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domingo, 24 de mayo de 2020

Evolución iconográfica. Testigos de un nuevo paradigma de espinosaurio


Julius Csotonyi (@JCsotonyi)
La imagen que tenemos de los animales nos viene dada desde tiempos inmemoriales por descripciones orales o escritas, a menudo de avistamientos fugaces, y por representaciones gráficas (muy a menudo basadas en las anteriores) más que por su avistamiento directo. Incluso cuando, sobre todo a partir del siglo XXVIII, se produjo una explosión de publicaciones ilustradas por artistas especializados, a menudo se producían equívocos o distorsiones, pero seguía siendo la ventana principal para el visionado de especies animales y el reconocimiento de su aspecto y características físicas.
Un caso aparte, como apuntábamos de sesgado en nuestra entrada precedente, es el de la paleontología y su carácter especulativo, que hace que los conocimientos sobre las especies extintas vaya progresando y modificándose en el tiempo, de modo que los paleoartistas, único vehículo del público para "ver" a aquellos animales ya desaparecidos, son responsables no sólo de situar evolutivamente dichas especies, sino de su evolución iconográfica, de su aspecto físico, que se va adaptando no a su biotopo sino al contexto sociocientífico que les toca vivir.
El caso más emblemático es el de la primera especie de dinosaurio descubierta y descrita desde su descubrimiento, el iguanodón, cuyo aspecto ha ido cambiando en sus representaciones plásticas a lo largo del tiempo, desde un enorme saurio reptante hasta erguirse sobre sus dos patas traseras con el tercer apoyo de su cola en el suelo hasta finalmente (?) erguir dicha cola para usarla como un balancín y volver a acercar sus patas delanteras al suelo.

Hoy en día, los dinosaurios han comenzado a presentar coloraciones conocidas por métodos científicos que también han dado lugar a muchas otras coloraciones especulativas, por no hablar de la llegada de las plumas a sus fisonomías hasta el momento supuestamente escamosas o sencillamente inspiradas en las de los grandes paquidermos ignorando sus pelos. Los dinosaurios de Crichton reinterpretados para el cine por Spielberg, Stan Winston y el equipo de ILM para Parque Jurásico, basaban su credibilidad realista o naturalista en ofrecer el aspecto superficial de elefantes o rinocerontes agigantados, y, además, constituyeron en los años noventa la constatación finisecular del parentesco entre dinosaurios y aves, su alejamiento de los reptibles, su más que posible homeotermia y, sobre todo, el alzamiento de sus colas desde el suelo para elevarlas hasta equilibrar unos nuevos andares más rápidos y ágiles, ya desvinculados de la aparente necesidad de vincularse a la vida acuática para soportar el peso de las moles de sus grandes cuerpos.

El "rey" de este universo iconográfico dinosauriano siguió siendo el Tyranosaurus por muchos años al constituir no el mayor de los dinosaurios pero sí el mayor de los carnívoros, y encarnar, por tanto, la amenaza depredadora mayor que había existido sobre la tierra de la que se tuviera noticia. El morbo atractivo del depredador enciende miedos atávicos y propicia la evocación de narraciones dramáticas y aleccionadoras, y eso ha sido así siempre, por lo que ha calado igualmente en la narrativa científica a la hora de conectar como simple narrativa con un público masivo.

La novedad del Tyranosaurus de Spielberg consistía en sus andares ágiles y rápidos, de gran ave corredora, con su cola separada del suelo equilibrando el peso de su cuello y de sus temibles mandíbulas. Su éxito traspasó las fornteras finiseculares y la franquicia se extendió mostrando nuevas bestias que se habían quedado en el tintero, y, por supuesto, la aparición de Spinosaurus en el panorama paleontológico constatado como gran depredador había de ser mostrada, y ya en la tercera entrega de la saga cinematográfica se le mostró como gran reclamo y novedad que desbancaría a Tyranosaurus de su reinado, convirtiéndolo narrativamente de nuevo en una especie de héroe vengador y conciliador.

Pero el tema que nos ocupa aquí es el de su aspecto, que había pasado especulativamente de bípedo a tetrápodo en más de una ocasión, y que, desde luego, en una época posterior a las lecciones magistrales del ilustrador Gregory Scott Paul ya no podía arrastar su cola por el suelo y la empleaba, como todos los animales de la saga spielbergiana como balancín y arma mortífera. El Spinosaurus o Espinosaurio de Spielberg y el equipo de artistas de los estudios de Stan Winston, Phil Tippet y Dennis Muren se esforzaron por dar la versión más fidedigna y actualizada del animal, que resultó ser básicamente bípedo, terrestre con ciertos hábitos anfibios y habilidades natatorias y una impresionante y enorma mandíbula copiosamente dentada. Y esa terrible y enorme cabeza amenazante que superaba incluso a T-Rex se sostenía en la horizontalidad de su columna culminada en una vistosa cresta espinosa de lo más draconiana gracias a la compesación de peso ofrecida por su cola de sección cilíndrica o mejor dicho cónica, avanzando paralelamente al suelo.



Tukunosuke (@tukunosuke)

No obstante, hoy en día, y muy recientemente, la reconstrucción de la cola de Spinosaurus lo devuelve a su condición de gran anfibio nadador preferentemente acuático, análogamente (si bien no filogenéticamente) a un gran cocodrilo prehistórico, con lo que dicha cola se ha reinterpretado aplanándola en su sección transversal verticalmente, y ha adquirido las características de la cola de los cocodrilos, las serpientes marinas, las anguilas o las morenas. Se especula de nuevo con el reposicionamiento de us extremidades anteriores y pasa de bípedo a tetrápodo, acercando de nuevo su vientre al suelo y, en cualquier caso, sumergíendose de nuevo en el agua, reforzando la idea de la vela dorsal que antaño se especuló con que podría, tal vez, constiuir la estructura base de una gran joroba.

No penséis que esto es definitivo o se ha acabado, pero desde luego es muy ilustrativo del poder de la ciencia en el conocimiento que tenemos de las cosa y de la imagen del mundo que nos ofrece, pero, sobre todo, constata el poder de las artes gráficas a su servicio para vehiculizarlo. Son los dibujantes e ilustradores quienes tienen la última palabra y transmiten al imaginario poular el aspecto físico de las especies extintas, y ese privilegio antaño en manos de todo ilustrador científico, tras el advenimiento de la fotografía y los medios audiovisuales es exclusivo de los paleoartistas. En el caso de Spinosaurus, como habíamos ilustrado ya con Iguanodon, ha sido muy cambiante desde los primeros hallazgos, y estos siempr han obligado por su carácter fraccionario a la reconstrucción especulativa que busca respuestas cada vez más coherentes a mdida que profundiza en sus suscesivas observaciones.


Somos testigos, pues, de los sucesivos cambios evolutivos en la iconografía del espinosaurio, tal y como ocurre con los demás dinosaurios, pero evidentemente, algo más fácil de observar entre los más emblemáticos. Observad simplemente los cambios de los velociraptores en las sucesivas entregas de la franquicia de Jurassic Park y Jurassic World, que ni siquieran contemplan más que sutil y vestigialmente la posibilidad de que estén emplumados, cosa que en algunas producciones audiovisuales, de carácter lúdico, especulativo o científico sí estamos ya habituados a ver, no sólo con los velociraptores, sino incluso con los carnotauros y tiranosaurios.

Sobek: bajorrelieve del templo de Kom Ombo.
Todo va muy deprisa, tal vez más por necesidades de ofrecer novedades que por auténticos avances en los conocimientos científicos, pero si los primeros iguanodones de los parques y museos de historia natural parecen animales distintos al Aladar de Disney, vemos también cómo en pocos años el maravilloso espinosaurio de Spielberg se ha quedado obsoleto, o en todo caso como una posible subespecie especulativa. Hoy en día, más que nunca, Spinosaurus reivindica su encarnación de la divinidad egipcia de Sobek, que fue el dios cocodrilo, de carácter benéfico, creador del Nilo que habría surgido de su sudor; dios de la fertilidad, la vegetación y la vida en la mitología egipcia, relacionado con el punto cardinal Norte.

Los griegos le llamaron Sucos (σοῦχος), que quiere decir "cocodrilo" y le identificaron con Helios.

Es momento oportuno de recapitular y recordar lo que ya habíamos expuesto anteriormente acerca de la evolución iconográfica de los dinosaurios:

Ya en nuestros propios escritos preliminares a la existencia de El Animal Invisible como blog de divulgación de Antrozoología Artística, elaborados en un contexto académico serio, por así decirlo, remarcábamos el hecho de que si existe un caso claro en el que la asimilación de la imagen de un animal era vehiculizada por el trabajo de artistas y no por el de zoólogos es el de los dinosaurios y los animales prehistóricos en general. El tráfico de influencias entre todos ellos era muy abundante y acababa por dejar claro porqué los más admirados, los más ilustres y los mejores eran normalmente los más influyentes y, en definitiva, los creadores de la imagen colectiva de especies concretas, como el dibujo de Durero y el consecuente grabado de Gesner lo fueron en su momento de lo que en Europa se asimiló prácticamente como holotipo gráfico del rinoceronte. Eso es lo que nos recuerda Javi Godoy, también desde Koprolitos, con sus deliciosas entradas dedicadas a paleoilustradores ilustres y sus alargadas sombras, (como ya vimos respecto a Charles R. Knight)
Posiblemente, el ejemplo más paradigmático de lo que estamos diciendo sea el Iguanodon, cuyas primeras representaciones museísticas en los albores de la paleontología durante la época de la Inglaterra victoriana nada tienen que ver con las actuales. Y, casi con certeza, si tuviésemos que mencionar a un artista gráfico con sólidos conocimientos científicos que revolucionase la ilustración científica de los dinosaurios pasándolos de pesados y torpes animales de sangre fría a estilizados y rápidos animales homeotérmicos, tendríamos que referirnos, como hicimos entonces, a Gregory Scott Paul.


Si la película "Dinosaurio", de Disney, estaba protagonizada por Aladar, un ejemplar de iguanodón, está claro que su aspecto físico y su manera de moverse se ajusta a los cánones establecidos por los estudios gráficos de G. S. Paul, pionero en levantar las colas de los dinosaurios del suelo a modo de estabilizador (nunca más como mero apéndice arrastrado absurdamente por el suelo). Tal vez los primeros dinosaurios en movimiento naturalista sean los de "Jurassic Park" de Spielberg, pero tanto su película como la novela original de Crichton deben mucho a los artículos científicos y libros paleontológicos ilustrados por Gregory S. Paul, desmarcándose claramente de la influencia todavía persistente de otros grandes de la ilustración paleozoológica como Z. Burian

Desde las primeras esculturas e ilustraciones representando iguanodones (los primeros dinosaurios descritos por la naciente paleontología británica) hasta las volumetrías promocionales del iguanodón de Disney se ha producido una evolución en la que el trabajo gráfico de G. S. Paul es decisiva. Obsérvese la diferencia entre la especulación de los artistas victorianos, con sus consecuentes y famosas recreaciones escultóricas, y las más recientes reproducciones basadas en los concienzudos estudios anatómicos, mecánicos y motrices de Grgory Scott Paul y sus discípulos. 

Diríase que se trata de animales totalmente distintos, no sólo en su aspecto físico sino en el carácter y comportamiento que éste nos sugiere, lo cual nos recuerda que el grado de distanciamiento o capacidad de empatía y comprensión de otras especies es algo que también ha evolucionado, afectando a su representación gráfica tanto como tendríamos que considerar lo inverso: las representaciones gráficas influyen en las consideraciones que podamos tener de un animal concreto a la vez que indican en gran medida qué grado de conocimiento o comprensión tenemos de los demás miembros de la vida natural.

Recordemos que cuando se especulaba que los dinosaurios serían lentos y pesados, casi incapaces los de mayor tamaño de moverse fuera del agua, estos eran representados junto a ella o sumergidos en ella, y, en cambio ahora, cuando las más recientes teorías apuntan hacia criaturas homeotérmicas, de mayor rapidez de acción, y capacitadas para utilizar sus colas como contrapeso, y no como un apéndice reptante, las ilustraciones de los libros divulgativos sacan a los dinosaurios del agua y los muestran moviéndose por tierra firme. 
Cuando se invoca a un animal, se invoca a sus caracteres físicos, y también a los de comportamiento. El tricerátops, por ejemplo, siempre asociado a una versión antediluviana del rinoceronte, ha sido tradicionalmente dibujado con apariencia pesada. Pero también, como el rinoceronte se ha visto relacionado con la velocidad propia de un ariete capaz de agredir al temible tyranosaurio. Sin embargo, nos han pintado al tricerátops como un obeso y pacífico animal que sólo decargaba su furia en casos extremos, como si la potencia del impacto de su triple cornamenta dependiese sólamente de la inercia de su sobrepeso. La nueva concepción de los dinosaurios, alejada filogenéticamente de los reptiles, cercana a las aves, agilizada por su nueva sangre caliente tenía forzosamente que reflejarse de algún modo en las imágenes de todos sus representantes más populares.
El tricerátops no podía ser menos, como atestigua cierto dibujo de Gregory S. Paul, en el que tres tricerátops, significativamente estilizados, corren hacia nosotros recordándonos un travelling frontal cinematográfico. La sensación de gran angular imprime mayor velocidad a la escena, que muestra oportunamente una vista totalmente frontal del ejemplar que corre a la derecha de la imagen, un medio perfil izquierdo del que ocupa el centro y el flanco izquierdo del tercero, que parece que va a abandonar el margen izquierdo de la ilustración a toda velocidad, sensación acentuada por la polvareda levantada por la estampida (este y otros ejemplos de Gregory S. Paul están reproducidos en las páginas 223, 224, y 230 de Gould, S. J.: "El pulgar del panda"). 





Gregory S. Paul: "Tricerátops"
(reproducido de Gould, S.J.: "El pulgar del panda", p. 223, 224 o 230).


Caracteres físicos como indicadores de pautas de comportamiento: ¿cómo si no funciona la paleontología?. La profundidad del conocimiento que tengamos acerca de ambas categorías en animales similares, o en distintas nociones de un mismo animal, nos hará nombrar distinto o bien usar sinónimos confusos.
Adán pone nombres a los animales, los diferencia con mayor o menor exactitud, poniéndose a sí mismo como parámetro, pero las palabras se mueven con mayor rapidez e imprevisibilidad que cualquier animal.
La pantera y el leopardo, siendo el mismo animal, han generado ilustraciones propias, independientes pero intercambiables, de animales gatunos moteados. Los frecuentes casos de melanismo de este animal han originado un mito científico, entendiendo como tal cualquier creencia nacida de una confusa o errónea explicación científica cuya rectificación posterior arrastra vestigios de dicho error, que ya había calado en la aceptación popular. La ciencia también es tradición. El unicornio es un mito espiritual, el rinoceronte su confirmación. La pantera negra es un mito científico (sería más exacto decir pseudocientífico, pero la pseudociencia sigue los pasos de la "auténtica") que ha perdurado con obstinación en el imaginario de la "ciencia para todos públicos".




Brachiosurus (Gregory S. Paul)
Ilustración extraída de Gould: “El pulgar del panda”, p.224 (ver bibliografía)

Mafa Alborés

Os ofrezco a continuación un extracto de información básica e ilustraciones recogidas de diversas fuentes como Wikipedia o Koprolitos:


Los primeros restos de Spinosaurus fueron encontrados en la Formación Baharija en el oasis del mismo nombre de Egipto en 1912, y nombrados por el paleontólogo alemán Ernst Stromer en 1915.4​ Fragmentos de un segundo ejemplar, que incluían arcos neurales y parte de los miembros delanteros, fueron llamados «Spinosaurus B» en 1934 por el mismo Stromer,22​ aunque este pensó que se trataba de otro tipo de terópodo como Carcharodontosaurus16​ o Sigilmassasaurus.232425​ Algunos de los restos fueron dañados durante el transporte al Deutsches Museum, Múnich, Alemania, y el resto destruidos por los bombardeos aliados en 1944.5
Dos especies de Spinosaurus han sido descritas: S. aegyptiacus de Egipto y S. marocannus de Marruecos. S. marocannus originalmente fue propuesta por Russell como una nueva especie a partir de una vértebra del cuello.23​ Sin embargo, la mayoría de los autores considera que una vértebra cervical puede variar de ejemplar a ejemplar y consideran a S. marocannus sinónimo de S. aegyptiacus.26



Spinosaurus (gr. «lagarto de espina») es un género representado por una especie de dinosaurio terópodo espinosáurido, que vivió en lo que actualmente es el norte de África desde el Albiense Inferior hasta el Cenomaniense Inferior del periodo Cretácico, hace aproximadamente 112 a 93,5 millones de años.123​ Este género se conoció inicialmente por los restos fósiles descubiertos en Egipto en la década de 1910 y descritos por el paleontólogo alemán Ernst Stromer.4​ Los restos originales fueron destruidos durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, pero se ha recuperado material adicional en años recientes. No existe claridad de si se trata de una o dos especies representadas por los fósiles reportados en la literatura científica. La especie mejor conocida es S. aegyptiacus descubierta en Egipto; sin embargo, una posible segunda especie S. maroccanus se descubrió en Marruecos. También se han encontrado restos en Argelia, Túnez y posiblemente de Níger y Libia.
Spinosaurus pudo ser el más grande de todos los dinosaurios carnívoros, más grande aún que Tyrannosaurus rex y Giganotosaurus (a pesar de no compartir la contextura robusta de estos anteriores). Estimaciones publicadas en 2005 y 2007 sugieren que tenía 12,6 a 18 metros de longitud y 7 a 9 toneladas de peso.56​ El cráneo del Spinosaurus era largo y angosto como el de los cocodrilos. Las espinas distintivas de Spinosaurus, las cuales eran extensiones de las apófisis vertebrales, crecían hasta 1,65 m de altura y probablemente estaban conectadas con piel, formando una estructura similar a una vela; sin embargo, algunos autores han propuesto que las espinas estaban cubiertas de grasa y formaban una joroba para almacenar agua, aunque es más probable la teoría de la vela. A esta estructura se le han atribuido múltiples funciones, incluyendo termoregulación y exhibición. Se cree que pudo haberse alimentado de pescado; la evidencia sugiere que permanecía tanto en el agua como en tierra, como un cocodrilo moderno.

Veamos ahora qué se nos dice de su característica vela, o tal vez de su joroba, puesto que estructuras óseas similares en otros animales se corresponden con dicha característica y no hay acuerdo unánime al respecto. La idea  de la vela, tal y como se ha identificado en otras criaturas como el Dimetrodón, es atractiva porque, como decíamos más arriba, es un rasgo un tanto draconiano que daría consistencia a la existencia real de una criatura mítica, y eso es demasiado tentador como para ser ignorado. De hecho, los avances en la paleoilustración especulativa sobre dinosaurios ha tenido una influencia clara y decisiva en la paralela evolución iconográfica de los dragones en la ilustración y el cine fantástico. La credibilidad naturalista de las representaciones recientes del Samaug de El Hobbit o los dragones de Juego de Tronos dan fé de ello, y es inevitable que se produzcan caminos de ida y vuelta en las interacciones de las influencias entre ilustradores fantásticos y científicos, pudiendo encontrar representaciones plausibles de Spinosaurus que se ajustan a la estética propia de este tipo de producciones.

¿Vela o joroba?


Esqueleto montado de S. aegyptiacus con la vela completa.
Spinosaurus tenía unas espinas vertebrales muy largas sobre la espalda, formando la base para su vela dorsal. La longitud de estas prolongaciones alcanzaba 10 veces el diámetro de los cuerpos vertebrales que las originaban.13​ Estas podrían haber sostenido una gran vela de piel, y podían llegar a medir 1,8 metros de altura. Esta vela pudo actuar calentando la sangre rápidamente cuando el Sol le daba de lleno, o disipando el calor. Este tipo de espinas también fueron halladas en el Ouranosaurus, un 
Reconstrucción de los fósiles.
La aleta de Spinosaurus era inusual. Sin embargo, otros dinosaurios como el ornitópodo Ouranosaurus, el cual vivió unos pocos millones de años antes en la misma región que Spinosaurus, y el saurópodo suramericano Amargasaurus pudieron haber desarrollado adaptaciones estructurales en sus vértebras. La vela era posiblemente análoga, no homóloga a la del sinápsido Dimetrodon que vivió durante el período Pérmico, mucho antes a la aparición de los dinosaurios. Estas similitudes se deberían a evolución convergente.
Stromer en 1915 y Jack Bowman Bailey en 1997 postularon que más que una vela esa estructura se trataba de una joroba y portaba reservas de grasa en lugar de una estructura de piel.1315​ Esta discusión se acabará con la aparición de nuevos ejemplares más completos.13​ Para soportar esta hipótesis, Bailey argumentó que en Spinosaurus, Ouranosaurus y otros dinosaurios con espinas dorsales alargadas, eran relativamente más cortas y gruesas que los pelicosaurios mencionados (de los cuales se sabe con certeza que tenían vela dorsal) y en lugar de ello poseían apófisis espinosas similares a las de los mamíferos ungulados Megacerops y Bison latifrons.13

Postura


Región de la cadera de una reconstrucción de 2009.
Aunque tradicionalmente los espinosaurios son considerados como bípedos, se ha sugerido desde la década de 1970 que Spinosaurus adoptaba la postura cuadrúpeda al menos ocasionalmente.353613​ Esto se vio propulsado con el descubrimiento de Baryonyx, y sus robustos brazos.37​ Debido a la masa de la hipotética joroba dorsal adiposa de Spinosaurus, Bailey en 1997 era afín a la posición cuadrúpeda,13​ llevando a nuevas reconstrucciones que lo muestran así.36​ Esta hipótesis ha caído en desuso, por lo menos como postura principal, aunque los espinosáuridos pudieron haberse agachado en una postura cuadrúpeda.38
Región de la cadera de la reconstrucción de 2014.
Los terópodos, incluyendo a los espinosáuridos, no eran capaces de colocar sus manos en pronación (es decir, rotar el antebrazo de modo que la palma se oriente hacia abajo), lo cual impediría una postura cuadrúpeda efectiva,39​ aunque una postura de descanso sobre los lados de las manos si es posible, tal como muestran las huellas fósiles de un terópodo del Jurásico Inferior.40​ Un estudio publicado en 2014 de Nizar Ibrahim, Paul Sereno y colaboradores en que se describen nuevos fósiles de Spinosaurus, propuso que sus patas eran demasiado cortas para moverse eficientemente en tierra, obligándolo a ser cuadrúpedo para moverse por fuera de su ambiente acuático. La reconstrucción usada en dicho estudio era una extrapolación basada en individuos de diferentes tamaños, puestos a una misma escala con lo que se asume son las proporciones correctas.41​ Estimando que un espécimen adulto pudo haber rondado los 15,2 metros de longitud y las 6,8 toneladas de peso,30​ lo que lo volvería como el mayor terópodo en cuanto a longitud pero no en cuanto a peso. El paleontólogo John Hutchinson del Royal Veterinary College de la Universidad de Londres ha expresado su escepticismo sobre esta nueva reconstrucción, y ha advertido que el uso de diferentes especímenes puede resultar en quimeras inexactas.42​ El paleoartista Scott Hartman también ha criticado la reconstrucción ya que cree que las patas y la pelvis fueron ajustados con una escala incorrecta (27% más cortos) y no se corresponden con las medidas publicadas.43​ Sin embargo, las respuestas de Ibrahim et al. a Hartmann y al también ilustrador Mark Witton han sido recibidas de manera positiva como confiables.44​ Los autores del estudio argumentaron que probablemente estas interrogantes acerca de las proporciones de las patas se debiesen a que la reconstrucción en cuestión sea tridimensional, el fémur y los otros huesos de las patas no se encuentran paralelos con respecto al eje vertical, sino teniendo un grado de inclinación hacia el exterior, provocando que parezca ligeramente más corto de lo que en realidad es. Y sosteniendo que la evidencia fósil es lo suficientemente sólida para demostrar que Spinosaurus habría tendido unas patas traseras considerablemente más pequeñas que en la mayoría de los terópodos.45

Alimentación

Diagrama del cráneo.
Es imposible decir si Spinosaurus eran principalmente predadores de tierra o pescadores, como indicaría sus dientes cónicos, la nariz alargada y estrecho hocico. La única evidencia directa proviene de Europa y de Sudamérica. Baryonyx fue encontrado con escamas de pescado y huesos de un pequeño Iguanodon en asociación con sus restos y un ejemplar sudamericano relacionado se encontró con huesos de pterosaurio,46​ lo que sugiere que cazaban ocasionalmente a estos reptiles voladores.
Diagrama que muestra a los músculos encargados de mover la mandíbula.
La hipótesis de los espinosáuridos piscívoros especializados se había sugerido antes por A.J. Charig y A.C. Milner para Baryonyx. Basan esto en la semejanza anatómica con los cocodriloideos y la presencia de escamas de pescados quemadas con ácido digestivo en la reja costal del espécimen tipo de Baryonyx.47​ Se sabe que hubo enormes peces en las faunas que contienen a otros espinosáuridos, incluyendo a Mawsonia, durante mediados del Cretácico de África y del Norte de Brasil. Spinosaurus es visto generalmente como un predador oportunista, comparable con el oso grizzly, pudiendo pescar, conseguir carroña o cazar presas. Posiblemente utilizara sus grandes garras para pescar, cazar, luchar y ahuyentar a otros carnívoros como Rugops y Carcharodontosaurus. Al tener unos dientes cónicos probablemente le servirían para sujetar como los cocodrilos actuales. Se ha sugerido que estos carnívoros enormes eran capaces de coexistir explotando diversos nichos ecológicos, particularmente porque los espinosáuridos tenían acceso más inmediato a la porción del alimento del agua dulce que los terópodos de una morfología más típica.

Función de la vela

Recreación de Spinosaurus, basado en los descubrimientos de 2014.
La función de la vela de este dinosaurio es incierta; los científicos han propuesto varias hipótesis que incluyen la regulación del calor corporal y la exhibición. Adicionalmente, un rasgo tan prominente en su espalda podría haberlo hecho lucir más grande de lo que era en realidad, intimidando a otros animales.13
Estas estructura puede haber sido usada para la termorregulación. Si contenía abundantes vasos sanguíneos, el animal pudo haber usado la gran superficie de la vela para absorber calor. Esto implicaría que el animal era solo parcialmente de sangre caliente y vivía en climas en los que las temperaturas nocturnas eran frías o bajas y el cielo no era nublado usualmente. También es posible que la estructura fuera usada para irradiar el exceso de calor del cuerpo, en lugar de recolectarlo. Los animales grandes, debido a su relativamente pequeña área de superficie comparada con su volumen total corporal (principio de Haldane), se enfrentan a mayores problemas para disipar el exceso de calor a altas temperaturas que para ganar a bajas temperaturas. Las velas de los dinosaurios grandes añaden un área de piel considerable a sus cuerpos, con un incremento mínimo de volumen. Más aún, si la vela era girada de manera que no quedara enfrentada al sol, o posicionada a un ángulo de 90° hacia un viento frío, el animal pudo haberse refrigerado de manera eficaz en el clima cálido de África en el Cretácico.48​ Sin embargo, Bailey (1997) era de la opinión que una vela podría haber absorbido más calor del que podría irradiar.13​ Bailey propuso en cambio que Spinosaurus y otros dinosaurios con largas espinas neurales sostenían en realidad jorobas con contenido graso en sus espaldas que eran útiles para almacenar energía, para aislamiento y protegerse del calor.13
Recreación en vida de un Spinosaurus nadando en su entorno. Basado en estudios recientes.
Las estructuras corporales de muchos animales modernos usualmente sirven para atraer a los miembros del sexo puesto durante la época de apareamiento. Es muy posible que as velas o jorobas de estos dinosaurios fueran usadas en el cortejo, de forma similar a la cola del pavo real. Stromer especulaba que los machos y hembras pueden haber diferido en el tamaño de sus espinas neurales.4

Gimsa et al. (2015) sugirieron que la vela dorsal de Spinosaurus era homóloga a las velas dorsales de los peces vela y servía a un propósito hidrodinámico.49​ Gimsa y colaboradores señalaron que los espinosáuridos más primitivos y de extremidades largas tenían velas redondeadas o en forma de creciente, mientras que en Spinosaurus las espinas neurales dorsales configuran una forma aproximadamente rectangular que se asemeja a la aleta dorsal del pez vela. De ahí que ellos propusieran que Spinosaurus usaba su vela dorsal de la misma manera que estos peces, empleándola con su cola larga y estrecha para aturdir a sus presas como el actual tiburón azotador. Los peces vela emplean sus velas dorsales para recolectar cardúmenes de de peces en un "salón de carnada" en la cual cooperan varios individuos para atrapar los peces en cierta área donde los peces vela pueden ir atrapando peces con sus hocicos. La vela pudo haber reducido la rotación al virar al contrarrestar la fuerza lateral en dirección opuesta a la diagonal como sugirieron Gimsa et al., (2015).
Finalmente, es muy posible que la vela o joroba hubiera combinado estas funciones, actuando normalmente como un regulador de calor, convirtiéndose en parte de su cortejo durante el apareamiento, siendo usada para enfriarse y siendo un medio de intimidación cuando el animal se sentía amenazado.13

En la cultura popular


Escultura basada en la reconstrucción de 2014, Museu Blau, Barcelona.
En la película Parque Jurásico III de 2001, un Spinosaurus representa el principal peligro para los protagonistas y es presentado como el depredador más grande y poderoso.50​ El paleontólogo que asesoró el filme, John R. Horner dijo al respecto: "Si basamos el factor de ferocidad en la longitud del animal, no hay nada en este planeta que pudiera rivalizar con esta criatura [Spinosaurus]. También tengo la hipótesis de que "T-rex" era en realidad un carroñero más que un asesino. Spinosaurus era en realidad el animal depredador."51​ En esta película de ficción mata a un Tyrannosaurus, que había sido la principal amenaza en las partes 1 y 2 de la saga. El Spinosaurus emerge victorioso encajando sus dientes en el cuello del Tyrannosaurus para después romperle el cuello de un giro.52​ En el cuarto filme de la saga, Jurassic World, hay una referencia a esta pelea cuando el Tyrannosaurus destroza el esqueleto de un Spinosaurus durante la lucha final de la película.53
Spinosaurus ha sido representado desde hace tiempo en los libros populares sobre dinosaurios, aunque solo recientemente se ha dispuesto de información suficiente sobre los espinosáuridos para realizar una representación acertada. A partir de la influyente reconstrucción del esqueleto realizada por Lapparent y Lavocat en 195554​ basada a su vez en un diagrama de 1936 elaborado por Stromer,55​ se lo ha considerado tradicionalmente como un terópodo con rasgos generalizados, con postura erguida, un cráneo parecido al de otros terópodos grandes y una vela en su espalda, y a veces incluso con manos de cuatro dedos.36
Además de las películas, figuras de acción, videojuegos y libros, Spinosaurus ha sido mostrado en estampillas postales de países tales como Angola, Gambia y Tanzania.5657
El espécimen descrito por Cristiano Dal Sasso (MSNM V4047), hallado en Kem Kem, Marruecos,5​ aparece en el documental Planet Dinosaur, junto con otros fósiles.




Erin Kelley (@crankycorvidae)



Usik Choi (@usikpaleoart)



Luis V. Rey (@LuisVRey)


George Williams (@neatodon)


Unas cuantas ilustraciones espinosaurianas... (y III)

Unas cuantas ilustraciones espinosaurianas... (II)

Unas cuantas imágenes espinosaurianas... (I)

 

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viernes, 22 de abril de 2016

Invitación a seguir IMAGINANDO DINOSAURIOS



Para enlazar con nuestra entrada anterior, en la que Jorge Saenz nos demuestra cuán arraigada está en nuestra cultura la iconografía del dinosaurio a través de las representaciones artísticas y la juguetería, me ha parecido oportuno ofrecer un comentario al respecto aprovechando un interesante artículo de Charlie Charmer en Koprolitos.
Recomiendo los recopilatorios de artículos y referencias dinosaurianas de Charlie Charmer. Su serie de artículos bajo el título "Imaginando dinosaurios" no tiene desperdicio y nos recuerda la labor conjunta de artistas, paleontólogos, biólogos y todo tipo de investigadores científicos y gráficos responsables de la imagen que tenemos de los más celebres animales extintos.
Ya en nuestros propios escritos preliminares a la existencia de El Animal Invisible como blog de divulgación de Antrozoología Artística, elaborados en un contexto académico serio, por así decirlo, remarcábamos el hecho de que si existe un caso claro en el que la asimilación de la imagen de un animal era vehiculizada por el trabajo de artistas y no por el de zoólogos es el de los dinosaurios y los animales prehistóricos en general. El tráfico de influencias entre todos ellos era muy abundante y acababa por dejar claro porqué los más admirados, los más ilustres y los mejores eran normalmente los más influyentes y, en definitiva, los creadores de la imagen colectiva de especies concretas, como el dibujo de Durero y el consecuente grabado de Gesner lo fueron en su momento de lo que en Europa se asimiló prácticamente como holotipo gráfico del rinoceronte. Eso es lo que nos recuerda Javi Godoy, también desde Koprolitos, con sus deliciosas entradas dedicadas a paleoilustradores ilustres y sus alargadas sombras, (como ya vimos respecto a Charles R. Knight)
Posiblemente, el ejemplo más paradigmático de lo que estamos diciendo sea el Iguanodon, cuyas primeras representaciones museísticas en los albores de la paleontología durante la época de la Inglaterra victoriana nada tienen que ver con las actuales. Y, casi con certeza, si tuviésemos que mencionar a un artista gráfico con sólidos conocimientos científicos que revolucionase la ilustración científica de los dinosaurios pasándolos de pesados y torpes animales de sangre fría a estilizados y rápidos animales homeotérmicos, tendríamos que referirnos, como hicimos entonces, a Gregory Scott Paul.

Si la película "Dinosaurio", de Disney, estaba protagonizada por Aladar, un ejemplar de iguanodón, está claro que su aspecto físico y su manera de moverse se ajusta a los cánones establecidos por los estudios gráficos de G. S. Paul, pionero en levantar las colas de los dinosaurios del suelo a modo de estabilizador (nunca más como mero apéndice arrastrado absurdamente por el suelo). Tal vez los primeros dinosaurios en movimiento naturalista sean los de "Jurassic Park" de Spielberg, pero tanto su película como la novela original de Crichton deben mucho a los artículos científicos y libros paleontológicos ilustrados por Gregory S. Paul, desmarcándose claramente de la influencia todavía persistente de otros grandes de la ilustración paleozoológica como Z. Burian.
Desde las primeras esculturas e ilustraciones representando iguanodones (los primeros dinosaurios descritos por la naciente paleontología británica) hasta las volumetrías promocionales del iguanodón de Disney se ha producido una evolución en la que el trabajo gráfico de G. S. Paul es decisiva. Obsérvese la diferencia entre la especulación de los artistas victorianos, con sus consecuentes y famosas recreaciones escultóricas, y las más recientes reproducciones basadas en los concienzudos estudios anatómicos, mecánicos y motrices de Grgory Scott Paul y sus discípulos.
Diríase que se trata de animales totalmente distintos, no sólo en su aspecto físico sino en el carácter y comportamiento que éste nos sugiere, lo cual nos recuerda que el grado de distanciamiento o capacidad de empatía y comprensión de otras especies es algo que también ha evolucionado, afectando a su representación gráfica tanto como tendríamos que considerar lo inverso: las representaciones gráficas influyen en las consideraciones que podamos tener de un animal concreto a la vez que indican en gran medida qué grado de conocimiento o comprensión tenemos de los demás miembros de la vida natural.




Recordemos que cuando se especulaba que los dinosaurios serían lentos y pesados, casi incapaces los de mayor tamaño de moverse fuera del agua, estos eran representados junto a ella o sumergidos en ella, y, en cambio ahora, cuando las más recientes teorías apuntan hacia criaturas homeotérmicas, de mayor rapidez de acción, y capacitadas para utilizar sus colas como contrapeso, y no como un apéndice reptante, las ilustraciones de los libros divulgativos sacan a los dinosaurios del agua y los muestran moviéndose por tierra firme. 
Cuando se invoca a un animal, se invoca a sus caracteres físicos, y también a los de comportamiento. El tricerátops, por ejemplo, siempre asociado a una versión antediluviana del rinoceronte, ha sido tradicionalmente dibujado con apariencia pesada. Pero también, como el rinoceronte se ha visto relacionado con la velocidad propia de un ariete capaz de agredir al temible tyranosaurio. Sin embargo, nos han pintado al tricerátops como un obeso y pacífico animal que sólo decargaba su furia en casos extremos, como si la potencia del impacto de su triple cornamenta dependiese sólamente de la inercia de su sobrepeso. La nueva concepción de los dinosaurios, alejada filogenéticamente de los reptiles, cercana a las aves, agilizada por su nueva sangre caliente tenía forzosamente que reflejarse de algún modo en las imágenes de todos sus representantes más populares.
El tricerátops no podía ser menos, como atestigua cierto dibujo de Gregory S. Paul, en el que tres tricerátops, significativamente estilizados, corren hacia nosotros recordándonos un travelling frontal cinematográfico. La sensación de gran angular imprime mayor velocidad a la escena, que muestra oportunamente una vista totalmente frontal del ejemplar que corre a la derecha de la imagen, un medio perfil izquierdo del que ocupa el centro y el flanco izquierdo del tercero, que parece que va a abandonar el margen izquierdo de la ilustración a toda velocidad, sensación acentuada por la polvareda levantada por la estampida (este y otros ejemplos de Gregory S. Paul están reproducidos en las páginas 223, 224, y 230 de Gould, S. J.: "El pulgar del panda"). 






Gregory S. Paul: "Tricerátops"
(reproducido de Gould, S.J.: "El pulgar del panda", p. 223, 224 o 230).


Caracteres físicos como indicadores de pautas de comportamiento, ¿cómo si no funciona la paleontología?. La profundidad del conocimiento que tengamos acerca de ambas categorías en animales similares, o en distintas nociones de un mismo animal, nos hará nombrar distinto o bien usar sinónimos confusos.
Adán pone nombres a los animales, los diferencia con mayor o menor exactitud, poniéndose a sí mismo como parámetro, pero las palabras se mueven con mayor rapidez e imprevisibilidad que cualquier animal.
La pantera y el leopardo, siendo el mismo animal, han generado ilustraciones propias, independientes pero intercambiables, de animales gatunos moteados. Los frecuentes casos de melanismo de este animal han originado un mito científico, entendiendo como tal cualquier creencia nacida de una confusa o errónea explicación científica cuya rectificación posterior arrastra vestigios de dicho error, que ya había calado en la aceptación popular. La ciencia también es tradición. El unicornio es un mito espiritual, el rinoceronte su confirmación. La pantera negra es un mito científico (sería más exacto decir pseudocientífico, pero la pseudociencia sigue los pasos de la "auténtica") que ha perdurado con obstinación en el imaginario de la "ciencia para todos públicos".




Brachiosurus (Gregory S. Paul)
Ilustración extraída de Gould: “El pulgar del panda”, p.224 (ver bibliografía)




Mafa Alborés


Sin más que añadir, de momento, os dejo con el artículo original de Charmer esperando que os despierte la imaginación y os anime a seguir buscando en estos excelentes contenidos que tan a menudo nos brindan los redactores de Koprolitos. Sin duda merece la pena.



http://koprolitos.blogspot.com.es/2016/03/imaginando-dinosaurios-i-despertando-la.html



IMAGINANDO DINOSAURIOS I: DESPERTANDO LA IMAGINACIÓN

Nuestra percepción del grupo de animales dominante durante el mesozoico ha variado con el tiempo. Hasta el siglo XIX sus restos pudieron ser interpretados como huesos de dragón o de gigante. Su irrupción como objeto científico dividió a creacionistas y evolucionistas, y sus descubridores fueron los primeros en darse cuenta de su potencial artístico y literario. En los 40 y 50, se creía que los dinosaurios eran animales estúpidos, condenados a desaparecer pero, a partir de los 70, se convierten en símbolo del éxito de la evolución [1] y en una advertencia para quienes podemos provocar el holocausto nuclear [2]. El siglo XXI los ha llenado de plumas y extendido por cada rincón del planeta.

Después de siglo y medio, lejos de haberse agotado, la ficción con dinosaurios nos sorprende cada día con nuevas propuestas, que se multiplican en una oferta cultural que abarca hoy de los cuentos infantiles a las novelas eróticas. Lo que nos deparará el futuro es imprevisible… aparte de la extinción, obviamente; pero esperemos que aún falte mucho para eso. Mientras tanto, deseamos que disfrutes cuanto puedas con el subgénero y, para que por nosotros no quede, hemos elaborado esta pequeña guía por entregas semanales que confiamos te sea de utilidad.

Charlie Charmer


1. Despertando la imaginación

El guardián del vellocino de oro, regurgitando a Jasón

Muchos autores de la antigüedad analizaron los fósiles correctamente: se trataba de restos de animales marinos que indicaban que la zona del hallazgo había sido alguna vez el fondo del océano [3]. No obstante, cabría plantear si en el origen de algunos mitos clásicos (gigantes [4], grifos [5], dragones [6]…) ha podido mediar el encuentro con algún fósil inexplicable. Sin embargo, a diferencia de los pequeños trilobites o nummulites, los de dinosaurio suelen aparecer fragmentados y dispersos, dificultando su comprensión incluso en aras de la imaginación.

En 1770, los mineros de la colina de San Pedro (Maastricht) encontraron un maxilar de mosasaurio a 455 metros de profundidad, que acabó en las manos del profesor del Museo Nacional de Historia Natural de París Georges Cuvier (1769-1832), que lo clasificó como especie extinta pese al dogma del plenum de la creación divina. Poco después, Cuvier bautizó e identificó como saurio extinto a un pterodáctilo [7]. Como sabemos, estas fascinantes criaturas no son dinosaurios aunque sean coetáneas, como sucede con el ictiosaurio que Mary Anning [8] (1799-1847) descubre en 1811 en sus paseos por los acantilados de Dorset.

Georges Cuvier, por Zdenek Burian

El primer fósil dinosauriano será el de un megalosaurio que encuentra en 1824 en una cantera de Stonesfield el reverendo William Buckland (1784-1856), profesor de mineralogía en Oxford que planteó la tesis bíblica del diluvio (sólo que repetidas veces) para justificar su extinción. Sus descubrimientos excitaron la imaginación de colegas contemporáneos, entre los que Allen A. Debus [9] sitúa a los pioneros de la ficción con dinosaurios.

William Conybeare [10] (1787-1857) flirteó con la ciencia-ficción al ilustrar y escribir un poema en 1822 en el que Buckland viajaba en el tiempo al entrar en una cueva y descubrir hienas primitivas vivas.

Henry de la Beche (1796-1855) también dibujó a Buckland en una cueva observando a animales extintos vivos –incluyendo ictiosaurios y pterosaurios- (A coprolitic vision, c.1830), y en Duria antiquior (1830) plasma sus descripciones de los descubrimientos de Mary Anning. Además, en Awful changes se burla de la tesis del geólogo Charles Lyell [11] (1797-1875) de que los cambios climáticos periódicos de la Tierra podrían llegar a conllevar la reaparición de los grandes saurios.

Duria antiquior

Otros geólogos harán incursiones en la literatura, como Edward Hitchcock [12] (1793-1864), que en 1836 publicó el poema The sandstone bird inspirado por la huella de un dinosaurio (un pájaro preadamita, según él). El leit-motiv de todas estas obras es que la Tierra alberga increíbles tesoros en su interior, escenario inevitable de muchos de los primeros relatos de dinosaurios.

La primera referencia literaria fuera del mundo de la ciencia es un simple guiño en el primer párrafo de Casa desolada (1852) de Charles Dickens (1812-70), que no vuelve a referirse a fauna extinta en toda la obra y no utiliza el término “dinosaurio” acuñado en 1841 por Richard Owen [13], que ese mismo 1852 construyó junto al artista Benjamin Waterhouse Hawkins [14] (1807-94) 33 modelos a escala real para el Crystal Palace.

Iggy en restauración. Tomada por quien suscribe en Crystal Palace en noviembre

En 1861 se publica la póstuma Paris avant les hommes, una curiosa narración novelada con afán pedagógico de otro científico, Pierre Boitard (1789-1859). En esta ocasión, el autor no se adentra en cuevas oscuras, sino que es llevado por los aires por un diablo [15] que le muestra toda la fauna extinta conocida en su tiempo.

El 25 de noviembre de 1864 aparece Viaje al centro de la Tierra de Julio Verne (1828-1905), ilustrada por Edouard Riou [16] (1833-1900). Verne va más allá de los relatos o ilustraciones en que reviven seres extintos en cuevas, explotando la creencia de la tierra hueca [17]. Aunque sólo aparecen saurios marinos y no dinosaurios, su tremendo éxito [18] catapultará la paleoficción.

Ilustración de Riou para Viaje al centro de la Tierra

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[1] Debus, A.A. (2013) “An overview of paleoimagery” en Dinosaur sculpting. Jefferson (North Carolina): Mc Farland & Co.
[2] Sanz, J.L. (2002) Starring T.Rex! Bloomington: Indiana University Press.
[3] En el siglo VI a.C., Anaximandro llega a afirmar que la vida surgió del agua y que el hombre provenía de otra especie, Jenófanes (ss.VI-V a.C.) deduce que el nivel del mar varió con el transcurso del tiempo. Estrabón (ss. I a.C.-I d.C.) explicará los fósiles encontrados en el desierto con estas tesis que, a través de Avicena (980-1037), llegan al Renacimiento. Shen Kuo (Mengxi bitan, 1088) deduce de las conchas fosilizadas de la montaña de Taihang que, en un pasado remoto, la provincia de Shanxi estuvo bajo el mar. Du Wan (Catálogo de rocas del bosque brumoso, c.1133) describe conchas y peces, tratando de aclarar las causas de su fosilización.
[4] Así interpretaron los restos de grandes vertebrados que los indígenas americanos mostraron a los conquistadores autores como Francisco López de Gomara (Historia de la conquista de México, 1552), Pedro Cieza de León (Crónica del Perú, 1553), Antonio de Herrera y Tordesillas (Historia general de los hechos de los castellanos, 1601-1615), Bernal Díaz del Castillo (Historia verdadera de la conquista de Nueva España, 1632) o Reginaldo de Lizárraga (Descripción breve de toda la tierra del Perú, Tucumán, Río de la Plata y Chile, 1908).
[5] Véase Mayor, A (2000) The first fossil hunters: paleontology in greek & roman times, Princeton University.
[6] Pese a la creencia general, los dragones han surgido de la inspiración de los hombres utilizando como modelos a serpientes y cocodrilos, esto es, animales contemporáneos. El término “dragón” proviene del griego δράκων (latín: “draco”), que significa igualmente “serpiente”, y tal era era el aspecto que ofrecían en la antigüedad clásica, como se aprecia en la siguiente imagen, que retrata al guardián del vellocino de oro, regurgitando a Jasón. Teniendo en cuenta que en la Biblia la serpiente representa al diablo, es comprensible que la influencia judeocristiana no fuera positiva para estas criaturas, cuya fisonomía se transformará en el medievo, -tal vez- a la luz del descubrimiento de nuevos fósiles o por influencia china, a través del testimonio de Marco Polo:
En esta provincia hay grandes culebras y serpientes, tan enormes que causan terror. Son horribles, de 10 pasos de largo y gordas como un haz de trigo; tienen dos piernas delanteras cerca de la cabeza, pero sin pies y sólo con una como las del león o del halcón. La cabeza enorme y los ojos como un pan. La boca tan amplia, que se tragarían a un hombre entero de una vez.” Polo, M. (1983). Libro de las maravillas (Mauro Armiño, trad.). Madrid: Anaya (Original de 1299).
El descubrimiento de América supuso la toma de contacto con nuevos restos y mitos, entre los que destaca la serpiente emplumada olmeca y sus equivalentes maya (Kukulkán) o azteca (Quetzalcoátl). También los indios norteamericanos imaginaban dragones, sobre todo serpientes acuáticas. Muchas tribus usaban fósiles como amuletos o medicinas y hay pinturas anasazi en Utah cerca de icnitas de dinosaurio, que los iroqueses arrancaban en bloques de roca que llamaban “uki”, con fines religiosos. Las faldillas usadas en la danza Hopi de la Serpiente están adornadas con icnitas tridáctilas de dinosaurio, en las que también inspiraron sus petroglifos los indígenas de Paraíbo, en Brasil. Pereda Suberbiola, X. y Díaz-Martínez, I. (2011). “Los fósiles de dinosaurios como Geomitos” en Enseñanza de las Ciencias de la Tierra, vol.19, nº2, pp. 141-148
Chang Qu describió en Crónicas de Huayang (siglo IV a.C.) unos posibles restos de dinosaurio hallados en Sichuán como huesos de dragón, cuyo hallazgo también se atestigua en el año 133 a.C. durante el trabajo en un canal en Historia de la Antigua Dinastía Han (c.100 d.C.). A comienzos de 2015, al descubrirse los restos del qijianglong, se especuló sobre que la forma alargada de los dragones orientales pudiera deberse al hallazgo de cuellos de saurópodo, aunque la teoría más consolidada los relaciona con cocodrilos.
[7] Descubierto en Eichstätt (Bavaria) en 1784 por Cosmo Alessandro Collini.
[8] En 1824 encuentra un plesiosaurio completo y en 1828 un pterodáctilo, que Buckland describió el siguiente año a la Sociedad Geológica de Londres.
[9] Debus, A.A. (2002) Paleoimagery. Jefferson (Carolina): Mc Farland & Co; (2006)Dinosaurs in fantastic fiction. Jefferson: Mc Farland & Co.
[10] Propuso a Gideon Mantell asignar el fémur que había hallado en 1825 en Brighton -que creía de megalosaurio- a un iguanodon. En 1832, Mantell descubrió el hylaeosaurus en el bosque de Tilgate.
[11] Ferviente defensor de las teorías de su amigo Charles Darwin, en Principios de geología (1830-33) asume la tesis uniformista de James Hutton (1726-97) frente al catastrofismo de Cuvier o Buckland.
[12] En 1835-48 descubrió icnitas que atribuyó a aves hasta que Thomas Henry Huxley (1825-95) aclaró que eran de dinosaurio.
[13] En la reunión de la Asociación Británica del Colegio Real de Cirujanos de Plymouth del 2 de agosto propuso agrupar megalosaurio, iguanodon e hylaeosaurus en un solo género, caracterizado por dedos cortos en el pie, cinco vértebras fundidas en el cinturón pélvico y hábitat terrestre. Owen creía que, al ser reptiles de sangre fría, se extinguieron al variar la temperatura.
[14] En 1868 montó el primer esqueleto de dinosaurio (un réplica de hadrosaurio) –el primer esqueleto real se montó en 1901- y proyectó el Museo paleontológico de NY, que destruyó el mafioso “Boss” Tweed en 1871. También realizó reconstrucciones para la Universidad de Princeton o el centenario de la independencia en Filadelfia.
[15] Ya había utilizado este recurso en sus Estudios astronómicos (en Musée des familles, 1838-40). Otro astrónomo, Camille Flammarion (1842-1925) publicó Le Monde avant la création de l'homme (1885), con 400 grabados.
[16] Dibujó dinosaurios para El mundo antes del diluvio (1865, Louis Figuier).
[17] Identificada en la antigüedad con el infierno al que bajarán Gilgamesh, Orfeo o, más tarde, Dante. Edmond Halley (1656-1742) elucubró sobre el tema buscando explicaciones a las desviaciones magnéticas. Antes de Verne, había ambientado obras fantásticas comoEl mundo ardiente (1666, Margaret Cavendish), La vida, aventuras y viaje a Groenlandia del Reverendo Padre Pierre de Mesange (1720) de Simon Tissot de Patot (1655-1738) -también pionero del subgénero de los “mundos perdidos” con flora y fauna prehistórica enViajes y aventuras de Jacques Massé (1714)-, Relación de un viaje del Polo Ártico al Antártico a través del centro de la Tierra (1723, Anónima), Lamékis (1735, Charles de Fieux), Viaje subterráneo de Nicolás Klims (1741, Ludvig Holberg), Icosamerón (1788, Giacomo Casanova), Symzonia (1820, Adam Seaborn), Cuento improbable (1825, Faddei Bulgarin), La narración de Arthur Gordon Pym (1833, Edgar Alan Poe) o Laura (1864, George Sand).
[18] Entre otros, la han adaptado -algunos muy libremente- al cine Henry Levin (1959), José M. Fernández Unsain (1965), Juan Piquer (1976), Rusty Lemorande y Albert Pyun (1989), Jean-François Laguione (2001, animación) o Eric Brevig (2008), a televisión William Dear (1993), George Miller (1999), T.J. Scott (2008) o –animados- Hal Sutherland (1967), Claudio Biern Boyd (1993) y Laura Sepherd (1996), y al cómic Albert Kanter (Classics illustrated #138, 1957), Víctor Mora/Luis Casamitjana (Joyas literarias juveniles #21, 1971) o Lewis Helfand/ Vinod Kumar (2011).