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lunes, 19 de febrero de 2018

Kate MccGwire en los límites del bioarte. Sugerentes formas serpentiformes emplumadas.


Kate MccGwire
Kate MccGwire
Kate MccGwire es  una escultora británica de renombre internacional cuya práctica explora la belleza inherente a la dualidad, empleando materiales naturales para explorar el juego de los opuestos a un nivel  estético, intelectual y visceral.

Al crecer en los Norfolk Broads, su conexión con la naturaleza y su fascinación por las aves se nutrió desde una edad temprana, y los trasuntos y materiales aviarios han constituido el tema recurrente en sus obras de arte. Desde que se graduó en el Royal College of Art en 2004, sus asombrosas esculturas se han exhibido en la Saatchi Gallery (Londres), el Museum of Art and Design (Nueva York), el Musée de la Chasse et de la Nature (París) y recientemente en Glasstress, un evento colateral oficial de la Bienal de Venecia.

'Recopilo, clasifico, reutilizo, añado capas, pelo, quemo, revelo, localizo, cuestiono, duplico, juego y fotografío'


(extracto de la web de la artista)


Pasamos de los restos orgánicos de animales como recurso expositivo al empleo de estos como pretexto artístico. Este tipo de prácticas se acercan al terreno del bioarte, en tanto en cuanto ha sido necesario un proceso biológico para llegar a ellos, y dicho proceso está argumentalmente implícito en el propio sentido de la obra, pero en una obra de genuino bioarte, la propia forma final de la obra habría de estar determinada por un proceso biológico, o cuando menos el material orgánico habría de estar vivo aunque intervenido. Al fin y al cabo, las principales obras de Louis Bec, uno de los padres del bioarte junto a Eduardo Kac, se amparan en soportes digitales y constituyen simulaciones virtuales de formas de vida en desarrollo, un desarrollo virtual, pero esencialmente autónomo y en cierto modo auténticamente vivo. Discutir sobre su auténtica condición orgánica, viva, no hace sino constatar que consiguen el propósito de hacer cuestionarse al espectador acerca de la vida y su propia condición como ser biológico, y sin duda este es el propósito final de cualquier manifestación de lo que se pudiese considerar bioarte.

Darryl Cox
En nuestra anterior entrada volvíamos sobre ciertos autores de diferentes disciplinas, entre ellos muchos fotógrafos, que focalizan sus reflexiones sobre la vida a través de sus vestigios, centrando sus miradas en formas animales muertas.

Algunos de dichos referentes flirtean con cuestiones cercanas a los ámbitos del bioarte, pero lejos de una concreción de un discurso amparado en interrogantes científicas, denotan una preocupación más espiritual, abstracta si se prefiere, que los inserta más bien en lo que hemos venido denominando necroantrozoología artística y que sería tánatoarte en contraposición al bioarte.

No obstante es posible encontrar casos fronterizos en los que el despojo animal se convierte en material no exento de significado implícito. Al fin y al cabo, una talla en madera no evoca nada en relación al desarrollo biológico del árbol del que se ha extraído el material base, a no ser en el caso que ya hemos comentado anteriormente de las obras de Darryl Cox.

Guido Mocafico


Hoy dedicamos nuestra atención a la obra de Kate MccGwire precisamente por estar en un espacio intelectual similar, a medio camino entre sugerir texturas y materialidad orgánicas reconocibles a través de la observación zoológica, pero también modelando formas sugerentes que atañen al esquema básico de una tracto digestivo protegido por una armadura motriz, como en los gusanos o en esa atávica imagen de la serpiente. Las esculturas forradas de plumas naturales de MaccGwire nos recuerdan a ovillos de serpientes o al menos a seres vivos serpentiformes, estableciendo además un cierto nexo entre las serpientes y los demás reptiles que antaño evolucionaron hasta los dinosaurios que darían paso a las aves. Sin embargo, sería demasiado escueto limitarnos a establecer esta categorización en base a que sus esculturas nos recuerdan a serpientes que se mueven en un sentido concreto determinado por la disposición estudiada de sus escamas convertidas en plumas. Lo que más nos constata que la artista reflexiona sobre nuestros conocimientos biológicos y sobre el poso cultural del discurso científico es su concienzuda elección de los soportes y contenedores para sus obras, a menudo preservadas por expositores transparentes semejantes a peceras, matraces y campanas transparentes que nos remiten a los recursos expositivos propios de museos de la ciencia y museos de historia natural. La asociación entre la preservación de los especímenes biológicos y la preservación de las obras de arte en espacios específicos para su observación es el argumento que más justifica la presencia de Kate MccGwire entre nuestras selecciones.

Guido Mocafico:
Fotografía de uno de los modelos zoológicos
en vidrio de Leopold y Rudolph Blaschka
Si en nuestra anterior entrada observábamos cómo la plastinación convierte los restos animales en esculturas, podríamos decir que las obras de MaccGwire sugieren un proceso inverso, de forma casi más evidente que estableciendo dicha comparación con esculturas para la didáctica zoológica o veterinaraia. En esta misma entrada sobre los animales plastinados podíamos observar la fotografía de un pulpo tratado mediante dicho proceso, lo que posibilita visualizar al animal de forma más aproximada a su movimiento en estado natural que si esos mismos restos orgánicos se hallasen sumergidos en un frasco con glicerina o formol, porque su condición blanda e invertebrada convierte a los cefalópodos en algo difícil de mostrar.

Recordemos la solución técnica a la condición traslúcida de este tipo de animales, así como de las medusas y otros invertebrados marinos, al reproducirlos en vidrio mediante sofisticadas técnicas policromadas a cargo de los célebres Blaschka, padre e hijo, y a cuyas célebres piezas dedicamos un artículo. lo que fotografió para un catálogo el fotógrafo Guido Mocafico, y vale la pena comparar el pulpo plastinado con la pieza del pulpo en vidrio de los Blaschka fotografiada por Mocafico, pero si en su momento dedicamos un espacio propio al fotógrafo fue por sus propias composiciones fotográficas de animales (a destacar arañas y medusas) y muy especialmente de sus series de estudio con serpientes, por su forma de aliterarlas en cajas rectangulares coincidentes formalmente con el rectángulo del propio formato fotográfico.
Ernst Haeckel

Precisamente eran las piezas zoológicas de estos famosos vidrieros (famosos inicialmente por sus excelentes reproducciones botánicas y florales en vidrio)

El pulpo de los Blaschka fotografiado por Mocafico exhibe una simetría heredera de las ilustraciones de Ernst Haeckel que inspiran la pieza.


De este modo, Mocafico nos recuerda que la fotografía es una forma de preservación de especímenes semejante a un matraz cuadrangular, y que está tan cargada de información visual sobre aspectos anatómicos de los especímenes como de estímulos estéticos y estrictamente artísticos y compositivos, como en cualquier pintura sea abstracta o figurativa. Hemos de pensar en el hecho de que el material más valioso de los especímenes compilados en cualquier menagerie es actualmente la información genética, seriamente mermada o anulada por los procesos de conservación, con lo que estos objetos sólo aportan información visual, al igual que las fotos, pero constituyen un material que se acomoda más a una galería de curiosidades que a un archivo científicamente significativo.

Tal vez parezca forzada la asociación entre las fotos de serpientes de Mocafico y las esculturas de MccGwire, pero lo cierto es que ambos trabajos aluden a la expresividad de las formas orgánicas y a la importancia de la textura iridiscente de escamas y plumas para dotar a los objetos expuestos de belleza cromática además de significado estructural y orgánico, que sugieren vida y movimiento en contraste con los rígidos formatos cuadrangulares de las vitrinas expositivas, que aluden a un discurso científico organizado pero que se limita a extraer fragmentos sujetos a coordenadas ortogonales, racionales, que aportan otro tipo de verosimilitud a las piezas. Es significativa, además, la preocupación la escultora por fotografiar de forma concreta y precisa sus piezas, tomando clara conciencia de lo que exponíamos al inicio de este escrito, que la fotografía constituye una forma particular de preservación y, a la postre, el soporte natural en que la mayor parte del público visionará su obra en las redes y en medios impresos, evocando al máximo la detallada observación que los que las contemplen en directo tendrán en las salas que las expongan.

Mafa Alborés

Os ofrezco ahora un recordatorio de las serpientes fotografiadas por Mocafico y a continuación una selección de las obras de MccGwire, entre las que descubriréis algunas que apuntan a texturas botánicas, además de las consagradas a superficies con plumas.



referentes: (Guido Mocafico)

Guido Mocafico

Guido Mocafico


En un artículo de COLOSSAL, se comenta al respecto de la reciente exposición de la escultora británica:

Las esculturas de plumas de Kate MccGwire yuxtaponen el material hermoso y delicado con formas desconcertantes. Mientras que su trabajo anterior tendía a instalaciones extensas que rezumaban y se deslizaban hacia el espectador, las piezas más recientes de MccGwire se enrollan con fuerza y ​​se muestran dentro de los límites de marcos, armarios y campanas.
Aunque a primera vista los increíbles colores y patrones de las plumas parecen exóticos, la británica MccGwire obtiene todos sus materiales de plumas sueltas proporcionadas por granjeros, guardabosques y corredores de palomas. 
Originalmente se inspiró para comenzar a trabajar con plumas después de descubrir una colonia local de palomas que dejaba caer plumas cerca de su estudio de arte rural. Las plumas de urraca y pato silvestre brillan con un azul tornasolado iridiscente, y las plumas de faisán exhiben patrones detallados.
En una entrevista con Artnews, MccGwire describe su trabajo: 

"Pienso al respecto que es como un cordón umbilical. Quiero seducir por lo que hago, pero rebelarme en igual medida. Es realmente importante para mí obtener ese rechazo de las cosas que crees saber con certeza ".

MccGwire está representada por La Galerie Particuliere y Mark Sanders Art Consultancy y exhibe ampliamente; ella actualmente tiene obras en tres shows. El artista también comparte actualizaciones en Facebook e Instagram.















Kate MccGwire‘s roiling feather sculptures juxtapose the beautiful, delicate material with discomfiting shapes. Whereas her earlier work tended toward sprawling installations that oozed and slid toward the viewer, MccGwire’s more recent pieces are tightly wound and displayed within the confines of frames, cabinets, and bell jars.
Although at first glance the feathers’ incredible colors and patterns seem exotic, the British MccGwire sources all of her materials from dropped feathers provided by farmers, gamekeepers, and pigeon racers. She was originally inspired to begin working with feathers after discovering a local pigeon colony that dropped feathers near her rural art studio. Magpie and mallard feathers gleam an iridescent inky blue, and pheasant feathers sport detailed patterns.
In an interview with Artnews, MccGwire describes her work: “I’m thinking of it as being like an umbilical cord. I want to seduce by what I do—but revolt in equal measure. It’s really important to me that you’ve got that rejection of things you think you know for sure.”
MccGwire is represented by La Galerie Particuliere and Mark Sanders Art Consultancy and exhibits widely; she currently has works in three shows. The artist also shares updates on Facebook and Instagram.

http://www.thisiscolossal.com/2018/01/seething-sculptures-kate-mccgwire/

http://katemccgwire.com/

Guido Mocafico

Darryl Cox

miércoles, 13 de abril de 2016

Guido Mocafico fotografía los exquisitos modelos zoológicos de invertebrados en vidrio de los Blaschka

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Octopus vulgaris, Leopold and Rudolf Blaschka. Photograph © Guido Mocafico, 2013. With the courtesy of the Natural History Museum of London, UK.



El trabajo fotográfico de Guido Mocafico es variado, pero nos interesa especialmente su predilección por la documentación de ejemplares zoológicos y botánicos en estudio, y por su disciplinada y meticulosa composición de naturalezas muertas, coherentes con las más exigentes metodologías pictóricas del barroco, y muy oportunas para enlazar al autor con los trabajos de los artistas de nuestra serie de entradas precedentes, en los que la presencia de animales muertos constituía algo más que un nexo estilístico o formal. Asimismo, Guido Mocafico ya había llamado nuestra atención por su particular modo de iluminar y componer sus catálogos fotográficos de serpientes.

Nos gusta esa honestidad con la que los ejemplares son conservados en forma de imagen fotográfica, asumida como un método más de preservación, adaptando la forma de la serpiente al marco y encuadre de la foto (las introduce en cajas, o recipientes cuadrangulares negros sobre fondos negros para maximizar el interés escópico de la forma y textura del animal, asumiendo su capacidad para adaptarse a las formas aleatorias de los recovecos en los que puedan introducirse). Tal y como vitrinas, matraces y peceras condicionan la forma que adopta el cuerpo del animal, Mocafico adapta la disposición de las largas y torsionables columnas vertebrales de los ofidios y realiza una presentación digna de un museo de historia natural.
No se trata de una animal muerto y preservado, estrictamente, pero los restos de su presencia física, en forma de huella, de vestigio fotográfico, muestran una calidad de detalle visual correspondientes a las que muestra el animal vivo, aunque ya congelado en el tiempo.

Aunque sus otros trabajos y proyectos son diversos, la verdad es que sus trabajos con animales justifican sobradamente su presencia en nuestro blog y demuestran su sobria concepción de la fotografía documental sin perder un ápice de inclinación hacia la fotografía artística y creativa. Demuestra también una cierta predilección por los animales más lejanos a una relación de empatía, a reptiles y artrópodos, a invertebrados como medusas que comparten la geometría radial de las flores, de las plantas, y una etérea condición física difícil de conservar fuera de su medio natural.

Precisamente, esta cualidad de los invertebrados marinos los condenaba a ser sumergidos en frascos de formoldehído, o de glicerina, para su observación en laboratorios o en museos. Su blanda condición dificulta imaginar su aspecto cuando se mueven vivos en su elemento.
Por eso, con el apogeo de las colecciones naturalistas y museos de zoología, empezó a ser frecuente verlos reproducidos escultóricamente mediante técnicas del vidrio, porque constituía el material perfecto para reproducir sus cuerpos transparentes y translúcidos, tal y como comentábamos al referirnos al ejemplar trabajo de los Blaschka.
Pues bien, hoy podemos volver a apreciar la exquisita observación anatómica y la virtuosa técnica de acabados del vidrio de Leopold y Rudolph Blaschka gracias a las fotografías de sus piezas realizadas por el fotógrafo italiano, quien consigue igualar sus trabajos precedentes con ejemplares vivos.
Si ya habíamos disfrutado con estas hermosas reproducciones zoológicas, ahora podemos disfrutar de la eficacia del recurso expositivo por excelencia: la fotografía, capaz de igualar, al menos a primer golpe de vista, los animales vivos con los muertos, los naturalizados con los reproducidos, y el realismo del producto resultante es un índice de nuestra agudeza perceptiva y nuestro nivel de conocimientos zoológicos.
A continuación, una pequeña selección de sus fotografías de arañas, naturalezas muertas y serpientes, seguida de su serie dedicada a las piezas de vidrio de los Blaschka, verdaderamente notable, y de la que hemos tenido noticia, una vez más, gracias a una entrada de Colossal comentada por Christopher Jobson a propósito de su exposición en Hamiltons Gallery.


































Chromogenic print 
   70x52,6 cm
   Edition of 8+2 AP


Guido Mocafico’s Photographs of the Blaschka’s Exquisite Scientific Glass Models


Father and son Leopold and Rudolf Blaschka dedicated their lives to creating some of the most exquisite glass models ever produced by human hands over the course of overlapping careers spanning the mid 1800s through the 1930s. Originally from Bohemia, but based in Dresden, the artists used glassblowing techniques to fabricate near lifelike sculptures of plants and invertebrates including jellyfish, snails, sea anemones, corals, hydroids, starfish, sea-cucumbers, and other creatures.
The Blaschka glass models are made from clear, colored, and painted glass, sometimes assembled with wires. All of the pieces were commissioned by institutions for private research collections and were never sold directly to the public. It’s estimated the father and son made approximately 4,400 individual models during their lifetimes, the majority of which survive today.
Over the last few years photographer Guido Mocafico has set out to document many of the most impressive models created by Leopold and Rudolf Blaschka that are currently stored in museums and universities around the world. Using his own unique style to illuminate each object against a stark black background, Mocafico manages to capture the minute details of each artwork, bringing to life sculptures that are now more than a century old.
A large exhibition of Mocafico’s photos, titled simply Blaschka, are currently on view at Hamiltons Gallery in London through May 24, 2016. You can explore more photos on Artsy. (via Juxtapoz)
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Aulosphaera elegantissima, Leopold and Rudolf Blaschka. Photograph © Guido Mocafico, 2013. With the courtesy of the Natural History Museum of Dublin, Ireland.
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Bougainvillia fruiticosa, Leopold and Rudolf Blaschka. Photograph © Guido Mocafico, 2014. With the courtesy of the University Museum of Utrecht, The Netherlands.
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Carmarina hastata stage 4, Leopold and Rudolf Blaschka. Photograph © Guido Mocafico, 2014. With the courtesy of the University of Vienna, Austria.
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Porpita meditteranea, Leopold and Rudolf Blaschka. Photograph © Guido Mocafico, 2013. With the courtesy of the Natural History Museum of Geneva, Switzerland.

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lunes, 13 de abril de 2015

Unicornios y serpientes de mar. Una asociación aparentemente improbable tristemente hecha realidad.




Si existen dos animales míticos por excelencia en tierra y mar tendríamos que referirnos al unicornio y a la serpiente de mar (aunque existen mitos criptozoológicos que apuntan también al unicornio marino, por cierto).
 Los dones otorgados a las sustancias contenidas en el cuerno del unicornio se tornaron legendarias desde un pasado bastante remoto. Dichas leyendas, provenientes de distintas fuentes cultural y geográficamente diversas, guardan sin duda relación con las propiedades atribuidas al cuerno del rinoceronte, cuyas especies asiáticas, de un solo cuerno, se identificaron en tiempos de Marco Polo como la confirmación de la existencia de un animal fantástico que tal vez había sido inspirado por la distorsión creciente de las narraciones referidas a dichos animales. No insistiremos en ello dado que hemos dedicado páginas específicas del blog a la mitología e iconografía del rinoceronte, que siguen siendo las más visitadas de nuestras publicaciones. 
Los hallazgos ocasionales de colmillos de narval en las costas causó la existencia del mítico unicornio marino, y los ocasionales avistamientos de grandes congrios, peces remo o ballenas observadas de forma confusa generaron el mito de las serpientes marinas. La imagen de la serpiente también ha sido analizada desde nuestras páginas, y poco podríamos añadir a no ser que en su vertiente de mito marino monstruoso reuniría dos miedos atávicos, a saber: el miedo a toda criatura serpentiforme y el miedo al mar como medio contenedor de criaturas difícilmente visibles y habitantes de un medio ya impropio.Lo cierto es que, aparte de compartir las páginas ilustradas de bestiarios, narraciones fantásticas y más o menos sesudos tratados de criptozoología, la asociación de ambos mitos parecía improbable, a no ser por mediación humana, lo cual es tristemente cierto, y no precisamente a manos de literatos y fabuladores, sino de explotadores comerciales sin escrúpulos.

Y es que el unicornio de la vida real, el rinoceronte asiático (y, por desdichada extensión, sus bicornes primos africanos) sigue siendo perseguido por las cualidades supuestamente medicinales de su cuerno. Su escasez encarece sus productos haciéndolos todavía más apetecibles como lujo o como remedio, y hacen de su comercio algo peligrosamente lucrativo a pesar de las medidas proteccionistas que, legislativamente, pretenden proteger la integridad de las especies africanas y asiáticas en preocupante proceso de extinción.
Curiosamente, las auténticas especies de serpientes genuinamente marinas, al igual que tantas otras terrestres, también son objeto de comercio por motivos medicinales en muchas culturas asiáticas, y su captura accidental entre otras especies marinas ha empezado a tornarse más rentable que la de las especies pescadas como alimento. Así lo constata un informe de Nguyen Van Cao del que da cuenta Jason G. Goldman para Conservation Magazine en Noviembre del pasado año. Entra en juego incluso el mítico Kraken asociado a los calamares gigantes, puesto que son los más modestos clamares objetos de explotación pesquera la especie perseguida por los hombres implicados en la captura, en principio accidental, de las también de modesto tamaño serpientes marinas, cuya disposición dental haría poco probable su letal mordedura, a no ser que camines descalzo en contenedores atestados de ejemplares vivos.

Lo que más llama la atención del caso es que las diferentes especies de serpientes marinas son muy venenosas, pero poco estudiadas toxicológicamente, así que no hay sueros o antídotos para sus improbables mordeduras. El creciente riesgo asumido por los pescadores conlleva la creciente demanda del remedio más tradicionalmente conocido en sus culturas: el cuerno de rinoceronte.

Mafa Alborés










Jason G. Goldman para Conservation Magazine
Socios improbables: La caza furtiva del rinoceronte y la explotación de la serpiente de mar.
21 de noviembre, 2014

Cada mes, cientos de buques de pesca de calamar que regresan a puerto en Vietnam no sólo cargan con calamares, sino también con las serpientes de mar capturadas en el Golfo de Tailandia. Cada mes, las siete principales instalaciones de procesamiento de  serpiente mueven un promedio de 6.500 kilogramos de serpientes de mar, que se venden  entre $ 10 y $ 40 por kilogramo, dependiendo de la especie. En comparación, el calamar se vende entre $ 7 y $ 20 por libra, por lo que la captura de serpiente de mar es más lucrativa.

En la más reciente edición de la revista Conservation Biology, el
investigador Nguyen Van Cao de la Academia de Ciencia y Tecnología de Vietnam y sus colegas argumentan que la cosecha de las serpientes de mar del Golfo de Tailandia es quizás la explotación sistemática más grande de reptiles marinos en el mundo, pero es lamentablemente ignorada o, como mucho, bajo escrutinio.

Durante cinco años, los investigadores observaron el comercio de serpientes, cómo cambiaban de manos de los barcos de pesca a los intermediarios, de los intermediarios a los comerciantes, y como las serpientes vivas eran embaladas para su envío por carretera, ferrocarril, barco o avión. Además, se entrevistó a 30 capitanes de los buques de calamar, 30 miembros de tripulación, 20 intermediarios, y un puñado de comerciantes, trabajadores en sus instalaciones de procesamiento, y  médicos de los hospitales locales. Debido a que se sabe tan poco sobre el comercio de serpientes de mar, los investigadores simplemente querían determinar la extensión geográfica y temporal de la cosecha, qué
especies se capturaban y y en qué cantidad, y cuáles han sido los factores socioeconómicos  que impulsan el comercio.

La mayoría de las serpientes de mar llegaron en los buques de pesca de calamar a los dos principales puertos de Ca Mau Province de Vietnam, Song Doc y Khanh Hoi. Juntos, estos dos puertos son el hogar de siete principales comerciantes de serpiente de mar del país.

Una vez que las serpientes eran transferidas de los buques de pesca a los intermediarios, los intermediarios (que tiraban de un beneficio mediante el pago a los pescadores menor de lo que reciben de los comerciantes) que las trasladaban a los mercaderes. Allí, fueron ordenados en dos  clases por
tamaños, con los individuos más pequeños de menos de 500 gramos, y los más grandes que pesan más. Las serpientes son colocadas en cajas de poliestireno que contienen agua del grifo y sal, los agujeros para el aire se asoman en la parte superior, y se sellan con cinta adhesiva. Cada contenedor ostentó alrededor de 17-18 kilogramos, lo que equivaldría a un máximo de 40 grandes o 60 pequeñas serpientes.

Las serpientes son utilizadas por la carne, su sangre se infunde en alcohol ("para mejorar la salud y la virilidad"), los órganos se utilizan para la medicina alternativa (las vesículas biliares, en particular, se creen útiles para las mujeres embarazadas), y también se convierten en polvo para una especie de ungüento que se pretende para curar el dolor de las articulaciones, dolor de espalda, anorexia, insomnio, y para fortalecer los tendones y los huesos. Los efectos sobre la salud son, predeciblemente, dudosos.

La mayoría de las serpientes son de sólo dos especies: Lapemis curtus e Hydrophis cyanocinctus. El quince por ciento restante se compone de unas seis especies adicionales: Acalyptophis peronii, Aipysurus eydouxii, atriceps Hydrophis, H. belcheri, H. Lamberti, y H. Ornatus. Basándose en los análisis de los investigadores, todos eran
individuos subadultos o adultos, aunque algunas hembras terminaron de dar a luz después de que fueron capturadas, dejando a algunos recién nacidos también en la mezcla.

A pesar de que cada una de estas especies está descritas en la lista por la UICN como "asunto preocupante" o "datos insuficientes", las tasas de captura revelan que, al menos en el Golfo de Tailandia, las poblaciones están disminuyendo. En 1995, sólo 25 a 30 barcos de calamar también cosechaban serpientes. En 2013, ese número había aumentado a 900. "La mayoría de los capitanes de los buques de calamar informó sobre cosechar serpientes marinas como captura incidental valiosa que requiere un esfuerzo adicional insignificante", escriben los investigadores, y se han tornado espectantes por traer serpientes a su regreso a puerto. Esa cosecha se ve quizás apoyada por el hecho de que el seguimiento de la explotación de la serpiente de mar y el cumplimiento de cualesquiera reglamentos en estos lugares "es prácticamente inexistente."

Como resultado, de 2009 a 2012, hubo una reducción estadísticamente significativa en la biomasa total de serpientes marinas recolectadas. En 2009, más de 100 toneladas se procesan a través de las instalaciones comerciales, lo que representa unas 275.000 serpientes individuales; 84 toneladas en 2010; 78 toneladas en 2011; y sólo 68 toneladas en 2012. El número real de individuos capturados es probablemente bastante mayor que las estimaciones, ya que los investigadores se centraron sólo en los buques pesqueros vietnamitas, ignorando los de Malasia y Tailandia, que también  cosechan
serpientes desde el Golfo de Tailandia.

Los resultados sugieren que a pesar de sus clasificaciones de la UICN, un gran subconjunto de especies de serpientes de mar en el archipiélago indonesio -un paisaje conocido por su alta biodiversidad marina- está en peligro de que sus poblaciones se vean dañadas o, gracias a las prácticas de pesca insostenibles., destruidas. Esta cosecha de serpiente marina particular ha estado sucediendo esencialmente desapercibida por las organizaciones nacionales e internacionales de conservación durante más de una década, en parte debido a que aparentemente entra en conflicto no abiertamente con las leyes vietnamitas, lamenta Nguyen. "Sin embargo, dado el volumen de serpientes y el amplio espectro de especies extraídas y que los efectos ambientales de las capturas se desconocen, la atención inmediata por parte de las organizaciones de conservación de la pesca de la serpiente de mar parece justificado."

Los
precios considerables que se pueden pagar por las serpientes se refleja en el desprecio gratuito que los pescadores  tienen por su propia seguridad personal. Las serpientes marinas son algunas de las  más venenosas del mundo, y no hay antídoto para la mayoría de ellas porque están muy poco estudiadas en relación con otras criaturas venenosas terrestres. A pesar de ello, a menudo se manejan sin guantes, y los trabajadores suelen caminar descalzos en tanques que contienen serpientes vivas.

¿Un remedio popular para las mordeduras de serpientes? Cuerno de rinoceronte, aplicado directamente a la picadura, o pulverizado en una pasta para ser ingierido. Por lo tanto, existe un vínculo directo entre el desgarrador sentido de una brutal masacre, de rinocerontes por sus cuernos, y la pesca insostenible de serpientes de mar en el Golfo de Tailandia. Dos crímenes de vida silvestre sistemáticas, a miles de kilómetros de distancia, se facilitan mutuamente. 


- Jason G. Goldman | 21 de noviembre 2014



(nótese que el artículo en su ubicación original está ilustrado con fotografías de una serpiente marina y de un rinoceronte, pero no un asiático unicorne, sino un rinoceronte blanco africano, bicorne, y distinguible del llamado rinoceronte negro por su característico labio superior recto y ancho -"wide", término que acabó confundiéndose fonéticamente con "white", "blanco", lo que determinó por contraste la denominación "negro" para la otra especie africana, también bicorne-)    Mafa Alborés

http://conservationmagazine.org/2014/11/unlikely-partners-rhino-poaching-sea-snake-exploitation/


Unlikely partners: Rhino poaching & sea snake exploitation

Each month, hundreds of squid fishing vessels return to port in Vietnam loaded not just with squid, but also with sea snakes harvested from the Gulf of Thailand. Each month, the seven major snake processing facilities move an average of 6,500 kilograms of sea snakes, which are sold for between $10 and $40 per kilogram, depending on species. By comparison, squid sell for between $7 and $20 per pound, making sea snakes the more lucrative catch.
In the most recent issue of the journal Conservation Biology, Vietnam Academy of Science and Technology researcher Nguyen Van Cao and colleagues argue that the harvest of sea snakes from the Gulf of Thailand is perhaps the world’s largest systematic exploitation of marine reptiles in the world, but it’s one that is woefully ignored or, at best, underscrutinized.
For five years, the researchers observed the trade in snakes as they changed hands from fishing boats to middlemen, from middlemen to merchants, and as the live snakes were packed up for shipping by road, rail, boat, or plane. In addition, they interviewed 30 captains of squid vessels, 30 crewmembers, 20 middlemen, and a handful of merchants, workers in their processing facilities, and physicians in local hospitals. Because so little is known about the trade in sea snakes, the researchers simply wished to determine the geographical and temporal extent of the harvest, which species were harvested and how much, and what the socioeconomic factors were that drove the trade.
Most of the sea snakes came in on squid fishing vessels to the two major harbors in Vietnam’s Ca Mau Province, Song Doc and Khanh Hoi. Together, those two harbors are home to the country’s seven major sea snake merchants.
Once the snakes were transferred from fishing vessels to middlemen, the middlemen (who pulled a profit by paying the fishermen less than they received from the merchants) moved them to the merchants. There, they were sorted into two class sizes, with smaller individuals being less than 500 grams, and larger ones weighing more. The snakes were placed into Styrofoam boxes containing tap water and salt, air holes were poked into the top, and it was sealed with tape. Each container held some 17-18 kilograms, which equaled as many as 40 large or 60 small snakes.
The snakes are used for meat, their blood is infused into alcohol (“enhancing health and virility”), the organs are used for alternative medicine (gall bladders in particular are thought useful for pregnant women), and they also become ground into a sort of glue which is purported to cure joint pain, back pain, anorexia, insomnia, and to strengthen tendons and bones. The health effects are, predictibly, dubious.
Most of the snakes were from just two species: Lapemis curtus and Hydrophis cyanocinctus. The remaining fifteen percent was comprised of an additional six species: Acalyptophis peronii, Aipysurus eydouxii, Hydrophis atriceps, H. belcheri, H. lamberti, and H. Ornatus. Based on the researchers’ assessments, all were sub-adult or adult individuals, though some females wound up giving birth after they were caught, leaving some newborn infants in the mix as well.
Despite the fact that each of these species is listed by the IUCN as either “learn concern” or “data deficient,” catch rates reveal that, at least in the Gulf of Thailand, populations are dwindling. In 1995, just 25-30 squid vessels were also harvesting snakes. By 2013, that number had increased to 900. “Most squid vessel captains reported harvesting sea snakes as a valuable bycatch that requires negligible additional effort,” write the researchers, and they’re now become expected to bring snakes back with them. That harvest is perhaps aided by the fact that tracking of sea snake exploitation and enforcement of whatever regulations are in place “is virtually nonexistent.”
As a result, from 2009 to 2012, there was a statistically significant reduction in the total biomass of sea snakes harvested. In 2009, more than 100 tons were processed through the merchant facilities, representing some 275,000 individual snakes; 84 tons in 2010; 78 tons in 2011; and just 68 tons in 2012. The actual number of harvested individuals is likely quite higher that the estimates, since the researchers focused just on Vietnamese fishing vessels, ignoring those from Malaysia and Thailand which also harvest snakes from the Gulf of Thailand.
The findings suggest that despite their IUCN classifications, a large subset of sea snake species in the Indonesian archipelago – a landscape known for high marine biodiversity – is in danger of having their populations damaged or destroyed thanks to unsustainable fishing practices. This particular sea snake harvest has been going on essentially unnoticed by national and international conservation organizations for more than a decade, in part because it apparently does not overtly conflict with Vietnamese laws, laments Nguyen. “Yet, given the volume of snakes and the wide spectrum of species extracted and that the environmental effects of the harvest are unknown, immediate attention by conservation organizations to sea snake harvesting appears warranted.”
The handsome price fishermen can be paid for snakes is reflected in the wanton disregard they have for their own personal safety. Marine snakes are some of the world’s most venomous, and there is no anti-venom for most of them because they’re so understudied relative to Earth’s other venomous critters. Despite that, they’re often handled without gloves, and workers often walk around barefoot in tanks containing live snakes.
One popular remedy for snakebites? Rhino horn, either applied directly to the bite, or ground into a paste and swallowed. Thus, there is a direct, heartbreaking link between the pointless, brutal slaughter of rhinos for their horns, and the unsustainable harvest of sea snakes in the Gulf of Thailand. Two systematic wildlife crimes, thousands of miles apart, each facilitating the other. 
– Jason G. Goldman | 21 November 2014

domingo, 20 de octubre de 2013

Misterios exagerados y monstruos que no lo son. El rey de los arenques y la serpiente de mar.

Los seguidores de este blog ya sabéis lo que es un Pez Remo, o Rey de los Arenques, una criatura rara de ver, y espectacularmente parecida al arquetipo de la serpiente marina, pero no es ni misterioso, ni monstruoso ni fantástico. Los titulares de las noticias de los portales más visitados siempre buscan el click fácil, basado en la sorpresa o cuando menos la duda del espectador menos informado.

Mafa Alborés.



Hallan criatura marina de 5,5 metros

Por Por CHRISTOPHER WEBER | Associated Press –  Hace 10 horas
LOS ANGELES (AP) — Una instructora de ciencias marinas que buceaba en las costas sur de California divisó algo que le pareció alimento de mitos y fantasías: los restos de un pez serpentiforme de 5,5 metros (18 pies) de largo.
Jasmine Santana, del Instituto Marino de la Isla Santa Catalina necesitó más de 15 personas para que le ayudaran a arrastrar a la costa la gigantesca criatura marina el domingo.
El personal del instituto considera que es un hallazgo notable.
"Nunca habíamos visto un pez tan grande", afirmó Mark Waddington, capitán del barco de instrucción del instituto, el Tole Mour.
Como los regolecos se sumergen a más de 900 metros (3.000 pies) de profundidad, pocas veces se les ve y no han sido muy estudiados, según el instituto.
El animal al parecer murió de causas naturales. Se enviaron muestras de tejido y videos a la Universidad de California en Santa Bárbara.
Santana divisó algo que le llamó la atención a unos 9 metros de profundidad mientras buceaba durante una misión en la bahía Toyon en Santa Catalina, a unos 20 kilómetros (12 millas) de la costa.
"Supuso que tenía que sacar esta criatura de allí o nadie le creería", contó Waddington.
El animal estará en exposición para alumnos de los últimos grados de la escuela primaria en el instituto. Será enterrado en la arena hasta que se descomponga y después el esqueleto será reconstituido para exposición, dijo Waddington.
Los regalecos, o peces remo, puede crecer a más de 15 metros (50 pies), vive en aguas profundas y es el mayor pescado óseo en el mundo, según el instituto.
Se la considera un posible origen de las leyendas de monstruos marinos en la mitología y la historia.



Encuentran un 'misterioso' pez de más de cinco metros de largo

Es un ejemplar de pez remo, que se sumerge a más de 900 metros de profundidad

Redacción –  Hace 8 horas
Jasmine Santana, instructora de ciencias marinas, se encontraba bucenado por el sur de California cuando se topó con un pez decinco metros y medio. Santana declaró que se "asombró" ante semejante hallazgo. Necesitó la ayuda de más de quince personas para poder sacar a la gigantesca criatura del agua.
Se trata de un ejemplar de pez remo, especie que se sumerge a más de 900 metros de profundidad, según informó en Instituto Marino de la Isla Santa Catalina. El hecho de que vivan tan alejados de la superficie hace que se sepa realmente poco de las costumbres de estos peces tan extraños.

[Relacionado: El pez del Amazonas con un blindaje único ante las pirañas]
Según fuentes del instituto, el animal murió por causas naturales y ahora está siendo investigado en la Universidad de California en Santa Bárbara. Los huesos de este ejemplar estarán expuestos en el instituto para los alumnos de los últmos grados de primaria.