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domingo, 29 de septiembre de 2019

Rellenar los huecos. Historia del coloreado. Lenguajes del diseño y la página impresa ampliados por la inspiración de los estudios de Melissa N. Morris y Zach Carmichael.

Young Artist Coloring Guide
Dos páginas de la Guía para colorear de The Young Artist. No. 12 (ca. 1850) - Fuente/Source.

Abrimos la entrada de hoy con la imagen del antes y después del coloreado de una imagen ofrecida precisamente en un libro para colorear del siglo XIX, cuando empezaron a comercializarse las primeras cajas portátiles con acuarelas en pastillas.

Pintar y colorear no siempre son exactamente lo mismo, por no decir casi nunca, y la reproducción o coherente reinterpretación de las tonalidades observadas en la naturaleza no siempre es precisa sirviéndose de los limitados tonos de pigmentos presentes en la selección de una caja comercial. Aquí es cuando se producen las decisiones basdas en criterios reduccionistas que encasillan al tigre, por ejemplo, en la gama del amarillo como rasgo distintivo, aunque los múltiples matices de amarillos, pardos y rojizos presentes en un solo ejemplar sean pobremente representados por las pinceladas del amarillo de cadmio de una caja básica de Winsor & Newton.

De hecho, este hecho poderoso de la asociación entre el nombre de un color y su adscripción a elementos de la naturaleza hace que las naranjas sean teñidas industrialmente de naranja para ser más vendibles como naranjas, o que ignoremos que podríamos decir que son de color zanahoria o de color calabaza. No hablemos ya del todavía recordado color butano (un gas incoloro e inodoro al que hay que añadir un olor reconocible para evitar accidentes por fuga) no perteneciente al gas ni a las bombonas en las que se envasa, sino a la característica pintura de minio con que se las pintaba para protegerlas de la corrosión y hacerlas visualmente llamativas a modo de alerta. El mismo minio antióxido, el mismo minio naranja o rojizo precursor de los pigmentos aplicados a los manuscritos ilustrados y origen de la expresión "miniatura", referido inicialmente al pigmento utilizado y no a la reducción de escala o tamaño de lo representado que acabó por adoptar.

Reducir la coloración de un tigre al amarillo limón es poco preciso, pero sin duda algo ayuda a actegorizarlo, aunque sin duda no sea estrictamente amarillo limón o amarillo canario. Además, si un tigre en particular puede presentar diversos matices, ¿Cuántos más no observaremos en diferentes variedades de tigres que apenas si presentan el amarillo en su pelaje? Ya no se trata solamente de si se trata de híbridos como tigones o ligres, o de tigres albinos, sino sencillamente de tigres de Bengala o de Amur, de tigres Coreanos o de Siberia, de tigres blancos o de los raros tigres azules (tan raros, que se duda de su existencia, y la supuesta conservación de unos pocos ejemplares en cautiverio según la fuente consultada está documentada fotográficamente con imágenes retocadas con Photoshop -la simple desaturación de la piel del tigre hasta dejarlo en blanco y negro le da la apariencia tonal grisazulada que se supone en esta variante o subespecie y tan sólo una de las imágenes parece convincente, aunque tal vez sólo haya sido mejor realizada, y, de hecho, aparece en otra fuente más fiable como desambiguación y evidenciada como recreación artística de cómo se supone debió ser la variedad de dicho animal-)

Es más, la misma imagen del mismo tigre puede mostrar distintas interpretaciones de su color, y eso es un problema bien conocido por los profesionales de la fotografía, la pintura y las artes gráficas, y, en la simplista interpretación coloreada que abre esta entrada, observamos el mismo rojo encendido para la sangre de sus presas que para sus bocas e incluso sus ojos (...¿inyectados en sangre?) que son más fruto de una convención gráfica que de una  observación real.  En la imagen de la izquierda vemos el mismo tigre de Amur de la imagen más abajo a la dercha. De hecho son fotos prácticamente consecutivas, y en la primera los colores aparecen más saturados, mientras en la segunda la desaturación general de la imagen muestran un animal castaño claro, con menos amarillo que en la primera, aunque se trate del mismo animal.


Hay muchos colores posibles para un tigre o para diversos tigres, y ya no digamos para diversas ilustraciones de un mismo tigre o para la infinidad de posibilidades que ofrece el término genérico de tigre, aunque ést pueda no ser ni tan siquiera amarillo, lo que nos haría preguntarnos si existe el "amarillo tigre".

Si queremos estudiar la imagen y la percepción desde la perspectiva de la imagen animal y la antrozoología artística, inevitablemente pasamos por la observación de la bibliografía naturalista ilustrada. Y la observación de la influencia iconográfica de los libros naturalistas y zoológicos en la percepción cultural de los animales y las plantas pasa por la observación de las técnicas de reproducción de la imagen impresa, sea en blanco y negro o en color.
Reconocer el aspecto preciso que ofrece el visionado directo de un animal ha de pasar por los problemas implícitos a la traducción de ésta a una forma bidimensional de representación, por la traducción de un dibujo a un grabado y, posteriormente, a la traducción o reinterpretación de sus colores naturales a la página de un libro. En ese momento preciso, el problema consiste en la sustitución de las sustancias naturales que reflejan una gama cromática determinada en unas determinadas circunstancias de iluminación a su reinterpretación a través de pigmentos y tintes sobre un soporte de papel.
Desde los primeros manuscritos ilustrados a mano hasta las primeras ediciones con la imprenta de tipos móviles, completadas mediante xilografías, hasta las sofisticadas ediciones acompañadas con exquisitos y detallados aguafuertes pasaron cientos de años. El realismo y precisión de los grabados llegó a tal grado con la aparición de las litografías de los siglos XVIII y XIX que la necesidad de reproducir fielmente escenas de la realidad en los libros ilustrados precipitó la búsqueda de la invención de la fotografía y de los métodos de reproducción fotomecánica, que todavía necesitaron un tiempo para sustituir dignamente la detallada calidad de las litografías y, además, siempre con la dificultad añadida de reproducir con digna fidelidad los colores de los ejemplares y las escenas que aparecían en las ilustraciones.

Hoy queremos refrescar nuestras observaciones acerca de la literatura naturalista ilustrada en color, y complementarla con la traducción que os ofreceremos a continuación del artículo sobre los libros para colorear de Melissa N. Morris y Zach Carmichael publicado originalmente en PublicDomainReview.

Y es que la popularización de los libros para colorear contextualiza muy bien el tipo de trabajo de los artistas coloreadores, y de la diferencia entre pintar y colorear, de interpretar la realidad cromática mediante técnicas pictóricas y de rellenar los espacios blancos entre las líneas de un dibujo con pigmentos de color. Los ejemplares zoológicos representados en las ilustraciones de los libros naturalistas presentan colores tan orientativos e imprecisos como su descripción escrita, llena de ambigüedades.

La observación directa de dichos ejemplares, como por ejemplo en el caso de colecciones malacológicas, o botánicas, observables en cajones y herbolarios en sus vitrinas y papeles secantes accesible de forma directa al dibujante y al pintor, permitían un meticuloso acabado de todos los detalles. En muchas ocasiones, los dibujos ya transcritos a grabado en blanco y negro, eran coloreados a mano a la acuarela por artistas especializados antes del advenimiento de las técnicas litográficas en color o de los procesos fotomecánicos a la cuatricromía. En dichs ocasiones, la fidelidad cromática de la reproducción con respecto a los ejemplares naturales puede ser asombrosa, pero no olvidemos que anteriormente, y en muchas ocasiones, la adición de color era más ornamental o meramente explicativa que estrictamente especificativa.

Así lo expresamos en algunos pasajaes de nuestra propia bibliografía naturalista comentada  (observada directamente de las colecciones de la sección "antiquaria" de la biblioteca del Museu de Zoologia de Barcelona"):


Born, Ignatius: "Musei caesarei", Vindobonensis, 1780.

Láminas malacológicas en color de alta calidad tonal y gran exactitud. La presentación, a modo de colección malacológica, otorga mayor realismo a este tipo de obras sobre animales que se podrían distribuir sobre la página de un libro a escala natural. De hecho, tal y como comprobé al contrastar las ilustraciones con algunos especímenes del Museo de Zoología de Barcelona, gracias a la amabilidad de Francesc Uribe, entonces director, la escala presentada en la obra y las diferencias cromáticas se ajustan mucho a la realidad. Estos casos de hiperrealismo, que llegan incluso a mostrar el soporte o la ventana de muestra de los especímenes, creando una realidad virtual con todos los elementos físicos de una colección zoológica de este tipo, son la más común manifestación de publicaciones de colecciones de malacología, aracnología, entomología y las colecciones botánicas o herbarios con  muestras significativas de cada especie (hojas, semillas, flores, frutos) que también pueden aparecer representados sobre su soporte de conservación. En esos casos es la escala manejable de los especímenes lo que demanda un realismo que busca sustituir de verdad, con una utilidad pedagógica y científica real, el objeto por su representación gráfica, no preferible pero que ayuda a que el objeto real no sea del todo imprescindible.


Carle Sowerby, James de & Lear, Edward.: "Tortoises, terrapins, and turtles -drawn from life-", Sotveran,Baer & Co.(London, Paris, Frankfort)1872.

Todos aquellos animales fácilmente transportables y observables, como ya hemos hecho constar en el caso de las colecciones artropológicas y malacológicas,son los que poseen imágenes más exactas y fieles en las páginas de los libros. Los artrópodos y los moluscos de concha tienen en común que son identificados por su esqueleto externo, parte visible del animal, que se suele conservar con un aspecto casi idéntico, o idéntico al que presenta el animal vivo. Es como disponer del animal en pose permanentemente estática. Su tamaño manejable permite medirlos y también reproducir sus imágenes a escala natural. El caso de los quelonios es similar.El caparazón que caracteriza a las tortugas constituye la mayor supeficie visual de sus cuerpos. Así, como los artrópodos, caracoles o insectos, pueden ser inerpretadas como naturalezas muertas de enorme exactitud, especialmente a nivel cromático.
En esta obra, los grabados han sido coloreados con una extraordinaria calidad, evidenciando un enorme realismo óptico de las tonalidades y las texturas del cuerpo de los animales, pero muy especialmente de sus caparazones.




Cox, James C.: "Australian land shells", William Maddock, Sidney 1868.

Láminas de litografías de vivos colores, más explicativas que realistas (aunque algunas lo son, y mucho).




Cuvier, Georges: "Le Règne animal", Paris 1828, Le Règne Animal, París 1828.

Excelente edición de un clásico del final del siglo XVIII que consta de 20 volúmenes cuyos números pares muestran formato atlas de gran tamaño. Por su calidad gráfica las ilustraciones se antojan sencillamente maravillosas. Sin embargo hay que decir que se inspiran sabiamente en la línea más exitosa de ediciones de obras anteriores, cayendo en no pocos excesos de formulismos asociados a las obras de prestigio, en este caso a cargo del máximo exponente de la divulgación científica ilustrada.
Cuvier, aunténtico precursor de la anatomía comparada, fué desde muy joven un notable dibujante. Considero muy significativo que su intenso estudio de la superficie de los órganos a través del dibujo fuese una tarea habitual de quien abogó por el estudio de la constitución interna de los animales para su clasificación. Si añadimos su experiencia en disección y naturalización de animales, así como su interés por la obra de Saint-Hilaire y por un enriquecimiento de los criterios enciclopedistas y museísticos de la historia natural, está claro que nos encontramos ante la obra dirigida por un hombre muy consciente de la  enorme importancia del arte en la divulgación y comprensión masiva de las ciencias naturales y muy concretamente de la biología.
Sus dibujos, junto con cientos de preparaciones y esqueletos, fueron de vital importancia para el éxito de sus renovadoras teorías, ya que supo interesarse por los aspectos visuales, técnicos, museísticos y divulgativos de la ciencia. Muy joven fué invitado a París por Saint-Hilaire. Su novedosa anatomía comparada, una nueva ciencia en definitiva, le llevó a cargos de responsabilidad desde los que experimentó todas las posibilidades prácticas de los mecanismos académicos, institucionales, artístico-científicos y sociales.Fue inspector para la organización de Liceos y miembro del Consejo Superior de la Universidad, Consejero de Estado, Presidente del Comité del Interior y director del departamento de religiones no católicas. Se le concedió el título de Par de Francia, alta dignidad de la nobleza. Todo ello unido a su gran obra científica me hace pensar que sin duda se rodeó de excelentes colaboradores ensombrecidos por su prestigio y megalomanía.
No olvidemos que un olvidado Lamarck, recién fallecido pero a la sazón académico,fué recordado en un discurso necrológico por el propio Cuvier sólo para ser objeto de burla. Al fin y al cabo, el carácter ambicioso y la posición social de Cuvier era paradigmática de una clase social dominante en una situación política poco favorable a la "teoría del transformismo" Lamarckiana. Yuri Dmítriev lo resume con sencilla vehemencia:

"En las postrimerías del s. XVIII, la burgusía francesa triunfó sobre la monarquía, sobre la aristocracia feudal. Sin embargo, después de vencer a reyes y marquses, la burguesía se vio frente a un nuevo enemigo: los obreros y artesanos. Este enemigo era más fuerte y peligroso que el antiguo. Los vencedores se asustaron; por ello se empezó a buscar febrilmente una salida. La vieron en una 'mano dura' que metiese en cintura al 'populacho'. Subió al poder Napoleón y luego retornaron los Borbones.
La burguesía comenzó a tranquilizarse: había aparecido un poder fuerte y todo volvía a ser firme e inconmovible. ¡Y de pronto surgía la doctrina de un tal Lamarck sobre la mutabilidad de todo lo vivo! Esta doctrina quebrantaba la fe en Dios, conmovía los pilares de la sociedad, pues proclamaba que todo debe cambiar, y por tanto, el régimen existente a la sazón. No, no; la burguesía ya había conquistado lo que deseaba. No tenía necesidad de más revoluciones y, en consecuencia, de niguna teoría que insinuara cualquier cambio, por pequeño que fuera.
Lamarck murió pobre y olvidado de todos. Sus contemporáneos creyeron que era un anciano que había perdido el uso de la razón."

Es evidente que también R. Bacon sufrió similar suerte cinco siglos y medio antes, defendiendo precisamente la ciencia experimental defendida por Cuvier. La máxima de F. Bacon, "en las palabras no hay nada", parece oportuna para recordar que lo más cercano a la experiencia directa, en un libro de zoología son sus dibujos del natural. La observación de las formas externas como consecuencia de pautas internas, la anatomía comparada, necesitaba el lenguaje del dibujo como vehículo de conocimiento.
No olvidemos que también fue Cuvier quien instauró la paleontología que, de un modo simplista, lo sé, podemos resumir en la observación de formas orgánicas sobre el fondo pétreo. No cabe duda que las cualidades perceptivas en las que se apoya el dibujo tienen mucho que ver en el reconocimiento de estas formas a menudo fragmentarias y su reconstrucción mediante recursos gráficos o plásticos. El arte como vehículo de conocimiento científico encuentra en la edición de las obras de Cuvier, de ejemplar riqueza de ilustraciones preocupadas por el deleite y la identificación zoológica, causas, tal vez, de una cierta exageración formal y cromática.





En todo caso, el afán de rigor es una muestra más de la imperiosa necesidad de la llegada e implantación de las técnicas fotográficas en busca del acercamiento a la bola de cristal que todo lo ve, una ventana  directa a los rincones y criaturas más recónditos del mundo, como más tarde serían las fotografías, el cine, la televisión, el vídeo, los soportes informáticos o las recreaciones animatrónicas de dinosaurios.  Más que copiar la realidad se trata en estas ilustraciones de acercarse a  ella, de producir improntas de su presencia a través de los ilustradores y artistas especializados.
Viajar sin moverse, con el mero esfuerzo del paso de las hojas de papel es un placer difícilmente eludible. La curiosidad por las imágenes de animales va más allá de lo estrictamente científico, y toda mercancía placentera es objeto de mercadería y especulación ajenas a la ciencia en sí. De ahí el persistente éxito de las publicaciones zoológicas ilustradas, más profusas en novedades visuales que científicas, aunque a menudo se complementen, como en el ejemplo paradigmático de los dinosaurios del equipo de producción de "Parque Jurásico" en un medio no científico. La obra gráfica de los ilustradores de "Le règne Animal" constituye un clásico del arte de contenido científico, o tal vez debiéramos decir con pretexto científico.

Cuvier, Frederic; Saint-Hilaire, Geoffroy: "Histoire Naturelle", Musée d'Histoire Naturelle 4 vol. Edición de A. Belin, París 1824.

Edición conjunta de obras de dos grandes del "barroco" naturalista, si es que podemos expresarlo así. Es, en todo caso, una edad de oro del arte de tema zoológico especializado.

Las grandes litografías a todo color son ordenadas con un criterio enciclopédico. Se conserva el modo de representación clásica de los cuadrúpedos y casi todos los animales : de perfil. Este criterio descriptivo no se abandonará hasta que llegue la fotografía y ésta abandone los hábitos del dibujo y la pintura, mostrando nuevos escorzos y detalles de las imágenes zoológicas. La naturaleza que sirve de telón de fondo es más decorativa que representativa del hábitat del animal, por lo que éste se nos antoja separado de este forzado telón de fondo.

La botánica se encargará de dar su toque integrador y decorativo por medio de la integración en distintos términos del plano de ramas o de hojas de vegetación. A menudo, aunque la vegetación no se ajuste con exacctitud al entorno natural propio del animal representado, esta sirve de ambiguo soporte realista de la imagen, lo que delata nuestra menor atención, nuestra visión más general, del mundo vegetal o mineral.
Los pedacitos de geografía que a menudo he reproducido para exposiciones zoológicas de diversa índole no siempre recogían la orografía correcta, y casi nunca podía reunir especies vegetales específicas, pero mediante astutas aproximaciones, los científicos y yo llegábamos a acuerdos más o menos satisfactorios basados en la credibilidad de la escenografía construída, o más bien en su aparente verosimilitud. Salpicar con algún espécimen propio la imagen es algo que, como vemos, era normal en las obras de los grandes divulgadores naturalistas de finales del XVIII.



D'Audebard de Ferussac, J.B.L.: "Histoire Naturelle génèrale et particulière des Mollusques terrestres ey fluviatiles", Arthus Bertrand, París,1822.

La calidad hiperrealista de las ilustraciones de esta obra es notable. Los animales son expuestos "sobre la mesa", con su concha y sin ella, o ésta aislada en distintas vistas. Los colores son de considerable exactitud, aunque están un tanto exagerados en los cuerpos carnosos, no así en las conchas. Tengamos en cuenta lo efímero del buen estado del cuerpo de un molusco abierto fuera del agua, mientras que su concha puede ser revisada cuantas veces se quiera sin apenas variar su aspecto. Nos encontramos ante un ejemplo paradigmático de lo que también constatamos en las tortugas de la obra de Sowerby y Lear).


Draparnaud, Jacques-Philippe-Raymond: "Tableau des mollusques de la France", Paris 1805.


Las ilustraciones de esta obra, además de una peculiar belleza, ofrecen un sorprendente hiperrealismo gráfico. Es evidente la mejor disposición física para la copia de las partes calcáreas de los animales. El meticuloso acabado de las sombras y texturas en las conchas es mucho más acusado que en los cuerpos carnosos. La técnica, puntillista, se sirve del alto contraste tonal para resaltar el volumen de las piezas sobre la página, algo habitual en malacología, cuyas ilustraciones siempre aspiran a constituir una ampliación de las colecciones de ejemplares naturales, imitando en muchas ocasiones los soportes y dispositivos habituales en la preservación de dichas colecciones.


Du Val, Jaqueline: "Coléptères d'Europe", 12 vol., Chez Deyrole, Naturaliste, de 1855 a 1865.

Entre todos los insectarios gráficos, este es uno de los más sublimes gracias a la enorme calidad del ilustrador Jules Migneaux. Los grabados son sencillamente extraordinarios, remitiendo a la presencia física de los especímenes con un realismo digno de elogio. Muchos de los grabados se presentan coloreados.

G.B. Sowerby, F.L.S.: "British Shells", London 1859.



Grabados "pluma" coloreados a mano, con cierta exageración tonal, buscando una clara interpretación de los colores visibles más que un realismo en lo referente a su intensidad. Claro ejemplo del culto al objeto suscitado por las colecciones malacológicas y sus versiones impresas, a menudo con ornamentales exageraciones cromáticas.




Geoffroy-Saint-Hilaire, M.:

"Histoire Naturelle des Mammifères", A. Belin, Paris 1824.

Tomo 1º de una colección de carácter enciclopédico. Volúmenes de gran tamaño con láminas en color de gran encanto. Puntillismo como recurso gráfico muy apropiado para la calidad litográfica. El realismo de proporciones y rasgos físicos de animales y etnias humanas no evita una fuerte tendencia a la estilización. Como ejemplo claro de lo que observamos, nos podemos remitir al apartado de etnografía humana, especialmente una singular ilustración de una mujer bosquimana.
Esta obra, en lo referente a su contenido gráfico, ejemplifica un naturalismo relativamente poco realista. Es significativa la "humanidad" que adquieren los primates. Es una señal clara del concepto que de ellos se tenía como depositarios de la realidad física de las extrañas y fantasiosas descripciones de grupos humanos o humanoides de tierras remotas en obras de ficción (como los viajes del Gulliver de Swift) o libros de viajes (como los relatos de Marco polo). Se da un esquematismo evidente en la resolución de casi todas las figuras. El dibujante, de algún modo, representa al animal que tiene en mente a través del que contempla.


Este esquema mental de la distribución de miembros y órganos, en la anatomía de los animales, delata una especie de organigrama gráfico mental previo a la copia de un animal concreto (ya sea del animal vivo,  disecado, reproducido gráfica o escultóricamente, o incluso a partir de su descripción verbal) que se opondría a lo que podríamos identificar como impresionismo fotográfico, con todo rigor, tanto en el caso de las  reproducciones fotográficas y fotomecánicas, a partir de la invención de  la fotografía y las técnicas de fotograbado, como en el caso de los dibujos y pinturas, posteriores o no a la fotografía, que reproducen con exactitud la distribución de luces y sombras de una imagen.
Es curioso constatar, como en el caso del oso hormiguero, que muchos animales fielmente reproducidos en la disribución de sus rasgos pierden realismo por haber sido copiados de cadáveres cuya taxidermización ha dejado una huella profunda y distorsionante. En muchos casos, desde nuestra perspectiva habituada a las imágenes de cine o televisión, la expresión de los animales está muy distorsionada. Esto, sin embargo no ocurre de forma tan acusada en el caso de los felinos, seguramente por la disponibilidad como modelo del omnipresente gato doméstico. Para el público de esta obra del siglo XVIII (la edición que yo he manejado es del XIX, y , como ésta, otras obras han gozado de gran permanencia y difusión), el poder constatar el realismo de los felinos en sus propios gatos seguramente les hacía otorgar gran credibilidad al realismo de las ilustraciones de los animales menos conocidos, incluso en los casos de reproducciones menos exactas.


Milliere, P.: "Iconogrphie et description de Chemilles et lépidoptères inedits", Tom. I. Chez F. Sauy, Paris 1859.

Parece inevitable que las mariposas generen una fascinación estética hasta el punto de producir reproducciones zoológicas preocupadas por la fiel reproducción de los colores y la exactitud de las formas anatómicas, muy especialmente de las alas. Es frecuente la disposición de los especímenes con las alas desplegadas como los lepidóptros en estado de conservación de las típicas colecciones de mariposas. Las ilustraciones de esta obra dan opción también a la escenificación con elementos vegetales. Su calidad pictórica es notable.



Obertur, D.: "Etudes de lèpidoptérologie comparée"(Planches Tavove vol. I-V, 189...)





Las láminas en color son de gran exactitud y realismo, delatando la utilización de fotografías de referencia, pese a la preferencia por la calidad de detalle de los recursos pictóricos. Los entornos geográficos o biotopos mencionados, sin entrar en detalles, por así decirlo, son representados, en cambio, fotográficamente, por contaminación del concepto de paisaje pictorialista, más impresionista que detallista por cuestiones técnicas.



Perrier, Edmond; Salmon,Julien: "Le vie des animaux", vols. 3 y 4, Baillière, Paris 1888:

Combinación de láminas en b/n y color de ingenuo acabado que suelen recurrir a cierta dramatización en la expresividad de los animales. Se aprecia una mayor calidad en el acabado de los fotograbados en blanco y negro de las acuarelas y dibujos de W. Kunher, que resultan bastante modernos para su época. Es evidente un mayor realismo a consecuencia de la presencia de fotograbados de imágenes fotográficas muy retocadas, que adquieren en consecuencia un aspecto muy pictórico. La gran calidad de todas las ilustraciones crea cierta confusión entre las imágenes de origen fotográfico y las de origen pictórico.
Se aprecia un desmesurado regusto por los colores abigarrados en las láminas en color, de función claramente más ornamental que informativa, incluso en lo referente a su contenido icónico, que no representa animales concretos, sino paisajes de países exóticos de exagerado colorido.





Piflagal, Sg.: "Amphibien", Berlin 188?

Láminas de gran similitud con las de la obra de Peters Wilhelm, pero el dibujo es mucho más forzado y esquemático. El coloreado es manual, y de gran calidad, pero los colores funcionan como un truco óptico que hace privar lo atractivo y lo aparentemente realista sobre lo verosímil: los colores de los ejemplares no responden a la realidad, tal vez porque la aplicación del color era llevada a cabo por personas ajenas a la investigación directa de los animales, sino más bien aplicadas a los libros en un sentido físico.



Philippi, R.A.: "Abbildungen un Belchreibungen...conchylien cassel", Theodor Fincher 1845-1850, 5 vol.

Láminas en color. Litografías de extraordinaria calidad en la aplicación de tonos tenues. Gran exactitud y realismo.


Zimmermann, R.: "Tiere der Heimat (mit 100 Naturaufnahmen)", Leipzig 1913.

Una de las primeras obras divulgativas de zoología ilustrada exclusivamente con fotografías, aunque, a decir verdad, el animal a veces no puede ser identificado en la imagen. Esto ilustra las dificultades que atravesaron inicialmente las técnicas fotográficas para competir en calidad con los dibujos y pinturas. No obstante, la publicación de obras ilustradas con estas características constata la preferencia por lo nuevo y por lo inmediato. La novedad de la fotografía reside en la inmediatez de su imagen, generada por la luz reflejada por el cuerpo del propio animal.


Llegados a este punto, y tras repasar algunos de los comentarios sobre las características técnicas e iconográgicas de algunos ejemplos de la biliografía naturalista ilustrada, podemos imaginar mejor el camino hasta dichas ediciones si tenemos en cuenta los largos siglos de libros en blanco y negro con grabados destinados a la práctica del coloreado, lo que no siempre suponía una estricta mejora en las cualidades intrínsecas de la imagen, sino en su mero atractivo escópico basado en el reclamo cromático tras haber satisfecho la ociosa actividad de quienes practicaban por mero placer dicho coloreado. Es por ello que nos ha parecido oportuno ofrecer una traducción del artículo de Melissa N. Morris y Zach Carmichael:

Rellenando los espacios en blanco: 
una prehistoria de la moda de colorear para adultos
Sus vertiginosas alturas pueden haber pasado, pero la moda de los libros de colorear para adultos está lejos de haberse acabado. Muchos remontan los orígenes de tales publicaciones a una ola de libros para colorear satíricos publicados en la década de 1960, pero como Melissa N. Morris y Zach Carmichael exploran, la existencia de tales libros y la necesidad de colorear la imagen impresa se remonta a siglos.
Leonhart Fuchs De historiaUncolored portraits of the artists involved in the production of Leonhart Fuchs’
Retratos incoloros de los artistas que participan en la producción de De historia stirpium commentarii insignes de Leonhart Fuchs - Fuente.
Para muchas editoriales de todo el mundo, 2015 fue, fiscalmente hablando, un año excelente, un impulso bienvenido en una década por lo demás incierta. Pero este repunte tuvo una fuente tal vez sorprendente: libros para colorear para adultos. ¿Qué vientos extraños conspiraron para repentinamente instar a los adultos en sus grupos a tomar lápices de colores nuevamente? Independientemente de las razones, las ventas se dispararon: Nielsen registró ventas de 12 millones para la categoría en 2015, frente a un miserable 1 millón el año anterior. En febrero de 2016, con la locura aún en aumento, la Biblioteca de la Academia de Medicina de Nueva York dio a luz a una nueva iniciativa llamada Color Our Collections Week, una visión académica sobre la tendencia a colorear. Ahora en su tercer año, la campaña ve, en la primera semana de febrero, archivos, colecciones especiales y bibliotecas que llevan a las redes sociales con imágenes individuales e incluso libros completos compilados de sus existencias para que el público las coloree. Si bien estas obras elegidas son todas de dominio público, y así pueden incluir técnicamente (al menos en los EE. UU.) Obras publicadas hasta 1924, las imágenes en estos libros para colorear más típicamente pertenecen a los siglos XV al XVIII. Y es en estas imágenes, publicadas en los siglos anteriores al advenimiento de la impresión en color, que podemos ver un precedente para esta moda aparentemente moderna. Si bien puede parecer simplemente saltar al carro de colorear adulto, Color Our Collections Week, con su enfoque naturalmente histórico, en realidad está aprovechando (y arrojando luz) una tradición mucho más antigua.

El año pasado, la Biblioteca de la Academia de Medicina de Nueva York eligió una imagen de la obra botánica monumental 1542 de Leonhart Fuchs, De historia stirpium commentarii insignes (“Comentarios notables sobre la historia de las plantas”), para promover el evento. Un archivista de las Colecciones de Historia de la Ciencia de la Universidad de Oklahoma intervino en Twitter para decir que su propia copia de este libro ya había sido coloreada.









Leonhart Fuchs De historia
The page from the University of Oklahoma’s colored version of Leonhart Fuchs’ De historia stirpium commentarii insignesSource
Leonhart Fuchs De historia
Another colored edition of Leonhart Fuchs’ De historia stirpium commentarii insignesSource (Wellcome Library)
La página de la versión en color de la Universidad de Oklahoma de Leonhart Fuchs ’De historia stirpium commentarii insignes - Fuente
Leonhart Fuchs De Historia
Otra edición en color de De historia stirpium commentarii insignes de Leonhart Fuchs - Fuente (Biblioteca Wellcome)
¿Deberíamos estar sorprendidos por esto? Color Our Collections Week puede dar la impresión de que estas imágenes, de la era anterior a la impresión en color, por fin se están coloreando, rescatando de su hasta ahora monótona existencia monocromática. Sin embargo, las imágenes impresas de la época moderna temprana fueron regularmente coloreadas a mano.

La práctica se remonta a los primeros días de impresión en el siglo XV. Artistas, impresores, vendedores de libros, consumidores y lectores aplicaron color a las imágenes originalmente en blanco y negro. Antes de la innovación de Gutenberg de la prensa de tipo móvil, tanto las estampas de madera como las grabadas, hojas sueltas con imágenes impresas, eran populares en Alemania y partes de Europa Central. Fueron utilizados de varias maneras, y muchas personas hicieron lo que nosotros podríamos hacer con ellos: colgarlos en las paredes de su casa.

Con la aparición del libro impreso continuó la tendencia de coloración. Las ilustraciones a color eran comunes en los libros de manuscritos medievales, sobre todo en los manuscritos intrincadamente iluminados producidos por instituciones monásticas. Los primeros libros impresos del siglo XV y después imitaron con frecuencia el diseño textual y las ilustraciones de estos libros de manuscritos medievales. De hecho, los manuscritos iluminados y los libros impresos no se excluían mutuamente: algunos libros impresos contienen iluminación, mientras que algunos manuscritos han pintado estampados pegados en ellos. Parecería que al menos algunas de las primeras impresoras y lectores intentaron crear ilustraciones en color para estas obras de la única manera que sabían: coloreando las imágenes.


herbal manuscriptThis 1493 herbal shows how early printed works imitated manuscripts — Source (Wellcome LibrEste herbario de 1493 muestra cómo los trabajos impresos tempranos imitaron los manuscritos - Fuente (Biblioteca Wellcome)
Las imágenes a continuación demuestran aún más esta transición de la producción de libros medievales a los modernos, y el papel que desempeñaron las ilustraciones en color. Ambos son de De Claris Mulieribus, un libro del siglo catorce de Giovanni Boccaccio (autor del Decameron). Esta obra fue una compilación de biografías de mujeres, reales y míticas, famosas e infames. Se distribuyó por primera vez como un manuscrito, y los ejemplos sobrevivientes están ricamente ilustrados con imágenes de las mujeres que discuten. El libro fue uno de los primeros en dar el salto del manuscrito a la impresión, y las ilustraciones vinieron con él. Para recrear la sensación de las versiones anteriores del trabajo, se necesitaban ilustraciones en color. Las imágenes a continuación son, de manera bastante adecuada, del pintor y escultor (y aparentemente prolífico creador de autorretratos) Iaia de Cyzicus (también conocido como Marcia). Los dos primeros son de versiones manuscritas de la obra, que muestran a Marcia esculpiendo y pintando.









De claris mulieribus
Marcia sculpting, image from a 15-16th century version of Giovanni Boccaccio’s De claris mulieribusSource.
De claris mulieribus
Maria painting, detail of page from a 1403 version of Giovanni Boccaccio’s De claris mulieribusSource.
These next two are from printed editions of the work. The Latin edition has some illumination of the letters, while the German book’s image is fully colored.










De claris mulieribus
Image of Marcia, uncolored, from a 1473 Latin version of Giovanni Boccaccio’s De claris mulieribusSource.
De claris mulieribus
Image of Marcia, colored, from a ca. 1474 German version of Giovanni Boccaccio’s De claris mulieribusSource.
Escultura de Marcia, imagen de una versión del siglo 15-16 del De claris mulieribus de Giovanni Boccaccio - Fuente.
De claris mulieribus
Maria pintando, detalle de la página de una versión 1403 de De claris mulieribus de Giovanni Boccaccio— Fuente.
Estos dos siguientes son de ediciones impresas de la obra. La edición latina tiene algo de iluminación de las letras, mientras que la imagen del libro alemán está completamente coloreada.





De claris mulieribus
Imagen de Marcia, incolora, de una versión latina de 1473 de De claris mulieribus de Giovanni Boccaccio - Fuente.
De claris mulieribus
Imagen de Marcia, coloreada, de un ca. 1474 versión alemana de De claris mulieribus de Giovanni Boccaccio - Fuente.


La mayoría de las ilustraciones encontradas en los libros de los primeros días de impresión están en forma de grabados en madera y grabados. Los grabados en madera eran más compatibles con el tipo móvil porque tanto las impresoras en relieve utilizadas como las impresoras antiguas podían imprimir fácilmente una página con texto e ilustraciones.

Debido al proceso de tallado e impresión, los grabados en madera tienen diseños más simples con menos sombra. Por lo tanto, son excelentes páginas para colorear, y los participantes de Color Our Collections con frecuencia eligen los grabados para sus imágenes. Además, la historiadora del arte Susan Dackerman sostiene que estaban destinados a colorearse. Muchas de estas impresiones en color se crearon en un taller, con un grabador, una impresora y un colorista trabajando juntos. La "gran mayoría" de los grabados en madera del siglo XV que sobrevivieron son de color a mano, y se produjeron en decenas de miles en el siglo XV.

Algunas imágenes, como este grabado alemán de Cristo en la cruz del siglo XV, solo se completan una vez en color. En este caso, los ángeles sostienen tazas para recoger la sangre que se debe agregar con pintura. La Galería Nacional de Arte posee varios ejemplos de este grabado en madera, cada uno de diferente color. Algunos se han dejado sin color, y una pareja solo ha agregado la sangre necesaria para completar la imagen. Entre los más completamente coloreados, podemos ver que se tomó bastante licencia artística.








Christ on the Cross with Angels
“Christ on the Cross with Angels” (1481) minimally colored — Source
Christ on the Cross with Angels
A slightly later version of the image (ca. 1490), more fully colored, with clouds and other details — Source
Christ on the Cross with Angels
Another woodcut on the same theme, 1483 — Source
"Cristo en la cruz con los ángeles" (1481) de color mínimo - Fuente
Cristo en la cruz con los ángeles
Una versión ligeramente posterior de la imagen (ca. 1490), más completamente coloreada, con nubes y otros detalles - Fuente
Cristo en la cruz con los ángeles
Otro grabado en madera sobre el mismo tema, 1483 - Fuente


Según Dackerman, los historiadores y coleccionistas de arte del siglo XX denigraban el color, considerándolo como nada más que una forma de ocultar los defectos de los grabados y grabados en madera mal ejecutados. Las impresiones bien ejecutadas, argumentaban, no necesitaban ningún color. Este desprecio por las impresiones en color ayudó a ocultar su lugar en la historia del arte. Esta línea de argumentación se remonta a los debates que surgieron durante el Renacimiento italiano sobre si el diseño o el color eran los más importantes (disegno / colore).

En muchas de estas imágenes, la pintura parece apresuradamente aplicada. Esta coloración fortuita era a menudo el resultado de que el artista tenía muchas impresiones para pintar en lugar de una falta de habilidad. Los artistas aplicaron la pintura a mano alzada, utilizando un pincel, pero a veces emplearon plantillas hechas de impresiones adicionales de las imágenes para pintar más rápidamente.

Muchas obras fueron coloreadas no por profesionales, sino por lectores. Muchos de los ejemplos que hemos encontrado de ilustraciones coloreadas a mano provienen de obras botánicas y de hierbas. Por ejemplo, una copia del Herball de John Gerard (1636), con imágenes selectivas coloreadas, sugiere que fue el lector quien lo pintó, tal vez como una forma de registrar las plantas que había visto en persona. La botánica y la pintura eran actividades preferidas de hombres y mujeres gentiles en este período, por lo que no es sorprendente que las mismas personas compartieran ambas aficiones.








Gerard herball
Carnations from John Gerard’s The herball, or, generall historie of plants (1636) — Source
Claveles de The Herball de John Gerard o historia general de las plantas (1636) - Fuente


Si bien los editores pueden haber esperado de manera informal estas imágenes en blanco y negro para ser coloreadas por algunos lectores, no fue hasta el siglo XVIII cuando la práctica se formalizó en los primeros libros para colorear hechos a medida. Y en estos se mantuvo el vínculo entre botánica y pintura. The Florist de Robert Sayer, publicado en Londres en 1760, fue uno de los primeros libros en los que el autor pretendía explícitamente a los lectores colorear las imágenes. Compuesto por imágenes de varias flores, el autor brinda a sus lectores (presumiblemente) a los adultos instrucciones detalladas para la mezcla de pintura y la elección del color (incluido el delicioso sonido "gall-stone brown").











sayer Florist
Page from Robert Sayer’s The Florist (1760) — Source
sayer Florist
Ready to color: “Crown Imperial” from Robert Sayer’s The Florist (1760) — Source

florista sayer
Página de la floristería de Robert Sayer (1760) - Fuente
florista sayer
Listo para colorear: "Corona imperial" de The Florist de Robert Sayer (1760) - Fuente


Los trabajos botánicos fueron particularmente adecuados para los lectores que querían participar directamente con un libro físico, porque ofrecían imágenes de cosas que se podían observar en el mundo natural. Aunque las imágenes en esta copia particular de The Florist se dejaron sin colorear, el propietario usó el libro para presionar las plantas reales. Muchos trabajos botánicos fueron anotados en gran medida, a veces por varios propietarios diferentes, y las plantas prensadas a menudo se encuentran en sus páginas.

The Florist fue producido "para el uso y amp; diversión para caballeros y damas ”, pero la mayoría de los libros para colorear posteriores se crearon pensando en los niños. En el siglo XIX, estos libros se hicieron cada vez más populares. Aunque ayudaron a los niños a desarrollar habilidades artísticas, la creatividad no fue particularmente apreciada. En la Guía para colorear de The Young Artist, una serie publicada en la década de 1850, una versión completamente coloreada acompañó a la imagen incolora, aparentemente para imitar.










Young Artist Coloring Guide
Two pages from The Young Artist’s Coloring Guide. No. 12 (ca. 1850) — Source.

Dos páginas de la Guía para colorear de The Young Artist. No. 12 (ca. 1850) - Fuente.
En el Cuaderno de pintura de Walter Crane, publicado originalmente en 1880, también hay compañeros de color para copiar, aunque en este caso se podría argumentar que son de la mano de uno de los mejores ilustradores del siglo XIX, un enfoque de este tipo hecho para un objeto mucho más hermoso. y uno que probablemente disfrutan tanto los adultos como los niños.









Walter Crane painting book
Two pages from Walter Crane’s Painting Book (1889 edition) — Source.



Libro de pintura de Walter Crane
Dos páginas del Libro de pintura de Walter Crane (edición de 1889) - Fuente.
Crane no fue el único ilustrador conocido de la época en prestar su nombre a ese libro. Un año antes, apareció El libro de pintura "Little Folks", publicado por McLoughlin Brothers, con ilustraciones de la destacada artista Kate Greenaway. Sin un ejemplo de color que lo acompañara, copiar era un poco menos didáctico que el de Crane, pero aún así se advirtió a los niños que usaran una "elección de colores adecuada", y había un frontispicio de color previo que habría actuado como una guía del tipo de color. esquema.


Little Folks Painting BookTwo different colourings of the same image in The “Little Folks” Painting Book (1879) — Sourc


Libro de pintura de la pequeña gente
Dos colores diferentes de la misma imagen en el Libro de pintura "Little Folks" (1879) - Fuente


Por supuesto, en el caso de estos ejemplos victorianos y ofertas anteriores como The Florist, la coloración es la razón de ser del libro. Los primeros ejemplos modernos no tanto. Aunque eso no quiere decir que los lectores modernos tempranos no querían colorear sus productos o grabados, la misma emoción de traer color a lo que una vez estuvo en blanco. Parece que los efectos terapéuticos tampoco pasaron desapercibidos en ese momento. En su obra de 1622 The Compleat Gentleman Henry Peacham, en un capítulo que fomenta la práctica de colorear en mapas impresos, habla de cómo "la práctica de la mano, instruye rápidamente la mente y confirma firmemente el memorial más allá de cualquier otra cosa". 2

En cuanto a la tendencia moderna de los libros para colorear para adultos, los críticos han acusado a los adultos de ser niños, y han alegado que el éxito de estos libros es producto de una cultura estúpida. Puede ser una moda, pero también tiene una historia más larga. Entonces, la próxima vez que compre un libro para colorear para adultos o se entusiasme con la Semana de nuestras colecciones de Color, sepa que no está siendo un niño. Más bien, está participando en una larga tradición de imágenes impresas destinadas a colorear.


Melissa N. Morris  es profesora asistente de historia en la Universidad de Wyoming. Tiene un doctorado en historia de la Universidad de Columbia, donde escribió una tesis sobre cómo las plantas mediaron las relaciones entre los europeos y los pueblos indígenas en el siglo XVII en las Américas. En Twitter aquíhere..

Zach Carmichael es Especialista en Historia Local y Genealogía II en la Biblioteca Carnegie, Muncie, IN. Tiene una maestría en historia de la Universidad de Miami (OH), donde estudió tabernas coloniales de Nueva Inglaterra, y un MLIS de la Universidad de Pittsburgh, donde se especializó en archivos. En Twitter aquíhere.

1. Susan Dackerman, Estampados pintados: La revelación del color en el grabado en el Renacimiento del Norte y en el Barroco, grabados y grabados en madera (University Park, PA: The Pennsylvania State University Press, 2002), 10.


2. Henry Peacham, caballero de Peacham's Compleat, 1634., con una introducción de G.S. Gordon (Oxford: Clarendon Press, 1906), 65.


1. Susan Dackerman, Painted Prints: The Revelation of Color in Northern Renaissance and Baroque Engraving, Etchings, and Woodcuts (University Park, PA: The Pennsylvania State University Press, 2002), 10.

2. Henry Peacham, Peacham’s Compleat gentleman, 1634., with an introduction by G.S. Gordon (Oxford: Clarendon Press, 1906), 65.


Public Domain Review:


Public Domain Works
  • The Florist (1760), by Robert Sayer.
  • The Young Artist’s Coloring Guide. No. 12. (ca. 1850).
  • The “Little Folks” Painting Book, (1811), with illustrations by Kate Greenaway.
  • Walter Crane’s Painting Book (1889) by Walter Crane and Edmund Evans.

    El florista (1760), de Robert Sayer.
        Archivo de Internet
    La guía para colorear del joven artista. No. 12. (ca. 1850).
        Archivo de Internet
    El libro de pintura "Little Folks", (1811), con ilustraciones de Kate Greenaway.
        Archivo de Internet
    El libro de pintura de Walter Crane (1889) de Walter Crane y Edmund Evans.
        Archivo de Internet

https://publicdomainreview.org/2019/02/06/filling-in-the-blanks-a-prehistory-of-the-adult-coloring-craze/


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lunes, 17 de octubre de 2016

Conocer animales. Reconocer animales. Reflexiones sobre las reflexiones al ver un tigre salvaje por primera vez de Jared Margulies.


Mafa Alborés: "Ausencia y presencia" (proyecto "Animal Invisible")
Si en nuestra anterior entrada dejábamos constancia de una cierta declaración de intenciones renovada, en la presente nos ha parecido bien escoger un comentario oportuno, que retomase la esencia de los temas que tratamos en El Animal Invisible y que simultáneamente ofreciese una cierta conexión con la actualidad de los crecientes estudios (con aval académico de diversas disciplinas) sobre la imagen de los animales como índice significativo de las relaciones humano-animal.
Lo cierto es que ya hace meses que reclamó nuestra atención un escrito de un estudiante de doctorado publicado por el blog de la Asociación Antropológica de América, y más concretamente por su sección de Antropología y Medioambiente. El título del blog en cuestión es Engagement (Compromiso) y ya apunta al porqué de observar y comprender las relaciones entre la fauna y las poblaciones humanas de áreas medioambientales concretas, en las que depende de las decisiones y consideraciones de los seres humanos que la vida animal no se vea mermada ni afectada por sus intervenciones interesadas en el entorno natural. El compromiso del título da por hecho el poder imparable de las sociedades humanas al alterar los entornos naturales y sus recursos, lo que supone que su conservación en consideración con las demás especies que lo habitan depende de un compromiso por parte de los humanos, y para adquirirlo han de reflexionar sobre sus términos.
El escrito en concreto es una reflexión casi de carácter íntimo del aspirante a doctorado en Antroecología Jared Margulies acerca del sentido y objetivos de sus propios estudios y trabajos de campo bajo el peculiar estado emocional que le produce la afortunada y fugaz visión de un tigre en estado salvaje.
Un glotón captado por la cámara de George Shiras
El fugaz e incompleto avistamiento de una criatura constituye en cierta manera un indicativo de la base de nuestros conocimientos acerca de los demás animales, dado que sólo puede derivar en identificación de un animal conocido o en especulación acerca de una animal desconocido o no identificado, que generalmente produce temor o desconfianza. Margulies, casualmente enfrascado en la lectura de "How Forest thinks", predispuesto a descubrir sus objetos de estudios en la jungla que ahora atraviesa subido a un autobús, ve un tigre en el exterior, y, consciente de lo fortuito y difícil del hecho, intenta otorgarle sentido usándolo como pretexto para plantearse sus propios trabajos desde una perspectiva antropológica. Pero lo más significativo para decidirme a comentar el artículo de Margulieses es que lo ilustra con una fotografía que él mismo tomó después del avistamiento aunque ya no se mostrase el lugar exacto ni mucho menos el tigre, y es que en sus propias palabras la realizó "no para tomar  una foto del tigre (que había pasado de largo), sino simplemente como un intento de grabar y recordar cómo me sentí en ese momento" lo que amplía de forma muy interesante la estricta concepción de lo que debería ser una foto documental. Si el tigre hubiese aparecido en el encuadre, seguramente, dadas las circunstancias, sería igualmente difícil de distinguir, de ver, debido a su pelaje mimético y al barrido producido por el movimiento del vehículo, y es precisamente esto lo que equipara ambas posibles fotografías, totalmente dependientes de un texto adjunto para su comprensión, y es que la presencia de los animales ha de ser meditada y explicada para formar parte de nuestra documentación histórica y no ser una mera ilustración de ésta. Recordemos que aunque el estudio de las demás especies complementa el de la nuestra a través de la antropología, que constituiría en gran medida una parcela de la biología, es la sociología la que legitima los estudios humano-animales en una rama específica denominada antrozoología en ámbitos académicos anglófonos y francófonos. La visibilidad de los animales es el tema principal de los contenidos de este blog, especialmente cuando es vehiculizada por representaciones artísticas al servicio de la divulgación zoológica y conservacionista, más incluso que como carga simbólica en el arte figurativo. Si además tenemos en cuenta nuestra particular atención en el arte fotográfico en su condición de catalizador del arte moderno, creo que será fácil comprender porqué es relevante mencionar el artículo de Margulies. Nos parece el mejor modo posible de arrancar una nueva temporada de contenidos de El Animal Invisible.
 Os traduzco un extracto del artículo original, que promete iniciar una serie sobre su trabajo de campo conservacionista en India, y a continuación recopilamos algunos fragmentos de nuestras propias reflexiones acerca de los avistamientos de animales y el sentido que les otorgamos.

Mafa Alborés



Jared Margulies se presenta a sí mismo como doctorando en el Laboratorio de Antroecología en el Departamento de Sistemas Ambientales y Geografía de la Universidad de Maryland en Baltimore (UMBC). Actualmente investiga la política de conservación de la megafauna en el sudoeste de la India y la escalabilidad de los estudios locales para la investigación de síntesis global. He leído ampliamente sobre ecología política, estudios en animales, geografía crítica y humana, y escritos sobre conservación de la biodiversidad. En el año 2015-2016 realicé el principal trabajo de campo para mi tesis en el suroeste de la India, con el apoyo de una beca Fulbright-Nehru Grant. Vivo en Baltimore, Maryland.






https://aesengagement.wordpress.com/2016/01/08/reflections-upon-seeing-a-tiger-in-the-wild-for-the-first-time/


Reflexiones al ver un tigre en el salvaje por primera vez
Publicado el 8 de enero 2016
Por Jared Margulies, Universidad de Maryland en Baltimore §

Nota del editor: El post de Jared es el primero de una serie de su trabajo de campo en la conservación de la India.


margulies1

Figura 1. Fotografía tomada después de ver un tigre de Bengala en el parque nacional de Mudumalai, Tamil Nadu, India. Fotografía del autor.

1 de octubre de 2015
Notas de campo

En mi camino a Gudlupet esta mañana vi a mi primer tigre de Bengala salvaje. Fue quizás a 15 metros de la carretera justo en frente de la espesura lantana omnipresente en todo el parque. El autobús no se detuvo a nuestro paso. Sentí como si hubiese visto un fantasma. No estaba seguro de si era real. Por suerte, un hombre sentado detrás de mí comenzó a gritar "Puli! Puli! ", Y de esta manera yo sabía que era real y no fruto de mi temprana imaginación de la mañana. La mayoría de los otros en el autobús parecían menos preocupados que el hombre y yo, lo que me sorprendió casi tanto como ver el tigre tan temprano en mi trabajo de campo.

Creo que no puedo describir exactamente cómo me sentí cuando lo vi. En primer lugar yo no sabía si debía creer lo que veía, pero una vez que oí la voz del hombre que gritaba "Puli!" se hizo real para mí y sentí una inmensa sensación de euforia que no ha desaparecido todo el día. Tomé una foto [Figura 1] justo después de que pasamos, no para tomar  una foto del tigre (que había pasado de largo), sino simplemente como un intento de grabar y recordar cómo me sentí en ese momento.

Garabateé estos pensamientos en una cantina en la ciudad de Gundlupet, Karnataka unos 45 minutos después de ver un tigre de Bengala al cruzar a través de Mudumalai reserva de tigres en Tamil Nadu, India. Muchas personas que estudian los tigres, los biólogos de la conservación y ecologistas, entre ellos, pasan años sin ver a este gato grande difícil de alcanzar. Uno de los ecologistas de tigres más prominentes del mundo recientemente me dijo que no vio un tigre durante los primeros 13 años que llevó a cabo investigaciones en el bosque. La experiencia de ver un tigre en mi primer día de "trabajo de campo" formal durante este largo periodo de investigación fue inesperado y lleno de maravillas. El tigre adulto permaneció inmóvil, mirando al frente en la carretera, como si fuera a cruzar. No he visto lo suficiente como para determinar si era macho o hembra, pero en base a su tamaño, yo sospecho que era un varón. Puede que así no vea otro tigre en la naturaleza otra vez en mi vida, y mucho menos en el próximo año.

La forma en que me pasó el ver el tigre es relevante en la reflexión sobre la política de encuentros  de especies diversas y la posición que habito como investigador tanto como partícipe u observador de tales encuentros. En el párrafo siguiente, intento de reconstruir y relacionar la secuencia de pensamientos, imágenes e ideas que he experimentado al ser testigo de este tigre a lo largo de la carretera:

Daba la casualidad de estar leyendo “How Forests Think” ("Cómo piensa el bosque") (Kohn 2013), en el autobús, y que este casualmente superaba un bache en la carretera haciendo que el bus oscilase hacia adelante y hacia atrás, causándome a su vez perder mi párrafo en el libro, y que a causa de dicha distracción miré por la ventana, lo cual hizo percibiese algo que se destacaba en medio de la Lantana de matorral  verde y tostado, y que debido a que había leido precisamente acerca de los símbolos y la semiótica estaba pensando en el uso de animales como iconos en la forma en que el Departamento Forestal se comunica sobre la conservación de los animales a los turistas (Figura 2), de modo que cuando vi naranja y blanco contra el paisaje verde y tostado pensé  que era una señal literal de un tigre, y que la capacidad de mi mente para reconocer este conjunto de colores como un tigre en lugar de sólo como un símbolo de un tigre se debió a mi salida de mi enfrascamiento a causa del hombre tras de mí que gritaba "¡tigre! Tigre!" en Tamil, y que sabía que la palabra tamil para" tigre" por lo que fui capaz de reconocerlo como" tigre "y por lo tanto me advirtió que el signo del tigre que vi en el borde del bosque era de hecho una transferencia real, en vivo, de un tigre que respiraba en pie completamente inmóvil frente a la carretera, que todo aconteció en menos de dos segundos y se produjo a las 9 de la mañana, por lo que no había suficiente luz para ver nada en absoluto, y por lo que aún pasaron unos segundos después de que interpreté todos estos pensamientos y símbolos para que pudiera entender y experimentar que estaba observando un tigre por primera vez en la naturaleza antes de perderlo de vista porque el autobús no redujo la velocidad a medida que avanzábamos a través del bosque; que todo sucedió en un orden determinado para habilitar esta (no) interacción entre mi persona y el tigre, sin embargo físicamente distantes y separados por el metal y el vidrio de un autobús, y finalmente que todo esto aconteció dejándome con una abrumadora sensación de euforia y agradecimiento por ver un tigre que yo no sabía que iba a experimentar. Que todo esto ocurrió y sólo se produjo debido a la secuencia de pensamientos, ideas y momentos que se produjeron en relación uno con otro en mi mente, me sigue impresionando, y que me hace preguntarme acerca de la relación del yo con los animales y lo que este tipo de encuentros nos ofrecen como los investigadores que buscan para preguntar sobre el significado y la producción de significados en estas relaciones.

margulies2

Figura 2. Señal de comunicación conservacionista, Parque Nacional Bandipur, Karnataka, India. Fotografía del autor.

Como parte de mi investigación y la vida aquí en el suroeste de la India que observo y las experiencias de interacciones con animales grandes y pequeños sobre una base diaria, desde elefantes hasta mosqitos portadores de la infección del dengue, pero por lo general son menos efectivas que la experiencia que explico más arriba (sobre todo si se mide en la cantidad de texto que esas experiencias me hacen generar) y quiero entender por qué. Como lector de la antropología de múltiples especies, creo que el concepto de "múltiples especies" es útil para los tipos de ensamblajes y las relaciones que formula la antropología a tener en cuenta, pero como alguien con formación en geografía, la conservación y la ecología, también me interesa lo que el término no sugiere de manera más completa, es decir, en lo relativo a las relaciones de los individuos con las poblaciones (que puede o no puede significar especies), y las relaciones de estas poblaciones con las particulares ecologías, paisajes y geografías.

En el desarrollo de mi propia perspectiva "multi-especies" del enfoque de investigación en lo que podríamos llamar una Gografía "más-que-humana" (Whatmore 2006), algo que  para mí es también inherentemente a una geografía política, soy consciente de la importancia del valor de encuentro (Haraway, 2008) en el pensamiento a través de nuevas formas de interpretar las relaciones entre animales, humanos, especialmente si vive en un paisaje lleno de encuentros mortales con especies no humanas, como los tigres y elefantes. Al hacerlo, deseo aprovechar simultánea y seriamente el poder material de los signos (no sólo señales reales, al igual que en la figura 2, sino los signos entendidos en términos más generales) de los tigres y otros animales a través de este paisaje impugnado, y la forma en que son capaces de producir nuevas relaciones espaciales entre animales y seres humanos mediadas por las relaciones del estado con los animales y los símbolos animales (Mitchell 2006).

Mi encuentro no interactivo con el tigre en este día me recuerda la compleja tarea que enfrentamos al descentrar nuestros programas de investigación fuera de lo estrictamente humano en el posicionamiento de nosotros mismos en relación a nuestros sujetos humanos y animales, y también las huellas de estos sujetos incrustadas dentro de los paisajes y geografías particulares a través de signos, símbolos y apariciones. Como sugiere mi relato, que suponía en un principio no ver un tigre vivo, sino sólo el tigre como símbolo de sí mismo dentro de una reserva de tigres, una designación espacial repleta de significados simbólicos y políticos de gran alcance. Veo un cierto potencial para este tipo de narrativas de encuentro que la auto-etnografía se desarrolle como un método creativo, o al menos su práctica informativa, para interrogarse entre las políticas de especies y nuestra posición como investigadores que intentan estudiarlas.

Trabajos citados:

Kohn, Eduardo. 2013.How Forests Think. Toward an Anthropology beyond the human. University of California Press. Whatmore, Sarah. 2006. Materialist Returns: Practising Cultural Geography in and for a More-Than-Human World.Cultural Geographies 13.4: 600-609.
Haraway, D.J. 2008. When species meet. University of Minnesota Press.
Mitchell, Timothy. 2006. Society, Economy, and the State Effect.” The Anthropology of the State: A Reader: 169-86.
fuente:
https://aesengagement.wordpress.com/2016/01/08/reflections-upon-seeing-a-tiger-in-the-wild-for-the-first-time/






-Conocer animales. Reconocer animales.
Para un piamontés del s. XV, tan real era un lagarto común como un reptil asiático, tan real como un dragón. Lo mismo contaba para un rinoceronte o un unicornio.
En el XVIII, los animales salvajes, los auténticamente salvajes, "viven muy lejos y no son bastante conocidos por el ser humano", según Buffon, y entran por tanto en el terreno de lo especulativo. La recopilación ordenada de las distintas reproducciones plásticas o gráficas de animales a lo largo de la historia constituiría una especie de espejo histórico de la propia humanidad excluída de dichas imágenes.


Al referirse a la clasificación de los mamíferos, H. Aramata recurre a las categorías aristotélicas de conocidos y desconocidos, que, en definitiva, siguen siendo las de uso para la generalidad de la población. A pesar de la proliferación de los distintos medios de difusión, los cuales, como iremos viendo, están caracterizados por una ineludible reiteración de contenidos. Aramata, y esto es de lo más interesante, busca lo que podríamos calificar como una clasificación inconsciente de los mamíferos (extensible sin dificultades a la totalidad del reino animal) que se parecería a lo siguiente:


- cohabitantes con los seres humanos
1- Conocidos - ganado
- animales de caza
- animales sacralizados (tótems)
- animales malditos (tabúes)


ANIMALES 2- Semiconocidos -relativamente desconocidos
(Aramata habla de mamíferos) -habitantes de lugares lejanos
(categoría de lo exótico)


3- Desconocidos - animales míticos y sagrados



A mi entender la tendencia actual (que no es nueva en absoluto) podría redefinir las mentadas categorías así:

1- Animales moneda: serían aquellos que son objeto de explotación y sustento para la supervivencia, sea a través de su captura o de su crianza sistemática, como las especies que nutren la ganadería o la pesca, por ejemplo.

2- Animales joya: son aquellos cuya escasez o peculiaridades los extraen de la categoría anterior a una exclusiva que los revaloriza.

3- Animales reliquia: aquellos, abundantes o escasos, que se asocian a un concepto concreto incrustado ancestralmente en una cultura concreta.

4- Animales fetiche: Aquellos que reúnen características que los asocian simultáneamente a las tres categorías anteriores.

A lo largo de siguientes capítulos, si es que no basta con la simple intuición, confío en dejar clara la justificación de dichas categorías.
Las razones de ciertas categorizaciones, cambiantes o discutibles, son en realidad lo que deberíamos como mínimo apuntar, señalar, o mejor aún señalizar en este discurso, que forzosamente ha de avanzar con los miembros extendidos en el blando terreno para no hundirnos en matices interculturales, antropocéntricos, que nos apartan de una conveniente perspectiva animalizada que no consiste en una búsqueda empática hacia los animales, sino en la sofronización de nuestros prejuicios culturales para sentir nuestra propia animalidad como contenido de las imágenes zoológicas que generamos y consumimos.
Para James Frazer (autor de "La rama de oro") el cerdo es sagrado para los judíos -por lo que es rechazado como alimento al igual que las vacas para Hinduístas y Brahmanistas- y sin embargo hoy día sabemos que la cultura hebrea considera el "reino" porcino como una parte más del conjunto de animales "sucios".
Morus (C. Richard Lewinsohn) atribuye la prohibición de su consumo entre judíos, sirios y árabes a razones higiénicas (la problemática conservación de la carne de porcino en climas cálidos sin riesgo de infección).
Marvin Harris, en cambio, analiza el rendimiento calórico, alimenticio, del animal en relación al rendimiento calórico de los recursos alimenticios que consume, hallando razones económicas de peso para la prohibición paulatina de su consumo mediante una justificación religiosa breve y concisa.
Sea como fuere, no podemos eludir la insistencia, la obstinada reiteración de los conceptos de tótem y tabú como bases complementarias del criterio designador del grado de sacralización de los animales, reales o inventados, que ilustran las manifestaciones culturales sobre animales a lo largo de la historia.
Uno de los tipos de tabú más arraigados e instintivos es aquel que implica el rechazo de géneros zoológicos taxonómicamente lejanos. Como mamíferos (con la única salvedad de la envidia por el vuelo de las aves, cuya diferenciación es además suavizada por su plumaje, aceptable como pelo en sentido positivo) rechazamos a reptiles, anfibios, artrópodos...
Casi podría afirmarse que los seres humanos han buscado, ya primariamente, una relación con los animales más cercanos (o asimilables intuitivamente como semejantes) los mamíferos, cuyo comportamiento se basa en pautas comunes, a nivel básico (más evidentemente en mamíferos de comportamiento gregario eficaz, en analogía con la interacción tribal de los grupos humanos, como es el caso evidente de la eficacia cinegética de las manadas de cánidos) que alimenta una perceptible empatía, más clara, menos ignorable, aunque su aspecto físico resulte más llamativamente diferenciado por contraste, al observar y reconocer actitudes semejantes, ejemplares incluso; pero de alguna manera siempre sorprendentes cuando se dan en castas menos privilegiadas de la creación. Hiroshi Aramata lo expresa afirmando que "sólo las 'bestias de pelo' pueden ser comprendidas", pero su manifiesta presencia en las imágenes de los libros de las especies más exóticas, no hace sino constatar la ausencia de las mujeres y de los hombres.
Esta desaparición obstinada del hombre de los libros de zoología no hace sino constatar, tal y como corrobora la "ennoblecida" actitud de mantenerse al margen del curso de la naturaleza (como si de verdad no perteneciéramos a ella, como si todo aquello que llamamos artificial no fuera tan natural como las deposiciones de un jilguero o la presa de un castor) la tesis dieciochesca que califica al humano como la criatura más desconocida para el hombre, una criatura escondida en el disfraz de todos los animales invisibles que ha intentado capturar con la mirada. En las miradas vestigiales que son las obras de arte de contenido zoológico seguro que podemos atisbar alguna señal del animal invisible.

Mafa Alborés