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viernes, 21 de diciembre de 2012

Apuntes de Naturaleza

Así era el verdadero aspecto de los “hobbits”


Por | Apuntes de Naturaleza – mar, 18 dic 2012
Aspecto de la hembra de "hobbit". Crédito: Dr. Susan Hayes/Australian Archeological Association
Aprovechando el reciente estreno de la película "El Hobbit" de Peter Jackson, un equipo de investigación australiano ha publicado una reconstrucción del aspecto de un fósil humano al que se conoce como "el hobbit".
Se trata, en concreto, de una hembra de la especie Homo floresiensis. Este homínido recibe su mote debido al parecido con la especie ficticia de la obra de Tolkien. Según los estudios realizados sobre restos fósiles, un adulto de 30 años de esta especie mediría en torno a un metro de altura.
La técnica que se ha empleado se conoce como "aproximación facial". Los científicos prefieren este término al de reconstrucción, ya que este último se relaciona más con intentos artísticos de ofrecer una posible imagen de cómo sería una especie extinta. La aproximación facial emplea datos sobre los propios huesos, marcas de inserción de músculos y tendones y otros datos biométricos para dar una imagen certera de cómo sería dicha cara. De hecho, es una técnica empleada habitualmente en ciencias forenses para reconstruir el aspecto de cadáveres.
Un hecho que ha sorprendido a muchos expertos al poder estudiar las aproximaciones faciales es su parecido con los humanos actuales. Aún existe cierto debate sobre si Homo floresiensis es una especie totalmente nueva o simplemente una población de alguna de las ya conocidas con ciertas características como enanismo y pequeño desarrollo.
Los últimos estudios parecen decantar las opiniones hacia considerarla una especie totalmente nueva, y la aproximación facial apoya esta teoría. El aspecto de la cara es muy similar al de un humano moderno, con características que claramente separan a H. florisiensis de Homo erectus, la otra especie con la que se suele asociar.
Según explican los autores de la publicación, el trabajo ha sido mucho más complicado de lo que esperaban. Esto se debe, principalmente, a que carecían de datos con los que comparar. Cuando se realiza una aproximación facial sobre un ser humano, se cuenta con una base de datos de imágenes de caras muy amplia. Pero en el caso de una especie fósil, no hay con qué comparar y sólo se pueden realizar extrapolaciones matemáticas. Sin embargo, la técnica es muy precisa y cuenta con el respaldo de la comunidad científica.
De hecho, la respuesta que ha recibido esta publicación ha sido muy positiva. En círculos científicos se habla de la importancia que este tipo de imágenes tienen tanto para el público general, como para el desarrollo de nuevos estudios. En muchas ocasiones, para discriminar entre dos especies se utiliza la anatomía comparada. Ahora se cuenta con datos fiables sobre los que trabajar.
Y también tiene un efecto publicitario. A todos los que no somos especialistas en la materia nos resulta más sencillo de entender una cara que un cráneo. Al cubrir los huesos de músculos y piel podemos observar y apreciar las similitudes y las diferencias entre este "hobbit" y un humano moderno.

lunes, 12 de marzo de 2012

Tolkien y el paisaje artificial.



Tolkien y el paisaje artificial.
Si quisiera resumir lo más brevemente posible la disertación que he desarrollado hasta aquí, lo mejor que podría hacer sería recomendar a buenos entendedores la lectura del cuento "“HOJA” de Niggle", de J.R.R. Tolkien.
Pese al carácter extremadamente simbólico de este exquisito cuento, es, posiblemente, la obra más esclarecedora del modo de entender la existencia por parte del autor.
Un hombre tiene que hacer un viaje, pero lo pospone constantemente porque tiene cosas que hacer: ha de acabar un cuadro que había comenzado representando una hoja y que se ha ido complicando hasta conformar un árbol, que poco a poco exige un cielo, unas montañas lejanas, un paisaje.
Sus quehaceres caseros y el constante y desigual intercambio de favores con su vecino le impiden finalizar el cuadro antes de que vengan a buscarlo para emprender el viaje al que la Administración le obliga. Tras un período de “rehabilitación social”, el pintor ( Niggle) es enviado a un lugar en el que reconoce el paisaje de su cuadro, mucho más avanzado, para ser “acabado”. Su antiguo vecino está allí para ayudarle. En el prólogo de la edición de Minotauro de 1981, J.C. Santoyo y J.M. Santamaría nos apuntan la fundamental idea de Tolkien: la necesidad de que la obra de arte tenga “la consistencia interior de la realidad”:
“La pereza, la falta de firmeza de Niggle, son transformados” del otro lado del túnel” en prontitud, orden, servicio, lo que cambia a la vez la visión fugaz del artista en “subcreación” o creación derogada. La “Hoja” de Niggle es así parte de lo que Tolkien llama el Arbol de los Relatos, de follaje innumerable, en el que cada hoja es todas las hojas”.
Debemos tener en cuenta el momento biográfico anterior a la gestación de esta obra, un período tenso y cargado de preocupaciones. La sombra de la guerra oscurece a Europa y no augura nada bueno a Gran Bretaña.Tolkien, temeroso de verse afectado directamente por la catástrofe, presiente, tal vez, la necesidad de hacer balance de su vida y su carrera hasta aquel instante.
"'Hoja', de Niggle", es algo más que una justificación de su propio trabajo literario. Es una justificación de la función social del arte, bajo el particular prisma de un peculiar católico romano, en un mundo que no es sino una preparación para un Más Allá al que el artista puede acercarse y entrever su grandeza gracias a sus dotes de percepción. El arte constituye para Tolkien la posibilidad de construir un paisaje en el que nuestros deseos no se vean reflejados, sino cumplidos.
Su paralelismo con Carroll puede fácilmente ser establecido pero existe una clara diferencia entre el paisaje del País de las Maravillas y el de Fantasía. El uno es racional, el segundo espiritual. Carroll establece relaciones insólitas entre las cosas. Hace del paisaje inglés de mitos y leyendas un decorado artificioso, onírico y no obstante lógico, aun cuando su lógica posea fines lúdicos. Tolkien, al igual que en su obra gráfica y pictóricam no hace del mítico paisaje inglés un recurso, sino que la revisa y lo renueva. Continúa la tradición con un sentir nuevo, pero es un justo heredero de Malory, aunque no debemos olvidar que ya Carroll le había mostrado el otro lado del espejo, en el que se reflexiona sobre la realidad condicionada por el lenguaje y la percepción, que, a la inversa que en Carroll, son el recurso para construir el paisaje de Tolkien.

“La labor de Niggle es, desde un estricto punto de vista social, plenamente válida, pues sirve de nexo de unión entre el mundo superior, esa región ideal que acabamos de mencionar, y la oscura y fría realidad de nuestro vivir cotidiano. El artista es el vigía encaramado en la cofa más alta del palo mayor, que desde allí transmite incluso los más leves atisbos de tierra a los míseros galeotes hundidos en la sentina. Pero esta misión no deja de tener sus peligros.
El camino de Fantasía es intrincado y, por si fuera poco, suscita y genera incomprensión en este mundo racionalista y utilitario que nos ha tocado vivir. No son pocos los galeotes que critican al vigía y no comprenden que también es arriesgado mantenerse en la cofa expuesto al sol y al frío, tratando de distinguir la línea de la costa entre la bruma o la proximidad de tierra firme por el vuelo de las aves. La incomprensión y hostilidad de sus convecinos es uno de los tributos que debe de pagar todo aquel que destaca [...] Para él Fantasía, el intento de acercarnos a ese Reino y de cominar sus sendas supone un medio de lograr nuestra realización como personas y nuestro acercamiento y encuentro con el Más Allá” (Santoyo)

Los paisajes de Tolkien, tanto los literarios como los pictóricos, recrean geografías perdidas en un pasado imaginado por la historia y por la lírica. Lo que resulta asombroso es la claridad conque Tolkien asume el tema de la representación y su condición fraccionaria (el culto al fragmento) y cómo lo expone a través del paisaje, en el que la armónica unión de los elementos posibilita que cada uno de ellos contenga la obra completa, convirtiendo así a ésta en un todo que se incluye en EL TODO que la justifica.

Desde el punto de vista de Tolkien, el arte del paisaje implica la previsualización de un paisaje superior, más perfecto y dotado de todo cuanto llena nuestras necesidades y espectativas. De un modo particular, se ve irremisiblemente atraído por los significativos accidentes geográficos descritos en la tradición legendaria inglesa, viajando con la imaginación a lo que incluso para Malory había sido un pasado mítico, dotando al paisaje del don de definir en el tiempo y viceversa.

“El señor de los Anillos” y “ El hobbit” constituyen ejemplos de esa sabia recreación del paisaje, ignoto no por su lejanía espacial sino temporal "'Hoja', de Niggle" no sólo supone la demostración por parte de Tolkien de su clara conciencia del, llmémosle (ya que he utilizado de un modo particular el término) idiolecto paisajístico (un paisaje cultural subliminal) sino que además nos ayuda a vislumbrarlo en el corpus literario anglosajón y análogamente en el de otras culturas.
La Metáfora del Paisaje de Niggle no solo implica una relación entre el arte del paisaje y una realidad metafísica, sino también una perición de perfección a la Realidad Natural que va más allá de un reproche. El paisaje de Niggle exige un amorosa comprensión de los dones de la Naturaleza que el mismo Niggle, en su febril actividad artística,inconscientemente, había ignorado. Tolkien nos pide comprensión con la Naturaleza, una sana curiosidad que nos ayude a ponerla de nuestra parte.