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lunes, 15 de octubre de 2018

Naturalistas de Ficción y ficción de Naturalistas: Xavier Queipo y la Antrozoología Literaria






Tal vez habrá quien me tache de oportunista al enlazar temáticamente las sucesivas entradas del blog, por el hecho de que dicho argumento sea a menudo pillado por los pelos. De hecho, pasar de un artista de la imagen como Sheng Wen Lo a un literato en toda regla como Xavier Queipo parece difícil sin establecer una cierta coincidencia temática.
Que a ambos les interesen los animales, la biología y la ecología tal vez no parezca suficiente en un espacio consagrado a la presencia de la iconografía animal y científica en los medios de divulgación audiovisual.



Sin embargo, si se toman la molestia de seguir leyendo mi argumentación, comprobarán que pocas veces hemos dado continuidad a nuestro discurso a través de ejemplos tan coherentes, además de ilustrativos de los efectos de la globalización y las redes en el arte y la cultura de este primer cuarto de siglo XXI.

La exploración, el viaje, constiuyen la base iniciática de toda aventura, de la aventura del saber.

La Odisea de Ulises es la primera manifestación del héroe literario tal y como lo entendemos hoy en día, desde un punto de vista humanista, alejado definitivamente de los modélicos estereotipos mitológicos.
Ulises constituye la exaltación de las virtudes y las debilidades humanas contra los obstáculos vitales para construir su propia biografía. El viaje físico, el imaginario, el literario y el vital se confunden en una sola cosa. Todos los viajes literarios son deudores del de Ulises, y Joyce lo sabía bien al trasladar a la cotidianeidad existencial el nombre del personaje homérico.
La singladura y su narración sirven para describir y justificar todo lo aprendido en el viaje, a la manera en que los decubridores y exploradores de antaño cambiaron y ampliaron las fronteras del pensamiento filosófico y científico occidental. Wallace, Cook, Darwin, son viajeros vocacionales del espacio y del pensamiento, inspiradores de una nueva versión de Ulises que acompañaría por siempre a una parte sustancial de lo que define al científico naturalista y al descubridor, algo a lo que hemos hecho referencia al dilucidar sobre la condición del naturalista y el naturalista de ficción en anteriores ocasiones.

El profesor Challenger del mundo perdido de Conan Doyle constituye un ejemplo tan válido como cualquiera de los científicos reales reinterpretados por la cultura popular, y así, desde el Dr. Malcolm de Crichton hasta su reinterpretación cinematográfica por Goldblum y Spielberg, o el Brundle-Mosca revisitado por el mismo Goldblum bajo la batuta de David Cronenberg.

Nos interesan los naturalistas de ficción porque nos señalan qué asimila nuestra cultura de los legados de los naturalistas reales, y qué relación se establece entre sociedad, naturaleza y conocimiento científico a través de la cultura y las manifestaciones artísticas construídas con estereotipos más o menos reveladores o significativos.

Recordemos cómo nos servimos en su día de un intento de análisis del Doctor Maturin, nuestro querido Stephen Maturin o Esteve Domanova, irlandés y catalán, científico y agente secreto británico ideado por Patrick O'Brien para sus sagas navales al mando del capitán Jack Aubrey. Políglota y multicultural, humanista y católico, rico en contrastes tan ajustados a esterotipos como a su rotura sistemática. Dibujante, anatomista, compositor aficionado, violoncelista sistemáticamente persistente y multidisciplinar vocacional, Maturin reúne todo aquello que justifica la pasión comburente de las vocaciones científicas y artísticas por igual. Es un Ulises que escribe su propia singladura vital sobre el mar, además de en sus cuadernos y diarios secretamente codificados, ora en catalán ora en gaélico, al margen de las lenguas francas mercantiles, imperialistas. Una figura marginal diluida en la tradición literaria (aunque como tal ficticia) del Ulises de Joyce, ese Ulises de Joyce traducible (siempre fatigosamente, sin duda) a cualquier lengua, incluso tan minoritaria como el gaélico de la tierra natal del autor o a antiguas lenguas romances forzadamente primas hermanas como el gallego.

Maturin se inspira en personajes reales y en personajes de ficción inspirados a su vez por otros personajes reales. El viaje vital suele sustentar al literario, tanto en escritores refractarios al viaje físico (como Julio Verne, quien apenas viajó en su vida, sino desde las páginas de los libros y las enciclopedias) como en viajeros contumaces, y por ello, como en el caso de Wen Lo, merece la pena atender a sus testimonios basados en la observación directa y en la amplitud de miras que cosecha el viajero.

Curiosamente, nuestro protagonista de hoy es uno de los responsables de la traducción del libro emblemático de Joyce al gallego: Xavier Queipo, pero no es esta la razón, o, desde luego, no la única, para que lo volvamos a traer a colación en nuestras reflexiones, que a fin de cuentas siempre procuran ser esencialmente antrozoológicas.
Queipo debería ser reivindicado desde nuestras páginas virtuales como un referente fundamental de nuestro punto de vista particular, y de alguna manera lo hacíamos constar al inicio de nuestros textos originales con una cita:

Nuestra visión de los animales está siempre distorsionada. Las representaciones zoomórficas delatan en mayor o menor medida nuestra propia animalidad. El estudio de los demás seres vivos, su observación, es la madre de las ciencias, y toda manifestación de contenido científico, ilustrada gráfica o verbalmente, es tendenciosa en múltiples aspectos, se sustenta en un contenido ideológico de una u otra índole. Las apariciones de los animales en las manifestaciones culturales delatan en sus distintas posibilidades la evolución del hombre y el conocimiento de sí mismo como lo que realmente es: un animal calificable con adjetivos que el paso del tiempo va cambiando.
Para entender las representaciones de animales cabe comprender dos cuestiones básicas : cómo es el animal percibido y cómo lo percibimos en tanto que animales perceptores. Posteriormente podremos indagar en cómo la condición humana arropa, deforma o desnuda las imágenes animales que el hombre, inmerso en su propia animalidad social, histórica, cultural, confecciona.


“Así, cando un escoita falar de tigres asasinos de homes, a primeira reacción é a da incredulidade ou da esúpida satisfacción na autoafirmación das verdades probadas, actitude propia dos seres educados nas estreitas coordenadas do pensamento científico clásico (sempre unha causalidade, sempre unha norma, sempre a caterva de Noé, onde as parelliñas tiñan sexo distinto)” 

("Así, cuando uno oye hablar de tigres asesinos de hombres, la primera reacción es la de la incredulidad o la de la estúpida satisfacción en la autoafirmación de las verdades probadas, actitud propia de los seres educados en las estrechas coordenadas del pensamiento científico clásico (siempre una causalidad, siempre una norma, siempre la caterva de Noé, donde las parejitas tenían distinto sexo)"


Xavier Queipo: “Contornos. Apuntes de filosofía natural”, Edicións Xeráis, Vigo 1995.

Y es que queremos hoy rendir justo tributo a uno de los motores de nuestra inspiración a la hora de reflexionar acerca de las fronteras entre arte y ciencia y de la presencia de los animales en nuestro imaginario colectivo. Porque creemos que si no hemos podido eludir hablar de los naturalistas de ficción, debemos hablar también de la ficción de los naturalistas, y no se nos ocurre mejor ejemplo, sobre todo después de haber expuesto porqué admirábamos el trabajo artístico de un científico de método como Sheng Wen Lo.

Desde este punto de partida podría afirmar sin miedo a equivocarme que seguramente a Queipo le interesaría mucho la obra de Wen Lo si es que no la conocía previamente, dado su interés por la divulgación científica en general y zoológica en particular, pero sobre todo teniendo en cuenta su gran interés por Asia y su cultura, manifiesta por otra parte en muchas de sus obras.

Literatura antrozoológica o antrozoología literaria.

No sólo no es forzado establecer conexiones entre Wen Lo y Queipo, sino que resulta fatigoso enumerarlas todas, pero yo destacaría el uso inteligente y performático de los medios expositivos del recurso científico a través de las redes. Si Sheng Wen Lo se explica mediante mapeos temáticos, estadísticas y toda suerte de visualizaciones globales y multidisciplinares de los temas que estudia y expone, Xavier Queipo, aunque vicariamente, también ha dado corporeidad mediática a través de las redes a la poética científica que sustenta su discurso filosófico y literario, tal y como demuestra la obra en línea Nómada, un análisis cartoliterario de la obra "Diarios dun nómada" de Xavier Queipo, por Enrique Santos Unamuno, que trasciende a lo estrictamente literario y contextualiza analíticamente su singladura.





Una vez establecida esta analogía entre ambos naturalistas artistas, podemos ya liberarnos de pretextos argumentales y centrarnos en nuestro interés por la obra literaria de Queipo. Y podemos hacerlo observándola como el personal producto de un científico observador y metódico de vocación humanista y artística.

Xavier Queipo es médico y biólogo de formación, viajero y analista circunstancial y poeta de vocación, por lo que el trasunto de sus relatos literarios suele ofrecer una interesante visión del mundo a través de los ojos de un naturalista crónico.

"O paso do Noroeste" constituiría el acercamiento de Queipo a los libros de viajes que inspiraron las novelas navales en las que se sustentan las creaciones de O'Brien, pero lo cierto es que, en contra de la creencia popular, O'Brien fue poco viajero y magro navegante en vida, prefiriendo sumergirse en mares de archivos y cuadernos de bitácora, mientras que por motivos profesionales y vocación viajera Queipo navegó por los mares del norte y visitó distintos rincones del mundo para incitar su imaginación de ávido lector.

"Las Aventuras del Capitán Duchesnoy" nos aportarían una revisión muy notable de este tipo de lecturas, con el aliciente de venir de la mano de un experto viajero marítimo y literario. En esta obra (traducción del gallego de O paso do noroeste, 1996), tal y como nos describe la reseña editorial, el autor nos transporta a la cubierta del navío L'Épée, en su periplo desde Bretaña hasta la Bahía de Hudson, en Canadá. 

Una expedición científica parte de Brest con el objetivo de descubrir el ansiado Paso del Noroeste, vía marítima que ha de unir los océanos Atlántico y Pacífico por el hemisferio norte. A partir de un relato de aventuras marítimas, que contiene los elementos clásicos del género, incluidas tempestades épicas y encuentros con civilizaciones desconocidas, monstruos marinos y naturaleza en estado puro, el autor conforta sutilmente las ideas de la Ilustración republicana, representadas por el naturalista Jean-Baptiste de Lille et Mirabeau, con las ideas de la Monarquía absoluta, defendidas por el artistócrata capitán, Jean Christophe de Simonet, Barón de Duchesnoy.

Mientras en la Metrópili estalla la Revolución, a bordo de L'Épée continúa instaurado el orden del Antiguo Régimen, mas el viento de la razón va desplazando paulatinamente a la estricta aplicación de las ordenanzas militares de La Royale. El narrador-compilador completa el texto con una serie de notas científicas y curiosas sobre temas tan apasionantes como "el tránsito de las arañas de un tejado a otro", la muerte masiva de narvales en la isla de Disko, el uso de brazaletes anti-hemorrágicos por los inuits o la explicación de las lluvias sanguíneas observadas en la isla de San Miguel, en el archipiélago de Azores.

Ha sido reconocida por la crítica como la mejor novela de tema marítimo escrita en gallego. Xavier Queipo, biólogo de profesión, navegó repetidamente entre 1984 y 1994 por los mares de Terranova, atravesó el Círculo Polar Ártico e hizo varias escalas en las Islas Azores.


Descubrí a Queipo a través de una de sus primeras publicaciones, "Contornos. Apuntes de filosofía natural" (Edicións Xerais de Galicia, Vigo, 1995) en un momento oportuno, aconsejado por un amigo común conocedor de los temas abordados por mi tesis doctoral, y me vi atrapado por la constatación de que todo científico naturalista aborda los hechos científicos desde la fascinación ejercida por cualquier relato plagado de preguntas y preñado de posibles respuestas.

No sólo la botánica y la zoología alimentan los pretextos narrativos de Queipo, sino un conocimiento profundo y apasionado de los recursos propios del discurso y la narrativa científicos, estableciendo un juego inteligente y crítico entre lo real y lo ficticio.

Creo que era el Holden Caulfield de "El guardián entre el centeno" quien afirmaba que un buen libro es aquel que te empuja a desear telefonear al autor tras terminarlo.
No recuerdo haber sentido dicho impulso respecto a Salinger, pero sin duda algo similar se me pasó por la cabeza  tras leer la pequeña y exquisita recopilación de textos de "Contornos", cosa que se repitió sucesivamente con "Mundiños" (Edicións Xeráis de Galicia, Vigo, 1996), "Ártico" (Edicións Positivas, Santiago de Compostela 1990) o la irónica crítica metodológica de "Manual de Instruccións" (Edicións Xerais de Galicia, Vigo, 1999) jugando con estilos de redacción normalmente ajenos a lo que se espera en escritos estrictamente literarios o poéticos, algo que también ofrecería en algunos pasajes de "Os ciclos do Bambú" (Galaxia, Vigo, 2004).

Reconozco haber postergado la lectura de algunas de sus novelas más acordes al estándar habitual, como "Malaria Sentimental" (Sotelo Blanco Edicións, Santiago de Compostela 1999) o su plausible secuela (para mí "precuela", dado que la leí con anterioridad) "Os Kowa" (Galaxia, Vigo 2016).

Ambas novelas adoptan el formato de aventura de supervivencia en tierras exóticas, siguiendo las pautas marcadas por Defoe en su Robinson Crusoe, actualizadas a un punto de vista precozmente mileniarista y fatalista sorprendentemente no pesimista o fríamente esperanzado.

Todos estos escritos están plagados de anotaciones científicas, de curiosidades y datos de vocación enciclopédica que a menudo esconden ficciones bien disfrazadas de la misma manera que la información naturalista veraz adquiere tintes poéticos en un estilo rotundamente personal. 

Queipo tiene claro que la vocación científica surge normalmente de evocaciones literarias, aventureras o puramente poéticas, más deudoras de Verne o Salgari que de Darwin o Sir Joseph Banks.

Es fácil comprender, conociendo la obra de Queipo y su trascendencia para las letras gallegas y universales (si es que alguien quisiera darse cuenta en alguno de los países peninsulares que habitamos) que le concedamos el peso y la influencia tan fundamental en los contenidos habituales de este blog, en la necesidad de fundir los discursos artísticos y científicos en una productiva retroalimentación.

Pero nos quedaríamos cortos si nos limitásemos a otorgarle un puesto honorífico como creador de naturalistas de ficción (un protagonista sin nombre, como los personajes de Clint Eastwood en la filmografía de Leone, atendiendo al protagonista botánico y entomólogo accidental de "Malaria Sentimental" y "Os Kowa"), y hemos de reivindicarlo como creador de ficción de naturalista, y, consecuentemente, como naturalista a caballo entre la realidad y la ficción, lo que le otorga sin duda una visión profundamente interesante del mundo, que a sus ojos no se distingue entre mundo natural y mundo a secas.

Y es que deberíamos destacar, por encima de cualquier mérito de la obra de Xavier Queipo (que no únicamente comparte el carácter antrozoológico que caracteriza a El Animal Invisible) que disecciona los otros grandes temas que sustentan nuestro propio discurso: la imagen y el lenguaje.

No sólo evidencia su amor por contar historias, sino por el propio lenguaje y por su manifestación "material", las lenguas. Si nos ha fascinado el cuadro dentro del cuadro tanto como la literatura dentro de la literatura (o el cine dentro del cine, como a Trouffaut), también lo ha hecho el metalenguaje y las relecturas entre diversos sistemas de percepción.

La traducción y el tránsito implícito entre diversas percepciones de la realidad justifica argumentalmente la fascinante La historia de tu vida (Story of Your Life) de Ted Chiang, en la que se basa el guión del la película "La llegada", sobre la premisa de que cada lengua implica una diferente percepción del mundo, de la realidad y del tiempo, y que el lenguaje de los invasores extraterrestres nos puede capacitar para ver el futuro y el pasado como una línea abarcable y simultánea.

Xavier Queipo no sólo se ha atrevido (junto a María Alonso Seisdedos, Eva Almazán e Anton Vialle) a traducir el Ulises de Joyce (un siempre difícil trabajo que les valió el premio nacional de traducción) sino a hacerlo también con "Alice in Wonderland" y "Alice through the mirror" de Lewis Carroll, otro de nuestros referentes fetiche por su trascendente relación con la lógica de la imagen y la palabra y como teórico (y artífice) pionero de la fotografía.

Por si fuera poco, en una de sus más notables novelas, "Papaventos" (Xeràis, Vigo, 2001, traducida recientemente al inglés, por cierto) Queipo afronta una perspectiva oportuna y mordaz acerca de la relación entre lenguaje, realidad e imagen al abordar un argumento fascinante: si José Saramago ya establece una insuperable metáfora entre existencia y percepción a través de su "Ensayo sobre la ceguera", Queipo, al tanto del hecho real de que su traductor al inglés padecía ceguera progresiva, construye una ficción realista e inteligente que desentraña la naturaleza del material con que construimos nuestra realidad sobre nuestra propia intrahistoria.
Y aunque en esta ocasión el protagonista es hombre de letras y profesional de la traducción, la historia está plagada de referencias y personajes descritos desde la perspectiva propia del estudioso de las ciencias naturales, constatando un advenimiento antrozoológico propio de la cultura del tránsito de milenio, afectada por la ausencia de animales salvajes cercanos y fascinada por la evocación de su presencia, en un razonamiento que nos recuerda a los planteados por Joan Fontcuberta en "Ciencia y Fricción".

Es destacable la plácida amargura de una visita al zoo, la resignada búsqueda de referentes mediatizados, como la imagen del osos panda y su asociación a las enseñanzas de Stephen Jay Gould, pero no es más que una introducción sutil a una avalancha de analogías zoológicas irrefrenables sobre la propia condición del animal humano una vez desprovisto del sentido de la vista en el que se sustenta la cultura que lo distingue como tal. "Ciego como un topo. Como un lagarto albino y cavernícola. Como un pez sin ojos que habita en los laberintos cársticos".

La prosa de Saramago se convierte en un biotopo particular al que el protagonista se ha de adaptar (un biotopo, para más inri, peculiar y difícil, desprovisto de signos de puntuación ni asideros naturales) en un tiempo récord y limitado antes de verse imposibilitado para acceder a nuevos hábitats literarios, hasta ahora sus hábitats naturales. 

Mientras tanto, por su vida cotidiana transitan personajes amantes de los delfines como forma de situarlos socioculturalmente, y otros definidos por su aversión a éstos, a los delfines y a los amantes de los delfines ("esa tendencia a la bobería-naturalista tan extendida en California, tan destructora de vidas y augurio de catástrofes mileniaristas"), descritos con equitativa aversión.

Igualmente describe con precisión quirúrgica los aspectos clínicos y psicológicos de la vista y la visión, de la percepción cromática y la óptica del ojo abordada desde los laberintos de la memoria. Queipo concede tiempo a la reflexión sobre la condición animal del ser humano como animal domesticado en cuanto que domesticador de animales, fascinado por la magia evocadora de los animales portadores de atributos feéricos, por los insectos luminiscentes o por los escarabajos luchadores que convierten en trofeos a sus hembras.

Encabezamos este artículo con una ilustración de nuestra propia autoría que bien podría evocar los infiernos selváticos habitados por los Kowa o por los guerrilleros de Camboya, por especies animales y vegetales hostiles para el hombre desubicado que transita las páginas de nuestro naturalista escritor. Éste bien podría exponer sus precisos conocimientos sin distorsiones dramatizantes pero a menudo se niega, rebelde, a ello, consciente del poder evocador de las narraciones naturalistas frente a las exactitudes científicas que tanto gusta distorsionar, ora imperceptiblemente, ora con descarado desparpajo.

Tan amante del rigor enciclopédico de Verne como reivindicante de las distorsiones pseudonaturalistas de Burroughs, tan heredero de los relatos de Brehm como de la ciencia ficción de Wells.
De hecho, su propio hombre invisible tiene mucho que aportar y nos señala que el autor, lejos de querer ofrecer propuestas originales por su novedad, sabe que cuenta con inmediato interés sencillamente trasladando a su realidad y reinterpretación las lecturas que despertaron su reflexión por poderosas razones. Si han leído el Don Juan de Torrente Ballester, comprenderán a qué me refiero.

Ya lo dijimos en una ocasión y lo reiteramos ahora: les invito a descubrir el naturalismo de ficción y la ficción del naturalista Xavier Queipo.

Mafa Alborés



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HACIA LA NARRACIÓN ÉPICO-NATURALISTA DE BREHM. EL GRABADO DE IMÁGENES DE ANIMALES y la llegada de la fotografía.

 

Enlaces de interés:

https://prezi.com/vtw9dqwqv5q-/xavier-queipo-nomada/#

https://gl.wikipedia.org/wiki/Xavier_Queipo

http://xavierqueipo.gal/

https://mafa-elanimalinvisible.blogspot.com/search/label/Xavier%20Queipo

 

lunes, 12 de junio de 2017

Naturalistas de ficción (IV). Las Ballenas de Stephen Maturin. Charles Darwin y Stephen Maturin como estereotipos del naturalista (cuarta parte)


(continúa de la entrada precedente)





Sugerente interpretación gráfica del personaje de Stephen Maturin a cargo de la ilustradora Irene Andreà Di Donato.


Maturin por Lukael
La medicina del Dr Maturin lo llevó por el mundo entero a bordo de los diferentes barcos (muy especialmente la fragata Surprise) que fueron asignados como capitán a su amigo Jack Aubrey, inspirado éste por personajes reales como Lord Cochrane o Edward Pellew. Otros presonajes sirvieron como fuente de inspiración a Patrick O'Brian para su capitán Aubrey, como el mismísimo Lord Nelson, o también James Cook. De estos últimos destacaríamos no sólo su pericia naval sino su origen relativamente modesto del que difícilmente habrían sobresalido sin sus méritos marinos, pero también su perseverante aplicación de metodologías científicas a diversos aspectos de la navegación.

Además, muchos de estos personajes mantuvieron una estrecha y significativa amistad con los cirujanos de abordo quienes, por otra parte destacaron por ser algo más que simples sanadores, mostrando inquietudes científicas de "auténticos médicos" (el término cirujano, más específico y con connotaciones de mayor categoría profesional en la actualidad, designaba antaño a personas con ciertos conocimientos anatómicos para realizar curas y cirugías generales relativamente sencillas, por lo que la expresión era prácticamente sinónima de "dentista" y "barbero"). Hay que decir que todos estos ilustres personajes reales también sirvieron de inspiración para Horatio Hornblower, el navegante creado por  Cecil Scott Forester y que también tuvo cierta influencia en el Aubrey de O'Brian e incluso una época de coexistencia.

Horatio Hornblower es un personaje ficticio, creado por Cecil Scott Forester en 1937, protagonista de una serie de once novelas y dos relatos de ficción que narran sus vivencias como oficial de la Marina Real Británica durante las guerras napoleónicas, desde finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX.
En 1951 el actor Gregory Peck interpretó el papel de Hornblower en Captain Horatio Hornblower, adaptación sintética en una sola película de tres novelas: Happy Return,1 A Ship of the Line y Flying Colours. La película fue titulada El hidalgo de los mares en España y El conquistador de los mares en Hispanoamérica y fue reeditada en 2007 en formato DVD.


Muchos de estos personajes reales incluso aparecen en las ficciones de ambos escritores para fortalecer la credibilidad realista de sus creaciones a la vez que para desvincular a los personajes de sus referentes. Ambas sagas literarias gozaron de gran éxito y de adaptaciones a la pantalla (una serie de 8 episodios en el caso de Hornblower, y el film de Peter Weir en el caso de Jack Aubrey). Lo que hace que la saga de O'Brian supere en número de libros, éxito y trascendencia a la de Forester es el magnético carisma de la pareja protagonista, concebida a la manera de Sherlock Holmes y John Watson, complementaria y antagónica, aunque con ciertos matices, como hemos comentado y seguiremos haciéndolo.

Acabamos de hacer un breve apunte sobre los personajes reales en los que se basa el personaje del capitán Aubrey, pero, ¿Qué decir acerca de Stephen Maturin?.

Al inicio de las entradas sucesivas dedicadas a Stephen Maturin como ejemplo de naturalista de ficción, recomendábamos el interesante repaso a doctores de ficción literaria a cargo de Borys Surawicz y Beverly Jacobson en su libro "Doctors in fiction" . Encontramos pistas sobre la cuestión que tratamos hoy en el extracto introductorio de esta obra:

Los médicos son actores clave en muchas obras bien conocidas de ficción y literatura, presentando una visión vital de las preocupaciones sociales, médicas, científicas y éticas de sus autores y lectores. Sin embargo, a menudo los profesionales de la medicina no tienen tiempo para explorar esas percepciones culturales de su profesión y, por extensión, a pesar de la medida en que las opiniones de sus pacientes y de la sociedad han sido -y todavía son- conformadas por ellos.  

Doctores en la ficción explora y analiza las representaciones de médicos en la ficción, abarcando la literatura clásica y contemporánea, la ficción popular, y los autores de muchas naciones y tradiciones. Éstos incluyen entre otros: Albert Camus A * Anton Checkhov A * Robertson Davies A * Graham Greene A * George Eliot A * Ian McEwan A * F. Scott Fitzgerald A * Jaroroslav Hasek A * Este libro será de interés para aquellos con un interés en las humanidades médicas, y para los estudiantes de la historia cultural y la literatura. También será de particular interés para los médicos de todo tipo que disfrutan de la literatura y desean comprender y reflexionar sobre las percepciones más amplias de su profesión.

Propongamos, pues, una modesta aportación a los contenidos explorados por Surawicz y Jacobson, y añadamos el significativo matiz que sitúa a muchos médicos más o menos ilustres a partir de finales del siglo XVII como pioneros de las ciencias naturales y de lo que hoy conocemos como biología, un nicho en el que sin duda deberíamos situar a Maturin.

En The Old Salt Blog, ofrece un breve pero interesante repaso a los principales referentes reales que podrían servir como fuente de inspiración para nuestro querido doctor en un ineteresante artículo que reproducimos (y traducimos) parcialmente, y comprobamos que se decanta por James Guthrie:



Recordando al Dr. James Guthrie, ¿El Dr. Stephen Maturin real? 
Publicado el 3 de diciembre de 2011 por Rick Spilman 


HMS Speedy 
- El Dr. James Guthrie, fue comandante y tripulante, aunque brevemente
En Facebook esta mañana,  Maritime Great Britain se unió a un post en el blog THE DEAR SURPRISE, discutiendo un post de Marion Elizabeth Diamond en el blog de  Historians are Past Caring, que planteaba la pregunta:

 "¿Fue este el verdadero Stephen Maturin?" 

 Responde a su propia pregunta con la sugerencia de que Patrick O'Brian puede haber basado su personaje de cirujano de barcos / espía, Stephen Maturin, en el médico y científico,  Augustus Bozzi Granville, que efectivamente sirvió en el servicio médico de la Marina Real. Bozzi Granville puede haber servido de inspiración a O'Brian. Siempre he pensado que O'Brian tomó prestado de la vida de Joseph Banks para sus dos personajes, Maturin y Joseph Blaine. Bozzi Geneville parece un candidato razonable, también.  

Sin embargo, no debemos olvidar al Dr. James Guthrie, quien proporcionó inspiración muy literal para el Dr. Maturin de O'Brian. Para encontrar la génesis de la serie de novelas de Aubrey / Maturin de Patrick O'Brian, veintiuna en total, uno no necesita mirar más lejos que La autobiografía de un marinero de lord Cochrane. O'Brian extrae acontecimientos en su primera novela de Aubrey / Maturin, Capitán de Navío (Master and Commander), directamente de  La autobiografía de un marinero de Cochrane. El bergantín de Cochrane es el navío de su majestad (HMS) Speedy, mientras que el de Aubrey se llama Sophie. Aubrey y Cochrane en general se parecen. El crucero de Cochrane de gran éxito en el Speedy se reproduce virtualmente logro a logro en el de Aubrey en el Sophie. El punto culminante del crucero de Cochrane es la toma de una fragata-jabeque española de 40 cañones, la Gamo, por el pequeño Speedy. En Master and Commander, la diferencia principal de la hazaña de Cochrane es que O'Brian da al barco español el nombre más colorido de Cacafuego. O'Brian mismo reconoce en las notas del autor a su novela Far Side of the World, que la primera novela de la serie se basa en Lord Cochrane y el Speedy. 

Entonces, si O'Brian toma mucho prestado de Cochrane en Master and Commander, ¿qué tiene que ver esto con Stephen Maturin y quién demonios es el Dr. James Guthrie? 

Cuando Cochrane atacó a la fragata española, Gamo, en 1801 no podía superarla, por lo que tuvo que tomar el barco al abordaje. Por desgracia, era superado en número casi seis a uno. Hizo que su tripulación se ennegreciera la cara y gritara como demonios cuando abordaran la fragata. El ataque fue tan audaz y repentino que los españoles se rindieron rápidamente. Como Cochrane necesitaba a cada hombre en las cuadrillas de embarque, dejó a una persona al timón del Speedy, el cirujano del barco, el Dr. James Guthrie. O'Brian copió la batalla en Capitán de Navío (Master and Commander) con su Dr. Maturin al timón del bergantín. Uno sólo puede imaginar a Patrick O'Brian leyendo la autobiografía de Cochrane e interpretándola a través del intrépido cirujano de la nave, tanto en cuanto a su mando temporal como, en ese momento, su papel como la totalidad de la tripulación del pequeño bergantín, y pensando, "¿no haría eso interesante a un personaje?". 

 Es improbable que el Dr. Guthrie sea la inspiración literaria del Dr. Maturin. No hay evidencia que sugiera que Guthrie fue espía ni naturalista. Sin embargo, si él no era la inspiración literaria, él parece ser la inspiración literal para el doctor de O'Brian. 

Cochrane escribe de Guthrie:

 -El doctor, el señor Guthrie, que, soy feliz de decir, sigue viviendo para leer este registro de su galantería, se ofreció a tomar el timón, dejándolo así durante ese tiempo como comandante y tripulante del Speedy, la orden de abordaje fue dada, y en pocos segundos todo hombre estaba en la cubierta del enemigo - una hazaña que se hizo más fácil en tanto que el doctor colocó el Speedy borda con borda con admirable habilidad. 

En su despacho al Almirantazgo Cochrane menciona al Dr. Guthrie: 

(lo) reconozco gustosamente, así como la atención asidua, hábil y filantrópica del señor Guthrie el cirujano, a los heridos. 

El Dr. James Guthrie se retiró a Newburgh, North Fife en Escocia y construyó el Guthrie Lodge a orillas del río Tay. Murió a los 82 años, en 1862. 

Su obituario del diario Fifeshire 11 de diciembre de 1862, Newburgh:

 El fallecido Dr. Guthrie - El funeral de James Guthrie, Esq., M.D., de la Armada Real tuvo lugar aquí el lunes, a las 2.30 P.M. Una gran asistencia acompañó sus restos al Cementerio. Hemos observado entre los presentes, al Sr. Wemyss, M.P., y R. Cathcart, Esq. De Pitcairlie. El Dr. Guthrie era ampliamente conocido en Fife, donde actuó durante muchos años como Juez de Paz. No nos aventuraremos a relacionar lo que hemos oído hablar de los muchos hechos heroicos que realizó durante sus singladuras marinas. Pero podemos decir que poseía dignidad sin aspereza y familiaridad sin mezquindad, que exigía el respeto de todos los que lo conocían. Su benevolencia no tenía límites, y entre los pobres y necesitados de este lugar se lamentará mucho. [Nuestros lectores recordarán que Lord Dundonald, (Thomas Cochrane), en su autobiografía, rindió notables cumplidos a la habilidad náutica, y la audacia de un marinero.

Sin duda no podemos dejar de mencionar, como muy bien apunta , a Sir Joseph Banks como inspiración tanto de Stephen Maturin como su jefe en los servicios secretos Sir Joseph Blaine, del que extraemos un extracto de aubrey-maturin wikia:


Sir Joseph Blaine es el superior de Stephen Maturin en el Centro de Inteligencia Naval Británica. Es un gran naturalista y al igual que Maturin es miembro de la Royal Society, con un interés particular en la entomología, especialmente en los escarabajos.
Blaine aparece por primera vez en Capitán de navío cuando arregla que Maturin reciba una posición honoraria como capitán de navío para la captura del tesoro de la flota española. Posteriormente es en gran parte el responsable de dirigir varias misiones secretas para que Stephen las lleve a cabo, y que éste acepta sin recibir ninguna retribución material. Blaine es retratado como un hombre grande, pálido, un experto criptógrafo y un caballero de discreción impasible, que muestra poca emoción excepto cuando se excita por un raro ejemplar de escarabajo o un espectacular golpe de inteligencia.
Blaine tiene personalmente un genuino respeto y admiración hacia Maturin, a quien recibe regularmente en su casa privada en el Shepherd Market (en el barrio residencial del Oeste de Londres, al este de Hyde Park, entre las calles Curzon Street en el lado norte y Piccadilly en el sur). En Trece salvas de honor y La goleta Nutmeg la amistad personal de Blaine y Maturin juega un papel importante tanto en las complicaciones financieras de Stephen como en su resolucione. En Operación Mauricio Blaine contempla el matrimonio (y brevemente) el retiro, pero luego en El reverso de la medalla abandona ambas ideas.
Aunque Blaine trabaja en el Almirantazgo, al parecer no tiene ningún título oficial, y de hecho tanto él como su posición parecen ser invención de Patrick O'Brian aunque podría estar en cierto grado basado en la vida real de Sir Joseph Banks.

Sir Joseph Banks (13 de febrero de 1743 - 19 de junio de 1820) es un naturalista, explorador y botánico inglés que viajó junto con Cook en su primer gran viaje (1768-1771). Unas 75 especies llevan el nombre de Banks incluyendo el género Banksia L.f.. Fue el primero en introducir en Occidente los eucaliptos, acacias y mimosas.
Entre 1778 y 1820 fue el presidente de la Royal Society, sociedad de la que Stephen Maturin y Sir Joseph Blaine fueron miembreos en esos años.


De todos modos, yo insistiría en el parecido que el talento navegante y humilde origen social guarda Jack Aubrey con James Cook, cuya sombra está presente en todos los libros de O'Brian sin que  se le mencione prácticamente en ninguna ocasión, y no sólo por sus interesantes estudios y publicaciones sobre higiene y, alimentación y medicina naval, en clara analogía con Maturin, sino por su tesón e insistencia en el seguimiento del método científico y en la importancia de la astronomía y las matemáticas para la navegación y la cartografía, algo siempre presente en el carácter de Jack Aubrey, cuya estrecha amistad con Maturin sería comparable a la del propio Cook con  Charles Green y otros científicos que le acompañaron.

A juzgar por tan concienzudos referentes, y teniendo en cuenta la experiencia de O'Brian como traductor e historiador documentalista, uno podría pensar que él mismo constitía una cierta encarnación de ambos personajes, especialmente de Maturin por su ascendencia irlandesa y su tendencia a introducir episodios que ilustrasen sus conocimientos sobre historia natural. Al saber de sus estancias en las islas baleares, y suponiéndolo un acomodado intelectual ingés, muchos aficionados a sus libros lo suponen un consumado navegante a vela que vuelca su afición en sus páginas llenas de admiración por la edad de oro de la navegación impulsada por el viento. De hecho, muchos de sus lectores pertenecen a este grupo y procuraban llenar los momentos de ocio a bordo con la presencia de sus libros, pero lo cierto es que O'Brian, aunque decía haber cambiado su apellido para honrar su ascendencia inglesa, era enteramente británico y apenas había navegado, por lo que, pese a su deslumbrante despliegue de terminología naval, era un simple aficionado imaginativo, inteligente y bien documentado.
Por ello nos sigue asombrando su capacidad para ilustrar un decisivo momento histórico para las expediciones científicas y su clara concepción acerca de su importancia, y podríamos pensar que la coherencia histórica de sus relatos en incuestionable incluso en lo referente a cuestiones de carácter zoológico, pero lo cierto es que no es exactamente así.

Creo que es el momento de ofrecer mi aportación más personal a toda esta disertación, y lo haré precisamente a través de una de las especies animales más importantes en cualquier saga literaria naval, tanto por su carácter simbólico como por su importancia comercial y económica durante la época histórica que nos ocupa. La hemos dejado deliberadamente para el final:

 
    
La ballena azul


En la Isla de la Desolación, el Doctor tiene la oportunidad de ver una ballena azul (Balaenoptera musculus, longitud promedio de 90 pies, más de 100 toneladas de peso). Cuando el animal nada más allá de la nave, el Doctor sólo ve una parte de ella mientras se enrolla para respirar. La mayoría de las ballenas gastan sólo el 5% de su tiempo en la superficie del océano. Cuando necesitan respirar, y las ballenas son mamíferos - sangre caliente, respiración aérea,  apenas utilizan un movimiento ascendente para exponer su nariz (espiráculo) sobre el agua para espirar e inspirar de nuevo.  

Esta especie particular de ballena es el animal más grande, más masivo que jamás haya vivido, más masivo que los dinosaurios más grandes. Las ballenas azules son una de las ballenas misticetas (ballenas sin dientes). Tienen hojas de barbas/ballenas colgando de su mandíbula superior en el lugar de los dientes. Y los usan para filtrar su comida. Principalmente crustáceos muy pequeños llamados krill. Viven en los océanos del norte y del sur, alimentándose de estos krill que pueden alcanzar grandes números en el verano. A finales del otoño, invierno y principios de primavera, las ballenas no comen, sino que viven de las calorías almacenadas en su grasa. Por supuesto, es esa grasa la que ha convertido a las ballenas en una presa para los humanos.Aquí es donde voy a dejarte, de pie junto a la barandilla con el doctor Maturin mirando las maravillas naturales del mundo. El capitán Aubrey está detrás de nosotros realizando asombrosas hazañas navales. Se nos dice que Patrick O'Brian ha muerto, pero el capitán Aubrey y el doctor Maturin no pueden morir. Son dos de los inmortales como Don Quijote o Sherlock Holmes. Ellos vivirán para siempre.

Son varias las cosas que querríamos añadir al comentario de Wanda Finch a su paseo por el Museo de Historia Natural. Para empezar, dado que siempre nos hemos mostrado cercanos a las artes aplicadas al servicio de los recursos expositivos museísticos, especialmente en cuanto a dioramas y reproducciones escultóricas se refiere, hemos de señalar que Finch expone su comentario ante una de las reproducciones naturalistas más grandes jamás construidas e icónicamente célebres. 


Se trata de una de las estrellas del famoso museo neoyorkino . La ballena azul está considerado el animal más grande que jamás haya existido, pero su condición de animal marino dificulta su contemplación directa y al completo, por lo que reproducirla con exactitud a escala real no sólo da una impresionante idea de sus proporpociones descomunales, sino que mejora la experiencia incluso de contemplar un ejemplar varado, puesto que su forma natural se ve alterada fuera del agua, sin flotación y deformada por su propio peso sobre el suelo. Con estas premisas fue realizada su instalación y es una de las piezas más omnipresentes y fotografiadas del museo. 


Como ya había pautado tradicionalmente la instalación de esqueletos de ballena en este tipo de espacios, la pieza cuelga del techo para invitar a imaginar su paso sobre nuestras cabezas en plena inmersión submarina.
Si bien todas las ballenas reclaman la atención de cualquiera debido a su tamaño, lo cierto es que estos rorcuales azules son los mayores, lo que añadido a su talante pacífico los convierte en víctimas predilectas de los balleneros desde hace siglos, a excepción, tal vez, de los cachalotes, los mayores odontocetos (ballenas con dientes) de carácter más violento cuando son forzadas a defedenrse, especialmente las hembras con crías aisladas de la manada o los machos que lideran estos grupos. El motivo para preferir la captura de los cachalotes a pesar de su carácter más irascible ha sido siempre estrictamente económico, por la enorme cantidad de espermaceti, grasa cerosa de gran calidad, acumulada en sus abultadas cabezas para regular su flotación. El advenimiento de la era industrial y el progresivo aumento de la presencia de máquinas en las fábricas, motivó la creciente demanda de aceites lubricantes y combustibles para el alumbrado, que antes de la masiva explotación de los conbustibles fósiles recaía en la industria ballenera, que además ofrecía gran variedad de productos a partir de su carne, su piel, sus huesos o sus barbas (ballenas) filtradoras. 

Herman Melville dio buena cuenta de ello en Moby Dick, y lo hacía en el contexto histórico en que las narraciones acerca de estas arriesgadas expediciones especializadas en la persecución del peligroso cachalote lo identificaba con el leviatán y otros monstruos marinos inspirados en leyendas y mitos.

 Nathaniel Philbrick, realiza un interesante estudio sobre las diferentes versiones del hecho real que inspiró a Melville, y además nos ofrece una interesante incursión a la sociedad matriarcal y mercantilista de las poblaciones americanas, como Natucket o Cabo Cod, consagradas a la industria ballenera. Es una lástima que la versión cinematográfica de Ron Howard ignore todos estos aspectos y se centre en los tópicos enfrentamientos entre los marinos de oficio y los de privilegio, además de en el monstruoso ensañamiento del animal marino (en el relato real, queda claro que el cachalote protagonista muere a causa de su primer ataque, y el infierno subsiguiente se debe a la mera supervivencia de los náufragos en la inmensidad del océano). 

Sea como fuere, parece bastante claro que al menos una buena parte del público sin conocimientos profundos de biología no confunde los términos que designan a los diferentes tipos más importantes o conocidos de grandes ballenas, pero (y me llama la atención que Wanda Finch no lo mencione) en los libros de O'Brian se producen frecuentes confusiones entre "rorcual", "ballena azul" y "cachalote". 

Lo que normalmente se refiere acerca del rorcual (incluso en boca de un veterano ballenero, el sñor Allen, alistado como contramaestre para asesorar la misión de perseguir un navío dedicado al pillaje de barcos balleneros) se correspondería en realidad con los cachalotes, y repetidamente los rorcuales parecen designar a las ballenas más peligosas y violentas, armadas de dientes, cosa que no sé si se debe al afán de O'Brian por reproducir las frecuentes confusiones que existían en la divulgación naturalista de la época, a un error de traducción o a una confusión del propio O'Brian, bastante incoherente con su riqueza documental. La verdad es que algunas de las obras más completas y profusamente ilustradas incluso en tiempos de Maturin, que menciona a menudo a Cuvier como uno de sus referentes, versan sobre mamíferos marinos. 

Por lo tanto no acabamos de comprender bien a qué se deben las flagrantes confusiones que aparecen, especialmente en "La costa más lejana del mundo", precisamente el libro que inspiró el título de la película de Peter Weir basada en la saga literaria y que reproduce libre y parcialmente ciertos aspectos del argumento, como la persecución de un barco (americano en el libro, francés en la película) que practica el pillaje sobre los balleneros ingleses.
La información que aporta Allen es en general coherente, pero disociada de las especies correspondientes. Es como si O'Brian se hubiese documentado y luego se hubiese hecho un lío con los nombres de las diferentes especies y tuviese serias dificultades para retener sus rasgos distintivos.

Uno de los errores populares más frecuentes (y que sorprendentemente afecta al erudito O'Brian) tiene que ver con un valioso producto asociado a las ballenas: el ámbar gris, una sustancia rara y por tanto muy valiosa de la que en los libros se ofrece información que denota un intensa documentación pero una cierta confusión y falta de comprensión por parte del autor, por más que se refiera a él en boca de un especialista como Allen:

"-Naturalmente uno puede encontrarlo en la playa, si tiene suerte (...). Pero, de todos modos, procede de la ballena.
-Pero ¿Porqué el ámbar gris no se encuentra en las altas latitudes, donde las ballenas son extraordinariamente gruesas?
-Porque sólo las azules tienen ámbar gris, y no llegan a las aguas del norte. Las ballenas que hay allí son las ballenas de Groenlandia y los malditos rorcuales."

No me extenderé explicando las particularidades sobre el ámbar gris, dado que lo explicamos en su día en una entrada específica, pero en resumen proviene de enquistamientos intestinales producidos por los picos de los grandes calamares ingeridos por los cachalotes, que segregan una sustancia cerosa para poder evacuarlos sin dañar el tracto digestivo, según se cree. El caso es que son expulsados con los excrementos y sólo tras mucho tiempo de absorber el aroma marino y petrificarse adquieren un alto valor comercial en perfumería. No se extrae de las ballenas, sino que se encuentra flotando a la deriva o varado en la costa. Sólo los grandes odontocetos como cachalotes y orcas consumen grandes calamares, y son los cachalotes a quienes se atribuye la producción accidental de dicha sustancia, algo imposible para las ballenas azules, animales filtradores de krill, y por cierto, una de las especies de rorcuales, por lo que el discurso de Allen resulta extrañamente incoherente, ya que no sólo les atribuye la exclusividad de producción de ámbar gris, sino que las excluye como rorcuales y atribuye (ya lo comprobaremos más adelante) toda la fiereza y peligrosidad a "los malditos rorcuales". 

"Tal vez las ballenas azules se comen el ámbar gris en el lecho marino -dijo Jack-, pero las de Groenlandia y los rorcuales no pueden, porque hay muchas barbas de ballena en medio"
"-Tal vez -dijo Allen-. Pero nuestro cirujano piensa que se forma en las propias ballenas, aunque no sabe cómo. Le desconcierta su aspecto de cera y que parezca una materia no animal."
"-¿Lo encontró cuando examinó el vientre de las ballenas? -inquirió Stephen."
"-Muy poco -respondió Allen-, y sólo en una. No podíamos buscarlo en muchas de ellas porque a casi todas les quitábamos la grasa cuando aún estaban en el mar."
"-Nunca he visto el ámbar gris -dijo Mowett-. ¿Cómo es?"
"-Es una masa redondeada de color oscuro con motas claras o gris mármol -dijo Allen-. Tiene el aspecto de la cera, no pesa mucho y tiene un olor penetrante. Poco tiempo después de recogida se toma un color más claro, se pone mucho más dura y adquiere un sabor dulce."
"-La comida favorita de Carlos II eran los huevos con ámbar gris -dijo Martin."
"-Creo que vale su peso en oro -dijo Pullings."


Queda claro que el escritor ha consultado documentación o posee ciertos conocimientos acerca del tema, pero no parece tan claro si ofrece toda la información de forma deliberadamente confusa para reflejar el desordenado aluvión de datos poco sistematizados que engrosaban las enciclopedias de la época de tránsito entre los siglos XVIII y XIX o la ambigüedad de todos ellos se le contagia y no acaba de saber a ciencia cierta de qué se trata, aunque sí queda bastante claro que el motor que empuja a la presencia de personajes con aspiraciones científicas a estudiar la anatomía de las ignotas especies marinas es la ambición económica, directa o indirectamente:

"Así que al abrir las ballenas para buscarlo, cuando el tiempo lo permitía, el señor Leadbetter estudiaba su anatomía (...). Recuerdo que sólo tienen dientes en la mandíbula inferior, que los dos orificios nasales se abren al exterior por uno solo que tiene una válvula, y que su cabeza es asimétrica. Poseen una pelvis pequeña y no tienen clavículas ni besícula biliar ni intestino ciego...
-¿No tienen intestino ciego? -preguntó Stephen.
-No, señor, ninguno. (...)"

Al leer este párrafo constatamos que Allen está describiendo sin lugar a dudas un cachalote, y no una ballena azul, lo cual es extraño, porque posee los rasgos físicos del ocasionalmente violento animal, y lo único que hace merecedora a la auténtica ballena azul de asociarla con los monstruos marinos es su tamaño extremo, no su ferocidad, ni los dientes (efectivamente sólo en la mandíbula inferior) que el cachalote sí puede utilizar como arma o para trocear calamares u otras presas.

Llegados a este punto, hemos de decir que el mito de las ballenas tragahombres es complicado: una ballena como un gran rorcual (de verdad, no los de O'Brian, que sin duda se corresponden al comportamiento de un cachalote o de una orca) tiene boca suficiente para albergar sobradamente a un ser humano o a varios, pero la estrechez de su garganta le impediría tragarlo entero, y al no disponer de dientes para trocearlo, la cosa se complica bastante.

Un cachalote tiene garganta como para tragar un hombre entero, pero difícilmente pasaría por la estrechez de su boca, aunque efectivamente podría trocearlo con su mandíbula dentada. El mito de Jonás es de difícil sustentación, pero, a juzgar por los libros de Patrick O'Brian, constituía el alimento de muchas supersticiones marineras, y muy especialmente para los balleneros. No es casual que la historia del guardiamarina Hollom, considerado un "Jonás" (un gafe, o un maldito) por sus compañeros de tripulación tenga lugar precisamente durante esta misma novela, en un contexto con infinidad de referencias a las ballenas y a los balleneros. El desarrollo de dicha historia no es exactamente igual que en la versión adaptada al cine de Peter Weir, pero hemos de decir que nos parece incluso mejor, más escueta y más sórdidamente poética.

Por otra parte, durante estas descripciones, los presentes comienzan a aburrirse o incluso a asquearse a excepción de Stephen Maturin, y es curioso observar que que Jack Aubrey sólo reaviva su atención al oir el nombre de Jonás, creyendo que se refieren al pobre Hollom y a los problemas de convivencia y disciplina que conlleva para la tripulación. La mención viene a propósito de que el experimentado ballenero Allen cree que "(...) a juzgar por la anatomía de la ballena azul, era una ballena de esa clase la que se había tragado al profeta, y que a veces se encontraban en el Mediterráneo."

No obstante, la confusión entre las denominaciones y características de las diferentes especies de ballena persiste irritantemente a lo largo de esta novela, dado que, aunque deducimos que para Allen los rorcuales son cachalotes, en cierto párrafo afirma que "Encontramos muchos rorcuales, que es como llamamos a las pequeñas ballenas negras". En cuanto al asunto sobre comer el ámbar gris del lecho marino es atribuíble a la ignorancia que hasta hace muy poco se tenía sobre el tema, pero en todo caso no se correspondería jamás con el comportamiento de la mayoría de las ballenas, incluídas las rorcuales, de las que se insiste pertenecen al grupo de las desprovistas de dientes y sí de barbas filtrantes.

Alguien podría pensar que, independientemente de estar o no dentados, los rorcuales tal vez presenten un comportamiento más agresivo cuando se ven cazados, y que por ello pasa por ser tan peligroso el rorcual azul, pero...dejemos que sea Allen quien se explique:  

"(...), respecto a los rorcuales, caballeros, les diré que hay cuatro tipos principales, y ninguno bueno. 
-¿Por qué, señor Allen? -preguntó Martin en tono irritado, pues no le gustaba oír criticar a un grupo tan grande de la creación.
-Porque si uno clava un arpón en un rorcual, el animal puede hacer pedazos la lancha o hundirse tanto y tan rápido que le arrastra a uno o hace desenrrollarse todo el cabo que uno tien. (...) y aunque uno, por casualidad, mate alguno o, lo que es más probable, encuentre uno muerto, como sus barbas son tan pequeñas, de tan mala calidad y negruzcas, los comerciantes no siempre las compran. Además, de cada uno se obtienen solamente unos cincuenta barriles de aceite de mala calidad." 

Bien, es evidente que en este caso se estaría refiriendo al rorcual común o tal vez a otra especie de ballena similar, y no cabe confusión con el cachalote dado que posee barbas y no dientes, por no hablar de la escasez de aceite que ofrece, que en el caso del cachalote es abundante y de gran calidad, especialmente el llamado espermaceti alojado en su cabeza. Tendríamos que comprobar si el problema es debido a una traducción defectuosa, pero en todo caso confirmamos una vez más la ambigüedad de la información que circulaba en la época sobre cualquier especie zoológica y que se prolonga hasta nuestro tiempo y el de O'Brian.

"Por primera vez pueden distinguir un rorcual por el chorro de agua que echa, pues es muy distinto del de la ballena, y por su aleta dorsal, que que se puede ver cuando se inclina para sumergirse" 

El "chorro de agua" (en realidad de aire caliente cuya humedad se condensa rápidamente al ser expulsado) es particularmente distinto en los cachalotes, por la particular ubicación asimétrica de su espiráculo, y muestra una evidente inclinación tanto cuando es contemplado perfil como cuando es avistado de espaldas o de frente), y en cuanto a la peculiarmente retrasada aleta dorsal, es mucho más obvia y similar a la de los delfines en el caso de los rorcuales y camuflada entre las características protuberancias dorsales del inconfundible perfil del cachalote, especie que, insistimos, no es mencionada en absoluto a lo largo del libro, cosa extraña en una narración que gira alrededor de las expediciones balleneras, que ya en aquella época preferían su captura sobre cualquier otra, y no en vano, Moby Dick era un cachalote.


La costa más lejana del mundo sigue la historia de las proezas de Jack Aubrey durante la Guerra de 1812. Aubrey reporta a su comandante en jefe en Gibraltar, quien lo envía al mando de la HMS Surprise a interceptar la fragata americana USS Norfolk la cual planifica atacar balleneros británicos en los Mares del Sur. Jack prepara la Surprise tan rápidamente como es posible y recluta a un nuevo oficial de derrota, el Sr. Allen. No sólo es un marinero excelente sino que también tiene un conocimiento a fondo de los balleneros, ya que había navegado con Colnett en una expedición de caza de ballenas en el Atlántico Sur. Stephen Maturin también convence a Jack de llevar a Martin con ellos, un clérigo a quién Jack aprueba y quien es infeliz con su barco actual.

Allen (llamado Michael Allen en los libros y John Allen en la película) es un marinero británico de una familia relacionada con la industria ballenera. Habiendo servido en varios balleneros (incluso llegó a navegar con James Colnett) no solo entiende su comercio sino también es un excelente pescador. Con un alto conocimiento en el área, a menudo le piden servir en barcos que se dirigen al Océano Pacífico sean éstos balleneras o no. Jack Aubrey lo elige como el oficial de derrota en la HMS Surprise en una misión en el Pacífico en La costa más lejana del mundo donde realiza un excelente labor.
En la película (Master and Commander: The Far Side of the World) es interpretado por Robert Pug, y en la misma es asesinado de un disparo en la cabeza en el abordamiento del Acheron, a diferencia del libro donde su personaje no muere.

James Colnett fue en la realidad un oficial de la Armada Real, explorador, y comerciante de pieles marítimas. Sirvió bajo el segundo viaje de exploración de James Cook.
En 1792, algunos comerciantes solicitaron al Almirantazgo que uno de sus navíos acompañara a varios balleneros a buscar lugares donde pudierana provisionarse de madera, agua y víveres en los mares del sur. El Almirantazgo dejó excedente a Colnett durante un largo período para que los acompañara al mando de la corbeta Rattler. Colnett había navegado con Cook cuando era guardiamarina y llevó la corbeta hasta el Pacífico pasando por el cabo de Hornos. Allen, el Oficial de derrota de Jack Aubrey en la HMS Surprise en novela La costa más lejana del mundo, había servido con Colnett y en dicho viaje había adquirido un enorme conocimieno de la región lo que lo convertía en una pieza clave para guiar la fragata en esos lugares.

 
   
El pico tijera



En Episodios de una Guerra, el doctor Maturin esperaba ver un skimmer (Rynchops niger, longitud promedio de 16-20 pulgadas, con una envergadura de 42-50 pulgadas).
Aquí está. Son el único pájaro con una mandíbula inferior más larga que la superior (a pesar de que las mandíbulas son de igual longitud en la eclosión, rápidamente se vuelven desiguales en ciernes. Son aves que presentan heteromaxilarfismo; es decir, que a partir de su juventud presentan el pico con el maxilar inferior más grande que el superior.).  

Se deslizan sobre el agua con la mitad inferior más larga de la cuenta cortando el agua superficialmente. Cuando el pico golpea a un pequeño crustáceo o pescado, el pico tijera aprieta firmemente la parte superior del pico. Cuando la mandíbula superior se cierra sobre su presa, el pico tijera la mueve hacia atrás y hacia abajo, entonces sin cambiarla, en vuelo ininterrumpido, extrae la captura del agua y traga su presa. Entonces sumerge el pico en el agua para continuar pescando en vuelo. Pueden comprender por qué el Doctor quería ver esta increíble actuación.

La presencia del pico tijera en los relatos del Dr Maturin constituye una muestra de los referentes enciclopedistas tanto del doctor como del propio O'Brian, quienes sin duda han hojeado los libros ilustrados que hacían hincapié en las particularidades más llamativas de las especies, tanto desde un punto de vista anatómico como de comportamiento, lo que a menudo, como es el caso, está relacionado y por lo tanto viene junto.

 Wanda Finch concluye aquí su selección de animales ilustrativos de la fauna presente en las sagas Aubrey-Maturin, al menos en relación al recorrido que ofrece como guía voluntaria en Museo de Historia Natural de Nueva York. 

Sin duda los seguidores de la saga añadirían a la lista los caballos dorados árabes, los camellos, un variado número de aves rapaces, las ratas, las llamas y guanacos, así como las vicuñas, pero, sobre todo, los mamíferos exóticos que han tenido una presencia anecdótica o significativa como mascotas ocasionales del doctor, especialmente el wombat y el perezoso, que han permanecido en la memoria de muchos seguidores de la saga que ha hecho sus propuestas gráficas para recordarlos.
En este sentido, es curioso constatar que muchas especulaciones gráficas sobre los personajes más relevantes de la serie, aunque muchas influidas por las portadas fotográficamente recreadas de las ediciones inglesas, son dignas de ser observadas. Sin ir más lejos, la ilustración con ínfulas de blasón que encabeza la web a la que hemos estado haciendo mención, da protagonismo a la gran testudo aubreii y al perezoso. 
   









Acabamos con una ficha más o menos completa del personaje y, a continuación una serie de imágenes extraídas de la red que da fé del interés que suscita el personaje entre infinidad de artistas e ilustradores aficionados que intentan poner cara al naturalista:


Maturin y Aubrey por Sairobi (en un memorable momento de la saga)
Stephen Maturin es uno de los dos protagoinstas de la serie Aubrey-Maturin junto con Jack Aubrey. Patrick O'Brian retrata su carrera como médico, naturalista y espía en la Armada Real durante las guerras napoleónicas, y la larga búsqueda de su querida Diana Villiers.

Biografía y caracterización 
Primeros años
Stephen Maturin (Esteban Maturin y Domanova), católico romano, es el hijo ilegítimo de un oficial irlandés del ejército español y de una dama catalana. Es primo del histórico Lord Edward FitzGerald. De niño vivió en Irlanda acogido por una familia de pastores de cerdo en Cahirciveen y en el Condado de Clare, y pasó su adolescencia en Cataluña, particularmente en Lleida con su abuela, en Barcelona con su tío y en Ullastret con su padrino. Recibió una educación en gran parte benedictina, enfocada en los Clásicos (habla con soltura griego antiguo y latín, y puede recitar la Eneida). Luego regresó a Irlanda y realizó estudios preparatorios en el Trinity College de Dublín y posteriormente calificó como médico en la Sorbona en París.
Estuvo en París durante el estallido de la Revolución francesa en 1789, de la que fue en primer lugar, un ardiente defensor. Volviendo a Irlanda fue miembro de la Sociedad de irlandeses Unidos y al parecer se comprometió con una mujer llamada Mona, que murió en circunstancias no especificadas. Estuvo en contra de la rebelión irlandesa de 1798 y se negó a participar.
En 1800 viajó a Menorca con un paciente que falleció allí, dejándolo sin dinero y abandonado. Un fortuito encuentro con Jack Aubrey le valió la posición del cirujano a bordo del buque HMS Sophie

Siguiendo a Jack Aubrey 
El gran encuentro visto por Jesseh Bechtold
Stephen conoce a Jack, siendo este un teniente, el 18 de abril de 1800 en Puerto Mahon en un concierto de música, y aunque Jack no tenga una primera impresión muy buena de Stephen, pronto cambia de parecer y le ofrece ser el cirujano a bordo de su primer mando. Ambos tienen muy pocas cosas en común ya que no comparten nacionalidad, religión, gustos ni personalidad, siendo su amor a la música una de las pocas cosas que comparten (Stephen toca la flauta y el violonchelo y suele ser acompañado por Jack en el violín) a pesar de todo esto de ese encuentro nace una amistad muy grande de confiansa mutua. A partir de entonces Stephen sigue a Jack en todas sus misiones y aventuras.
Maturin por Seampunk Girl
Como defensor de la independencia catalana de España, y un decidido oponente de la tiranía de Napoleón Bonaparte, Maturin mas tarde comienza a participar en inteligencia secreta, contratado por Sir Joseph Blaine, el jefe de los Servicios Secretos, quien también es un naturalista y aprovecha el caracter reservado de Stephen para convertirlo en agente secreto, Stphen acepta aunque nunca sin aceptar el pago por sus servicios. Maturin tienen mucho éxito e incluso Jack tarda en enterarse de las actividades secretas de su amigo. El papel del cirujano poco a poca va teniendo más importancia en las misiones siguientes.
Luego de la éxitosa misión de la HMS Sophie con la captura de varios presas importantes, incluída una portente fragata española, Jack y Stephen, se mudan a una casona en una hacienda inglesa donde conocen a las Williams, Aubrey cortejea a Sophie Williams (la hija mayor), aunque también es atraído a su prima Diana Villiers, al mismo tiempo, Stephen comienza a enamorarse de ella, y esto casi da lugar a un duelo entre ellos, aunque finalmente Jack se queda con Sophie, se casa con ella y se mudan a Ashgrove Cottage. Stephen tras ser rechazado por Daiana, alquila una habitación en un hotel de Londres llamado El Grapes donde recide cuando esta en tierra y lo usa para sus actividades ciéntificas, la dueña del hotel, la Sra. Broad le cuida como mejor puede, y siempre tolera su habitual desorden y su hábito de disecar animales muertos y cadáveres humanos en los placares de la posada.
Años más tarde, cuando Jack es expulsado de la Armada acusado de fraude en la bola, Stephen, quien hacía poco había recibido una más que generosa herencia de su tío catalán Ramon d'Ullastret (con quien había pasado parte de su niñez) compra la HMS Surprise con una patente de corso que le permite actuar como una embarcación corsaria. 
Maturin por Cilabub
Profundizando en el personaje
Stephen es un personaje completamente profundo, siendo reservado, idealista y muy conflictivo consigo, en cierto modo Patrick O'Brian basa el personaje en sí mismo.
Es descrito como un hombre bajito, delgado y moreno (resultado de su herencia hiberno-española y por su gusto de tomar sol), a pesar de poseer curiosos ojos azules claros, pesa 56 kg., no es muy bien parecido y esta situación empeorda al ser sumamente desordenado y descuidado en su apariencia e incluso luego de recibir la herencia le cuesta usar el dinero para complacerse a sí mismo, y esto no es por avaricia sino porque lo ve como algo malo, y claramente en cualquier circunstancia no duda en prestar dinero e incluso nunca llega a pedir una retribución por su trabajos en el espionaje.
Además de sus actividades como médico y espía, Maturin es un célebre naturalista (miembro de la Royal Society), con un interés particular en las aves, y es el descubridor de la entonces desconocida especie de tortugas Testudo aubreii. Stephen ve en su nuevo rol de cirujano naval que se le abren las puertas para explorar el mundo, pero pronto se lleva una decepción muy grande y la frase no hay ni un minuto que perder que ya es un lema en la Armada se convierte en su peor enemigo, aunque con el tiempo parece resignado y lo acepta; sin embargo hay oportunidades en que no lo corre el tiempo y puede explorar a su gusto paraísos para un empedernido naturalista como él, por ejemplo en Isla Desolación o el templo de Kunami en Trece salvas de honor donde pasa un agradable estadía en compañía de orangutanes. A bordo del HMS Worcester Maturin conoce a Nathaniel Martin, un cura anglicano y también un aficionado naturalista y se hacen buenos amigos, y compañeros en muchas expediciones. 
Por Luka Elrik
Maturin también es impulsado por su idealismo y rechazo hacía la tiranía napoleónica. A pesar de ser todo un erudito y de tener facilidad para aprender distintas lenguas (es fluido en inglés, español, catalán, francés y latín, también puede hablar irlandés, leer portugués, y tiene conocimientos de griego, malayo, árabe y urdu) tiene grandes dificultades para aprender la jerga naval y su ignorancia en el tema es usada por O'Brian para que el lector común se sienta más cómodo y pueda ir aprendiendo o al menos entender cuando la lectura se vuelve dificil. A demás tiene difultades para moverse dentro del barco y más de una vez cayó al agua al querer subir a una embarcación, normalmente es ayudado por Barret Bonden, el fiel timonel de Jack. 

Maturin es muy respetado entre los tripulantes y lo ven como un excelente médico y una persona muy sabia (entre los seguidores de Jack este respeto se incrementó tras verlo operar éxitosamente el cráneo a un paciente). Stephen tiene mucha habilidad como médico, pero tiene dificultades para actuar como dentista. A pesar de no poseer ayundantes en las primeras misiones, luego se destacó Padeen Colman, un gigante irlandés que sufre de un paladar hendido y no habla ninguna otra lengua que sea su irlandés natal y por lo tanto solo se comunica con Stephen. El reverendo Martin tras pasar mucho tiempo en su compañía adquiere muchos conocimientos y sirve como cirujano de La Surprise durante sus ausencias. 
por Humernoire
A pesar de no llegar a ser adicto Stephen suele tomar láudano (tintura de opio) la cual es su medicina favorita y habitualmente se las ofrece a sus pacientes para aliviarles el dolor. Generalmente usa la medicina para apaciguar el dolor en situaciones difíciles. Más tarde en Sudámerica va a esperimentar con hojas de coca.
Stephen, sobre todo al comienzo, llevaba consigo un diario íntimo que actualizaba constantemente, pero cuando comenzó sus actividades como espía y tenía que actuar encubierto esta actividad podía llegar a ser peligrosa, así que comenzó a encriptarlo pero luego terminó desistiendo.
Stephen es una persona muy católica (suele asistir a misa y rezar el rosario) y moral, aunque en su juventud se batió muchas veces a duelo, y es un excelente tirador. Además en sus misiones de espía no duda en acabar fríamente con la vida de rivales. 
La búsqueda de Diana
En 1802 conoce y se enamora de Diana Villiers, con quien finalmente (después de muchos avatares) se casa en 1813 o 1814. Tienen una hija, Brigid, antes de la muerte de Diana en 1815 en un accidente de carroza. A continuación, comienza una relación con la naturalista Christine Hatherleigh Wood, a quien le propone matrimonio, aunque esto queda sin resolver al final de la serie. 
Al conocer a Diana Villiers, se enamora profundamente e incluso llega a idolatrarle creando una imagen de ella casi celestial. Y a partir de aquí vemos una debilidad, Stephen se vuelve sumamente obsesionado y el hecho del rechazo le causa un continuo sufrimiento. Diana lo aprecia mucho pero no acepta su propocisión de matrimonio hasta que la circunstancias lo exigen, una vez casados a bordo por William Babbington.


Representación
Maturin fue interpretado por el actor Paul Bettany en el 2003 en la película Master and Commander: The Far Side of the World.







































http://es.aubrey-maturin.wikia.com/wiki/Sir_Joseph_Banks

http://es.aubrey-maturin.wikia.com/wiki/Sir_Joseph_Blaine

http://www.oldsaltblog.com/2011/12/remembering-dr-james-guthrie-the-real-dr-stephen-maturin/


muy poco fiable y plagado de errores:
http://es.aubrey-maturin.wikia.com/wiki/Categor%C3%ADa:Especies


http://es.aubrey-maturin.wikia.com/wiki/Aubrey-Maturin_Wiki


http://es.aubrey-maturin.wikia.com/wiki/Jack_Aubrey


http://es.aubrey-maturin.wikia.com/wiki




http://grapevine.com.au/~kwebb/MM.html

https://es.wikipedia.org/wiki/Edward_Pellew