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domingo, 9 de febrero de 2020

Los mundos prehistóricos de Willis O'Brien expuestos por Charlie Charmer desde Koprolitos.


Bocetos de Story Board para el proyecto original de Willis O'Brien "The valley of Mist"


Previendo que este año estaremos muy ocupados con asuntos docentes, burocráticos y académicos en general, intentaremos mantener el interés por los contenidos de El Animal Invisible retornando a la exclusividad antrozoológica del arte que nos caracteriza, pero con más material prestado y sin reelaborar. Recientemente hemos encontrado un artículo biográfico sobre Willis O'Brien (concretamente: Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografia de Willis O'Brien. En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea. Barcelona (España). Recuperado de https://www.biografiasyvidas.com/biografia/o/o_brien_willis.htm el 9 de febrero de 2020.) que nos ha recordado una deuda obligada tras nuestros comentarios sobre la trascendencia iconográfica de Karel Zeman y Ray Harryhausen. En ambas ocasiones nos limitábamos a comentar, contextualizar y apenas ampliar los excelentes artículos elaborados por Charlie Charmer para Koprolitos. Quedaba sobreentendido entre líneas, para los iniciados en la imaginería zoológica cinematográfica, que ambos autores estaban en deuda con el pionero O'Brien, pero sin duda protagonizamos una omisión, o cuando menos una mención excesivamente superficial, de la trascendencia del trabajo del maestro de los recreadores audiovisuales de criaturas antediluvianas, tanto desde una perspectiva científica como meramente fantástica o especulativa.

Concept Art de Ray Harryhausen inspirado en el stoyboard de su mentor O'Brien
Intentaremos no insistir excesivamente en todo aquello que quisimos dejar claro acerca de la influencia de los artistas gráficos y plásticos en la divulgación popular de animales extintos cuando apenas ampliamos con matices lo recopilado por Charmer acerca del ilustrador Jack Sparling, quien llevó El Valle de Gwangi, de Harryhausen, al cómic.

No es casual que encabecemos esta entrada con una imagen correspondiente al proyecto de O'Brien ("The valley of mist") que quedó aparcado para ser recuperado por su discípulo Harryhausen y realizarlo bajo el título de "The valley of Gwangi". Enlazamos con lo entonces manifestado y lo ampliamos con el valioso material que Charmer ha elaborado para Koprolitos en sucesivas entradas dedicadas a los maestros del arte antediluviano para el cine y la ilustración. Concretamente, recopilamos aquí el contenido de las tres entradas dedicadas al maestro O'Brien complementadas, a modo de introducción, con la reseña biográfica de Ruiza, Fernández y Tamaro mencionada más arriba, con el deseo de ofrecer la mejor información posible en línea para todos los interesados por este tipo de actividades artísticas y por la obra de alguien de la trascendencia de O'Brien, de quien la wikipedia en español se limita a decirnos lo siguiente:


Willis Harold O'Brien (Oakland, California, 2 de marzo de 1886 - Los Ángeles, California, 8 de noviembre de 1962) fue un pionero en efectos especiales y animación stop motion estadounidense.
Algunos de sus más notables trabajos son El mundo perdido, King Kong y El gran gorila (película que obtuvo un Óscar a los mejores efectos visuales).1​ 

Afortunadamente, el resumen que nos ofrecen Ruiza, Fernández y Tamaro en Biografías y Vidas, es bastante más detallado en cuanto al tipo de actividades desarrolladas por el artista:
 
Willis O'Brien
(Oakland, 1886 - Los Angeles, 1962) Animador y técnico de efectos especiales estadounidense. 

Insatisfecho con la vida familiar, huyó a los once años de su casa y desempeñó toda clase de oficios, desde vaquero hasta boxeador y dibujante, pasando por asistente de un paleontólogo en una excavación de fósiles en Crater Lake. Posiblemente esta experiencia lo marcó para siempre, pues lo introdujo en el mundo de los dinosaurios, que luego habría de recrear cinematográficamente con sus maquetas y efectos visuales.

En 1915 comenzó a experimentar en el campo de la animación mediante figuras móviles. Un año más tarde fabricó un complicado escenario en miniatura y, junto a un amigo fotógrafo, decidió rodar un cortometraje en el cual O'Brien empleó el sistema de animación stop-motion, consistente en recrear el movimiento filmando un objeto fotograma a fotograma, y variando al mismo ritmo su disposición en el encuadre.
Un empresario al que le fue mostrada la película decidió patrocinar una versión ampliada y mejorada. El cortometraje recibió el título The dinosaur and the missing link, y en él aparecían varias bestias prehistóricas, entre ellas un brontosaurio y un pterodáctilo. O'Brien utilizó piezas de goma para construir los modelos, pues consideró que ésta era un material más fiable que la arcilla a la hora de simular piel o el movimiento de los músculos, ya que las potentes luces del estudio de filmación no la secaban, y se evitaba la aparición de grietas.
La película fue adquirida por Thomas Alva Edison y tuvo una magnífica carrera comercial, a tal extremo que O'Brien y sus colaboradores completaron una secuela de parecido contenido, The dinosaur and the baboon. Edison, buen conocedor del mercado cinematográfico, animó a O'Brien a realizar nuevos cortometrajes de animación, todos ellos de tema prehistórico, pues estos contenidos sorprendían y agradaban al público de la época. Este éxito propició que el animador alcanzase un ventajoso acuerdo con el propietario de una compañía cinematográfica de Chicago, Watterson R. Rothacker. El objetivo de esta alianza era la adaptación de una popular novela de Arthur Conan Doyle, El mundo perdido.
Con medios técnicos patrocinados por la empresa First National Pictures, de Burbank, y bajo la dirección de Harry Hoyt, El mundo perdido supuso una verdadera revolución en el campo de los efectos visuales. Recreando los seres prehistóricos que aparecían en la ficción mediante sofisticadas maquetas móviles de alrededor de cincuenta centímetros de altura, Willis O'Brien logró la admiración sin reservas de sus productores. Tras dos años de trabajo, el animador presentó la versión definitiva de este largometraje, que desveló nuevas posibilidades técnicas en el empleo de las maquetas articuladas.

En 1931 O'Brien se planteó un ambicioso proyecto de animación, Creation, también protagonizado por dinosaurios. David O. Selznick, insatisfecho con el excesivo coste del proyecto, lo clausuró, y ello permitió a O'Brien iniciar su colaboración con Merian C. Cooper, quien planeaba por esas fechas los efectos especiales del largometraje King Kong.
En líneas generales, las técnicas empleadas en esta película fueron muy semejantes a las experimentadas en El mundo perdido. La inversión final ascendió a 430.000 dólares, y se emplearon 55 semanas en el rodaje, que comenzó en la primavera de 1932 y concluyó en marzo de 1933. Aunque aparentaba en la gran pantalla una imponente altura de quince metros, el gran gorila era en realidad un muñeco articulado de alrededor de 45 centímetros de envergadura.
El armazón de la marioneta era de acero, su musculatura era de caucho y látex, y todo su cuerpo estaba recubierto con piel de conejo teñida de tonos oscuros. Para determinados planos, se fabricaron asimismo tres piezas de tamaño real: un pie, una mano y la cabeza, que en realidad era una sólida estructura forrada con cuarenta pieles de oso y movida mediante una serie de dispositivos de aire comprimido.

Animado por el éxito comercial de King Kong en todo el mundo, O'Brien rodó los efectos especiales de dos secuelas, El hijo de Kong (1933), producida por el mismo equipo, y El gran gorila (1949), donde ayudó al técnico un joven aspirante, Ray Harryhausen. En 1955, O'Brien rodó varias secuencias animadas de The animal world. Aunque éste y sus posteriores proyectos acreditaban su excelente conocimiento de los efectos especiales, el veterano técnico, sucedido con éxito por su ayudante Harryhausen, fue espaciando sus trabajos.
Fue el propio Harryhausen quien recuperó materiales de O'Brien en un proyecto estrenado tras el fallecimiento de éste. El resultado, un homenaje al maestro de las maquetas, se estrenó con el título The valley of Gwangi.

Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografia de Willis O'Brien. En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea. Barcelona (España). Recuperado de https://www.biografiasyvidas.com/biografia/o/o_brien_willis.htm el 9 de febrero de 2020.

Recopilamos, a continuación, los artículos de Charlie Charmer para Koprolitos, cuyos títulos enlazan a las entradas originales para que las disfrutéis si gustáis en formato más generoso con el tamaño de las imágenes:

lunes, 18 de noviembre de 2019


Los mundos prehistóricos de Willis O'Brien (I)

Willis Harold O'Brien (1886-1962), “Obie” para los amigos, para abreviar y para quienes odian los apóstrofes, es uno de los principales responsables del éxito del cine de dinosaurios y, por extensión, del sólido asentamiento de estas criaturas en la cultura popular.
Las emocionantes historias que podemos disfrutar en sus películas son, por otra parte, reflejo de una agitada vida de aventurero: Tras una primera intentona a los once, Obie se marchó de su casa en Oakland (California) con tan sólo trece años, pasando los cuatro siguientes en Oregón, donde aprendió el arte del lazo trabajando como granjero –cowboy los llaman por allí-, fue barman o trampero y, a los 16 años, sirvió como guía a una expedición de paleontógos [1] de la University of Southern California para buscar fósiles en Crater Lake, que ese mismo 1902 fue declarado Parque Nacional [2]. Esta experiencia marcaría el inicio de su pasión por la fauna extinta (en particular, por los dinosaurios).

Primera fotografía de Crater Lake (1874, Peter Britt)
El siguiente año regresa a California, donde trabajó como ayudante de un arquitecto y entró de caricaturista deportivo en el San Francisco Daily World. Enamorado de los caballos y el boxeo, intentó en vano hacer carrera en ambas modalidades, hasta que su padre le facilitó un puesto en el Southern Pacific Railroad. 

Desencantado, probó suerte con la escultura, ganando una competición para diseñar una chimenea para un millonario, y también ayudó al arquitecto-jefe de la Feria Mundial de San Francisco [3] de 1915. 

San Francisco World Fair (1915)

Fue precisamente durante este periodo cuando comenzó a realizar modelos que animaba con ayuda del cámara de un noticiario local, incluyendo minuto y medio protagonizado por un troglodita y un dinosaurio de masilla con esqueletos de madera [4] que decidió al exhibidor de la Feria Herman Wobber a encargarle su primera cinta (The Dinosaur and the Missing Link), para la que dispuso un presupuesto de 5.000 $.

Gertie (1914)


Recordemos que, el año anterior, el también pionero de la animación Windsor Mc Cay había estrenado Gertie, the Dinosaur. Para un modelador apasionado de los dinosaurios como Obie, suponemos que aquello debió ser la revelación definitiva sobre el camino a seguir.

Obie en el estudio de Edison (1917)




En el post que dedicamos a The Dinosaur and the Missing Link (1917) ya os contamos el argumento de esta cinta, que fue adquirida por Edison, quien encargó a Obie más cortos similares, a 500 $ la pieza, estrenando ese mismo año RFD 10,000 DC o Prehistoric Poultry.  

El dinosaurio y (tras el extremo de su cola) el eslabón perdido


La profesionalización de Willis fue acompañada de mejoras técnicas como uniones metálicas en los esqueletos, más flexibles y articulados, o pieles de plástico que cubrían a los muñecos de barro impidiendo que se deformaran.

El Servicio Postal Rural 10.000 a.C.


Aves prehistóricas


El fantasma de la montaña del sueño


También dedicamos otra entrada del blog a desgranarte la historia de The Ghost of Slumber Mountain (1918), rotundo éxito que le costó un pleito –que ganó O’Brien- por apropiación indebida de la patente de sus técnicas de stop-motion con su nuevo productor, Herbert M.Dawley [5], quien animó dinosaurios en Along the Moonbeam Trail (1920).

Dawley, trabajando sobre un hadrosaurio
 Dado el prestigio conseguido por Obie, cuando el productor Watterson R.Rothaker se animó a adaptar la novela de Conan Doyle El mundo perdido (1912), de la que también te hemos hablado en alguna que otra ocasión, no tuvo que pensar mucho a quién ofrecerle los efectos especiales. O’Brien convenció al escultor mexicano Marcel Delgado [6] (1901-76) para que le ayudase con las maquetas, que modeló basándose en las ilustraciones del paleoartista Charles Knight [7], añadiendo renovadas dosis de realismo con la “filmación con cristal” –en el que se pintaban imágenes que se superponían durante la grabación- ideada por Ralph Hammeras (1894-1970). Tras varios años de producción, se estrenó el 2 de febrero de 1925 con gran éxito de público y crítica, en busca del cual se han sucedido las nuevas adaptaciones de la novela hasta hoy [8].

Richard A.Rowland, gerente de la productora de El mundo perdido, First National Pictures, anunció inmediatamente el comienzo de una secuela con el mismo equipo, Atlantis [9], pero las dificultades económicas que acabaron obligando a vender la productora a Warner Bros. dieron al traste con el proyecto. Algo parecido ocurrió con su siguiente y ambicioso proyecto Creation (1931), al que ya dedicamos este post; aunque David O’Selznick acabó cancelándolo por demasiado costoso, entre los bocetos supervivientes había uno en que un gorila gigante sostenía a una chica en la mano [10]...

Fotograma de lo poco que quedó de Creation (1931)
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[1] Parece que finalmente localizaron algunos restos de Smilodon, pero no hemos logrado averiguar más sobre esta expedición, aunque “Entre 1902 y 1982, sólo se organizaron alrededor de una docena de expediciones científicas para estudiar las características únicas de Crater Lake”: Larson, Douglas W. (2002) Probing the Dephs of Crater Lake: During much of its 100 years of National Park status, this national treasure saw little scientific study, despite significant enviromental threats; en American Scientist vol.90 #1; pp.64-71 (traducción propia).
[2] El 22 de mayo. William Gladstone Steel, que organizó en 1886 la expedición de la USGS de la que resultaría el primer mapa oficial de la zona, luchó desde entonces por su declaración como Parque Nacional, siendo el quinto más antiguo de los USA.
[3] La Feria, que acogió a 19 millones de visitantes, celebraba la inauguración del Canal de Panamá y el centenario de la ciudad. Entre sus hitos, podemos destacar la primera llamada telefónica transcontinental, que Graham Bell efectuó desde su oficina de Nueva York, la demostración del montaje en cadena de Ford (el modelo “T” apareció el año anterior) o la posibilidad de los visitantes de volar diez minutos con los hermanos Lockheed apenas una década después de que los Wright despegaran por primera vez del suelo.
[4] Sawicki, Mark (2010) Animation with Stop-motion Pro, Focal Press.
[5] También produjo las siluetas animadas de dinosaurios de Tony Sarg. Recientemente, Stephan Czerkas ha puesto en duda que Dawley se limitara a aprovecharse de Obie: para saber más, haz click aquí.
[6] Llegado de niño a California tras la Revolución, se resistió al principio a trabajar con O’Brien porque quería ser escultor y no animador. Forraba sus esqueletos de dural (aleación de aluminio) con músculos de hule y goma que cubría con piel de látex, dando a sus modelos un aspecto bastante realista que aumentaba ocultando vejigas inflables para simular la respiración.
[7] Milner, Richard (2012) Charles Knight: The artist who saw through time, Ed. Harry N.Adams.
[8] Además del remake de 1960 con Obie en los créditos aunque inactivo, se produjeron nuevas versiones en 1992 (con la secuela Return to the Lost World ese mismo año, también dirigida por Timothy Bond) ó 1998 (Bob Keen), una serie de televisión en 1999, un telefilme en 2001 o una serie animada franco-canadiense en 2002. King of the Lost World (2005, Leigh Scott) mezcló The Lost World y King Kong.
[9] “La historia de Atlantis es la historia de otro ‘mundo perdido’, un mundo que dio a luz a fieros superhombres que devastaron y conquistaron a las naciones que les rodeaban. Para liberar al mundo de su amenaza, los dioses, dice el mito, enviaron un terremoto y la Atlántida se hundió bajo el mar. La ciencia, sin embargo, sabe que el legendario lugar es poco profundo, y algunos eruditos tienden a creer que se trata del terreno sobre el que Noé hizo flotar su arca. Otra teoría de la ciencia que pondremos en práctica es la creencia de que en las profundidades del mar hay monstruos y vida marina que el ojo humano nunca ha visto. Con la experiencia adquirida a través de nuestro trabajo en 'El mundo perdido', hay muchas razones para creer que la historia de Atlantis será aún mejor.” “Roland Announces Another Big Million Dollar Special”, Moving Picture World, 21 de febrero de 1925 (traducción propia).
[10] En la hoy perdida Stark Mad (1929, Lloyd Bacon) aparece un enorme gorila –un actor disfrazado- que rapta a la protagonista, y la pseudoerótica Ingagi (1930, William Campbell) se anunció como “un documental que mostraba el sacrificio de una mujer a un gorila gigante”.

lunes, 25 de noviembre de 2019


Los mundos prehistóricos de Willis O'Brien (II)

El mayor éxito de O’Brien, King Kong (1933, Ernst B. Schoedsack y Merian C. Cooper [1]), llegó tal vez en el peor momento de su vida: su exmujer mató a sus dos hijos y luego trató de suicidarse. El mito de la bella y la bestia es revisitado en la famosa historia del gorila gigante cuyo amor fatal por una mujer le cuesta viajar enjaulado a Nueva York, donde acaba sus días abatido por la aviación encaramado a la cúspide del Empire State. Las maquetas de Obie y Delgado alcanzan nuevas cotas de perfección y la respuesta de público y crítica fue apabullante [2], estrenándose ese mismo año la muy inferior secuela Son of Kong, con animación a cargo de O’Brien Buzz Gibson, ayudante de O’Brien, que planeó otras, como King Kong vs. Frankenstein, que  se vendió bajo el título King Kong vs. Prometheus a los nipones estudios Toho [3], siendo el germen del cine kaiju. Pero no sólo en Japón llega a nuestros días la estela de King Kong, objeto de numerosos remakes y secuelas [4].

Kong, rey de la Isla de la Calavera, haciendo sus pinitos como ortodoncista

Otros proyectos que Obie no llegó a materializar fueron War Eagles (1939), cuyo título hace referencia a las gigantescas águilas prehistóricas que harían de montura para guerreros normandos que combaten contra los nazis, y que frustró el comienzo de la Guerra, o Valley of the Mist (1941), ambientada en un valle perdido en el desierto de México donde unos cowboys capturan a un alosaurio, proyecto que  O’Brien vendió a Colonial Pictures e iba a rodarse en el Gran Cañón, en Arizona, aunque acabará siendo materializado en Cuenca, como veremos.

David Conover y Philip J.Riley han dedicado un ensayo completo al proyecto de Águilas de Guerra
Respecto a la Colonial, fundada por John Speaks (1896-1965) –la fecha de defunción aclara que jamás supo que su proyecto vio finalmente la luz-, es la responsable del trasvase a la gran pantalla del cómic Little Orphan Annie en 1938, dirigido por Ben Holmes y protagonizado por Ann Gillis, voz de Falina en Bambi seis años después y que en los 60 participó en la serie de televisión El Santo o el filme de culto de Kubrick 2001, a Space Odissey (1968).

Y según Mark F.Berry [5], el reparto original de Gwangi en los 40 incluía a Anne Shirley y James Craig, mientras la historia es obra de Emily Barrye y Harold Lamb.

Emily (1895-1957) y Harold (1892-1962) habían escrito el guión de Las cruzadas (1935) para Cecil B. De Mille. Barrye fue también actriz. Historiador y biógrafo de personajes históricos, Lamb escribió varias novelas de mundos perdidos –aunque sin dinosaurios-, como Marching Sands (sobre una ciudad oculta con cruzados en medio del Gobi) o A Garden to the Eastward (sobre una tribu que habita en un volcán del Kurdistán) y Robert E.Howard le tenía por uno de sus escritores favoritos.

La bestia de la montaña hueca
Según Roy P.Webber [6], la cancelación de la producción a comienzos de 1942 se debió a las restricciones bélicas y un cambio abrupto en la estructura ejecutiva de RKO, la productora que financió el proyecto, algunas de cuyas ideas fueron usadas Mighty Joe Young o la coproducción charro-yanqui The Beast of Hollow Mountain (1956, Edward Nassour e Ismael Rogríguez), en la que se reutilizó el armazón que iba a dar vida a Gwangi. Las –rudimentarias- animaciones y efectos especiales de este filme fueron obra de Nassour, Jack Rabin, Henry Sharp y Louis de Witt.

Storyboard de Obie publicado en Cinefex #7 (1982)
Ray Harryhausen, al que O’Brien entregó una copia del guión y storyboards de Valley of the Mist que éste guardó durante muchos años, recuperará el proyecto inicial tras la muerte de su mentor como El valle de Gwangi

Recuerda Harryhausen, en relación con la producción abortada en 1942: 
No sé si se llegó a fotografíar algo de metraje. O’Brien tenía muchas pinturas en cristal durante la preproducción. Pude ver seis de ellas en su oficina. Marcel Delgado había hecho un precioso alosaurio articulado para la película. Recuerdo que la piel tenía una maravillosa textura, pero no estaba pintado [7].”

Escena del rodaje de El mundo animal
Otra película a la que ya hemos dedicado un post es Animal World (1956), de Irwin Allen [8] (1916-91), que en 1960 realizó un remake de The Lost World para el que volvió a contratarse a O’Brien como supervisor de efectos especiales, con el único objeto de usar su nombre como reclamo ya que no realizó animación alguna, pues los dinosaurios eran lagartos, iguanas o caimanes disfrazados. En Animal World, Obie supervisó los diez minutos de animaciones de su discípulo Ray Harryhausen, cuyo monográfico seguirá al que estás leyendo, y allí dedicaremos algo más de atención tanto a este filme como a The Beast from 20,000 Fathoms (1953), en la que Ray animó a un dinosaurio mutante para Eugène Lourié. Animado por el éxito conseguido, Lourié dirigió la similar The Giant Behemoth (1959), con animaciones de Obie, que tuvo que lidiar con un presupuesto muy bajo, por lo que no pudo lucirse demasiado.

En 1962 terminó el recorrido vital de Willis O’Brien, lo que nos privó de muchas otras potenciales películas de dinosaurios. Si alguien ha mantenido vivo su legado, sin duda, éste ha sido Ray Harryhausen (puedes verlo aquí, aquí y aquí).



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[1] Cooper (1893-1973) y Schoedsack (1893-1979) eran documentalistas que habían rodado alguna película de ficción, como Las cuatro plumas (1929), con la protagonista de King Kong, Fay Wray. David O’Selznick les protegió dentro de RKO, y luego fundaron Argosy Pictures con John Ford, donde produjeron algunos clásicos. Cooper recibió un óscar especial por sus innovaciones, siendo el primero en comercializar el cinerama. Schoedsack dirigió otro filme con animación de O’Brien –y su protegido, Ray Harryhausen-, Mighty Joe Young (1949), que obtuvo la estatuilla a los mejores efectos especiales.
[2] “Tan excepcional acogida ha recibido en las nuevas generaciones, que forma parte, con otros privilegiados –Charlot, Marilyn, Garbo y Bogart- de la corte de máximos fetiches culturales producidos por el cine e identificados con él. En su momento ‘King Kong’, producida por Merian C.Cooper y Ernest B. Schoedsack, fue la película que en mayor medida contribuyó a la salvación económica de la RKO
[3] La materializó Ishirô Honda (1911-93) en King Kong vs. Godzilla (1962) y Frankenstein vs. the Subterranean monster Baragon (1965), conocida en USA como Frankenstein Conquers the World. Padre de Gojira(1954), Honda dirigió también King Kong escapa(1967), en la que el gorila lucha con un mecha simiesco. Pero los efectos de Eiji Tsuburaya (1901-70) para estas películas no tienen nada que ver con la stop-motion de O’Brien, ya que el monstruo suele ser un actor disfrazado.
[4] Dino De Laurentis produjo un remake de King Kongen 1976, con Jeff Bridges y Jessica Lange, que ganó el óscar a los efectos especiales y tuvo una secuela en 1986 en la que el gorila gigante es operado a corazón abierto tras su caída del World Trade Center, se empareja y tiene un hijo... Peter Jackson dirigió un nuevo remake en 2005 que conquistó tres estatuillas y en 2017 Jordan Vogt-Roberts reinicia la historia en Kong: La isla de la calavera. También se produjeron series -The King Kong show (1966), Kong: The animated Series (2000)- y películas de dibujos animados: The mighty Kong(1988), Kong: King of Atlantis(2005), Kong: Return to the Jungle(2006).
[5] Berry, M.F. (2002) The Dinosaur Filmography, Mc Farlane & Co.
[6] Webber, R.P. (2004) The Dinosaur Films of Ray Harryhausen, Mc Farlane & Co.
[7] Archer, Steve (1993) Willis O’Brien: Special Effects Genius, McFarland Publishing.
[8] Conocido por los filmes catastróficos El coloso en llamas (1974) o La aventura del Poseidón (1972), así como series de ciencia-ficción de televisión como The Time Tunnel (1966), en cuyo episodio 24 los protagonistas viajan un millón de años atrás en el tiempo y se reutilizan escenas de The Lost World de Allen, o Lost in Space (1965), inspirada en el cómic de Gold Key Space Family Robinson (1962, guión Del Connell y luego Gaylord Dubois/Dan Spiegle), cuyas desventuras llevan a planetas similares a la Tierra durante el Mesozoico; a su vez, de Lost in Space procedían los trogloditas de It’s about time, que Spiegle adaptó para la misma editora en 1966.

lunes, 2 de diciembre de 2019


Los mundos prehistóricos de Willis O'Brien (y III): Obie y los cómics

Obie, visto por Sanjulián
Las películas de Willis O’Brien, como las de su discípulo Ray Harryhausen, han cautivado la imaginación de millones de espectadores, entre ellos cientos de creadores de cómics. Por supuesto, las que más nos interesan son las que incluyen dinosaurios en el reparto. Y como vais a comprobar, sus adaptaciones a viñetas pueden llenar sin problemas un estante en vuestro salón, comenzando por las de The Lost World (1925).

The Lost World, versión de Newman/Kane
Entre otros, la trasvasaron al cómic:

 Paul S.Newman (1924-99)/Gil Kane (1926-2000) en 1960 para Dell Comics), Juan Manuel González Cremona (1934)/José García Pizarro (1934) en 1982 para la colección de Bruguera Joyas literarias juveniles #257, con portada de Antonio Bernal (1924-2013), Gray Morrow (1934-2001) en 1993 para Dinosaur Times, o en 1996 Don Marquez, que versionó otros relatos de Arthur Conan Doyle protagonizados por el Professor Challenger, como The poison Belt (1997).

King Kong según Cravath


King Kong (1933) es la película más famosa de Obie. Su secuela Son of King Kong (1933) fue promocionada antes del estreno con una tira de Glenn Cravath (1897-1964), que la Editorial Cisne de Germán Plaza reaprovechó en un cuadernillo de 1942 completado por Tomás Porto (1918-2003), aunque no fue el primer cómic español que protagonizó el simio gigante, obra de Arlet Clapera -posiblemente con guión de José María Canellas Casals (1902-77)- a mediados de los años 30 en Rintintín (1928, Marco), junto a otro de Josep Alloza (1936) en Boliche (1936, Sanxo).

King Kong encogió bajo el lápiz de Calvo


Edmond-François Calvo (1892-1958) publicó una serie en Francia en 1948 donde redujo el tamaño del simio hasta el de un gorila convencional. En México Editorial Orizaba publicó una versión seriada en 1965, reeditada por Ed. Mexico (luego Nama) en 1980 como El Gorila (más tarde El gorila de la selva), y en 1979 Editorial America publicó King Kong en el microcosmos.

King Kong en erótico revolcón con una tiranosauria (Stout)


El italoamericano Alberto Giolitti (1923-93) adaptó King Kong en 1968 para Gold Key. El paleoartista William Stout (1949) dibujó la portada de los #3 y #4 de la serie limitada de la línea “Monster comics" de Fantagraphics King Kong (1991). En 2006 Dustin Weaver (1978) y Dan Parsons realizaron su adaptación para Dark Horse y el siguiente año el británico Andy Briggs (1972) publicó Kong: King of Skull Island en Markosia. Boom! Studios explota el mito desde 2016 y Legendary Comics lanzó una miniserie en 2017.

Osamu Tezuka (1928-89) comenzó su carrera realizando unas adaptaciones libres de King Kong (1947) o El mundo perdido (1948). En Shonen Magazine #34 (1967) se publicó una de las diversas versiones manga de la serie producida por Arthur Rankin Jr. y Jules Bass The King Kong Show, que animó Toei y que también inspiró en USA viñetas: “Kong joins the Circus” (1967) fue publicada en America’s Best TV Comics (Marvel).

El Profesor Challenger no soporta encontrar bichos en el campo (Don Marquez)



http://koprolitos.blogspot.com/2019/11/los-mundos-prehistoricos-de-willis.html

https://koprolitos.blogspot.com/2019/11/los-mundos-prehistoricos-de-willis_25.html?fbclid=IwAR2sNi_KJjg7XflAvOmLe1mmV42NNBV_CROqW0kcJQxS2awM5-feoh0Fd6Q 

http://koprolitos.blogspot.com/2019/12/los-mundos-prehistoricos-de-willis.html

https://www.biografiasyvidas.com/biografia/o/o_brien_willis.htm


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Eslabón a eslabón. Enlace a enlace. (lost links, links oportunos y eslabones perdidos)

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miércoles, 1 de enero de 2020

De Ray Harryhausen a Jack Sparling, el ilustrador que llevó a Gwangi al cómic. Charlie Charmer para Koprolitos.




Enlazamos los dinosaurios y zoología naturalista y criptozoológica de Karel Zeman con más animales prehistóricos, surgidos tanto de la ilustración naturalista como de la literatura y el cine fantástico. Y volvemos a hacerlo de la mano de los redactores de Koprolitos, quienes nos descubren a Jack Sparling, el ilustrador que se encargó de la versión para cómic de la película "Gwangi", un clásico del cine de aventuras mítica para los amantes de los dinosaurios y de sus recreaciones plásticas y audiovisuales.

El valle de Gwangi es un largometraje de 1969 dirigido por Jim O'Connolly y protagonizado por James Franciscus , Gila Golan y Richard Carlson. La película combina el género Wéstern con el fantástico, siendo además la última película de dinosaurios que contó con efectos especiales de Ray Harryhausen.

Un cowboy encuentra un paso entre las montañas que da a un misterioso valle poblado por dinosaurios y otros animales prehistóricos. Los problemas llegan cuando captura a uno de ellos, un Allosaurus al que llaman Gwangi, para exhibirlo en el circo en el que trabaja. 

La película se rodó íntegramente en España,1​ en las provincias de Almería y Cuenca (España). La parte de Almería se rodó casi en su totalidad en el Desierto de Tabernas, aunque también se rodaron escenas en la capital, como la famosa secuencia en la que Gwangi escapa de la plaza de toros. En Cuenca la mayoría de las escenas se rodaron en los paisajes de la Ciudad Encantada, cuyas extrañas formaciones eran ideales para la parte del valle prohibido, y en la catedral de la ciudad, donde transcurre el final del film.

John Edmond Sparling (el 21 de junio de 1916 – el 15 de febrero de 1997), mejor conocido como Jack Sparling, canadiense, fue un artista de cómics americano.
Nacido en Winnipeg, Manitoba, Sparling se mudó a los Estados Unidos cuando era niño. Recibió su formación artística temprana en el Arts and Crafts Club en Nueva Orleans y luego asistió a la Corcoran School of Art. Trabajó brevemente como caricaturista en el New Orleans Item-Tribune. En 1941, Sparling, junto con el escritor William Laas, creó la tira cómica United Feature Syndicate, Hap Hopper, corresponsal de Washington, para la cual los columnistas de periódicos de la vida real Drew Pearson y Robert S. Allen figuraban como editores.
 Una fuente lo menciona como lanzado el 29 de enero de 1939, pero el historiador de cómics Don Markstein, señalando que ese día fue un domingo, dice que el 29 de enero de 1940 está mejor respaldado y es más probable. Sparling fue el artista hasta 1943, cuando fue sucedido por Al Plastino.

La siguiente tira cómica de Sparling fue Claire Voyant, que se estrenó el 10 de mayo de 1943 en el PM de Nueva York. y corrió hasta 1948.

Este personaje constituye la antesala de otros personajes femeninos inspirados por mitos eróticos del espionaje como Mata Hari, y daría pié de algún modo a la creación del personaje homónimo tanto de Voyant como de la Viuda Negra, asociable a personajes posteriores de corte similar como Nikita, sus versiones sucesivas, y otros. 

Básicamente se trataba de un pretexto para situar a la heroína en situaciones comprometidas en cuanto a su vestimenta para la pura provocación erótica, pero lo cierto es que también mostraba astucia y dominio sobre personajes masculinos estúpidos y manipulables, además de poseer habilidades físicas hasta entonces casi exclusivas de héroes masculinos, a no ser las mencionadas chicas de la jungla, de las que Tiger Girl constituye un curioso remedo al moverse en un ambiente urbano.

Lo más destacable de Tiger Girl es el hecho de jugar iconográficamente con la asociación entre lo gatuno y lo femenino, tanto desde una perspectiva de elegante provocación erótica como de traicionero peligro. El término tigresa está implícito, y pese a la contundencia expeditiva de la violencia física del personaje, ésta se acentúa por verse acompañada de un tigre real, que ejerce de mascota y de guardián, de arma ofensiva y temible, pero que encarna de alguna manera, desde cierta perspectiva, una especie de avatar zoológico tal y como se plantea en las narraciones de la Brújula Dorada, cosa que, al fin y al cabo, no deja de ser análoga a la compañía ofrecida por Zabú a la versión marveliana de Ka-Zar, por ejemplo.


Claire Voyant de Jack Sparling (1948)



Desde la década de 1950 hasta la década de 1970, Sparling proporcionó arte para una variedad de editoriales, incluidas las adaptaciones de Harvey Comics (The Pirana) y Charlton Comics de The Six Million Dollar Man y The Bionic Woman. Sparling también trabajó para Classics Illustrated, dibujando adaptaciones de Robin Hood y el yanqui de Mark Twain en King Arthur's Court. Sparling dibujó cómics biográficos con Adlai Stevenson II, Lyndon B. Johnson y Barry Goldwater para Dell Comics.

En DC Comics, Sparling dibujó Secret Six, la característica "Eclipso" en House of Secrets y la característica "Soldado desconocido" en Star Spangled War Stories. El editor Joe Orlando comenzó una nueva dirección para la serie House of Mystery de DC con el número 175 (julio-agosto de 1968) y el presentador de la serie Cain fue creado por Sparling y Orlando con el escritor Bob Haney. Sparling trabajó con el escritor Dennis O'Neil en The Witching Hour y los Challengers of the Unknown. heroínas de cómic que hemos incluído en el género de chicas salvajes o jungle girls, junto a uno de los padres de Superman, Jerry Siegel, la co-creación de la mencionada superheroínaTiger Girl en 1968.


Dibujó la línea de juguetes Microbots one-shot e ilustró adaptaciones de cómics de la serie de televisión Family Affair, The Outer Limits y Adam -12 (en España, Patrulla 12). En 1976, dibujó una serie de cómics con licencia Welcome Back, Kotter para DC. Para la revista de sátira Sick de Charlton Comics, escribió y dibujó la película nudie-cutie "Cher D'Flower!"

Pero si empezábamos este texto refiriéndonos a la película "Gwangi" es por la trascendencia que dicha película tuvo en el imaginario dinosauriano y por su revisión del mundo perdido de Conan Doyle, trasladándolo a un entorno propicio para la combinación de dos géneros cinematográficos que hasta ese momento parecían incompatibles.

Además, como ya hemos mencionado, "Gwangi" constituyó el último trabajo del animador y modelista Ray Harryhausen, posiblemente el primer gran representante de los artistas consagrados a los efectos especiales cinematográficos y especialmente a la recreación de criaturas zoológicas siguiendo criterios basados en anatomía comparada y estudios genuinamente naturalistas, aportando con ello todo un imaginario que inició la vocación de numerosos paleontólogos y biólogos. Y aunque sus dinosaurios reptilianos, cuyas colas se arrastraban por el suelo, serían superados años más tarde por los dinosaurios homeotérmicos de ilustradores como Gregory Scott Paul, con sus colas elevadas del suelo ejerciendo de balancín, no cabe duda de la importancia de Harryhausen y sus modelos gráficos y plásticos para construir la imagen colectiva de un dinosaurio revivido.

Es de comprender el respeto suscitado por Sparling a Charlie Charmer, Javi Godoy y demás redactores de Koprolitos, todos ellos amantes del cómic y el cine protagonizado por dinosaurios. "The valley of Wangi" constituye el mejor ejemplo de film fantástico-naturalista que deja atrás los ejemplos clásicos y se aventura en planteamientos más modernos, además de representar la despedida del maestro Harryhausen. Su digna adaptación al cómic por parte de Sparling es más que notable y desde luego memorable, lo que marca al dibujante como uno de los referentes gráficos de especulación paleontológica para la posteridad, pero recordemos que el autor recibía encargos editoriales de esta índole independientemente de sus probadas habilidades para representar dinosaurios con solvencia, y entre estos encargos se incluía la adpatación de films de diversas carcterísticas, y, dado que Gwangi se mete en el territorio del western, no está mal recordar que Sparling se encargó de llevar al cómic "Los hijos de Katie Elder".

Ray Harryhausen. Concept-art para "Gwangi"
Ray Harryhausen. Concept-art para "Gwangi"
Es por eso que queremos aportar algo al nutritivo artículo de Charmer sobre la relación entre Sparling y los dinosaurios en diversas publicaciones de su autoría más allá de la versión de Gwangi. Se trata de poner en contexto el tipo de estilo gráfico de Sparling, condicionado por la reproducción fotomecánica de originales en blocado blanco y negro, en el mundo editorial específico del cómic de los años 60 y 70, y contrastarlo con el estilo gráfico concienzudo y detallado de Harryhausen, heredero de los ilustradores científicos desde finales del siglo XVIII. Harryhausen lleva la ilustración enciclopedista a la modernidad audiovisual.
Es tan heredero del estilo madurado por Burian como de las enseñanzas técnicas de Muybridge y Marey, y es el maestro de los Stan Winston, Dennis Muren, Phil Tippett o Rick Baker que hoy ya son ejemplos clásicos de los efectos especiales para cine.

A caballo entre lo artístico y la observación científica, los artistas como Harryhausen han contribuido a la visualización verosímil de mundos desaparecidos y de criaturas extintas o ignotas, basándose en la observación concienzuda de las existentes y en las aportaciones de la anatomía comparada.

Ray Harryhausen. Concept-art para "Gwangi"
Sparling, de alguna manera, fué su último heredero directo al llevar su último trabajo a otro medio gráfico con otras convenciones, pero sin duda ambos constituyen un puente de continuidad con todos los científicos artistas que han dejado testimonios gráficos y con todos los artistas consagrados a representar las observaciones de los científicos. Y siempre es buen momento para volver a reivindicar a Georges Cuvier, padre de la anatomía comparada gracias en gran parte a sus grandes dotes como artista y dibujante, y uno de los padres de la paleontología.



Es más que significativo el momento del film en que uno de los cow-boys aventureros es capturado por un gran pterosaurio, en un alarde de composición de imagen múltiple y estudio del movimiento e iluminación de la criatura, todavía más logrados que en el apunte original del propio Harryhausen que podemos ver más arriba, y es que el realismo fotográfico, la coherencia exigida por los recursos del fotomontaje (coincidencia de calidad, direccionalidad y contraste de la iluminación) alecciona a los artistas venideros sobre los límites de la percepción visual del público, y en ese sentido el cine y la fotografía constituyen un ineludible referente inspirador para los encuadres e iluminación de las viñetas. Si bien muchos dibujantes de cómic célebres dotaban de realismo fotográfico a sus imágenes (como Milton Caniff o seguidores de su estilo como Frank Robbins) también es cierto que otros, conscientes de la verosimilitud otorgada por la imagen fotográfica, se servían de sus convenciones y de los trucos de iluminación para imitarlos y pervertirlos astutamente con la libertad de sus plumas y pinceles, con preferencia por la iluminación dura, altamente contrastada, tan propia del expresionismo y del noir, relativamente fácil de imitar y de adecuar a los sistemas de reproducción de tintas planas utilizadas en el cómic de la época. Así, tal y como Caravaggio había conseguido simular una coherencia de iluminación artificial pre-fotorrealista, Will Eisner reprodujo muchos efectos y encuadres post-expresionistas en sus cómics, análogamente a como Orson Welles había explotado mediante ópticas cortas e iluminaciones contrastadas en sus películas más memorables.

Otro detalle memorable en "The valley of Gwangi" es la presencia de un pequeño antecesor del caballo, una especie de eohippus, que sirve para ilustrar la trascendencia del caballo en el salvaje oeste americano. Sin duda constituye un anacronismo que incluye cualquier especie prehistórica en un mismo espacio surgido más de las páginas ilustradas de los libros de palezoología que de la coherencia histórica. Pero la tentación de incluir especies prehistóricas de diferentes épocas es a menudo irresistible, cuanto más si se trata de reubicar a los antecesores del caballo en su territorio exacto, ya que dichos ancestros se sitúan efectivamente en el continente americano, desde donde se trasladaron a Eurasia antes de extinguirse. Curiosamente, los caballos fueron reintroducidos en América por los conquistadores españoles, de modo que los caballos españoles, descendientes de la hibridación de las razas árabes e inglesas, dieron lugar a los mustangs que se tornaron salvajes y repoblaron las praderas americanas para constituir la montura emblemática de los indígenas en la época en que transcurre la historia de la película. Los indios y cowboys montan descendientes de aquellos eohippus que ya se habían extinguido milenios atrás en dichas tierras de origen, cerrando un bucle narrativo ejemplar y paradigmático. Así que, sea intencionado o no por parte de Harryhausen y de los guionistas (William Bast, Julian More y Willis H. O'Brien) se establece una interesante metáfora de viaje temporal y evolutivo de un filo bológico. El corral semejante a un diorama sobre una mesa en el interior de un rancho del viejo Oeste, ocupado por un pequeño antecesor del caballo que constituye la base motora de la economía de estas tierras, es mucho más potente de lo que se podría plantear en un principio sin considerar dichas premisas evolutivas.

Además, podría decirse que juega con una de las opciones de los trucos visuales fomentados por el cine fantástico, y es el juego con la escala. Los animales extraordinariamente pequeños, reducidos, son tan provechosamente expresivos de lo extraordinario como los gigantescos. De lo que se trata es de reflexionar sobre la escala del hombre respecto a la naturaleza, y ahí radica la fascinación por los dinosaurios, fundamentada especialmente por las especies de grandes dimensiones, depositarias de los mitos sobre dragones y bestias míticas gigantescas, que convierten al hombre en frágil víctima de los elementos naturales, y que elevan a dichas criaturas a una cierta divinidad. No en vano Willis O'Brien, ya lo había planteado en King Kong, donde precisamente Harryhausen se estrenó como aprendiz aventajado de los efectos especiales basados en la animación de esculturas articuladas. Gwangi es una especie de divinidad para los primitivos habitantes del aislado valle que habita (un cierto remedo del mundo perdido de Conan Doyle) que es capturada con fines económicos al igual que lo es King Kong. La falta de respeto por lo divino se iguala a la falta de respeto por el orden natural, y la explotación irrespetuosa tendrá sus dramáticas consecuencias en ambos casos. La captura de Gwangi para su exhibición circense es oportunista e irreverente, pero es perpetrada por el mismo tipo de hombres que transformaron a caballo las praderas norteamericanas, llevando a la extinción a los bisontes para sustituirlos por rebaños de vacas domésticas. La ganadería es puesta en cuestión desde una perspectiva ética sin tan siquiera planteárselo seguramente por parte de los guionistas, pero siempre es motivo recurrente el sentimiento de culpa humano por domeñar los recursos naturales. Los gigantes del pasado representan la deuda con los ancestros, el temor a traicionar el legado intimidatorio de los dioses antiguos.

Por eso mismo resultan tan impresionantes e intimidatorias las construcciones funerarias y las esculturas colosales del pasado. Tanto da que se trate de antiguos titanes que de misteriosas cabezas de la isla de Pascua. Su uso recurrente como vengadores de sus ancestros es frecuente en las fantasías aventureras del cine y del cómic, y es curioso constatar, por ejemplo que el propio Sparling había dibujado gigantes de Rapa-Nui cobrando vida para aterrorizar a sus lectores, pero hemos de insistir en el hecho de que Jack Sparling bregó con todos los géneros que le pudiesen proporcionar trabajo en el mundo editorial que le tocó vivir, y que por ello debía adaptarse y ser tan lexible como plastic-man, personaje, por cierto, al que prestó también sus habilidades gráficas en alguna ocasión.

Con ello queremos remarcar que el hecho de que Sparling llevase al cómic a Gwangi no lo convierte en un ilustrador especialmente dinosauriano o antrozoológico, sino sencillamente un profesional de su tiempo, que había de estar dispuesto a bregar con las temáticas que más demandaba el público del género fantástico del que se nutría la industria del cómic.

No obstante, para defender la experiencia de Jack Sparling como dibujante experimentado de criaturas antediluvianas, Charlie Charmer nos ofrece el monográfico de Koprolitos que reproducimos a continuación, gracias al cual comprobamos hasta qué punto los artistas de su época se veían frecuentemente abocados a investigar sobre las características físicas de estas criaturas antediluvianas y estudiaban los trabajos gráficos de paleoartistas de prestigio que influyeron en cómo se representaban estos animales de forma supuestamente realista y creíble. Por ello nos parece especialmente valioso y oportuno este recopilatorio de uno de nuestros sitios web de referencia, que podéis consultar en su ubicación y formato original aquí.

Nuestra introducción al artículo original de Charmer sólo pretende contextualizar en qué grado Sparling ocupa un sitio de privilegio en la iconografía popular de los dinosaurios como artista gráfico, pero de forma circunstancial, dado que en su ámbito profesional, la coherencia taxonómica, la paleoetología, la anatomía comparada y las disciplinas tenidas en cuenta por los ilustradores naturalistas que sustentaban la inspiración de sus representaciones dinosaurianas, no tenían tanto peso como las evocaciones puramente fantasiosa y aventureras que pudiesen ser aderezadas con cualquier ingrediente que suscitase la curiosidad de un público dispuesto a evadirse un rato por unos pocos centavos, e imaginarse mundos tan llenos de peligros como de sugerencias eróticas o simplemente viajeras y elusivas de la rutina diaria. Por ello no es de extrañar que en la selección de Charmer comprobemos que la mayoría de sus dinosaurios aparezcan en mundos distópicos futuristas, afectados por viajes interestelares y espaciales, transitados por astronautas y científicos irresponsables, o por mundos salvajes en los que depositar las ansias de libertad y aventura de un paraíso terrenal perdido, un paraíso lleno de peligros pero también carente de ciertas reglas y por tanto prometedor de premios y recompensas a los deseos más primitivos y básicos.

Mafa Alborés.


Artículo original de Charlie Charmer en Koprolitos:

Koprolitos. lunes, 11 de noviembre de 2019


Jack Sparling, el ilustrador que llevó a Gwangi al cómic

El canadiense John Edmond “Jack” Sparling (1916-1997) –no, no tiene nada que ver con los Piratas del Caribe- se trasladó siendo aún niño a Nueva Orleans. Mientras estudiaba en el Arts and Crafts Club de la ciudad, donde pudo disfrutar del primer jazz [1], fue utilizado como modelo por la escultora Angela Gregory (1903-1990), que realizó cuatro bustos del futuro artista de cómic, en yeso, mármol y bronce.

Tras una temporada dibujando gags en el New Orleans-Tribune, debuta en el cómic con la tira Hap Hooper, Washington Correspondent (c.1940, guión de William Laas) para el United Features Syndicate, tras la que publicó la más conocida Claire Voyant (1948).

[1] Nueva Orleans es la cuna de esta música, y más en concreto el barrio chino de Storyville, cuyo cierre por las autoridades en 1917 impulsa a la mayoría de los músicos a emigrar a Chicago o New York. Pero Sparling pudo escuchar a algunas de las primitivas marching bands desfilar por las calles o acudir a  las barcazas del Mississippi o los locales de Tango Belt u otras zonas de la ciudad a escuchar a pioneros que se quedaron y aún tardarán en realizar sus primeras grabaciones.

En Dell, y probablemente con guión de Paul S.Newman, creó Naza, Stone Age Warrior (1962), que en un valle helado se encuentra al “Terror congelado” (1966, Naza #9) –efectivamente, un feroz saurio- que despertará un volcán.

"The Secret Cavern"

Donde seguro que colaboraron fue en “The Secret Cavern” y “Plateau of Death”, para Turok, Son of Stone #28 (1962), y en “The Boy who Saved the World” (1969), sobre un chaval que inventa una máquina del tiempo con la que viaja al Mesozoico antes de aventurarse en el futuro y tratar de evitar el holocausto nuclear.

Esta historieta se publicó en el último de los cuadernillos en los que Sparling adaptó para Dell la serie de ciencia-ficción de la ABC The outer limits (1963-65, Leslie Stevens). Sparling ya había dibujado lagartos antediluvianos en “Mother and Child” (1967, The Outer Limits #14), en la que un meteorito transporta un huevo de pterosaurio.






En Gold Key, tomó las riendas gráficas de Mighty Samson (1964, Otto Binder/Frank Thorne) desde el número 8. Se trata de un cómic postapocalíptico ambientado en el mundo prehistórico de criaturas mutantes (como el saurio de tres cabezas que podemos observar sobre estas líneas) que ha resultado de la hecatombe nuclear.

"The Captives of the Time Stone" (Moraleja: siempre es interesante tener a mano una botella de cianuro de potasio por si hay que invitar a un tiranosaurio inesperado)

Para DC realizó “The Captives of the Time Stone” (1966, Tales of the Unexpected #93), en la que unos científicos descubren un extraño cristal con la capacidad de traer diferentes amenazas –como un T.Rex- desde el pasado.



Adaptó en Dell el mismo año de su estreno las películas Around the World under the Sea (1966), en la que no hay dinosaurios pero sí una descomunal serpiente marina que rivalizaría con cualquier tilosaurio, o El valle de Gwangi (1969), que puedes leer aquí, aquí y aquí, aunque te recomendamos acudir a Cuenca el 29 de noviembre para ver la película y celebrar el 50 aniversario de su estreno... ¡Y no te pierdas las dos estupendas conferencias que seguirán los días 4 y 12 de diciembre, con los ilustres ponentes Francisco Ortega y José Luis Sanz, papás de Concavenator corcovatus!


En la adaptación al cómic de "El valle de Gwangi" se reutilizó como portada el cartel creado para el filme por Frank McCarthy

Gwangi por Sparling, en dos palabras: Im-Presionante

"A Trip in Time"
En 1971 colaboró en la revista de Warren Eerie #33 con el guionista Steve Skeates en “A trip in time”, en la que se nos muestran los mecanismos de la cuarta dimensión contra las irrupciones de crononautas sin escrúpulos. Puedes leerla aquí.

En 1978-82 volvió a colaborar con Paul S.Newman en Turok, son of Stone, esta vez para Gold Key. Te dejamos con algunas imágenes de esta última etapa de nuestro “piel roja” favorito.







http://koprolitos.blogspot.com/2019/11/jack-sparling-el-ilustrador-que-llevo.html

Otros enlaces:

https://peoplepill.com/people/jack-sparling/

https://en.wikipedia.org/wiki/Jack_Sparling

https://dc.fandom.com/wiki/Jack_Sparling

http://www7.wikipedes.eu/03697031/JackSparling

https://en.wikipedia.org/wiki/Claire_Voyant_(comic_strip)

Enlaces externos

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