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lunes, 18 de mayo de 2020

Marcel Van Luit y sus ensueños digitales antrozoológicos


Marcel Van Luit

Marcel Van Luit
Pasamos de los sueños de animales de Valentín Valhonrat a los ensueños antrozoológicos de , sin duda un trabajo mucho más espectacular visualmente, bonitista y también mas obvio o prosaico, que no sabemos bien dónde situar.

Por un lado conecta con la irrefrenable corriente de artistas de la edición digital que inunda las redes apuntándose a cierta reivindicación naturalista, y por otro encaja en un esteticismo un tanto acaramelado de un retorno a un edén donde todas las criaturas son hermosas y conviven en armonía.

Una de esas tipologías de trabajos que colmarían las expectativas de los anaqueles de tiendas de decoración post-new-age que venden y empaquetan con lazos de productos naturales sueños supuestamente poéticos y conservacionistas. La belleza femenina como estereotipo vinculada a la madre naturaleza, los niños en convivencia idílica con hermosas fieras salvajes y otros muchos tópicos tal vez ya vistos pero sin duda defendidos con una convicción y un primoroso alarde técnico que acaba por transportarnos e invitarnos a dejarnos llevar por puro placer.

Marcel Van Luit


Marcel Van Luit
Podríamos achacar a Van Luit muchos de los tópicos que hacíamos recaer tangencialmente sobre el trabajo de mayor calado de Gregory Colbert, genuínamente fotográfico pese a sus excesos en la edición, pero Van Luit practica el fotomontaje digital desde una perspectiva casi pictórica, con ciertos visos de surrealismo de sala de bienestar económico, algo tal vez lleno de contrasentidos pero demasiado ilustrativo de los tiempos que vivimos para ser ignorado.

Además, pese a la inicial acidez con que comentamos su obra y el empalago que a menudo nos produce, seríamos hipócritas si negásemos la calidad de su ejecución o el placer estético que muchas de ellas nos producen, y, al fin y al cabo, la diversidad en el mundo del arte ha de ser aceptada como un bien necesario y no excesivamente puntilloso.

Creemos que el trabajo de Van Luit, recursos técnicos aparte, se aproxima estéticamente más al de pintores como Kate BerginTiffany Bozic,Will Wilson, o tantos otros autores que hemos comentado en nuestras selecciones.

Marcel Van Luit
El artista confiesa que se limita a dejarse llevar por las composiciones en las que vuelca un imaginario que recoge tanto su amor por la naturaleza como por la belleza de las formas y la evocación del amor por sus hijos, sus juegos y sus propias fantasías infantiles compartidas, y eso es un punto de partida tan honesto como otro cuaquiera.

Al fin y al cabo, lo hace impulsado por las secuelas de una enfermedad que lo alejó de su cotidianeidad laboral y limitó su movilidad hasta el punto de necesitar un escape más allá del espacio y de su propio confinamiento, lo cual es sin duda oportuno para ilustrar ciertos efectos sintomáticos de la pandemia global que nos ha confinado colectiva y preventivamente en los tiempos en que se publica este comentario.

Marcel Van Luit
Descubrimos sus fotomontajes y animaciones digitales a través de un artículo on line de Cultura Inquieta, que no en vano dedica su título a "Los maravillosos mundos imaginarios de fantasía y realismo de Marcel Van Luit".


En dicho artículo se reivindica la necesidad de soñar con lo inexistente:

Este artista holandés tiene la capacidad de crear increíbles mundos fantásticos en los que no nos importa saber que no existen porque, a menudo, soñar es necesario.

Marcel Van Luit


Marcel Van Luit
Así fue también en su caso, cuando Van Luit necesitaba salir más allá de su realidad y sus anhelos acabaron por materializarse.
A día de hoy, el artista se dedica tanto a realizar su trabajo personal como encargos para particulares.

«Transformé mis sueños en piezas de arte. Mi mayor inspiración es mi propia imaginación y mis hijos. Me encanta mezclar ilusión con realidad para crear mundos completamente nuevos: mundos en los que amo a mis dos hijos, mundos en los que quiero escapar cuando la vida está demasiado ocupada. Cuando usas tu imaginación, todo es posible»,
expone el artista en su página web.


Marcel Van Luit
«Me encanta jugar con oscuridad y luz, creo que van de la mano. Al igual que en la vida real, lo bueno y lo malo pueden ir de la mano y de la oscuridad puede nacer la luz. Mi trabajo es sobre la esperanza, son lecciones de vida para mis hijos, mensajes de amor y confianza en el que les digo que todo es posible, que solo tienen que creer en ello»,  

continúa Marcel que nació y creció en Groningen, una ciudad al norte de los Países Bajos.
No siempre se ha ganado la vida como artista, trabajaba como trabajador social y acababa de tener a Otis, su primer hijo, cuando de repente su vida pegó un giro de 360º.
Marcel Van Luit
Marcel cayó enfermo y le diagnosticaron GBS (Síndrome de Guillain-Barré), una enfermedad muy rara que le llevó a estar, durante mucho tiempo, completamente paralizado. Después de varios meses en el hospital fue trasladado a un centro de rehabilitación y no volvió a su casa hasta un año después.

Cuando aún seguía en silla de ruedas pero por fin la parte superior de su cuerpo empezaba a funcionar, empezó a buscar un pasatiempo que le obligara a ejercitar sus dedos y manos.

Marcel Van Luit
Cada vez que su hijo le visitaba, tomaba todas las fotos suyas que podía, no podía llevarle a ninguna parte así que en un momento dado comenzó a reproducir mundos de ensueño para crear las aventuras que no podían vivir físicamente; así es como empezó todo.

Marcel descubrió un nuevo talento y una pasión que fue desarrollando hasta conseguir este juego tan característico de su obra entre luz y oscuridad y su realismo fantástico. Y de ahí, a contar con cerca de 200.000 seguidores en Instagram y a exponer en ciudades como París, Miami, Brasil, Amsterdam, entre otras, estas maravillosas fotografías que nos invitan a perdernos en otros mundos y a seguir creyendo que todo es posible.




Marcel Van Luit: Website | Instagram



Marcel Van Luit
Marcel Van Luit
Aunque hemos selecionado algunas imágenes más de Van Luit que reclaman nuestra atención por ser más sobrias, no hemos podido evitar ofreceros también algunas de las más reiterativas o recurrentes, como sus retratos oníricos de leones y otros grandes felinos, o algunas de sus composiciones de animales cubiertos de flores y vegetación que conectarían en cierto modo con lo que ya habíamos visto en Hellen Jewett a través de la escultura y la integración del animal en un abigarrado paisaje idílico que simboliza el obstinado rebrote de la vida como algo bello y esperanzador.

Creo también necesario, dado que no podemos abarcar toda la extensión de su producción, ni toda la tipología de imágenes (damos prioridad a las de tema antrozoológico, que, de todas formas son las más abundantes y significativas) pero sobre todo, porque no os quedéis sólamente con las estampas estáticas, 

Marcel Van Luit
queremos que la curiosidad os lleve a visitar su cuenta de
Instagram, para contemplar sus cinemagraphs y fotomontajes en formato de Gif animado, porque en movimiento y con sonido muchas de las imágenes no sólo corroboran ciertas obviedades que comentábamos al inicio de la entrada, sino que también, por contrapartida, remiten a un tipo de experiencia sensorial evocadora y cargada de onirismo que el artista
Marcel Van Luit
quiere
Marcel Van Luit
compartir
, y sin duda encuentra con ello un medio para conectar con gran parte de su creciente público, que le ha obsequiado con un seguimiento cada vez mayor que ha propiciado sus numerosas exposiciones y su éxito como artista gráfico, cosa que nos alegra al margen de cualquier otra consideración.





Marcel Van Luit

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Marcel Van Luit

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Marcel Van Luit

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Enlaces:

http://www.marcelvanluit.com/

https://www.instagram.com/marcel_van_luit/

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sábado, 25 de abril de 2020

Vadim Solovyov y su invasión de animales salvajes gigantes

Vadim Solovyov

Una vez hecha la reflexión sobre el fotomontaje que ofrecimos en nuestra entrada precedente, a la que dimos un sesgo en el que la eficacia del fotomontaje tal vez sea un síntoma de nuestro alejamiento del mundo natural, volvemos al fotomontaje para mostrar un claro ejemplo de lo que veníamos diciendo. 

Y es que, cuando el fotomontaje funciona de forma más llamativa es cuando imita o emula a la foto documental, y es por ello que  Gigantescos animales salvajes deambulan por las calles rusas en las composiciones surrealistas de Vadim Solovyov.

Vadim Solovyov
No obstante, en este caso entraríamos de nuevo en la eficacia de la evidencia de lo imposible, en el regusto de la fantasía creíble que hace realidad de forma ópticamente verosímil una cierta ensoñación de retorno de la naturaleza al mundo urbano cotidiano.

Es, creo, un recurso fácil, resultón y difícilmente eludible por el público automáticamente atraído por las imágenes de trabajos como el de Christophe Huet, por ejemplo, u otros tantos como el estudio Creatonautes, generando quimeras digitales, o Sarah DeRemer con sus asociaciones y analogías de manual, también flirteando con lo quimérico.

Sin embargo, como en el ejemplo de Huet, hemos de añadir todavía otro factor que convierte estos fotomontajes en un tópico de las redes y de las ensoñaciones digitales: la alteración de la escala.

Vadim Solovyov
Los animales son agigantados, preferentemente (aunque no faltan los ejemplos de miniaturización pretendidamente llamativa o sorprendente), para reclamar todavía más la atención, además de en su desubicación. 

Tampoco es nada nuevo, volvemos al viejo recurso de los insectos agigantados o vengadores de los mundos perdidos a lo King Kong, cuyo émulo no falta, desde luego, entre las imágenes de Vadim Solovyov.

Así, animales proverbialmente pequeños son traídos a la escala de nuestras mascotas o a la nuestra propia para incluso superarla, pero también es tentador reducirlos, especialmente en el caso de las mascotas domésticas, hasta convertirlos en miniaturas de bolsillo.

Vadim Solovyov
De hecho, es uno de los pocos casos en que Solovyov se centra en un animal doméstico, puesto que en la mayoría prefiere agigantar la fauna silvestre y, por tanto, constiuiría un caso contrario al que observábamos en Mitch Boyer sacando de paseo a su "perrito" gigante Vivian por Brooklyn.

Lo que pasa es que el de Boyer constituye un caso de proyecto fotográfico o artístico con su propia poética, mientras que los trabajos de Huet o Les Creatonautes, como, las de Solovyov parecen responder más a un "¿porqué no?" a cada ocurrencia de la imaginación menos exigente.

Aunque sería injusto no elogiar la buena vista y pericia técnica del artista ruso, o su trasfondo crítico con el avance desaforado de la civilización, puesto que, aunque nosotros, siguiendo nuestra línea habitual, nos centramos en sus trabajos protagonizados por animales, lo cierto es que la tecnología y los robots son su temática alternativa, que, de todas formas, no deja de ser vicaria de cualquier observación de lo que entendemos por animalidad. 

Vadim Solovyov
En ciertas ocasiones incluso combina ambos conceptos y los insectos gigantes o cualquier criatura aumentada o reducida de escala es acechada en su entorno por máquinas o drones misteriosos que cierran el bucle de su condición de reclamo de atención visual.

Solovyov presenta a los animales de tal modo que la máxima expresión de su método, si es que no se trata de una rutina, es mostrarlos siempre de forma insólita pero conocida, si es que es posible afirmar una cierta previsibilidad en nuestros hábitos de observar lo insólito, que deja de serlo en realidad cuando lo asimilamos por parecido a una categoría de fenómenos que deberían existir sólo fuera de una conocida y no dentro de una de aquello parecido a otra cosa.

Vadim Solovyov

Es decir: las imágenes de Vadim Solovyov nos presentan a los animales constituyendo el foco de observación de la cámara, ocupando un lugar protagónico en cualquier pantalla, agigantándolos incluso hasta el extremo de superar con creces el concepto de recurso de aumento de escala de la pantalla gigante.

Cosa que al menos demuestra tener clara el artista como idea comunicativa de cierto calado, en el caso en que muestra la presencia de una pantalla gigante en un evento deportivo, una de las muestras que quedan de acotación simbólica del terreno natural para la lucha simbólica de clanes por la ocupación de dicho terreno acotado y cuya escala obliga a una lejanía que, para acercar los rostros de los participantes al espectador en directo, requiere de los mismos recursos al que se ha acostumbrado como espectador en diferido: la pantalla.

Vadim Solovyov
La pantalla agigantada en escala para adaptarse a la escala del estadio de aforo masivo, de esa pantalla gigante que, no obstante, pierde protagonismo y se limita a subrayar la metarrealidad del animal enfocado, de la reiteración del encuadre y, por tanto, de una nueva revisión del cuadro dentro del cuadro magrittiano.

No faltan tampoco los casos en que se establece una analogía conceptual entre los animales y objetos, herramientas o vehículos y maquinarias, aunque en estos casos apenas se subraya con pequeños elemento asociativos:

Un rinoceronte se parece a un furgón o a un vehículo industrial y basta con señalizarlo con un faro de alumbrado o posición y, 
Vadim Solovyov
siguiendo este tipo de pretexto iconográfico y argumental, un tiuburón martillo se convierte en un martillo industrial o una máquina de construcción, con la insólita particularidad de flotar en el aire.

Y es que este es otro de los tópicos oníricos que se repiten en muchos artistas figurativos que recurren al uso surrealista de los animales: 

desplazar los animales acuáticos al aire, realizar un ejrcicio que desafía a la densidad del medio y de la materia orgánica que constituye a los propios animales. 

En la ensoñación del vuelo nadamos, porque cuando nadamos desafiamos a la gravedad del medio aéreo e incorporamos esa experiencia a nuestras expectativas. 

Vadim Solovyov
La imaginación y el subconsciente hacen el resto. De ahí que sea tan frecuente observar la presencia de animales acuáticos voladores en múltiples trabajos artísticos pictóricos, video y cinematográficos y, cómo no, fotográficos de montaje. Moverse sin apoyarse en el terreno, sino en el medio, es algo consustancial y común a animales acuáticos nadadores  y terrestres voladores, por lo que reflejar dicha idea en una imagen es siempre tentador e inmediatamente comprendido, porque forma parte de fantasías de origen atávico, que seguramente llevamos incorporadas desde un remoto pasado evolutivo.

En este sentido Solovyov no iba a ser menos y muchas de sus ocurrencias y creaciones explotan este tema o recurso argumental y así, yendo un poco más lejos, repasa también otro tópico antrozoológico que es la fascinación por los cefalópodos, por su peculiar e insólita configuración anatómica radial.

Vadim Solovyov
El artista demuestra su preferencia por la simbología clásica del pulpo, el calamar y la sepias y los reubica, cómo no, agigantados, en espacios aéreos como extraños zeppelines orgánicos, o como sugerentes apariciones fragmentarias de sus tentáculos como amenaza de una naturaleza al acecho que, en tiempos de coronavirus y confinamiento domiciliario, remiten a la reconquista de la naturaleza de los espacios urbanos arrebatados a los bosques, los mares y la vegetación primigenia.

La orografía invadida por la urbe no deja de ser un montaje artificial y la frontera entre naturaleza y artificio es puesta en cuestión por todas las formas de arte desde la noche de los tiempos.


Vadim Solovyov

Vadim Solovyov
 En el caso de los cefalópodos las refrencias iconográficas que aluden a lo amenazador o lo monstruoso parten, como bien menciona Caillois, de Victor Hugo, responsable literario del cambio de la mitología del pulpo, que pasa a ser digno representante del cambio y el disfraz, a ser monstruoso y amenazador guardián de los tesoros submarinos, algo que de alguna manera retomó Julio Verne recurriendo al parentesco con los calamares y su enciclopédica fascinación por la existencia documentada de los calamares gigantes del género architeutis.

Vadim Solovyov
Otros animales acuáticos como los hipocampos pasan de ser diminutos caballitos de mar a gigantescos habitantes de los cielos transformándose así en una especie de fenómeno atmosférico, pero es curioso constatar que como prefiere presentar a los pulpos y las sepias es en su condición de desubicación natural, haciendo justicia a la vieja expresión de encontrarse perdido como un pulpo en un garaje, aunque seguramente más de uno se sorprendería de lo resolutivo que podría llegar a ser un de estos inteligentes animales fuera del agua.

Por lo demás, la mayoría de ejemplos gráficos de Vadim Solovyov, envuelven las ciudades rusas que le sirven de escenario, así como los pueblos y barriadas rurales, de pequeñas criaturas agigantadas que tal vez simbolicen una suerte de venganza natural, en la que los pequeños insectos, las abejas polinizadoras y otras criaturas amenazadas por la influencia humana nos recuerdan hasta qué punto nuestra propia supervivencia depende de su presencia.

Por tanto, sobredimensionar escópicamente su presencia no es más que denunciar el peligro de su ausencia.

Vadim Solovyov
Volviendo a los temas que ha ha reavivado la crisis del COVID19, la invasión de los espacios naturales y de la fauna salvaje llevada al límite de su supervivencia e integrada en el consumo mercantil humano ha sido puesta sobre la mesa como una posible causa del peligroso acercamiento a las enfermedades que afectan a dichas especies y la posible letalidad poéticamente vengativa de sus parásitos, gérmenes y virus en formas hasta ahora insospechadas.

Uno de los animales que simbolizan la rareza y la fragilidad ante la extinción por la acción del hombre es el pangolín, especialmente por ser uno de los símbolos de la fauna asiática y constituir uno de los tesoros zoológicos de China, que encarna a su vez, como nación, a la potencia ancestral a la par que moderna, a la economía liberal emergente y atroz en su superpoblación y en su consumo indiscriminado de cualquier especie natural como mercadería gastronómica o medicinal.

La ausencia de gente en las calles a causa del confinamiento sanitario ha traído a las redes imágenes de animales silvestres invadiendo las calles y los espacios urbanos visto desde una perspectiva esperanzadora. Ante este hecho, la imagen de los pangolines convertido en vagabundos, hobbos o tal vez obrerors sobreexplotados del reciclaje y la trapería tal vez constituya el ejemplo más resaltable como rabiosamente actual de la obra gráfica de Solovyov.

Pero, en cualquier caso, queremos recalcar que el artista ruso constituye un ejemplo de todo aquello que se repite insistente y significativamente en el arte figurativo digital de los tiempos que corren y que, además, ejemplifica claramente todo aquello que venimos observando hace años desde nuestra plataforma de El Animal invisible.

Mafa Alborés


La obra de Solovyov la descubrimos a través de COLOSSAL, donde Grace Ebert nos dice al respecto:

Vadim Solovyov
Ver a un mapache lavando sus patas en los ríos de San Petersburgo o un pulpo emergiendo de un autobús de la ciudad sería una vista sorprendente para la mayoría de sus habitantes. Sin embargo, el artista Vadim Solovyov lleva esas escenas surrealistas un paso más allá al imaginar enormes grajos, pingüinos y camaleones invadiendo la ciudad rusa. Si bien muchas de las composiciones presentan a los animales en la naturaleza, algunas los colocan en espacios típicamente ocupados por un humano, como un perezoso detrás del mostrador cubierto de dulces de un kiosco.

Solovyov explica a Colossal que comenzó la serie misteriosa como una forma de explorar eventos extraños en su vida real. 

Vadim Solovyov
Por ejemplo, dice que el mapache gigante y sus contrapartes presuntas "se abre paso silenciosamente a través de la ciudad desierta en la tarde a los estuarios donde enjuaga tímidamente algo en el agua. A fondo. No menos de 20 segundos ", lo cual es una referencia a las sugerencias actuales de lavado de manos para evitar la propagación de COVID-19.

El artista dice que valora los componentes visuales y textuales de su trabajo por igual.

    Los animales gigantes (son) sólo una de las características de este mundo. Su origen, la historia del mundo en sí, se puede encontrar en fragmentos de los textos bajo las publicaciones. Existen muchas publicaciones en el contexto de eventos reales en mi ciudad y país. A través de mi trabajo, a menudo transmito de una manera velada (ya veces extraña) cuestiones importantes para mí  o problemas de la sociedad (actitud hacia los animales, política, fallas sociales). Pero esto, por supuesto, no excluye el hecho de que algunas obras son un "juego visual" irónico sin significados profundos adicionales.

Para ver la colección completa de la vida salvaje y sus respectivas historias, dirígete al Instagram de Solovyov. (fuente: This Isn’t Happiness)

Vadim Solovyov
Vadim Solovyov

Vadim Solovyov
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Vadim Solovyov
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https://www.instagram.com/solovyewadim/

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https://www.thisiscolossal.com/2020/04/vadim-solovyov-giant-wildlife/ 

https://thisisnthappiness.com/post/615287843655450624/they-want-their-stuff-back-vadim-solovyov


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