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martes, 22 de septiembre de 2015

la simbología del cangrejo ermitaño reinterpretada por Aki Inomata a través de tecnología 3D

No se nos ocurre mejor continuación a nuestro comentario sobre el arte basado en el reciclaje de piezas de Peter McFarlane que hacer referencia a los animales recicladores por excelencia: los cangrejos ermitaños, quienes reciclan diversas conchas de caracoles (y otros objetos idóneos para proteger sus blandos abdómenes) a lo largo de su vida.
Alguien diría que es un modo también de robar a los caracoles la peculiaridad de cargar con su casa a cuestas, pero sin duda este arrebato sólo los convierte en más dignos representantes que los moluscos, dado que un su caso no es una concha propia, sino escogida como casa y protección. Consciente de la simbología implícita en la relación existente entre los ermitaños y los objetos que utilizan como madriguera portátil e individual, Aki Inomata ha tenido la ocurrencia de diseñar objetos adecuados a las necesidades de estos crustáceos que aúnen tres características destacables:

1- Recrean básicamente formas de caracolas porque éstas son las que habitualmente escogen los cangrejos como protección
2- Reproducen formas arquitectónicas humanas, sugiriendo mediante una cierta metáfora visual la invasión del mundo humano por el mundo animal, aunque evidentemente se trate de lo contrario, y hace más obvia la expresión "cargar con la casa a cuestas" acompañada de una cierta hipérbole, ya que Aki no duda en reproducir edificios de alto rango, como palacios, catedrales e incluso fragmentos de ciudades con rascacielos.
3- Son transparentes, lo cual rompe con lo habitual y desvela de algún modo lo que normalmente no vemos: el abdomen desnudo y blando del cangrejo (esta transparencia es más evidente cuando el animal se sumerge, puesto que el vidrio y los plásticos transparentes se invisibilizan más bajo el agua)

Lo cierto es que se pueden aplicar más niveles de lectura a esta ocurrente aplicación de las tecnologías 3D utilizadas por Inomata en sus posibilidades más básicas pero sin duda sugerentes, y que enlazan la escultura con las modernas técnicas de maquetismo de joyería.



Nuestra fuente es un artículo original de thecreatorsproject firmado por Beckett Mufson, quien también apunta a esta especie de apropiación cultural simbólica como rasgo destacable de la obra de la japonesa.



Estos cangrejos ermitaños son un reflejo de la apropiación cultural



Un diminuto cangrejo ermitaño se acomoda dentro de un caparazón cristalino impreso en 3D con forma de capilla, y se nos presenta como una adorable oda a la arquitectura. Sin embargo, lo que la creadora japonesa Aki Inomata ve en su última obra es una respuesta a los malos hábitos que su país ha adquirido en la apropiación cultural. "A medida que se van desarrollando, los cangrejos ermitaños cambian a menudo de caparazón y van escogiendo caparazones distintos. Cada vez que los cambian, su aspecto se transforma de forma radical, aunque los individuos que se esconden dentro siguen siendo los mismos", explica al hablar de la metáfora a The Creators Project. "Eso me hizo recordar que los japoneses a menudo se comportan de la misma forma".
El caparazón de plástico es la última incorporación en su serie de casas para cangrejos ermitaños modeladas a partir de casas y mansiones en miniatura. La obra fue originalmente concebida como una declaración de la habilidad de la humanidad para encontrar nuevos hogares a través de la reubicación e inmigración, pero luego dio un giro más crítico cuando la artista advirtió la abundancia de capillas que se extienden por todo Japón. "La cultura japonesa toma prestadas referencias de otras culturas sin ninguna asimilación política o religiosa. Por ejemplo, cerca del 60% de las bodas en Japón se celebran en capillas blancas, aunque solo el 1% de la población es cristiana", explica en referencia a un artículo delNew York Times sobre la industria de las bodas en Japón.
La artista describe las capillas donde se celebran estas bodas como "construidas con una mezcla de diversos estilos como el gótico, el romano, etc., sin ningún tipo de relación fundamental entre ellos", y sin los detalles y contexto cultural de las capillas originales de occidente. Esto no dista mucho de las críticas que sufrió Miley Cyrus hacia el 2013, de la música y moda de los útlimos 50 años y de la irónica inversión del artumento de Inomata: los japonófilos de occidente que visten kimonos para ir a la discoteca.
"[En Japón] las modas en la ropa, arquitectura, decoración y comida se asemejan ahora a las de la cultura occidental", dice. "Se copia mucho la publicidad y, de este modo, los japoneses a menudo absorben la superficie de otras culturas. Los caparazones de los cangrejos ermitaños también proceden de partes de otros organismos y yo utilizo caparazones transparentes para plasmar todo esto".
A continuación puedes ver algunas de sus alucinantes creaciones:
©Aki Inomata
©Aki Inomata
©Aki Inomata
©Aki Inomata
©Aki Inomata
©Aki Inomata
©Aki Inomata
Encontrarás más información sobre la obra de Aki Inomata en su página web.
Traducción de Rosa Gregori.

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miércoles, 2 de mayo de 2012

El color y la popularidad zoológica: la importancia de ser púrpura.

Insulamon palawanense. Imagen cortesía de Hendrik FreitagLos científicos acaban de descubrir cuatro nuevas especies de cangrejos en las Islas Filipinas. Estas islas son uno de los puntos calientes de biodiversidad (biodiversity hot-spots en inglés), por lo que no es raro que en sus hábitats se encuentren organismos desconocidos para la ciencia. Lo que sorprende es que una de las nuevas especies, Insulamon palawanense, tiene un llamativo color púrpura.
Según explican los investigadores responsables del artículo, este color tan poco usual serviría para que los cangrejos se reconociesen. Se sabe desde hace tiempo que estos animales son capaces de ver en colores, y con un color tan llamativo serían capaces de reconocer a sus congéneres en un ecosistema en el que se dan muchas especies de cangrejo.
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Pero no solo les serviría para esto. Igual que ocurre en otros animales del mismo grupo biológico, aparecen tres tonos de color bastante diferenciados. Uno más fuerte, más llamativo, para los machos jóvenes. Otro algo más pálido para las hembras, y un tercer tono mucho más apagado para los juveniles. De esta manera, no solo se reconocen como miembros de la misma especie, sino que pueden desplegar su ritual de cortejo ante los individuos adecuados.Macho de I. palawanense. Imagen cortesía de Hendrik Freitag
Parece ser que esta especie ha adoptado el púrpura como color por casualidad. A parte de para reconocerse, no parece que este tono cumpla ninguna otra función, como esconderse o asustar a los depredadores.
Los cangrejos, al igual que otros muchos animales, obtienen su color de su alimento. La misma sustancia que da un color rojo a las flores de una planta, le da su color rojo a los cangrejos de nuestros ríos cuando estos se las comen. Pero para eso hace falta consumir cantidades relativamente altas de estas plantas, y de una manera habitual. Aún no se ha encontrado la fuente exacta de tanta cantidad de pigmentos.
Esta especie tiene algunos depredadores, entre los que se puede contar a las poblaciones humanas en zonas remotas de las islas en las que han sido encontrados. Pero el peligro al que se pueden enfrentar es la desaparición de sus ecosistemas, ya que las Filipinas son uno de los lugares del mundo más amenazados. La deforestación, la minería y la contaminación de los ríos pueden hacer desaparecer a esta especie que se acaba de descubrir.

La importancia de ser púrpura (por Mafa Alborés)

Casi todos los día es catalogada una nueva especie, sin embargo no siempre se publicita o llega a los medios de divulgación masiva. Los animales han de ser llamativos visualmente para lograrlo, y eso significa que su tamaño, su forma anatómica o sus colores posean algo lo suficientemente inusual o llamativo. Ciertamente existen crustáceos mucho más llamativos que este que hoy nos ocupa, pero lo que me llama la atención es que sea su llamativo color púrpura lo que le sirva de carta de recomendación.
Hoy en día, los tintes y pigmentos sintéticos hacen que no nos sorprendamos demasiado por la coloración de los objetos que nos rodean, pero antaño muchos pigmentos y tintes de origen natural fueron importantes motores económicos y motivos de disputas.
La escasez de un material base para un pigmento condicionaba su uso y, por tanto, su significado. La carestía del lapislázuli motivaba su uso restringido, en el mundo de la pintura sacra occidental, a las vestimentas de la Virgen María, y resultaba osado destinar este color a los ropajes de cualquier personaje por muy rico y poderoso que fuera, y algo similar había ocurrido desde la antigüedad con el uso del púrpura, casi exclusivamente obtenido (como tinte, y no como pigmento) a partir de la oxidación de la secreción de cierto caracol marino mediterráneo llamado múrice, de uso exclusivo para las clases pudientes del imperio romano (y más tarde adoptado por los cardenales de la Iglesia Cristiana). Más tarde, ciertas gamas de rojo, púrpura y azul se obtendrían de la cochinilla que parasita las chumberas en centroamérica, tal y como había hecho desde tiempo atrás la cultura huichol, pero eso es otra historia. Sea como fuere, el que un animal o un vegetal presente cierta coloración no quiere decir que sirva como fuente para producir dicho color (de hecho, en el caso del múrice, el color púrpura sólo es observable al extraer cierta glándula del animal y ponerla en contacto con el aire). Los pigmentos verdes serían, siguiendo esta regla de tres, los más abundantes y antiguos en la naturaleza, pero lo cierto es que el verde de los vegetales es inestable y las primeras pinturas verdes aparecieron en siglos recientes. Las posibilidades de ver una amplia gama de colores en épocas antiguas dependía de la variedad cromática de los animales y plantas de la zona, o de la variedad de productos que se pudieran ver en sus mercados de intercambio de productos.
Tal vez hoy en día nos produzca un poco menos de sorpresa contemplar un animal de color púrpura, sea en vivo o en una reproducción fotográfica o pictórica, pero no habría sido nada fácil, o barato, reproducir dicho animal en una lámina o en cuadro unos cientos de años atrás.