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viernes, 8 de noviembre de 2019

Flores de Team Lab o el arte tecnológico que evoca a la naturaleza





Enlazamos oportunistamente los trabajos de Kathleen Ryan con una instalación de Team Lab que nos recuerda inevitablemente a ciertos trabajos de Makoto Azuma que habíamos vinculado a otras obras artísticas con flores y plantas en una entrada anterior.

La reivindicación del mundo natural a través de las manifestaciones artísticas tiene algo de paradójico, porque cuanto más destruimos el entorno natural y nos alejamos de él, más valor damos a los elementos naturales, convirtiéndolos en joyas de la naturaleza revalorizadas como mercancía de contemplación estética. El arte es una forma de preservación de recuerdos del mundo natural en sus inicios y no ha dejado de seguir practicando este fin en los últimos tiempos. Ofrecer experiencias sensoriales que nos devuelvan al contacto con el mundo natural, pero con un distanciamiento intelectual que a la vez imposibilita dicho contacto de manera genuina.

Añoramos un entorno natural idealizado, benévolo y hermoso, que propicie un estado físico y espiritual pacífico y armónico con nuestra propia condición natural, pero el mero hecho de reflexionar sobre ello nos desvincula de una relación ordinara con la naturaleza, de la que extraemos y destacamos tan sólo aquello que nos beneficia o misteriosamente nos conmueve sensorial y estéticamente. Tal y como se nos informa desde la entrada original de ArtPeople, las intervenciones artísticas de Team Lab a las que hacemos hoy referencia apuntan en esta problemática dirección:

Perdidos en la naturaleza, donde los límites entre el jardín artificial y el bosque no están claros, podemos sentir que existimos en una relación continua y sin fronteras entre la naturaleza y los humanos. Es por esta razón que teamLab decidió crear una exposición en este vasto espacio laberíntico, para que las personas se pierdan y se sumerjan en la exposición y en la naturaleza.

Por todo ello  nos ha parecido interesante, oportuno, y coherente con las selecciones habituales de El Animal Invisible, recoger el testimonio de esta instalación y ofreceros el comentario de ArtPeople al respecto:


Las flores parecen florecer y marchitarse en una instalación receptiva 
(por teamLab, artpeopleadmin, 14 de septiembre de 2019)

El parque Mifuneyama Rakuen de 500,000 metros cuadrados fue creado en 1845, durante el final del período Edo. En el límite del parque se encuentra el famoso árbol sagrado Okusu de 3.000 años de antigüedad del Santuario Takeo. También en el corazón del jardín hay otro árbol sagrado de 300 años. Conociendo la importancia de esto, nuestros antepasados ​​convirtieron una parte de este bosque en un jardín, utilizando los árboles del bosque natural. El límite entre el jardín y el bosque salvaje es ambiguo, y cuando deambulan por el jardín, antes de darse cuenta, la gente se encontrará entrando en el bosque y los senderos de animales. Engarzada en el bosque está la deidad Inari Daimyojin rodeada por una colección de rocas casi sobrenaturales en su formación. Hace 1.300 años, el famoso sacerdote Gyoki llegó a Mifuneyama y talló 500 Arhats. Dentro de las cuevas del bosque hay figuras de Buda que Gyoki talló directamente en la roca que aún permanece en la actualidad.

El bosque, las rocas y las cuevas de Mifuneyama Rakuen se han formado durante mucho tiempo, y las personas de todas las edades han buscado significado en ellas a lo largo de los milenios. El parque que conocemos hoy se encuentra en la cima de esta historia. Es la relación continua entre la naturaleza y los humanos lo que ha hecho que la frontera entre el bosque y el jardín sea ambigua, manteniendo este patrimonio cultural hermoso y agradable.

Perdidos en la naturaleza, donde los límites entre el jardín artificial y el bosque no están claros, podemos sentir que existimos en una relación continua y sin fronteras entre la naturaleza y los humanos. Es por esta razón que teamLab decidió crear una exposición en este vasto espacio laberíntico, para que las personas se pierdan y se sumerjan en la exposición y en la naturaleza.

Existimos como parte de una continuidad eterna de vida y muerte, un proceso que ha continuado durante un tiempo abrumadoramente largo. Sin embargo, es difícil para nosotros sentir esto en nuestra vida cotidiana, quizás porque los humanos no pueden conceptualizar fácilmente el tiempo por períodos más largos que sus propias vidas. Hay un límite en nuestra comprensión de la continuidad del tiempo.

Al explorar el bosque, las formas de las rocas gigantes, las cuevas y el bosque nos permiten percibir y comprender mejor ese tiempo abrumadoramente largo sobre el que se formó todo. Estas formas pueden trascender los límites de nuestra comprensión de la continuidad del tiempo.

El proyecto de teamLab, Digitized Nature, explora cómo la naturaleza puede convertirse en arte. El concepto del proyecto es que la tecnología digital no material puede convertir la naturaleza en arte sin dañarla.

Estas obras de arte exploran cómo las formas de rocas gigantes, cuevas, bosques o el jardín donde la naturaleza ha existido continuamente en contacto con la vida de las personas, hacen posible crear un lugar donde podamos trascender el límite en nuestra comprensión de la continuidad. de tiempo y sentir la larga, larga continuidad de la vida. Las obras fomentan una vez más la contemplación del significado de "vida continua" que ha existido durante muchos años en Mifuneyama.






                            


Pueden ver más esculturas e instalaciones animadas por computadora en el sitio web de teamLab y Vimeo.


You can view more computer-animated sculptures and installations on teamLab’s website and Vimeo

https://www.artpeoplegallery.com/flowers-appear-to-blossom-and-wither-in-a-responsive-installation-by-teamlab/

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lunes, 13 de marzo de 2017

analogías orgánicas: insectos y plantas de Hiroshi Shinno




Recientemente, dedicó en COLOSSAL un artículo a las peculiares esculturas fito-entomológicas de Hiroshi Shinno. Al tratarse de la primera noticia que teníamos acerca del trabajo de este artista, y sorprendidos por el magnético atractivo de sus insectos representados por fragmentos vegetales, hemos querido saber más sobre él, dado que, a menudo, una obra o una serie puntual puede destacarse entre un corpus de obras que no ofrece mayor interés, pero frecuentemente, como es el caso, se trata de un indicio de un conjunto de trabajos más amplio y de mayor calado.

Al indagar en los contenidos de la web de Shinno comprobamos que no se trata simplemente de un original y sorprendente artesano, sino de un artista con una visión global y crítica de la imagen de los animales y de la naturaleza a través de los medios de difusión. Y estos se encuentran influídos sin duda por los recursos expositivos de los museos y la divulgación científica, a los que hemos acabado otorgando una cierta categoría de género artístico, como hemos constatado a lo largo de la existencia de este blog, plagado de ejemplos de artistas que toman prestadas convenciones propias de las colecciones y galerías de ejemplares que ilustran la Historia Natural.

Entre sus trabajos que más nos han llamado la atención se encuentran sus evocaciones escultóricas de reconstrucciones óseas propias de la paleontología y sus dioramas vivientes o terrarios con plantas vivas en los que a menudo incluye ejemplares de sus peculiares esculturas, hechas a partir de reproducciones exactas en resina de fragmentos vegetales a partir de moldes de silicona. Dichos fragmentos son coloreados de forma muy realista y el resultado juega con el equívoco aspecto que ofrecen muchas especies que nos recuerdan miméticamente a formas vegetales, como ocurre en el caso de muchos fásmidos.
Lo que Shinno, entre otras cosas, nos quiere decir, es que otorgamos credibilidad naturalista a todo detalle o textura que evidencie su origen orgánico, natural, y que se nos antoja más creíble una recreación con elementos naturales que intentar reproducir con exactitud dichos organismos en materiales sintéticos, cosa que por otra parte consigue contradecir con su peculiar recurso a los exactos moldes vegetales que realiza en resina a la manera en que trabajan los artistas de la reproducción de ejemplares para exposiciones científicas.
Son notables también sus delicadas composiciones esféricas evocando explosiones evolutivas de formas de vida, así como sus claros recordatorios de dónde habitan los animales clasificados: en la literatura científica ilustrada, como testimonian sus libros convertidos en cofres o estuches de preservación.

El artista japonés Hiroshi Shinno  construye esculturas hiperrealistas de insectos que no existen, formas perfectas de especies imaginativas que parecen construidas con hojas vibrantes y delicados pétalos de flores. Incluso estos aspectos de las criaturas son falsos, ya que cada hoja o pétalo fue moldeado de resina y pintado con pintura acrílica antes de ser colocado en la base de latón del modelo.

Además de construir estas obras fantásticas, Shinno también bosqueja las ideas iniciales para sus criaturas imaginativas en un Diario de Insectos (
Insect Diary) en su sitio web. Podeis ver más de las esculturas basadas en insectos del artista de Kyoto y sus trabajos en 3D en su Tumblr. (Vía Lustik)







































http://hiroshishinno.com/english-top/

http://hiroshishinno.com/english-insectdiary/


http://www.thisiscolossal.com/2017/03/imaginative-insects-by-hiroshi-shinno/


sábado, 29 de octubre de 2016

Fronteras entre arte textil y bioarte. Bordados naturalistas de Emma Matson y alfombras de vegetación sobre alfombras Persas por Martin Roth

Emma Mattson
Que el arte imita a la naturaleza es algo de lo que no nos suele caber la menor duda, aunque sólo sea por el arraigo de un tópico recurrente, y de arraigos precisamente hablaremos hoy, aunque en un sentido bastante más literal.
En la medida que una obra artística hace referencia al esclarecimiento o reflexión sobre hechos biológicos podríamos asociarla a lo que se denomina bioarte desde que pioneros como Eduardo Kac, George Gessert o Louis Bec propiciaron su definición.
Sin embargo no es infrecuente un cierto abuso del término. Si una obra de arte está inspirada en productos de la divulgación de la biología puede ser que flirtee con el bioarte sin llegar a serlo, o si imita los recursos expositivos de los museos de Historia Natural. Lo cierto es que una pieza de bioarte tendría que estar viva, o estar realizada con materiales o soportes vivos y no sencillamente servirse de materiales de origen orgánico más o menos evidente (o cualquier tabla -madera extraída de un árbol antaño vivo- pintada al temple -pigmento cuyo medio de aplicación es el huevo, símbolo de la vida y símbolo del alma- pertenecería a su ámbito).
Aparte de las muestras de trabajos artísticos que recurren a la taxidermia, no deja de ser curioso observar obras artísticas cuyas piezas son directamente preparaciones de muestras zoológicas en las que los propios cuerpos de los animales, sus anatomías, constituyen una forma particular de bioarte (a ello nos referíamos al respecto de trabajos como los de Iori Tomita, entre otros).
Louis Bec
El bioarte es un término que abarca tanto reflexiones plásticas sobre las formas vivas como piezas artísticas que de un modo simulado (Félix Deac, Patricia Piccinnini) aparentan formas de vida, aunque de forma más exacta las obras de bioarte están vivas de manera virtual (Louis Bec y sus simulaciones digitales de organismos) o constituyen auténticos seres vivos intervenidos genéticamente con fines artísticos, y cuyo máximo representante es Edouard Kac.
Los ejemplos que traemos hoy a colación reflexionan sobre las formas vivas de la naturaleza en relación a los entornos artificiales creados por el hombre, asociándose, concretamente, a la arquitectura y el interiorismo o, más concretamente, a las artes textiles aplicadas al interiorismo: tapices y alfombras.
Para empezar podríamos establecer una asociación que cualquiera puede entender cuando nos referimos a la materia de la que están hechos los seres vivos como tejido vivo, o tejido orgánico, analogía que nos recuerda la disposición imbricada de los elementos que constituyen la materia viva. Las telas y tejidos de confección artificial, sea artesanal o industrial, han servido para vestirnos, abrigarnos y modificar la percepción de nuestra propia animalidad, así como para decorar y dar calidez o distinción social al interior de nuestras edificaciones. La fría dureza de suelos y paredes ha sido amortiguada por la presencia de alfombras y tapices de múltiples calidades y diseños a lo largo de la historia y en nuestras asociaciones léxicas nos hemos referido a ciertos elementos naturales como alfombras o tapices: rocas tapizadas de musgo, alfombras de hierba, cortezas vestidas de líquenes.
Alexandra Kehayoglou
Con estas premisas hemos explicado el sentido otorgado a la estética de ciertos trabajos como los de Alexandra Kehayoglou, y sus alfombras y tapices inspirados en las formas y combinaciones cromáticas de las diferentes especies vegetales que podemos encontrar cubriendo suelos y espacios naturales. Los trabajos textiles de Kehayoglou flirtean con el bioarte sin serlo, pero sin duda apuntan a una reflexión sobre nuestra relación con el mundo natural y tracienden, por tanto, al mero interiorismo, pudiendo asociarse a trabajos de artistas como Anna Garforth que a menudo constituyen auténticas piezas de genuino bioarte por la utilización de material orgánico vivo.
Alexandra Kehayoglou
Las alfombras de Kehayoglou están realizadas con técnicas textiles herederas de la tradición propia de la industria, pero constituyen un recordatorio de nuestro creciente alejamiento del mundo natural intentando compensar la nostalgia de su percepción visual directa. En este sentido van más allá del elemento meramente decorativo, o de un producto más de las artes aplicadas, en tanto que conceptualmente constituyen una peculiar manifestación del arte pictórico, del bajorrelieve o del diorama.

Emma Mattson
Recientemente hemos descubierto otros trabajos interesantes asociados a la confección textil inspirada en formas vegetales, como los tambores de bordado de Emma Mattson, quien, mediante la utilización de fieltro, hilo y la técnica del nudo francés aplica puntadas con configuraciones semejantes a musgo en aros de bordado como soporte de las plantas sin flores que imita. Además de simular el aspecto de la vegetación, a Mattson también le gusta añadir fragmentos de auténtico y falso musgo sobre el que trabaja para trazar una fina línea entre la imitación y la realidad.
Emma Mattson
Tal vez al contemplar sus obras alguien pueda pensar que se trata de un mero ejercicio técnico de una artesana del bordado, o de más o menos llamativas piezas decorativas o de coleccionismo, pero si buscamos entre su producción nos encontramos interesantes piezas de distinta índole que indagan en cómo percibimos las cosas a través de nuestros sentidos acostumbrados, prevenidos o, en ocasiones, aturdidos por las diferentes artes y técnicas de reproducción. 
La apariencia superficial de los objetos resulta a menudo engañosa a través de los distintos medios de difusión de imágenes, y el paradigma fotográfico impregna nuestros recuerdos visuales, sea por la presencia directa de los objetos referenciados o a través de gadgets electrónicos, reproducciones impresas, recreaciones tridimensionales, etcétera.
Emma Mattson
Son especialmente significativas sus piezas volumétricas, escultóricas, cubiertas de fragmentos fotográficos en forma de collage tridimensional que nos invitan a dotarnos de antenas que perfeccionen nuestra precisa percepción de las cosas y, por tanto, constituyen en esencia una reflexión sobre los límites entre naturaleza y artificio, entre nuestros órganos sensitivos y nuestras capacidades de percepción. 
La preponderancia que otorgamos a un mundo construído a base de reconstrucciones de carácter esencialmente visual, o audiovisual, cada vez más alejadas de sus referentes reales, sirve a Mattson para elaborar objetos que reclaman nuestra atención sobre este hecho, y que de alguna manera, mediante su propio artificio, nos recuerdan que el mundo natural tambié se huele, se saborea, se oye y se vive en una inmersión sensorial que nunca es ajena a nuestros límites corporales por más que nos empeñemos en ello.
Emma Mattson
Desde este punto de vista, sus creaciones textiles de formas vegetales, lejos de buscar un hueco en el mercado de los productos decorativos (algo que sin duda es esencial para el desarrollo de la actividad fabril de Alexandra Kehayoglou) conforman auténticas series artísticas emparentadas con la ilustración científica, la pintura paisajística, el arte ornamental, los dioramas en incluso la escultura, pero, además, no debemos olvidar en plena era digital que los orígenes de las imágenes rasterizadas y los sistemas informáticos se hallan en los telares, en la mecanización de la producción textil pioneros en el uso de códigos aplicados en tarjetas perforadas, tal y como reflexionábamos al comentar las obras de
Cayce Zavaglia.



Emma Mattson:












Martin Roth:


Martin Roth
Otro interesante descubrimiento, gracias a Christopher Jobson desde COLOSSAL, son las alfombras de hierba de Martin Roth, quien sí se acerca en gran medida al concepto de bioarte en una línea que nos recordaría a Anna Garforth, y que también muestra ciertas inquietudes ecologistas y biológicas en casi todas sus instalaciones.  
Estas se basan en un discurso de metáforas visuales contundentes y procesos de trabajo que en sí mismos encierran una narrativa reflexiva.  Esta reflexión a la que nos invita reivindica nuestra pertenencia a un ecosistema que alteramos, como en su día la hierba y las gramíneas alteraron y revolucionaron los ecosistemas terrestres compitiendo con los bosques, hasta transformar nuestros territorios primigenios en llanuras y sabanas que forzaron nuestro bipedismo a la vez que alimentaban las crecientes aglomeraciones de ungulados que un día cazaríamos y más tarde pastorearíamos.

Jobson nos lo explica más o menos en los siguientes términos:

Prestando a sus obras las atenciones de un jardín, el artista austríaco con sede en Nueva York Martin Roth cultiva la hierba desde el interior de las fibras de alfombras persas, constantemente regando sus piezas para garantizar que la hierba crezca exuberante desde dentro del denso tejido. El resultado final de este proyecto, expuesto por primera vez en un castillo de Austria en 2012, siempre será el mismo. Las alfombras se desenmarañarán y la hierba morirá. Este acto fatalista es a la vez poético y político para el artista, que trabaja con una efímera sensualidad, al tiempo que nos habla acerca de los impulsos de los países occidentales por llevar sus valores a otros países.La instalación de alfombras más reciente de Roth se encuentra actualmente en exhibición en el Centro Cultural Coreano en Londres como parte de un espectáculo titulado Riptide que cuenta con el trabajo de Koo Jeong A y otros artistas. Durante las próximas semanas la pieza cambiará gradualmente a medida que la hierba imita inicialmente los patrones que se encuentran en las alfombras hasta que crece para crear nuevas formas. Hacia el final de la exposición, la hierba prácticamente consume las alfombras antes de morir en sí, en un ciclo de nacimiento, consumo, y finalmente la muerte.






Otras muestras de trabajos, procesos de trabajos e instalaciones de Roth remiten a la presencia de seres vivos que interactúan con registros fotográficos o sonoros de otros seres vivos salvajes o en cautividad:






Roth registra fotográficamente su proceso de grabación sonora de voces de animales en cautividad para evocar sonidos de la naturaleza cautivos de algún modo en los altavoces que flanquean a un bonsai para recordarnos el tipo de relación de sometimiento que mantenemos con la naturaleza que supuestamente amamos y homenajeamos hasta la saciedad;






En otras ocasiones nos sorprende con contrastes entre el diseño arquitectónico más aséptico o minimalista propio de una galería de arte donde camuflar una pieza pensada para alojar caracoles vivos:



Con frecuencia sus trabajos sugieren la presencia de plantas o animales como una chocante intrusión en el terreno tomado por el artificio; los espacios arquitectónicos hacen una concesión a su presencia efímera a pesar de que podría ocurrir que en realidad la naturaliza podría también tomarse la revancha e invertir los términos.




A la vista de estos y otros trabajos del austriaco, el registro de su estancia con un rebaño de ovejas adquiere un nuevo sentido que ironiza con la búsqueda de experiencias que nos reconecten con una existencia menos artificiosa, más directamente conectada a la vida natural y a la tierra.
Invadir edificios y salas de exposiciones o espacios alternativos, al fondo de pasillos o escaleras, de aspecto aséptico, con tierra y piedras naturales, o agua y plantas, como hábitat improvisado para pájaros, ranas u otras criaturas son actos que para el artista encierran el mismo mensaje que la hierba que crece en sus alfombras, porque en dicho contexto expositivo, la presencia descontextualizada de los elementos naturales los señala como artificiales y nos alerta sobre el entorno que nos convendría desear exento de manipulación.













Fuentes:


http://martinroth.at

http://www.thisiscolossal.com/2016/10/a-temporary-lawn-planted-amongst-a-patchwork-of-persian-rugs/