Entradas populares

Mostrando entradas con la etiqueta cueva. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cueva. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de mayo de 2013

“entrada de la muerte”: cementerio de numerosas especies


Una de las convenciones más frecuentes en las ilustraciones de libros de zoología es la inclusión casi alegórica de múltiples especies propias de un biotopo en una misma imagen.
Lo más normal en un biotopo es no ver ni uno sólo de los animales que lo habitan, y sin embargo, para asociar, desde un punto de vista pedagógico, las especies animales a su entorno natural, estamos familiarizados con imágenes que muestran paisajes típicos que ejercen de decorado para la presencia por aliteración de múltiples especies atrapadas en el mismo espacio de una página ilustrada.
El recurso de aliterar distintos momentos posibles en un solo espacio ya se daba de algún modo en las primeras pinturas rupestres, y, fuera del ámbito del arte aplicado a la ilustración zoológica, podemos recordar ciertos temas mitológicos recurrentes en la historia de la pintura que ayudaban a mostrar distintas vistas posibles de un objeto de interés, como ocurre con el cuerpo femenino visto desde diferentes perspectivas a la hora de ilustrar el juicio de Paris o las Tres Gracias, abriendo además la posibilidad de contemplar una belleza rubia junto a una pelirroja y una morena (el esquema se repite de algún modo en el éxito de fórmulas similares como la serie "Los Ángeles de Charlie" o "Sexo en Nueva York", y son frecuentes los tríos femeninos protagonistas en películas como "Historias del Corazón", "El club de las Primeras Esposas", "Las Brujas de Eastwick" y otras). Del mismo modo, existe esta costumbre de mostrar tres o más actitudes y poses posibles de una misma especie animal en una única ilustración.



Los paisajes representativos de un clima o biotopo en el que se aliteran todas las especies posibles representativas de la zona es algo a lo que estamos bien acostumbrados y, aunque sepamos que la Naturaleza no suele ser tan generosa con su propia puesta en escena, aceptamos la convención como si de un inventario en forma iconográfica se tratara.
Aplicando esta fórmula a sus portadas, algunas colecciones editoriales alcanzaron un gran éxito comercial y una importante repercusión en la divulgación de contenidos de carácter zoológico, y al respecto ya hemos mencionado en alguna ocasión la colección de Auriga Ciencia "Vida Íntima de los Animales" publicada en los años setenta por la editorial AFHA en nuestro país.

Es por todo lo comentado hasta ahora que la Sabana Africana sigue siendo el biotopo fotogénico por excelencia, al ofrecer la posibilidad de observar simultáneamente variedad de ejemplares de diversas especies en un misma imagen sin necesidad de manipularla. En una selva puede haber mayor variedad de especies, pero no es fácil vislumbrarlas y mucho menos ver las más representativas simultáneamente en un mismo espacio escópico. Imaginemos, entonces, cuánto más difícil será encontrar en la naturaleza un lugar donde poder registrar simultáneamente grupos selectos de categorías animales, como podríamos encontrar en un libro ilustrado de reptiles, anfibios, depredadores, aves...todos reunidos en un mismo espacio posando para el cuadro.

En paleontología, el descubrimiento de yacimientos donde se reúnan muchas especies diferentes se debe a causas naturales diversas, a menudo de carácter más o menos catastrófico, pero intrínsecas a la posibilidad del hallazgo (encontrar ejemplares aislados depende todavía más de la casualidad) y es por ello que nos ha parecido digno de mención el reciente hallazgo de un yacimiento en el que se concentran gran cantidad de ejemplares en buen estado de depredadores, exclusivamente, como si de una de esas ilustraciones alegóricas se tratase:





Apuntes de Naturaleza

Una cueva con “entrada de la muerte” se convirtió en el cementerio de numerosas especies


Por  | Apuntes de Naturaleza – mar, 7 may 2013
Reconstrucción de la cueva donde se acumularon los cadáveres. Crédito: …En Paleontología resulta común encontrar yacimientos con muchas especies pero con los restos mal conservados, o esqueletos en muy buen estado pero de unos pocos animales. Sin embargo, en la excavación de Batallones-1, a unos pocos kilómetros de Madrid, se han juntado ambos factores: restos perfectamente conservados de una gran cantidad de especies, sobre todo de carnívoros.
Entre los animales que se han podido recuperar hay dos especies de tigres de dientes de sable (Promegantereon ogygia y Machairodus aphanistus), un antecesor del panda rojo (Simocyon batalleri), una hiena (Protictitherium crassum), y un anficiónido o perro-oso (Magericyon anceps).
Todos estos restos se encuentran en un estado de conservación realmente destacable. Generalmente, cuando se encuentran agrupaciones de fósiles de especies tan distintas, el orígen suele ser catastrófico. Es decir, un alud o una riada con gran cantidad de sedimentos tuvo lugar justo antes de la muerte de los animales y por eso aparecen reunidos.
Cuando ocurre esto, los huesos que se encuentran resultan dañados. Y especialmente los cráneos, que son más delgados y ligeros que el resto del esqueleto. Pero en el caso de Batallones no es así. Casi no existen fracturas, y la mayoría de los cráneos están intactos.
Este hecho sorprendió a los investigadores. Pero lo que más les llamó la atención, y lo que hizo que determinasen que el orígen no podía ser de tipo catastrófico, era la casi total ausencia de herbívoros. El 98% de las especies encontradas eran depredadores.
Entonces, ¿cómo se reunieron animales que en vida luchan y compiten por los recursos, para morir en un lugar que, además, ha permitido conservar excepcionalmente bien sus restos? La explicación que han encontrado los científicos resulta bastante sencilla.
Cuando estos animales vivían, hace unos 10 millones de años, la zona del yacimiento era una cueva que se formó por el lavado de las arcillas. Funcionaba como un cuello de botella: los depredadores entraban en ella buscando comida o bebida y una vez dentro no podían salir, ya que las paredes resultaban demasiado empinadas y resbaladizas.
Los que no entraban eran los herbívoros, o al menos – tal y como se puede deducir por los restos fósiles – procuraban evitarlo. Para un animal acostumbrado a ser presa de otros, esta cueva era una trampa mortal. Así que los carnívoros que quedaban dentro morían de hambre. Y sus restos servían como reclamo para carroñeros como las hienas.
En este yacimiento aún queda mucha información por conocer. Antes de publicar este estudio, ya había sido noticia por el hallazgo del antecesor mejor conservado de un panda rojo, y por la presencia de un pariente del elefante africano (Tetralophodon longirostris).

jueves, 10 de mayo de 2012

Murciélagos gigantes y falsos vampiros


La cueva de Ikim-tzotz

sábado, 10 de marzo de 2012

EL DIBUJO COMO LENGUAJE DEL NATURALISTA.

Bisonte. Cueva de Altamira (Arte Rupestre)


Reproducción del techo de Altamira.

Leonardo Da Vinci




León rugiente. Leonardo Da Vinci.





Oso. Leonardo Da Vinci.





Arte Rupestre: Cueva de Lascaux (Francia).




Apuntes sobre gatos de Leonardo Da Vinci.




Marcelino Sanz de Sautuola : Apunte del techo de Altamira descubierto accidentalmente por la hija de Cubillas.


3- EL DIBUJO COMO LENGUAJE DEL NATURALISTA.
Es difícil delimitar en qué medida el artista ejerce como naturalista o el naturalista como dibujante en el transcurso de la historia, y de forma muy significativa etre los siglos XVI y XIX .
El naturalista tal y como lo entendemos hoy en día es un personaje que se comienza a definir en el siglo XVIII, auxiliado por evocadoras imágenes realizadas por dibujantes y grabadores cada vez más especializados.
Sin embargo, en siglos pasados, filósofos, sabios y teólogos hacían referencias al mundo animal dentro del marco del conocimiento en un sentido amplio y trascendente, no especializado.
Las imágenes que ilustraban los textos daban fe del conocimiento existente acerca de las diversas criaturas que los poblaban, pero hay que decir que la Edad Media, de espaldas al mundo natural, idealizante y oscurantista (añadamos a esto que dicho oscurantismo, si bien se da en muchos ámbitos culturales del medioevo, también constituye un peligroso tópico que envilece de algún modo nuestra noción de toda una época de occidente), no contempla la naturaleza como modelo objetivo hasta el afianzamiento del gótico, y es en el Renacimiento cuando encontramos la figura del "sabio total", que recurre no sólo a su cultura, sus lecturas y su expresividad literaria, sino que, altamente capacitado gráficamente, estudia los fenómenos naturales al tiempo que los ilustra.

Leonardo Da Vinci plasmaba en imágenes de su propia mano privilegiada su anhelante deseo de conocimiento, y desgranaba en forma detallada las lecciones, más funcionales que simbólicas, de las creaciones de la naturaleza, en sus dibujos. En la obra de Leonardo (esa obra complementaria a sus grandes obras maestras) no abundan los dibujos de animales, sí los de plantas y flores. Sus precisos dibujos anatómicos son, no obstante, de proverbial precisión, y sus estudios sobre el caballo (animal modélico, de alto rango, complemento de las representaciones de personajes que ostentaban poder), el ala del ave (órgano envidiable, capacitador de ansiado vuelo) y del ojo humano (filtro principal de nuestro conocimiento empírico) siguen siendo óptimos ejemplos de cómo la perfección estilística en el artista pasa por la necesidad del conocimiento detallado, de la sabiduría que contempla y repite las formas de la naturaleza.
La obra de Leonardo más calificable como científica o naturalista se anticipaba en gran medida a su propio tiempo, aunque en el ámbito más popular fué eclipsada por la gran calidad de sus esculturas y pinturas más "mundanas". La razón del relativamente escaso interés de los dibujos de Leonardo para sus coetáneos era básicamente el descrédito de ciertos ejercicios de oficio que en su caso parecían extralimitarse hacia lo excéntrico. No olvidemos que la zoología (si es que ya se la podía llamar así) del siglo XV se impregnaba aún de un irreductible componente fantástico y popular, heredero de la tradición medieval, cuyo origen se podría situar en la obra de Plinio. La iconografía, rara vez ausente pero rara vez independiente del texto, era vaga e imprecisa.
Esto no quiere decir que no encontremos precedentes de los tratados naturalistas en la Edad Media, aunque sea por motivos cinegéticos. Al mismísimo emperador Federico II se atribuyen algunas de las miles de extraordinarias imágenes de aves que figuran en "De arte venandi cum avibus", tratado de cetrería del siglo XIII, donde erudición y habilidad gráfica se aliaban en un interés común: el conocimiento detallado, en gran medida científico, pero siempre justificado por las pasiones de la caza. Damos, en esta obra, con un auténtico incentivo para la representación exacta de los animales. Lo que me pregunto es porqué convertimos en un tópico medieval el coleccionismo cinegético de animales o de sus imágenes sin imaginar numerosas excepciones perfectamente posibles en las que cambien los juicios de valor individual e independientemente de lo que se supone califica a toda una época. Nos ocurre algo similar con respecto a las representaciones animales de la prehistoria, las cuales, prescindiendo de posibles variantes particulares, son inevitablemente adscritas por los especialistas a un totemismo propio de la época y por tanto inevitable.
Tal vez todos los prejuicios culturales tengan que ver con aquel otro prejuicio que hace arrancar la "Historia", propiamente dicha, de una protohistoria o prehistoria carente del conocimiento humano que desde nuestro punto de vista calificamos como tal. Casi sin querer consideramos a aquellos antepasados nuestros como carentes de un elevado conocimiento de las cosas que a nosotros sí nos califica automáticamente.
Las pinturas rupestres pasarían a ser así poco más que la obra de seres prehumanos, atrasados, ignorantes, elevados en el mejor de los casos mediante la adoración de becerros de oro. Por el contrario, también podemos encontrar apasionadas réplicas cuyas tendencias ideológicas añoran una pretérita humanidad salvaje y de algún modo virginal, inmersa en el conocimiento "auténtico" de las cosas. Ese tipo de conocimiento que sólo pueden poseer los virtuosos del instinto: los animales.