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jueves, 6 de noviembre de 2014

El génesis según Sebastiao Salgado.


Sebastiao Salgado expone un recopilatorio de parte de su obra fotográfica, la consagrada a la naturaleza y al hombre en relación a ella, bajo el título de "Génesis". El catálogo de la exposición ha sido publicado por Taschen en un formato grandioso y lujoso, en sintonía con la contundencia de las imágenes de Salgado, y actualmente, y hasta principios de 2015, los barceloneses podemos disfrutarla en el Caixafòrum.
Desde La Voz del Animal Invisible nos sentimos obligados a dedicarle cuando menos un escueto comentario a esta exposición, que sin duda justifica como pocas los intereses divulgativos e intelectuales de nuestro espacio en la red.
Ya que se trata de un trabajo prolíficamente comentado en los distintos medios de información, dada su magnitud junto con el renombre y reputación de su autor, no pretendemos explicar nada que él mismo no haya explicado en las copiosas entrevistas que ha concedido a dichos medios, y nos limitaremos a intentar destacar aquellos detalles que más han llamado nuestra atención, como ciertos aspectos técnicos y estéticos de las fotografías y la conspicua iconicidad de algunas en particular.



Así, pues, os ofrezco una mínima selección de imágenes de esta impresionante muestra y os explico el porqué de dicha selección desde mi particular punto de vista.
Lo primero que cabe destacar en la obra de Salgado es su fidelidad al uso del blanco y negro, que en su día le servía especialmente para facilitar su control absoluto del proceso fotográfico analógico de alta calidad, además de una elección estética unánimente aceptada como sobria, clásica, sin artificios y, para muchos, más "seria" o "artística". Elliot Erwitt, entre otros consejos para aspirantes a fotógrafos, recomendaba el uso del blanco y negro como una manera de ir a lo esencial a la hora de componer una imagen fotográfica:

"El Blanco y Negro te hace concentrarte en lo esencial: luz, historia, formato, emoción e información. Tiene que ver con capturar la realidad en una estética básica, no lo que puede ser reforzado con el color. Ofrece una forma diferente de mirar las cosas." 

"(Black and white makes you concentrate on the essentials: light, story, form, emotion and information. It’s about capturing reality and the raw aesthetic, not what can be enhanced by colour. It offers a different way of looking at things.)"


Prefiero no entrar en discusiones acerca de si es preferible o más "pura" la fotografía en blanco y negro que la fotografía en color. Sería tan absurdo como pretender establecer qué es "mejor", si el dibujo o la pintura.
De lo que no cabe duda es que (y lo he constatado a lo largo de mis años como profesor de fotografía) cualquier imagen fotográfica, en su versión en blanco y negro, queda revestida automáticamente de un plasticidad peculiar que otorga una cierta seriedad a la percepción de una obra fotográfica, similar a la interpretación de cualquier obra musical por un cuarteto de cuerda. Algunos incluso podrían pensar que se trata de un recurso fácil, aunque dudo que nadie pueda tachar de fácil el trabajo de Salgado quien, pese a haberse resistido en su momento al uso de las tecnologías digitales, confiesa no tener incoveniente alguno en adaptar su metodología personal a las ventajas que aportan las nuevas cámaras y aplicaciones de edición digital.
Es en este punto donde observo a veces una cierta obsesión por el detalle como sello de calidad de una imagen fotográfica, estandarte de la maestría de su autor (o de la calidad de las ópticas que emplea), de su profesionalidad intachable, al revelar sus imágenes o editarlas ofreciendo la visibilidad nítida, bien contrastada y enfocada, de todas las áreas de la escena, desde las más expuestas a las más sombrías, salvando todos los obstáculos utilizando cualquier medio a su alcance.
En los tiempos del positivado analógico, un buen refuerzo para un óptimo acabado final consistía en traicionar venialmente la pureza del blanco y negro mediante baños viradores como el selenio, que dotaba a los grises de una cierta calidez vagamente marrón que los hacía más diferenciables de los negros, no afectados por el proceso, tornando la imagen aparentemente más contrastada, más nítida, más enfocada, mediante ese discreto bitono que no llega a traicionar la esencia de la imagen monocromática.



S. Salgado ante la edición de su serie fotográfica "Génesis"
Las fotografías de S. Salgado admiten copias de gran tamaño, incluso las reclaman, para poder disfrutar de su riqueza de detalles y texturas, aunque muchas de las más recientes no paran de remitirme a "pasos altos" y procesos de sobre y subexposición selectiva que en algunos casos rozan el límite de lo excesivo, como es el caso de la imagen que muestra una fila de pingüínos saltando desde los hielos al océano, tan nítidos que semejan un collage o un fotomontaje digital excesivamente bien acabado, otorgando un cierto onirismo hipnótico a las escenas. De hecho, la edición final de la obra en forma de libro, como ocurre con otras ediciones de autores ilustres, asume un tamaño cercano a lo impracticable para ofrecer una experiencia de inmersión en las escenas fotografiadas con tal riqueza de detalle, algo, como decimos, característico en la obra de Salgado tanto como en la línea editorial de Taschen.

El propio Salgado confiesa que el largo proceso, el viaje fotográfico a base de viajes reales por todo el mundo y su diversidad de paisajes geológicos, botánicos, zoológicos y humanos, le ha procurado una visión global de la vida y de su consciencia que abarca desde la materia tradicionalmente no orgánica hasta los seres humanos como un miembro más de la familia de lo vivo. Son frecuentes los cruces de miradas entre las criaturas retratadas y la cámara del autor, que no duda en selecionarlos como herramienta de reflexión para el espectador, tal vez recordándonos, como decía Brassaï, que no existe la naturalidad o la espontaneidad en la fotografía, dado que esta constituye un artificio y lo natural en ella es que el retratado evidencie que es consciente de la presencia del fotógrafo.



Quizás por ello me parece interesante la imagen que muestra un jaguar acercándose al agua para beber, o tal vez cazar o refrescarse, conociendo los hábitos de estos animales. En la espesura es difícil avistar un jaguar. Es más posible que él sepa de tu presencia que tener la fortuna de verlo. Esperar junto a una orilla practicable es un método normal para procurar un avistamiento, por lo que muchas imágenes de esquivos habitantes de la espesura los presentan junto al agua.
Valentín Valhonrat
Recuerdo una instalación escenográfica del Museo de Historia Natural de Nueva York que decidía mostrar así un ejemplar naturalizado de tigre y que el fotógrafo Valentín Valhonrat (en su serie "Sueño de animales") inmortalizó en una hermosa foto de formato vertical que establecía un bucle narrativo: la escenografía imita el realismo fotográfico y la fotografía de dicha escenografía imita a la naturaleza. En esta ocasión, el tigre americano es quien cruza auténticamente su mirada con la del fotógrafo.
Y, aprovechando nuestras antiguas referencias a la diferenciación entre los felinos manchados me viene al pelo la selección de la siguiente imagen correspondiente a un leopardo acercándose nocturnamente a un abrevadero, formalmente minimalista, casi teatral, en análoga actitud a la del jaguar, recordándonos las diferencias entre ambos parientes depredadores tanto como sus similitudes.


Y es que las similitudes entre especies remiten a la hermandad entre todas ellas, de las que la humanidad forma parte para bien o para mal. Son las similitudes y las diferencias las que alimentan la fascinación por los animales y por las imágenes zoológicas a las que de algún modo consagramos nuestro estudio, o cuando menos nuestra observación, aún cuando sabemos que es en lo invisible de los animales donde se deposita el misterio compartido.
Argumentábamos en relación a los comentarios suscitados por el rinoceronte de Durero entre los semióticos e historiadores del arte, que la cubierta de escamas del famoso dibujo se justificaría como un método gráfico para denotar dureza, tal y como observaba Umberto Eco, quien considera que la imitación de las estructuras de escamas de las pieles de reptiles y peces por parte de las mallas y vestimentas militares era algo suficientemente conocido para que gráficamente constituyese un recurso de ayuda a la imaginación del espectador de la época. La evocación de un guante de malla medieval en la imagen de la pata de una iguana, señala el propio Salgado al observar su fotografía, le recuerda la cercanía entre todas las criaturas vivas. La mano, tan humana, posee los mismos cinco dedos de un reptil que parece vestir un pertrecho bélico, intrínsecamente propio de belicosos humanos.


lunes, 11 de junio de 2012

Beth Cavener Stichter (imágenes y comentarios de Javier Fuentes extraídos de "El Hurgador"


Copio directamente parte de la entrada original. El resto, y un sinfín de interesantes contenidos extraídos del mundo del arte, os los recomiendo en su ubicación original "el hurgador" (Arte en la red) de javier fuentes

SÁBADO, 25 DE FEBRERO DE 2012


Cavener Stichter, Invierno ruso, Astronomía

Beth Cavener Stichter

"I am no one (No soy nadie)", 32" x 37" x 30", 2006. Fotografía de Noel Allum.
Muestra "A Modest Proposal", en la Garth Clark Gallery, New York

Beth Cavener Stichter nació en Pasadena, California, en 1972. Hija de un biólogo molecular y una profesora de arte y ceramista. Es una artista muy singular que se ha centrado en la expresión de las psique humana a través de imagenes de animales, fundamentalmente liebres, cabras y lobos. Sus esculturas están hechas de gres, trabajado sobre una armadura de metal. No te dejarán indiferente. Los textos que siguen son traducidos de su declaración artística en su sitio web, que vale la pena visitar ya que hay infinidad de trabajos para deleitarse. 

 "Olimpia", gres, porcelana, tela, 27" x 48" x 35", 2006. Fotografía de Noel Allum.
Muestra "A Modest Proposal", en la Garth Clark Gallery, New York


"A Second Kind of Loneliness (Una segunda clase de soledad)", gres, molinete de papel y mecanismo interno para respiración, 64" x 107" x 22" + molinete, 2009. Obra y detalle.
Muestra "On Tender Hooks", en la Claire Oliver Gallery, New York.
Cada 8 segundos una respiración desde la boca de la cabra hace que el molinillo gire lentamente.

"Hay instintos animales primitivos acechando en lo más profundo de nosotros mismos, esperando su oportunidad para asaltar nuestras consciencias. Las esculturas que creo se centran en la psicología humana, despojada de su contexto y racionalización, y articulada a través de formas animales y humanas. En la superficie, éstas figuras son sólo los individuos salvajes y domésticos suspendidos en un momento de tensión. Bajo esa superficie encarnan los efectos de la agresión, deseos territoriales, el aislamiento y la mentalidad de manada."

 "Premonition (Premonición)", 12" x 15" x 10", gres con engobes, 
arcilla refractaria quemada con alambre de cobre, 1999

 "A rush of blood to the head (Una oleada de sangre a la cabeza)", 71" x 56" x 18" + pedestal, 2009. Detalle.
Muestra "On Tender Hooks", en la Claire Oliver Gallery, New York.

"Is it me? (¿Ésto soy yo?)", gres, 36" x 44" x 12", 2009. Detalle.
Muestra "On Tender Hooks", en la Claire Oliver Gallery, New York.

"Las interacciones humanas y animales muestran patrones de gestos intrincados y subliminales que delatan la intención y la motivación. Las cosas que dejamos sin decir son mucho más importantes que las palabras que nos pronunciamos en voz alta el uno al otro. He aprendido a leer el significado de los signos más sutiles; una mirada, la forma en que uno se coge las manos, la tensión de los músculos en los hombros, la inclinación de la cabeza, el ritmo al caminar, y los mínimos gestos inconscientes. Confío en que el lenguaje corporal de los animales en mi trabajo como una metáfora de estos patrones subyacentes, transformando los sujetos animales en retratos psicológicos humanos."

"The Four Humours, The Choleric (Los Cuatro Humores, El colérico)", gres, técnica mixta, 45" x 45" x 11"
Muestra en Diciembre de 2010, Claire Oliver Gallery en Art Miami

"Pleasure (Placer)", gres, cinta de cuero, 30" x 33" x 17",  2006. Fotografía de Noel Allum.
Muestra "A Modest Proposal", en la Garth Clark Gallery, New York

"Quiero hacer palanca en esos bordes incómodos y difíciles de manejar entre lo animal y lo humano. Las figuras son salvajes e inquietas, expresando su frustración por la tendencia humana hacia la crueldad y la falta de entendimiento. Enredadas en sus propias luchas internas y externas, las figuras están comprometidas con los temas de miedo, la apatía, la violencia y la impotencia.
Algo consciente y conocido se refleja en sus gestos y expresiones. Una invitación y una reprimenda."

"Study for a Silent Hare (Estudio para una liebre silenciosa)", bronce, 20" x 8" x 7", 2007. 
Fotografía de Jerry McCollum 
Muestra "Apologia", 2008, en The Art Spirit Gallery in Coeur d'Alene, ID.

Info in english here.

jueves, 31 de mayo de 2012

Rinoceronte: iconografía en acción

 Está claro que tengo pendiente la tarea de unificar todas mis entradas dedicadas a la imagen del rinoceronte en una página específica de este blog, tal es la cantidad de referencias al tema en la red, en la literatura, en la historia del arte, la historia de la divulgación zoológica, la semiótica y un largo etcétera.
Si quisiésemos recopilar, además de mis propios estudios y comentarios al respecto (podeis buscar entre la relación de entradas de este blog), entradas intersantes en otros sitios web (también localizables las más pertinentes en la barra lateral de enlaces), sin duda incluiría en un solo bloque una recopilación de las entradas dedicadas a este tema por Javier Fuentes en "El Hurgador"
Recomiendo este interesante blog dedicado al arte desde diferentes perspectivas, una de las cuales, común a nuestro Animal Invisible, es la que contempla el arte como vehículo de información científica y, especialmente, zoológica. La iconografía animal nos habla de conocimientos zoológicos tanto como de inquietudes humanas, preferencias estéticas o cuestiones históricas y antropológicas.
Me tomo la libertad de copiar el post que publico a continuación porque comparto más de un parecer con Fuentes, y, sobre todo, porque reúne (ahorrándome un cierto esfuerzo de búsqueda) una serie de imágenes que hace tiempo que deseaba mostrar y me descubre tres de las que no tenía noticia. Y lo más importante: me ahorro la mención al rinoceronte azul que eludí en su momento al explicar las denominaciones "rinoceronte negro" y "rinoceronte blanco" por inexcusable pereza (aunque mencionase el tema en referencia al poder iconográfico de animales blancos y animales negros)

 

 

Rinocerontes (XIII) - Grabados

Grabados. Luchas de Rinocerontes. Caza.
Obras de Ambroise Paré
"Rinoceronte contra elefante", grabado del libro de Ambroise Paré "Des Venins (Los Venenos)" titulado "Figure du combat du Rhinocéros contre l'Elephant"
Éstos grabados pertenecen a "Les oeuvres d’Ambroise Paré ... : divisees en vingt huit livres, avec les figures & portraicts, tant de l’anatomie que des instruments de chirurgie, & de plusieurs monstres : reveuës & augmentees par l’autheur", algo así como "Las obras de Ambroise Paré..., divididas en veintiocho libros, con las imágenes y retratos tanto de la anatomía como de los instrumentos de cirugía y de monstruos varios, revisados y aumentados por el autor", publicado en París en 1985. Las reproducciones de algunas de sus páginas pueden revisarse aquí. La obra completa aquí, en web de la Bibliothéque nationale de France, donde puede descargarse completa para usos no comerciales.
Ambroise Paré (Bourg-Hersent, Laval, 1510 - París, 20 de diciembre de 1592) fue un cirujano francés, considerado el padre de la cirugía moderna. Fue cirujano real de los reyes Enrique II, Francisco II, Carlos IX y Enrique III.
"Figure du Rhinocéros armé de toutes piéces". Otra vez el rinoceronte de Durero en la variante del francés.
 
Éstas son las páginas completas, interesantes por los comentarios que hacen acerca de los rinocerontes. En francés. Traduzco libremente un fragmento: 
"Éste animal es de los más feroces que uno se puede encontrar, así que sólo se los puede capturar robándoselos a su madre desde pequeños. Los salvajes utilizan su piel contra el frío y sus cuernos son estimados por las propiedades que tienen contra el veneno; por eso los bárbaros los conservan para protegerse de los parásitos y alimañas que se encuentran por país." Click para ampliar.
Luchas en Baroda
"Lucha de rinocerontes en Baroda (Vadodara) frente al Príncipe de Gales", Ilustración en el "Illustrated London News" en 1875. Ver ficha en la Biblioteca digital de la Biblioteca Pública de New York.
He encontrado éstos grabados de las luchas de rinocerontes que se celebraban en la India a fines del s.XIX., concretamente en la ciudad de Baroda (Vadodara). Aparecidos en revistas de la época, se representan enfrentamientos de éstos animales, algunos de ellos organizados para diversión de la realeza como se indica en los pies de ilustración explicando que el espectáculo tienen al Príncipe de Gales como espectador.

"Lucha de rinocerontes en Baroda" (Vadodara), trabajo artístico de Emile Antoine Bayard, grabado en madera de Félix-Jean Gauchard
De 'Le Tour du Monde', 1870/78. La imagen también aparece reproducida en "With the World's People" de John Clark Ridpath, 1912, y en la web de la Biblioteca Pública de New York, donde se puede encontrar éste y otros muchos grabados de rinocerontes (alguno de los cuales iré aportando por aquí). En éste caso la ficha dice que está recogido de "Ridpath's universal history : an account of the origin, primitive condition, and race development of the greater division of mankind. (New York : Merrill & Baker, c1899) Ridpath, John Clark (1840-1900), Author."
Émile-Antoine Bayard (1837-1891) nació en 1837, en La Ferté-sous-Jouarre, Seine-et-Marne. Entre 1857 y 1864 trabajó en dibujos al carboncillo, pintura, acuarela, grabados y litografías. En 1864 comenzó a trabajar para revistas e ilustración de eventos de actualidad, como la Guerra Franco-Prusiana (1870-71)
A fines del s.XIX, con el creciente interés por la fotografía que desplazaba el dibujo documental, Bayard se pasó a la ilustración de novelas, incluída "Los Miserables" de Víctor Hugo, "La Cabaña del Tío Tom" de Harriet Beecher Stowe, "El Inmortal", de Daudet y "De la Tierra a la Luna", de Jules Verne. Su ilustración de Cosette de "Los Miserables" fue adaptada como logotipo para el musical de Cameron Mackintosh.
Aún cuando hubo representaciones de viajes espaciales y mundos alienígenas antes de 1865, estaban basados fundamentalmente en el misticismo, y no en la ciencia. El trabajo artístico de Bayar que acompañaba "De la Tierra a la Luna" está considerado como de los primeros ejemplos de arte espacial de naturaleza científica.

"Lucha de rinocerontes frente al Príncipe de Gales en Baroda", de "The Graphic", 1875
Journal des voyages
"Rinoceronte atacando en Tanganika", Grabado original, 18 x 22 cm., del "Journal des voyages", 1876
Por lo visto éste grabado está tomado del referido periódico, que se editaba en Francia en el s.XIX. En todo caso no he podido verificar la fuente ya que en la web de la Biblioteca Pública Francesa, aparece la colección del Journal, que se puede consultar online, comenzando a mediados de 1877. 
En todo caso el grabado, por la firma, parece ser obra de Émile Deschamps.
Samuel Howitt
"Shooting a rhinoceros (Disparando a un rinoceronte)" y
"Rhinoceros hunting (Caza del rinoceronte)"
Samuel Howitt (1756 – 1822) fue un pintor, ilustrador y grabador inglés, dedicado a los animales, caza, carreras de caballos y paisajes. Trabajó tanto el óleo como la acuarela.
Vivió sus primeros años en Chigwell, cerca de Epping Forest, Essex, dedicado a los deportes de campo. Sin embargo, a raíz de sus dificultades financieras se vio obligado a dedicarse a actividades artísticas (a las cuales, hasta entonces, sólo estaba ligado como talentoso amateur). 
 "African rhinoceros hunting (Caza del rinoceronte africano)"

"Anecdote of hunters & rhinoceros (Anécdota de cazadores y rinocerontes)"
A su llegada a Londres fue durante un tiempo profesor de dibujo en la "Samuel Goodenough's school" en Ealing. En 1783 exhibió tres dibujos coloreados con escenas de caza con la Sociedad de Artistas Británicos. Ocasionalmente exhibió en la Royal Academy de Londres. Probablemente sus exhibiciones fueron escasas debido a la gran demanda de su trabajo como ilustrador comercial.
"Rinoceronte cazado por elefantes". Tomada de aquí.
Howitt fue estrechamente relacionado con su cuñado Thomas Rowlandson, y su trabajo fue en un tiempo tomado por el de éste, pero a diferencia de Rowlandson él fue un deportista activo, y sus escenas están compuestas de manera más realista. Fue un hábil e industrioso grabador y publicó un gran número de planchas de carácter similar a sus dibujos, delicadamente ejecutadas un punzón fino.

Info in english here.
Brehms Tierleben
Alfred Edmund Brehm (1829, Unterrenthendorf, hoy Renthendorf - 1884) fue un zoólogo y escritor alemán, hijo de Christian Ludwig Brehm. Gracias a su libro "Brehms Tierleben" su nombre se convirtió en sinónimo de literatura sobre zoología.
Brehms Tierleben es un libro de referencia, publicado inicialmente en 1860.
Como escritor freelance, Brehm colaboraba en revistas científicas con ensayos y relatos de viajes. A raíz de su éxito, en 1860 se le encargó escribir una enciclopedia zoológica. Sus viajes a Abisinia, Escandinavia y Siberia ralentizaron así como enriquecieron el trabajo. Los primeros 6 volumenes de la enciclopedia, publicados bajo el título "Illustrirtes Tierleben", aparecieron entre 1864 y 1869, publicados por el Bibliographisches Institut a cargo de Herrmann Julius Meyer. Ilustrado bajo la dirección de Robert Kretschmer (1818-1872), obtuvo una amplia aprobación de la burguesía culta.
"Das Keiloa (Rhinoceros Keiloa)"
Los grabados pertenecen a Robert Kretschmer (1818-1872), y están tomados de la edición "Brehm, Alfred Edmund. 1864-69. Illustrirtes Thierleben: eine allgemeine Kunde des Thierreichs. 6 Bände.", que puede consultarse y descargarse con diferentes calidades en la sección Biblioteca de la web del Instituto Max Planck (Berlín). Corresponden al volumen II. En el caso de la última, el Keiloa o Rinoceronte Azul es la denominación de una subespecie del rinoceronte negro, como vemos a continuación.
El misterioso Rinoceronte Azul
Rinoceronte azul, de Keiloa, o de Sloan (Rhinóceros Keitloa)
Éste trabajo del artista William Stephen Coleman (1829-1904) y grabado por Dalziel Brothers, se publica en 1883 en el New illustrated natural history. (Routledge, 1883), Wood, J. G. (John George) (1827-1889), autor. También lo tomé de la colección online de la NYPL, y representa una subespecie de rinoceronte africano, hoy identificada como la variedad sudoccidental del rinoceronte negro Diceros bicornis bicornis. Según nos ilustra un forista en ésta web:
"Los primeros exploradores y naturalistas no pensaban que hubiera sólo dos especies de rinocerontes africanos. El rinoceronte azul, de Sloan o Keitloa, "Rhinoceros keitloa" (supuestamente diferenciado por su gran tamaño, tener la misma longitud en ambos cuernos y un largo labio superior) recibió su nombre en 1836, y el el rinoceronte de Oswell (también Quebaba o Kobaaba), Rhinoceros Oswelli (como simum, pero caracterizado por un cuerno anterior largo y deslizado hacia delante) en 1847. Para 1869 también se reconocía el Rhinaster bicornis de Bovili.
Así que entre los europeos coloniales del s.XIX, la taxonomía de los rinocerontes era confusa y compleja. De hecho, aún persisten: se reconocían hasta 16 subespecies en un estudio de 1965, e incluso Groves, en 1967, encontraba respaldo para siete."

"The Keitloa". Ilustración para la Historia Natural de Cassell (Vol.2), publicada entre 1883 y 1889. Como se ve es una reproducción del original de Kretschmer aparecido en el Brehms Tierleben.
La pequeña controversia suscitada por ésta especie, según nos cuentan aquí, se zanjó en en 1881 cuando el famoso explorador Capitán Frederick Selous, en un estudio publicado por la Sociedad Zoológica de Londres en 1881 en referencia a una gran colección de cuernos, demostró concluyentemente que el rinoceronte azul y el negro eran en realidad la misma especie.

martes, 29 de mayo de 2012

ranas con colmillos

Extraído de Natura Curiosa:

Ratas gigantes, ranas con colmillos y peces aulladores en mundo perdido 

Increíble noticia de un mundo perdido
En un remoto paraje en la selva tropical de Papúa Nueva Guinea se halla el cráter del volcán Bosavi, poblado por insólitas criaturas, entre las que se encuentran ratas gigantes, ranas con colmillos, peces aulladores y canguros que viven en los árboles. El descubrimiento de este ecosistema único lo ha logrado un equipo de investigadores de la BBC mientras trabajaba en la grabación de un documental sobre este volcán extinto de la isla oceánica.
Tras el difícil descenso al interior del cráter, los miembros de la expedición comenzaron a explorar esta jungla virgen, en la que hallaron más de 40 nuevas especies. Este recóndito habitat ha evolucionado de forma aislada desde la última erupción del Bosavi, hace 200.000 años. En sólo cinco semanas de trabajo, los biólogos del equipo encontraron 16 nuevas especies de rana, al menos tres nuevos peces, un murciélago y una de las ratas de mayor tamaño que se conocen.
Los descubrimientos demuestran la riqueza de los bosques tropicales y desde la expedición británica esperan que contribuya a atraer la atención para la preservación de estos ecosistemas. Según afirman, la tasa de destrucción en los bosques de Papúa Nueva Guinea es del 3,5 % al año.
"Ha sido asombroso estar allí y es claramente un momento para señalar con el dedo y decir estos hábitats merecen la pena salvarse", afirma el doctor George McGavin, líder de un equipo que incluía científicos de la Universidad de Oxford, el Zoo de Londres y del Museo Smithsoniano de Historia Natural.
En el cráter, que tiene un diámetro de tres kilómetros de ancho y uno de profundidad, pudieron observar espectaculares aves del paraíso y repararon en que, ante la ausencia de felinos y monos, los principales depredadores son grandes lagartos.
El equipo también halló un tipo de canguro, bautizado como Cuscus de seda, que ha evolucionado para vivir en los árboles. Esta especie no mostró ningún miedo al contacto con los humanos, llegando a subirse al hombro de uno de los cámaras. Las especies inéditas descubiertas incluyen un Gecko con capacidad de camuflarse, una rana con colmillos y un pez, al que se ha llamado Henamo gruñidor, por el sonido que produce.
Un roedor impresionante
Entre las especies más llamativas que encontraron está una rata gigante que tampoco mostró ningún temor a los humanos. Este roedor mide unos 82 centímetros y pesa 1,5 kilos, lo que significa que es uno de los mayores ejemplares que se conoce. La criatura aún no ha sido formalmente descrita. "Es una de las ratas más grandes del mundo. Es una rata verdadera, de las que te encuentras en las alcantarillas de la ciudad", afirma Kristofer Helgen, experto en mamíferos del Museo Smithsoniano de Historia Nacional que acompañó a la expedición.
Descubierta a más de 1000 metros de altitud, en un primer momento la rata, bautizada como rata lanuda de Bosavi, fue grabada por una cámara de infrarrojos. La expedición pudo después obtener imágenes del animal olisqueando el suelo del bosque. Impresionados por su tamaño, los rastreadores pudieron más tarde capturar un ejemplar. " Yo tenía un gato que era del mismo tamaño", afirma Gordon Buchanan, uno de los cámaras del equipo. Tiene una espesa capa de pelo que le ayuda a sobrevivir en condiciones de humedad.

viernes, 25 de mayo de 2012

Breve apunte de Simbolismo Animal. Simbolizar Galicia zoológicamente.

Uno de los más hermosos libros sobre simbolismo animal es de Xosé Ramón Mariño Ferro. El simbolismo zoológico ha otorgado a los animales la posibilidad de encarnar con su estampa un poder o una facultad específica. La encarnación de lo cambiante no correspondía tradicionalmente al camaleón, como muchos puedan suponer (simbolizaba al aire, pues se creía que de él se alimentaba) sino al pulpo, un animal digno de simbolizar la cultura gallega y su gastronomía.
La salamandra simboliza el fuego porque se creía que de él nacía. Bien podría simbolizar la pureza, o la fragilidad, porque las salamandras son muy sensibles a la pureza del agua.
Si quisiésemos asociar un país a un animal simbólico, y nos empeñásemos en creer que nuestro país es el más puro, y lo asociásemos al agua y la lluvia, los arroyos y manantiales, la salamandra sería un buen símbolo, una hermosa estampa heráldica.
Hay una imagen romántica, cada vez más lejana, de una Galicia asociada al musgo, la llovizna y los arroyos entre la fronda. Y hay una salamandra muy especial que simboliza todo esto mejor que ninguna otra criatura asociada a Galicia: la rabilarga. Lachioglosa lusitánica (hermoso nombre semejante a un hechizo de Hermione en Harry Potter).
Es frágil, es escasa y sólo se encuentra en Galicia y el norte de Portugal.

Esperemos que siga siendo algo más que un desconocido símbolo por mucho tiempo.

viernes, 20 de abril de 2012

Solenodon

granma.co.cu
Integrantes de una expedición científica conjunta cubano japonesa encontraron recientemente, en áreas del Parque Nacional Alejandro de Humboldt, en el oriente del país, siete ejemplares adultos de almiquí (Solenodon cubanus) en buen estado de salud.

domingo, 15 de abril de 2012

Y el hombre encontró al simio. Giacomo Giacobini y Riccarda Giraudi

Y el hombre encontró al simio

Giacomo Giacobini y Riccarda Giraudi                 Descargar versión PDF


Con la primera edición de su Systema naturae1 en 1735, Carlos Linneo proveyó a los estudiosos el instrumento para clasificar a los seres vivos y sentó, involuntariamente, las bases de la controversia que en el siglo siguiente revolucionaría al mundo científico. Este germen de controversia se encuentra en la parte inicial de la obra de Linneo, donde en un mismo orden perteneciente a la clase de los Quadrupedia –el de los Anthropomorpha– asocia al hombre con los simios y con el perezoso.2
    Por primera vez en la literatura científica se indicaba así lo que Thomas Henry Huxley definiría como “el lugar del hombre en la naturaleza”, y se subrayaban de modo inequívoco las semejanzas morfológicas entre el hombre y los simios.
    “Simia, quam similis turpissima bestia nobis!3 escribió casi veinte siglos antes el poeta latino Ennio, manifestando las motivaciones que, de manera más o menos consciente y más o menos confesa, siempre han estado en la base de la repugnancia hacia los simios y de la hostilidad hacia las investigaciones sobre el origen del hombre y su posición en el reino animal.
    Las reacciones a la clasificación de los primates propuesta por Linneo se tuvieron pronto, sobre todo por parte del naturalista alemán Johann Georg Gmelin. De hecho, la carta de respuesta de Linneo constituye un documento de admirable objetividad y de rectitud en el uso del método científico. Escribía Linneo al escandalizado Gmelin:

Le pido a usted, y a todo el mundo, que me muestre un carácter genérico que consienta operar una distinción entre el hombre y el simio antropomorfo. Seguramente no conozco ninguna y quisiera que se me fuera indicada alguna. Pero si hubiera nombrado hombre a un simio, o viceversa, habría sido puesto en el bando por todos los eclesiásticos. Puede ser que como naturalista no haya podido proceder de modo distinto de como lo hice.4

    Era inevitable que la polémica sobre las semejanzas entre el hombre y los simios iniciara de manera concreta hacia la mitad del siglo XVIII. De hecho, en el siglo XVIII, las noticias sobre criaturas antropomorfas, ya desde hacía tiempo referidas en Europa por los viajeros y mercantes, empezaron a ser lo suficientemente precisas. En un clima de creciente interés por la historia natural, estos relatos, junto a los restos de algún ejemplar y a la observación de los pocos individuos vivos hospedados en encierros europeos ya desde la mitad del siglo XVII, proveyeron la base para las primeras representaciones no demasiado fantásticas de estos animales y dieron inicio a las dudas y polémicas que se arrastrarían por más de un siglo.
    La historia de la iconografía de los simios antropomorfos demuestra cuán difícil, lento y controvertido ha sido su conocimiento y en qué medida los prejuicios de naturaleza diversa –científica, moral, religiosa, política– han interferido en un capítulo de la zoología que habría a su vez influenciado a otras disciplinas, como la paleoantropología, y el mismo desarrollo de las ideas evolucionistas.
    Las más antiguas representaciones de simios identificables como antropomorfos son muy vagas y ciertamente no permiten reconocer una especie precisa. Una estatuilla de terracota de Tanagra (600-500 a.C.) y un grabado sobre una taza de plata de Preneste (670 a.C.) demuestran que ya en época antigua el mundo grecorromano había tenido noticias, probablemente indirectas, de la existencia de grandes simios representados con actitud humana.5 Por otra parte, alrededor del año 470 a.C. un almirante cartaginés, Hannon, fue encargado de explorar la costa africana para identificar localidades adecuadas para la fundación de nuevas colonias. El Periplus Hannonis6 relata el desembarque en una isla a lo largo de la costa africana occidental. Sobre la isla había un lago y, sobre una islita al centro de aquél, Hannon y sus hombres encontraron “muchos salvajes”.

La mayor parte de ellos eran hembras con el cuerpo rugoso y peludo, que nuestros intérpretes llamaban gorilla. Los perseguimos. Tres de sus mujeres, que no querían por ninguna razón seguirnos, se rebelaron contra nuestra gente mordiéndola y arañándola al grado que tuvimos que matarlas. Las desollamos y llevamos las pieles a Cartagena.7

Según Plinio todavía en 146 a.C., cuando la ciudad fue destruida por los romanos, dos de las pieles recogidas por Hannon se conservaban en el templo de Astarté. No está muy claro cuál fue la localidad alcanzada por los cartagineses: tal vez la isla de Sherbro a lo largo de la Sierra Leona, o la de Fernando Poo, mucho más al sur. Tampoco está claro qué especie de simio haya matado Hannon. Dada la posición geográfica de aquellas islas, es improbable que en verdad se tratara de gorilas; se ha sugerido que pudieron haber sido simplemente babuinos, pero éstos no habrían sorprendido a los cartagineses puesto que ya los conocían. En cambio es más probable que Hannon haya llevado a Cartagena pieles de chimpancé.8
    Aparte de estas noticias que nos dejó Hannon, el mundo de la antigüedad casi ignoraba a los grandes simios. Las obras de Aristóteles, Plinio, Eliano, o Galeno no hablan en modo preciso de animales de este tipo. En la Naturalis Historia9 de Plinio se alude sólo a un gran simio con manos y pies de aspecto humano, proveniente de Etiopía y expuesto en Roma durante los juegos organizados por Pompeyo. Aristóteles y Galeno insistieron en la semejanza anatómica entre el pithecus y el hombre, pero la identificación del pithecus como simio antropomorfo parece poco probable.
    Las obras medievales no aluden la existencia de simios antropomorfos, pero con el inicio de la era moderna los grandes viajes con fin exploratorio, comercial y militar regresan la atención de los europeos hacia los relatos de los extraños animales de aspecto y estatura humana, variadamente indicados con nombres exóticos: pongo, engeco, insiego, quoias-morrou, drill, barris. Así comparecieron ilustraciones muy ingenuas, como la de un libro estampado en Bolonia y en Venecia a principios del siglo XVI,10 en la cual un simio sostiene por la brida a un dromedario (Figura 1). El animal está indicado como babuin, pero parece tratarse de un simio antropomorfo; las características humanas están exageradas: la forma del cuerpo, la postura erguida perfecta, el pelo concentrado sobre la cabeza, la mano izquierda que aferra un bastón y la derecha que sostiene la brida. El grabador quiso evidentemente representar, sin haberlo visto personalmente, un animal del cual tuvo noticia por el relato de algún viajero.

Figura 1

FIGURA 1. Simio humanizado que lleva por la brida a un dromedario. Frate Noè, Viaggio da Venitia al Sancto Sepulchro..., Bolonia 1500.

    Figuras fantásticas de este tipo, que representan vagamente simios antropomorfos sin permitir una identificación más precisa, serían frecuentes todavía en el siglo sucesivo e incluso más allá. Los simios humanizados publicados en las ediciones de los siglos XVI y XVII de los tratados de historia natural de Conrad Gess­ner11 y de Ulisse Aldrovaldi12 (Figuras 2 y 3 respectivamente) y después retomados por otros autores13 son un ejemplo y revelan un mismo origen, probablemente el mismo que utilizara el grabador veneciano.

Figura 02

FIGURA 2. Simio humanizado. C. Gessner, Historiae animalium lib. I, Tiguri (Zurich) 1551. (Milán, Museo de Historia Natural.)


Figura 03

FIGURA 3. Simio humanizado, Cercopithecus formae rarae. U. Aldro­vandi, De quadrupedibus digitatis viviparis libri tres, Bolonia 1637. (Turín, Academia de las Ciencias.)

    Para finales del siglo XVI las noticias sobre la existencia de criaturas antropoides se volvieron más precisas, y así algunas de sus representaciones. En 1598 Filippo Pigafetta mandó a las imprentas de Frankfurt un libro, Regnum Congo,14 en el cual se reportan los relatos de viaje de un marinero portugués, Duarte Lopez. El décimo capítulo de la obra, De animalibus quae in hac provincia reperiuntur, cuenta que en el país de Songan, sobre las playas de Zaire, viven multitudes de simios de comportamiento humano. Un grabado de los hermanos De Bry representa a dos de estos simios mientras se calzan botas e intentan escapar de la captura por parte de un indígena. Éstos sin duda tienen el aspecto de simios antropomorfos y aparen­temente se trata de chimpancés. La representación es mucho más fidedigna que la del babuin del texto veneciano, por lo que resulta verosímil que Duarte Lopez haya visto personalmente a los simios y haya dejado una descripción precisa, la cual posteriormente utilizarían los grabadores. Más detallado, pero falto de figuras, es el relato de un soldado inglés, Andrew Battell, “que servía bajo Manuel Silvera Perera, gobernador del rey de España, en la ciudad de San Pablo, y con el cual empujó muy avante en el país de Angola”. El relato está referido en un libro estampado en Londres en 1613, Purchas his pilgrimes;15 el autor, Samuel Purchas, relata que Battell “enseguida de alguna disputa tenida con los portugueses vivió ocho o nueve meses en los bosques”. Battell en aquel periodo tuvo modo de ver algunos

grandes simios, si así pueden llamarse, de la altura de un hombre pero dos veces más grandes en la forma de sus miembros, con fuerza proporcionada, todos peludos, en suma enteramente similares a hombres y mujeres en toda su forma corpórea.16

    Una versión ampliada de la obra, aparecida en 1625,17 contiene noticias más precisas. En un capítulo intitulado “De las provincias de Bongo, Calongo, Mayombe, Manikesocke, Motimbas; del simio-monstruo llamado pongo y de la caza de éste” se lee:

[...] hay también dos especies de monstruos que son comunes en estos bosques y peligrosísimos. El más grande de estos dos monstruos es llamado pongo en su lenguaje, y el más pequeño es llamado engeco. Este pongo es por todas las proporciones semejante a un hombre aunque por la estatura es más semejante a un gigante que a un hombre ordinario, porque es grandísimo. Él tiene cara humana, ojos sumidos con largos pelos sobre las cejas. Su cara y sus orejas son sin pelo y sus manos también. Su cuerpo está cubierto de pelo, pero no muy denso; y tiene un color moreno oscuro. No difiere de un hombre más que en las piernas, porque éstas no tienen pantorrilla. Camina siempre sosteniéndose sobre sus piernas, y lleva las manos en la nuca cuando camina sobre el terreno. Duerme sobre árboles y se fabrica refugios para la lluvia. Se nutre de frutos que encuentra en los bosques, o de nueces, ya que no come ninguna especie de carne. No habla y no tiene una inteligencia mayor que la de otra bestia.18

    Parece indudable que en el pongo descrito por Battell se deba reconocer al gorila. Sobre el segundo “monstruo”, el engeco, Battell olvidó proveer particulares, pero es probable que se tratara del chimpancé, ya que todavía hoy en la zona el chimpancé es indicado con el vocablo n’schiego.
    Pocos años después de la publicación de estos relatos, el príncipe Federico Enrique de Orange recibió en regalo un chimpancé vivo, capturado en Angola. Es ésta, por cuanto sabemos, la primera noticia segura de la presencia de un simio antropomorfo en un encierro europeo. Y a esta circunstancia se debe la primera representación precisa de un animal de este tipo. Nicolaas Tulp –el anatomista holandés famoso, entre otras cosas, por haber sido retratado en una de las “lecciones de anatomía” de Rembrandt– publicó una descripción de este simio en el tercer volumen de sus Observationes medicae,19 aparecido en Amsterdam en 1641. Tulp indica al simio como “satyrus indicus, llamado por los indios orang-outang, o sea hombre de los bosques, y por los africanos quoias-morrou”. La figura de Tulp, evidentemente extraída del verdadero es muy realista, y muestra un joven chimpancé “grande como un muchacho de tres años y vigoroso como uno de seis, con la espalda cubierta de pelo negro”. El texto publicado por Tulp es interesante también porque demuestra que ya a principios del siglo XVI los holandeses sabían que en sus ­colonias de las islas de Sonda vivían simios con forma de hombre, que los nativos llamaban orang-outang.
    Una confirmación de ello se tiene en la relación escrita en Batavia en 1658 por el médico holandés Jakob De Bondt.20Vidi ego cuius effigiem hic exibeo” afirma De Bondt describiendo un orangután hembra y representándolo, como habría comentado dos siglos después Thomas Henry Huxley, “bajo la forma de una peludísima mujer, de aspecto bastante gracioso con proporciones y pies enteramente humanos”21 (Figura 4). Sin embargo, la distinción entre simios antropomorfos africanos y asiáticos quedaría clara sólo hasta finales del siglo XVIII; mientras tanto los nombres pongo, engeco, orang-outang y pigmeo serían usados indiferentemente por largo tiempo para indicar al chimpancé, el gorila y el orangután.

Figura 04

FIGURA 4. Orang-outang. J. De Bondt, Historiae naturalis..., Amsterdam 1658. (Turín, Academia de las Ciencias.)

    En 1698 llegó a Europa desde Angola otro chimpancé. El animal murió pronto y el cadáver fue sometido en Londres a una cuidadosa disección anatómica por parte de Edward Tyson. Como afirma Huxley, “es a Tyson y a su ayudante Cowper a quienes debemos el primer relato de un simio con forma de hombre que pueda tener derecho de ser considerado como una cuidadosa y perfecta descripción científica”.22 Orang-outang, sive homo sylvestris: or the anatomy of a pygmie compared with that of a monkey, an ape and a man23 fue publicado en Londres en 1699 y representa una obra fundamental en la historia de las investigaciones sobre simios antropomorfos.
    El trabajo de Tyson no es sólo una precisa descripción anatómica de un joven chimpancé, adornada por excelentes figuras, sino también una revisión crítica de las noticias hasta entonces publicadas sobre las criaturas antropoides, desde Battell hasta Tulp y De Bondt. Se trata de un trabajo meticuloso, sorprendente por su modernidad. En él Tyson identifica, en otros tantos párrafos, cuarenta y ocho caracteres por los cuales su pigmeo parece más similar al hombre, y treinta y cuatro por los cuales es más similar a los simios comunes, pero se trata de semejanzas de carácter físico: las “facultades nobles”, entre las cuales se encuentra el lenguaje, son aquellas que en realidad con su ausencia definen la verdadera naturaleza animal del pigmeo. Incluso desde el punto de vista físico, el pigmeo no es

[...] ni hombre ni un común simio, sino un tipo de animal intermedio entre los dos [...], [...] así como Vuestra Excelencia [–escribe Tyson en la dedicatoria de la obra a Lord John Somers–] y aquellos que por conocimiento y sabiduría pertenecen a Vuestro alto rango y orden unen, por su cercanía con el género de Ser que está por encima de nosotros, el mundo visible con el invisible.24

    Con el inicio del siglo XVIII las descripciones de simios antropomorfos se multiplicaron y se llevaron otros chimpancés a encierros europeos. Esta especie en particular viene a ser conocida con mayor precisión. En ese entonces empezaron a entrar en uso los términos chimpanzee y quimpézé. Uno de estos ejemplares, capturado en África occidental, fue expuesto en París y después en Londres, donde murió en 1741. El cuerpo fue reenviado a París y embalsamado, y parece que después sirvió como modelo para las famosas representaciones de Buffon y de Audebert.25

Figura 05

FIGURA 5. Simios humanizados. P. J. Buchoz, Planches enluminées et non enluminées pour servir d’intelligence..., París 1777.



Figura 06

FIGURA 6. Las criaturas antropomorfas de Linneo, según C. E. Hoppius. C. E. Hoppius, Anthropomorpha, quae, praeside D. D. Car. Linnaeo..., Uppsala 1760. (Turín, Academia de las Ciencias.)


Figura 07

FIGURA 7. Simio antropomorfo. J. C. D. von Schreber, Die Säughtiere in Abbildungen nach der Natur mit Beschreibungen, Erlangen 1775-1791. (Milán, Museo de Historia Natural.)

    Cuando Carlos Linneo, iniciando su fundamental obra de clasificación del mundo vivo, puso la atención sobre el hombre y sobre las criaturas antropoides, se encontró frente a una documentación de composición particular. Descripciones muy precisas, como aquellas de Tulp y de Tyson, y, en contraposición, relatos fantásticos, donde se insiste en la supuesta costumbre, por parte de estos simios, de raptar jóvenes negras y de tenerlas prisioneras en el bosque. También las representaciones eran heterogéneas, desde las muy fieles, reproducidas a partir de ejemplares vivos o embalsamados, hasta otras fantasiosas o imprecisas, como aquélla de De Bondt o como el “mandril” –claramente un simio antropomorfo– representado por el viajero inglés William Smith en 1744.26 Pero hasta finales del siglo XVIII seguirían publicándose representaciones en las cuales el autor parece simplemente haber tenido noticia de animales similares a hombres muy peludos o de simios con el rostro humano (Figuras 5, 6, 7, 8 y 9).

Figura 08

FIGURA 8. Simio antropomorfo. J. C. D. von Schreber, Die Säughtiere in Abbildungen nach der Natur mit Beschreibungen, Erlangen 1775-1791. (Milán, Museo de Historia Natural.)


Figura 09

FIGURA 9. Simio antropomorfo. J. C. D. von Schreber, Die Säughtiere in Abbildungen nach der Natur mit Beschreibungen, Erlangen 1775-1791. (Milán, Museo de Historia Natural.)

    La lenta circulación de obras más o menos científicas y, sobretodo, la escasez de ejemplares disponibles justifican la imprecisión y la incertidumbre de Linneo en la clasificación de los Primates en comparación con aquélla de otros animales. No hay que olvidar que Linneo logró examinar personalmente un único simio antropomorfo sólo hasta alrededor de 1760, cuando el naturalista inglés George Edwards le envió un joven chimpancé y cuando el Systema naturae ya había alcanzado la décima edición. Los relatos fantásticos reportados por viajeros justifican además la perplejidad de Linneo para establecer un límite seguro entre simio y hombre e incluso para aseverar la existencia real de algunas criaturas por él descritas. Un pasaje de la primera edición del Systema naturae, de 1735, es particularmente interesante:

El sátiro, caudado, velloso, barbudo, con cuerpo humano, gesticulante, extremadamente lascivo, es una especie de simio, si bien nunca haya sido visto verdaderamente. También los hombres con cola, sobre los cuales existen muchos relatos de viajeros modernos, pertenecen al mismo género.27

    En las ediciones sucesivas del Systema naturae, hasta la duodécima aparecida en 1766 –la última cuidada por Linneo– la clasificación de las criaturas antropomorfas se hizo más compleja y tal vez también mutable. Parece obvio el deseo insatisfecho de Linneo por lograr individualizar un carácter físico preciso que permitiera una distinción neta entre el hombre y el simio. En sus descripciones Linneo insistió –como ya había hecho Tyson– sobre la superioridad espiritual del hombre y sobre la importancia del lenguaje, pero se dio cuenta que trataba con caracteres desdeñables en un tratado de historia natural.
    También parece obvio el embarazo de Linneo frente a la escasez de ejemplares y a la imprecisión de las noticias disponibles. Las frases “si podemos creer a los viajeros” y “si bien nunca haya sido visto verdaderamente” recorren las páginas del Systema naturae dedicadas a las criaturas antropoides. Un tratado sobre simios antropomorfos escrito en 1763 por un alumno de Linneo, Christianus Emmanuel Hoppius, concluye precisamente con una apelación al rey y a los gobernantes para que procuraran a los naturalistas nuevos ejemplares de estos animales, con el fin de esclarecer su naturaleza y sus relaciones con la especie humana. Este tratado de Hoppius, intitulado Anthropomorpha y contenido en el sexto volumen de las Amoenitates academicae,28 nos puede resumir los conocimientos y las ideas desarrolladas por Linneo sobre el argumento. El grabado adjunto al texto de Hoppius (Figura 6) ejemplifica estos conocimientos. El primer simio representado deriva de la figura del orang-outang de De Bondt (Figura 4) considerado por Linneo –a causa de trazos exageradamente humanizados– como una segunda especie de hombre (Homo nocturnus), distinta del Homo sapiens. Linneo trató por largo tiempo de separar del hombre esta especie, cosa que –como él mismo escribe– “adhibita quamvis omni attentione, obtinere non potui” y lo describió así:

Vive entre los confines de Etiopía (Plinio), en las cuevas de Java, Amboina, Ternate, sobre el monte Ofir de Malaca. Cuerpo blanco, camina erguido, tiene estatura inferior a la mitad de la nuestra. Cabellos blancos, crespos. Ojos orbiculares: iris y pupilas doradas. Párpados dotados de membrana nictitante. Visión lateral, nocturna. Los dedos de las manos, cuando está de pie, pueden tocar las rodillas. Duración de la vida: veinticinco años. De día se esconde; de noche ve, sale, se nutre. Se expresa chiflando. Piensa, considera que la Tierra ha sido hecha para él y que por un tiempo será todavía el dueño, si podemos creer a los viajeros.29

    El segundo simio representado por Hoppius es una copia del Cercopithecus formae rarae de Aldrovaldi (Figura 3), identificado con el Homo caudatus de Linneo, inicialmente considerado una tercera especie de hombre. Pero en 1758 Linneo había puesto en duda que se tratase de un simio (“utrum ad Hominis aut Simiae genus pertineat, non determino”),30 y a pesar de ello Hoppius creó para este animal, incola orbis antarctici, el género Lucifer (Homo caudatus vulgo dictus), refiriendo la opinión del viajero Nikolaus Köping según el cual estos “hombres con cola” eran capaces de “comer toda la chusma de una nave, comprendido el timonel”.31
    Los últimos dos simios de la figura de Hoppius son chimpancés: Satyrus tulpii deriva de la descripción de este simio hecha por Nicolaas Tulp en 1641, mientras que Pygmaeus edwardii es la copia de una figura publicada en 1758 por ese mismo George Edwards que poco después habría enviado a Linneo un ejemplar de chimpancé.
    En Francia, en aquellos años, George Louis Leclerc conde de Buffon continuó la publicación, iniciada en 1749, de los cuarenta y cuatro volúmenes de su monumental Histoire naturelle générale et particulière avec la description du Cabinet du Roi.32
    El decimocuarto volumen de la obra, dado a las imprentas en 1766, concierne a los simios; el texto, acompañado de bellísimos grabados originales, provee un cuadro detallado de los conocimientos de la época sobre estos animales. El tratado es sustancialmente diferente del de la escuela de Linneo: al igual que en los otros volúmenes de la Histoire naturelle, la nomenclatura zoológica no está en el centro del interés, sino tiene sólo una función de comodidad. Lo que importa son el aspecto y las costumbres de los singulares animales, y Buffon demuestra haber recreado con cuidado los relatos entonces disponibles dejados por naturalistas y por viajeros. Si bien él describió cuidadosamente cada especie conocida de simio, su atención fue indudablemente más viva en el caso de los simios antropomorfos, “ya que cada renglón es importante en la historia de un bruto que tiene una semejanza tan grande con el hombre”.33

Figura 10

FIGURA 10. Jocko u orang-outang “de la pequeña especie” (chimpancé) y gran gibón Buffon, Histoire naturelle, Deux Ponts 1785-1791.

    Las especies de simios descritas por Buffon como antropomorfas son cuatro: el orang-outang “de la gran especie” o pongo, el “de la pequeña especie” o jocko, el piteco y el gibón. Las últimas dos son relativamente poco interesantes: el piteco deriva de las observaciones de Aristóteles y Galeno sobre un simio sin cola particularmente parecido al hombre, pero no más identificable; el gibón está descrito y representado con precisión (Figura 10), ya que Buffon había podido examinar un ejemplar adulto. En cambio, las otras dos especies son más interesantes; están tratadas en un capítulo intitulado “Los orang-outang, o sea el pongo y el jocko” y están definidas así:

Orang-outang, nombre de este animal en las Indias orientales; Pongo, nombre de este animal en Lowando, provincia del Congo.
Jocko, Enjocko, nombre de este animal en el Congo que yo he adoptado. En es el artículo y yo lo he omitido.34

    El pongo, u orang-outang “de la gran especie”, del cual Buffon no tenía conocimiento directo, evidentemente deriva de los relatos de Battell y de De Bondt, por lo que es el resultado de una mezcla de vagas informaciones relativas al gorila y al orangután, y en parte también al chimpancé. Buffon lo describe así:

Un simio alto y fuerte como el hombre, tan ardiente por las mujeres como por sus hembras; un simio que sabe portar armas, que se sirve de piedras para atacar y bastones para defenderse, y que por otra parte asemeja aún más al hombre que el pithecus, ya que, independientemente del hecho de que no tiene cola, que su cara es aplanada, que sus brazos, sus manos, sus dedos, sus uñas son similares a las nuestras y de que camina siempre erguido, tiene un tipo de rostro, rasgos vecinos a los del hombre, orejas de la misma forma, cabellos sobre la cabeza y barba en el mentón y una pelambre que no es ni más ni menos que la que el hombre tiene en el estado natural. Este orang-outang o pongo no es de hecho más que un animal, pero un animal muy singular, que el hombre no puede ver sin reingresar en sí mismo, sin reconocerse, sin convencerse de que su cuerpo no es la parte más esencial de su naturaleza.35

    El jocko, orang-outang “de la pequeña especie”, es el engeco de Battell, claramente el chimpancé, que Buffon conocía por experiencia directa y por los trabajos de Tulp y de Tyson. La ilustración de la Histoire naturelle lo representa en actitud excesivamente humanizada, en perfecta postura erguida y con un bastón en la mano derecha (Figura 10). No obstante Buffon había proclamado que la semejanza entre el hombre y los simios era “une verité humiliante”, la representación del jocko parece voluntariamente distorsionada justo para subrayar esta semejanza. Ciertamente Buffon no podía ignorar el real aspecto de un chimpancé, ya que incluso había criado un ejemplar en casa propia durante un cierto periodo; además, el dibujo aparece en neto contraste con el muy verídico del gibón. Parece lícito pensar que con esta figura Buffon haya querido influenciar al gran público en el sentido de las concepciones cautelosamente evolucionistas que estaba desarrollando. No por casualidad en la Encyclopédie, cuya parte zoológica parece haber estado inspirada por Buffon, está la misma representación del jocko36 (Figura 11).

Figura 11

FIGURA 11. Jocko y gran gibón. Encyclopédie... mis en ordre & publié par M. Diderot & par M. Alembert, París 1762-177.

    Buffon no estaba en realidad convencido de la distinción entre sus dos especies de orang-outang; tenía pues la sospecha de que los jocko fueran simplemente ejemplares jóvenes de pongo. Todavía veinte años después37 de la publicación de sus primeras observaciones, probablemente influenciado por los estudios que se estaban haciendo en Holanda, sintió la necesidad de distinguir la forma de las Indias orientales (por él ahora indicada como jocko creando una confusión de nomenclatura) de la africana (pongo) y consideró los ejemplares inmaduros descritos por Tulp, por Tyson y por él mismo fueran jóvenes pongo.
    El interés suscitado en Holanda por el viejo relato de De Bondt y por los escritos de Linneo y de Buffon hizo inminente que, justo en esos años, se averiguara la existencia de una especie de simio antropomorfo vivo en las Indias orientales. Alrededor de 1770 llegaron a Holanda los restos de algunos de estos simios y, en 1776, el encierro del príncipe de Orange en Het Loo, cerca de La Haya, pudo hospedar incluso un ejemplar vivo. En particular, el anatomista Petrus Camper tuvo modo de disecar cinco ejemplares de este orang-outang de Borneo, publicando en 1779 una descripción muy cuidadosa,38 “un escrito –como observa Huxley– de igual mérito que el de Tyson sobre el chimpancé”.39

Figura 12

FIGURA 12. Orang-outang. A. Vosmaer, Natuurlyke Historie van der Orang-outang van Borneo, Amsterdam 1778. (Milán, Museo de Historia Natural.)

    Camper y otros estudiosos holandeses, entre los cuales está Arnout Vosmaer,40 demostraron que la especie Borneo era diferente de los otros simios antropomorfos y que todavía no estaba descrita (Figura 12).

El orang [–escribe Camper–] no sólo difiere del pigmeo de Tyson y del orang de Tulp por su particular color y por su largos dedos del pié, sino también por la entera forma externa. Sus brazos, sus manos y sus pies son más largos, mientras los pulgares al contrario son mucho más cortos, y los grandes dedos del pie proporcionalmente son más pequeños.41

Según Camper, el orang-outang de Borneo estaba dotado de características mucho menos humanas que aquellas de las otras criaturas antropoides. Entre otros, Camper criticó abiertamente la figura humanizada del jocko de Buffon, afirmando que era incorrecta y engañosa.
    Como ya le había sucedido a Tyson y a todos aquellos que habían practicado la disección de varias especies de simios, Camper fue golpeado por el hecho de que, en la mesa de disección, las diferencias entre el hombre y los otros primates se tornaban extremadamente vagas. Era necesario, como ya había subrayado Linneo, identificar algún carácter físico preciso que permitiera una neta distinción entre el hombre y las criaturas antropoides. Camper creyó haber descubierto este carácter cuando notó que el hueso intermaxilar, bien visible en los simios antropomorfos, no es identificable en el hombre.42 Era una distinción ilusoria, como lo habría demostrado un naturalista diletante, Johann Wolfgang Goethe:43 el hueso intermaxilar, en realidad, está presente también en el hombre en un estadio precoz de desarrollo, pero después se funde con los maxilares. Aun así, por bastantes años más, el “hueso de Camper” continuó siendo el caballo de batalla de aquellos que sostenían una decidida separación zoológica entre hombre y simios o, como diría después, entre Bimanos y Cuadrumanos.
    El estudio de la organización del esqueleto facial condujo a Camper al establecimiento de otro criterio, esta vez cuantitativo, de separación en el interior del orden de los primates. Se trataba del “ángulo facial” que, trazado sobre el perfil de la cabeza según puntos de referencia precisos, expresa el mayor o menor desarrollo hacia adelante del esqueleto facial en relación con el neurocráneo.44 Como observó Camper, en todos los simios la abertura del ángulo es inferior a los 70º, mientras que en las varias poblaciones humanas siempre se supera ese valor. También en este caso la realidad es menos esquemática de lo que Camper supuso, pero la identificación del ángulo facial tuvo el mérito de dar inicio a los estudios morfométricos de antropología física.
    En las últimas décadas del siglo XVIII el mundo científico estaba al tanto de la existencia de distintas especies de simios antropomorfos en África y en Asia oriental. Se sabía que en África vivía una especie llamada engeco o jocko, para el cual empezaba a usarse un término derivado del local japanzee y que las ediciones más recientes del Systema naturae de Linneo indicaban como Simia satyrus. En esos momentos ya se habían estudiado y criado bastantes individuos y se conocían sus costumbres, morfología y anatomía, sobre todo gracias a las descripciones de Tulp, Tyson y Buffon y a alguna nota de Camper; por ello, no obstante las distorsiones de Buffon, su aspecto ya fue representado en modo correcto en la famosa figura de Audebert de 179945 (Figura 13).

Figura 13

FIGURA 13. Chimpancé (indicado como Pongo). J. B. Audebert, op. cit.

    En esos años se suponía que en África vivía un segundo y más grande simio antropomorfo, el pongo de la vieja descripción de Battell después retomada por Buffon. Sin embargo faltaban noticias precisas y no fue sino medio siglo después cuando Thomas Savage resolvió el problema al descubrir al gorila en el territorio de Gabón.
    En Asia suroriental se conocía la existencia de un pequeño simio de rasgos moderadamente antropomorfos, el gibón, que Buffon había representado en modo realista. Después los holandeses habían demostrado la presencia en Borneo de un simio con forma de hombre más grande, ya netamente distinto del chimpancé en la literatura científica, y para el cual se estaba consolidando el nombre orang-outang, aunque todavía se usaban los términos pongo y jocko, generando confusión (Figura 14). Sin embargo, la relación de De Bondt de 1658, parcialmente retomada por Linneo y por Buffon, había dejado la duda de que en Borneo existiera todavía otra especie de simio antropomorfo, mucho más grande del orang-outang descrito por los holandeses. En realidad, como se descubrió después, no se había dado cuenta del hecho de que los orangutanes hasta entonces examinados eran individuos jóvenes, que en edad adulta habrían sido mucho más grandes y animalescos.

Figura 14

FIGURA 14. Orangután (indicado como jocko). J. B. Audebert, Histoire naturelle des singes et des makis, París 1799.

    Alrededor de 1780 el señor Palm, gobernador de Rembang en Borneo, que desde hacía tiempo “ofrecía más de cien ducados a los indígenas por un orang-outang de cuatro o cinco pies de altura” tuvo noticia del avistamiento de uno de estos grandes simios.

Por largo tiempo [–relata Palm–] hicimos nuestro mejor esfuerzo para atrapar viva esta espantosa bestia en la densa floresta, a la mitad del camino por el Landak. Olvidamos incluso la comida, tan ansiosos estábamos por no dejarla escapar: era sin embargo necesario procurar que el orangután no se vengara con nosotros ya que rompía grandes pedazos de madera y troncos verdes y los tiraba en contra nuestra. Esta cacería duró hasta las cuatro después del mediodía, cuando determinamos tirarlo y abrir fuego, lo cual logré muy bien, incluso mejor que nunca antes lo había hecho tirando desde un bote: ya que la bala fue precisamente a golpear un lado de su cuerpo, de guisa que el animal no fue demasiado dañado. Lo llevamos al barco todavía vivo, y lo atamos fuertemente, Al día siguiente murió por su herida. Toda Pontiana subió a bordo para verlo cuando llegamos.46

    El animal fue estudiado preliminarmente en Batavia por un oficial alemán, el barón von Wurmb,47 que lo identificó con el Homo sylvestris del relato de De Bondt y con el pongo de Buffon, y que entonces envió el cuerpo conservado en ron al museo del príncipe de Orange. No se sabe bien cuál haya sido el destino de este ejemplar. Al parecer la nave en la cual estaba cargado tuvo un naufragio, pero el hecho es que en 1784 Petrus Camper tuvo ocasión de examinar, justo en el museo del príncipe de Orange, un esqueleto de orangután de más de cuatro pies de altura48 (Figura 15). “Más tarde –como relata Huxley– y a merced de las usuales costumbres depredadoras de las armadas revolucionarias, el esqueleto del pongo fue llevado de Holanda a Francia.”49

Figura 15

FIGURA 15. Esqueleto del simio de Wurmb. Historia natural de los simios y de los maki..., Milán 1830.

    En 1798 George Cuvier llevó a las imprentas de París el Tableau élémentaire de l’histoire naturelle des animaux,50 primer esbozo del fundamental Le règne animal que veinte años después habría representado una síntesis de los conocimientos zoológicos de la época. En el Tableau, entre los simios antropomorfos están considerados el orang-outang, el chimpancé, el gibón y el wouwou (otra especie de gibón). Sin embargo, el pongo de Wurmb, que Cuvier debió haber tenido ocasión de ver, está clasificado entre los babuinos, a causa del fuerte desarrollo del esqueleto facial. Sólo en la segunda edición de 1829 de Le règne animal,51 Cuvier lo consideró, con alguna duda, un orangután adulto.52 Fue Richard Owen quien aclaró definitivamente, en 1835, que los grandes simios de Borneo no eran más que individuos de orang-outang.53
    El conocimiento de los simios antropomorfos en las primeras décadas del siglo XIX estuvo indudablemente dominado por la obra y la autoridad de George Cuvier. Le règne animal se impuso como tratado de consulta en las instituciones científicas, mientras que en ambientes mucho más vastos de toda Europa se difundían continuamente nuevas ediciones de la Histoire naturelle de Buffon, más adecuada al gran público. Pero justamente en la parte concerniente a los simios, el contenido de la obra de Buffon está alterado sensiblemente. Sobre todo con el inicio de la Restauración –y en gran parte como reacción a las ideas sugeridas por Lamarck sobre la evolución del hombre desde antecesores simiescos– se impuso una fuerte tendencia a destacar lo más posible al hombre de los otros primates, corrigiendo las representaciones humanizadas de simios y poniendo el acento sobre caracteres distintivos físicos y conductuales. Esta tendencia se formalizó con una variación en la clasificación zoológica, ya propuesta por Cuvier54 en 1798 y después retomada por Blumenbach.55 El orden de los Primates, creado por Linneo, se subdividió en dos órdenes distintos: Bimanos, en el cual entraba el hombre, y Cuadrumanos, del cual formaban parte todos los simios, antropomorfos y no. Estas alteraciones de la obra de Buffon están reflejadas también en las ilustraciones. En particular el jocko, cuya figura exageradamente humanizada había suscitado escándalo en algunos ambientes y había atraído las críticas de Petrus Camper,56 se representó en actitud completamente diferente, con aspecto sensiblemente más simiesco y sentado sobre una rama o, si de pie, con las rodillas flexionadas y sin el bastón en mano (Figuras 16 y 17).

Figura 16

FIGURA 16. Jocko u Orang-outang de raza pequeña, versión no humanizada. Buffon (Œuvres complètes), París 1774-1804.


Figura 17

FIGURA 17. Versión no humanizada del jocko, aquí indicado como orang-outang. Buffon, Abrégé de l’histoire naturelle des singes, Aviñón 1820.

    En 1820 se imprimió en Aviñón una obra interesante desde este punto de vista: l’Abrégé de l’histoire générale des singes par M. Leclerc de Buffon.57
    Es un libro dedicado exclusivamente a los Cuadrumanos, en el cual el tratado de Buffon está integrado –como advierte el editor– con nuevas observaciones de Cuvier, Geoffroy, Lacepède, Audebert y de varios viajeros, pero en realidad también está profundamente retocado. El capítulo que concluye el volumen significa el modo de pensar del momento y suena como una áspera crítica moralizante hacia quien todavía cultivaba concepciones evolucionistas e ideas sobre el origen animal del hombre.

Hemos llegado al final de la historia de estos animales [–se lee–] cuya vista desde el primer instante hizo nacer en nuestro espíritu un sentimiento de humillación. Antes que nada, nos pareció entrever en el bruto un rival de nuestra especie, pero reingresando en nosotros mismos esta idea se desvaneció súbitamente y nos dimos cuenta que el simio no tiene sino la forma material del hombre, no es más que un animal de instinto apenas superior al de los otros cuadrúpedos, y no tiene más que una máscara de la especie humana. Llenos de reconocimiento nos postramos frente a este Ser Supremo que nos compenetró de un soplo divino, y que no ha donado más que a nosotros de una pequeña porción de su sublime inteligencia. ¡La razón! Esta palabra impone silencio a todos aquellos miserables que, olvidando la dignidad de su augusto carácter, o más bien fingiendo desconocerla, quisieran con todas sus fuerzas nulificar esta majestad que recibimos del Autor de la Naturaleza. Que pare de rementarnos las semejanzas de organización, las superioridades de fuerza; nosotros hemos admirado la arquitectura de estos dos edificios construidos según el mismo plano; pero uno de ellos está casi despojado en el interior, mientras que el otro está espléndidamente adornado. ¿Puede tal vez la fuerza del animal más vigoroso competir con la superioridad moral de los medios que la razón procura al hombre? Y así, siempre existirá entre nosotros y el simio, que se nos presenta como una excelente copia de nosotros mismos, una distancia inmensa de la cual ningún razonamiento podrá nunca evaluar la identidad, y el simio no podrá más que remedar nuestra especie.58

    Esta actitud corresponde a una general disminución de interés, popular y científico, por los grandes simios. No obstante, algunos conocimientos importantes se adquieren justo en esos años.
    En 1835 Richard Owen publicó la primera descripción de un esqueleto de chimpancé adulto.59 Se perfeccionó así la definición de esta especie, demostrando que, como en el caso del orangután, también el chimpancé desarrolla con la edad caracteres más animalescos. Además alrededor de 1845 ocurrió un descu­brimiento fundamental. Thomas Savage, quien acampaba a la orilla del río Gabón, vio en la casa de un misionero “un cráneo que los indígenas atribuían a un animal similar a un simio, notable por su tamaño, su ferocidad y sus costumbres”.60 Savage logró recoger en la zona algún material osteológico y muchas informaciones acerca de las costumbres de la que consideró “una nueva especie de orangután”. Savage se dio cuenta de que el animal debía ser el pongo descrito por Andrew Battell en 1613. Sin embargo, dado que el término pongo ya había sido usado demasiadas veces de modo impropio para indicar un poco a todos los simios antropomorfos, eligió para la nueva especie el nombre gorilla, obtenido del Periplus del almirante cartaginés Hannon. En 1847 Thomas Savage y Jeffries Wyman publican una Notice of the external characters and habits of Troglodytes gorilla, a new species of Orang from the Gaboon River,61 aclarando así definitivamente la existencia de una especie de simio antropomorfo africano diferente del chimpancé.62

Figura 18

FIGURA 18. Orang-outang (Simia satyrus). G. Cuvier, Le règne animal..., París 1829-1830.


Figura 19

FIGURA 19. Chimpancé (Simia troglodytes). G. Cuvier, Le règne animal..., París 1829-1830.

    Con el descubrimiento del gorila, hacia la mitad del siglo XIX, el conocimiento de los simios antropomorfos se liberó de las graves imprecisiones y de las dudas que lo caracterizaron durante casi tres siglos y que favorecieron la difusión de noticias erradas y de representaciones falseadas. Las descripciones, y las figuras que las acompañan, devienen ya muy fieles (Figuras 18, 19 y 20) y la anatomía comparada, aplicada a un número suficiente de ejemplares de varias edades, alcanza a precisar aquellas analogías con la especie humana que representarían uno de los más vivos puntos de polémica suscitados del naciente darwinismo, encontrando una primera exposición sintética en Evidences as to man’s place in nature de Thomas Henry Huxley.63

Figura 20

FIGURA 20. Gorila de Savage (Gorilla savagei), Dictionnaire universel d’histoire naturelle, dirigido por Charles d’Orbigny, París 1842-1849.

    Las grandes obras zoológicas de la segunda mitad del siglo XIX recogerían las noticias sobre los simios antropomorfos, ya en buena parte disponibles sólo en la literatura especializada. Entre éstas, en particular, La vida de los animales de Alfred Edmund Brehm,64 con sus sucesivas ediciones traducidas a muchas lenguas, difundiría estos conocimientos también hacia el gran público, mientras que las obras de Darwin, Huxley, Wallace, Vogt y Haeckel contribuirían a atraer la atención sobre las implicaciones evolucionistas de la existencia de simios antropomorfos. Y en 1883 Robert Hartmann, con su obra Die menschenähnlichen Affen,65 puntualizaría en modo preciso y moderno los conocimientos relativos a estos animales, a casi trescientos años de la publicación de los relatos fantásticos de Duarte Lopez y de Andrew Battell.

N O T A S

1
C. Linneo, Systema naturae, sive regna tria naturae systematice proposita per classes, ordines, genera & species, T. Hook, Leiden 1735.

2 En las ediciones sucesivas del Systema naturae, a partir de la décima (Estocolmo 1758), el término Quadrupedia es sustituido por Mammalia, y Anthropomorpha por Primates. El orden de los Primates incluía entonces, además del hombre, también a los simios, los lémures y los murciélagos; el perezoso fue movido al orden de los Bruta.
3 El verso de Ennio (240-169 a.C.) es citado por C. Linneo, Systema naturae..., X ed., vol. I, Estocolmo 1758, p. 35 (nota al capítulo de los simios) y por C. E. Hoppius, Anthropomorpha, quae, praeside D. D. Car. Linnaeo, proposuit Christianus Emmanuel Hoppius, petropolitanus (Uppsala 1760. Septiemb. 6.), en C. Linneo, Amoenitates Academicae, seu dissertationes variae physicae, medicae, botanicae, antehac seorsim editae, nunc collectae et auctae cum tabulis aeneis, VI, L. Salvii, Estocolmo 1763, p. 76.
4 Carta de Linneo a J. G. Gmelin (1747), cit. por E. L. Greene, Linnaeus as an evolutionist, en “Proceedings of the Washington Academy of Sciences”, XI, 1909, pp. 25-26. La carta está reportada también por J. C. Greene, La morte di Adamo, trad. it. de L. Sosio, Feltrinelli, Milán 1971, p. 221.
5 Para noticias más detalladas véase W. C. O. Hill, The discovery of the chimpanzee, en “The chimpanzee” (ed. cuidada por G. H. Bourne), vol. I, Karger, Basilea 1969, pp. 1-2.
6 Periplus Hannonis, ed. cuidada por J. Blomqvist, Lund 1979-1980.

7 Ibidem, p. 65.
8 Para la discusión véase W. C. O. Hill, op. cit., pp. 2-3.
9 C. Plinius Secundus, Naturalis historia, ed. cuidada por L. Jan y K. Mayhoff, Stuttgart 1967.
10 Frate Noè, Viaggio da Venitia al Sancto Sepulchro et al Monte Sinai più copiosamente descrito de li altri con disegni de paesi: citade, porti, et chiesie et li santi loghi con molte altre santimonie che qui si trovano designate et descrite come sono ne li luoghi lor proprji, Bolonia 1500 y Venecia (varias ediciones entre 1518 y 1533). El texto aparece primero anónimamente, luego con el nombre de Frate Noè, y luego bajo el de Frate Noè Bianchi. Las raíces de la obra se encuentran en el texto y las ilustraciones de B. von Breydenbach, Peregrinatio in Terram Sanctam, Maguncia 1486, y de Fra’ Nicolò da Poggibonsi, Libro d’oltramare, 1346.
11 C. Gessner, Historiae animalium lib. I, De quadrupedibus viviparis, C. Fraschovirum, Tiguri (Zurich) 1551.
12 U. Aldrovandi, De quadrupedibus digitatis viviparis libri tres, N. Tebaldinum, Bolonia 1637.
13 Cfr., por ejemplo, la figura publicada por Hoppius, op. cit., en 1763 (p.17) en la cual la segunda criatura antropoide está retomada por los textos de Aldrovandi y Gessner.
14 Regnum Congo: hoc est vera descriptio regni africani, quod tam ab incolis quam Lusitanis Congus appellatur, per Philippum Pigafettam, olim ex Edoardo Lopez acroamatis lingua Italica excerpta, num Latio sermone donata ab August. Cassiod. Reinio. Iconibus et imaginibus rerum memorabilium quasi vivis opera et industria Joan. Theodori et Joan. Israelis De Bry fratrum exornata, Frankfurt 1598.
15 S. Purchas, Purchas his pilgrimes, Londres 1613.

16 Ibidem, p. 179.
17 S. Purchas, Hakluytus Posthumus, or Purchas his pilgrimes, Fetherstone, Londres 1625.
18 Ibidem, vol II, pp. 981-982.
19 N. Tulp, Observationes medicae libri tres, Amsterdam 1641.
20 J. De Bondt (Iacobi Bontii), Historiae naturalis et medicae Indiae orientalis libri sex, en Guglielmi Pisonis, De Indiae utriusque re naturali et medica libri quatuordecim, Ludovicum et Danielem Elzevirios, Amsterdam 1658; la figura del orango está en la p. 84 del texto de De Bondt.
21 T. H. Huxley, Evidences as to Man’s Place in Nature, Londres 1863, p. 19 (trad. it. de P. Marchi, Prove di fatto intorno al posto che tiene l’uomo nella natura, Treves, Milán, 1869).
22 Ibidem, p. 19.
23 E. Tyson, Orang-outang, sive homo sylvestris: or the anatomy of a pygmie compared with that of a monkey, an ape and a man. Osborne, Londres 1699. Una segunda edición apareció en 1751.
24 La frase fue extraída de Epistle dedicatory (s.p.) del trabajo de Tyson (reportada también por J. C. Greene, op. cit.).
25 Según la opinión expresada por I. Geoffroy Saint-Hilaire, Catalogue méthodique de la collection des Mammifères, Gide et Baudry, París 1851.
26 W. Smith, A new voyage to Guinea describing likewise an account of their animals, minerals & c., Londres 1744. En lo que respecta al significado del término “mandril” véase la discusión en T. H. Huxley, op. cit., pp. 21-22.
27 C. Linneo, Systema naturae..., Leiden 1735, p. 5 (Paradoxa).
28 C. E. Hoppius, op. cit., pp. 63-76.

29 C. Linneo, Systema naturae..., XIII ed., vol. I, Viena 1767, p. 33.
30 C. Linneo, Systema naturae..., X ed., vol. I, Estocolmo 1758, p. 33, nota.
31 C. E. Hoppius, op. cit., p. 72.
32 J. L. Leclerc, conde de Buffon, Histoire naturelle générale et particulière avec la description du Cabinet du Roi, vol. XIV, Imprimerie du Roi, París 1766.
33 Ibidem, p. 45.
34 Ibidem, pp. 59-60, notas.
35 J. L. Leclerc, conde de Buffon, Œuvres complètes, ed. cuidada por M. Flourens, París 1853-1855, vol. IV, p. 2.
36 La figura está publicada en Pl. XIX del vol. VI de Recueil de planches sur les sciences, les arts libéraux, et les arts méchaniques, avec leur explication, adición a la Encyclopédie ou dictionnaire raisonné des sciences, des arts, et des metiérs, recueilli des meilleurs auteurs par une société de gens de lettres, mis en ordre & publié par M. Diderot & par M. Alembert, Briasson, David et Le Breton, París 1762-1777.
37 J. L. Leclerc, conde de Buffon, Histoire naturelle..., suppl. vol. VII, París 1789. En las ediciones póstumas de la Histoire naturelle aparece un Anexo al artículo de los orang-outang en el cual se lee: “Dado que han pasado más de veinte años desde que yo escribí la historia natural de tales simios, no estaba yo entonces bien instruido como hoy en día, y dudaba en aquel tiempo si las dos especies de las cuales hablé fueran realmente la una de la otra diferentes por otros caracteres que el del tamaño” (citado de la versión italiana, Storia naturale di Buffon, nuevamente ordenada y continuada por obra de c. de Lacepède, tomo XX, Vignozzi, Livorno 1830, p. 557).
38 P. Camper, Account of the organs of speech of the orang-outang, en “Philosophical Transactions of the Royal Society”, LXIX, 1779, pp. 150-159.

39 T. H. Huxley, op. cit., p. 27.
40 A. Vosmaer, Natuurlyke Historie van den Orang-outang van Borneo, en Beschryving van de zo zeldraame als zonderlinge aap-soort genaamd Orang-outang, van het eiland Borneo, P. Meijer, Amsterdam 1778, pp. 3-23.
41 P. Camper, Natuurkundige Verhandelingen, Amsterdam 1782, p. 56.
42 Ibidem; véase también, del mismo autor, Naturgeschichte des Orang-Utang und einiger andern Affenarten, J. C. Dänzer, Düsseldorf 1791.
43 J. W. Goethe, Dem Menschen wie den Tieren ist ein Zwischenknochen der obern Kinnlade zuzuschreiben, Jena 1786.
44 P. Camper, Dissertation sur les varietés naturelles qui caractérisent la physionomie des hommes de divers climats et des différentes âges (ouvrage posthume), París 1792.
45 J. B. Audebert, Histoire naturelle des singes et des makis, Desray, París 1799-(1800).
46 Carta citada por T. H. Huxley, op. cit., p. 29.
47 F. Baron von Wurmb, Description of the large orang-outang of Borneo, en “The Philosophical Magazine”, I, 1798, pp. 225-231.
48 Para ulteriores detalles véase J. C. Greene, op. cit., pp. 232-234.
49 T. H. Huxley, op. cit., p. 32. En lo que concierne a la descripción de un esqueleto similar (tal vez el mismo), examinado en Francia, véase E. Geoffroy Saint-Hilaire, Observations on the account of the supposed orang-outang of the East Indies, published in the Transactions of the Batavian Society in the Island of Java, from the Journal de Physique, 1798, en “The Philosophical Magazine”, I, p. 324. Para una discusión sobre la identificación del “pongo de Wurmb” véase también J. C. Greene, op. cit., pp. 231-234.

50 G. Cuvier, Tableau élémentaire de l’histoire naturelle des animaux, París 1798.
51 G. Cuvier, Le règne animal, distribué d’après son organisation, II ed., París 1829-1830, vol. I, pp. 88-89. La primera edición de la obra había aparecido en París en 1817.
52 “Un simio de Borneo, hasta ahora conocido sólo con base en su esqueleto, y que ha sido llamado pongo, es tan similar al orang-outang por las proporciones de todas sus partes y por la disposición de todos los forámenes y las suturas del cráneo, que, a pesar de la prominencia del hocico, la pequeñez del cráneo y la altura del ramo de la mandíbula, se lo puede considerar un adulto, si no de la especie del orang-outang, por lo menos de una especie muy cercana.” (Ibidem, p. 109).
53 R. Owen, “On the osteology of the chimpanzee and orang-outang”, en Transactions of the Zoological Society of London, I, 1835, pp. 343-379.
54 G. Cuvier, Tableau..., op. cit.
55 J. F. Blumenbach, Manuel d’histoire naturelle, Collington, Metz 1803.
56 “El señor De Sève hizo al jocko el honor de acercarlo al hombre en todo lo que pudo” (de P. Camper, Natuurkundige..., op. cit., p. 53; De Sève es el autor de los grabados publicados por Buffon).
57 Abrégé de l’histoire générale de singes par M. Leclerc de Buffon, Berenguier, Aviñón 1820.
58 Ibidem, pp. 240-241.
59 R. Owen, op. cit.
60 Citado por T. Huxley, op. cit., p. 35.
61 T. S. Savage y J. Wyman, Notice of the external characters and habits of Troglodytes gorilla, a new species of Orang from the Gaboon River, en “Boston Journal of Natural History”, V, 1845-1847, pp. 417-441.

62 Para otras publicaciones de la época sobre el gorila véase: G. L. Duvernoy, Mémoire sur les charactères que présentent les squelettes du Troglodytes tschego duv. et du Gorilla gina isid. geoffr., en “Comptes Rendus de l’Academie des Sciences de Paris”, XXXVI, 1853, pp. 925-933; P. B. du Chaillou, Descriptions of fine new species of mammals discovered in Western Equatorial Africa, en “Proceedings of the Boston Society of Natural History”, VII, 1860, pp. 296-304; R. Hartmann, Der Gorilla, zoologisch-zootomische untersuchunge, Leipzig 1880.
63 T. H. Huxley, op. cit.
64 A. E. Brehm, Illustriertes Tierleben, Hildburgheusen, Leipzig 1863-1864. La obra fue traducida al italiano con el título de La vita degli animali, descrizione generale del regno animale, UTET, Turín 1871.
65 R. Hartmann, Die menschenähnlichen Affen und ihre Organisation im Vergleich zur menschlichen, Leipzig 1883. La obra fue traducida al italiano: Le scimmie antropomorfe e la loro organizzazione in confronto con quella dell’uomo, Dumolard, Milán 1884.


Tomado de Giacobini G. y Giraudi R. “E l’uomo uincontró la scimmia”, KOS 23 (1986) 14-37.
Trad. de Pilar Chiappa. chiappac@imp.edu.mx. Reproducido con autorización de Giacomo Giacobini.