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miércoles, 6 de abril de 2016

Antrozoología y teriantropía del arte en internet.



Emma Kisiel y The Muybridge's Horse han desatado una serie de entradas en nuestro blog dedicadas a la constatación de la existencia de un movimiento artístico consagrado a las relaciones humano-animales basado en el uso de animales muertos o disecados para la ejecución de sus obras. Esta especie de arte tánato-antrozoológico está muy conectado con manifestaciones animalistas de otro talante. Hacíamos referencia al nuevo antropomorfismo a propósito de un artículo de Robin Wright para New Yorker con el que enriquecíamos nuestra propia mención a Being a Beast de Charles Foster.
Decíamos en entradas anteriores que nos llamaba la atención esta proliferación de artistas, féminas en su mayoría, principalmente norteamericanas o asentadas en países de culura anglófona, consagradas al registro fotográfico más o menos manipulado de cadáveres de animales y animales disecados, cuando no directamente vinculadas a peculiares formas de utilizar directamente la taxidermia.
Desde nuestro punto de vista subjetivo y personal consideramos que es preocupante y sintomático de una cultura enfermiza, decadente y desesperadamente culpable de una nefasta relación con el mundo natural y con los demás animales, que se nos escapan irremediablemente y que queremos retener, todavía a nuestro antojo, aunque sea en forma de representación artística.
De alguna manera, el arte actual reivindica la vida animal, pero lo hace mediante la muerte, tornándose tan culpable como aquellos supuestos amantes de la naturaleza y los animales que por ello practican el dudosamente noble arte de la caza. No olvidemos que incluso el WWF nace de la iniciativa de unos socios fundadores vinculados a la caza y a la preservación de los espacios naturales para fines cinegéticos.
El psicólogo y antrozoólogo Hal Herzog considera que cada vez hay más estudios de las relaciones humano-animales publicados y que esto quiere decir algo. Lo hace desde su cuenta de Facebook y especifica que se basa en un escrutinio de búsquedas en Google Scholar usando el término "Human-animal relationships". Desde luego, su presencia en el grupo Anthrozoology y la propia existencia del grupo confirman que los nuevos medios y plataformas on line han facilitado la proliferación de información y foros de prácticamente cualquier tema que se nos ocurra, y tal vez lo que pasa es que el mismo gráfico que muestra el crecimiento de los estudios humano-animales sea aplicable a muchos más ámbitos de estudio.


De todos modos, hablar de estudios "humano-animales" y no de estudios interespecies sólo corrobora que el especismo humano es imposible de erradicar y constituye la base del problema, ya que, más allá de la subjetividad antropocéntrica, el humán sigue segregándose del resto de animales por más que sea consciente de ser una de tantas especies. Podría parecer meramente una cuestión léxica, sobre todo en ámbitos académicos, pero diríamos que no. En todo caso, Herzog, tal vez con un cierto optimismo esperanzado, constata la cada vez mayor importancia que damos a nuestros compañeros de existencia, más cuando la nuestra se ha alejado de la adaptación al entorno natural a base de adaptar el entorno nuestras necesidades artificialmente, acostumbrándonos generación tras generación a habitar un espacio que nos aleja de la naturaleza y la convierte en una ensoñación paulatinamente más equívoca y subjetiva. La imagen de los animales está sitemáticamente descontextualizada y tal vez por ello las representaciones artísticas recurren cada vez más a su presencia, siempre evocadora de significados e implicaciones viscerales conectadas con el deseo de ser diferentes, o al menos de probarlo.
En los niños es frecuente observar la fuerte convicción de que su yo es inalterable aunque deseen una animalidad alternativa. Recuerdo que recientemente, en un estudio a base de cuestionarios para cotejar el grado de satisfacción con el propio físico, al preguntar a los participantes qué cambiarían de su cuerpo, los adultos, tanto hombres como mujeres, tendían a desear ser más altos, o más delgados, o tener ciertos prototipos de facciones cercanas a un canon estético culturalmente establecido desde una perspectiva de aceptación social y sexual. Los niños, en cambio, más sorprendidos por el sentido de la pregunta, se limitaban a contestar que no cambiarían nada o, en caso de responder que sí, decían cosas como tener alas, o tener brazos extra, o extremidades extralargas, o ser, en definitiva, cualquier otro animal.
La propia animalidad humana, expuesta culturalmente como modelo de superioridad o canonizada como objeto de goce estético o mórbido, participa junto con las fisonomías de los demás animales, en desnudarse persistentemente para liberarse de los condicionantes vinculados a una vida desnaturalizada, pero lo cierto es que no hace sino remarcarlo. La presencia de animales en las representaciones artísticas de toda índole son un claro indicio de su alarmante desaparición, y no hemos de habituarnos abúlicamente al mensaje, sino reaccionar de una vez por todas a su reclamación cada vez más urgente. La presencia de los animales en el arte denota su ausencia en el mundo natural invadido por el artificio. Vemos sus evocaciones iconográficas cada vez más alejados de toda empatía con su existencia, y a los animales auténticos no los vemos. Son animales invisibles, y los primeros en haber sido invisibilizados somos nosotros mismos, los primeros en ser domesticados.
El deseo de poseer una animalidad alternativa, o al menos experimentarla, está detrás de toda forma de terioantropía, pero mucho me temo que en la mayor parte de los casos deberíamos preguntarnos qué especie determina el carácter de la hibridación resultante en cada caso.



Otro tema persistente en El Animal Invisible es acabar con una carencia en la cultura de habla hispana: carecemos de un reconocimiento intelectual y académico por los estudios antrozoológicos. De hecho, la Antrozoología no existe históricamente como disciplina académica en nuestro país (tal y como se da en Inglaterra, Francia o los Estados Unidos desde hace décadas) hasta tal punto que la palabra no existe en el diccionario español, con lo que quedan fuera de este ámbito supuestamente inexistente estudiosos y divulgadores de la talla de Jesús Mosterín, por poner un ejemplo fuera de toda duda, sencillamente porque no se ha descrito jamás en nuestro país nada semejante a través de ninguna disciplina académica. En Estados Unidos, por ejemplo, la Antrozoología está reconocida como una rama de la Teoría de la Sociología cada vez más importante, tal y como hemos hecho notar a través de Richard York y Philip Mancus, coautores del estudio titulado, mira por dónde, The Invisible Animal.
Algo en lo que coinciden muchos antrozoólogos desde diversos ámbitos, de todos modos, es en la dificultad para que la antrozoología sea tenida en cuenta de forma seria y no relegada o ignorada por su supuesta obviedad. El título de este blog y del trabajo de Mancus y York es pura casualidad, pero su coincidencia es lógica porque apunta a la constatación de la invisibilización antropocéntrica de las demás especies animales. Es posible que los mismos motivos por los que se ha menospreciado o ignorado la existencia de la Antrozoología en España sean los que hagan que lo que desde El Animal Invisible denominamos Antrozoología Artística no cuente con publicacione o estudios académicos explícitos y específicos. Pero lo cierto es que ni siquiera podemos reivindicarnos como pioneros de algo que a todas luces existe desde hace mucho y en otros ámbitos culturales goza de reconocimiento y cierto prestigio, aunque sea con una cierta condescendencia por parte de los que supuestamente se dedican a cosas "serias" y decididamente antropocéntricas.

Toda esta introducción viene al caso porque, además de El Caballo de Muybridge de Emma Kisiel, existe en internet otro interesante sitio web que recopila trabajos artísticos sobre la relación hombre-animal:
The Artist Bestiary, uno de los referentes, por cierto, del glosario de Kisiel.
La diferencia entre ambos es que The Artist Bestiary, además de llevar meses sin muestras de actividad, está adherido a un movimiento cultural que en español ni siquiera tiene traducción o equivalente: "therian".
Los therian, que podríamos traducir como "terianos", se sienten identificados con el mundo animal hasta el punto de considerarse a menudo a sí mismos como animales atrapados en físicos humanos.
M. Bolalek (“yourdeer”)
Depositan sus expectativas en sus especies animales favoritas y pretenden una especie de comunión espiritual con éstas.
Sí que poseemos vocablos relacionados con el therion griego referido a los animales salvajes, como teriántropo, o teriocéfalo, pero no he constado el reconocimiento explícito traducido al español del término therian anglosajón.
The Artist Bestiary es un proyecto de M. Bolalek ("yourdeer"), una artesana, artista plástica, y therian.
Si consultamos fuentes más serias, o sin ir más lejos la wikipedia, comprobamos que, etimológicamente, el término "teriantropía" viene del griego Therion [θηρίον], que significa "animal salvaje" o "bestia" (implícitamente mamífero); y Anthropos [ἄνθρωπος], que significa "ser humano". Se utiliza para referirse a la transformación de los animales folclore de Europa ya en 1901. [1] A veces el término "zoanthropy" se utiliza en su lugar. [2] Teriantropía se utiliza para describir las creencias espirituales en la transformación de los animales en una publicación japonesa de 1915, "Un la historia del pueblo japonés desde los primeros tiempos hasta el final de la era Meiji. "[3] Una de las fuentes," el depredador humano ", plantea la posibilidad de que el término puede haber sido utilizado ya en el siglo 16 en los juicios penales de sospecha hombres lobo. [4]Historia de teriantropía y teriocéfaloTeriantropía se refiere a lo fantástico o mitológico, capacidad de algunos seres humanos para transformarse en animales. [5] therianthropes se dice que cambiar las formas a través de cambiar de forma. Teriantropía ha existido por mucho tiempo en la mitología, y parece estar representado en los dibujos rupestres [6] como brujo, un pictograma ejecutado en los dibujos de las cuevas neolíticas que se encuentran en los Pirineos en el sitio Les Trois Frères, Francia, arqueológica.Teriocéfalo se refiere a los seres que comparten simultáneamente rasgos humanos y animales no humanos. Por ejemplo, las formas humanoides con cabeza de animal de dioses representados en la religión del antiguo Egipto (tales como Ra, Sobek, Anubis). criaturas mitológicas como centauros y sirenas exhibición teriocéfalo.

Recordemos que ya respecto a ciertos trabajos de Ulrich Collette, nuestra habitual referencia a muestras de arte zoocéfalo alternaba con la equivalencia de la teriocefalia, en base a la teriantropía escogida por Collette y que, al fin y al cabo, distingue entre los animales en general, domésticos y salvajes (zoo) y los animales exclusivamente salvajes (therion).

Bolalek completó un BFA en 3D Bellas Artes en la Escuela de Arte y Diseño de Massachusetts en 2012. Alternando el trabajo diurno en una oficina durante el día, dedica su tiempo libre a trabajar en metal y lana, siguiendo lentamente el autoempleo como artesana y artista y la publicación therian en foros.
Como therian con una educación formal en bellas artes confía en The Artist Bestiary como un medio para crear un recurso visual de las obras relativas a la fusión de la humanidad y la animalidad en el mundo del arte que puedan inspirar e informar en el ámbito de la comunidad therian.

La teriantropía es la supuesta habilidad de cambiar de forma humana a animal y viceversa. El término «teriantropía» ha sido adoptado para describir un concepto espiritual en el que el individuo cree que él tiene el espíritu o alma, en su totalidad o en parte, de un animal no-humano. Deriva del nombre «teriántropo», que significa 'parte hombre y parte bestia', el cual proviene del idioma griego therion (Θηριον), significando 'animal salvaje' o 'bestia', y anthrōpos (ανθρωπος), que significa 'hombre'. Los teriántropos tienen una larga existencia en la mitología, haciendo aparición en antiguos dibujos en cavernas y en antiguos jeroglíficos egipcios.1 La inquisición del siglo XVI decía tener documentación sobre la teriantropía en mortales, específicamente refiriéndose a la licantropía.

La teriantropía también fue, y a veces es usada todavía, para describir la creencia espiritual de la transformación animal. Esto eleva las posibilidades de que el término haya sido usado en el siglo XVI en las pruebas (juicios) criminales contra sospechosos de ser hombres lobo.

El término fue utilizado por los miembros del Usenet, el grupo "alt.horror.werewolves" (la California 1992) en las discusiones de "cambiadores" ficticios. Algunos usuarios Usenet comenzaron a afirmar públicamente que ellos eran parte animal. Resultaron ser varias bromas cibernéticas, mas otros eran al parecer serios sobre las aserciones, que eran sujetas a la discusión en curso.2 Esas personas comenzaron inicialmente a llamarse ellos mismos como "Licántropos", pero como esta palabra definía específicamente a los hombres lobo, la palabra "teriántropos" se hizo más popular.
Horus es una antigua deidad egipcia. Muchas de estas deidades eran representadas con cuerpo humano y cabeza animal.
 


 M. Bolalek se propone, en su Artist Bestiary, seleccionar obras artísticas asociables al movimiento teriano, no sólo obras que apunten, como en las selecciones de Emma Kisiel, a las relaciones humano-animales, sino también al sentimiento y a la voluntad de identificación, fusión o hibridación con el animal y, desde luego, como en nuestro caso, no consigue más que ofrecer un pequeña muestra del vasto mar de artistas navegando en la red, pero sin duda se trata de una muestra muy interesante y significativa, correctamente documentada y clasificada según diversos criterios, por lo que recomiendo su visita a los que estéis interesados, cosa más que probable entre los seguidores habituales de El Animal Invisible.

Observad, por ejemplo, la de información que nos ofrece en su listado de enlaces, especialmente en lo que se refiere a sitios web de artistas concretos relacionados alfabéticamente:

Links

Links to people, communities, and resources that have been involved in the creation of, or made use of for, the Artist Bestiary:
  • the Werelist: a therianthrope community resource
  • Animal-Quills: a creative community for animal-people to share and discuss their written works
  • Wylie Blais: partner and fellow therian, artist, and craftsman
  • Muybridge’s Horse: a blog featuring artists who are interested in the ways in which humans interact with and experience animals and nature
  • Humanimality: a collection in which humans are mixed with other animals (and vice versa) in a not-quite-usual manner
Links to the websites and/or galleries of all artists featured in, or considered for the Artist Bestiary:



The Artist Bestiary is a project by M. Bolalek (“yourdeer”), a craftsperson, fine artist, and therian.

Bolalek completed a BFA in 3D Fine Arts at the Massachusetts College of Art and Design in 2012. Working in an office by day, she devotes her spare time to working in metal and wool, slowly pursuing self-employment as a craftsperson and artist, posting in therian forums, reading, and spending time with her partner and roommates.
As a therian with a formal education in the fine arts, she hopes, in the Artist Bestiary, to create a visual resource of works pertaining to the merge of humanity and animality in the art world that may inspire and inform within the therian community. 


https://artistbestiary.wordpress.com/

http://muybridgeshorse.com/

http://annenbergphotospace.org/video/emma-kisiel-seeing-animals

https://en.wikipedia.org/wiki/Therianthropy

Teriantropía y movimiento "teriano". Teriocefalia y teriántropos de Ulrich Collette:
http://mafa-elanimalinvisible.blogspot.com.es/2014/06/ulric-collette-therianthropes.html

http://halherzog.com/

Nueva antrozoología, animalismo y teriocefalia:
http://mafa-elanimalinvisible.blogspot.com.es/2016/02/nuevo-antropomorfismo-proposito-charles.html
 http://mafa-elanimalinvisible.blogspot.com.es/2016/02/charles-foster-y-su-bestia-interior.html
 

miércoles, 19 de junio de 2013

Antrozoología Artística.

The Invisible Animal (El Animal Invisible)

Antrozoología y macrosociología

 La voz del Animal Invisible se está acercando discreta pero decididamente a la cien mil visitas. No está nada mal para un blog centrado temáticamente en iconografía zoológica, en relaciones entre arte y ciencia y otros asuntos relativos al simulacro, la imagen, la fotografía y la tergiversación. Todo suena a excesivamente sesudo y de difícil aprehensión, aunque tengo la sensación de que a los seguidores habituales u ocasionales del blog no les supone obstáculo alguno para intuir de qué va este espacio, aunque, sin duda, una de las preguntas de farragosa respuesta que me hacen más frecuentemente es, precisamente "¿de qué va tu blog?", un eco consecuente de una antigua cuestión que me planteaban mis conocidos antes y después de doctorarme en Imagen: "¿de qué trata tu tesis doctoral?". La respuesta tendría que ser breve y escueta, pero esto supondría superar un mal endémico del mundo académico, y es que un título largo y plagado de oraciones subordinadas sirve para acotar al máximo el alcance temático y el campo de un trabajo de investigación teórica, y, por tanto, su extensión es inversamente proporcional a la extensión del texto consiguiente. No es lo mismo un tratado sobre "el románico" que un estudio sobre "el románico en los campanarios de más de 20 metros de altura en edificaciones no eclesiásticas del Alto Ampurdán anteriores al siglo XIII que prescinden del uso de la sillería".

"El Animal Invisible" parecía ser, por tanto, un título excesivamente breve y críptico para los criterios habituales del mundo universitario, y de hecho no me faltaron críticas a la aparente dispersión temática de sus contenidos excesivamente polidisciplinares.

En un principio, el tema que pretendía abordar era la capacidad de mentir, o de tergiversar la realidad, de la fotografía documental, cosa que de algún modo se refleja en el primer bloque temático de mi trabajo ("Digo, miento, fotografío"). Más tarde, en un segundo bloque, me interesé por formas artísticas relacionadas con el simulacro y la reproducción de formas de la naturaleza basadas en un paradigma fotográfico, influído por mis actividades profesionales relacionadas con escenografías naturalistas ("El árbol de plástico"), y, por fin, me dejé llevar por una intuición que me llevaba a constatar una especie de tabú cultural occidental hacia el interés por los animales y por la propia animalidad humana en un tercer bloque más centrado en la imagen animal en los medios de divulgación zoológica "para todos los públicos", que denominé "El Animal Invisible", concepto que sirvió de título para el trabajo finalmente publicado para su lectura académica y que determina el título de este blog y de sus bloques anexos.

Como anécdota, diré que pocos días antes de su lectura, un miembro del tribunal me advirtió de las discrepancias de un sector del mismo con mi director de tesis y con múltiples aspectos formales y estructurales de mi texto. Tras ocho años de trabajo y un esfuerzo considerable por resumir mil y pico páginas en poco más de seiscientas, la advertencia me llegó simultáneamente como algo preocupante y como algo ya intrascendente. Me molestaba mucho al tiempo que ya me daba igual. Saturado de darle vueltas a los temas centrales de la tesis y hastiado de ciertos aspectos burocráticos y jerárquicos del mundo académico y universitario, lo cierto es que sólo quería acabar de una vez con todo aquello y tanto me daba el resultado del proceso, despreciando la opinión de quienes ignoraban el contexto de mi trabajo, aunque no he de negar que la posibilidad de ser suspendido no era agradable (y, en realidad, mucho menos probable, una vez aceptada la tesis para su lectura). No obstante, el amable (aunque preocupante) gesto de advertencia de aquel miembro de mi tribunal de tesis incluía la amenaza implícita de concederme el aprobado con la calificación mínima, que es una forma elegante de mantenerte los galones pero sin condecoración alguna, así que tendría que cuidar la presentación de mi trabajo con entusiasmo y convicción para alcanzar la nota máxima al menos por mayoría, que es lo normal a la hora de culminar un proceso doctoral. He de decir que mi hastío me ayudaba a asumir por anticipado un simple "Notable" en vez del más normal "Sobresaliente".

Parte de la problemática aceptación de mi tesis se debía a una cierta posición de "fuera de campo" de los miembros del tribunal asignados por el departamento de Imagen y Diseño de la UB. Previéndolo, yo me había buscado como miembro de mi elección, entre otros,  al biólogo Francesc Uribe, mucho más capaz de incurrir en el campo de la Imagen y el Arte (desde su posición de entonces, como director del Museo de Zoología de Barcelona, había favorecido, por ejemplo, la materialización del proyecto "Fauna Secreta", de Joan Fontcuberta y Pere Formiguera) de lo que estos especialistas en Bellas Artes e Imagen podían hacerlo en el campo de la divulgación zoológica o en la zoología, a excepción del siempre curioso y docto Lino Cabezas, seguramente el más crítico pero también el más enriquecedor para mi proyecto. Además, también me había procurado la presencia del único autor, del que tenía noticia, en nuestro país, de un trabajo sobre iconografía zoológica: Manuel Barbero, otro importante acicate para el desarrollo de mi trabajo. 
Creo que mi entusiasmo debió de servir de algo, porque finalmente el "cum laude" se produjo por unanimidad, lo cual demuestra una amable tolerancia final por parte de un tribunal inicialmente muy crítico ante la difícil respuesta a una pregunta aparentemente sencilla: "¿Cuál es el tema de tu trabajo?".

Una vez se me concedió el título de doctor, Laura Baigorri me sugirió que volcase los contenidos de mi trabajo en un espacio on line y le diese continuidad, cosa que, como podéis comprobar, he hecho y confío en que satisfaga las espectativas de esta artista, docente y teórica del Video y de la Imagen, aunque ni siquiera tengo constancia de que haya visitado este sitio nuestro/vuestro.

Han pasado años desde entonces, y la versión extendida y on line de "El Animal Invisible", el blog que estáis leyendo, tiene un discreto pero aceptable seguimiento en todo el mundo y sus noventaypico mil visitas tienen su origen en búsquedas correspondientes tanto a temas estrictamente zoológicos como artísticos, culturales o relacionados con las artes visuales y fotográficas en particular. Parece ser que el tema del blog sigue siendo de problemática definición. Hasta ahora.

Y es que más tarde o más temprano acaba apareciendo un sabio para licitar un área del conocimiento, y no me refiero a mi, sino a dos sociólogos norteamericanos que descubrí gracias a la casualidad.
Y es que, para celebrar las 100.000 próximas visitas al blog, pensaba publicar una entrada ilustrada sencillamente con todas las imágenes que mostrase el buscador de google para la búsqueda "Animal Invisible", lo que me llevó a descubrir la publicación de un artículo en Sociological Theory (SAGE JOURNALS), prestigiosa revista digital de la ASA (American Sociological Association), titulado exactamente "The Invisible Animal" ("El Animal Invisible"), firmado por los sociólogos Richard York y Philip Mancus, quienes me descubrieron, desde el ámbito de las teorías sociológicas el nuevo y creciente campo de la Antrozoología (o estudio de la interacción entre seres humanos y demás animales), de la que estos autores se sirven para una crítica constructiva a la macrosociología y, más concretamente a las teorías ecológico-evolutivas de Gerhard Lenski y Patrick Nolan, de enfoque materialista..
La lectura, recensión y traducción de este texto, del que os podeis descargar una versión en PDF aquí,
me llevó a la conclusión de que el tema central de mi propio animal invisible es lo que podríamos denominar Antrozoología Artística, lo cual podría explicar con más detalle reproduciendo el artículo en cuestión, cosa que me impiden los derechos de publicación del mismo.
No obstante, el propio Richard York amablemente me ha autorizado la mención del artículo y la publicación de fragmentos.
De momento, y para poner a mis lectores en contexto, me limitaré a traducir el resumen que ofrecen los propios autores en la presentación de su texto:

Los animales han tenido una profunda influencia en las sociedades humanas, desempeñando un papel importante en el curso de la historia de la humanidad. Sin embargo, su presencia y significado teóricos han sido pasados por alto en la teoría sociológica, siendo la preocupación central del cada vez mayor campo de la Antrozoología (el estudio de la interacción entre los seres humanos y otros animales).
Para ilustrar cómo un enfoque en otras especies animales puede mejorar nuestra comprensión de la evolución sociocultural, evaluamos la influyente obra de Gerhard Lenski y Patrick Nolan y su enfoque materialista de  la macrosociología. Los animales son en gran parte invisibles en Lenski y  la Teoría Ecológica-evolutiva de Nolan, sin embargo, son la base de la subsistencia clave de tecnologías identificadas por Lenski y Nolan como cruciales para explicar el desarrollo desigual.
Al tener en cuenta la historia de la domesticación de los animales, el papel que desempeña en el desarrollo de la tecnología agrícola y la translocación de ganado de Eurasia durante la época colonial, nos muestran cómo la evolución sociocultural se encuentra dentro de un nexo más grande que el socioecológico y las condiciones históricas que determinan recíprocamente el desarrollo tecnológico y el patrimonio cultural. Nuestro análisis muestra que la Antrozoología, lejos de ser un esotérico campo de estudio, tiene el potencial de contribuir a una comprensión refinada de una amplia gama de fenómenos sociales.

Palabras clave:
animales y sociedad; Antrozoología; teoría ecológica-evolutiva; ecología humana

En su revisión de la Teorías Ecológico-Evolutivas de Lenski y Nolan, York y Mancus constatan la influencia de los animales en el desarrollo cultural, económico y social de las civilizaciones aunque señalan que pese a ello dicha influencia se asimila de modo generalista y ambiguo a los factores materiales y climáticos del entorno, de la ecología como condicionante de la tecnología y la economía resultante. La división en sociedades agrarias (basadas en el arado) y hortícolas (basadas en la azada) ignora por completo la relevancia de los procesos de domesticación condicionados por los rasgos propios de las especies domesticables del entorno, aptas o no como animales de tiro que posibilitan y justifican la existencia de la tecnología del arado.


Nuestro propósito es hacer frente a una de estas limitaciones, algo que no ha recibido mucha atención en la literatura sociológica: la tendencia de la la teoría de ignorar la influencia de los animales en la evolución de las sociedades y de ese modo hacer los animales en gran medida invisibles en la investigación macrosociológica.


De algún modo, me he sentido identificado con la sensación de ignorar al animal, de invisibilizarlo, al ignorar sus peculiaridades específicas, por parte de Gombrich y otros teóricos de la Imagen a la hora de debatir los problemas semióticos encarnados en el ejemplo del rinoceronte reproducido (¿o representado?) por Durero en su célebre dibujo popularizado hasta la saciedad por sus propias versiones grabadas y por la ediciones del mismo por Gessner. El ámbito de estudio es diferente, pero la desidia ante las carectíristicas concretas y el conocimiento preciso de los rasgos de una especie animal concreta que no sea la humana tiene sus raíces en un problema común basado en un centralismo humano que segrega al hombre del (resto del) mundo animal, como ya hemos comentado exhaustivamente a lo largo de múltiples entradas del blog.

Ha de entenderse que York y Marcus, lejos de desmarcarse de las teorías de Lenski y Nolan, reivindican sus contenidos intentando reparar carencias en sus fuselajes teóricos:


(...)la vía causal propuesta de la tecnología para el desarrollo, aún siendo ampliamente precisa, por desgracia enmascara el papel de factores subyacentes, en particular la parte que los animales jugaron en el establecimiento de la tecnología de subsistencia (al mismo tiempo que deja de lado factores político-económicos importantes derivados de la historia colonial). Este tratamiento de los animales como una parte indiferenciada del contexto biofísico los hace invisibles, eludiendo los efectos que han tenido en el desarrollo tecnológico.

De hecho, en el capítulo introductorio, York y Mancus se preguntan directamente quién hizo a quién, o dicho de otro modo, quién domesticó a quién, haciendo constar múltiples ejemplos, ratificados por prestigiosos historiadores y teóricos de la sociología, en que la existencia de especies animales concretas en el entorno de determinados grupos humanos fueron decisivos en la evolución tecnoeconómica de dichos grupos. Y, lo que es más importante, que sólo unas pocas especies animales han sido susceptibles de domesticación, y no de igual forma en diferentes ámbitos geográficos, hecho que no siempre se analiza siempre con la profundidad que merece, pero que
 especialistas como Crutton, Borck, Galton o Diamond sí que tratan tratan con claridad en sus trabajos.
Y es Diamond (1999-157) quien nos deja, parafraseando la línea inicial de la Novela de Tolstoi, lo que el denomina "principio de Anna Karenina":


"Todos los animales domesticables se parecen, cada animal indómito es indómito a su manera"

(en la novela, la frase hace referencia a las familias felices, todas parecidas, y a las infelices, cada una a su manera, cosa que nos lleva a apuntar a una posible analogía entre "familia feliz" y "familia (bien) domesticada" que supondría "familia infeliz" como "familia no/mal domesticada")

Creo que ya habíamos hecho referencia al hecho de que consideramos al hombre como el primer animal en ser domesticado, y aunque no se trate de mucho más que un gratuito juego de palabras para dar que pensar, lo cierto es que resulta una aseveración bastante certera.

En cuanto a la relación con los animales y la apreciación de sus capacidades y limitaciones o necesidades, se parece constatar el hecho de que los sociólogos, al menos, suelen ignorar el hecho de que los animales son el producto biológico de un biotopo, de un entorno físico concreto, y, por tanto, de ubicuidad condicionada, cuando no problemática. En las teorías sociológicas parece ser que animales y plantas son bienes muebles, según apuntan Mancus y York:

(...)también es significativo que los animales compartan la distinción de ser relativamente autónomos con respecto a sus orígenes medioambientales. Dado que los animales son portátiles, las especies que se dan naturalmente en una región no son necesariamente los únicos que pueden vivir en esa región. En contraste, la geografía física no es portátil.

Los autores llaman nuestra atención sobre el hecho de que muy a menudo los autores de teorías sociológicas ven animales y plantas tan portátiles como cualquier otro bien material al que no le influya el entorno, pero señalan ejemplos como el problemático traslado de ganado vacuno euroasiático a Áfica, debido a un entorno ocupado por grandes mamíferos, incluso bovinos, salvajes, portadores de enfermedades (y grandes depredadores) que condicionaban la existosa subsitencia de dicho ganado al desubicarlo, cuestión mucho menos problemática en la colonización de América del Sur, carente de esta problemática para con el ganado de grandes especies, dado que no se daba en absoluto.

Desde el punto de vista de la antrozoología artística, también hemos constatado la frecuente desubicación del animal, a menudo con escasas consecuencias icnográficas significativas para el gran público no especializado, pero se asocian tipologías de animales a tipologías de paisajes climáticos, pudiendo presentarse la representación de animales tropicales, por ejemplo, en cualquier paisaje tropical le sea o no le sea propio. Un ejemplo es la asociación de la idea de tucán a la idea de selva, aunque el tucán sea exclusivamente sudamericano y sin embargo pueda aparecer en producciones supuestamente desarrolladas en Asia o en África. La diferencia entre la antrozoología sociológica y la artística es que la primera acaba por constatar la imposibilidad de ciertas desubicaciones, mientras que la segunda hace exactamente lo contrario, y por eso es posible ver, en "El libro de la selva 2", de los estudios Disney, la presencia de osos hormigueros sudamericanos en la jungla asiática.

Quiero agradecer a Richard York su amable colaboración para la publicación de este artículo, pese a que, sin duda, él y Philip Mancus realizan un trabajo de gran rigor académico y es un tanto injusto que yo dignifique mis ligeras presunciones estableciendo osadas analogías con sus contenidos, pero tampoco nos hemos de exceder en modestia. Al fin y al cabo, la preocupación por el constante y sistemático ninguneo a los animales está más que justificada, tanto desde el punto de vista de la teoría sociológica como desde los estudios de la imagen, ya que, pese a reivindicar constantemente su presencia, se les disfraza, se les usa ornamentalmente o se les invisibiliza tras falsas imágenes hijas del tópico o de la confusión.

Para hacer frente al abandono de los animales en muchos sectores de la sociología, nos hemos centrado en lo que demuestra la importancia material de los animales en la historia humana, y esto nos ha llevado a examinar críticamente el sesgo tecnoeconómico de la Teoría Ecológico-Evolutiva y destacar el animal invisible como elemento central de la historia del desarrollo tecnológico.

Richard York es profesor de sociología y estudios ambientales en la Universidad de Oregon. Su investigación se centra en la sociología ambiental, estudios en animales, y en la filosofía, la historia y la sociología de la ciencia. Ha publicado en varias revistas y tres libros: La crítica del Diseño Inteligente (Monthly Review Press, 2008) y The Ecological Rift (Monthly Review Press, 2011), ambos con John Bellamy Foster y Brett Clark, y "La ciencia y el humanismo de Stephen Jay Gould" (Monthly Review Press, 2011), con Brett Clark.

Philip Mancus es profesor de psicología y sociología en el College of the Redwoods.. Ha publicado en Sociology Theory, Sociología Rural, Revista de Ecología Humana, Sociología Crítica, y Organización y Medio Ambiente. Los de intereses su investigación incluyen la ecología humana crítica, la teoría social y la justicia ambiental.

Las referencias y bibliografía que ambos autores manejan para su artículo están incluídas en forma de anexo a nuestra página de bibliografía porque consideramos que constituyen una importante ayuda para los estudiosos y teóricos de diversas disciplinas interesados en la presencia de los animales en múltiples aspectos de la cultura.


Podemos decir, pues, de ahora en adelante, aunque no sin reservas, que el tema central de "La Voz del Animal Invisible", es la Antrozoología Artística (o tal vez sería más exacto referirnos a Antrozoología Iconográfica)







Sobre la condición animal y el hombre.





2.4-Sobre la condición animal y el hombre.
Las cambiantes nociones acerca de la naturaleza de este sistema son también ilustrativas de nuestros anclajes culturales con el mundo natural. El orden en que disponemos a los seres vivos sólo delata nuestra propia estimación como parte de la Naturaleza.
En época de Buffon, por ejemplo, su aseveración sobre la comparación entre hombres y animales, aunque antropocentrista, es arriesgada y opuesta a lo que en pleno siglo XVIII la rígida presión doctrinaria de los fundamentalistas cristianos permitiría en relación al estudio de los animales. Incluir al hombre en el reino zoológico siempre ha sido difícil y lleno de complejas estrategias diferenciadoras, encumbradoras del género humano, desatendiendo imbricaciones e implicaciones, sugiriendo categorías ascendentes en el reino de las criaturas vivas.
La misma violencia crítica se produce en el siglo XVI cuando Pierre Belon compara la estructura ósea de las aves con la del hombre, señalando que ambas poseían esencialmente la misma forma, planteando una visión pecaminosa para una ideología zoológicamente segregacionista. El hombre debía de colocarse entre Dios y los animales, imposibilitando la licitación de las disecciones de cuerpos humanos, dificultando enormemente la observación comparada en profundidad que pretendería más tarde Buffon, en un momento histórico postoscurantista que le permitía la ingenuidad de creer que la erradicación de la "ciencia antigua" y el estudio comparado de hombres y animales eliminarían las creencias populares tradicionales con las que siempre se había visto obligada a mantener correspondencia.
En la Francia de Buffon no se creía posible que el alma residiese en los animales, impidiendo una sola comparación entre humanos y bestias en cuanto a mente y espíritu se refiere.
Desde luego, es obvio que, desde los tiempos más remotos, eran contempladas las coincidencias orgánicas o locomotoras de hombres y animales, pero a través del concepto más o menos solapado de máquina.
Se trataba, pues, de explicaciomes mecánicas, según señalaba Descartes, que no asumían nexos familiares entre hombres y animales, sino de ambos con las leyes físicas expresadas en las máquinas. Las analogías actuales con los sistemas informáticos no son sino la demostración de que existe una persistencia en abstraer fenómenos de índole asimilable a un extramundo.
La presencia de distintas especies con rasgos comunes o bien diferenciadores recurría a explicaciones rotundas y rígidas, de bastarda hermandad.El concepto Lamarckiano de la "cadena de los seres vivos", una formación de eslabones consecutivos e irreemplazables, gozó en su momento de una aceptación delatora de un tendencioso ajuste del mundo a las pretensiones dominadoras y colonizadoras de las culturas occidentales frente a las más cercanas a la simplicidad propia de los eslabones más bajos.
La idea de la "cadena" dispone en orden rígido las criaturas más complejas a las más sencillas, desde los ángeles hasta los microbios, y, aparentemente, pudiera semejar una concesión a los posibles nexos, aún cuando se establecieran en línea recta e insalvables, del hombre con los animales. Sin embargo no suponía otra cosa que el establecimiento de una jerarquía en la que los hombres, cercanos a los ángeles, se disponían "por encima" de las bestias.
A este respecto, Hiroshi Aramata contempla la posibilidad de que en Francia, de dieta esncialmente cárnica, existiera una diferenciación más drástica entre hombres y animales que formularía la taxonomía de acuerdo a la calidad alimenticia, otorgando a los animales más sabrosos los puestos superiores; y Buffon, evidentemente, combatía enérgicamente dicha mentalidad.
Si el concepto de "cadena de los seres vivos" puede ser criticable como obsoleto, lo cierto es que en la actualdad perviven vestigios como la idea de "cadena alimenticia", con rangos de depredación unidireccionales, en busca de una conveniente orientación del devenir de los acontecimientos.
El destino único puede parecer más tranquilizador que la incertidumbre. Cuando la cadena alimenticia resulta poco exacta, se adecúa su redistribución y nace la "pirámide alimenticia", explicación icónica que sitúa a los pocos elegidos para ostentar la superioridad en una cumbre más exclusiva en cuanto que más elevada. El hecho de efectuar la metáfora a través de pirámide (la base, por definición poligonal...¿sería poligonal? ¿de cuántos lados?), concepto de uso todavía reciente, remite a la simplicidad geométrica del triángulo, símbolo gráfico de gran poder de señalización direccional hacia lo superior, lo divino, lejano de la tierra, cercano al cielo ¿el cielo que nuestros antepasados arborícolas conquistaban desde las altas copas de ancestrales pluvisilvas?.
Parece claro que la confusión entre intelecto (o al menos una forma de intelecto análoga a la humana) y alma ha negado la calidad de seres supriores, dotados de alma , a los animales, facilitando su consideración como mercancía. Los intelectuales científicos del siglo XVIII parece ser que se planteaban el problema de la aproximación entre el reino humano y el animal para hacer lícita una comparación constructiva. Eran conscientes de que la humanidad lo ignoraba casi todo acerca de sí misma y no tenía un claro discernimiento entre los productos de la emoción y los del intelecto, esto es: distinguir lo afectivo de lo estrictamente mental (si es que ello es posible). En tal contexto cultural, una primera aproximación comparativa entre animales y bestias contemplaba tan sólo las diferencias visibles, traducibles en imágenes, evidentes analogías o diferenciaciones en el desarrollo de sus órganos. La Edad Media, casi sin querer, había visto en los animales no un conjunto de criaturas sin alma, sino de espíritus sin cuerpo racional.
Eran los mismos hombres los que les otorgaban aspectos particulares (y ejemplares) del juicio y la comprensión humanos. Eran los hombres quienes introducían a los animales en sus narraciones para medirse con ellos, cambiando en aras de la oportuna tergiversación, la fidelidad o veracidad de las características definitorias, distintivas, de cada animal, cambiar su naturaleza original, o hacerlos permanecer en ella.
Los animales en relación más directa con el hombre son generalmente enaltecidos por un sometimiento que subraye su relativa inferioridad, encumbrando aún más nuestra propia posición en la jerarquía "natural": sometemos y esclavizamos a los animales superiores para autopromocionar nuestro rango, para en cierto modo envanecernos. El puente del oscurantismo medieval al siglo de la ilustración, el Renacimiento, no hace nada para eliminar dicho error de apreciación.
Aumentar el prestigio de los súbditos supone un superlativo ennoblecimiento del rey, que siempre está buscando con autocomplacencia dignos vasallos en el reino animal.
Buffon selecciona al caballo como el mamífero que mantiene la relación más profunda con el hombre, y que ilustra la condición del animal degradado a ganado, despojado de su naturaleza original para satisfacer nuestros propósitos de bienestar, los cuales generan un abuso a menudo cruel. El animal doméstico tiene garantía de infeliz superioridad dado que sólo los salvajes conocen la forma natural de vivir (esa misma forma de vivir que nosotros sublimamos en el paraíso y su abandono, obedeciendo a la ley del hambre y la supervivencia).
El régimen de esclavitud otorga al animal doméstico un ejemplar carácter cuyo estudio se supone revelará en qué dosis su comportamiento viene de la naturaleza (o de Dios) y en qué medida proviene de la intervención del ser humano, con lo que el estudio del animal doméstico se presentaría como más inmediato, más profundo y revelador, pero ¿cómo contrastar lo aprendido de los animales domésticos con lo que sabemos de los animales salvajes, casi siempre de forma indirecta, esperando datos precisos o carentes de distorsiones?. Y además, si varía nuestro concepto de qué es un animal doméstico al cuantificar su grado de domesticación...¿no cambiará el significado de cualquiera de nuestras conclusiones?.
Nadie en la Edad Media parecía ver en un animal doméstico a un ser humillado, impedido en su natural desarrollo, sino todo lo contrario: un ser escogido, seleccionado por sus buenas aptitudes, el cual siempre habría acompañado, alimentado o abrigado al hombre por divino decreto.
En los umbrales del siglo XIX la actitud no había cambiado., pero al menos las mentes más brillantes ven la auténtica cuestión de fondo.
Actualmente, la condición del animal es tema de controversias y preocupación por parte de biólogos como en su día Konrad Lorenz, filósofos como Ernst Jünger, y teólogos como Andrew Linzey o etólogos como Donald R. Griffin (ver bibliografía), nos hacen ver que el problema básico consiste en si le otorgamos o no capacidad de autoconsciencia a los animales, o , en todo caso, a cuáles de ellos sí y a cuáles no.
Creo que este es uno de los problemas clave a tener en cuenta en el área de la representación de otros seres, sea con fines artísticos o científicos, o la eterna combinación de ambos en medios divulgativos masivos.
Podemos adelantar este criterio que entra en el terreno de la ética como factor decisivo en la elaboración de imágenes zoológicas.
Aunque Donald R. Griffin nos puede parecer radical, en sus modernos planteamientos, sobre la necesidad de reconocer el pensamiento consciente en cualquier criatura, por miserable que nos parezca, el hecho es que la actitud opuesta es la que ha prevalecido (aún negándola como extraño tabú cuanto más nos acercamos a nuestros días).
Podríamos ir un poco más lejos y afirmar que más potente que el tabú del sexo, vicario del que nos ocupa, es el tabú que se oculta tras el menosprecio de los animales, un tabú que impide considerarlos tan conscientes del mundo en que viven como nosotros mismos, imprimiendo cierto matiz de ingenuidad, fatuo idealismo o inmadurez a todos los que muestran un fuerte interés por los animales, o inquietud por su bienestar.
Pienso que, pese a los prejuicios religiosos (que, al fin y al cabo siempre se oponen a algo existente por alguna razón práctica de fondo) o precisamente en base a ellos, podemos establecer que desde la antigüedad es normal un animismo que incluye al reino animal y que llegando a la modernidad origina su autodestierro a través de la diferenciación a menudo ambigua de los conceptos de alma e inteligencia.
Buffon señaló la cuestión con pasmosa exactitud (y radicalidad, en un tiempo en gran medida dominado todavía por poderes religiosos):

"Ni debe de sorprendernos saber que los humanos puedan dar a los animales aquello que poseen: la razón, el juicio y la comprensión, y que también puedan hacer cambiar la naturaleza original de los animales o hacer que permanezcan en ella".

Los animales más susceptibles de atribuciones positivas -siempre humanizantes- son, para la mentalidad colectiva a la que pertenece y critica Buffon, los animales domésticos, a través de los cuales sería posible descubrir, contrastados con sus ancestros salvajes, la intervención del hombre y la intervención divina en el carácter de las especies, insinuando, de paso, y casi involuntariamente, que el primer animal domesticado sería el humano, en quien deberíamos buscar su esencia congénita aislada del orden impuesto por la sociedad.
Lo paradójico de la cadena del ser y su aceptación, incluso por la mente inquisitiva de Buffon, es que niega la animalidad humana poniéndola en un extremo de la cadena al que se acercan las criaturas de animalidad subjetivamente más perfecta, más parecida a los ángeles, únicas criaturas más próximas a la perfección divina que la humanidad.
No es difícil, aunque sólo sea por empatía, intuir que Buffon colocó a los mamíferos en la cúspide de la Historia Natural. Pero también hay que decir que consideró más próximos a la perfección -al hombre- a los animales domésticos, el más elevado de los cuales sería sin duda el caballo, "el mamífero que mantiene la relación más profunda con el hombre".
Las aves, dignificadas por su capacidad de vuelo, de elevación, son pese a todo contempladas como esencialmente distintas. Los reptiles y los anfibios siempre han pertenecido a un grupo envilecido por su cercanía a la tierra, al lodo primigenio del que el hombre ha querido desprenderse por una enigmática asociación con la idea de suciedad, de impureza, imperfección. De ahí la preferencia por los minerales con superficies uniformes, características y reconocibles, los metales, los cristales. Representan rupturas de continuidad en el discontinuo propio de la naturaleza. La vida es discontinuidad, argumenta Bataille ante el continuo de la muerte.
La cultura oriental, aunque con marcadas diferencias, especialmente en extremo oriente, presenta una actitud similar. Tanto en China como en Japón es apreciable el talante humanoide otorgado a los mamíferos en tanto que fuente alimenticia que cohabita con la población humana.
Aventurarse, no obstante, a adentrarse en las implicaciones de las imágenes zoológicas en estas culturas puede ser muy arriesgado desde un perspectiva occidental. Tengamos en cuenta que, acostumbrados a informarnos en distintas culturas cercanas, como quien busca emisiones en un dial de onda media, donde cambian las voces y no las ideas, olvidamos que no es fácil desde aquí comprender en profundidad la cultura visual de unos pueblos cuya mecánica de pensamiento es diferente, desde el momento en que se manifiesta a través de lenguas aislantes preñadas de ideogramas, de "palabras concepto" independientes de una secuencia estructurada, de una sintaxis, tal y como nosotros la entendemos a través de determinantes, nexos y modificadores.
En Oriente, el embellecimiento, el ajuste a un cánon que recoge elementos considerados positivos (compartidos con la belleza física humana) es aplicado de forma particular a los animales que proporcionan comida de un modo u otro, y en mayor medida en el caso de los mamíferos.
En 1719, en el Toga, libro de lingüística japonés, los animales comunes reciben el nombre de Shishi, término que designa la carne comestible análogamente al "kasher" semita, y los sonidos "shi" o "shishi" aparecen en la designación de los animales más familiares (ushi-vaca; shika-ciervo; kamashishi-antílope) que pasarían a formar parte de un grupo seleccionado desde una perspectiva utilitarista, el cual, en el Boso, antigua crónica japonesa, se limitaría a vacas, caballos, perros, monos y gallinas como especies útiles cercanas al hombre, especificando su servidumbre con períodos de reposo, en contraste con su condición de crianza para el consumo propia de China y otros países.
En China, por ejemplo, el antiguo Libro de las Palabras limitaba a seis las especies permitidas como ganado: vacas, caballos, obejas, perros, gallinas y cerdos. Hiroshi Aramata apunta a la misma cuestión, bajo la cual subyace la justificación económica de los prejuicios religiosos sobre la alimentación que también señala el clásico "Bueno para comer" de Marvin Harris (Alianza Editorial, Madrid 1994):

"En las sociedades agrícolas los alimentos de origen animal son, desde el punto de vista de la nutrición, especialmente buenos para comer, pero también difíciles de producir. La fuerza simbólica de los alimentos de origen animal procede de esta combinación de utilidad y escasez".
[...]"En el caso de la India hindú, como veremos, la falta de viavilidad ecológica de la producción cárnica reduce hasta tal punto los beneficios nutritivos del consumo de carne que ésta es evitada: se hace mala para comer y, por lo tanto para pensar".

Pero si en el caso de la vaca hindú encontramos una divinización que la aleja del uso alimenticio habitual, encontramos casos en que el resultado del negativo rendimiento alimenticio en un entorno determinado genera la degradación del animal para fomentar la prohibición de su inconveniente consumo, como es el caso del cerdo en los países árabes, potenciales víctimas de una crisis de recursos alimentarios si consumiesen cerdo (consume más calorías de las que aporta, y las ha de consumir de alimentos que el hombre necesita para su propio consumo -al contrario de un entorno de encinares, por ejemplo, cuyas económicas bellotas no son tan aprovechables por el metabolismo humano).
Las circunstancias medioambientales generan distintas necesidades que se traducen culturalmente en un distinta calificación de las especies, que varía en el tiempo y en el espacio. A menudo, incluso puede ser que la abundancia de especies apreciables solape a posibles candidatas que pasan por despreciables por razones puramente visuales o estéticas, hasta que el criterio sea vencido por el de las ventajas económicas. El rape, antaño despreciado, hoy revalorizado, es un ejemplo muy cercano a nosotros en el tiempo y en el espacio.
Lo que es evidente es que el trato directo con el animal, el acercamiento a él que supone la actividad ganadera, alimenta un mayor conocimiento, un mayor acercamiento a la comprensión del animal, y, a la vez un alejamiento voluntario, un desprecio necesario en la cultura occidental que eluda una peligrosa simpatía. Si concluyo que es ventajoso comerme a "chancho" y me implico con él, con su vivencia y la comparto, sufriré su muerte o abriré la veda para con mis semejantes, haciendo peligrar una clara ventaja alimentaria y mi propia subsistencia.
Esto responde a un comportamiento social muy generalizado, que imprime un especial carácter a aquellas especies cuya rentabilidad económica es baja a corto o largo plazo a través de su carne, pero alta a través de su trabajo u otros servicios. Existen excepciones en nuestra cultura, como las mascotas, pero en Hawaii, por ejemplo, estas son queridas, mimadas y consumidas.

"Vistas las cosas de este modo, la compasión y el cariño que las personas demostraban cotidianamente hacia sus cohabitantes, que a la larga terminarían comiéndose, apunta paradójicamente a una categoría más alta de moralidad". (Hiroshi Aramata)

Rousseau, sensibilizado por los sufrimientos de las reses llevadas al matadero de París, dejó clara su postura en pro de un vegetarianismo utópico (en concordancia con el Boso) propia de un mentalidad ilustrada, y por tanto acomodada y urbana.
Esta actitud perdura como catalizador del problema ético, incluso teológico imbricado en las cambiantes nociones de tótem y tabú, que constituyen los criterios básicos de sacralización positiva o negativa de los animales para consumo humano, por un lado, y los ajenos (si es que actualmente puede decirse que los haya) a dicho consumo.
Dentro de estos últimos diríamos que una primera categorización tendería a dividirlos entre los que amenazan los medios de vida de las distintas sociedades y los que no lo hacen o incluso resultan beneficiosos objetiva o subjetivamente.



(Actualización del 23 de Junio de 2013):

Acabo de establecer contacto con el blog sobre antrozoología de Carol Pastoriza Serradilla. Psicóloga, gerontóloga, "Antrozoología Divulgación", único sitio web de nuestro país del que tengo noticia bajo el epígrafe "Antrozoología". Con todo, he de decir que tenéis enlace desde nuestro blog a éste y tantos otros enlaces de interés en torno a diferentes puntos de vista de la antrozoología no confesa, y os invito a hurgar en nuestros contenidos, que intentamos sean al menos tan interesantes como a nosotros mismos nos gustaría descubrir en los que consiguen alertar nuestra atención.

Lo cierto es que se agradece la oportuna irrupción de Carol y creo que os interesará visitar su blog, del que os ofrezco un aperitivo de su página dedicada a la definición de "Antrozoología" y del que podréis ver el contenido completo visitándolo en los enlaces permanentes de este blog o en los de las primeras líneas del párrafo inicial de esta actualización del post:





Lunes, 13 de mayo de 2013


¿Qué es la Antrozoología? Hal Herzog nos lo explica en "Los amamos, los odiamos y ... los comemos: esa relación tan especial con los animales".





“Nuestro fracaso al estudiar las relaciones que mantenemos con  otros animales tiene múltiples causas… En su mayor parte pueden reducirse a un par de características humanas poco encomiables: la arrogancia y la ignorancia”


Clyfton Flynn


El psicólogo y antrozoólogo Hal Herzog nos introduce en esta fascinante disciplina emergente: 
"Pese a la importancia de los animales en muchos aspectos de la vida humana, la comunidad científica ha ignorado, hasta hace poco, el estudio de nuestra interacción con las demás especies. Fijémonos por ejemplo en el campo de la psicología. Durante cien años, los psicólogos han centrado su labor en desvelar procesos de comportamiento como la motivación, la percepción y la memoria y han desatendido importantes facetas cotidianas como la alimentación, la religión y el modo de utilizar el tiempo libre. La relación con el resto de los animales, especialmente con “nuestros animales domésticos” pertenece a la categoría de temas que interesan a las personas corrientes, pero que, en general, no han interesado a los psicólogos. Se trata de una actitud errónea.
Comprender la psicología subyacente a nuestras actitudes hacia las demás especies animales es importante por varias razones. Cada vez más personas conviven con algún animal y muchas mantienen una intensa relación personal con ellos. Además nuestro modo de ver el trato que debemos dar a los demás animales está cambiando y muchos de nosotros dudamos que tengan que ser sometidos a experimentos de investigación biomédica, o si tenemos que explotarlos y matarlos solo porque su carne es sabrosa.