Representar, comunicar. Hablar, mentir.
Publicamos el
comentario de Miguel Artime
por diversas razones: la principal es que nos sigue sorprendiendo que se considere sorprendente que los animales piensen, especulen o mientan, aunque en este caso sirva, en el fondo, para reforzar la cercanía entre simios y antropoides con el ser humano, aunque sea sacrificando su carácter tópicamente puro e inocente en aras de una humanización un tanto perversa y con la exclusiva de cualquier pecado original. El ser humano, privilegiado depositario del fruto del árbol del conocimiento, es simbólicamente el primero en perpetrar una tergiversación de los hechos al falsearlos a través del lenguaje, es decir, se le supone inventor de la mentira.
Ya tratamos anteriormente
el problema de la mentira como algo intrínseco a la reproducción de la imagen de los animales y
su uso en la representación de conceptos a través de las imágenes zoológicas.
Sirva como muestra el siguiente extracto, aunque recomiendo la lectura al completo de nuestro apartado
"Digo, miento, fotografío" en este mismo blog o en su
ubicación original.
La hembra gorila Koko cuidando de su mascota, el gatito All Ball. (Crédito imagen: National Geographic).
Pamela Meyer, autora de un conocido libro sobre técnicas para detectar la mentira titulado "Liespotters" (no te pierdas su
TED talk) estima que
el común de los humanos miente entre 10 y 200 veces cada día. Curiosamene
Koko, una famosa gorila hembra estudiada durante décadas por la psicóloga estadounidense
Francine "Penny" Patterson en las instalaciones de
The Gorilla Foundation,
ha pasado a la historia (entre otras cosas muy interesantes, como por
haber aprendido a usar 1000 signos del lenguaje de los sordomudos) por
una única mentira. Lo cual viene a decir bastante poco a favor de nosotros, la verdad.
[Relacionado:
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La historia de Koko, con quien siempre he simpatizado por haber
nacido como yo en 1971, comenzó cuando Penny Patterson, una estudiante
graduada en psicología por la Universidad de Stanford se hizo cargo de
sus cuidados durante 6 meses, a causa de una grave enfermedad que hizo
que trasladaran al bebé hembra gorila a un camión de cuidados intensivos
en el zoo de San Francisco. Tras recuperarse la pequeña primate, Penny
solicitó permiso al zoo para seguir trabajando con ella como parte de su
investigación en psicología. Cosa que consiguió, inicialmente, durante
cuatro años.
En 1974 Koko y su camión se mudaron a la Universidad de Stanford,
donde Penny y otros investigadores prosiguieron trabajando durante unos
años con Koko y otros gorilas que se sumaron al proyecto, hasta su
última y definitiva mudanza a Woodside, California, donde aún permanece.
Durante el proceso, Koko
ha aprendido a usar 1000 signos en en el lenguaje de los sordos, así como a comprender 2000 palabras del inglés. Si queréis estar al tanto de su actividad podéis suscribiros a
su página en Facebook.
Koko ha crecido rodeada de expectación mediática, entre otras cosas
gracias a los varios documentales que Patterson ha hecho públicos sobre
el proceso de educación de la gorila, después de todo
Koko es lo más parecido que hemos tenido a Zira, de la saga "El planeta de los simios". Pero es que además, a comienzos de la década de los 80, un libro y un documental sobre la historia de Koko y su mascota,
un gatito llamado "All Ball", hizo que literalmente la hembra "parlante" de gorila se metiera al público en el bolsillo.
Y es en ese marco, con Koko adorando a su gatito mascota, cuando llego a la historia de
la famosa mentira. Según se recoge en varios medios, como el blog
Naturalnews de
Mike Bundrant,
Koko tuvo un día ciertos problemas de comportamiento (un mal día lo
tiene cualquiera) y terminó pagando su frustración empleando su enorme
fuerza en
arrancar un lavabo de la pared. Podemos
imaginar la escena - chorros de agua incluídos - cuando Penny llegó al
"lugar del crimen". Al preguntarle la psicóloga a Koko quién era el
responsable de semejante estropicio Koko respondió: "
el gato".
Imagino que el interrogatorio debió ser realmente gracioso, aunque a
raíz de la anécdota a mi se me ocurren múltiples e interesantes
preguntas.
¿Es inherente a los grandes primates la capacidad de mentir? ¿Es necesario aprender a comunicarse mediante algún tipo de lenguaje para poder mentir?
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Lo que si sabemos es que a All Ball, el gatito, no le dio tiempo a
servir de chivo expiatorio durante un largo plazo. A los pocos meses de
ser adoptado por Koko se escapó, y
un coche le pasó por encima.
El vídeo de Penny explicandole a Koko que el gatito había pasado "a
formar parte del asfalto", y que no volvería a verlo se convirió en un
clásico previo a los virales,
que de tanto en tanto retorna cosechando nuevos éxitos. A pesar de la
baja calidad de imagen, podéis aprender más sobre la breve pero intensa
relación entre Koko y el gatito "All Ball" (en alguno sitios lo traducen
como "Bolita") en este
extracto de un documental de Patterson emitido por la 2 de TVE, en el que también aparece por cierto la propia Penny.
Koky y All Bal en la mítica portada de National Geographic.El hecho de comenzar hablando de la mentira en el primer párrafo
no ha sido una mera casualidad y es que llegado a este punto he de decir que, a día de hoy,
los primatólogos tienen muy baja consideración sobre el trabajo científico realizado por la psicóloga Patterson.
La acusan entre otras cosas, de desechar durante el montaje de sus
documentales, muchas tomas en las que a la gorila simplemente no se la
entendía, y de quedarse solo con las más efectivas (sin duda un
"artefacto" que parece indicar mala ciencia).
Además, según he podido leer, en muchas ocasiones se acusó a Patterson
de crear marcos creíbles para cada escena añadiendo narraciones en sus
documentales que no siempre se correspondían con la realidad.
Del mismo modo, también hay quien la ha acusado de indicarle a Koko
fuera de cámara, los signos que la gorila debía usar en cada momento.
¿Qué tanto por ciento de las habilidades comunicativas de Koko son reales y qué otro tanto es montaje?
Me temo que la duda siempre rodeará al personaje, pero lo que es
innegable es que Koko amaba a ese gatito, y que internet ama a cualquier
cosa que tenga que ver con gatitos. (Por cierto, que la mismísima
Jane Goodall
ha sido también acusada de antropomorfizar en exceso a los chimpancés
que estudió en Tanzania para "empatizar" más con el público).
Sea como sea, lo que es incuestionable es que el personaje de Koko, y
la foto de portada junto a su gato en la edición de enero de 1985 de la revista National Geographic,
la convirtieron en un icono mundial que hizo que muchos cambiaran la
imagen que tenían de los gorilas, más próxima hasta entonces a la de
King Kong.
De hecho, según he podido descubrir, la historia de cómo Koko
aprendió a pedir un gatito en lenguaje de signos (previamente le
regalaron un peluche muy realista que le aburrió enseguida), de cómo
adoptó a All Ball y de cómo lo cuidó con amor hasta finalmente llorar su
muerte cuando su mascota fue atropellada, es una lectura común en las
escuelas de primaria en los Estados Unidos.
Miguel Artime
Representación y mentira. Fotografía y Mentira.

Don Freeman: Fotografía de una serie sobre el Museo de Historia Natural de Nueva York.
4-Representación y mentira.
4.1-Verdad y mentira en el contenido sémico de las imágenes.
No. No pretendo profundizar aquí en el estudio de la mentira. Lo debo
dar por hecho en múltiples trabajos de estudiosos muchísimo más
cualificados que yo; tanto que podrían mentir a cualquiera.
Lo que sí creo evidente es que, en nuestra vida social, el radio de
acción de la mentira está en función de nuestra capacidad de
representación y de comunicación, en la medida en que la mentira es uno
de los dones de cualquier modalidad de representación. Nuestro primer
pensamiento al referirnos a la palabra “MENTIRA” se refiere a la mentira
verbal, especialmente la emitida en forma oral. Sin embargo eso es sólo
el ACTO de la mentira, mentir. Pero el concepto de MENTIRA es más
extenso.
El importante papel que la mentira asume en nuestra existencia es, en su
mayor parte, ignorado, precisamente, por la propia naturaleza de los
servicios prestados por su ejercicio. No sólo los mentidos han de
ignorarla, sino que, para poder ejercerla al máximo nos sentimos
obligados a probarla en nosostros mismos con lo primero que se nos
ocurre: la mentira, precisamente: su naturaleza y sus mecanismos. No es
preciso entrar en matices para comprobar que la idea general que sobre
la mentira nos hemos formado, incompleta, es inexacta.
A menudo, para observar y estudiar la realidad de la mentira será
preciso correr o: como dice J.M. Sutter “levantar el velo de nuestra
conciencia” ("Le mesonge chez l'enfant, Presses Universitaires de
France/Luís Miracle, Bcn 6a ed. 1969).
Lo cual significa acceder a nuestro subconsciente. La psicología y el
psicoanálisis han demostrado que semejante dificultad no es insuperable.
No obstante, volvamos sobre nuestros pasos y limitémonos a definir y
delimitar el alcance de la mentira.
“Mentir es mantener una idea en desacuerdo con la verdad, para inducir a
error al prójimo”. Esta definición, tan criticable y completa como
cualquier otra, asume un marcado carácter intencional de la mentira (sea
ésta intencionada o no) que se puede ampliar en muchos sentidos. Y es
que la definición y descripción de la mentira constituye, ante todo, un
problema semántico. El acto de mentir, en el sentido de Inducir a error,
se reduce a mentir a uno los indicios, las esperanzas.
Pero también alcanza el ámbito de la mentira a “falsificar una cosa”,
fingirla, mudarla o disfrazarla, haciendo que por las señas exteriores
parezca otra. Si lo llevamos al terreno de la comunicación en su
cotidianeidad social, mentir es decir una cosa de otra o no conformar
con ella y la esencia social de la mentira corroe las bases del pacto
social, puesto que mentir es faltar a lo prometido, quebrantar un pacto.
Y, como “mentir pide memoria”, el mentiroso hábil evita ser descubierto
amparándose en hechos consumados del pasado.Si creo que me equivoco en
algún momento, diré:”¡Miento!”, pero, ya que “el mentir y el compadrar,
ambos andan a la par”, no será difícil adivinar mis observaciones sobre
la mentira fotográfica.
Lo que me mueve a observar la posibilidad de este fenómeno es reafirmar
la capacidad de representación de la fotografía, puesto que, si hacemos
que algo represente lo que no es, incurrimos en mentira. Luego, en caso
de que una fotografía pueda mentir a alguien, es claro que REPRESENTA
algo que está en conformidad con lo que ese alguien percibe, pero no con
lo que ese algo ES.
A menudo, especialmente cuando se trata de niños, lo que a primera vista
pudiera parecer mentira no es tal, sino el resultado de una percepción
incompleta o apreciación defectuosa.
Muchas culturas han llegado incluso a considerar la mentira una virtud, y
creo, en muchas ocasiones, que la nuestra se incluye en este grupo.
La palabra es el campo más exaltado de la mentira, pero, evidentemente,
nuestras palabras reemplazan o son reemplazadas por gestos, por
escritos; o por silencios: es la mentira por omisión. Ya hemos
mencionado que, a menudo, es a nosotros mismos a quien tratamos de
engañar. Yo diría que casi siempre lo conseguimos, pero es una opinión
personal y no creo en ciertas opiniones personales. En cualquier caso ¿
no se supone que es a los demás, a los otros, a quien dirigimos nuestra
segunda intención? Lo que es cierto, y todos comprobamos antes o después
( o incluso ahora mismo), es que engañamos mucho mejor cuando nosotros
mismos creemos nuestras fabulaciones.
Ahora bien, si argumentamos que hay quien se automiente en soledad por
una más tranquila convivencia con la propia conciencia, no debemos
olvidar que esta “conciencia” no es individual y personal.
A semejanza de la conciencia moral infantil, “queda en introyección pura
y simple del juicio de la sociedad: es el “otro”, presente en nuestro
interior, quien debe ser engañado” (Sutter, íbidem).
La mentira es, por naturaleza, un acto social. Su engaño intencionado la distingue del verdadero error.
La cuestión que me planteo es la siguiente. Si, como Roger Scruton,
aceptamos que, dentro de los fenómenos de la realidad, podemos afirmar
que la fotografía es uno de tantos, semejante a la reflexión especular o
la opacidad de los cuerpos, es evidente que la fotografía no miente.
Sin embargo, la fotografía, más que una reacción fotoquímica, la
entendemos en infinidad de ocasiones como elemento decisivo de diversos
actos sociales, porque la dimensión social de la fotografía es algo más
que los errores que condujeron a su invención.
En este punto me pregunto si es cierta la idea, más o menos
generalizada, de que la ironía, y la ficción artística, se sitúan fuera
de los dominios de la mentira, sencillamente porque aceptamos que ambas
tienen por fin hacernos conocer la verdad de otra forma y mucho mejor de
lo que pudiera conseguirse con una afirmación directa y objetiva. El
problema consiste en encontrar la afirmación de esta índole más
significativa, si existe, y añadir, si existen, las que le siguen en
orden de objetividad para buscar entre todas ellas una fotografía, una
de esas ironías que, a principios de nuestro siglo, desviaron la
trayectoria del arte y la comunicación.
4.1-Fotografía y Mentira.
La intención de engañar es tan esencial en la mentira que es posible
mentir diciendo la verdad a un interlocutor que debe atenerse a las
apariencias. Tropezamos con la ambigüedad de la noción de lo verdadero,
problema inmenso lejos de haber sido resuelto.
Nuestra aprehensión de la realidad es muy imperfecta y nuestros medios
de expresión disponibles no nos permiten traducir fielmente su imagen de
por sí inexacta. El aprovechamiento, para ello, del fenómeno
fotográfico, nos da una idea del alto grado de credibilidad, y no en
todos los casos, de la fotografía, pero nada más.
Porque nuestra imperfecta percepción nos permite elegir entre múltiples
aproximaciones y, de tantas maneras de no decir exactamente la verdad,
que nos está vedada ¿dónde empieza la mentira? ¿debemos buscarla única y
exclusivamente en las relaciones sociales? ¿Acaso no está presente en
la propia construcción del lenguaje? Al fin y al cabo, siguiendo los
dictados de la lógica lingüística y, observando su expresión hablada y
escrita, encontramos expresiones contradictorias aceptadas por los
componentes de una misma comunidad lingüística.
Tal vez podríamos analizar las imágenes fotográficas a nivel de
comunidades y encontrar particularidades en su aspecto o en su
utilización y, seguramente, habría acusadas diferencias en las imágenes
documentales utilizadas para un mismo fin.
La realidad es la misma. ¿Mienten las fotografías? Bajo mi criterio, la
respuesta es sí. Lo que intentaré explicar más adelante es el hecho
diferenciador, en el caso de la fotografía, como en toda forma de
representación (artística o no ): el autor de la obra no es
necesariamente el autor de la mentira, si es que sólo se produce una.
Decir la verdad es emplear el sistema de correspondencias socialmente
admitidas entre la realidad y ciertas formas de expresión; mentir es
apartarse de ellas deliberadamente. Si excluimos la fotografía de este
campo, paradójicamente, la dotamos de un poder excesivamente tentador
para ser despreciado.
Si pensamos que el sistema de correspondencias formado por los
mensajes que recibimos y los que emitimos y por los referentes reales
que los originan no se halla, como vemos, sólidamente establecido más
que para cosas muy simples, muy concretas ¿ porqué insistimos en
simplificar la historia de algo tan “engañoso” como la fotografía y
concretar su aparición a finales del siglo XIX?
La fotografía demuestra su intrínseco engaño a través de la publicidad.
Rápidamente alguien me objetará que la publicidad es engañosa y la
fotografía sólo es uno de tantos vehículos que utiliza para construir su
lenguaje. La presencia más común de la fotografía en publicidad suele
ir acompañada de texto.
Este texto, supuestamente, o certeramente, en relación con la fotografía
con la que se interacciona prolonga tiránicamente un sentido de su
amplia significación buscando un tono y una voz interior convincente a
través de su forma tipográfica, forma visual concebida para y por la
imagen fotográfica que (la) acompaña. El caligrama se convierte en una
paradoja más encubierta (¿o acaso más evidente?) por la presentación de
“lo que yo veo tal y como es”, por que lo que yo creo una porción de la
realidad que yo veo ha sido cuidadosamente escogida y/o realizada para
inmediatizar su diálogo conmigo. Por lo tanto, como en todo caligrama
(la forma más sencillamente expresiva del lenguaje reproducido), sigue
aprovechándose del antiguo hábito del lenguaje que hace preguntarnos
¿Qué es ese dibujo? ¿Qué es esa foto?
La lingüística moderna le ha cambiado al “artículo” su denominación por
la más funcionalista “determinante”. El viejo artículo determinado sería
hoy un determinante, y el indeterminado (sonrían conmigo) un
determinante indeterminado.
Creemos que la pregunta primordial es: ¿Qué es la fotografía? ¿Qué es
una fotografía? Pero cierta reflexión sobre la paradoja planteada por
cualquier pictograma nos hará empezar a comprender que, aunque asumimos
saberlo, somos incapaces siquiera de contestar con profundidad sobre esa
fotografía sin referirnos a cosas que realmente no están en el soporte
fotográfico, ni en el momento de la escena fotográfica.
El viejo hábito conlleva el uso del presente del verbo ser, la frontera
entre la nominal y lo verbal, una abstracción tan antigua que nos lleva a
las pinturas rupestres que, entonces y ahora, nos dicen “esto es un
bisonte”. Como diría Foucault, un viejo hábito cuyo fundamento se haya
en que toda la función de un dibujo “tan esquemático”, tan escolar como
éste, radica en hacerse reconocer, en dejar aparecer sin equívocos ni
vacilaciones lo que representa.
Por más que sea el el rastro del paso, en una hoja o en un cuadro [1],
de un poco de mina de plomo o de un fino polvo de tiza [2], no reenvía
como una flecha o un dedo índice apuntado a determinada pipa que estaría
más lejos, o en otro lugar; es una pipa [3] .Cuando Magritte nos dice
“Esto no es una pipa”, a través de su enigmático caligrama, de inmediato
reaccionamos ante la convivencia de verdad y mentira contenidas en la
imagen. ¿Recibo el mensaje de un pictograma fotográfico como una
combinación de fotografía y texto o recibo lo que ambos representan por
separado?
El hombre de Marlboro representa todo un mundo de ensueño que seduce a
quienes lo comparte, y no sólo para que compren una determinada marca de
cigarrillos, sino para que fumen “así” en su ensueño. Pero también
representa todo un elogio al dominante carácter patriarcal, machista y
colonizador, de la sociedad americana a la que la agencia Philip Morris
pertenece. Para ofrecer esa imagen seductora del mundo relacionado con
el mero hecho de fumar un cigarrillo, enmarca al prototipo del
triunfador americano en un entorno paisajístico fotografiado de un modo
muy concreto, heredero del cine “western”, que bebe, a su vez, de la
fuente de los pioneros de la fotografía americana, quienes lo primero
que captaron (en forma de colección promovida desde organismos
oficiales) fue precisamente la tierra, lo único que el Estado ofrecía a
los hijos y nietos de los pioneros del modo más ampuloso y seductor
posible, para decir al pueblo a través de aquellas imágenes “Este es tu
país”. Ese paisaje fotografiado es fotografiado para invitar a fumar una
marca de cigarrillos “para señoritas” cuyo fracaso comercial llevó a
Philip Morris a adueñarse, en todos los sentidos, de la marca de tabaco,
para convertirla en una recopilación de imágenes tópicas de uno de los
sueños americanos.
Se me ocurre, para expresarme con más claridad, sugerir una sucesión de
fotografías de Michael Evans, Joe Benson, Szarkowski, Adams, Allan
Sekula, Douglas Crimp, etc. componiendo un audivisual al ritmo de “The
Magnificent Seven” de Elmer Bernstein. Tal vez nos provocaría una
sonrisa. Si lo hiciésemos, acto seguido, con una colección de postales
de la Andalucía de los años sesenta, la risa estaría al borde de su
aparición, pero sobre la risa hablaré más adelante.
Quedémonos tan sólo, con el hecho consumado (y consumido) de las
astronómicas ventas de Marlboro en todo el mundo a través de una
fotografía que sigue diciendo: “Esto es tu país” y por tanto “el de la
foto podrías ser tú o tu hombre”, colonizando a quien fuma cigarrillos
"para señoritas" cuyo fabricante era incapaz de vender a ese sector
preconcebido. Si una imagen vende tanto es porque representa algo
importante.
Mafa Alborés.