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sábado, 23 de mayo de 2020

Tim Klein despieza el concepto de fotomontaje, de imagen compuesta y de animal

Tim Klein
"Pig Jaw Suzzle # 2", 11 x 9 pulgadas. Todas las imágenes © Tim Klein, compartidas con permiso

Tim Klein
Vivimos tiempos de saturación de imágenes, de imágenes que se mezclan y superponen, que se entrelazan, se entrecruzan tanto en nuestra memoria como en los propios medios artísticos y audiovisuales.

La imagen fragmentada y refragmentada es uno de los temas ineludibles de la historia del arte y la comunicación.

De hecho toda imagen es un fragmento compuesto de fragmentos, una especie de rompecabezas que debería recordarnos que todas las imágenes que vemos hoy en día a través de las redes no son más que mosaicos de baldosas cuadradas multicolores vistos en la lejanía. Las imágenes raster o bitmap sirven para reproducir una pintura o un dibujo, un diseño o una fotografía, sean de origen digital o matérico, y su forma corpórea, o incorpórea, es exactamente la misma cuando llegan a nosotros, y sobre ello se han hecho interesantes reflexiones cargadas de significado asociado a la resolución de dichas imágenes, a su tamaño, o al tamaño relativo al número de píxeles que las componen.

Tim Klein
En el trabajo que exponemos hoy, Tim Klein se limita a jugar con este concepto utilizando como piezas para componer sus peculiares fotomontajes, o collages, pues de eso se trata al fin y al cabo, con un método tan aparentemente prosaico como mezclar las piezas ya de por sí reconocibles en sus característicos contornos de los rompecabezas que los hispanohablantes distinguimos como puzzles genuinos, aunque ambas palabras (rompecabezas y puzzle) sean sinónimas en principio, desde su supuesta invención por John Spilsbury en el siglo XVIII.

Hoy en día asociamos a la idea del rompecabezas de múltiples caras también al invento de Larry D. Nichols, el auténtico precedente del famoso diseño del "Cubo de Rubik", o los típicos rompecabezas infantiles de cubos que albergan un cuadro de una imagen en cada una de sus caras.

Pero en sentido tridmensional estricto, un rompecabesa es cualquier cosa u objeto descompuesto o desmontado en partes cuya ubicación exacta desconocemos. Para un anatomista un esqueleto es un rompecabezas a desentrañar. Para un paleontólogo, además, la comprensión de la relación entre las piezas óseas y el tejido desaparecido supone la recomposición de un rompecabezas al que le faltan casi todas las piezas.

Ignoro, aparte del origen de los mapas troceados de Spilsbury, cuándo empezaron a hacerse las características piezas siempre desiguales de contornos con entrantes y salientes (en cada dos caras opuestas de cuadrilátero paralelogramo) característicos que nos hacen pensar directamente en los puzzles de imágens planas, pero este diseño icónico es per se una seña de la imagen compuesta (o mejor dicho descompuesta) en fragmentos aleatorios que, paradójicamente, sólo admiten una posición en relación al contorno de las piezas que encajan con ella.

Tal vez en la rotura de dicha regla radique el encanto o el pequeño prodigio de las composiciones de Klein, que se limita a usar la misma plantilla de corte para diferentes imágenes con el fin de combinarlas y establecer su juego de equívocos cuya gracia radica en evidenciar el truco, la trama y el cartón.

Lo interesante de las obras de Klein es que dependen del azar, de localizar puzzles del mismo fabricante que se hayan servido de la misma plantilla de corte para imágenes de la misma medida y se ve condicionado por ello. El artista decide qué imágenes combinar y cómo, pero dentro de ciertas limitaciones que incluyen por supuesto la escala de dichas piezas, cuyas medidas figuran incluso en su exposición online porque se corresponden a obras sólidas, concretas, aunque si miramos con detalle y aumentamos su versión en pantalla nos encontraremos tantos píxeles y tan pequeños como permita la mayor o menor resolución de la imagen que la traduce en pantalla. Pensemos que, hoy en día, es posible convertir en puzzle nuestras imágenes en ciertos establecimientos que ofrecen tal servicio mediante un troquel pautado, y éste es siempre el mismo. Por lo tanto, uno podría llevar a cabo un proyecto en que mezclase puzzles de imágenes completamente propias u originales.

Tendréis que visitar su web o su página de Facebook para descubrir sus trabajos, que son bastante interesantes pese a la aparente simpleza de su planteamiento, con lo que el divertimento traspasa ciertas fronteras intelectuales. Aquí sólo ofrecemos algunas que ilustran la necesidad del arte de abordar nuestra relación con la naturaleza en contraste con el artificio y la presencia humana y, sobre todo, nuestra añoranza de dejar paso a la imaginación y la especulación para construir quimeras zoológicas con la imagen mental de los animales y su descomposición en partes significativas o visualmente llamativas o simbólicas.

Con respecto a la descomposición de imágenes en piezas que nuestra percepción visual agrupa con una coherencia de conjunto hemos visto muy interesantes trabajos artísticos recientes que lo explotan al tiempo que nos hace reflexionar sobre ello, como conseguían hace apenas unos meses los animales pixelados de Mikami Yoshiyuki y JJSmooth:

Perro salvaje africano. Se estima que quedan entre 3.000 y 5.500





Todas las imágenes son propiedad de JJSmooth44
El resultado atañe a diferentes niveles de nuestra percepción, nos hace pensar en nuestras limitaciones sensoriales para percibir el mundo y en los ajustes que nuestros artificios hacen en este sentido para ser incluidos en nuestros márgenes de comprensión. 
Atañe también a la evolución tecnológica de la fotografía desde lo analógico a lo digital, coincidiendo con una modernidad industrial y mercantilista que agota los recursos naturales hasta asfixiar a sus habitantes. 
También ofrece una interesante propuesta estética que juega en sentido inverso a sus pretensiones, dado que las especies más escasas deberían ser más dignas de ser "conservadas" o "preservadas" en imágenes lo más ricas y detalladas posible, pero de lo que se trata es de contrastar el valor entre un ser vivo y su mera representación gráfica.


Googlegrama de Joan Fontuberta
No obstante, el formato en sí, la imagen de mapa de bits, se delata como convención gráfica también dependiente de recursos: a más pixeles y a más niveles de brillo, matiz y saturación por cada píxel, más poder informativo podrán albergar, o se tornarán ineficaces, o en todo caso, a lo sumo, sólo sugerentes, enigmáticas o misteriosas.

Sería una grave omisión no hacer mención de la importancia de los googlegramas de Joan Fontcuberta, basados en algoritmos de análisis de tonalidad general de una imagen para seleccionarla como píxel integrante de otra a mayor escala, lo que no sólo asocia artifial y gráficamente múltiples imágenes, sino que, al ser escogidas mediante búsquedas concretas en internet, apuntan a posibles interconexiones gráficas asociadas a un campo semántico o temático, como cuando, por ejemplo, nos mostraba la versión en mosaico fotográfico de un retrato de George W. Bush y sus socios Blair y Aznar en la crisis bélica de Irak, construído con imágenes asociadas a la búsqueda de su nombre en Google, y casi todas estas imágenes muestran testimonios de crisis económica, de violencia social o de guerra.

Sin embargo, no podemos obviar que alguna de las elecciones de Fontcuberta no son sencillamente imágenes universalmente reconocibles e icónicamente célebres, sino que además lo son pese a su imperfección, su indefinición o su deterioro.

El caso del fragmento de "La Última Cena" del mural de Leonardo da Vinci apunta precisamente al crítico grado de legibilidad del original, lleno de espacios vacíos y, por así decirlo, prematuramente "pixelado" o indefinido, lo cual adecúa esta pintura en particular para ser convertida a fragmento cromáticos que, en detalle, se corresponden en realidad a otras imágenes en un bucle de multiversos interconectados.

Imposible no referirnos también a la anticipación de Chuck Close a las imágenes rasterizadas, con sus mosaicos cromáticos reconstruyendo rostros como un escáner humano incapaz de  establecer campos diferenciados de reconocimiento facial, debido en parte a su pericia pictórica asociada a su pericia fotográfica, pero ambas condicionadas por su prosopagnosia, o incapacidad para el reconocimiento de rostros.

"Autorretrato", Chuck Close


Chuck Close
Técnicamente un Googlegrama es el resultado de la conexión entre dos universos aparentemente dispares: el buscador google y la tradición de los mosaicos.

Las fotografías obtenidas en la red, han sido recombinadas mediante un programa freeware de foto mosaico conectado online al navegador.

El resultado final es un foto-montaje en forma de mosaico compuesto de 10.000 imágenes disponibles en Internet. Por ello Fontcuberta aplica como criterio de búsqueda algunas palabras-clave relacionadas con el tema de la foto, haciendo que la variable de búsqueda sea, simultáneamente, el resultado plástico del rastreo.

Joan Fontcuberta

Para realizar el Googlegrama Prestige se han buscado a través de Google 10.000 imágenes aplicando como criterio de búsqueda los nombres de los buques causantes de los principales vertidos petrolíferos en el mar, entre 1960 y la catástrofe del Prestige en 2002: Sinclair Petrolore, Assimi, Heimvard, Torrey Canyon, Mandoil, World Glory, Julius Schndler, Othelo, Ennerdale, Wafra, Texano Denmark, Trader, Taxanita-Oswego Guardian, See Star, Napir, Polycommander, Olimpyc Braveary, Urquiola, Hawaiian Patriot, Amoco Cádiz, Tadotsu, Andros Paria, Ixtoc I, Atlatntic Empress, Patianna, Burmah Agaete, Independeza, Irenes Odyssey, Exxon Valdez, Prestige, entre otros.

Joan Fontcuberta
Googlegramas
Internet ha extendido la noción de una memoria universal y democrática, exhaustiva y accesible a todos, cumpliendo el sueño de la “noosfera” predicada por Teillard de Chardin. En el proyecto “Googlegramas” se pone a prueba hasta que punto esa utopía dista de convertirse en realidad.
En la actualidad abundan los software de fotomosaico, una técnica de ilustración digital utilizada en diseño y en publicidad desde mitad de los 90’s. Un fotomosaico es la reconstrucción de una imagen-modelo a base de una estructura reticular de pequeñas imágenes-celdilla.

Joan Fontcuberta
Joan Fontcuberta

A una cierta distancia reconocemos el modelo de origen, pero una observación más cercana nos permite apreciar el contenido de las muchas imágenes de las que la reconstrucción está compuesta.

El fotomosaico constituye una especie de palimpsesto perceptivo. Con los “Googlegramas” una serie de imágenes (elegidas por su carácter de iconos de nuestro tiempo) se rehacen con este recurso, pero conectando el programa a internet para que a través del buscador Google –el buscador de referencia– localice todas las imágenes disponibles según un criterio de búsqueda determinado por ciertas palabras clave.

Joan Fontcuberta

El procedimiento permite establecer una relación (poética, dialéctica, política, etc) tanto entre la palabras de búsqueda y la imagen matriz, como entre las palabras de búsqueda y las imágenes asociadas a estas palabras en el momento concreto de la búsqueda.

El dispositivo moviliza, pues, de una forma no controlada por el operador, tanto los accidentes lógicos (polisemias, homonimias, superposición de idiomas...) como las censuras, filtros y jerarquizaciones temáticas que el buscador subrepticiamente impone.


Joan Fontcuberta

Joan Fontcuberta (Barcelona, 1955) vive y trabaja en Barcelona. Es fotógrafo, teórico, crítico, docente, comisario de exposiciones, profesor en algunas universidades extranjeras y de la UPF desde 1993.

Desde hace décadas cada trabajo de Fontcuberta reivindica la necesidad de una profunda autorreflexión a través de la imagen. Es autor de libros como El beso de Judas, Fotografía. Crisis de historia o Estética Fotográfica. Su obra ha sido expuesta en Galerie VU, Quebec (2007); Aperture Foundation, Nueva York (2006); Instituto Cervantes, París, (2005); Galería Sinopsis, Lausana (2004); ARTIUM, Vitoria (2003); Zabriski Galley, Nueva york (2003 y 2004); Palazzo delle Esposizioni, Roma (2001); Museum of Fine Arts, Fuki, Japón; Redpath Museum, Montreal, Canadá (1999); o la Graves Art Gallery Sheffield (1998).
(...)
Continuamos nuestra pequeña trilogía sobre Animales y Publicidad a partir de campañas dedicadas precisamente a la protección de los animales, y, por tanto, a reclamar la atención sobre su escasez.
El tigre de Amur. Se estima que quedan unos 450

Nos encontramos, por tanto, ante el uso de imágenes de animales que han de expresar su rareza, su progresiva y alarmante desaparición, visibilizando, por tanto, lo cada vez más difícilmente visible.

Seguimos la estela trazada en nuestra entrada anterior dedicada al proyecto Poulation By Pixel continuado conceptualmente por JJSmooth44.
En esta selección de imágenes de especies animales reproducidas en tantos píxeles como ejemplares quedan de la especie observamos la oportuna aliteración de diferentes figuras retóricas a través del lenguaje visual y de su propia metodología de reproducción.

El mosaico, intrínseco a la constitución de una imagen de mapa de bits, el formato en que las imágenes circulan por la red, apunta en diferentes direcciones significativas, pues atañe tanto a la rapidez de su desplazamiento, carga y descarga, como a la cantidad de información gráfica que aportan.

Cuanto menos "pesan", en este caso en concreto, más rápidamente difunden la ausencia de ejemplares de las especies implicadas.


Tigre Indochino. Se estima que quedan entre 600 y 650

Pero también, a esta metáfora y a esta precisa analogía, se une la metonimia en la que observamos la parte por el todo y en la que las críticas condiciones de percepción agudizan el grado de observación reflexiva.

Y dicha metonimia, tal y como está construida mediante defragmentación también apunta al problema de la imagen que habla de sí misma y de su percepción, del cuadro dentro del cuadro.



Elefante pigmeo de Borneo. Se estima que quedan unos 1.500
Revisaremos, también, trabajos de otros artistas que contemplan aspectos límite de la percepción de imágenes, especialmente cuando estas atañen a la percepción del entorno natural o de los otros animales con los que lo compartimos, pero, sobre todo, lo enfocaremos hacia proyectos artísticos relacionados con la fotografía, los animales y el paisaje, y la imagen autoinclusiva, la imagen dentro de la imagen, así como aquellas imágenes que presentan desafíos a la percepción o nos hablan de sus propios entresijos para ser percibidas.

Para ello os ofreceremos extractos de entradas precedentes completados para la ocasión y confiamos en que sean de vuestro interés.

La visión fraccionada, fragmentaria, constituye algo intrínseco a nuestra percepción visual, apenas un mero fragmento del campo visual potencialmente perceptible por otras especies animales.

El tigre de Bengala. Se estima que quedan unos 2.500

La fotografía, el dibujo y la pintura son vicarias de nuestra propia limitación óptica, Nuestro campo visual es fragmentado, como lo es el fotográfico.

El acicate para nuestra percepción intrínseco en la percepción fraccionada se sustenta en lo que las leyes de la Gestalt definen como ley de la experiencia y ley del cierre.

Completamos, interpretamos formas completas, a partir del conocimiento previo y posterior reconocimiento de dichas formas.


Aprendemos a jugar con las posibilidades de nuestra percepción experimentando con diversos recursos gráficos y visuales que aumentan nuestra experiencia visual y amplían nuestras expectativas.




Le debemos a Grace Ebert, desde su comentario en las selecciones de Colossal,  el descubrimiento de las piezas, nunca mejor dicho, de Tim Klein, (de quien ya había ofrecido una reseña Laura Staugaitis
en la misma página web):
Rompecabezas antiguos mezclados pieza por pieza en montajes surrealistas por Tim Klein
5 de mayo de 2020
Grace Ebert

Aunque aparentemente solo hay una forma de armar un rompecabezas, Tim Klein (anteriormente) se ha desviado del método tradicional de seguir la foto en la caja para ensamblar arreglos inusuales de animales híbridos y objetos cotidianos. El artista con sede en Vancouver, Washington, combina dos rompecabezas antiguos que son similares en composición, creando extrañas amalgamaciones que colocan a un erizo encima de un panecillo y enmascaran la cara de George Washington con vegetación verde y una cascada.

En un comunicado, Klein dice que a menudo utiliza piezas troqueladas del mismo fabricante, lo que le permite conectar porciones de dos conjuntos diferentes. "Me complace descubrir imágenes tan extrañas que yacen destrozadas, a veces durante décadas, dentro de las cajas de cartón de los rompecabezas comunes producidos en masa", dice el artista.

Aunque muchos de los rompecabezas de Klein están agotados (él mismo señala que necesita más material fuente para crear más), puedes seguir las combinaciones humorísticas en Facebook.


Izquierda "" Pupcake ", 10 x 10 pulgadas. Derecha: "Muffin", 10 x 10 pulgadas

Vintage Jigsaw Puzzles Blended Piece-by-Piece into Surreal Montages by Tim Klein

May 5, 2020



“Waterfall Grille,” 6 x 18 inches



“Washington,” 18 x 24 inches



“Metamorphosis (Unburdening),” 24 x 18 inches

“Bow Wow,” 15 x 7 inches

“Were-Rabbit,” 11 x 9 inches


 https://www.thisiscolossal.com/2020/05/tim-klein-vintage-puzzles/

Tim Klein



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martes, 5 de noviembre de 2019

joyas de la naturaleza y joyas de la podredumbre por Kathleen Ryan




Hoy ofrecemos un trabajo artístico que nos habla acerca de nuestra percepción basada en contrastes. Contrastes que se basan en información ancestral de nuestros sentidos, que contrastaron desde sus inicios los indicios entre lo que es bueno o no es bueno para comer, por ejemplo, propiciándonos un sentido de la vista no sólo esteroscópico y tridimensional para no caernos de las ramas de los árboles, sino permitiéndonos además percibir la tridimensionalidad no sólo del espacio, sino de la posición de los objetos móviles en éste, algo propio de todo depredador de visión forntal, capaza de calcular el salto preciso para una captura. Lo curioso del caso es que los depredadores no suelen apreciar los colores, o lo hacen en un espectro muy limitado.

Sin embargo, nuestro pasado arborícola y frugívoro propició que nuestros ojos evolucionaran para ampliar las células fotosensibles que nos ayudaban a distinguir incluso de lejos la fruta madura, en connivencia con los propios árboles que generaron un código cromático con las especies que polinizaban sus flores o consumían sus frutos para diseminar sus semillas.
 
Observar el color de la fruta y de los vegetales en general nos ha hecho ser como somos, y, con el tiempo, apreciar los colores desde una perspectiva estética y artística, además de afinar nuestra apreciación visual hasta ejercerla artísticamente imitando las formas de la naturaleza. Por eso nuestro rango de contraste se ha ampliado hasta ser capaces de incluir en sus categorías el contraste entre naturaleza y artificio, cosa que el arte figurativo y el hiperrealismo se han encargado de afinar.

Hace ya tiempo que guardamos entre nuestros borradores las referencias al peculiar trabajo escultórico y, a la postre, pictórico, puesto que de color hablamos, de Kathleen Ryan. Su ámbito de trabajo, no obstante, no se calificaría como pintura ni como escultura en galería de arte alguna, y, aunque recurre a técnicas propias de la joyería, tampoco se puede decir que produzca piezas típicas de lo que esperamos adquirir en tal ipo de establecimientos, aunque lo cierto es que cada una de sus obras constituye una joya de la observación y un reto a renunciar a nuestras prerrogativas percepcivas, basadas en apreciar lo bello en relación a su adecuación para nuestro consumo.

Las obras de Ryan nos hablan de eso, de la belleza de lo vivo, de su riqueza cromática, de su riqueza de texturas y de su evocación de microuniversos, de biotopos de microorganismos que atávicamente hemos rechazado por cuestiones de salud e higiene. Hongos, mohos y otros signos de lo que denominamos podredumbre no son más que rasgos típicos del tránsito vital de los seres vivos cuando ceden su vida a los depositarios de su legado.

Nos resistimos a apreciar la belleza posible en los hermosos colores y texturas ópticas y táctiles de estas formaciones orgánicas porque nos señalan el final de aquella que invaden, que ya no es válida para su consumo, que pierde por tanto parte de sus atribuciones para albergar belleza sensorial más allá de lo meramente visual. Somos entonces esclavos de advertencias atávicas, pero sí apreciamos la belleza de las observaciones mesuradas de los artistas, cuando el artificio se antoja natural.

Nos gustan las flores y las frutas tan rematadamente hermosas y perfectas que parecen artificiales, de plástico, y preferimos las flores artificiales que parecen naturales por mostrar imperfecciones, por mostrarse etrenamente un poco mustias.

Kathleen Ryan nos habla de todo esto y además nos recuerda hasta qué punto, inmersos en la era digital, asumimos ver imágenes formadas por mosaicos de píxeles o cualquier otra unidad cromática que componga un conjunto que podamos apreciar como un todo o una unidad reconocible. Algo que ya habíamos observado en el caso de la esculturas de animales "pixelados" tridimensionalmente por Shawn Smith.

Ryan compone o cubre sus frutas y vegetales modelados con cuentas de colores, con pequeñas esferas de diversas medidas y colores que ofrecen una versión tridimensional del puntillismo de Seurat.

Esta apreciación analítica de su trabajo tal vez parezca un tanto excesivamente sesuda al contemplar estas piezas que tal vez sugieran sólo posibilidades decorativas, razonablemente amables o simpáticas en su guiño a la imperfección, como suele ocurrir con el arte hiperrealista cuando se limita a ofrecer sorpresas visuales o guiños al espectador.

Pero las piezas de Ryan sirven para algo más que para llenar un original frutero o servir de elementos de bodegón, ya que, al fin y al cabo, van más allá y reflexionan sobre el concepto y los límites de la "naturaleza muerta" a través de una apariencia de naturaleza viva. Incluso se podría decir que busca romper los límites entre organismo individual y organismo colectivo, compuesto por células individualmente o por miríadas de ejemplares, com en el caso de las formaciones de coral.

Indagando entre sus otros trabajos, ajenos a esta serie concreta, encontramos otros ejemplos bastante diferenciados de observación de las formas orgánicas, de inspiración en la mecánica y la dinámica de lo vivo, sin renunciar a sus posibles cargas simbólicas. Es por ello que acompañamos esta pequeña disertación con imágenes de algunas de estas obras para poner en contexto su serie de frutas podridas.

Por lo tanto, viendo el contexto de su obra artística, su joyería frutal elogiando la vida de los hongos y los mohos, su particular exaltación de la podredumbre y de la imagen de mapa de bits nos parece digna de observación a la par que contundentemente hermosa y atractiva desde una perspectiva mucho más superficial que no tiene porqué ser la única con que contemplemos su interesante trabajo que, como podéis comprobar, no está exento de experimentación material y formal, siempre marcado por una observación concienzuda de las formas de la naturaleza.
(Mafa Alborés)

Laura Staugaitis nos presenta así esta serie de la artista norteamericana en COLOSSAL (16 de octubre de 2019):

Las esculturas de frutas mohosas formadas a partir de piedras preciosas desafían las percepciones de la decoración y la descomposición




"Bad Lemon (Creep)" (2019). Todas las imágenes son cortesía del artista y Josh Lilley, Londres. Fotografías de Lance Brewer.

La artista Kathleen Ryan crea una conversación entre lo bello y lo grotesco en sus enormes esculturas de fruta cubierta de moho. La artista con sede en Nueva York utiliza piedras preciosas y semipreciosas como malaquita, ópalo y cuarzo ahumado para formar el simulacro de podredumbre verde común en cada fruta. Trabajando a escala mayor que la natural, Ryan crea una base de espuma, pintada rudimentariamente para trazar las áreas frescas y podridas en la superficie. Luego coloca individualmente cada piedra preciosa, con formas, tamaños y colores variados que emulan el cambio de lo deseable a lo desagradable. Los limones son sus favoritos particularmente, pero Ryan también trabaja con naranjas y peras, y cada trabajo a escala de 6 a 29 pulgadas. "Las esculturas son hermosas y placenteras, pero hay una fealdad y malestar que las acompaña", manifiesta Ryan al New York Times. (The New York Times.(


Ryan está expuesta por la galería con sede en Londres Josh Lilley, donde tuvo una exposición individual en 2018. Este año, Ryan exhibió su trabajo en exposiciones individuales en The New Art Gallery en Walsall, Reino Unido y en el Centro de Artes Visuales List del MIT (List Visual Arts Center) en Cambridge, Massachusetts, así como parte de  Desert X en Coachella, CA. La artista cursó estudios de Arte y Antropología en Pitzer College y recibió una Maestría en Bellas Artes de la U.C.L.A. Vean más de la amplia práctica artística de Ryan en Instagram y exploren más de su trabajo en el sitio  web de la Galería Josh Lilley.


















Enlaces:

https://www.instagram.com/katieryankatieryan/

https://www.thisiscolossal.com/2019/10/kathleen-ryan-moldy-fruit/

https://www.instagram.com/p/B2ekksLBx-2/?utm_source=ig_embed

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La mejor definición de la Imagen Animal actual mediante la peor definición de la Imagen Animal actual. Mapas de bits y mosaicos fotográficos por Mikami Yoshiyuki y JJSmooth44. Googleramas de googleramas. El cuadro dentro del cuadro.(II)

espejos, imágenes rasterizadas y pingüinos: Daniel Rozin

Masayoshi Matsumoto. Fauna neumática y caracoles zombie.

Felix Deac frente a Patricia Piccinini y otros escultores que indagan los límites de la animalidad en las fronteras del bioarte.

Aditya Aryanto. Fotorrealismo cubista. Animales e imagen digital.

bioarte / biograffiti. Anna Garforth.