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jueves, 11 de octubre de 2012

rayas y mantas raya o mantarrayas




Recientemente hemos visto en la red la noticia acerca de una curiosa foto en la que unas turistas mostraban su cara de susto al ser empujadas desde atrás por un pez, concretamente una raya, a la que en todas las entradas se denominaba mantarraya. Poco más tarde se publicaba una aclaración de los hechos (reproducida más abajo) en la que se seguía haciendo referencia a la mantarraya.

Vamos a aclarar ciertos errores repetidos por diversas razones.

Lo que vemos en la imagen de las turistas asustadas no es una mantarraya (manta, raya manta o manta-raya). La manta es una especie de raya, peces cartilaginosos emparentados con los tiburones, pero se trata de una especie muy diferenciada, muy famosa por su gran tamaño y su imponente aspecto. Además, los apéndices junto a su boca para facilitar la ingesta del plancton que consumen se han asociado a cuernos que han dado pié a la denominación "pez diablo", lo que las ha relacionado con el catálogo de temibles monstruos marinos injustamente, ya que se trata de seres inofensivos para los humanos y generalmente de carácter indolente y apacible. En las imágenes adjuntas se puede comprobar que, en relación a nuestra escala humana, se trata, efectivamente, de animales muy grandes e imponentes.
Sin embargo es un error tratar de mantarraya a todas las rayas, pues existen muchas especies de tamaño considerablemente inferior.
En el caso que nos ocupa, aunque aún no he podido confirmarlo con exactitud, se trataría posiblemente de una pastinaca. Existen una serie de lugares en los que las pastinacas se han hecho famosas por su docilidad y su intelgencia. Acostumbradas a las visitas de buceadores, algunos de estos se han dedicado a alimentarlas hasta acostumbrarlas a un comportamiento de acercamiento confiado en busca de alimento, y ello se ha rentabilizado en forma de atracción turística con inmersiones guiadas.


De hecho, fué en uno de estos lugares donde el famoso divulgador naturalista australiano Steve Irwin halló la muerte, porque las pastinacas, aunque pacíficas y tranquilas, disponen de aguijones venenosos potencialmente mortales.


Irwin siempre ha estado rodeado de polémica, por el tipo de espectáculo pseudonaturalista que ofrecía por la televisión. Como estrella mediática no tenía precio, pero más que un divulgador de la naturaleza en la línea de Durrell o Attemborough, era el protagonista de un, a menudo, degradante espectáculo circense, amarillista y de algún modo violento, puesto que violentaba literalmente a los animales para llamar la atención sobre su peligrosidad, con actitudes imprudentes incluso para un supuesto especialista.
Se han registrado muy pocos casos mortales por picadura de pastinaca. El de Steve Irwin es absurdamente excepcional
Sus índices de audiencia se basaban en el espectáculo más que en la información, modelo sequido por otros divulgadores recientes como nuestro patrio Frank de la Jungla, sustentado en el chascarrillo fácil, la desmesura, la bravuconería y el lucimiento de su presunto talante intrépido. Como en el caso de Frank, muchos naturalistas y aficionados a la zoología hacían apuestas sobre cuánto tardaría Steve Irwin en padecer las consecuencias de su atrevimiento. Personalmente no me gusta el tono de ninguno de estos dos pseudodivulgadores, pero pese a su lenguaje llano y a menudo soez, "Frank de la Jungla" informa de forma clara y llana acerca de los animales que muestra, aunque muy a menudo dramatice de modo fantasmón su encuentros con animales para darse importancia y aparentar más valiente o intrépido de lo que en realidad es, pero he de decir que no aprecio tanta falta de respeto hacia el propio animal como he podido constatar en las violentas manipulaciones de Irwin, más temerario que valiente hasta el extremo de haber terminado sus días no mordido por una serpiente letal, sino por un pez que suele ser acariciado por turistas sin incidentes y que, sin embargo, bajo su experta y osada manipulación, se ha violentado hasta el extremo de usar sus armas, con la mala suerte de acertar con su espolón venenoso justamente en su corazón.



El asunto ha quedado resuelto trágicamente por una especie de justicia natural.


                                                                                                                                                         Una manta-raya, o mantarraya, adulta es un animal muy grande dotado de los característicos apéndices a los que hacemos referencia más arriba. Las imágenes de buceadores acompañándolas durante sus excursiones submarinas son frecuentes porque se conocen zonas de avistamientos y se trata de animales pacíficos y lentos, fáciles de seguir (sorprendería a muchos, no obstante, las altas velocidades que pueden llegar a alcanzar, llegando incluso a proyectarse fuera del agua para huir de sus depredadores o para desprenderse de sus parásitos). Es un caso similar al de los tiburones ballena, comedores de plancton, infensivos para el hombre pero de enorme tamaño (de hecho son la especie de pez más grande que se conoce). El tiburón peregrino también cumple con estos requisitos, pero el ballena llega a ser mayor y habita aguas muy cálidas, por lo que la experiencia del submarinista es más placentera y frecuente, al igual que en el caso de manta, habitante de cálidas aguas tropicales y pariente de especies paradigmáticamente peligrosas. De hecho se trata de un animal mucho más infensivo que las pastinacas, venenosas aunque tranquilas y dóciles, pero, como decimos en una entrada específica de este blog, el tamaño importa, y mucho, y la fama de la mantarraya ha provocado que su nombre invada incorrectamente la denominación de otras especies diferentes de rayas. Como se asocia a un pez terrorífcio (aunque sólo sea por su tamaño) usar su nombre en el encabezado de la noticia no es más que un recurso amarillista para llamar más la atención de los profanos en zoología, pero en el caso que nos ocupa lo que supone es que la verdadera historia de la matarraya es que ni siquiera se trataba de una mantarraya.

(Mafa Alborés)



A continuación, un estracto de referencias en la red a las noticias que han suscitado nuestro comentario en esta entrada.



 

 

La verdadera historia de la mantarraya

Las tres jóvenes son sorprendidas por la mantarraya (Kendall Harlan)Se han convertido en un éxito viral gracias a una foto en la que salen acompañadas… por alguien que no esperaban.

La imagen de  tres chicas con cara de susto porque tienen una enorme mantarraya a sus espaldas ha tenido un gran éxito las últimas semanas después de que un antiguo compañero de clase publicase la instantánea en la red social Reddit, sin embargo las protagonistas han explicado la verdadera historia de la mantarraya.

La fotografía fue tomada en la primavera del año 2008, cuando Kendall Harlan,
 Sarah Bourland yZaysoff Natalie, estudiantes de segundo curso en una universidad de Texas,  estaban de vacaciones en las islas Caimán, disfrutando de unos días de descanso.

[RelacionadoLas fotos más asombrosas de animales de la semana]
Foto tomada segundos antes de la imagen de arriba en la que se ve a las jóvenes posando con una mantarraya (Kendall …Las tres jóvenes se estaban tomando una fotografía con una mantarraya cuando sorpresivamente, el guía turístico alzó otra mantarraya en sus espaldas, con el consiguiente gesto de terror de las protagonistas. Ese fue el momento en el que se tomó la imagen que tanto éxito está teniendo.
A su vuelta a los Estados Unidos, las chicas subieron la instantánea a Facebook y fue compartida por varios amigos, sin embargo, no fue hasta la semana pasada cuando tuvo éxito, cuando el antiguo compañero la subió a Reddit.

Desde entonces, las jóvenes han saltado al estrellato en el país norteamericano, tal y como revela Harlan:
“Nuestros teléfonos no paraban. Nuestros amigos nos enviaban mensajes de texto con cosas como ‘¿Sabéis que estáis en Goood Morning America?”, contó.



STEVE IRWIN, DE 44 AÑOS, DOCUMENTALISTA AUSTRALIANO Y ESTRELLA DE LA TV
El célebre "cazador de cocodrilos" murió atacado por una raya


Así lo llamaban por la serie que lo hizo famoso. El aguijón del animal le perforó el corazón mientras realizaba un documental.


UNA GRAN AUDACIA. Dando de comer a un cocodrilo, una de las típicas escenas que protagonizaba Irwin.



Sibila Camps
scamps@clarin.com


En su cruzada en defensa de la vida silvestre de su Australia natal, Steve Irwin abrazó saurios y se enredó con serpientes. Su nombre se volvió sinónimo de El cazador de cocodrilos, la serie documental que lo hizo famoso. Pero murió como Aquiles, por una rarísima herida causada por el latigazo de una pastinaca —una raya venenosa—, mientras filmaba en la Gran Barrera de Coral. Tenía 44 años.

La noticia conmocionó a sus compatriotas; en especial a las autoridades, que consideran que sus series contribuyeron a la difusión mundial de Australia y aportaron millones de dólares en turismo. "Era un personaje maravilloso, un apasionado defensor del medio ambiente. Trajo alegría, diversión y entusiasmo a millones de personas", declaró el primer ministro John Howard.

Irónicamente, Irwin estaba filmando un segmento para una serie titulada Ocean's Deadliest (Lo más letal del océano), en el área del arrecife Batt, frente a la costa del estado de Queensland, en el noroeste de Australia. Estaba buceando en aguas poco profundas, cuando se acercó demasiado a la pastinaca.

"Se puso encima de la raya, y el aguijón le atravesó el pecho y le perforó el corazón", describió su amigo y colega John Stainton, quien presenció el accidente. Irwin murió de inmediato.

La pastinaca, de piel suave color verde oscuro, está presente en casi todo el mundo, en especial en los mares cálidos. Puede medir 2,50 metros, y el látigo —la cola— es 1,5 veces más largo que el disco. En la mitad del látigo, en la parte inferior, tiene dos púas o espolones aserrados; el más largo, de 20 a 30 centímetros, semeja un arpón.

No es agresiva, pero si se siente amenazada, mueve el látigo hacia arriba y hacia abajo, cada vez más rápido, en actitud defensiva. Como suele descansar en el fondo, las lesiones más frecuentes se producen en los miembros inferiores, tras pisarla; o bien en acuarios domésticos, al alimentarla.

El espolón inyecta un veneno que provoca ampollas y es muy doloroso; pero la recuperación —consigna la literatura médica— llega en 24 a 48 horas, salvo que afecte un órgano vital. Fue lo que le sucedió a Irwin, quien se convirtió en el tercer caso mortal registrado en aguas australianas, según la experta Victoria Brims, de Oceanworld Manly, en Sydney.

Nacido en 1962 cerca de Melbourne, Irwin tuvo su primera serpiente —un pitón— cuando cumplió 6 años. En 1970 la familia se mudó a Sunshine Coast, donde su padre, plomero, creó un parque de reptiles; le inculcó su pasión por los cocodrilos, y ya a los 9 años lo llevaba a montar saurios por los ríos del norte de Queensland.

En los '80, Steve trabajó como voluntario en el programa de relocalización de cocodrilos de Queensland, atrapando animales problemáticos. En 1991 se hizo cargo del parque de reptiles y comenzó a construir Australia Zoo, hoy en día un importante destino turístico y un gran negocio. Ese mismo año se casó con Terri Raines, una visitante estadounidense, con quien compartió su amor por la vida silvestre y tuvo dos hijos, Bindi (8) y Bob (2).

La luna de miel formó parte del primer episodio de El cazador de cocodrilos. Al año siguiente, la cadena Discovery comenzó a difundir la serie por todo el mundo. Se calcula que 500 millones de televidentes siguieron sus audacias, en especial en los Estados Unidos, donde se convirtió en una estrella.

Millones se contagiaron de sus lágrimas cuando murió la hembra de cocodrilo más vieja de su zoo. Habitualmente divertido, ingenioso, vehemente, Irwin arremolinó también críticas. Sobre todo en 2004, cuando entró a un recinto a alimentar a un saurio con su bebé en brazos. Ese año lo denunciaron por haberse acercado demasiado a pingüinos, focas y ballenatos mientras filmaba en la Antártida, pero fue absuelto por el Departamento de Ambiente australiano.

Para sus compatriotas quedará como el impulsor de numerosos proyectos ambientalistas y el paladín contra la caza de animales salvajes en Australia.