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jueves, 11 de junio de 2015

Vincent Legrange: retratos de animales (sobre expresividad emocional y empatía)

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Vincent Legrange

Aunque su trabajo no esté centrado específicamente en la fotografía de animales, Vincent Lagrange incluye los retratos de mascotas entre sus servicios profesionales, y es evidente que lo hace con algo más que solvencia técnica de fotógrafo de estudio, dado que sabe escoger sabiamente aquellas tomas que parecen conectar con la psicología del espectador, dando lugar a una empatía poderosa, sea engañosa (como la aparente sonrisa de los delfines) o auténtica.
Sí que es posible, como bien indica Samuel Masters en el artículo original de artsheep del que extraemos la información, que sencillamente el fotógrafo persiga esos breves momentos en los que la captura fotográfica consiga la apariencia de paz, solemnidad e introspección (tal vez un parpadeo a medias, quizás somnolencia o rictus perenne subjetivamente humanizado por el espectador) pero no cabe duda de que muy a menudo observamos actitudes en los animales que son más que mera apariencia, cosa que Legrange nos sabe recordar eficazmente con la sesuda selección de sus imágenes y su ojo a vizor ante sus involuntarios modelos, y eso es lo que hace verdaderamente interesante esta faceta de su obra fotográfica.

Mafa Alborés




Photographer Captures The Emotional Expressions Of Animals In A Series Of Beautiful Portraits

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BeFunky Collage (33)
Samuel Masters for Art-Sheep
So, who doesn’t like looking at animal-related material on the web? Nowadays, the Internet is replete with pictures and videos of cute pets, or even exotic wild animals in the cutest and funniest scenes. However, a Belgian photographer and avid animal lover, has decided to capture his adorable models under a different light.Vincent Legrange, in his series Human Animal aims to portray both wild animals and pets, as betrayed by his title, focusing on a more human aspect of their appearance and behavior.
Legrange’s pictures with their darker colors and bare backgrounds, zoomed in on the animals’ solemn and seemingly contemplative faces, are in contrast with their mobility and enthusiasm behind-the-scenes, as they are caught in a perfect moment of peace. The photographer comments about his work, “Today most people photograph just people, but only a few photograph animals. I tried to photograph the animals as humans, depicting their emotion and human-like characteristics in a sombre way.’’

jueves, 24 de octubre de 2013

estatuas sonrientes

La escultura y la pintura, además de formas de expresión artística, son oficios que poseen sus particulares exigencias entre las que cabe mencionar el tiempo de ejecución.
A la hora de copiar algo del natural, no cabe duda de que resulta más facil que sea algo que se esté quieto. La representación del movimiento no siempre ha sido exctamente igual que la reproducción precisa de un movimiento congelado en el tiempo, y la aparición de la fotografía supuso un antes y un después al respecto. Sin embargo, en sus inicios, la fotografía exigía largas exposiciones que no permitían reproducir las breves expresiones faciales de un rostro sonriente o de una carcajada, cosa que a base de observación sí habían logrado con pericia los grandes maestros del dibujo, la pintura y la escultura. Los primeros retratos fotográficos muestran rostros serios y estáticos, en analogía con los rostros serios y estáticos fruto de los largos posados de los retratos pictóricos y escultóricos. El rostro serio es prácticamente una norma en la historia del arte. Pedir una sonrisa al modelo es propio de fotógrafos posteriores a la era Kodak, y la moderna publicidad gráfica plagada de sonrisas más o menos cómplices, más o menos insinuantes o más o menos falsas, contrasta con los rostros serios del arte antiguo, de la escultura monumental y ornamental de la Europa civilizada.

Por otra parte, es curioso pensar (y si no, consulten a etólogos, primatólogos y antropólogos) que la sonrisa es una evolución de las expresiones de esfuerzo asociadas a miedo y agresividad en nuestros antepasados.
En todo caso, pese a sus orígenes denotando miedo y sumisión, la sonrisa connota un estado de ánimo amable y por tanto es tan terapéutica como la risa y su descarga de endorfinas saludables.

Conectando con nuestros artículos dedicados a la identificación de rostros y expresividad facial, tema recurrente para múltiples artistas y, especialmente, fotógrafos, nos parece más que oportuno tomar nota de la noticia que reproducimos a continuación y que nos recuerda que la seducción, la persuasión y la publicidad, llevan la sonrisa allá donde sea necesaria.

Mafa Alborés.




El misterioso caso de las estatuas sonrientes


Por  | Dando Guerrilla – dom, 13 oct 2013 09:18 CEST

En un pequeño país dominado por la tristeza ocurre algo insólito: sus estatuas, antes inexpresivas o con rostros enfadados, se ponen de repente a sonreír. Nadie se explica cómo ha podido suceder. Sin embargo, la situación contagia a sus habitantes, que desde ese día comienzan a reírse más y hacen que la felicidad se apodere de sus vidas”.
[Te puede interesar: El fraude de los dientes blancos]
Podría ser el argumento de un cuento para niños, pero en realidad es el trasfondo de una original acción de Ambient Marketing desarrollada por la marca de dentífricos Blend-a-Med en Polonia. Con ella buscan demostrar su teoría de que las sonrisas son contagiosas, y que tener los dientes blancos hace que las personas sonrían más.


La elección de Polonia como epicentro de la acción no es casual, ya que un estudio refleja que es uno de los países del mundo donde sus habitantes sonríen menos. Para revertir la situación se les ocurrió la brillante idea de generar las sonrisas menos esperadas: la de los personajes históricos representados en distintas estatuas.
Con la ayuda de un escultor crearon moldes para estas figuras y convirtieron sus rostros malhumorados en caras alegres. La reacción de las sorprendidas personas que lo vieron no fue otra que esbozar una sonrisa. Muchos turistas se pensaron que esa era la expresión real de la estatua, ya que los responsables de la acción crearon incluso postales con su nueva cara.
La acción se completó con el lanzamiento de una aplicación móvil que hacía sonreír a las estatuas si se apuntaba a ellas con la cámara del dispositivo, generando un curioso efecto. Gracias a esta divertida campaña la marca de dentífricos consiguió arrancar un gran número de sonrisasen un país que no puede presumir de expresar mucho sus sentimientos. Un final feliz digno de un buen cuento.

sábado, 17 de agosto de 2013

Madre+Hija (Carra Sykes)

En relación a la publicación en entradas anteriores nuestras propias reflexiones sobre nuestra percepción de la animalidad humana a través del concepto de "parecido", hemos publicado una buena recopilación de trabajos fotográficos de diversos autores abordando el problema desde diferentes elementos determinantes de la imagen fotográfica.
Una vez aclarado esto, es fácil entender por qué incluimos el ejemplo ofrecido por este proyecto de Carra Sykes.

La selección de imágenes y comentarios está extraídos directamente de la entrada original del fascinante blog "...y mientras tanto"

Madre + Hija // Mother + Daughter (by Carra Sykes)


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En su serie “Madre + Hija”, Carra Sykes se fotografía a sí misma junto a su madre — el giro es que visten y posan de manera idéntica!
“Se trata de una serie fotográfica continua con mi madre y yo. Está inspirada por mi tío, siempre bromeando con mi madre y preguntándole si viste con mi ropa.”
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In her series “Mother + Daughter”, Carra Sykes photographs herself alongside her mother — the twist being they’re dressed and posed identically!
“This is a continuing photo series with my mom and me. It is inspired by my uncle always joking with my mom and asking her if she is wearing my clothes.”
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miércoles, 26 de junio de 2013

Ver colores (II) en los ojos de Liz Taylor



No todos los seres vivos son sensibles a los colores, ni siquiera a la misma escala cromática.
Los seres humanos apreciamos la gama de longitudes de onda comprendidas entre el ultravioleta y el infrarrojo, ambas exclusive.
Además de los bastoncillos sensibles al brillo, poseemos células especializadas, conos, sensibles a las longitudes de onda azul, verde y rojo, colores básicos de la mezcla aditiva de colores-luz, la misma tríada en la que se basan los dispositivos mecánicos y electrónicos de reproducción de imágenes, lo que denominamos sistema RGB (red, green, blue) en base al cual los sensores de las cámaras digitales filtran sus fotositos para proporcionar información cromática a los píxeles de la imagen resultante, al igual que las pantallas LCD, monitores, proyectores, etc.
Nuestra visión es tridimensional y en color.
No todos los animales "superiores" poseen visión esteroscópica tridimensional, propia de depredadores o de animales arborícolas o dependientes de una eficaz percepción espacial (triangulando las distancias con dos ojos de visión frontal, apreciando el relieve, el volumen y la profundidad). Y no todos los animales "superiores" necesitan incorporan sensores cromáticos en sus ojos ya que no todos encuentran utilidad alguna en la información proporcionada por el color que reflejan las cosas.
Nuestra condición omnívora, basada en un pasado frugívoro, justifica la necesidad de distinguir las diferencias entre las frutas que presentan un estado óptimo para su consumo y las indigestas, y, una vez adquirida tal capacidad, su aplicación a otros ámbitos de la existencia son igualmente ventajosas o como mínimo aprovechables para una compleja construcción mental del entorno y sus circunstancias.
La acromatopsia (imposibilidad de distinguir colores, o visión en blanco y negro) congénita es de difícil comprensión por parte de sus pacientes, dado que no pueden imaginar un mundo en color, pero ciertos estudios demuestran los efectos psicológicos de una acromatopsia adquirida, puesto que muchos afectos están relacionados con el color, y dejar de verlos supone, por ejemplo, un súbito desinterés por la alimentación o el sexo, así como un progresivo estado de depresión.
Lo llamativo de la noticia reseñada a continuación (complementada por otras entradas que he reproducido a continuación) es la posible capacidad para apreciar más colores o más matices cromáticos, dado que nos cuesta (de hecho, nos resulta imposible) imaginar colores que no conocemos sin pasar por la imagen mental de los ya conocidos, lo que nos señala que, aunque las longitudes de onda reflejadas por los objetos son una realidad física, su clasificación en sensaciones y percepciones cromáticas es un proceso mental, una obra subjetiva de nuestro cerebro.

Mafa Alborés.



El secreto de los ojos de Liz Taylor

Por:  24 de marzo de 2011
Si los titulares sobre el violeta de los ojos de Elizabeth Taylor fueran radioactivos, la población mundial estaría tan sobreexpuesta que debería alimentarse con tabletas de yodo desde ayer -cuando falleció la actriz- hasta el fin de los días. Pero ¿por qué tenía la Taylor los ojos más bonitos del mundo? Existen dos razones.
Liztaylor1. La primera razón es obvia. ESE color de azul profundo, que no violeta."No hay ojos violeta, igual que no hay ojos negros", explica el catedrático de Oftalmología de la Universidad de Madrid José Manuel Benítez del Castillo. "El color depende de la cantidad de pigmento del ojo y el rango va desde el marrón muy oscuro que se confunde con el negro al azul". Otra cosa es que nos parezcan violetas, como demuestran un montón de encarnizadas discusiones en la red sobre los ojos de Liz Taylor como la mantenida en la Wikipedia, que en un principio incluía pero que después retiró los contenidos sobre iris de ese tono. Aparte del hecho de cada uno entiende por violeta lo que le da la gana (¿habéis probado alguna vez a discutir con un diseñador gráfico sobre el color de un objeto cualquiera?).
Benítez del Castillo señala otro factor: el ojo refleja la luz y su apariencia varía a causa de lo que hay alrededor. Iluminación, ropa, maquillaje. Ella se conocía y sabía maquillarse muy bien, pero tuvo a los mejores y en el mejor momento de la historia para el glamour aplicándole Photoshop en tiempo real antes de que existiera Photoshop. En cualquier caso sobre lo que no hay duda es de lo excepcional de unos ojos de ese tono, se llame como se llame.
2. La segunda razón es un poco más desconocida. Taylor tenía dos filas de pestañasy no una como la mayoría de los mortales. Sus biógrafos cuentan cómo el médico informó a sus padres de que su hija tenía "una mutación", aunque a su madre no le pareció nada alarmante. Normal. Su amigo el actor Roddy McDowall se preguntaría después "¿Quién más tiene doble pestañas que una chica que ha nacido absolutamente para la gran pantalla?". También es sabida una anécdota que le ocurrió cuando tenía solo once años de edad y rodaba 'Lassie come home'. Un cámara le pidió que se quitara las pestañas postizas. La niña Taylor se defendió con una frase maravillosa. "It isn't make up, it's me" (¡no es el maquillaje, soy yo!).
Me cuenta Benítez del Castillo que algo así es más común que los ojos "violetas", porque normalmente tenemos pestañas a distintas alturas, y aunque hay ocasiones en las que eso es un problema también existen personas en las que son más tupidas o poseen más pigmento y por eso parece que las tienen más negras. Ya hay medicamentos para hacerlas crecer y oscurecerse a lo Taylor.
A la actriz le tocaron en la lotería genética dos papeletas por las que cualquiera de las que nos pasamos la vida probando sombras y máscaras de pestañas mataríamos. A cambio también le tocó una salud extremadamente frágil. Pasó decenas de veces por quirófano a lo largo de toda su vida. Aún así resistió más de lo que se pensaba: el obituario que ayer le dedicó The New York Times lo había dejado escrito alguien que murió en 2005. Fue la comidilla periodística del día en Twitter, donde muchos se preguntaban cuántas necrológicas precocinadas se guardan los diarios en la nevera. En el Times lo confesaron una vez hace cinco años: en su archivo guardaban unas 1.200.








ÓPTICA

La mujer que mejor ve

Por una curiosa mutación
América Valenzuela - 04/10/2012
  • Claude Monet
  • El juego del camaleón
  • La isla de los ciegos al color
  • Mark Zuckerberg
Los ojos de una mujer están causando la admiración de los científicos. Tienen algo que la hace única. Una mutación le ha otorgado la capacidad para ver más y mejor. Si un humano con vista normal ve un millón de tonos, ella percibe cien millones. Esta mujer tiene supervisión. La neurocientífica británica Gabriele Jordan, de la Universidad de Newcastle, ha rastreado el mundo en busca de esta mujer durante dos décadas.
Por fin la ha encontrado. Su nombre no es público: se la conoce como la paciente cDa29Esta mujer tiene cuatro tipos de cono en la retina, uno más de lo habitual. Los conos son células con dicha forma, sensibles a la luz gracias a unas sustancias denominadas opsinas. La eritropsina, por ejemplo, tiene mayor sensibilidad para la luz roja, la cloropsina para la verde y la cianopsina es la que nos facilita la visión del azul. Hay algunos mamíferos que solo poseen un cono, mientras que ciertas aves y reptiles poseen cuatro: el extra les permite ver la luz ultravioleta, algo por ahora imposible para nosotros.
Si bien el cono extra de cDa29 no le permite detectar la luz ultravioleta, sí le posibilita ver cientos de tonos de amarillo y verdes que los demás no podemos distinguir. Y aunque ella es la única que ha demostrado que tiene una capacidad especial, no está sola. Loscientíficos estiman que el 12% de las mujeres tiene este don, pero dormido.
“Sabemos que una mujer puede tener un cono extra porque alguno de sus hijos o hermanos tiene una ligera deficiencia en la visión de los colores, un tipo de daltonismo llamado anomalía tricromática”, explica a Quo la doctora Jordan. Estos varones ven algunos colores con menos intensidad y brillo.
Para encontrar a estas mujeres con supervisión, “buscamos y diagnosticamos primero a los hijos, y comprobamos que son portadores del gen mutado. Luego, hacemos un análisis genético a las madres y a las hermanas”. Ellas son portadoras, pero no sufren el defecto. O mirado desde otro punto de vista, lo sufren de manera diferente.
Seguir las huellas de colores
Desde los años 20 del siglo pasado se sospechaba que existían casos de mujeres con anomalías de visión de este tipo, y los primeros casos de tetracromatismo documentados se remontan a 1948. El científico neerlandés HL de Vries estaba estudiando el daltonismo en varones que eran menos sensibles al verde o al rojo y les costaba distinguirlos. En el experimento, sus pacientes tenían que mezclar luces rojas y verdes, y variar su intensidad hasta obtener el color amarillo; por su condición, necesitaban más verde o rojo para ver ese color. Por simple curiosidad, De Vries analizó a la hermanas de los sujetos daltónicos. Ellas distinguían bien el rojo y el verde, pero en el test aplicaban en la mezcla más rojo de lo habitual en los sujetos sanos. Algo pasaba con ellas. Aventuró que podía deberse al cuarto cono.
En la década de 1980, el neurocientífico John Mollon, de la Universidad de Cambridge, estaba estudiando la visión del color de los monos cuando averiguó cómo los monos americanos adquirieron esta capacidad. La mayoría de los mamíferos solo tienen dos conos, y ven en grises y azules. Pero estos monos, como nosotros y la mayoría de los primates, tienen tres conos. Adquirieron el tercer cono gracias a una mutación que les coloreó la vida: esos monos podían distinguir mejor las frutas, que destacaban entre el verde de la selva. La selección natural hizo el resto.
Cómo buscar la supervisión
Mollon hoy trabaja codo a codo con Jordan, quien tomó el testigo de su investigación en monos y se centró en trasladar esos hallazgos a humanos. Juntos crearon un test especial para reconocer a las mujeres con supervisión. Solo ellas podrían distinguir con rapidez y sin dudas las combinaciones de luces de colores que se les mostraban. Probaron el test con 25 mujeres con cuatro conos. Solo una lo superó. “Me puse muy contenta”, confiesa, recatada, la doctora.
¿Por qué solo ella ha desarrollado el don? No saben aún por qué esta mujer sí tiene despierta esta capacidad y las demás no. Todas tienen la herramienta para distinguir más tonos que los demás mortales, pero solo una la utiliza.
“Es posible”, explica Jordan, “que los conos extra estén repartidos en parches en su retina y solo pueda acceder a esa información cuando la luz incide sobre ellos.”
¿Puedes explicarme un color?
La supermujer no lo siente así. Pero tampoco puede explicar cómo ve. Para imaginarme lo difícil que es describir a alguien un color que no ve nadie más, he pedido a un compañero daltónico que me explique de qué color ve una manzana roja. “No sé lo que veo, ¡si lo supiera, no sería daltónico!”, me responde confuso. “¿Marrón?”, insisto. “No lo sé”, dice. “¿Lila?”, incido. “No… Creo que verde. Sobre todo, algunos tonos, pero no todos”, me corrige. “Pero no lo sé”, añade. Tras darle vueltas sin llegar a ninguna conclusión, cierra la conversación diciéndome: “Tú misma no podrías explicar cómo ves el amarillo. A lo mejor para el resto de la humanidad el Sol es negro y la noche es amarilla, y tú no lo sabes”.
Según la neurocientífica, lo más seguro es que cDa29 tenga un tetracromatismo fuerte y pleno; es decir, que los conos extra estén distribuidos por toda su retina de manera uniforme y pueda ver más colores que los demás, de manera constante. Pero, ¿por qué no ha sido consciente de ello a lo largo de su vida? ¿Y por qué las demás mujeres no usan su supervisión?
Quizá sea un problema de lenguaje. Si no tenemos una palabra para designar los nuevos colores que percibimos, los catalogamos como alguno de los ya conocidos y bloqueamos nuestra capacidad para ver más allá de lo establecido. En ruso, por ejemplo, el azul oscuro y el azul claro son dos colores distintos, tienen dos palabras para designarlos: azul claro es голубой  (goluboi), y azul oscuro синий(sinii). Neurólogos del Instituto Tecnológico de Massachusetts han comprobado que gracias a ello distinguen estos dos tonos mucho más deprisa y sin dificultad en comparación con los ingleses, que no tienen dos palabras para designar los distintos tonos de azul y dudan a la hora de distinguirlos.
¿Tendremos supervisión?
Los científicos se preguntan si es necesario tener algún tipo de engranaje neuronal especial para poder explotar el don. Todo apunta a que no es así.
Los monos americanos usaron la red neuronal que les servía para la visión espacial. Tampoco lo necesitaron los ratones modificados genéticamente para ver en color creados por científicos deInstituto Médico Howard Hughes y de la Universidad de California, Santa Bárbara.
Los ratones suelen ver la mitad de la paleta de colores que vemos los humanos. Ven azules, amarillos, marrones y negro. La mutación les permitía ver todos los demás colores. Los científicos han comprobado que su cerebro es lo suficientemente plástico como para adaptarse prácticamente de manera instantánea a la percepción de estos nuevos colores.
Así que probablemente el don pueda despegar y alcanzar su esplendor con entrenamiento. Y es posible que un día la naturaleza nos sorprenda aún más, y de igual manera en que lo ha hecho con este cuarto cono: podría extenderse una mutación que nos permitiera ver otras ondas, como las ultravioleta y las infrarrojas.
Si captáramos UV, veríamos un mundo oculto para nosotros ahora mismo. Observaríamos originales patrones ahora invisibles en las plumas de las aves, y en las flores, y en las bayas, brillando. Si viéramos el infrarrojo, podríamos distinguir las zonas de más calor de una persona, percibir si tiene fiebre de un simple vistazo y otras alteraciones útiles, como si se está ruborizando.
Y entonces sí que se abriría ante nosotros una nueva dimensión.


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El mito de que los perros ven en blanco y negro

Mucha gente cree que los perros ven el mundo en blanco y negro, como en una película antigua. Pero, irónicamente, muchos otros animales a los que les adjudicamos una visión en Technicolor, en realidad sólo lo hacen en blanco y negro.
Antes de resolver estas dudas, se impone una pequeña aclaración sobre cómo funciona la visión del color.
El color resulta de la interacción de la luz con la retina del ojo y es una consecuencia de la distinta sensación que producen en un observador luces de diferentes longitudes de onda. Así pues, el color no sólo es una invención de nuestro cerebro, sino una mezcla de invención junto con las características intrínsecas de la luz.
La visión del color depende de unos elementos anatómicos del ojo llamados conos, que, junto con los bastones (responsables de la visión en blanco y negro), se hallan en la retina. Los conos captan luz correspondiente a distintas longitudes de onda. Esto produce activaciones distintas en las células, y el conjunto de la información permite al córtex visual del cerebro construir la sensación de color.

Los experimentos para saber si una especie animal ve el mundo como los primeros minutos de El mago de Oz o como el resto del filme, no son nada sencillos, pues las respuestas de los animales pueden ser poco concluyentes. Así, la presencia de fotopigmentos no es una prueba definitiva, ya que pueden servir, como en ciertos invertebrados, para obtener energía y no para observar colores. Pero sí se han logrado algunos avances al respecto.
La visión en color para ciertos animales se sabe que es cuestión de superviviencia. Como en el caso de las abejas, que distinguen y discriminan así unas flores de otras. O entre ciertos pájaros, para obtener alimento en frutos o flores o para ejercer el reclamo sexual con un plumaje vistoso. Para otros, como los reptiles de costumbres nocturnas, la visión en color es tan útil como la pantalla panorámica para un invidente.
Pero vayamos concretamente a los perros. Se ha observado que poseen una visión dicromática, con un punto neutro a 480 nanómetros (un nanómetro es la mil millonésima parte de un metro). Es decir, que pueden distinguir, además del blanco y el negro, dos colores distintos: probablemente el azul y el verde, pero lo hacen en un margen de longitudes de onda muy estrecho.
Los gatos pueden distinguir hasta seis colores y diversas gamas dentro de cada uno.
El caso de los toros es el más divertido. Siempre se ha creído que el color rojo del capote de los toreros es lo que excita la bravura del toro. Pero no es así. Los toros acaso pueden distinguir un par de colores, y es el movimiento del capote lo que le excita realmente y no su color.
Los chimpancés, en su mayoría, tiene una visión del color idéntica a la humana.
Como refiere el libro de Oliver Sacks La isla de los ciegos al color, existen personas que son capaces de experimentar muchos de estos tipos de visión que sólo asociamos a los animales. El más conocido, por supuesto, es el caso de los daltónicos. Pero hay algunos más extraños, como el caso de los que sufren acromatopsia. Esta enfermedad permite que el ojo capte los colores y transmita las sensaciones, pero el cerebro se ve incapaz de procesar la información para construir la sensación correspondiente.
Los acromatópsicos ven el mundo como si fuera un tablejo de ajedrez. Y no sabéis cuán repugnante puede ser comerse un plato de spaguetti en blanco y negro: entonces más que comer spaguetti parece que estás comiendo gusanos. Una demostración más de que la comida también se come por los ojos.


La isla de los ciegos al color

A 232
Oliver Sacks siempre se ha sentido atraído por las islas, esos «experimentos de la naturaleza, lugares benditos y malditos por su singularidad geográfica, que albergan formas de vida únicas». En su última obra, esta fascinación le lleva más lejos que nunca, a las remotas islas del Pacífico, donde concilia su afición a explorar el mundo real con su pasión por investigar el mundo de la mente. En esta ocasión abandona transitoriamente a los individuos y con herramientas no sólo de neurólogo sino también de antropólogo, investiga a grandes grupos de población que han sido condicionados por un defecto o una deficiencia física. En Pingelap y Pohnpei, dos diminutas islas de Micronesia, una proporción muy elevada de la población es completamente ciega al color. Sacks, acompañado por un oftalmólogo y por un científico noruego que también ve el mundo en blanco, negro e infinitos grises, visita las islas e investiga la influencia que esta peculiaridad de sus habitantes tiene sobre la vida cotidiana y cómo se refleja en su cultura y sus mitos. En Guam, otra isla del Pacífico, existe una enfermedad neurodegenerativa que ha sido endémica en los últimos cien años. El lytico-bodig, como la denominan los nativos, se presenta a veces como una parálisis progresiva, que convierte a quienes la sufren en estatuas humanas; en otras ocasiones sus síntomas son parecidos a los del síndrome de Parkinson, acompañado de demencia. A pesar de años de investigación, esta enfermedad continúa siendo un enigma. Una hipótesis, nunca probada, la atribuye al consumo de harina fabricada con las semillas de la cicadácea, un árbol cuyo origen se remonta a la prehistoria y que siempre ha fascinado a los botánicos. Pero "La isla de los ciegos al color" es mucho más que la intrigante exploración de dos enigmas médicos; es también la absorbente crónica del viaje por unas islas que siempre se nos han aparecido como remotas y misteriosas, visitadas por Darwin y ocupadas por los japoneses en la Segunda Guerra Mundial. Porque Oliver Sacks es la mejor prueba de que la casi siempre impenetrable división entre las artes y las ciencias podría no existir. Catedrático de neurología en una de las mejores escuelas de medicina, sus libros muestran un sólido y actualizado conocimiento científico pero también son narraciones apasionantes que atrapan al lector, y son siempre un vehículo para una audaz, original exploración de la condición humana.
ISBN 978-84-339-0583-3
PVP sin IVA 18.75 €
PVP con IVA 19.50 €
Nº de páginas 320
Colección  Argumentos
Traducción Francesc Roca

 

 

LOS PERROS VEN COLORES?
Por Hector Tocagni
En 1960, el Profesor Munro Fox, graduado en Cambridge, Presidente Honorario de la London Natural History Society, expresaba en su libro "La personalidad            de los animales" su opinión, sobre la posibilidad de que el perro tuviera en su visión, la posibilidad de ver colores. Y sobre este punto, nos decía: "... ¿Y que ven los perros?. La respuesta a esta pregunta nos desilusiona: aparentemente, no distinguen los colores. La respuesta es desilusionante porque muchas personas lamentarán, por supuesto, que sus perros no vean los colores, que a ellos les parecen hermosos Pero pueden pensar que, en cambio, que su sentido del olfato es extraordinariamente fino. ¿ Cómo sabemos si los perros son ciegos para el color?. Esto se comprobó, - nos decía Munro Fox- mediante el mismo método utilizado para saber si oyen. Se trató de enseñarles a salivar cuando se le mostraba, distintos colores, como se le enseñó a hacerlo cuando sonaban diferentes notas musicales. Resultó imposible lograr que un perro distinguiera un color del otro como señal para el almuerzo Esta cuestión exige otras pruebas, con otras técnicas; pero, hasta donde llega la evidencia científica,            aparentemente los perros son ciegos para el color"... Esto lo afirmaba el distinguido etólogo Munro Fox, Sin embargo, veintiséis años más tarde Desmond Morris notable etólogo, discípulo del holandés Niko Tinbergen,            premio Nobel de Medicina, y autor de varios libros, entre los cuales se halla "Guía para comprender a los perros" afirma, sobre el tema antes tratado, de la siguiente manera "... Durante muchos años se creyó que los perros no veían los colores y vivían en un mundo totalmente negro y blanco. Ahora se sabe que no es así, pero el color no es particularmente importante para ellos. La proporción de bastoncillos a conos en la retina            del ojo favorece mucho más a los bastoncillos mucho más que en los nuestros. Los bastoncillos son útiles para la visión en blanco y negro en la penumbra, los conos se emplean en la visión con color Los ojos de los perros " ricos en bastoncillos" están por lo tanto especialmente adaptados al ciclo diario, que favorece el anochecer y la madrugada como los períodos de mayor actividad. ...El gran experto Gordon Walls lo expresa con mucha elocuencia diciendo: " Para cualquiera de esos animales seminocturnos, ricos en bastoncillos (como el perro), las más ricas luces del espectro pueden aparecer solamente, como delicadas pinturas al pastel de identidad incierta "... Morris continúa diciendo"... de acuerdo, pero las pinturas al pastel son mejores que nada y es agradable pensar que nuestros compañeros caninos, pueden compartir con nosotros, por lo menos algún grado de color, mientras caminamos juntos por el campo..."