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domingo, 14 de diciembre de 2014

El primate mediático (extracto de viajes con mi tía)


Siento cierta debilidad desde hace tiempo por el intrigante blog "Viajes con mi tía", aunque no acabo de tener del todo claro la responsabilidad de su autoría. Me ha servido para encontrar artículos interesantes o complementar ricamente algunos de los que yo he elaborado para nuestro blog. Recientemente he decidido integrar parte de su recopilatorio sobre iconografía de monos y primates a nuestros propios comentarios y recopilatorios de nuestra página específica al respecto. Os recomiendo visitarla, aunque os ofrezca un anticipo de su ampliación en este post, pero, sobre todo, os recomiendo incorporar a vuestro archivo de blogs enriquecedores este peculiar rincón on line tan seria como jocosamente redactado, mordaz, agudo, bien enlazado, correctamente anotado y referenciado y enriquecedor siempre en sus contenidos, que abarcan arte, cultura, literatura, naturaleza y divulgación naturalista, entre otros temas de interés común con la voz del animal invisible.




Post original de "Viajes con mi tía"


Lo sobrenatural no es fotogénico. En 2012 algunos aún esperan una versión mediática del Yeti.

Durante estos días, con el recuerdo vaporoso y lejano ya de la canícula,  nos sorprende la noticia del descubrimiento de un mono de una nueva especie en los bosques de una región remota de África, según nos cuentan diversos noticiarios.(1)   La aparición de este primate mediático  --que se nos antoja pariente de aquelloro exótico e inquisitivo, habitante de una singular pajarería,  que no perdía atención a los detalles (*)--  ha agitado los espíritus de los adeptos de la criptozoología, en tanto en cuanto el hallazgo parece resucitar los sueños de esta ciencia fronteriza que a menudo más parece perseguir fantasmas que entidades reales y clasificables según los criterios taxonómicos en boga.
El destino de este macaco de las selvas  africanas,  nos hace recordar al celacanto, el rinoceronte indio y el okapi, ejemplares imposibles que pasaron del folckore a los  volúmenes de la zoología  contemporánea. Sin embargo, los fanáticos del Fisiólogo aún suspiran por ver entre sus anaqueles especímenes aún más esquivos y extraños, viejos conocidos  de la esfera de lo imaginario: el mokele-membé, Ogopogo, Nessie, el Ave del Trueno, el legendario kraken.
(1) Nombrado como Cercopithecus lomamiensis en referencia al río Lomani,esta especie presenta similitudes con el mono cara de búho, Cercopithecus hamlyni, quien también habita en bastas áreas boscosas de la nación africana ( )
Hombres Salvajes según se describen en un antiguo documento chino

El  relato periodístico sobre el mico Iesula nos hace pensar también en otro de los clásicos de la zoología imposible, mucho más elusivo que su primo africano recién descubierto: el mítico Bigfoot --supuesto poblador nativo de los frondosos bosques americanos y figura próxima a la del Hombre de los Bosques, el Salvaje -wild man- de la mitología universal-- que aún permanece,  desafiante en su misterio, en la zona liminar de los mapas y la imaginación popular, limbo enigmático y oscuro que,  a pesar de los cientos de testimonios en favor de una existencia real como espécimen biológico catalogable,  posiblemente nunca abandone del todo.

Supuestas huellas del Yeti en una instantánea clásica de los archivos criptozoológicos


A pesar de la proliferación de vídeos domésticos que con el auge de las nuevas tecnologías se ha visto notablemente amplificada -- junto a la oleada imparable  de “fakes” perpetrados por bromistas casuales o recalcitrantes-- el caso del enigmático primate, si es que se trata de tal cosa, continúa caracterizándonse principalmente por su elusividad, como dejan de manifiesto algunos de los documentos que pululan por la red. Este factor o aspecto elusivo,  que comparte con el fenómeno ufológico --con el que se ha comprobado existe más de un punto en común, para desesperación y estupor de los criptozoólogos de la vieja escuela-- tiende a subrayar la dimensión sobrenatural o directamente paranormal de todo el asunto o, si lo prefieren, su dimensión simbólica, daimónica o folclórica.
Hombre salvaje y velludo, prototipo del Hombre de los Bosques, quemado vivo en esta imagen de un tratado medieval.
Abajo, una escena de lucha entre un caballero y un Homo Sylvaticus, prototipo del Bigfoot y otras criaturas imposibles de la criptozoología, según algunos autores.
El padre de la criptozoología, el doctor Bernard Heuvelmans, se esforzaba en ver los mitos del Salvaje europeo como formas del imaginario popular y afirmaba que aquéllos apuntan de modo inequívoco hacia la existencia de una criatura desconocida, real y tangible, de un homínido  cercano al Hombre de Neanderthal,  en diversas regiones europeas y asiáticas, incluso en la actualidad.  Otros autores, provenientes de ámbitos diferentes al de la ciencia, proponen, contemplando el lado paranormal del motivo del Hombre de los bosques, que estamos ante la presencia de un daimon, una entidad más cercana a elfos,  sátiros, caballos de agua o ufonautas que a cualquier espécimen digno de un museo o una colección zoológica. El contenido de algunos de los tubos que les mostramos, falsos o genuinos, dan testimonio sobre todo de esta vertiente fantástica , sobrenatural y elusiva del hombre de los Bosques.
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El vídeo de Hoffman
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En 1994,  Paul Freeman supuestamente captura en un vídeo a la esquiva criatura.  El clip fue tomado en el estado de Washington y muestra un pretendido ejemplar de bigfoot caminando frente a la cámara. El animal mira a la cámara y desaparece entre la vegetación. Más tarde, en otro momento, una segunda criatura se ve durante un par de segundos ocultándose tras un árbol. Algunos quieren ver a un ejemplar adulto sosteniendo una cría. El tamaño y la apariencia de los animales que supuestamente aparecen en el vídeo son reminiscentes de la criatura que mostraba la célebre película de Patterson.
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The Bigfoot Field Guide-The Freeman Footage
Dicen que el vídeo de East Texas woodpile thermal podría ser una de los mejoresw testimonios cinematográficos de la existencia del sasquacht. Su autor, Christopher Noel, se interesó en una serie de encuentros con estas critaturas en una propiedad al este de Texas. En 2008, varios avistamientos tuvieron lugar en este lugar y Noel decidió visitar el área. Una tarde hizo una gran hoguera esperando captar la atención de la criatura. Supuetamente, varios vídeos precedentes han indicado que el animal muestra interés por grandes fuegos y actividad ruidosa.
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#18 of 62 "Sasquatch startled while watching kids shoot" bigfoot sightings
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Algonquin Park Bigfoot
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El bigfoot en un vídeo captado accidentalmente,  exhibiendo su característico “salto mágico” según diversos testimonios
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El vídeo de 2007  en Estes Park Colorado, tomado con un móvil
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Este tubo muestra un sasquatch filmado casualmente en alguna región de Siberia. El análisis cuidadoso de la imagen procede del sitio Top 20 Bigfoot sightings, de donde procede la mayor parte de los vídeos que mostramos.
-Fuentes y vínculos-

(1) El Iesula, nuevo mono africano, el El País
(2) Un foro sobre homínidos imposibles, acá (en francés)
(3) Representaciones artísticas del esquivo Homo Pongoides, basadas en testimonios y descripciones.
(4) Un análisis de los vídeos mostrados y algunos otros en los que aparece un supuesto Bigfoot, en este otro sitio(inglés) Top 20 Bigfoot sightings
(5) El relato de un encuentro terrorífico con un Hombre de los Bosques en 1895, en Maine
(6) The greatest Bigfoot footage of all time is the Patterson-Gimlin film.   Uno de los últimos vídeos filmados, en Ketchikan, Alaska, aquí.
(7) Homo sylvaticus, en viajes con mi tía
(8) Más vídeos analizados en Bigfoot finderyour source to find the real Bigfoot
(9) Janet y Colin Bord pusieron de manifiesto la extraña conexión entre el fenómeno Ufo y el bigfoot en una de sus obras. Más sobre esta singular relación aquí.
(10) Cazadores de gamusinos: un artículo que ve con sorna y escepticismo el mundo de la criptozoología.

jueves, 26 de junio de 2014

Animales y mentiras.

Representar, comunicar. Hablar, mentir.

Publicamos el comentario de Miguel Artime

por diversas razones: la principal es que nos sigue sorprendiendo que se considere sorprendente que los animales piensen, especulen o mientan, aunque en este caso sirva, en el fondo, para reforzar la cercanía entre simios y antropoides con el ser humano, aunque sea sacrificando su carácter tópicamente puro e inocente en aras de una humanización un tanto perversa y con la exclusiva de cualquier pecado original. El ser humano, privilegiado depositario del fruto del árbol del conocimiento, es simbólicamente el primero en perpetrar una tergiversación de los hechos al falsearlos a través del lenguaje, es decir, se le supone inventor de la mentira.

Ya tratamos anteriormente el problema de la mentira como algo intrínseco a la reproducción de la imagen de los animales y su uso en la representación de conceptos a través de las imágenes zoológicas.

Sirva como muestra el siguiente extracto, aunque recomiendo la lectura al completo de nuestro apartado "Digo, miento, fotografío" en este mismo blog o en su ubicación original.


La hembra gorila Koko cuidando de su mascota, el gatito All Ball. (Crédito imagen: National Geographic). La hembra gorila Koko cuidando de su mascota, el gatito All Ball. (Crédito imagen: National Geographic).
Pamela Meyer, autora de un conocido libro sobre técnicas para detectar la mentira titulado "Liespotters" (no te pierdas su TED talk) estima que el común de los humanos miente entre 10 y 200 veces cada día. Curiosamene Koko, una famosa gorila hembra estudiada durante décadas por la psicóloga estadounidense Francine "Penny" Patterson en las instalaciones de The Gorilla Foundation, ha pasado a la historia (entre otras cosas muy interesantes, como por haber aprendido a usar 1000 signos del lenguaje de los sordomudos) por una única mentira. Lo cual viene a decir bastante poco a favor de nosotros, la verdad. [Relacionado: Los chimpancés son mejores que los humanos en un juego de táctica]
La historia de Koko, con quien siempre he simpatizado por haber nacido como yo en 1971, comenzó cuando Penny Patterson, una estudiante graduada en psicología por la Universidad de Stanford se hizo cargo de sus cuidados durante 6 meses, a causa de una grave enfermedad que hizo que trasladaran al bebé hembra gorila a un camión de cuidados intensivos en el zoo de San Francisco. Tras recuperarse la pequeña primate, Penny solicitó permiso al zoo para seguir trabajando con ella como parte de su investigación en psicología. Cosa que consiguió, inicialmente, durante cuatro años.
En 1974 Koko y su camión se mudaron a la Universidad de Stanford, donde Penny y otros investigadores prosiguieron trabajando durante unos años con Koko y otros gorilas que se sumaron al proyecto, hasta su última y definitiva mudanza a Woodside, California, donde aún permanece. Durante el proceso, Koko ha aprendido a usar 1000 signos en en el lenguaje de los sordos, así como a comprender 2000 palabras del inglés. Si queréis estar al tanto de su actividad podéis suscribiros a su página en Facebook.
Koko ha crecido rodeada de expectación mediática, entre otras cosas gracias a los varios documentales que Patterson ha hecho públicos sobre el proceso de educación de la gorila, después de todo Koko es lo más parecido que hemos tenido a Zira, de la saga "El planeta de los simios". Pero es que además, a comienzos de la década de los 80, un libro y un documental sobre la historia de Koko y su mascota, un gatito llamado "All Ball", hizo que literalmente la hembra "parlante" de gorila se metiera al público en el bolsillo.
Y es en ese marco, con Koko adorando a su gatito mascota, cuando llego a la historia de la famosa mentira. Según se recoge en varios medios, como el blog Naturalnews de Mike Bundrant, Koko tuvo un día ciertos problemas de comportamiento (un mal día lo tiene cualquiera) y terminó pagando su frustración empleando su enorme fuerza en arrancar un lavabo de la pared. Podemos imaginar la escena - chorros de agua incluídos - cuando Penny llegó al "lugar del crimen". Al preguntarle la psicóloga a Koko quién era el responsable de semejante estropicio Koko respondió: "el gato". Imagino que el interrogatorio debió ser realmente gracioso, aunque a raíz de la anécdota a mi se me ocurren múltiples e interesantes preguntas. ¿Es inherente a los grandes primates la capacidad de mentir? ¿Es necesario aprender a comunicarse mediante algún tipo de lenguaje para poder mentir?
[Podría interesarte: Historia de Noc, la beluga que hablaba]
Lo que si sabemos es que a All Ball, el gatito, no le dio tiempo a servir de chivo expiatorio durante un largo plazo. A los pocos meses de ser adoptado por Koko se escapó, y un coche le pasó por encima. El vídeo de Penny explicandole a Koko que el gatito había pasado "a formar parte del asfalto", y que no volvería a verlo se convirió en un clásico previo a los virales, que de tanto en tanto retorna cosechando nuevos éxitos. A pesar de la baja calidad de imagen, podéis aprender más sobre la breve pero intensa relación entre Koko y el gatito "All Ball" (en alguno sitios lo traducen como "Bolita") en este extracto de un documental de Patterson emitido por la 2 de TVE, en el que también aparece por cierto la propia Penny.
Koky y All Bal en la mítica portada de National Geographic.Koky y All Bal en la mítica portada de National Geographic.El hecho de comenzar hablando de la mentira en el primer párrafo no ha sido una mera casualidad y es que llegado a este punto he de decir que, a día de hoy, los primatólogos tienen muy baja consideración sobre el trabajo científico realizado por la psicóloga Patterson. La acusan entre otras cosas, de desechar durante el montaje de sus documentales, muchas tomas en las que a la gorila simplemente no se la entendía, y de quedarse solo con las más efectivas (sin duda un "artefacto" que parece indicar mala ciencia). Además, según he podido leer, en muchas ocasiones se acusó a Patterson de crear marcos creíbles para cada escena añadiendo narraciones en sus documentales que no siempre se correspondían con la realidad.
Del mismo modo, también hay quien la ha acusado de indicarle a Koko fuera de cámara, los signos que la gorila debía usar en cada momento. ¿Qué tanto por ciento de las habilidades comunicativas de Koko son reales y qué otro tanto es montaje? Me temo que la duda siempre rodeará al personaje, pero lo que es innegable es que Koko amaba a ese gatito, y que internet ama a cualquier cosa que tenga que ver con gatitos. (Por cierto, que la mismísima Jane Goodall ha sido también acusada de antropomorfizar en exceso a los chimpancés que estudió en Tanzania para "empatizar" más con el público).
Sea como sea, lo que es incuestionable es que el personaje de Koko, y la foto de portada junto a su gato en la edición de enero de 1985 de la revista National Geographic, la convirtieron en un icono mundial que hizo que muchos cambiaran la imagen que tenían de los gorilas, más próxima hasta entonces a la de King Kong.
De hecho, según he podido descubrir, la historia de cómo Koko aprendió a pedir un gatito en lenguaje de signos (previamente le regalaron un peluche muy realista que le aburrió enseguida), de cómo adoptó a All Ball y de cómo lo cuidó con amor hasta finalmente llorar su muerte cuando su mascota fue atropellada, es una lectura común en las escuelas de primaria en los Estados Unidos.

 Miguel Artime



Representación y mentira. Fotografía y Mentira.

Don Freeman: Fotografía de una serie sobre el Museo de Historia Natural de Nueva York.

4-Representación y mentira.


4.1-Verdad y mentira en el contenido sémico de las imágenes.
No. No pretendo profundizar aquí en el estudio de la mentira. Lo debo dar por hecho en múltiples trabajos de estudiosos muchísimo más cualificados que yo; tanto que podrían mentir a cualquiera.
Lo que sí creo evidente es que, en nuestra vida social, el radio de acción de la mentira está en función de nuestra capacidad de representación y de comunicación, en la medida en que la mentira es uno de los dones de cualquier modalidad de representación. Nuestro primer pensamiento al referirnos a la palabra “MENTIRA” se refiere a la mentira verbal, especialmente la emitida en forma oral. Sin embargo eso es sólo el ACTO de la mentira, mentir. Pero el concepto de MENTIRA es más extenso.
El importante papel que la mentira asume en nuestra existencia es, en su mayor parte, ignorado, precisamente, por la propia naturaleza de los servicios prestados por su ejercicio. No sólo los mentidos han de ignorarla, sino que, para poder ejercerla al máximo nos sentimos obligados a probarla en nosostros mismos con lo primero que se nos ocurre: la mentira, precisamente: su naturaleza y sus mecanismos. No es preciso entrar en matices para comprobar que la idea general que sobre la mentira nos hemos formado, incompleta, es inexacta.

A menudo, para observar y estudiar la realidad de la mentira será
preciso correr o: como dice J.M. Sutter “levantar el velo de nuestra conciencia” ("Le mesonge chez l'enfant, Presses Universitaires de France/Luís Miracle, Bcn 6a ed. 1969).
Lo cual significa acceder a nuestro subconsciente. La psicología y el psicoanálisis han demostrado que semejante dificultad no es insuperable. No obstante, volvamos sobre nuestros pasos y limitémonos a definir y delimitar el alcance de la mentira.


“Mentir es mantener una idea en desacuerdo con la verdad, para inducir a error al prójimo”. Esta definición, tan criticable y completa como cualquier otra, asume un marcado carácter intencional de la mentira (sea ésta intencionada o no) que se puede ampliar en muchos sentidos. Y es que la definición y descripción de la mentira constituye, ante todo, un problema semántico. El acto de mentir, en el sentido de Inducir a error, se reduce a mentir a uno los indicios, las esperanzas.
Pero también alcanza el ámbito de la mentira a “falsificar una cosa”, fingirla, mudarla o disfrazarla, haciendo que por las señas exteriores parezca otra. Si lo llevamos al terreno de la comunicación en su cotidianeidad social, mentir es decir una cosa de otra o no conformar con ella y la esencia social de la mentira corroe las bases del pacto social, puesto que mentir es faltar a lo prometido, quebrantar un pacto. Y, como “mentir pide memoria”, el mentiroso hábil evita ser descubierto amparándose en hechos consumados del pasado.Si creo que me equivoco en algún momento, diré:”¡Miento!”, pero, ya que “el mentir y el compadrar, ambos andan a la par”, no será difícil adivinar mis observaciones sobre la mentira fotográfica.

Lo que me mueve a observar la posibilidad de este fenómeno es reafirmar la capacidad de representación de la fotografía, puesto que, si hacemos que algo represente lo que no es, incurrimos en mentira. Luego, en caso de que una fotografía pueda mentir a alguien, es claro que REPRESENTA algo que está en conformidad con lo que ese alguien percibe, pero no con lo que ese algo ES.
A menudo, especialmente cuando se trata de niños, lo que a primera vista pudiera parecer mentira no es tal, sino el resultado de una percepción incompleta o apreciación defectuosa.
Muchas culturas han llegado incluso a considerar la mentira una virtud, y creo, en muchas ocasiones, que la nuestra se incluye en este grupo.

La palabra es el campo más exaltado de la mentira, pero, evidentemente, nuestras palabras reemplazan o son reemplazadas por gestos, por escritos; o por silencios: es la mentira por omisión. Ya hemos mencionado que, a menudo, es a nosotros mismos a quien tratamos de engañar. Yo diría que casi siempre lo conseguimos, pero es una opinión personal y no creo en ciertas opiniones personales. En cualquier caso ¿ no se supone que es a los demás, a los otros, a quien dirigimos nuestra segunda intención? Lo que es cierto, y todos comprobamos antes o después ( o incluso ahora mismo), es que engañamos mucho mejor cuando nosotros mismos creemos nuestras fabulaciones.
Ahora bien, si argumentamos que hay quien se automiente en soledad por una más tranquila convivencia con la propia conciencia, no debemos olvidar que esta “conciencia” no es individual y personal.
A semejanza de la conciencia moral infantil, “queda en introyección pura y simple del juicio de la sociedad: es el “otro”, presente en nuestro interior, quien debe ser engañado” (Sutter, íbidem).
La mentira es, por naturaleza, un acto social. Su engaño intencionado la distingue del verdadero error.

La cuestión que me planteo es la siguiente. Si, como Roger Scruton, aceptamos que, dentro de los fenómenos de la realidad, podemos afirmar que la fotografía es uno de tantos, semejante a la reflexión especular o la opacidad de los cuerpos, es evidente que la fotografía no miente.
Sin embargo, la fotografía, más que una reacción fotoquímica, la entendemos en infinidad de ocasiones como elemento decisivo de diversos actos sociales, porque la dimensión social de la fotografía es algo más que los errores que condujeron a su invención.
En este punto me pregunto si es cierta la idea, más o menos generalizada, de que la ironía, y la ficción artística, se sitúan fuera de los dominios de la mentira, sencillamente porque aceptamos que ambas tienen por fin hacernos conocer la verdad de otra forma y mucho mejor de lo que pudiera conseguirse con una afirmación directa y objetiva. El problema consiste en encontrar la afirmación de esta índole más significativa, si existe, y añadir, si existen, las que le siguen en orden de objetividad para buscar entre todas ellas una fotografía, una de esas ironías que, a principios de nuestro siglo, desviaron la trayectoria del arte y la comunicación.

4.1-Fotografía y Mentira.

La intención de engañar es tan esencial en la mentira que es posible mentir diciendo la verdad a un interlocutor que debe atenerse a las apariencias. Tropezamos con la ambigüedad de la noción de lo verdadero, problema inmenso lejos de haber sido resuelto.
Nuestra aprehensión de la realidad es muy imperfecta y nuestros medios de expresión disponibles no nos permiten traducir fielmente su imagen de por sí inexacta. El aprovechamiento, para ello, del fenómeno fotográfico, nos da una idea del alto grado de credibilidad, y no en todos los casos, de la fotografía, pero nada más.

Porque nuestra imperfecta percepción nos permite elegir entre múltiples aproximaciones y, de tantas maneras de no decir exactamente la verdad, que nos está vedada ¿dónde empieza la mentira? ¿debemos buscarla única y exclusivamente en las relaciones sociales? ¿Acaso no está presente en la propia construcción del lenguaje? Al fin y al cabo, siguiendo los dictados de la lógica lingüística y, observando su expresión hablada y escrita, encontramos expresiones contradictorias aceptadas por los componentes de una misma comunidad lingüística.
Tal vez podríamos analizar las imágenes fotográficas a nivel de comunidades y encontrar particularidades en su aspecto o en su utilización y, seguramente, habría acusadas diferencias en las imágenes documentales utilizadas para un mismo fin.
La realidad es la misma. ¿Mienten las fotografías? Bajo mi criterio, la respuesta es sí. Lo que intentaré explicar más adelante es el hecho diferenciador, en el caso de la fotografía, como en toda forma de representación (artística o no ): el autor de la obra no es necesariamente el autor de la mentira, si es que sólo se produce una.
Decir la verdad es emplear el sistema de correspondencias socialmente admitidas entre la realidad y ciertas formas de expresión; mentir es apartarse de ellas deliberadamente. Si excluimos la fotografía de este campo, paradójicamente, la dotamos de un poder excesivamente tentador para ser despreciado.

Si pensamos que el sistema de correspondencias formado por los
mensajes que recibimos y los que emitimos y por los referentes reales que los originan no se halla, como vemos, sólidamente establecido más que para cosas muy simples, muy concretas ¿ porqué insistimos en simplificar la historia de algo tan “engañoso” como la fotografía y concretar su aparición a finales del siglo XIX?
La fotografía demuestra su intrínseco engaño a través de la publicidad. Rápidamente alguien me objetará que la publicidad es engañosa y la fotografía sólo es uno de tantos vehículos que utiliza para construir su lenguaje. La presencia más común de la fotografía en publicidad suele ir acompañada de texto.

Este texto, supuestamente, o certeramente, en relación con la fotografía con la que se interacciona prolonga tiránicamente un sentido de su amplia significación buscando un tono y una voz interior convincente a través de su forma tipográfica, forma visual concebida para y por la imagen fotográfica que (la) acompaña. El caligrama se convierte en una paradoja más encubierta (¿o acaso más evidente?) por la presentación de “lo que yo veo tal y como es”, por que lo que yo creo una porción de la realidad que yo veo ha sido cuidadosamente escogida y/o realizada para inmediatizar su diálogo conmigo. Por lo tanto, como en todo caligrama (la forma más sencillamente expresiva del lenguaje reproducido), sigue aprovechándose del antiguo hábito del lenguaje que hace preguntarnos ¿Qué es ese dibujo? ¿Qué es esa foto?

La lingüística moderna le ha cambiado al “artículo” su denominación por la más funcionalista “determinante”. El viejo artículo determinado sería hoy un determinante, y el indeterminado (sonrían conmigo) un determinante indeterminado.
Creemos que la pregunta primordial es: ¿Qué es la fotografía? ¿Qué es una fotografía? Pero cierta reflexión sobre la paradoja planteada por cualquier pictograma nos hará empezar a comprender que, aunque asumimos saberlo, somos incapaces siquiera de contestar con profundidad sobre esa fotografía sin referirnos a cosas que realmente no están en el soporte fotográfico, ni en el momento de la escena fotográfica.
El viejo hábito conlleva el uso del presente del verbo ser, la frontera entre la nominal y lo verbal, una abstracción tan antigua que nos lleva a las pinturas rupestres que, entonces y ahora, nos dicen “esto es un bisonte”. Como diría Foucault, un viejo hábito cuyo fundamento se haya en que toda la función de un dibujo “tan esquemático”, tan escolar como éste, radica en hacerse reconocer, en dejar aparecer sin equívocos ni vacilaciones lo que representa.
Por más que sea el el rastro del paso, en una hoja o en un cuadro [1], de un poco de mina de plomo o de un fino polvo de tiza [2], no reenvía como una flecha o un dedo índice apuntado a determinada pipa que estaría más lejos, o en otro lugar; es una pipa [3] .Cuando Magritte nos dice “Esto no es una pipa”, a través de su enigmático caligrama, de inmediato reaccionamos ante la convivencia de verdad y mentira contenidas en la imagen. ¿Recibo el mensaje de un pictograma fotográfico como una combinación de fotografía y texto o recibo lo que ambos representan por separado?
El hombre de Marlboro representa todo un mundo de ensueño que seduce a quienes lo comparte, y no sólo para que compren una determinada marca de cigarrillos, sino para que fumen “así” en su ensueño. Pero también representa todo un elogio al dominante carácter patriarcal, machista y colonizador, de la sociedad americana a la que la agencia Philip Morris pertenece. Para ofrecer esa imagen seductora del mundo relacionado con el mero hecho de fumar un cigarrillo, enmarca al prototipo del triunfador americano en un entorno paisajístico fotografiado de un modo muy concreto, heredero del cine “western”, que bebe, a su vez, de la fuente de los pioneros de la fotografía americana, quienes lo primero que captaron (en forma de colección promovida desde organismos oficiales) fue precisamente la tierra, lo único que el Estado ofrecía a los hijos y nietos de los pioneros del modo más ampuloso y seductor posible, para decir al pueblo a través de aquellas imágenes “Este es tu país”. Ese paisaje fotografiado es fotografiado para invitar a fumar una marca de cigarrillos “para señoritas” cuyo fracaso comercial llevó a Philip Morris a adueñarse, en todos los sentidos, de la marca de tabaco, para convertirla en una recopilación de imágenes tópicas de uno de los sueños americanos.
Se me ocurre, para expresarme con más claridad, sugerir una sucesión de fotografías de Michael Evans, Joe Benson, Szarkowski, Adams, Allan Sekula, Douglas Crimp, etc. componiendo un audivisual al ritmo de “The Magnificent Seven” de Elmer Bernstein. Tal vez nos provocaría una sonrisa. Si lo hiciésemos, acto seguido, con una colección de postales de la Andalucía de los años sesenta, la risa estaría al borde de su aparición, pero sobre la risa hablaré más adelante.
Quedémonos tan sólo, con el hecho consumado (y consumido) de las astronómicas ventas de Marlboro en todo el mundo a través de una fotografía que sigue diciendo: “Esto es tu país” y por tanto “el de la foto podrías ser tú o tu hombre”, colonizando a quien fuma cigarrillos "para señoritas" cuyo fabricante era incapaz de vender a ese sector preconcebido. Si una imagen vende tanto es porque representa algo importante.
 
Mafa Alborés.

martes, 1 de enero de 2013

Hombres y simios: primates





Yuri Dmítriev, en "El hombre y los animales", hace una interesante reflexión antropológica sobre la relación hombre-animal y dedica no pocos comentarios a las expectativas generadas por descripciones orales tanto como descripciones gráficas de animales, sin embargo, a la hora de demostrar las ansias humanizantes de los artistas muestra este dibujo de un chimpancé (asociado al uso de un bastón, como hemos comentado, erguido, humanizado más en su compostura que en sus formas físicas) y lo contrasta con la imagen siguiente, supuestamente más realista, más actual, menos humanizante. Lo curioso del caso es que el libro de Dmítriev incurre en el error de confundir la imagen de un orangután (pues de un macho adulto se trata) con la anterior de un chimpancé, más precisa como chimpancé por muy humanizada que esté, y escoge por error la imagen de este viejo orangután en actitud amenazante, violenta (algo asociado a lo animal en contraste con lo humano, por paradójico que nos parezca a muchos) más propia por cierto de un chimpancé que de un pacífico orangután, (aunque sin duda el modelo original que posó para la cámara no estaba de buen humor, y el dibujante que copió la imagen no tuvo que tergiversar gran cosa). En todo caso, y más tratándose de un dibujo reproducido en grabado, se trata de una imagen atípica en la iconografía del orangután, aunque no en la del simio como personificación de una bestia humanoide, algo rentable para las ferias ambulantes y circos con fieras que fascinaron e inspiraron a escritores como Edgar Alan Poe relatos en la línea del triple asesinato de la calle Morgue.




Recientemente, se ha difundido en internet la siguiente noticia:






Apuntes de Naturaleza

Los simios también sufren "la crisis de los 40"

Por Thomas Lersch, via Wikimedia CommonsUna cuestión que desata bastante interés en los científicos que se dedican al comportamiento humano es la crisis de la mediana edad, la conocida popularmente como “crisis de los 40”. Lo que sorprende es que ejemplos de este tipo de situaciones se dan a lo largo de todas las épocas de la humanidad y de todas las culturas conocidas. Esto hace pensar que puede tener algún tipo de componente biológico. Segúnun estudio publicado en la prestigiosa revistaPNAS, así es. Al menos en el grupo de los grandes simios.
En realidad no se trata únicamente de la crisis de los cuarenta. La satisfacción que sentimos los seres humanos, así como otros grandes simios como chimpancés u orangutanes, tiene forma de U.Es decir, que presenta un máximo en la juventud y otro en la vejez, y llega a su mínimo durante la parte media de la edad adulta.
Para llegar a estas conclusiones, el equipo de investigación responsable del estudio trabajó bajo un esquema multidisciplinar. Se emplearon estudios de biología del comportamiento, ecología, psicología e incluso economía. Todo ello adaptado a las condiciones de vida de los grandes simios.
A la hora de realizar el estudio, había dos problemas fundamentales que solucionar. En primer lugar, no se puede utilizar el método clásico de realizar una encuesta pormenorizada al individuo y convertir después sus respuestas en valoraciones matemáticas. Y el segundo problema era que, con casi total seguridad, no darían las mismas “respuestas” los animales que viviesen en cautividad y aquellos que permaneciesen en su hábitat natural.
La solución a la que llegaron fue realizar la encuesta a los cuidadores de estos animales en los zoológicos en los que viven, o a los voluntarios y responsables de su conservación en aquellos que viven en santuarios. Se seleccionó con mucho cuidado a aquellos simios que hubiesen establecido una relación estrecha con algún ser humano, y de entre esos a aquellos cuidadores y voluntarios que resultasen fiables.
Una vez analizados los datos, las conclusiones fueron claras. El patrón de satisfacción con nuestra propia vida era constante en todos los grandes simios. Todas las especies y las poblaciones estudiadas mostraban un porcentaje importante de casos en los que la curva de la felicidad tenía forma de U. La edad en la que se llegaba al mínimo era constante, aunque no en número de años. En todos los casos se situaba ligeramente por encima de la mitad de la esperanza de vida, lo que cuadra bastante bien con los cuarenta años en humanos modernos.
Los científicos no han querido descartar que existan componentes económicos y culturales para esta situación en los seres humanos. Pero sí han podido demostrar que existe un componente biológico que facilita el que este hecho se dé.
La explicación biológica que han ofrecido de momento es la siguiente. Durante la juventud estos individuos van ganando prestigio y experiencia, y pasan progresivamente a disfrutar de mayor número de recursos. Pero según van avanzando en su madurez, cumplen con sus roles en las poblaciones y al hacerlo pierden importancia. En el momento en que ya han tenido sus crías – y ayudado a criarlas en las poblaciones en que lo hacen – y comienzan a tener problemas para acceder a los recursos, llegan al mínimo. Tras una etapa de transición y adaptación, son capaces de emplear otro tipo de estrategias y recuperan de nuevo un papel relevante en sus comunidades, lo que les lleva a sentirse más satifechos, completando así la curva en forma de U.
(publicado por José Toledo en Yahoo)

Si volviésemos a usar el rinoceronte de Durero como paradigma de exactitud tanto como de distorsión iconográfica, podríamos volver a deleitarnos con la persistencia del dibujo del maestro alemán en las posteriores representaciones gráficas del animal hasta bien entrado el siglo XIX.
Las expectativas que había generado la existencia del mítico unicornio, unidas a la fascinación por lo insólito, lo monstruoso (por no hablar de lo conspicuamente grande o potencialmente agresivo) fueron responsables del éxito del grabado y sus sucesivas copias que, con más o menos variantes, influyeron incluso en las proporciones, encuadres y postura aplicadas a las ilustraciones de rinocerontes durante cuatrocientos años. Como ya hemos dedicado entradas anteriores a este caso concreto, clásico entre clásicos y por tanto bastante manido, creo que es oportuno mencionar otros ejemplos que me parecen muy llamativos y se me antojan poco comentados, como si nadie se diese cuenta de ello.
Ya he hablado de la anchura de la boca del cachalote, aumentada por los artistas gráficos de toda índole durante años y años (esa persistencia se da hoy en día), y también me he referido al gesto intimidatorio del lenguaje facial de lobos y perros de mostrar los dientes: se ha trasladado gráficamente a especies que no practican ese gesto (como por ejemplo los osos) y se ha añadido colmillos de gran tamaño a serpientes venenosas que carecen de ellos sólo por recordarnos que lo son.
Todos entendemos que los peces se representasen vistos desde arriba (como en un estanque desde un puente) antes de la aparición de los primeros acuarios con paredes de cristal, y es posible que por un motivo parecido los reptiles se hayan representado mayoritariamente de perfil y los anfibios vistos desde arriba, en planta. También es curioso constatar que en innumerables representaciones (incluso en reproducciones detalladas y fidedignas) los anfibios son mostrados boca arriba, mostrando el vientre, tal vez por la preferencia de una atávica atracción por los vientres blandos, sin pelo (como los nuestros) pero carentes de ombligo. Téngase en cuenta que ni siquiera los tritones o las salamandras (al fin y al cabo de morfología básica semejante a la de reptiles como los geckos o las lagartijas) se escapan a ser vistos preferentemente desde arriba.

Hemos mencionado, también en entradas específicas, cierta persistencia en asociar la imagen de los monos y simios antropomorfos a actitudes humanizantes que hiciesen hincapié en el parecido entre la presencia física de dichos primates con la del primate humano, pero, por si a alguien se le había escapado, se da un caso particular que va más allá de asociar a un chimpancé al uso de un palo o un bastón para humanizarlo.
Se trata del curioso caso del orangután.



Pierre Belon provocó el primer revuelo a partir de la analogía anatómica entre el esqueleto humano y el de las aves

En entradas específicas de este blog hemos hablado de la iconografía de los simios antropomorfos, así que no insistiré mucho más en el hecho de que han generado numerosas confusiones a la hora de identificarlos o darles nombre. A menudo se han intercambiado (incluso en libros serios de zoología) las imágenes y los nombres de orangutanes, chimpancés, bonobos y gorilas.



La anatomía comparada de Cuvier tenía en el dibujo a algo más que un aliado para transmitir evidencias sobre los parecidos anatómicos entre las especies antes de que el evolucionismo emparentase a simios y homínidos.


En todos los casos, los más confusos y los más acertados, y sobre todo antes del advenimiento del evolucionismo (antes incluso que la aceptación adaptativa de las teorías de Lamarck) el artista quiere transmitir al espectador algo más que la transcripción de las formas y proporciones del animal al papel, sino que apreciamos un considerable esfuerzo por recalcar el hecho de que ante la presencia real de estas criaturas percibimos por mera empatía una cercanía, un parecido con el ser humano difícil de describir en un dibujo sin una cierta ayuda, hecho constatable especialmente a la hora de representar chimpancés (casi siempre dibujados erguidos o asiendo bastones u otros utensilios). Curiosamente, las noticias de hombres salvajes o selvátivos, bestializados de algún modo por sus hábitos, pero hombres al fin y al cabo, están presentes en prácticamente todas las culturas, seguramente, como ya hemos apuntado, a causa de la persistencia atávica de arquetipos ancestrales provinientes de épocas en las que distintas especies de homínidos compartían biotopo, como ya se ha confirmado con cromagnon y neanderthal y se supone con otras especies diferenciadas.



 
 


















Del orangután, desde Borneo principalmente, llegaban noticias que no lo presentaban como un raro animal, sino como un hombre peculiar, de costumbres selváticas, asociadas a una vida arborícola, y es posible que tras esta espectativa los estudiosos occidentales sólo pudieran tener dos reacciones extremas ante la presencia de los animales:

Por un lado estarían aquellos que esperaban un hombre y descubrían un ser que sólo podían asociar a un animal, parecido a un mono (tópico del animal parecido al hombre), pero animal al fin y al cabo.

Por otro estarían los escépticos e incluso incrédulos que, esperando ver otra cosa, se encontraban ante una criatura a la que veían rasgos de indudable humanidad, o cuando menos hominidad, al igual que de la forma más natural del mundo hacían los aborígenes de Borneo, Java e India. Al fin y al cabo, orangután significa literalmente "hombre del bosque".




 Pues bien: dicha perplejidad, mezcla de empatía y decepción, produce la asociación gráfica del orangután a la rama de los árboles de forma mucho más persistente que en el caso de los otros póngidos. Aunque conocemos reproducciones de dibujos y grabados que muestran chimpancés o gorilas subidos a un árbol o descendiendo de él, todavía sujetos a una rama con una de sus manos, en el caso del orangután, la asociación gráfica parece prácticamente inevitable a lo largo de cientos de años.

 












Imagen estereoscópica de un orangután (puede verse en 3D con gafas de anaglifo rojo-azul)


Ilustración de un gorila que hereda la asociación a las ramas de los árboles propia de la iconografía del orangután
Recreación de los referentes gráficos anteriormenete expuestos en una preparación taxidérmica de una hembra de gorila