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sábado, 21 de octubre de 2017

Nobuhiro Nakanishi : escultura, fotografía y escenografía naturalista. Naturaleza y artificio.




Seguimos rescatando artículos atrasados y cuentas pendientes. Este verano descubríamos a través de COLOSSAL una contundente intalación fotográfica y escultórica de Nobuhiro Nakanishi que nos pareció sumamente interesante y nos retrotraía a las instalaciones de video de Plessi en los lindes de los años noventa.

Aparte de tomar conciencia de que hace años que le debemos un comentario al videoartista y escultor italiano, nos fascinó el minimalismo más que discutible de la instalación de Nakanishi. El japonés, como ya nos tienen acostumbrados los artistas asiáticos, en su mayoría japoneses y coreanos, demuestra un gran dominio técnico y una tremenda comprensión del procedimiento y de sus connotaciones.

Si Takashi Amano nos conmueve y nos impresiona con su dominio técnico de la fotografía de gran formato y su talento como conservador biológico y constructor y desarrollador de acuarios para ser fotografiados, o si Seung Mo Park nos da una lección de fotografía y escultura conectando con la reproducción mecánica de imágenes, Nakanishi nos recuerda que la fotografía congela el tiempo y la cronofotoagrafía o el cine lo recomponen, por lo que idea un time lapse tridimensional mediante transparencias fotográficas de gran formato aliteradas como diapositivas en un carro de proyección para que nosotros mismos desentrañemos los pasos temporales entre toma y toma. En un peculiar ejercicio de fotografía de juntura, consigue apuntar a recursos de la narración secuencial en una peculiar panorámica acerca de los cambios que la naturaleza experimenta en el tiempo, de su transitoriedad y de la nuestra propia, con una cierta carga de fondo de reivindicación ecologista que nos recuerda hasta qué punto los árboles nos impiden ver el bosque hasta que acusemos su ausencia. Es como decir que no existe un sólo bosque, sino muchos que se suceden en el tiempo dependiendo de la supervivencia del precedente. En la manera física de expresarlo es como si desplegase en capas un gif animado de un time lapse, pero también nos recuerda a los retatos de exposición múltiple de Ken Kitano, quien nos dice que en el fondo todos los rostros son el mismo, al menos en determinadas categorçias sociales. Nakanishi se sirve de un recurso similar y lo despliega en el espacio.

Respecto a su trabajo, los responsables de redacción de contenidos de Colossal nos dicen:


El artista japonés Nobuhiro Nakanishi crea obras escultóricas que intentan preservar un momento singular en la palabra natural, capturando puestas de sol profundamente pigmentadas y bosques brillantes en una serie titulada Layer Drawings. Para producir las instalaciones tridimensionales, Nakanishi primero fotografía un ambiente durante un período de tiempo. A continuación, monta las imágenes seleccionadas de su documentación en paneles de acrílico en orden cronológico, lo que permite una ligera variación de marco a marco."Todos estamos sujetos al paso del tiempo, sin embargo, cada uno de nosotros lo siente y lo percibe a nuestra manera", dice Nakaniski, "El tiempo en sí no tiene forma o frontera y no puede ser fijado o captado. Cuando miramos las fotografías de estas esculturas, intentamos rellenar las lagunas entre las imágenes individuales. Extraemos de nuestras experiencias físicas para llenar el tiempo y el espacio que faltan, tanto efímeros como vagos. En esta serie, intento describir el tiempo y el espacio como sensaciones compartidas tanto por el espectador como por el artista ". 

Nakaniski es representado por Kashya Hildebrand en Londres. Podéis ver más de sus trabajos en capas en su sitio web. (Via Tu Recepcja)













Hemos de decir que estas instalaciones reclamaron nuestro interés sobre la obra de Nakanishi en cuanto que fotógrafo, pero, como sospechábamos que fuera posible, comprobamos que sus trabajos, coherentemente interesados por la sostenibilidad de la naturaleza, son eminentemente escultóricos, y hemos seleccionado unas cuantas muestras además de sus Layer Drawings.
















lunes, 14 de diciembre de 2015

Reflexión naturalista sobre las imágenes y el arte. Fusión de marcos ornamentados de madera con ramas y raíces retorcidas por Darryl Cox.

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No se me ocurre mejor asociación de ideas para una nueva entrada relacionada con la anterior que vincular las piezas de Darryl Cox con los "trofeos de pared" de Federico Uribe y Courtney Timmermans, aunque a decir verdad percibo mayor rotundidad artística en estas peculiares piezas de Cox.
Tal vez lo más interesante de su propuesta, a nivel conceptual, es su revisión del viejo problema de la ventana y la naturaleza que algunos artistas emblemáticos como René Magritte habían desarrollado posiblemente ante las interrogantes planteadas por el advenimiento de la fotografía: el enigma del cuadro dentro del cuadro. Sin embargo, el cuadro, el espacio abierto por la ventana/campo/frame/picture, en el caso de los trabajos de Darryl Cox está presente de forma especulativa y abierta, ya que aparece vacío. No hay imagen en su interior, o queda abierta a la imaginación del espectador, o, tal vez, a la elección del propietario que decida usar estos artilugios como auténticos marcos de obras pictóricas o fotográficas concretas. Es posible que el género aludido sea el paisaje, dado que uno de sus elementos es exteriorizado, pero resulta sintomático que sea el marco, tradicionalmente de madera, el que nos recuerde su vinculación material y ecológica con el paisaje real del que fue extraído para ser reinterpretado, para darle (otra) forma. El propio concepto de paisaje es un artificio. El paisaje no es natural y su origen como género pictórico en occidente proviene de la acotación de los paisajes domeñados económica y agrícolamente, algo que no han dejado de recordar todos los paisajistas hasta la llegada del romanticismo y su reivindicación de lo natural sólo si ésta se presenta como realmente indómita, hermosa y, preferentemente, exuberantemente salvaje. El contrapunto a este concepto lo encontraríamos en los dioramas fotografiados al estilo de la estampas paisajísticas orientales de Yao Lu. La relación entre naturaleza y artificio es llevada a su mínima expresión por Cox a modo de sencillo recordatorio.
En cuanto a la técnica empleada, he de admitir que ignoro si parte de la madera empleada es tallada para constituir las partes rectilíneas (objeto, por tanto de artificio) o si los cepellones y retorcidas ramas son adheridas mediante resinas o pastas de madera a restos de marcos rescatados. En ambos casos la labor realizada es notable, pero, indudablemente, si surgen de una pieza única de madera su valor es mayor. En todo caso, lo que las piezas nos dicen no depende del modo de ejecución y, aunque se supone que surgen de restos vegetales muertos y encontrados para su uso en la serie, no deja de estar al acecho el peligro implícito en toda obra de reivindicación ecologista que hace uso de recursos naturales, lo cual, por otra parte, hace todavía más conspicua la obra obtenida.

Mafa Alborés.


Como he tenido noticia de su trabajo a través de COLOSSAL, os ofrezco algunas de las imágenes facilitadas en la entrada original y una traducción del breve comentario de Christopher Jobson:

El artista Darryl Cox fusiona marcos de cuadros antiguos adornados con ramas de los árboles que se encuentran en los bosques del centro de Oregón. Las ramas no sólo sirven como un simple recordatorio de los materiales utilizados para construir marcos de cuadros, sino que también crean un factor de forma inusual en que las líneas limpias y los patrones de adorno de las molduras parecen surgir de forma natural de la corteza de cada rama de árbol. Cada pieza implica muchas horas de trabajo de la madera, la escultura y la pintura.

Se pueden ver muchas más piezas de Cox en su página web, en Facebook, y en su tienda online. (a través de Quipsologies)










Twisted Tree Branches Fused with Ornate Picture Frames by Darryl Cox


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Artist Darryl Cox fuses ornate vintage picture frames with tree branches found in the forests of central Oregon. The branches serve as a simple reminder of the materials used to build picture frames, but also create an unusual form factor where clean lines and ornate moulding patterns seem to naturally traverse the bark of each tree limb. Each piece involves many hours of woodworking, sculpting, and painting.
You can explore many more pieces by Cox on his website, on Facebook, and in his online shop. (viaQuipsologies)
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domingo, 24 de mayo de 2015

¿Agricultura o Bioarte? El árbol de las cuarenta frutas de Sam Van Aken.

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Sin lugar a dudas, Sam Van Aken, con su árbol de 40 frutas generado a partir de 40 injertos selectos, nos ofrece un producto de manipulación agrícola como tantos otros, pero en la intención de base subyace la voluntad de constituir un hito, y como tal, llamativamente visible y memorable, y por tanto conmovedor y hermoso. Eso es arte, y, si está vivo y la técnica de su manipulación artística atañe a la forma en que se desarrolla esa materia viva, encontramos un ejemplo claro de obra de bioarte, en la línea de los animales fluorescentes de Eduardo Kac o, en otro orden, los sistemas de vida virtual de Louis Bec.
(Os recomiendo la lectura de nuestra entrada dedicada a aspectos críticos del bioarte y su distinción del arte con animales vivos a raíz de una recensión de un interesante artículo de Steve Baker)

A través de wimp, Alberto Díaz Pinto, en La Voz del Muro, nos facilita la información y un claro y escueto comentario sobre la obra de Van Aken, una quimera vegetal cuya percepción se nos antoja bella y maravillosa por su variedad cromática y alimenticia. La funcionalidad del árbol es indisociable a nuestro modo de percibirlo (percibimos los colores en gran medida por nuestra remota condición exclusivamente frugívora) y lo que en una forma animal constituiría una aberración, un monstruo, hermoso pero monstruoso, en la forma de un árbol se nos presenta como el súmum del árbol hermoso y generoso, más en cuanto que sus frutos, al fin y al cabo, pueden ser considerados frutos del árbol del conocimiento.


Mafa Alborés.


Fuente:

http://lavozdelmuro.net/este-arbol-es-absolutamente-impresionante-pero-lo-que-lo-hace-tan-especial-es-lo-que-nace-de-el-1/


por Alberto Díaz Pinto
el 20/05/2015 en Ciencia y naturaleza
No es la primera vez que hablamos sobre plantas y árboles que poseen alguna característica especial que los convierten en ejemplares únicos en su especie. Y es que, aunque muchas veces no nos detengamos a apreciar estas particularidades, los árboles ya poblaban la Tierra millones de años antes de que el ser humano pusiera sus pies sobre ella. Además, la vida no sería posible sin ellos, por lo que en este artículo os mostraremos uno de los ejemplares más fascinantes que hemos podido ver hasta el momento.
El artista y profesor de la Universidad de Siracusa, Sam Van Aken, ha creado un maravilloso árbol a partir de 40 injertos de árboles frutales distintos. De este modo, de él crecen ciruelas, albaricoques, cerezas, duraznos y nectarinas, entre muchas otras:

El artista visualizó un árbol que fuera increíble tanto en apariencia como en función

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Van Aken creció en una granja en Reading, Pensilvania. Allí aprendió todo lo necesario para dominar la técnica agrícola del injerto, que consiste en unir dos plantas genéticamente similares para crear un híbrido

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Para “el árbol de las 40 frutas”, se concentró en las especies que tenían hueso, comúnmente denominadas drupas en jerga botánica. Las frutas de hueso tienen una parte carnosa exterior que rodea la cáscara de las semillas. Los albaricoques, cerezas, melocotones, ciruelas, dátiles o mangos, entrarían dentro de esta clasificación

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Van Aken llama a su proceso ‘escultura a través de injertos’, que desarrolla haciendo pequeñas incisiones en el tronco, en las que inserta una rama nueva de otro árbol que, después de atarla y encintarla, el corte se cierra y la rama comienza a crecer junto al tronco. El esplendor y la belleza de su obra se hace evidente durante la época de floración

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Como árboles frutales destinados al consumo humano podrían resultar tremendamente útiles, ya que produciría pequeñas cantidades de varias frutas en distintas épocas del año


El más antiguo de los árboles de Van Aken no supera los 3 años de edad, pero incluso estos jóvenes retoños son un homenaje imponente a la biodiversidad y a las maravillas del mundo natural

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Fuente: wimp

jueves, 4 de octubre de 2012

el restaurante del árbol

De Yahoo, como veis extraigo y reproduzco esta entrada de Karina Geada que complementa mis propios contenidos volcados en este y otros blogs (Mafa Alborés) 

(ver: http://mafa-arboldeplastico.blogspot.com.es/) 

 

Blog de Noticias

Gajumaro, el restaurante del árbol

Mafleen/FlickrAunque tradicionalmente el éxito de un restaurante está garantizado por su menú o el nombre de su chef, hay otros con tanto carácter, como el Gajumaru de Okinawa (Japón), también conocido como "el restaurante del árbol" que —además de complacer a sus visitantes por su especialidad (shabu-shabu)— se convierten en landmarks por la originalidad de su arquitectura.
A unos 20 metros del suelo, sobre un enorme baniano (higuera de Bengala) y con vista a la bahía de Naha, Gajumaru satisface una de las grandes fantasías infantiles: escaparte con los amigos a un refugio íntimo y acogedor en lo alto de un árbol. Aunque en realidad es una reproducción hecha en concreto y cubierta de vegetación natural, lo que llama la atención es la presencia de un majestuoso árbol abandonado en medio de una transitada arteria de la ciudad (50 Ōnoyama Kumoji).
Mafleen/Flickr
Al local se accede desde el lote de parqueo en la parte posterior, mediante un elevador enmascarado en una de las ramas, o a través de una escalera de caracol en uno de sus costados. La vista panorámica desde sus ventanas o espaciosas terrazas es fascinante, casi surrealista. Atrapado entre las ramas del árbol, como si el restaurante descansara sobre la mano de un dios, las vistas, los ruidos y el movimiento de la ciudad a sus pies son evidentes, pero parecen estar a kilómetros de distancia. Además, las apacibles aguas de la bahía de Naha son el escenario ideal para cualquier restaurante —mucho más si está en lo alto de un árbol— recordando a los visitantes la belleza natural que alguna vez existió y aún rodea esta hermosa ciudad.
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La idea original de este establecimiento sui géneris, por el que han pasado ya varios restaurantes, alude a una leyenda de la mitología de Okinawa, donde se cuenta que los banianos están habitados por criaturas sobrenaturales: los Kijimunas, pequeños duendes de cabello rojo que forman parte de la tradición folclórica local y cuyas estatuillas se encuentran dispersas por toda la ciudad, también reciben y despiden a los comensales de Gajumaru.
Fotografías: Mafleen y Kirainet.










No creo que haga falta aclarar que reproduzco esta noticia por lo bien que ilustra temas tratados en mi sección "El árbol de plástico" (ver sección de páginas de este blog)   (Mafa Alborés)