ausencia en las colecciones actuales?

Este descubrimiento de 1800 gana credibilidad adicional al ser anterior a nuestro conocimiento de los mamuts congelados en Rusia y, por lo tanto, debe haber sido una interpretación imparcial y honesta del supuesto material de mastodonte.

Pero, nuevamente, los detalles de este hallazgo son peculiares: ¿no es extraño que todo un mastodonte desapareciera para dejar solo un diente solitario y un mechón de cabello? Esto es tafonómicamente muy extraño, pero no fue un incidente aislado: también se recuperaron otros huesos fragmentarios con parches de pelo de pantanos en la misma zona.

El geólogo estadounidense James Hall proporcionó una explicación de tales hallazgos que es mucho más consistente con nuestra comprensión de los patrones de descomposición de los animales. Como parte de un estudio más amplio de la geología del estado de Nueva York, Hall descubrió que los pantanos que producían estos restos fragmentarios de mastodonte estaban llenos de un alga con forma de pelo conocida como conferva. Era una buena combinación, en cuanto a tamaño y morfología, para el supuesto cabello de mastodonte, y cuando se desecaba, se volvía, como pueden adivinar 'marrón parda'. Al describir un yacimiento de mastodonte en 1843, escribió:

 

    En un pequeño pantano de estiércol en Stafford, condado de Genesee, se encontró un pequeño molar hace varios años. Su situación estaba debajo del lodo y sobre un depósito de arcilla y arena. En esta localidad se presenta una gran cantidad de confervas parecidas a pelos, de color marrón pardo; y se parece tanto al cabello, que se requiere un examen detenido para estar seguro de su verdadera naturaleza.

 

Hall 1843 (de Eisley 1946, p. 522)

 

 

Hall fue una de las pocas personas verdaderamente experimentadas y cualificadas que escribió sobre los tejidos blandos de mastodonte en el siglo XIX, por lo que su evaluación es de verdadero interés para esta historia. Esto no es para descartar la percepción de los pastores, agricultores y hombres de negocios detrás de otros relatos, pero la explicación de Hall ciertamente encaja mejor con nuestra comprensión moderna de la tafonomía, así como con el hecho de que esos pantanos de Nueva York, incluso hoy, aún no han ofrecido un solo mechón de indiscutible pelo de mastodonte. Para Eisley, si hay algo de verdad en estas primeras muestras de cabello de mastodonte, Hall lo acertó: las muestras de cabello de mastodonte de Nueva York eran simplemente algas secas mal identificadas.

 

 


'Conferva' no es un término muy utilizado hoy en día, pero una vez perteneció a un gran número de especies de algas verdes filamentosas. Es fácil ver cómo ejemplos como los anteriores pueden confundirse con el cabello de mastodonte por parte de personas ingenuas. Imagen de Anne Dixon, de 1843 a 1845, tomada del Museo Getty. (Getty Museum)

 

Sin los especímenes para examinar, hoy no podemos estar seguros de si Hall y Eisley estaban en lo cierto, pero su trabajo muestra claramente que las afirmaciones del siglo XIX sobre el pelo de mastodonte son sospechosas. Esta es la línea tomada por al menos algunos autores modernos que escriben sobre el cabello de mastodonte (por ejemplo, Hallin 1989; Haynes 1991; Larramendi 2015) pero, como sabemos por la historia, la mayoría de la gente ignoró tanto a Hall en el siglo XIX como a Eisley en el XX para perpetuar el concepto desacreditado de mastodontes peludos.

¿Cómo se convirtieron esos datos cuestionables en la verdad establecida e incuestionable sobre la apariencia en vida del mastodonte? Eisley (1946) atribuyó esto al efecto de verdad ilusoria, donde la repetición de una afirmación por parte de las autoridades percibidas hace que parezca fáctica y veraz, independientemente de la evidencia subyacente. En este caso, suficientes científicos, museos, libros y otros medios han remolcado la línea del mastodonte peludo para transformar el folclore en un 'hecho', aparentemente sin que nadie se pregunte dónde estaba la evidencia real del pelo de mastodonte. Como dijo Eisley:

 

    En medio de esta constante repetición de lo que, por el mero prestigio de la edad, ha llegado a aceptarse como un hecho innegable, nunca se ha señalado que las instituciones científicas estadounidenses no poseen la evidencia tangible que por sí sola podría justificar una fe tan incondicional en la apariencia exacta de esta bestia desaparecida hace mucho tiempo.

 

Eisley, 1946, pág. 517.

 

Me cuesta pensar en un caso en el que las interpretaciones basadas en un conjunto de datos paleontológicos comparativamente débiles se hayan vuelto a repetir de manera tan acrítica durante tanto tiempo, tan regular y tan públicamente.

Por lo general, existe cierto rechazo a las ideas totalmente infundadas de la apariencia viva de un animal extinto, aunque solo sea entre los especialistas, pero solo puedo encontrar un puñado de artículos que promuevan versiones no peludes, de la apariencia en vida del mastodonte, del siglo pasado. A la luz de los esfuerzos dedicados de personas como Eisley para dejar las cosas claras, publicadas en Science, nada menos, es realmente bastante desconcertante que hayamos promovido inquebrantablemente el mastodonte peludo y marrón durante tanto tiempo.

 

Finalmente: un espécimen real

 

La situación en torno a los tejidos blandos del mastodonte ha cambiado algo hoy en día. En la década de 1980, el experto en mamíferos del Pleistoceno, Kurt Hallin, publicó dos resúmenes y un artículo popular sobre los primeros trozos genuinos de piel de mastodonte, ambos cubiertos de pelo (Hallin y Gabriel 1981; Hallin 1983, 1989). Pero si esperan que esto finalmente nos dé una idea real de la apariencia de la vida del mastodonte, no están de suerte. Que yo sepa, este espécimen nunca ha sido descrito o ilustrado más allá de estos trabajos breves, y una imagen de microscopio electrónico de barrido de un solo cabello es todo lo que se ha presentado (abajo). Este breve párrafo de Haynes (1991) proporciona una de las descripciones más detalladas que pude encontrar:

 

    Los especímenes de lo que parece ser piel carbonizada que mantiene juntos los pelos finos y agrupados intercalados con pelos huecos y más gruesos pueden ser el único tejido blando de Mammut que se conserva actualmente. Krut Hallin recuperó estos especímenes en asociación con fragmentos craneales encontrados cerca de Milwaukee, Wisconsin (comunicación personal de K. Hallin 1989). Los pelos de guardia conservados son huecos, un rasgo bastante común en los mamíferos, incluidos los mamuts lanudos y los elefantes africanos. El pelaje interior parece similar al de los mamíferos semiacuáticos como la nutria y el castor (Hallin 1983, 1989; Hallin y Gabriel 1981), en que es muy fino y ondulado, y crece en densos haces.

 

Haynes 1991, pág. 34.

 

30 años después, estos breves informes siguen siendo nuestra única evidencia directa de pelo de mastodonte (Haynes 1991; Larramendi 2015), lo que deja la apariencia en vida del mastodonte americano no muy avanzada desde el desmantelamiento de Eisley de los descubrimientos del siglo XIX de hace 75 años. Si bien la muestra de cabello de Wisconsin representa un posible paso adelante, permanece en un área gris científica por no haber sido nunca descrita o ilustrada en detalle, y la interpretación de Hallin nunca ha estado sujeta a revisión por pares. Su importancia para la paleobiología del mastodonte y su apariencia en vida sigue siendo una cuestión abierta, al igual que la naturaleza de la piel del mastodonte en general. Después de todo, el espécimen de Wisconsin solo representa la piel del cráneo, y realmente necesitamos piel de diferentes regiones de cuerpos de animales extintos para estar seguros de su apariencia completa. ; Con tan pocos datos a mano, todo el tegumento corporal de los mastodontes sigue siendo un misterio (Haynes 1991; Larramnedi 2015).

 


La foto SEM de Hallin (1989) del cabello de mastodonte de Wisconsin, eso es todo a la izquierda. Que yo sepa, esta es la única imagen publicada de cabello de mastodonte.

 

 

Sin embargo, ¿podría el mastodonte seguir siendo peludo?

Sin embargo, esto no quiere decir que debamos renunciar a restaurar la apariencia en vida del mastodonte. Estos son animales fósiles relativamente bien conocidos, y seguramente podemos decir algo sobre su piel a partir de detalles de su anatomía, ecología y paleobiogeografía. Si vamos a jugar este juego predictivo, quizás el primer paso más importante sea darnos cuenta de que los mamuts lanudos, que son claramente una inspiración histórica para el arte del mastodonte, no son grandes análogos del mastodonte americano.

La familiaridad de los mamuts lanudos hace que sea fácil olvidar que se trataba de una especie genuinamente extraña, especialitzada y adaptada a los hábitats extremos del Pleistoceno crioárido (Boeskorova et al. 2016). Se basaban en coberturas peludas gruesas de tres niveles, capas adiposas generosas, jorobas sobre sus hombros, orejas pequeñas, colas acortadas y `”capuchas'' en los extremos del tronco para protegerse de inviernos extremadamente fríos y escasez periódica de alimentos (Boeskorova et al.2016). Los mastodontes estadounidenses, por el contrario, no eran especialistas en la Edad de Hielo. De hecho, evolucionaron durante las condiciones más cálidas del Plioceno anteriores a las glaciaciones del Pleistoceno e, incluso durante la Edad de Hielo, evitaron los climas extremos que soportan los mamuts lanudos. Las distintas preferencias de hábitat de mastodontes y mamuts lanudos se demuestran por el hecho de que sus restos se encuentran muy raramente en los mismos horizontes fósiles (Graham 2001; Hodgson et al. 2008). Los mamuts lanudos eran habitantes de hábitats de estepas, tundra y bosques en las regiones del norte (específicamente, Alaska, el medio oeste y noreste de los Estados Unidos y la llanura costera del Atlántico norte), mientras que los mastodontes preferían los bosques más húmedos en lugares más al sur (el este de los Estados Unidos (extendiéndose tan al sur como Florida), sureste de Canadá y partes de México) (Haynes 1991; Graham 2001; Newsom y Mihlbachler 2006). Mastodon disfrutó así de una variedad de hábitats y climas: las poblaciones más al norte habitaban bosques boreales, viviendo junto a alces y castores, mientras que las de Florida y México habitaban pantanos y bosques relativamente cálidos, compartiendo su entorno con reptiles y anfibios (Hine et al. 2017). Sin los fósiles de tejido blando de mastodonte, no podemos evaluar realmente sus adaptaciones al frío, pero Larramendi (2015) señaló que las colas de Mammut son largas para los proboscidianos. Esto contrasta con las colas especialmente cortas de los mamuts lanudos y podría tener implicaciones para la energía térmica del mastodonte; en otras palabras, no sentían el frío suficiente para acortar sus colas (Larramendi 2015). Estos detalles de la ecología, biogeografía y anatomía demuestran cuán diferentes eran los mastodontes y los mamuts lanudos, y advierten que no debemos atribuir la piel de mamut a sus primos más robustos.

 


Los mamuts lanudos nos son muy familiares, pero no debemos olvidar que no eran animales gigantes "normales". Eran especialistas adaptados a la vida en hábitats extremadamente fríos y secos y, como la mayoría de los especialistas, su estilo de vida requería un exceso de rareza anatómica. No deberíamos asumir fácilmente que son especies modelo adecuadas para otros gigantes. Esta imagen de 2018 muestra a M. primigenius encontrándose con una familia de neandertales.

 

Habiendo eliminado a los mamuts de la imagen, podemos centrarnos en una pregunta clave sobre el mastodonte: ¿se habrían beneficiado de una cobertura de cabello de cuerpo completo? Para responder a esto, debemos considerar su tamaño gigante y lo que eso significa para su energía térmica. Cada vez soy más de la opinión de que, al considerar la apariencia en vida de animales extintos gigantes de varias toneladas, deberíamos estar justificando la presencia de capas gruesas de aislamiento, no su eliminación, y creo que ese enfoque tiene mérito aquí.

El mastodonte americano promedió masas corporales de 8 toneladas, lo que lo hace más grande no solo que sus primos lanudos lejanos (Larramendi 2015) sino también considerablemente más pesado que un elefante vivo promedio de cualquier especie.

Como se ha discutido extensamente en publicaciones anteriores, incluso en estas masas más pequeñas, los elefantes son simplemente tan grandes que realmente no sienten tanto frío, hasta el punto de que algunas poblaciones africanas soportan meses de noches bajo cero a pesar de su falta de pelo ( Haynes 1991). De hecho, sabemos que los elefantes probablemente dependan de estos períodos más fríos para sobrevivir, ya que su tamaño y su baja relación superficie-volumen les presentan numerosos desafíos relacionados con la pérdida de calor durante el día. Entre otros problemas, no pueden eliminar el calor tan rápido como se genera durante el ejercicio, por lo que sus cuerpos se calientan regularmente a temperaturas hipertérmicas peligrosas. Con poco control directo sobre la temperatura de su cuerpo, ni siquiera pueden sudar o jadear, dependen de las características de su entorno (suministros de agua para beber, rociar el tronco, revolcarse, temperaturas frescas durante la noche, etc.) para mantenerse frescos (Wright y Luck 1984; Weissenböck et al.2012; Rowe et al.2013).

 

Dado que el mastodonte representa una variante aún más robusta, más pesada y de patas más cortas respecto al cuerpo que el elefante, seguramente enfrentaron desafíos similares, o incluso más pronunciados, en este frente. Las temperaturas más frías del Pleistoceno habrían aliviado un poco estas preocupaciones, pero era poco probable que las resolvieran por completo. Los elefantes generan su propia envoltura climática alrededor de sus cuerpos cuando hacen ejercicio, de modo que, incluso lejos de sus rangos naturales muy calientes, se sobrecalientan cuando hacen ejercicio durante largos períodos (Rowe et al. 2013).

Los efectos aislantes de los tegumentos fibrosos se agravan considerablemente con el tamaño corporal: una capa de pelusa sobre un animal de una tonelada tiene un efecto aislante significativamente mayor que la misma capa en un animal de 1 kg (Fariña 2002; Porter y Kearney 2009).

Por lo tanto, incluso si los mamíferos más pequeños que viven junto al mastodonte necesitaran abrigos de piel, es posible que los mismos mastodontes no los hayan necesitado. Basándonos en las tolerancias térmicas de los animales vivos, podemos predecir que una capa de piel sobre un mastodonte tendría un impacto significativo en su fisiología térmica, probablemente empujando su neutralidad térmica (explicado crudamente, su temperatura ambiente 'zona de confort') muchos grados. bajo cero. Consideren que Fariña (2002) calculó la neutralidad térmica para un Megatherium desnudo de 4 toneladas como -17 ° C *: no estoy seguro de cuál es la neutralidad térmica de un mastodonte, pero sus 4 toneladas adicionales de masa seguramente empujarían su figura térmica neutral aún más abajo, quizás mucho más bajo. Estos valores son solo indicativos porque asumen condiciones secas y sin viento, y tanto el viento como la lluvia hacen que los animales sean más vulnerables al frío, pero dan una idea de cuán resistentes al frío son los animales de varias toneladas. Supongo que los mastodontes de Florida se sentían bastante calientes la mayor parte del tiempo.

 

* Antes de que lo pregunten, este cálculo también asumía una tasa metabólica típica de la placenta, por lo que la comparación con el mastodonte es adecuada.

 

Otra pregunta que podríamos hacernos es cuán propensos son los animales que habitan en hábitats generalmente fríos, como los bosques boreales, al estrés por calor. ¿El frío en estos entornos evita el riesgo de sobrecalentamiento? Con un peso de hasta 750 kg, los renos y los alces, miembros de Alces, son algunos de los animales modernos más grandes que habitan el bosque boreal, y su energía térmica está bien estudiada. Por tanto, proporcionan información útil sobre cómo los animales grandes se enfrentan a los climas fríos.

Los inviernos en los bosques boreales pueden ser muy fríos (un día promedio puede ser de -20 ° C), pero los alces todavía son propensos al estrés por calor durante estos meses (Dussault et al.2004; van Beest y Milner 2013). Estos no son solo sucesos ocasionales: los alces tienen que controlar su estrés por calor continuamente a través de la elección del hábitat y la modificación del comportamiento. Si no lo hacen, el drenaje de energía asociado para enfriar sus cuerpos impacta dramáticamente en su masa y salud durante los meses de invierno (van Beest y Milner 2013).

Si estos cérvidos encuentran sus abrigos de piel de cuerpo entero sofocantes en los inviernos de los bosques boreales, ¿cómo podrían los mastodontes, criaturas de diez veces su tamaño o más, lidiar con una piel similarmente peluda? Aprecio que esta comparación es muy cruda: los ciervos no son proboscidios y los bosques boreales modernos pueden ser climáticamente diferentes a los del Pleistoceno, pero demuestra que no debemos equiparar automáticamente los climas fríos con los animales estresados ​​por el frío, y que debemos pensar sobre las implicaciones fisiológicas de aislar gigantes fósiles, incluso en entornos helados.



Un mastodonte americano en los pantanos de cipreses del Pleistoceno de Florida, luciendo una cara y hombros peludos, pero un cuerpo en gran parte sin pelo. Esto parece extraño en comparación con nuestra restauración estándar completamente pilosa, pero es consistente con nuestra muestra de cabello de mastodonte craneal y la fisiología térmica de proboscideanos muy grandes. Felizmente, queda suficiente cabello para una obvia broma de los Simpson. Mmm ... mastodonte fresco.

 

Juntando todo esto, hay motivos claros para cuestionar si el mastodonte necesitaba capas de cabello completo. Consideren la evidencia: sabemos que los mamíferos parecidos a los elefantes ya luchan más que otras especies con la pérdida de calor; que un animal de 8 toneladas tendrá una neutralidad térmica muy baja incluso sin un abrigo de piel; que los mastodontes no eran habitantes universales de entornos especialmente fríos; y que al menos algunas partes de su anatomía, sus colas, muestran condiciones opuestas a las de sus parientes peludos y adaptados al frío. En base a esto, me pregunto si partes del cuerpo del mastodonte, tal vez incluso grandes porciones, tenían cabello reducido o ausente para evitar el estrés por calor (arriba).

Esto puede haber sido especialmente importante para los mastodontes que vivían en regiones más cálidas del sur o áreas con veranos calurosos. ¿Quizás también se empleó la variación estacional o geográfica en el crecimiento y la distribución del cabello, de modo que los mastodontes que vivían en el sur cálido eran casi tan lampiños como los elefantes vivos, y los expuestos a inviernos fríos eran un poco más peludos? Por supuesto, no podemos ignorar los datos del espécimen de cabello de Wisconsin, que muestra que al menos algunas caras del mastodonte eran peludas, pero debemos tener cuidado al extrapolar esto a una cobertura de cuerpo completo. Los rostros de los proboscidianos son en realidad una de las pocas partes de su cuerpo que son vulnerables al frío, ya que sus orejas y troncos pueden sufrir congelación (Haynes 1991). Por lo tanto, la cara es una de las regiones en las que podríamos esperar que el cabello esté presente en los mastodontes que soportan inviernos fríos, y es posible que no refleje las demandas térmicas del resto del cuerpo. Claramente, lo que se necesita aquí es un estudio dedicado que factorice la masa del mastodonte, el área de superficie corporal, el metabolismo y la pérdida de calor frente a una consideración matizada de los climas del Pleistoceno: hay muchos estudios equivalentes en otros animales fósiles, y sería genial obtener algunos datos reales e investigación sobre esto. Hasta entonces, considero que el comentario de Asier Larramendi (2015) sobre este tema es un excelente resumen: "... la cola relativamente larga ... y el cuerpo masivo de M. americanum sugieren que las ideas predominantes de que estos animales estaban cubiertos con una espesa capa de piel son probablemente exagerados ".

 

¿Del folklore a la parábola?

Por supuesto, el punto principal de este artículo no es explorar la apariencia del mastodonte en detalle, sino enfatizar que la naturaleza de su piel no está tan bien evidenciada o entendida como históricamente hemos insinuado. Siento que aquellos de nosotros que estamos involucrados en la educación, la investigación y el paleoarte tenemos un trabajo en nuestras manos para revisar nuestra confianza equivocada sobre la apariencia de vida del mastodonte, y volvernos más abiertos y exploradores sobre cómo pueden haber sido estos animales icónicos. También deberíamos tomarnos un momento para pensar en qué se diferencia este asunto de nuestros problemas convencionales con representaciones de animales fósiles.

Si bien no es raro quejarse de cómo se discuten y comunican al público los animales prehistóricos, lo hacemos principalmente por influencias de la cultura pop: una película, programa de televisión o libro que perpetúa viejos tropos o fabrica algo ridículo sobre una especie prehistórica.

Pero no hay medios sensacionalistas detrás de la perpetuación de los mastodontes peludos: estas representaciones engañosas provienen directamente de décadas de textos académicos, exhibiciones de museos oficiosos y obras de paleoarte producidas profesionalmente que repiten los mismos hechos no verificados una y otra vez, mientras ignoran las refutaciones directas de los datos incompletos tras esta descripción. Nos corresponde a nosotros, en otras palabras.

Quizás es hora de convertir este "folclore paleontológico" del cabello del mastodonte en una "parábola paleontológica": una historia para recordarnos que debemos revisar y verificar incluso la información más básica y conocida sobre nuestros temas de vez en cuando, para asegurarnos de que en realidad están comunicando ciencia, y no repitiendo cuentos del tamaño de un mastodonte.

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Referencias

 

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jueves, 2 de mayo de 2019

Simbolismo animal insólito y complicidad de la fotografía. Razas, guerras y elefantes blancos.







Un elefante blanco (también elefante albino) es un tipo poco común de elefante. Aunque a veces se describe como blanco níveo, su piel es normalmente marrón-rojiza, volviéndose rosa cuando está mojada. Tienen pestañas rubias. 

En la antigua Siam, ahora llamada Tailandia, los elefantes blancos son sagrados, siendo un símbolo de poder real, ya que todos los descubiertos han sido regalados a reyes (normalmente es ceremonial; no son capturados) y cuantos más elefantes tenga el rey, mayor será su estatus. El rey Bhumibol Adulyadej, quien reinó hasta finales del 2016, tenía diez. Esto es considerado un gran logro aunque posiblemente se deba a las comunicaciones modernas.  

La expresión «elefante blanco», tanto en idioma español, inglés (white elephant), portugués (elefante branco) y francés (éléphant blanc), es atribuida a posesiones que tienen un costo de manutención mayor que los beneficios que aportan, o a aquellas que proporcionan beneficio a otros, pero que únicamente ocasionan problemas a su propietario.
Su origen viene de que antiguamente los reyes de Tailandia, cuando no estaban satisfechos con un súbdito, le regalaban un elefante blanco. El súbdito debía darle comida especial y permitir el acceso a aquellos que quisieran venerarlo, lo cual tenía un costo que muchas veces arruinaba al súbdito. 

elefante africano
Continuamos con la simbología del elefante y en cierto modo no abandonamos lo referente a la divinización de esta especie animal, pero esta vez lo hacemos para aclarar (verbigracia) nuevas cuestiones acerca de los animales blancos. La simbología del color tiñe (nueva verbigracia) múltiples aspectos de la cultura y la historia del arte, y en combinación con el simbolismo animal ha sido objeto de nuestro comentario en una de nuestras entradas más visitadas acerca de la dicotomía  animal blanco, animal negro.

elefante asiático
En relación a la coloración de los animales, hemos aclarado la existencia de ciertos problemas de denominación un tanto extremos que han dado lugar a creencias populares equívocas. A menudo son tan absurdas como la simple interpretación literal de dichas denominaciones, que pueden abarcar múltiples ámbitos de las creencias populares. Conozco muchos casos de personas fascinadas por la peculiar calidad del vinho verde portugués, fascinadas por la coloración de estos caldos, que consideran mejores cuanto más verdes aparentan. Lo que la gente suele ignorar es que en portugués la uva blanca y el vino blanco se denominan "verdes" por una interpretación literal del color. En español contrastamos entre los extremos "tinto" y "blanco", pero sabemos que el vino no es blanco como la leche. Curiosamente, nadie se plantea la misma cuestión entre el contraste "blanco" y "negro", que define las tipologías de vino en catalán ("blanc" y "negre") sin que hasta el momento haya oído que nadie pidiese un vino negro a la espera de una genuína variedad sólo existente en Cataluña. Sí que he sido testigo, no obstante, de la estúpida preferencia por los vinos turbios de mi Galicia natal por parte de ciertos foráneos que ignoran que dicha característica de ciertos vinos blancos gallegos, debida a su exceso de poso, sin ser un defecto grave, no los mejora en absoluto, y a ningún gallego conocedor de dicha peculiaridad se le ocurre pedir un vino turbio, y mucho menos amparándose en deseo alguno de autenticidad o mejora en la calidad.

En cierta ocasión hablé acerca de la razón que empujó a la dirección artística de cierto proyecto escenográfico en el zoo de Barcelona a colorear de anaranjado la corteza de una reproducción de baobab. La culpa era de las fotografías de los libros divulgativos de la fauna y los paisajes naturales de Áfirca y Madagascar, que preferían las horas vespertinas y crepusculares en que la luz tiñe de esta aparente coloración la grisácea superficie de dichos troncos en contraste con los intensos azules de sus cielos en estas horas del día. El referente o paradigma de realismo fotográfico distorsionaba la percepción del público, que creería que un baobab gris parecería hecho de cemento y por tanto resultaría artificial, aunque lo cierto es que un tronco de baobab auténtico parece hecho de cemento al ser del mismo color.

En la página de este blog animal blanco, animal negro también explicábamos la frecuente confusión entre rinoceronte blanco y rinoceronte negro, cuyas denominaciones dan lugar a la creencia de que se trata de dos especies de diferente color. En realidad, ambas especies son igualmente grises y su rasgo más característicamente distintivo es el labio superior, ancho (wide, en inglés y africans, confundido frecuentemente con "white"/"blanco") y recto para ramonear hierba del suelo del rinoceronte blanco y picudo para arrancar hojas de los arbustos entre los que vive el rinoceronte "negro". Además, los rinocerontes blancos, como los negros, protegen su piel con baños de barro o de polvo siempre que pueden, pero al vivir en zonas más áridas, menos húmedas que los biotopos de los rinocerontes negros, suelen presentar un aspecto blanqueado por el barro seco o por los baños de polvo blanquecino y calcáreo, en contraste con la humedad que oscurece a manudo el color gris oscuro del rinoceronte negro. Las preferencias de los fotógrafos de naturaleza y de la selección fotográfica de los editores de libros y reportajes de la fauna africana hace el resto.

Además de lo expuesto, existen ciertas especies de animales que son característicamente blancas, o subespecies especialmente claras. La cabra blanca de las montañas rocosas americanas, no es sino una variedad de rebeco o gamuza de pelaje más espeso y blanco que las variedades europeas. Un caballo puede presentar múltiples coloraciones, pero un bayo o caballo blanco adquiere los rasgos simbólicos de la pureza que secularmente se ha otorgado al caballo del bueno. Y esto nos lleva a tener que distinguir entre animales propiamente blancos y animales albinos, que serían ejemplares que padecen una carencia congénita de pigmentación, aunque a veces ciertas peculiaridades genéticas que afectan a la pigmentación no sean estrictamente albinismo pero sí resulten llamativas para las espectativas depositadas en ciertas especies animales, contribuyendo a su espiritualización simbólica, tal y como hemos comentado con respecto al oso negro blanco u oso de espíritu. Casos similares han reclamado la atención de documentalistas, cronistas y fotógrafos, como hemos visto, por ejemplo, al respecto del serval blanco, las manchas del guepardo o que nos han obligado a aclarar las confusiones generadas por denominaciones como la del oso pardo, en Europa, que se vuelve aparentemente tendenciosa al describir las variedades americanas como osos blancos, grises y negros. Curiosamente, el único oso gris conocido es la interpretación gráfica de Baloo en la última película de animación supervisada en vida por Walt Disney, aunque, para ser exactos, Baloo debería ser un oso bezudo asiático, y por lo tanto negro.

Pero volvamos a los elefantes y su simbolismo, y más exactamente hablemos del peculiar simbolismo de los elefantes blancos.
Para empezar hemos de aclarar que no existe ninguna especie o subespecie de elefante calificable como blanca. En todo caso existen casos de albinismo o de despigmentación parcial o total por enfermedades autoinmunes muy similares a lo que en los humanos denominamos vitíligo. Estos casos de albinismo o despigmentación son más frecuentes entre los elefantes asiáticos que en los africanos, al menos documentadas, porque los elefantes asiáticos viven en hábitats más húmedos y frondosos y son numerosos en ámbitos de domesticación, por lo que dichos casos son documentados, observados y, además, protegidos reverencialmente. Los elefantes africanos no viven en régimen de domesticación y están expuestos al sol implacable de la sabana, por lo que un caso de albinismo difícilmente sobreviviría en la naturaleza. Tal vez sería posible entre elefantes pigmeos, habitantes de la espesura de la frondas, pero en este caso sería raro y raro de ver y documentar.
Si volvemos a los elefantes asiáticos, más cercanos a la ciranza doméstica y a la vida cotidiana de las poblaciones humanas, veremos que dicha cercanía, unida a la mayor observación animista de la naturaleza por parte de las religiones hindúes, no es difícil comprender que se otorgue a los elefantes albinos de una cierta excepcionalidad rodeada de espiritualidad, como ocurre en múltiples culturas a lo largo y ancho de todo el mundo al encontrase con casos excepcionales de albinismo o de melanismo en cualquier especie animal, sobre todo si ésta es emblemática por otros motivos. Ocurre con alces, bisontes y osos entre las tribus indígenas americanas, y los antropólogos han observado dichas atribuciones totémicas a diversos ejemplares albinos o melánicos en diveros rincones del mundo, trátese de cocodrilos, serpientes, cuervos, águilas, leones, tigres o múltiples especies animales diversas.

Normalmente, la asociación de la luz a la vida y de la blancura a la pureza y a la espiritualidad es bastante común a muchas culturas, aunque no siempre sea así o al menos no del mismo modo, pero en el caso que nos ocupa, en el de los elefantes en las culturas y religiones asiáticas, la falta de pigmentación es observada como una excepcionalidad que otorga a los ejemplares de una valor espiritual añadido, y por tanto su rareza, especialmente en el caso de ejemplares totalmente albinos, los convierte en piezas especialmente valiosas y deseadas por los poderosos por su valor simbólico.

A este valor simbólico hemos de añadir que no pierden un ápice de su fortaleza física y por tanto de su poder militar en la antigüedad, acrecentado por el temor a herir a una bestia sacralizada por su blancura. A ello hemos de añadir que la delicada piel de los elefantes precisa de muchos cuidados en cautividad, y mucho más la de un elefante albino, por lo que la carestía de us mantenimiento y manutención se dispara. Desde un punto de vista europeo, occidental, el elefante domesticado es un símbolo del lujo y el exceso, y el elefante blanco su absoluta sublimación, pero hasta el punto de que la expresión "elefante blanco" se ha llegado a convertir en un tópico negativo del exceso, del lujo pernicioso que conduce a la ruina. Por eso no era infrecuente que se maquillase de blanco a los elefantes no albinos para mitificar su apariencia sin encarecer todavía más su delicado mantenimiento, o simplemente para reclamar la atención sobre lo rero, lo insólito o simplemente lo valioso o lo caro.

Una vez que nace el mito del elefante blanco como símbolo de lo raro, escaso y preciado, su captura o su caza para su ostentación se convierte en inevitable, incluso en el ámbito de la fotografía, ávida de documentar lo irrepetible o lo insólito. De ahí la frecuente recurrencia a la publicitación de capturas fotográficas de ejemplares blancos de elefantes que no son tales.
Un elefante blanco, realmente albino, es rosado, y se ha de protejer con arcilla que, una vez seca, acentúa su blancura, como en el caso de origen a la persistencia de la imagen del rinoceronte blanco que mencionábamos más arriba. Cuando se moja o está en un ambiente húmedo, un elefante blanco se ve rosado, y los elefantes rosas son también epítome de la rareza fantástica, pero eso es otra cuestión. Curiosamente, la mayor parte de fotografías referidas a elefantes blancos no repoducen ejemplares asiáticos, sino africanos, y por la tanto, no son ni blancos ni albinos, sino que están blanqueados por el polvo calcáreo o por el barro seco, como el ejemplar que sirve para encabezar este artículo.

Los mitos referentes al tópico de lujo excesivo encarnados por el elfante blanco quedan exquisitamente reflejados en El robo del elefante blanco, por Mark Twain, un libro exquisito, ácido, amargo y mordaz sobre el estúpido utilitarismo occidental y la reducción al absurdo de la supuesta superioridad moral y científica depositada en la caricaturesca versión de Sherlock Holmes que encarna el inspector Blunt. El Elefante Blanco del Siam se convierte en objeto deseado y repudiado simultáneamente, para finalmente ser absurda y cruelmente perdido y destruido en su recuperación, convirtiéndose en la desgracia trágica del futuro social del pobre enviado de la corte de Siam encargado de obsequiar con tamaño lujo a la corte británica sin poder superar el trayecto a través de los Estados Unidos. Mark Twain ofrece una desesperanzada visión de la modernidad encarnada por la sociedad americana, estúpida, desarraigada y pícara, frente a la secular tradición asiática, ingenua en su sabiduría. Para colmo, hemos de pensar que el valor del elefante reside en su tradicional calidad de transporte y de inexpugnable máquina de guerra, y se convierte en objeto transportado, vulnerable y absurdamente imposible de ocultar o canjear. La sátira de Twain no hace sino recrear a su antojo hechos reales que evidenciaban el paso de la tradición a la modernidad.
En este contexto histórico podemos complementar la información ofrecida hasta el momento con la consolidación del mito antrozoológico del elefante blanco incrementado en Europa y América por las noticias en referencia al obsequio de la corte de Siam a la corona británica. El cómo se filtró mediáticamente en la cultura popular de cuenta el artículo original de Ross Bullen en Public Domain Review  nos sirve para ilustrar nuestro comentario de hoy.

Como es habitual en las excelentes selecciones de Public Domain Review, nos encontramos ante un ameno y sustancioso artículo en el que Ross Bullen contextualiza la presencia icónica del elefante blanco y la gestación del tópico referente al fatuo inútil, excesivo y costoso. La fascinación popular y la imaginación alimentaron una nueva iconografía del elefante como referente conceptual del lujo, la publicidad gráfica y un emergente concepto de sociedad de consumo que no duda en jugar con las preferencias del público, aunque entre estas se incluyan preconcepciones clasistas y racistas de dicha sociedad. El resultado es el mito de la existencia de los elefantes blancos y, simultáneamente, una desmitificación de dicha existencia, una metáfora visual del blanqueado aparente de las cosas para aparentar su revalorización, además de una triste cosificación de los animales y la ostentación del trasfondo racista al que hemos hecho referencia y que entenderéis mejor leyendo el artículo de Bullen. Así, si cuando hablábamos de los elefantes de Daniel Firman aludíamos a todos los tópicos de grandeza y desmesura representados por dichos animales cuando en sus obras desafían a la física y a la gravedad, con nuestra reflexión de hoy queremos dejar constancia de otros aspectos de la simbología del elefante que afectan a la percepción de cualquier representación iconográfica de dicha especie animal. Queremos constatar, una vez más, el poder de las imágenes arquetípicamente  culturales que influyen en la interpretación de la realidad, y cómo la fotografía documental acaba por verse afectada intentando demostrar la existencia de dichos mitos a toda costa, dado que en un breve instante, eternizado por la fotografía, el tiempo desaparece y sólo el espacio y la apariencia cobran sentido, haciendo que un elefante blanqueado, al menos por unos instantes, sea un elefante blanco, en realidad innecesario para confirmar la existencia de tales criaturas, que sí existen, y que en cambio ofrece el peligro da hacer dudar sobre la veracidad documental de la fotografía, amparada por una observación breve y parcial en los nuevos medios auspiciados por las redes.

Así, si no habéis leído al completo este escrito, creeréis, tal vez, que el elefante con que lo abrimos es una elefante blanco, o si lo leéis precipitada y parcialmente, tal vez lleguéis al la conclusión falsa de que, al tratarse de un elefante blanquado, los auténticos elefantes blancos no existen.

Mafa Alborés





Os dejo, pues, para los pocos que leéis al completo la información ofrecida en nuestros textos, la traducción del artículo original de Ross Bullen en Public Domain Review:


La carrera y la guerra del elefante blanco 
de 1884

Empresarios feudales, un elefante blanco, pero no lo bastante blanco, y anuncios racistas de jabón.  

Ross Bullen sobre cómo un extraño episodio en la historia del circo se convirtió en un foro improbable para discutir teorías de la raza del siglo XIX e inadvertidamente dejó al descubierto la  construcciones ideológicas de fondo.
El elefante blanco de Barnum:


El elefante blanco de P. T. Barnum, Toung Taloung, incluido en un suplemento adicional de las noticias de Londres ilustradas, 26 de enero de 1884 -
Fuente/Source

El Monarca de Lydian había sido visto desde Fire Island y se esperaba en la ciudad de Jersey esa noche. Todos en la ciudad de Nueva York ya estaban hablando sobre lo que había a bordo. Fue el 28 de marzo de 1884, y P. T. Barnum, propietario de circo y showman, después de un gran esfuerzo y gasto, había traído el primer "elefante blanco sagrado" a América. Un intento anterior de comprar un elefante blanco de Siam (Tailandia) había fracasado, pero ahora el agente de Barnum, JB Gaylord, había comprado con éxito un elefante llamado "Toung Taloung" o "Gema del cielo", del rey Thibaw de Birmania. Desde Rangún, Toung Taloung fue trasladado en barco por el Canal de Suez y llegó a Liverpool, Inglaterra, el 14 de enero. Después de varias semanas en los Jardines Zoológicos de Londres, donde se convirtió en una sensación tanto en la prensa británica como en la estadounidense, el elefante blanco, sus adiestradores y los agentes de Barnum finalmente navegaron a Nueva York el 8 de marzo. Cuando el Monarca de Lydian llegó veinte días después, Barnum y su séquito se apresuraron a Nueva Jersey para encontrarse con Toung Taloung.

Al día siguiente, en una historia titulada "La bestia sagrada aquí", el New York Times ofreció un relato dramático del primer encuentro de Barnum con su preciado elefante blanco. "Por supuesto que todos hemos aprendido hasta este momento", dijo Barnum a su séquito, "que no existe tal cosa como un elefante blanco realmente puro. Este es un animal sagrado, un elefante blanco técnico, y tan blanco como Dios lo hace. Un hombre puede pintarlos de blanco, pero este no es uno de ese tipo ". Aunque los lectores que siguieron la cobertura de la recepción de Toung Taloung en Londres hubieran aprendido que los elefantes blancos no son literalmente blancos, la afirmación de hecho de Barnum se opuso. La polémica sobre el color de los elefantes blancos ya había arraigado en la imaginación popular. En 1884, Toung Taloung fue el catalizador de un debate público más amplio sobre raza y autenticidad.

Barnum, elefante blanco:



Portada del Illustrated London News, 26 de enero de 1884, que celebra la llegada de Toung Taloung a Londres -
Fuente/Source

Unos meses después de que Toung Taloung llegara a Nueva York, Frank Vincent Jr., autor del popular cuaderno de viaje de 1874 La tierra del elefante blanco: vistas y escenas en el sudeste asiático, utilizó terminología racialmente explícita para explicar el color de los elefantes blancos a Lectores del Manhattan. En un artículo titulado "Elefantes blancos", Vincent escribe,

    Siempre se debe recordar que el término blanco, tal como se aplica a los elefantes, debe recibirse con calificación. De hecho, los granos de sal deben ser numerosos, ya que el elefante blanco es blanco solo en contraste con los que son decididamente oscuros. Un mulato, por ejemplo, no es absolutamente blanco, pero es blanco comparado con un negro de sangre completa. El llamado elefante blanco es una desviación ocasional de la bestia ordinaria.

Para Vincent, tanto el elefante blanco como la gente biracial comparten una especie de blancura "calificada" que sirve para distinguirlos de los cuerpos negros "de sangre completa" (Vincent se refiere a los elefantes comunes como "negros"), pero no llega a alinearlos con el tipo de identidad blanca privilegiada que el propio Vicente poseía.

En su artículo, Vincent explica constantemente los elefantes blancos a sus lectores en términos de raza, desde señalar el trabajo realizado por los elefantes "negros" y especular sobre por qué la "blancura" es adorada en Siam, hasta afirmar que "[cuando] usted posee un elefante cuyo color es el de la palma de un negro, posees un elefante blanco ". Las descripciones de Vincent reflejan un tópico que se puede encontrar a lo largo del siglo XIX en los elefantes blancos: aunque estos animales no son literalmente blancos, son aproximadamente del mismo color que los blancos. . Por ejemplo, el autor de "The Sacred Beast Here" escribe que Toung Taloung "tiene una gran salpicadura rosada en la frente, que se extiende sobre sus ojos y hasta la mitad de su tronco. Sus orejas, que tienen una peculiar forma de triángulo, están bordeadas con el mismo color rosado de la carne, y están moteadas en grandes manchas, y su pecho y hombros también están manchados. El lado inferior de su tronco también es de color carne ". (La "carne "a la que se hace referencia aquí, por supuesto, es la carne del presunto autor blanco).

En La tierra del elefante blanco, Vincent hace una observación similar, señalando que el cuerpo del "llamado elefante" blanco "tiene" la peculiar apariencia de color carne llamada "blanco". La descripción de Vincent refleja un amplio consenso cultural. que los significantes epidérmicos de la identidad blanca deben circunscribirse cuidadosamente para que solo tengan significado y valor cuando se observan en personas blancas. Cuando tales características físicas son evidentes en una forma no humana como un elefante, o en un cuerpo humano que se considera biracial, estos marcadores privilegiados se convierten en "calificados" o "llamados".



Para complicar aún más la relación entre la blancura humana y los elefantes blancos, se da el hecho de que el término inglés "elefante blanco" sea una traducción inadecuada y engañosa de la frase tailandesa para estos animales. La palabra tailandesa para elefante es chang, y un elefante blanco es un pheuak chang. Según Rita Ringis, “chang pheuak. . . literalmente significa 'elefante albino (o de color extraño)', la palabra usual para el color 'blanco' es completamente diferente '.  

Como prácticamente todos los demás estadounidenses o europeos que escribieron sobre Siam y los elefantes blancos en el siglo diecinueve, Vincent habló sobre el hecho de que "elefante blanco" era una mala traducción de chang pheuak. Y, sin embargo, aún describe a estos animales como los llamados "elefantes [blancos]", pasando por alto lo que él admite es un problema semántico para lanzar criaturas como Toung Taloung como impostores raciales que, como un afroamericano de piel clara. - podría intentar pasar como blanco para acceder a los privilegios estrechamente protegidos de la identidad blanca.

Si se considera que el elefante blanco es un impostor debido a su reclamo indebido de blancura, esta definición del animal como una especie de fraude también está respaldada por la definición de "elefante blanco" del Oxford English Dictionary como "una variedad rara de elefante albino". que es muy venerada en algunos países asiáticos ”, y
"Una posesión onerosa o costosa (de la historia de que los reyes de Siam (ahora Tailandia) estaban acostumbrados a hacer un regalo de uno de estos animales a los cortesanos que se habían vuelto odiosos, para arruinar al destinatario por el costo de su mantenimiento ). Además, un objeto, esquema, etc., considerado sin uso o valor ".

Si bien esta historia del rey siamés y su cortesano arruinado proporciona una explicación convincente de por qué "elefante blanco" puede significar "un objeto, esquema, etc., considerado sin uso o valor", es sin embargo uncompleto artificio. De hecho, si se leen juntos, las dos definiciones de la OED para "elefante blanco" presentan una paradoja: si los elefantes blancos son "raros" y "altamente venerados", ¿por qué el rey de Siam lo regalaría para castigar a un subordinado? Como era de esperar, no hay una instancia registrada de esta práctica en la historia de Tailandia. Sin embargo, esta definición figurativa de "elefante blanco" como un tipo de regalo fatal ha tenido una influencia duradera en el idioma inglés. Hoy en día se puede detectar en fenómenos como "venta de elefantes blancos" o "intercambios de regalos de elefantes blancos", pero en la década de 1880, "elefante blanco" era una expresión común para cualquier tipo de objeto inútil o engorroso.

Puck front cover, from 1882, showing President Chester A. Arthur — beside a large white elephant with the likeness of Roscoe Conkling — wondering “How shall I ever get rid of him? It won’t do to have him on my hands in 1884”. Although he is referring to the year of the next election, it is oddly resonant in the context of Toung Taloung and co
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Illustration of Siamese white elephant featured in A Pictorial Geography of the World, 1849
Source.

La historia de Barnum y Toung Taloung ilustra la gran fascinación por los elefantes blancos en la América del siglo XIX. La controversia en torno a la recepción de este animal fue irónica, ya que Barnum, quien había hecho una fortuna al pasar fraudes e imitaciones como artículos genuinos, ahora poseía una verdadera curiosidad, pero temía que nadie lo aceptara como auténtico. Además, como Barnum supuestamente pagó una suma considerable para comprar Toung Taloung (en su autobiografía afirma haber gastado $ 250,000, unos $ 5,5 millones en dinero de hoy, aunque esta cifra es casi una cifra inflada) y el elefante fue solo una atracción de éxito moderado. También podemos notar la ironía de la transformación de Toung Taloung de un elefante blanco literal a uno figurativo.

Toung Taloung se convirtió en un punto crítico para debates culturales más amplios sobre la identidad racial. Uno de los efectos más curiosos de este debate fue la admisión tácita, en artículos periodísticos y en una serie de anuncios de telenovelas, de que la blancura y el privilegio blanco se construyeron socialmente. Si un elefante blanco tuviera un dominio meramente tenue de su identidad blanca, ¿no podría suceder algo similar a la gente blanca? Para comprender mejor cómo la historia del elefante de Barnum se cruzó con ideas más amplias sobre la raza, es necesario considerar otros dos elefantes que fueron presentados al público estadounidense en 1884: la "Luz de Asia" de Forepaugh y el "Fraude Blanco" de Barnum. 
Ambos de estos animales eran elefantes "negros" regulares que habían sido pintados de blanco por sus dueños. Aunque el elefante de Forepaugh, originalmente llamado "Tiny", fue diseñado para ser un rival más blanco de Toung Taloung, y el animal de Barnum fue creado como una parodia de la obvia falsificación de Forepaugh, ambos elefantes "blancos" demostraron la considerable ansiedad cultural sobre la maleabilidad de la blancura como una categoría racial.

Promotional card for Forepaugh’s “Light of Asia” — Collection of the author.

A lithograph, based on a photograph, of Forepaugh’s “The Light of Asia” — Source.


Ocho días antes de que Barnum le diera la bienvenida a Toung Taloung en Jersey City, el vapor de la Ciudad de Chester llegó a Nueva York con el elefante blanco de Forepaugh a bordo. Desde el momento en que apareció Light of Asia en América, surgieron dudas sobre su autenticidad. En los dos días posteriores a la llegada de Light of Asia, el New York Times publicó al menos tres artículos que trataban tanto el color de la piel del elefante, como la historia de su adquisición a Siam, con mucha sospecha. 
Todos estos artículos señalan que el color de Light of Asia, un blanco uniforme distribuido uniformemente en todo su cuerpo, no coincidía con ninguna descripción existente de un elefante blanco siamés, y pasan algún tiempo especulando cómo Forepaugh debe haber teñido este animal (ya sea utilizando pintura o algún tipo de proceso químico). Un editorial titulado "Un elefante muy mareado" cita en detalle a un "caballero". . . cuyos viajes en Asia lo han preparado para expresar una opinión sobre la autenticidad de este elefante ". Este experto en elefantes (posiblemente Frank Vincent Jr.) explica que los dedos blancos de Light of Asia no indican que sea un auténtico elefante blanco, ya que esta característica "muy a menudo se encuentra en elefantes del tipo común, sin ninguna pretensión de" sangre blanca "." La blancura, en este contexto, no puede evaluarse únicamente por sus características físicas. Más bien, la blancura es dictada por la "sangre blanca". Un elefante blanco no debe ser juzgado solo por su apariencia. De hecho, su apariencia física (sus dedos, en este caso) en realidad podría desmentir su verdadera identidad "negra".

Si bien el Times informó que un panel de expertos en elefantes blancos de la ciudad de Nueva York había certificado a Toung Taloung como un auténtico pheuak, hubo mucho menos acuerdo sobre el elefante de Forepaugh. Al menos uno de los expertos que autentificaron a Toung Taloung, David Ker, se dirigió al Times para expresar sus dudas sobre la autenticidad de la Luz de Asia, mientras que un editorial publicado en ese documento el mismo día implicaba que el animal de Forepaugh había sido pintado blanco.

En las semanas posteriores a la llegada de Toung Taloung a los Estados Unidos, la guerra de elefantes blancos entre Barnum y Forepaugh se intensificó. El 19 de abril, la comitiva de Barnum se dirigió desde Nueva York a Filadelfia, donde Forepaugh y Light of Asia ya estaban esperando. Las atracciones estrella de Barnum eran Toung Taloung, por supuesto, y un elefante común, llamado "Tip", que se había teñido de blanco y ahora se llamaba "The White Fraud". Forepaugh estuvo lejos de divertirse con el último truco de Barnum. Respondió a la llegada de Barnum a su ciudad natal con un folleto titulado “¿Demasiado blanco para Barnum?”, Que afirmaba que tanto Toung Taloung como The White Fraud eran impostores y que Light of Asia era “el primer y el único elefante blanco sagrado que ha arribado a las orillas del Nuevo Mundo ".

Not the pamphlet, but a playbill for Adam Forepaugh’s Circus promoting the “Light of Asia” , ca. 1884 — Source.


Como lo sugiere el título de este folleto, Forepaugh aprovechó la considerable confusión pública sobre el color de los elefantes blancos, poniendo en tela de juicio la autenticidad de Toung Taloung porque no era tan literalmente blanca como la Luz de Asia. La blancura, en la guerra del elefante blanco, era una categoría fluida que inevitablemente estaba atrapada en discursos de engaño, transformación y autenticidad.

En noviembre de 1884, murió Light of Asia, lo que provocó el siguiente obituario irónico en la autobiografía de Barnum de 1889: "El propietario de esta imposición pronto anunció que había muerto repentinamente. ¡Simplemente no estaba teñido! ”Mientras Barnum y Forepaugh pronto pasaron a otras empresas, el episodio de Toung Taloung, Light of Asia y The White Fraud demostró ser un catalizador para una discusión más amplia sobre la blancura en los Estados Unidos. Las especulaciones públicas sobre el tipo de tecnología de teñido de la piel que Barnum y Forepaugh podrían haber usado para colorear Light of Asia y The White Fraud gravitaron rápidamente hacia discusiones sobre cómo esa tecnología podría afectar a los afroamericanos. Un artículo notable en el New York Times titulado "Un experimento interesante", publicado el mismo día que Barnum mostró El fraude blanco en Filadelfia, vale la pena citarlo en su totalidad:

    El plan del Sr. Barnum de hacer blanco a un elefante por medios artificiales para contrastarlo con el oscuro y genuino elefante blanco es ingenioso, pero es menos interesante para los elefantes que para otra clase de nuestra población. El inventor del proceso de blanqueo de elefantes afirma que se puede aplicar sin la menor lesión a personas de color, y que proporciona una respuesta completa a la famosa pregunta de Job sobre la posibilidad de blanquear a un etíope. El experimento que se hace ahora con el elefante es observado por toda la población de la calle Thompson con el mayor interés, y si tiene éxito, el hombre de color será tan raro entre nosotros como el sagrado elefante blanco.

    El proceso de decoloración, como se lleva a cabo ahora, no hará que la complexión del hombre de color sea idéntica a la del hombre blanco. El etíope limpio será de una blancura deslumbrante, rivalizando con la de la nieve. La rubia más pura de Madison-avenue aparecerá oscura al lado de las bellezas de Thompson-street, y lo que una vez fue la raza blanca, de repente se convertirá en la raza de color.

    Será una curiosa sensación para las personas blancas encontrarse tratadas con desprecio debido a su color por las personas de color blanqueado. Todas las leyes y regulaciones aún vigentes que están dirigidas a las personas de color se aplicarán a la raza caucásica. Tendremos que aprobar un nuevo proyecto de ley de Derechos Civiles para asegurar la admisión a hoteles y autos que duermen, e incluso podemos escucharnos a nosotros mismos como "niggers", en caso de que las personas de color blanqueado condesciendan a adoptar métodos de expresión blancos.

    Para evitar una situación tan embarazosa, es de esperar que la grada del elefante del Sr. Barnum encuentre alguna manera de imitar con precisión la tez del Cáucaso. En ese caso, el ex hombre de color se distinguirá del hombre blanco original solo por la calidad de su cabello. Probablemente un método para alisar el cabello etíope y reprimir la exuberancia de los labios etíopes pronto seguirá el gran descubrimiento de la decoloración de la piel etíope, y en ese caso todas las distinciones entre las dos razas desaparecerán de inmediato y la cuestión del negro desaparecerá de nuestra política. nunca reaparecer

Aunque el autor de "Un experimento interesante" ha adoptado un tono obviamente satírico, es interesante notar la franqueza con la que reconocen que la supremacía blanca y la "cuestión del negro" dependen de las convenciones sociales. Al imaginar una inversión de los prejuicios sociales, el autor está insinuando que la blancura es un valor social absoluto: cuanto más blanca, mejor. Si bien el escenario descrito en "Un experimento interesante" es fantasioso, sin embargo, habla de ansiedades sociales reales acerca de la raza en la década de 1880. Ya hemos visto cómo Vincent describió el color de los elefantes blancos en términos de la complexión de las personas biraciales. La historia del Times se basa en esta analogía; en su análisis de "Un experimento interesante", la crítica Sarah Amato escribe que "hace". . .  explícito que la exposición de Toung Taloung fue un foro para discutir teorías de la raza. . . . En la post-reconstrucción de América, en el contexto del debate sobre el futuro político de la unión, que estaba ligado a las relaciones raciales, la importancia de blanquear un elefante fue aún más resonante ".

Quizás el episodio más llamativo en la guerra del elefante blanco fue una campaña publicitaria lanzada por Pears 'Soap en marzo de 1884. Aunque el anuncio se publicó por primera vez en una publicación británica (The Graphic), después de que Toung Taloung llegó a los Estados Unidos, se reimprimió en Periódicos estadounidenses como Puck, Harper's Weekly y Frank Leslie Sunday Magazine. 

El anuncio de página completa presenta a un elefante y su entrenador, un hombre barbudo de piel oscura. El hombre está de pie sobre una alta caja de madera, de modo que puede tocar fácilmente la parte superior de la cabeza del elefante. Un cubo descansa sobre el elefante, y con su mano izquierda el hombre sostiene un paño que ha estado utilizando para restregar la piel del elefante, transformándola, en el contexto de la gama monótona de la ilustración, de negro a blanco. En su mano derecha, extendida hacia el espectador, sostiene una barra de jabón. El texto que se encuentra en la parte inferior del anuncio dice: "EL VERDADERO SECRETO DEL ELEFANTE BLANCO: EL JABÓN DE PERAS". Incomparable para la tez ". El anuncio deja abierta la pregunta de si el Jabón de las peras ha revelado el "verdadero" elefante blanco debajo de una capa de tierra negra o simplemente ha blanqueado a un elefante común para que parezca blanco, replicando así el debate sobre el elefante blanco que se había jugado en los periódicos de Londres, y anticipando la ida y vuelta de la guerra de elefantes blancos de Barnum y Forepaugh en abril de 1884.

“The Real Secret of the White Elephant”, Pears’ Soap advertisement — Source.


El anuncio de The Pears 'Soap implica fuertemente, en palabras de Amato, "que la blancura humana es una condición efímera que puede ser regenerada por la mercancía". Para Karl Marx, en Capital: Volume One, la mercancía fetichizada tiene un secreto, a saber, que en su intercambio el valor es un reflejo del trabajo humano más que una de sus propiedades inherentes. El elefante blanco también tiene un secreto, un secreto a la vista, reconocido y satirizado tanto por el Jabón de las Peras como por el autor de "Un experimento interesante": a saber, que la blancura es una construcción social, cuyos límites deben ser cuidadosamente circunscritos y regulados. Para mantener el poder del privilegio blanco. Si los beneficios de la blancura se pueden extender a cualquiera (afroamericanos) o cualquier cosa (un elefante), perdería su valor para la élite blanca.

Al igual que "Un experimento interesante" se basó en un elefante racializado para expresar ansiedades blancas sobre los afroamericanos, también la imagen de "El verdadero secreto del elefante blanco" influyó a un anuncio posterior al de Pears' Soap que transfirió la relación entre el jabón y la blancura de un Elefante a una figura humana. Publicado por primera vez en el gráfico el 25 de diciembre de 1884, este conocido anuncio muestra a un niño blanco bañando a un niño negro en una tina pequeña. Al igual que la imagen "El verdadero secreto del elefante blanco", este anuncio también se reimprimió en los Estados Unidos. En el primer panel, el chico negro está sentado en la bañera mientras el chico blanco está parado sobre él sosteniendo una barra de jabón. En el segundo panel, el chico negro está sentado afuera de la tina, mientras que el chico blanco está sosteniendo un espejo frente a la cara del chico negro. Aunque la cabeza del niño negro aún es negra, el resto de su cuerpo se ha vuelto blanco, creando así un paralelo visual entre esta figura y el elefante blanco en el anuncio anterior. La mirada sorprendida en la cara del niño negro sugiere que está satisfecho con esta transformación, aunque es significativo que no se haya encalado completamente, mientras que el anuncio sugiere que la blancura es flexible, no llega a sugerir que el Jabón de Peras, o nada por el estilo, puede erradicar completamente la diferencia racial.

“Matchless for the Complexion”, Pears’ Soap advertisement — Source.


En la medida en que este anuncio retoma “la famosa investigación de Job sobre la posibilidad de blanquear a un etíope”, refleja las ideas expresadas en “Un experimento interesante” que conecta la controversia que rodea a Toung Taloung con la racialización afroamericana. Al igual que "Un experimento interesante", el anuncio de blanqueo es sorprendentemente sincero sobre el hecho de que la blancura es una construcción social, o al menos propone la posibilidad de que "negro" y "blanco" no sean siempre categorías rígidas e inmutables. Sin embargo, el tono humorístico de "Un experimento interesante" y el anuncio, y la limitada eficacia del Jabón de peras para blanquear tanto al elefante blanco como al niño negro, sugieren que a pesar de la aparente maleabilidad de la blancura, es un control estricto. Privilegio social que no se puede extender a los demás.

Si, en un nivel figurativo, un elefante blanco es una posesión que, para citar a Marcel Mauss en su famoso estudio El regalo, "viene con una carga adjunta", entonces cuando Toung Taloung se alejó del Monarca de Lidia, fue acompañado por una gran cantidad de estereotipos que hablaban de ansiedades que se encuentran en el corazón de la cultura estadounidense. Cuando se consideró junto con Light of Asia, The White Fraud y White Elephant War, la llegada de Toung Taloung a los Estados Unidos no fue simplemente otro episodio más en la larga historia de Barnum de ignorar fraudes en el público estadounidense. Más bien, marcó una curiosa coyuntura histórica donde las ansiedades sobre la raza estaban representadas en una figura, el elefante blanco, que durante mucho tiempo había sido visto como una metáfora adecuada del despilfarro y el engaño. Los elefantes blancos fueron una gran noticia en 1884. Aunque los estadounidenses que se alinearon para ver a los animales de Barnum y Forepaugh pensaron que estaban pagando para ver atracciones exóticas, en verdad fueron testigos de sus propias ideas sobre la blancura representadas en un foro público, repleto de todas las paradojas. y los prejuicios que acompañan a las teorías sobre el "secreto real" de la raza.

Ross Bullen enseña inglés en la Universidad OCAD en Toronto. Puedes encontrar más de sus escritos aquí y seguirlo en Twitter.



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