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martes, 24 de febrero de 2015

Arte y percepción: Collages tridimensionales en múltiples capas de vidrio de Juan Carlos Robles a Dustin Yellin


Juan Carlos Robles (Anys 90. Distancia zero, 1994, Centre d'Art Santa Mónica, Barcelona)

En dos ocasiones, a lo largo de mis reflexiones y escritos sobre arte y percepción, he mencionado esta obra de Juan Carlos Robles, un artista Sevillano formado en Barcelona y en Berlín que actualmente ejerce como profesor de artes plásticas en Málaga. La pudimos contemplar por primera vez en una exposición colectiva que se realizó en los buenos tiempos del Centre d'Art Santa Mónica de Barcelona, allá por el año 1994, en la que, además, el artista presentaba una ponencia (Anys 90. Distancia zero).
En un principio, la idea del artista consistía en ofrecer una versión peculiar de autorretrato mediante métodos científicos, basados en tecnología clínica, pero pronto descubrió que conseguir un "tac" completo, de cuerpo entero, de uno mismo, sin motivos estrictamente médicos, es bastante complicado, aunque, sin descartar el propósito original de la idea, acabó contactando con una empresa fabricante de máquinas de escáner por resonancia de uso clínico que le facilitó una muestra de placas con las múltiples secciones consecutivas de un cuerpo humano completo.
Una vez en posesión de este material, Robles transfirió los contornos resultantes a un soporte de plástico adhesivo, y, cuidando el registro de su posición respecto al cuadro, los transfirió a sendos cortes cuadrangulares de vidrio que, convenientemente apilados, reconstruían la visión tridimensional del cuerpo, que surgía fantasmagóricamente del interior del bloque resultante.
Curiosamente, cuando la pieza es observada de frente, al estar las secciones vistas de canto, es imposible ver nada: la figura humana desaparece, se invisibiliza, y es necesario un cierto ángulo para que su apariencia vuelva ser evidente. De hecho, la ubicación de la pieza en la exposición que la dio a conocer, la situaba en un rellano del edificio, al final de una escalera desde la cual el volumen virtual de la escultura era visible, y desaparecía gradualmente al descender hasta su nivel.

En uno de los capítulos originales del texto de "El animal invisible", ("La imagen como animal capturado") trasladado a la entrada de este blog titulada "Superhéroes de carne y hueso", decíamos lo siguiente:

“El sueño del análisis genera monstruos. Porque el sueño del análisis es síntesis. Y la síntesis material, aun siendo dialéctica porque hegelianamente conserva algo de la tesis, no es analógica: no debe compararse con una “amplitud de opiniones” toda mental; debe someter la mirada, debe sostener los ritmos.”14



Si tuviese que completar de algún modo las reflexiones, por otra parte deshinhibidas, de Marcello Bruno, creería que no estamos tan radicalmente en un estado sintético de la representación, sino que de  algún modo hemos agotado algunas vías aisladas de reproducción de las trampas de nuestros sentidos sin afrontar rotundas interacciones. Aunque tecnológicamente la presentación sea sintética, el punto de partida de Joan Fontcuberta “oyendo” el perfil de una montaña es analítico. Lo mismo podría decir, sin salir del recinto en el que expone dicho trabajo Fontcuberta, de la pieza de otro antiguo alumno de esta facultad: Juan Carlos Robles. En esta ocasión, el artista sevillano-barcelonés nos muestra una pieza fruto de su trabajo en Berlín y de su reflexión acerca de nuestra visión del organismo humano: una serie de secciones, transversales, pegadas a sendos cristales que se apilan en una torreta, generan la ilusión de un cuerpo humano introducido en el cristal, una forma muy particular de escultura analítica influenciada por la estética de las imágenes de síntesis.

También lo hacía durante la conversación mantenida con Joan Fontcuberta y Pere Formiguera alrededor de los temas sugeridos en su trabajo "Fauna Secreta", de la que extraigo el siguiente fragmento:
Formiguera: En cierta medida, claro que sí. Pero tampoco quiero que parezca que la naturaleza artificial, los cyborgs o la biotecnología, es lo que nos interesa como tema a trabajar, y que en cambio lo referente a la zoología o a la mitología animal ya no nos interese nada, pero creo que hay una voluntad innata en el hombre, y no la valoro ni la descalifico, que consiste en alterar las cosas.
La fauna, la doméstica al menos, se altera. Se crean razas particulares de perros, como los dálmatas por ejemplo (de hecho empieza a resultar difícil hablar de un perro sin adscribirlo en mayor o menor medida a una raza concreta), se crean razas de vacas que produzcan más carne o más leche, o más lo que sea.
Ese centro del universo, donde cree estar el hombre, parece darle derecho a cierto estatus de privilegio. Porque, de hecho, cuando decimos que convivimos con los animales, usamos un eufemismo. Los explotamos o los obligamos a hacernos de "partenaires", pero aunque vivan con nosotros no convivimos con ellos.
De ahí, para mí, la importancia de la imagen del Tyranosaurus Rex como dios animal, porque, de hecho, lo que estamos haciendo, no es olvidarnos de la Fauna que tenemos a nuestro lado, sino alterarla, en la medida que nos pueda ser útil.Y si con eso aniquilamos todos los espacios genuinamente naturales, parece ser que al final nos da absolutamente lo mismo, y eso es algo que no juzgo, ni valoro, pero eso exactamente es lo que pasa.
Los parques naturales o los zoológicos, como ámbito de desarrollo de gran parte de la fauna más conocida, son la demostración de dicho estado de cosas.

Alborés: Tal vez sólo sea una exigencia del impacto de las imágenes zoológicas, en guerra con las nuevas visiones de lo orgánico.
Esto me recuerda dos trabajos artísticos que particularmente me dejaron bastante impresionado. Las dos obras estaban en una exposición genérica, de artistas modernos, que se montó hace unos años en el centro de arte Santa Mónica, aquí en Barcelona.
Uno de los trabajos era de un amigo mío, sevillano, Juan Carlos Robles, que recuerdo que se pasó un tiempo intentando conseguir que algún organismo médico le hiciese un escáner de cuerpo entero. No sé ahora mismo si el término "escáner" es correcto; me refiero a estas vistas en sección del cuerpo. Juan Carlos se pasó bastante tiempo hasta conseguir un cuerpo entero escaneado en una serie de secciones transversales que calcó sobre papel adhesivo blanco, y las pegó en sucesivos cristales, cuadrados, apilados uno sobre el otro.
El resultado era una torre de planchas de cristal que aparentaba contener un cuerpo humano, siempre y cuando adoptases un cierto picado, o contrapicado, por así decirlo. De frente no se veía nada: sólo la sombra de las secciones, que al estar de canto no se apreciaban. Es lo más parecido al hombre invisible que he visto en mi vida, y como objeto meramente decorativo era muy hermoso. Parecía un holograma humano a tamaño natural, una crítica muy directa a los límites de nuestra propia percepción, de nuestro organismo, y de la percepción de éste.

En la misma exposición, en otra sala, había una obra tuya, Joan, de carácter interactivo, que ofrecía la posibilidad de "moverse" alrededor, arriba y abajo, de una reproducción, en imagen digital tridimensional, de la orografía Montserrat, y de los múltiples contornos resultantes era posible extraer una lectura secuenciada de notas musicales. Otra contundente crítica a las limitaciones de nuestra percepción. Nos limitamos a creer que vemos lo visible porque tal es su naturaleza, y que, por tanto, no lo podemos oir, como tampoco podemos ver el sonido.
Sin embargo, aunque sea a través de la trampa de la traducción de información, podemos intuir que si hiciésemos un "puente" entre nuestro nervio óptico y nuestro nervio olfativo, por ejemplo (y sé que puedo parecer un tanto abrupto) "veríamos olores", "oleríamos colores".
Recientes estudios demuestran que los cetáceos usan la ecolocación de un modo tan sofisticado que ecografían su medio, incluso el interior de cuerpos sólidos, del mismo modo que nosotros vemos o escuchamos nuestro entorno.
La insistencia en el visionado de formas animales reconocibles. La reiteración en los documentales zoológicos de los mismos hábitats como la sabana africana y la misma selección de fauna tal vez nos dé alguna pista. Nos gusta insistir en el reconocimiento de ciertas formas orgánicas en busca de una especie de empatía ancestral. ¿No hay, en el fondo de toda imagen zoológica, la fascinada admiración por otras posibilidades de percepción, por otros mundos que pertenecen a las demás especies zoológicas?

Fontcuberta: Sí. Conste que, en lo referente a esta instalación mía, en concreto, no es que fuese su única intención. En todo caso ofrecía una lectura, o una caricatura, de las posibilidades perceptivas de los nuevos medios tecnológicos, pero es evidente que existe una especie de...digamos denuncia de lo parcial, que llega a ser nuestra apreciación del mundo físico y las características que de él anotamos, así como el dónde y el cómo las anotamos.
No se trata sólo de que gran parte de la realidad nos sea inaprehensible, sino que gran...(pausa para pensárselo) 'modo' de la realidad nos está vetado por una mera cuestión de incompatibilidades.
Una forma orgánica señala no sólo unas posibilidades motrices, sino una interacción concreta con el medio que condiciona la percepción de las cosas.


Dustin Yellin
Pues bien, una vez puestos en contexto los antecedentes, hemos de decir que serían muchas otras las obras de Juan Carlos Robles que podríamos comentar, puesto que en todas ellas se interviene en el espacio poniendo a prueba las expectativas de la percepción del espectador. De hecho, recomendamos revisar su trayectoria, y como es lógico, su obra más reciente, puesto que nos estamos refiriendo a un trabajo de hace más de veinte años y que no es del todo representativo del alcance y variedad de sus trabajos. Su constante análisis de cómo conocemos el mundo a través de la mediación de nuestros sentidos y cómo estos recurren a la mediación de las técnicas y tecnologías del arte y las artes visuales es más que evidente en su reciente exposición "Máquinas de mirar". Lo que ocurre, sencillamente, es que no he podido evitar recordar esta pieza al contemplar las obras de Dustin Yellin, a quien ya hacía un tiempo que quería dedicar un comentario, y que, aunque también desarrolla obra en campos más cercanos al performance, ha adquirido reconocimiento sobre todo por sus peculiares escenografías/esculturas/dioramas que materializan el sistema de capas de photoshop, por así decirlo, en objetos reales de planchas de cristal acopladas, idea en sí sencilla, en absoluto nueva (no hay más que contemplar el antecedente claro -y de mayor contundencia- de Robles) pero sin duda fascinante y estéticamente muy atractiva. Aunque la temática de sus trabajos es variada, las referencias a los recursos expositivos de los museos de historia natural, a los dioramas, a los acuarios y a los terrarios, además de todo tipo de contenedores transparentes para la conservación de especímenes biológicos son más que evidentes. De hecho, son estos aspectos los que más nos llaman la atención respecto a su obra, que conecta con más de una inquietud del animal invisible: nuestra manera de observar la naturaleza y los organismos vivos, y las pautas que rigen los esquemas de nuestra percepción sensorial, especialmente la visual. En este sentido, Yellin desgrana aspectos técnicos del dibujo y la fotografía, como la perspectiva o la profundidad de campo, a los que otorga potenciales escultóricos y escenográficos a través de la tercera dimensión.

























El recurso de capas de registros gráficos bidimensionales que adquieren profundidad tridimensional también nos recuerdan a los utilizados por Thomas Medicus, quien disponía las piezas planas de forma más poiliédrica para deconstruir la imagen cuando no era contemplada desde el águlo preciso.







Asimismo, ya habíamos contemplado en entradas precedentes algunos trabajos de Chris Dorosz, a quien habíamos asociado con los recursos expresivos de Medicus:

Chris Dorosz:

Sus obras nos recuerdan conceptualmente a algunos trabajos de la fotógrafa Sandy Skoglund, aunque sirviéndose de recursos anamórficos presentes en la obra de George Rousse. El resultado, a medio camino entre la pintura puntillista y el diorama tridimensional, también evoca ciertos ecos de Gerard Richter. (En entradas anteriores comentábamos algún trabajo de similares características a cargo de Thomas Medicus.)




Keng Lye
Keng Lye
Tampoco debemos olvidar a Keng Lye, que lleva su pintura multicapas en resina transparente a extremos que la igualan con la escultura hiperrealista de carácter naturalista, aunque los trabajos peculiares de este coreano han sido emulados por Riusuke Fukahori con resultados similares. Tanto Lye, artista coreano, como Fukahori, artista japonés, señalan la cercanía cultural entre los animales como seres vivos fascinantes o como alimento. Ambos artistas constatan, en un ejercicio de antrozoología artística entre lo crítico y lo decorativo, que la presencia de animales acuáticos en acuarios, relativamente tardía en occidente como para influir, por ejemplo a partir de las primeras exposiciones con acuarios del siglo XIX, en la manera de representar gráficamente el mundo subacuático visto en horizontal, contribuye al realismo naturalista de sus particulares muestras zoológicas pintadas en tres dimensiones.
Riusuke Fujahori
En la cultura asiática, la gran variedad de criaturas marinas, especialmente costeras, consumidas en la gastronomía es muy variada y se consume desde tan antiguo en estado fresco o vivo, que su presencia cotidiana en los mercados acaba por relacionar icónicamente al animal con el recipiente, que contribuye, de algún modo, a dotar de mayor relismo a este híbrido hiperrealista de pintura y escultura. Del mismo modo, y basándose en la misma técnica, pero con un estilo más personal con respecto al coreano y al japonés, más centrados en la reproducción zoológica de animales a los que acostumbramos a ver en recipientes, viveros, acuarios o menaje de cocina, nos encontramos a Xia Xiaowan, que, como podéis ver en los comentarios a este post, nos lo descubrió Javier Fuentes, de "El Hurgador (arte en la red)", antes de dedicarle una entrada específica en su excelente blog-galería de arte.
Xia Xiaowan
Gracias a él os puedo dejar un pequeño anticipo de su obra y una primera referencia antes de que el propio Fuentes nos deleite con uno de sus suculentos artículos más profusos en detalles, imágenes, información general y referentes, como, por ejemplo, el americano MFN Kaylan, otro artista que hace su propia versión de esta tipología de imágenes tridimensionales basadas en sucesivas .capas transparentes de técnicas gráficas planas.

MFN Kaylan

Aunque Dustin Yellin ha aplicado pintura y técnicas diversas a sus trabajos multicapa sobre plancha de vidrio, parece ser que últimamente se ha decantado por el collage profusamente caragado de múltiples dealles fotográficos que apuntan a visualizaciones fantásticas de la compleja composición de la naturaleza, concebida esta como un todo, un ser superior con su propio sentido, habitado y conformado por la interacción de otros seres más pequeños que a su vez la estructuran, como los elementos que componen las figuras inspiradas en bailarines de Yellin de una de sus últimas series, plagadas de paisajes y figuras de toda índole extraídas de fotografías y material impreso (revistas, folletos publicitarios, etc.) que componen sus collages tridimensionales surrealistas y un tanto lisérgicos. Desde mi modesto punto de vista constituyen la aportación más personal del artista a su obra, que, como podéis comprobar, no aporta sustancialmente nada nuevo a la obra de Juan Carlos Robles con que abrimos este artículo.

Os dejo ahora un extracto de la entrada que Johnny Strategy le dedicó en su día a Dustin Yellin en COLOSSAL, y un link a su ubicación original, donde tendréis acceso a otras entradas dedicadas al mismo autor y a otras obras relacionadas:

http://www.thisiscolossal.com/2015/02/dustin-yellin-nycb-3d-dancers/







New Three-Dimensional Figurative Collages Encased in Multiple Layers of Glass by Dustin Yellin


Photo by Andrew Romer Photography courtesy the artist
Photo by Andrew Romer Photography courtesy the artist
The Brooklyn-based artist Dustin Yellin (previously) was commissioned by the New York City Ballet to install a new series of his figurative collages. The artist refers to the sculptures as Psychogeographies because “they feel like maps of the psyche.”
Each large-scale sculpture is individually embellished with bizarre found objects—cut-up books, magazines and trash found on the street—which are then sealed within layers of glass. “Imagine if you were to make a drawing on a window,” said Yellin, explaining his process. “And then you were to take another window and glue it to that window… until you had a window sandwich. I make window sandwiches.”
The resulting forms resemble dancers striking various poses: their multi-dimensional bodies encapsulated in suspended animation. A grand total of 15 of these “window sandwiches,” each weighing in at 3,000 pounds each,were installed in the atrium of the David H. Koch Theater at Lincoln Center. The installation is on view for all performances through March 1, 2015 but there’s also free public viewing through February 22. If you can’t make it you can always follow Yellin’s activities on Instagram.

Photo by David Deng courtesy the artist
Photo by David Deng courtesy the artist
Photo by Andrew Romer Photography courtesy the artist
Photo by Andrew Romer Photography courtesy the artist



Photo by David Deng courtesy the artist
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Photo by David Deng courtesy the artist
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lunes, 19 de enero de 2015

Naturaleza y artificio. La percepción deconstruída. Esculturas zoológicas a partir de piezas de un mapa perceptivo o de piezas de analogía anatómica.













Zanjamos de momento nuestra revisión de trabajos escultóricos de carácter zoológico, en esta ocasión para complementar las anteriores, basadas en el despiece y su reutilización. Nos servimos de la obra de Shawn Smith para reflexionar sobre formas alternativas de reconocimiento de formas. Nuestra percepción es amiga de aprender, registrar y reconocer formas para economizar esfuerzos y ganar tiempo, aún a costa de los engaños que eso supone a menudo para sí misma. El arte figurativo no sería nada sin la existencia del recurso a la analogía. la búsqueda de coincidencias formales con recuerdos visuales o perceptivos en general. Pero, de forma muy básica, nuestra percepción visual también es analítica, observando los contrastes de brillo, matiz y saturación observables en el campo visual, lo que posibilita la existencia de los mosaicos romanos, del arte puntillista y de las imágenes de mapas de bits que reproducimos en las pantallas de nuestros ordenadores. Shawn Smith lo lleva a la tercera dimensión y nos alecciona sobre cómo funciona nuestra percepción en complicidad con nuestra tecnología digital, recreando formas zoológicas con piezas definibles como píxeles tridimensionales.
Tal vez no parezca algo muy sorprendente para una sociedad que ya ha visto todo tipo de trabajos artísticos, comerciales y audiovisuales con piezas de Lego, pero no dejan de resultar extrañamente hermosas estas materializaciones de animales pixelados, porque son algo así como la prueba de que lo que creemos percibir de los animales y lo que consideramos una reproducción detallada poseen límites tan estrechos como la realidad que creemos reconocer en ellos o los medios a través de los que los visualizamos.


El trabajo de Smith podría relacionarse con el de otros artistas que juegan a desafiar nuestra percepción visual para aleccionarnos sobre sus límites y sus propios mecanismos, tal y como hemos comentado al respecto del arte namórfico que a menudo hemos traído a colación en nuestro blog por un motivo u otro. Es por esto que hemos creído oportuno asociar a Smith con Chris Dorotz, aunque Dorotz no entre en la categoría de esculturas de carácter zoológico, pero sí de descomposición de los elementos (en este caso cromáticos) de la imagen para que sea el cerebro del espectador el que los recomponga y perciba la escena propuesta en la pieza, que en su caso comparte características de la pintura, la escenografía y la escultura, apuntando críticamente al funcionamiento de la imágenes rasterizadas, la composición en mapas de bits de cierta tipología de imágenes digitales de carácter fríamente analítico, en contraposición con las imágenes vectoriales (que, aunque digitales, utilizan analogías formales entre los contornos observados en la realidad visual y los contornos generados gráficamente por ordenador) y con las imágenes del arte analógico.






























Chris Dorosz:

Sus obras nos recuerdan conceptualmente a algunos trabajos de la fotógrafa Sandy Skoglund, aunque sirviéndose de recursos anamórficos presentes en la obra de George Rousse. El resultado, a medio camino entre la pintura puntillista y el diorama tridimensional, también evoca ciertos ecos de Gerard Richter. (En entradas anteriores comentábamos algún trabajo de similares características a cargo de Thomas Medicus.)












Anthony Howe:



En este caso, aunque podamos percibir ciertos parecidos con las obras vistas recientemente de Gary Hovey, lo cierto es que los fragmentos de sus esculturas metálicas están elaborados para tal fin, aunque aparenten piezas de fuselaje para aviación o construcción naval en algunos casos. Sin embargo, en la mayor parte de sus trabajos, los fragmentos se corresponden a contornos delimitados por áreas musculares concretas, con lo que sí que podríamos observar, aunque de forma muy estilizada, una cierta observación de la anatomía animal despiezada de manera bastante libre. El resultado recuerda, además de a carcasas de fuselaje, como hemos mencionado, al despiece propio de la carnicería. Los bruñidos acabados de sus superficies potencian y evidencian la arbitrariedad de las divisiones entre las piezas que conforman, por poner un ejemplo claro, su ejemplar de ciervo, o su versión escultórica de un caballo. No obstante, su cocodrilo y su león muestran una coherencia miológica bastante notable respecto al ensamblaje de las piezas.












Para cerrar el círculo de esta pequeña serie de entradas dedicadas a la escultura zoológica volvemos a aquellas basadas en la combinación de reciclaje y anatomía comparada que no acabábamos de ubicar en una categoría concreta para nuestra galería de ejemplos, ofreciéndoos directamente la transcripción de algunas entradas ajenas (linkadas a sus páginas de origen) que creo también resultan de interés, como el arte orgánico y en movimiento de Anthony Howe, a quien ya habíamos mencionado en El Animal Invisible, el león forjado por Selçuk Yılmaz, y una entrada de arte verde dedicada específicamente a enumerar y describir toda una serie de artistas influídos por todo un género genuinamente tailandés que produce arte a partir de material de deshecho y chatarra. Veréis que la inspiración de la anatomía comparada de libre interpretación, cercana por tanto a la ciencia ficción, inspira y se inspira en obras propias de Giger, cuyos paralelismo con las obras de Howe tampoco son meramente anecdóticas.


viviendo en la tierra













Arte Verde: El arte tailandés de dar forma y valor a la chatarra


Amortiguadores, piezas de motores o trozos de puertas de viejos automóviles son reutilizados en Tailandia para dar forma a gigantescas esculturas o reformar motos con las que llamar la atención por las calles de Bangkok.
La agudeza del ingenio o la falta de recursos ha llevado a un grupo de artistas tailandeses a optar por la chatarra como materia prima para realizar sus obras de arte.
Los míticos personajes malvados de taquilleras películas como Alien, Terminator o el mismo Darth Vader, tienen su réplica de acero en el taller y tienda de la artista tailandesa Yumi, seudónimo que utiliza la forjadora Anchalee Saengtai, y donde también se pueden encontrar personajes reales como Elvis Presley.
Todas las piezas son trabajadas a mano y pueden medir desde los veinte centímetros en el caso de las más pequeñas hasta la nada despreciable altura de 6 metros, que es la que tiene una escultura metálica inspirada en el protagonista del filme “Transformers”, Optimus Prime.
“Prefiero crear esculturas pequeñas”, afirma a Efe la artista tailandesa, quien precisa que para ella “son más divertidas” y la tarea de hacerlas resulta “menos agotadora”.
La réplica de Optimus Prime, el jefe de los Autoboots, propiedad ahora de un museo de California (Estados Unidos), fue creada por un equipo de tres personas que trabajaron en ella durante más de cuatro meses en jornadas intensivas.
Aficionados, coleccionistas y dueños de negocios de Estados Unidos, Alemania, Inglaterra e incluso un hotel de la isla española de Ibiza han adquirido alguna de las obras de Yumi tras ver su trabajo en el taller o mediante imágenes a través de internet.
En una de sus tiendas ubicada en el sorprendente mercadillo de Chatuchak, a las afueras de Bangkok, la artista expone varias de sus creaciones, entre las que abundan personajes de ciencia ficción como Aliens o Predators; allí se pueden fotografiar -eso sí, previo pago-, grandes réplicas de más de dos metros de Iron-Man o Bumblebee, otro de los protagonistas de “Transformers”.
“Las esculturas de personajes malvados se venden más que las del bueno de la película”, apunta Yumi sobre los gustos de su clientela local e internacional.
Los precios de estas esculturas de acero van desde los 2.000 baht (unos 50 euros, 71 dólares) hasta los 500.000 (11.660 euros o 16.700 dólares) que el museo californiano pagó por la réplica de Optimus Prime.
La artista, que comenzó hace nueve años a manipular chatarra para crear las figuras, afirma que desde el inicio ha dado forma a varios centenares de esculturas de muchos tipos, desde automóviles, mesas o sillas extrañas hasta encargos de réplicas en acero hechas a partir de fotografías personales.
“Hay clientes que me envían una foto y quieren una escultura a semejanza de la instantánea”, explica la empresaria, que cuenta con dos talleres de trabajo y sendos comercios en la capital.
Entre sus proyectos, la forjadora tailandesa tiene el de dar forma al más famoso hidalgo de la literatura española, Don Quijote de la Mancha.
Además del de Yumi, también son conocidos otros cinco talleres dedicados a la creación de piezas artísticas trabajadas con materiales procedentes de vehículos desguazados.  Uno de estos artistas del reciclaje del sudeste de Asia es Roongrojna Sangwongprisarn, especializado en el montaje de motos  convencionales de gran cilindrada con un peculiar estilo de ciencia ficción.
Articulo publicado por efeverde.com


Coches usados transformados en arte

Por: 
Ciertos artistas han pensado que estaría bien hacer algo diferente y único uniendo sus habilidades. La idea era crear esculturas de metal partiendo de piezas de coches usados. Los artistas han construido las esculturas montando pieza a pieza componente de esos coches y el resultado es espectacular. Betty Hamblen Turner ha creado el “Marathon”, un toro creado de carbono, acero inoxidable y partes cromadas sacadas de un coche. Su trabajo ha llamado mucho la atención en todo el mundo y su escultura se ha expuesto en Benini Galleries y Sculpture Ranch.
Terrence Willment es otro artista con talento, con habilidades similares a Betty. Su obra es la del famoso “Alien” de la película (en la imágen).
Jim Shultz, de Carolina del Norte, ha dedicado 30 años de su vida reparando partes de automóviles. Más tarde encontró su pasión y habilidad haciendo figuras de esas piezas que tan bien conoce.
Alastair Gibson, nacido en Sudáfrica, ha decidido formar parte del mundo de las carreras de coches, para poder estar cerca de ellos y trabajar con el metal. Durante 14 años, Gibson estuvo trabajando en la  Fórmula 1 como mecánico para Bentton F1 y después como jefe de mecánicos en el BAR Honda Grand Prix. El también ha usado piezas metálicas de coches usados para crear su obra, un piraña muy bien conseguido.
Vía autoevolution





Anthony Howe hace esculturas que se rehúsan a quedarse quietas.
Sus enormes esculturas cinéticas de acero inoxidable giran, se voltean y transforma su figura en formas que pueden llevar a pensar en cualquier cosa, desde un calamar gigante hasta electrones que dan vueltas alrededor del núcleo de un átomo.
El artista de 59 años, originario de Utah, dice que la inspiración para hacer los monumentos de otro mundo puede venir de casi cualquier lugar: "Desde la parafernalia de ciencia ficción y baja tecnología hasta modelos microbiológicos o astronómicos".
 ¿Un calamar gigante? ¿Un sistema solar? Este es el jardín de esculturas hipnotizantes
"Cuando era niño, tuve la suerte de haber pasado mucho tiempo en el océano, en el agua", dice.
"Mi padre viajaba mucho. Vivimos en ocho distintas ciudades en los Estados Unidos, así que estuve expuesto a toda clase de cosas, además de libros y otras cuestiones".
Desde 1994, el artista estableció su hogar en 10 acres de la Isla Orcas, estado de Washington, un lugar que ahora incorpora la galería de Howe y el parque de escultura.
Su nueva creación -un pico de 5 metros de altura con un anillo giratorio de brazos de acero (abajo)- acaba de obtener el privilegio de tener un lugar en el jardín, y puedes ingresar aquí para verlo en acción en el nuevo video.
Howe ha estado haciendo esculturas cinéticas desde 1990. Después de graduarse en la escuela de arte, pasó cinco años en una casa que él construyó en una remota cima de montaña en New Hampshire. Fue allí donde pintó con acuarelas los paisajes, pero finalmente se aburrió. Consiguió un empleo como superintendente en un almacén y se mudó a Manhattan.
"Mi trabajo consistía, más que todo, en colocar estantes de acero, por lo que me vi rodeado de acero. Mis pinturas no iban a ningún lado, y me di cuenta que tenía mucha materia prima en los estantes de acero".
"También vivía sobre la azotea, con bastante espacio al aire libre, y tuve la idea de hacer cosas que giraran con el viento... y el resto es historia, así dicen".
Hoy en día, las esculturas (extremadamente complejas) inician su vida en una computadora, donde Howe hace un "bosquejo" digital en los paquetes de software de modelado 3ds Max y Rhinoceros.
Cada componente puede ser enviado de la computadora a un cortador láser, el cual talla con precisión la forma curvilínea.
Pero aún queda espacio para que las ideas se desarrollen y cambien, señala, a medida que finaliza los componentes a mano utilizando las técnicas tradicionales del trabajo con metales.
Él dice que la armonía entre los muchos componente distintos se crea al lograr un "muy buen equilibrio"; cada componente se ubica cuidadosamente en su eje para asegurar que será afectado de igual forma por la fuerza del viento.
Además de las formas orgánicas de la vida submarina y de las plantas, Howe menciona que ha sido inspirado por los libros ilustrados del autor del siglo XIX, Julio Verne. Verne soñaba con helicópteros y submarinos inspirados por la naturaleza -antes de que fueran creados en la vida real- en los libros clásicos de aventura como "Viaje al centro de la Tierra" o "Veinte mil leguas de viaje submarino".
Al igual que estas creaciones, las obras de Howe transforman el movimiento orgánico del mundo natural en frío acero, y aun así retienen su propio misterio hipnótico.
"Solo estoy haciendo muchas elecciones en base a lo que se ve bien para mí", dice con sencillez.
Para Howe, saber que otros están cautivados por sus obras, sus creaciones es una fuente de felicidad:
"Definitivamente, hace mucho tiempo me propuse hacer estas esculturas para que fueran agradables y con suerte transportaran a una persona a un mejor lugar que donde se encontraban antes de verlas".
"Sé que esa es la antítesis de lo que mucha gente quiere que el arte haga, pero a mí realmente ya no me importa. En este punto, estoy muy contento de que la gente disfrute verlas".




Extracto de TARINGA

La escultura de estas imágenes es obra del turco Selçuk Yılmaz.

Durante diez meses ha cortado y forjado cada una de las 4.000 piezas de metal para crear este felino de metal.

El metálico león pesa unos 250 kilos y mide más de tres metros de largo por casi dos de alto.

En estas fotografías podrás apreciar el nivel de detalle y la calidad de la escultura realizada por Selçuk Yılmaz.

león de metal mas de 4.000 piezas

metal

leon

piezas

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león de metal mas de 4.000 piezas

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Selçuk Yılmaz.

piezasNaturaleza y artificio. Quimeras mecánicas: Esculturas zoológicas a partir de elementos artificiales.