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miércoles, 9 de diciembre de 2015

Mandíbulas con garras y reinterpretaciones monstruosas. El jefe Brody manda. Reinterpretación, ironía y collage/montaje cinematográfico.




Si en nuestra entrada anterior intentábamos dejar clara la dificultad mediática para evitar el rentable amarillismo sobre noticias de monstruos terroríficos (concretamente tiburones) injustamente encarnados por especies en peligro, hoy queremos completar un poco sus contenidos con algo de humor.
No es necesario repetir una vez más que gran culpa de las expectativas terroríficas acerca de los tiburones la tiene la novela de Peter Benchley y, sobre todo, la versión cinematográfica de Steven Spielberg, que no hacían sino rescatar componentes del cine de aventuras de serie B mezclados con ingredientes psicológicos robados de clásicos literarios como Moby Dick. A estas alturas poco se puede añadir a todo lo que se ha llegado a decir de la película y su negativa visión de los escualos, aparte de volver a destacar la importancia del mal funcionamiento del tiburón mecánico utilizado al forzar al director a minimizar sus apariciones y jugar con su baza más valiosa: el ocultamiento.
"Bruce" (bautizado así por el equipo de rodaje en "homenaje" a uno de los abogados del equipo de producción) daba todo tipo de problemas que obligaron a restringir sus apariciones en pantalla, en beneficio del clima de suspense de la película, dominada por la angustiosa sensación de enfrentarse a un medio hostil: el agua. La cámara muestra planos divididos por la línea de la superficie para inducir al desasosiego y los indicios (aletas, barriles de flotación, embarcaderos y embarcaciones arrastrados por la bestia oculta bajo las aguas...) resultan más eficaces que el visionado completo del animal, que en su versión mecánica no estaba del todo mal para la época pero evicenciaba su dudoso parecido con un auténtico jaquetón (especialmente al evidenciar la poco natural articulación de su mandíbula). Pese a todo, "Bruce" consiguió pasar a la historia del cine (rebautizando, por ejemplo al gran blanco de la película "Buscando a Nemo") y de la iconografía colectiva, aunque a su recuerdo se sobreponga la imagen más naturalista pero también más estudiadamente atemorizante del celebérrimo cartel diseñado por Roger Kastel.

Así pues, el uso del ingenio estrictamente cinematográfico para hacer empatizar al espectador con lo que acontece en la pantalla se sirve del arquetipo ofrecido en el diseño de Kastel. Su mero recuerdo es suficiente para apuntar al temor bajo la superficie, y sin duda la metáfora queda redonda.


Si todo ello lo aderezamos con momentos brillantes, como la combinación inversa de zoom óptico y travelling para que la perspectiva del fondo comprima el primer plano de Roy Scheider (Brody) en su primer avistamiento de un ataque, o el uso magistral de la banda sonora de John Williams (no sólo en los emblemáticos momentos de la melodía asociada al tiburón, sino en sus gloriosos episodios de aventura náutica) el resultado, sin duda, es memorable y consigue una persistencia tal que lo convierte en un referente de la cultura occidental que no beneficia al conservacionismo marino, precisamente.




Mucho me temo que algo similar se cuece en la visión épica de "El corazón del mar" de Ron Howard, cuya crítica antrozoológica espero ofrecer próximamente.
Además de las imágenes del rodaje que ilustran esta entrada, he creído oportuno ofreceros un recordatorio al cine protagonizado por animales en el límite de lo creíble (esa frontera entre el monstruo fantástico y el animal documentado por naturalistas) y a los géneros y estilos que condicionan, según la época, el criterio popular acerca de la relación con la naturaleza y con la narrativa. Al fin y al cabo, somos una especie que consume historias y que las fabrica para dicho consumo.



http://scoreexperience.blogspot.com.es/2015/09/grizzly-1976-william-girdler.html

GRIZZLY (1976, -William Girdler)

Exploit descaradisimo de "Tiburón", cambiando al escualo por un Oso que campa a sus anchas por el bosque...Y que calca punto por punto la estructura de la historia del film de Steven Spielberg....Hasta la música de Robert O. Ragland es de un empaque sinfónico muy elaborado que le da fuerza al conjunto. Y a pesar de sus defectos, incluso de esa condición de versión casi cover del clásico el film se deja ver con simpatía,en una producción de serie B rodada con bastante empaque, buen sentido del ritmo y un aire de serie B setentera que deja muy buen sabor de boca..


https://www.youtube.com/channel/UCedcgGpebbPRENj0hX6lNNA










sábado, 10 de marzo de 2012

-Arte y ciencia.

Jeff Goldblum como el científico Brandle en "La Mosca" ("The fly") de David Cronenberg.



Jeff Goldblum interpreta al científico Ian Malcolm, de la novela homónima de Michael Crichton, en "Parque Jurásico", de Steven Spielberg.



-Arte y ciencia.
Los hombres de ciencia, y las instituciones que han apoyado o frenado el desarrollo de sus teorías y respuestas a misterios naturales, han contraído una enorme corresponsabilidad de sus visiones del mundo con los auténticos artífices de ideas transferibles, los consructores de imágenes, de recuerdos portátiles.
Sin embargo, aunque científicos y artistas puedan utilizar métodos de observación común, los intereses divergen en temas excéntricos de dichos intereses comunes, y ya resulta difícil establecer si el arte presta un servicio divulgativo, pedagógico, a la ciencia o por el contrario se limita a esperar el material "objetivo" que la ciencia le suministra para sus especulaciones.
Pero no debemos ignorar que el arte abre nuevos caminos y estrategias a través de su calidad representacional y la ciencia debe al arte tanto o más.
Separamos drásticamente uno y otro mundo, el científico y el artístico, cuando no son más que dos modalidades de representación del mundo complementarias, pero no opuestas.
Concedemos al arte el privilegio exclusivo de las preocupaciones estéticas, cuando en realidad la ciencia y sus productos nos rodean.
Antes de seguir adelante, creo imprescindible un inciso que nos haga tomar conciencia de de, no sólo las interacciones de arte y ciencia, sino de los pocos rasgos exclusivos que poseen.

"Vivimos rodeados por el aparato de la ciencia: el motor Diesel y la experimentación, el tubo de aspirinas y los sondeos de opinión. A duras penas nos damos cuenta de todo ello, detrás suyo sólo tomamos conciencia de que la ciencia es cada vez más importante [...] ...es un método y una fuerza particulares que tienen su propio sentido y estilo y su propia pasión." "Desde luego, el hecho de tener un conocimiento de la Historia, incluso de la historia de la ciencia, no es ciencia. Pero sí nos muestra la estructura en la que se basa el crecimiento de la ciencia, hasta el punto de que los titulares de la mañana ocupen su lugar correspondiente en el desarrollo de nuestro mundo. Establece un puente entre la ciencia y todo punto de vista humanista desde el cual partamos. Esto es así porque reafirma la unidad no sólo de la Historia sino del conocimiento. Para el profano, la clave de la ciencia es su unidad con las artes. Considerará la ciencia como una cultura cuando intente seguir el rastro de su propia cultura."

(J. Bronowsky: "Ciencia y sensibilidad")
(en Bronowsky, J.: "El sentido común de la ciencia", Península, Barcelona 1978)


En lo que se refiere a la zoología, creo que no es difícil ser consciente de las múltiples implicaciones entre ciencia y arte. Señalarlas con acentuada incisión es el objetivo de las presentes líneas, y no son muchos los escritos que no pequen de desconocimiento de los recursos divulgativos de alguna de las partes implicadas.
Ya hemos visto los errores de apreciación de A.T. Thayer. Existen muchos más ejemplos menos caricaturescos. Recomiendo, desde luego, la revisión de la obra de Joan Fontcuberta, y muy en particular su recopilación de textos propios y ajenos "Ciencia y fricción".
Pero todavía no he encontrado un escrito tan directo y diáfano, en este sentido, como el de Bronowsky, que serviría como declaración de principios aguda y libre de ciertos tentadores excesos de vehemencia de los que a menudo nos cuesta sustraernos:

"Uno de los prejuicios contemporáneos más nefastos ha sido el de que el arte y la ciencia son cosas diferentes y en cierto modo incompatibles. Hemos caído en el hábito de contraponer el temperamento artístico al científico; incluso lo identificamos con una actividad creadora y otra crítica. En una sociedad como la nuestra, que practica la división del trabajo, existen naturalmente actividades especializadas como algo indispensable. Es desde esta perspectiva, y sólo desde ella, que la actividad científica es diferente de la artística. En el mismo sentido, la actividad del pensamiento difiere de la actividad de los sentidos y la complementa. Pero el género humano no se divide en seres que piensan y seres que sienten; de ser así no podría sobrevivir mucho tiempo." "La disputa entre ciencia y espíritu fue debida en gran parte a los apólogos religiosos de la época victoriana, quienes querían a toda costa considerar a la ciencia como materialista y rastrera. La creencia de que la ciencia es sólo crítica procede de otros. Partió de los tímidos y sofisticados artistas del siglo pasado con el fin de que, en contraste, ellos pudiesen aparecer como creadores intuitivos. Pero ya no podían ocultar lo que ellos mismos sabían: que las mejores personalidades se veían arrastradas a la práctica de las nuevas ciencias: un movimiento que Peacock ya había previsto setenta y cinco años antes en 'The Four Ages of Poetry'." "Desde entonces las artes y las ciencias se han disputado las inteligencias más despiertas. Esta disputa es en sí la prueba más evidente de que los verdaderos talentos pueden sentirse satisfechos tanto en un campo como en el otro. En realidad, uno de los pocos descubrimientos psicológicos de nuestra generación en los que podemos confiar con un razonable margen de certeza es el de que la configuración de los factores intelectuales que diferencian la persona inteligente de la estúpida se encuentran la mayoría de veces tanto en un tipo de hombre como en el otro, tanto en el científico como en el humanista. La educación y la experiencia nos diferencian unos de otros, y también, aunque menos, nuestras aptitudes, pero en el fondo participamos de una misma base, más profunda, de inteligencia común."

(Bronowsky, J. -íbidem-)

La gente de ciencia sabe cosas acerca de las formas de vida que poblaron este planeta en tiempos muy lejanos. Lo saben inicialmente por imágenes, evocaciones de formas naturales. Huellas en la roca que antaño fué lodo. Las huellas, las improntas, constituyen el primer objeto plausible para recibir la denominación de imagen (tal y como entendemos actualmente, y de una forma genérica, el término imagen, esa imagen desposeída de su matriz y distorsionada por los productos de las tecnologías que se dedican a capturarlas y/o reelaborarlas).
Creo que, desde cierto punto de vista, las petrificaciones de ámbar lo suficientemente transparentes, como para ver los restos orgánicos preservados en su interior, constituyen imágenes accidentales de animales que, una vez identificadas y escogidas, suponen un equivalente de la casualidad controlada que implican las fotografías, o los vaciados escultóricos, deudores siempre del dibujo.
Los huesos de animales prehistóricos (somos nosotros, en realidad, los segregados de una historia que no nos pertenece por entero a no ser que nuestro disfraz de "animalquenoesunanimal" deje de engañarnos) y las impresiones de plantas encontrados en profundas capas de la tierra, junto con pequeños fragmentos de plumas de aves, mechones de pelo o insectos enteros atrapados en un soporte-muestra de imágenes zoológicas portátiles y transferibles, los fragmentos de ámbar con sorpresa visible dentro.
El publi-reportaje imaginario que diseña el director del Parque Jurásico, de Crichton y Spielberg, muestra la fascinación por estas primeras instantáneas del pasado, como arranque de la generación de imágenes reales de criaturas pretéritas.
El arte conjura a la ciencia para que le proporcione un argumento, una sustancia en dos direcciones: por un lado la especulación sobre la posible recreación de animales a partir de un fragmento mínimo y significativo (el gen, piedra filosofal de la biología moderna) y la verdadera elaboración de imágenes realistas a partir de pautas informáticas, códigos matemáticos, bajo la tutela del gurú matemático, el personaje de Ian Malcolm.
Es curiosa la elección de Jeff Goldblum para interpretarlo en el cine, con una animalidad propia extraña (el papel de científico genial con cierta monstruosidad implícita ya lo había mostrado en la revisión de "The Fly", por Cronnenberg, y el de inteligencia artística con preocupaciones científicas, en "El sueño del mono loco", de Trueba -de forma tristemente caricaturesca, repite el papel de genio científico en la ridícula superproducción "Independence Day"-). Los rasgos raciales de Goldblum lo hacen conspicuo, y uno de sus rasgos más típicos es un característico parpadeo muy lento, invitando a intuir una visión privilegiadamente minuciosa, fría, serena, distante de las cosas. Cuando el personaje que interpreta en "The Fly", Brandel, o el Malcolm de "Jurassic Park", desarrolla argumentaciones científicas, su técnica persigue una naturalidad rápida e intuitiva, como de alguien cuya gran capacidad verbal es casi insuficiente para el río de conocimientos e intuiciones que le invaden.
El personaje cinematográfico de Ian Malcolm, además, reivindica un científico moderno, alejado del estereotipo de ermitaño de laboratorio, inmerso también en los demás aspectos culturales del mundo que lo rodea. Es atlético, atractivo, viste de negro, con prendas de cuero tan dignas de un hombre de acción como de alguien más sobrio, y sus gafas ahumadas, lo están sólo lo suficiente para ofrecer un look de donjuán trasnochador a la moda de las gafas de sol, al mismo tiempo que reivindica la imagen de los científicos de la época de Francis Crick o James Watson, con sus gafas de montura de pasta oscura. Todos estos detalles no son en absoluto baladíes. Incluso el personaje de Hammond (el creador del parque jurásico) se queja al abogado de sus finacieros de traerle "estrellas de rock" mientras él consigue el asesoramiento de científicos serios.
Existen arquetipos cambiantes para los hombres de ciencia porque su condición cambia en los distintos contextos históricos, individuales o culturales. La ciencia cambia en la medida que los hombres y sus circunstancias cambian. La ciencia incide en la cultura, y la cultura en la ciencia. Ambas se pertenecen mutuamente; son a la vez continente y contenido. Estamos tan inmersos en sus dictámenes que no disponemos de (o no nos predisponemos para) la distancia que nos permita distinguir el contenido exclusivamente científico, del político o cultural en cualquier apreciación sobre los fenómenos naturales.

viernes, 9 de marzo de 2012

Analogía y metáfora como vehículos de conocimiento zoológico. Arte y ciencia en "Jurassic Park", o el eterno retorno de los dinosaurios.



2.2.1.1-Analogía y metáfora como vehículos de conocimiento zoológico.
Arte y ciencia en "Jurassic Park", o el eterno retorno de los dinosaurios.

La analogía, antesala de la metáfora, es estudiada en todas sus posibilidades por el equipo creador de "Parque Jurásico" a la hora de situar al espectador en un parque temático, lugar propio de la divulgación científica en términos comprensibles por todo el mundo. El argumento demuestra su poderosa eficacia generando un mercado de mercancías análogo al que se daría en uno de estos centros de divulgación y espectáculo armados de tiendas de souvenirs (recuerdos de un día en contacto con una perspectiva científica del mundo).
Personalmente creo que también es significativa la elección de un nuevo tipo de ilustración tridimensional; ya no nos ofrecen reproducciones a escala de las criaturas antediluvianas, no: nos ofrecen muñecos de trapo serigrafiados análogos a las ilustraciones de la literatura naturalista "infladas" para adquirir volumen, como sus referentes de la pantalla, con pautas gráficas reconocibles, comprensibles tras un habituamiento histórico a ellas.
Los mismos dinosaurios son recreados teniendo en cuenta la nueva concepción que la ciencia tiene de ellos, alejándolos de una caduca analogía que los acercaba a los reptiles y mostrándonos dinosaurios análogos a aves, que ya no arrastran la cola, a los que ya no faltan sino las plumas.
El tiranosaurio de Spielberg posee una animalidad análoga en gran medida a la de un pollo. En la segunda entrega, una niña entabla "conversación" con un "compi" (un pequeño composignatus) preguntándole si es una especie de pájaro. La analogía es en este caso tan errónea o tan eficaz como la analogía mono-hombre, pero en todo caso es nueva y asistimos a la confirmación de su nacimiento.
En su día, la tergiversación de las palabras de Darwin se basó en la eficaz persistencia de la analogía como forma de divulgación cultural. Darwin no dijo que el hombre descendiese del mono sino que ambos poseían ancestros comunes, pero dado que éstos, primates, reclaman para su asimilación la analogía con los primates y prosimios modernos (y éstos, a su vez la fácilmente comprensible analogía con los monos -esos animales de estructura física análoga a la de un humano-) los monos también se humanizaban en virtud de la reversibilidad de la analogía, del mismo modo que las aves son completadas en su significado por su analogía con los dinosaurios.
Los últimos animales que vemos en "Parque Jurásico" son pelícanos, que al paleontólogo amateur se presentan como claras analogías de Pteranodontes o de Pterodáctilos (que, por cierto, no eran dinosaurios en sentido estricto), y en la segunda entrega ("El mundo perdido" -análogamente a las novelas homólogas de Conan Doyle y Crichton) el último animal en pantalla es precisamente un Pterodáctilo.

Foucault insiste en que son la reversibilidad y la polivalencia las que dan a la analogía "un campo universal de acción". Todas las figuras del mundo pueden de algún modo relacionarse:

"...existe en este espacio surcado en todas direcciones, un punto privilegiado: está saturado de analogías (cada una puede encontrar allí su punto de apoyo) y, pasando por él, las relaciones se invierten sin alterarse. Este punto es el hombre; está en proporción con el cielo, y también con los animales y las plantas, lo mismo que con la tierra, los metales, las estalactitas o las tormentas."

Se evidencia que la animalidad humana, subjetivamente diferenciada, es el baremo con el que medimos la animalidad ajena. El hombre, cuyo antropocentrismo renacentista lo reposiciona con respecto a Dios, mantiene obstinadamente la distancia con la Bestia de la Edad Media. Sin embargo, en todo momento, el humano usa su cuerpo y sus connotaciones como referencia para la observación de las criaturas con las que convive o evita convivir.

"El cuerpo del hombre es siempre la mitad posible de un atlas universal. Sabemos que Pierre Belon trazó, hasta el más mínimo detalle, la primera lámina comparativa del esqueleto humano y el de las aves: se ve ahí <>"

(P. Belon, "Histoire de la nature des oiseaux", París, 1555, p.37.,citado por
M. Foucault en "Las palabras y las cosas", siglo XXI, Madrid-México 1993)

Foucault nos llama la atención sobre el hecho de que, si tenemos en cuenta los conocimientos que sustentaban la cultura occidental del s.XIX, podemos ver en la precisión de Belon una lección de anatomía comparada."Sucede que la reja a través de la cual dejamos llegar hasta nuestro saber las figuras de la semejanza, corta de nuevo en este punto (y casi sólo en él) lo que había dispuesto sobre las cosas el saber del s. XVI". Sin embargo, la descripción de Belon destaca precisamente la positividad que la hace posible en su época. Habla el lenguaje de su época acerca de un tema con un determinado interés en su época. Aunque se nos pueda antojar así desde nuestra propia perspectiva histórica, no es una explicación más impregnada de exactitud -a menudo sinónimo de modernidad- que las que se nos dan en los bestiarios medievales y sus descendientes divulgativos con pretexto zoológico o de cualquier índole:
"No es ni más científica ni más racional que la observación de Aldrovandi cuando compara las partes bajas del hombre con los lugares infectos del mundo, con el infierno, con sus tinieblas, con los condenados que son como los excrementos del Universo" (Foucault se refiere a Aldrovandi, "Monstrorum historia", p. 4)

Del mismo modo, de los documentales zoológicos en que las hienas son mostradas en calidad de seres despreciables y al león como un rey majestuoso hemos pasado desde los años setenta y ochenta a una visión de ambos como piezas del mismo rompecabezas, luchadores ya no infatigables que han transgredido las analogías que compartían con demonios y reyes.
Las analogías se suceden y superponen sin solaparse totalmente, dueñas de una traslucidez que las hace culturalmente coexistentes, el bandido bueno y su sencilla majestad, el perro como más noble amigo del hombre es el mismo "perro" que califica a los más ruínes esbirros.