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miércoles, 4 de julio de 2018

De las quimeras digitales de Sara DeRemer a Julien Tabet y los fotomontajes de animales y su significado cultural.



Reencontramos en Julien Tabet la sintomática y persistente reiteración de tópicos iconográficos de la antrozoología artística pretendidamente surrealista del siglo XXI.

Imágenes obvias, autocomplacientes y simultáneamente reivindicativas ante la alarmante pérdida del mundo natural, y por tanto indicios de un contexto de crisis ecológica que de puro evidente no para de gritar en silencio engañosamente escópico, como el mudo grito desesperado de Michael Corleone, tal vez el único momento memorable de la tercera entrega de El Padrino.

Hace ya cuatro años que le dedicamos una entrada a los fotomontajes digitales de Sarah DeRemer pese a considerarlos obvios, facilones u oportunistas reclamos escópicos de la red para un público sin muchas exigencias artísticas y poco crítico ante los alardes técnicos meramente resultones.

Y es que la presencia masiva de dichas imágenes en infinidad de páginas web, blogs, redes sociales (y muchos otros sitios sin acreditar) constataban un cierto calado en el imaginario contemporáneo de este tipo de quimeras digitales que suscitan el asombro complaciente y la admiración por lo supuestamente artístico, sorprendente, original, realista (en el sentido de "bien dibujado", "bien hecho" -heredado de la antaño difícil habilidad de dibujar o fotografiar con maestría desde el punto de vista del lego en habilidades artísticas no digitales-).

Pese al aparente escepticismo despectivo de estas observaciones, he de decir que valoro mucho y sin complejos la maestría técnica fruto del disfrute y la paciencia observadora de DeRemer, y hemos de admitir la vigencia de sus trabajos como una muestra de las tendencias iconográficas de nuestra época y de la persistente constatación de la invisibilidad de los animales tras su aparente omnipresencia mediática e iconográfica en los nuevos medios artísticos, como no nos cansamos de repetir desde esta bitácora.

Recordemos lo que decíamos al respecto de dicha tendencia a propósito de la compilación de Photoshop-montajes de Sara DeRemer:

Existen en la red muchas imágenes de fotomontajes que se han vuelto virales, la mayoría de ellos dedicados a la hibridación de especies animales o su asociación a objetos de diversas índoles. No creo que los trabajos de Sarah deRemer sean técnicamente excepcionales, pero sí creo que su sencillez de recursos, sus facilones e inmediatos recursos de photoshop los convierten en agudos collages cuyo mérito radica en la selección de los protagonistas del fotomontaje, como es el caso del tiburón blanco con mirada de araña (que aúna las dos zoofobias más emblemáticas), o su serie de animales-fruta, que tal vez constituya una reflexión más profunda que un mero juego visual acerca de las fronteras del veganismo, y que, como podéis ver en los ejemplos que acompañan este texto previo al muestrario de DeRemer, tampoco son estrictamente una idea original o técnicamente más perfecta que sus precedentes. DeRemer, sencillamente, parece haber meditado un poquito más tras observar dichas imágenes preexistentes, y se diría que se ha limitado a intentar emularlas junto con la fascinación que a ella misma le producían, sin más pretensiones, pero me da la sensación de que, durante el proceso, la tenue pregunta subyacente de por qué se sentía atraída por estas criaturas surtidas de la imaginación y de los archivos de imágenes zoológicas, nos resultan tan turbadoras, y es por todo ello que hemos querido rendir tributo a las quimeras del s.XXI, marcado por el Photoshop, a través de los sencillos pero contundentes trabajos de Sarah DeRemer, encaminados a perderse, posiblemente, en el anonimato de los buscadores de imágenes si no ponemos remedio.

De esta serie, destacaría la fusión del Kiwi ave y el Kiwi fruta. Muchos me han preguntado quién debe su nombre a quién. La verdad es que la peculiar ave neozelandesa debe su nombre a su voz característica, que suena a algo semejante a la onomatopeya que la nombra. El parecido de la fruta de la también genuínamente neozelandesa enredadera le otorgó la misma denominación por parte de los habitantes de la isla. No hay que decir que son ya muy vistos en internet montajes de esta índole, y que ya habíamos visto ratones-kiwi, ranaranjas, cebrocerontes y toda suerte de hibridaciones, pero son tan replicadas y copiadas a través de la red que ya no es fácil determinar su autoría, y a alguien había que adjudicar el mérito de producir obras de este tipo, y que constituirían un género emparentado con los cadáveres exquisitos, el dadá, el surrealismo e incluso la crítica a la ingeniería genética tan ilustremente analizada por autores de peso como Patricia Picinini.

Desde luego, Julien Tabet no sólo realiza fotomontajes digitales protagonizados por animales, sino otros muchos de temáticas diversas, pero muchos de los más divulgados a través de las redes son éstos, y sin duda los más populares, como no podría ser menos en un universo en el que todavía imperan los videos y memes de gatitos.

La cosificación de los animales convive con una absurda y seguramente inevitable espiritualización de vocación más profunda aunque de tratamiento cada vez más superficial (no por ello menos persistente) y, tal vez por ello inocua, que intenta colarse como sea en el inconsciente colectivo hasta que nos decidamos a admitir las consecuencias ecológicas de nuestra cultura amparada en un estilo de vida cada vez más artificioso, depredador y contaminante.

A diferencia de la juguetona experimentación de DeRemer, Tabet repite ciertos recursos que atañen a los rasgos superficiales de la imagen de los animales y a su calado cultural, pero también los evoca como recipientes metonímicos de sus biotopos a través de símbolos como el mar y las peceras, tal y como de alguna manera ya habíamos observado en Isana Yamada, Robin Wood, Tiffany Bozic, Andreas Lie y otros artistas que ya hemos comentado en su momento.

Hablaríamos de cierto lirismo facilón y new age si no nos sedujera un cierto atisbo de convicción estilística y solvencia técnica en el caso que nos ocupa, pero, en todo caso, que quede claro que no soy el único en seleccionar preferentemente como muestrario de Tabet sus imágenes con presencia de animales preñadas de simbolismo, pretensiones poéticas y referencias culturales sin perder un ápice de dramatismo ni humor socarrón.

Mafa Alborés


Julien Tabet:






































https://www.instagram.com/julien.tabet/?hl=es

https://www.facebook.com/Julien-Tabet-258318671349102/

http://culturainquieta.com/es/arte/arte-digital/item/13597-los-animales-fantasticos-y-surrealistas-de-julien-tabet.html

https://www.boredpanda.com/fantastical-surreal-manipulations-julien-tabet/



Dioramas submarinos en cachalotes transparentes por Isana Yamada. Tsukumogami y antrozoología artística.

Animales vinculados a sus paisajes mediante la estética de la doble exposición fotográfica, por Andreas Lie y el antecedente del paisaje como soporte de sí mismo en las genuinas fotografias de Abe Morell.

DINOSAURIOS DIBUJADOS POR NIÑOS REINTERPRETADOS POR DOUGAL DIXON. Los límites entre la especulación y la fidelidad gráfica.

Sarah DeRemer. Quimeras y photoshop.

Felix Deac frente a Patricia Piccinini y otros escultores que indagan los límites de la animalidad en las fronteras del bioarte.

Cabeza de animal. Bestiario de Francesco Sambo y un repaso a otros creadores de zoocéfalos fotorrealistas.

Híbridos humano-animal. Antrozoología pictórica y surrealismo: Matthew Grabelsky.