Como en nuestra entrada precedente, abordamos contenidos de nuestro
trabajo paralelo en las publicaciones del blog hermano, dedicado
específicamente a trabajos y contenidos desarrollados desde o para
nuestra actividad docente en enseñanzas artísticas, FOTOGRAFIAR ANIMALES INVISIBLES.
Y lo hacemos porque nada complementa mejor la antrozoología de la
imagen que el estudio de la propia imagen, y el estudio de dichos
estudios.
Nuestra animalidad particular nos muestra, entre otras cosas,
como animales esencialmente audiovisuales. Somos bípedos, pero también
estereoscópicos, y prestamos atención a un mundo visual específico y
particular, en base a las leyes que rigen nuestra percepción.
Alèxia Paredes:
Carme Martínez
Este curso ha sido un tanto complejo en su inicio en las escuelas de artes plásticas y diseño catalanas debido a las múltiples interrupciones debidas a las movilizaciones sociales y estudiantiles a causa del Procés y de los conflictos entre el gobierno español y el catalán. En nuestro caso nos hemos visto tocados muy de cerca al impartir el módulo del primer semestre de 1º de estudios de Grado en Diseño en ESDAP Catalunya, tropezando con inevitables interrupciones y pérdida de sesiones en un inicio de curso accidentado y complejo desde el Campus de Badalona / Pau Gargallo.
Cumplir con el programa establecido y llevar a cabo las prácticas correspondientes a los distintos apartados y contenidos nos ha obligado a la improvisación en algunos casos y procurar condensar diversos aspectos en ocasiones en una sola práctica para reducir el número de entregas sin que ello fuese en detrimento de los contenidos observados. Así, mientras los movimientos políticos creaban derivas confusas hacia derecha e izquierda, hacia el retroceso o hacia el progreso social, hacia la confusión informativa y el confrontramiento de direccionalidades opuestas, confrontadas o transversales, hemos procurado que las ausencias y faltas de asistencia por días de huelga y manifestaciones de estudiantes y docentes se viesen compensadas de algún modo.
Anaïs Lagonigro
Es curioso que dichas fechas coincidiesen con el estudio y la experimentación gráfica tanto de la percepción visual y las ilusiones ópticas como posteriormente con el desglose y aplicación de los elemenos visuales básicos, como la línea, la trama y la textura, por ejemplo, antes de introducirnos en las relaciones entre color y composición mediante el contraste, la proximidad, el peso, el equilibrio, el movimiento la simetría o la direccionalidad.
Mientras un país sin gobierno disputaba colores, matices, y pertrechaba tramas complejas que aparentaban moverse en direcciones engañosas, la sociedad se movilizaba para que se pusiesen de acuerdo, para que liberasen a supuestos disidentes o dejasen de hacerlo y, además, mientras tanto, seguían con sus vidas y quehaceres cotidianos.
Anaïs Lagonigro
En nuestro caso, como digo, experimentar con las posibilidades expresivas y gráficas de la línea, de la trama de línea y de ilusiones ópticas derivadas de diversas causas.
Hemos introducido un ejercicio para estudiar el efecto o patrón muaré, o de Moiré, y para observar cómo por efecto de proximidad, peso y semejanza, las intersecciones entre las líneas pertenecientes a diversas tramas paralelas multidireccionales producen efectos en nuestra percepción predispuesta a identificar dichos elementos agrupándolos según pautas establecidas en las leyes de la Gestalt.
En algunos casos el efecto puede funcionar de forma estática pero su comportamiento en movimiento hace que estas pautas resulten más visibles y especialmente interesantes para la gráfica interactiva y audiovisual, aunque no por ello son desdeñables para los estudiantes de diseño gráfico ni para los diseñadores y estudiosos de la imagen en general.
Ana Maria Fernández
Los alumnos han comenzado con observaciones a partir de diversos diseños de tramas y su impresión sobre material transparente para comprobar el comportamiento de su superposición sucesiva en directo, pero también han optado por utilizar las interficies de las aplicaciones gráficas para superponer capas de tramas lineales de diversas direcciones, ángulos, direcciones y curvaturas para observar qué ocurría.
En algunos casos, como nos muestra Ana Mª Fernández, por ejemplo, realizando exaustivas pruebas con elementos materiales antes de empezar a imaginar cómo aprovechar los recursos digitales.
Anaïs Lagonigro
Carme Martínez
En otros casos se intentó integrar desde un principio la experimentación con el color en el propio ejercicio, o con las posibilidades que ofrece desde el punto de vista de la animación audiovisual.
Así lo comprobamos en algunos ensayos de Anaïs Lagonigro o Andrea Suxo, pero en general bastaba con divertirse experimentando posibilidades gráficas y comprendiendo el porqué de dicho efecto antes de decidirse, en el mejor de los casos, a utilizarlo expresivamente en proyectos concretos.
En entradas sucesivas mostraremos las demás actividades prácticas desarrolladas en este módulo, pero sin duda creeemos que este muestrario de hoy es una buena introducción conceptual para ello.
Hacemos un alto tras dos artistas salidos de los archivos de Emma Kisiel y su Muybridge's Horse y pasamos de la necroantrozoología al simbolismo animal hueco y puramente lúdico de Les Creatonautes. Su trabajo nos llega a través de un artículo publicado en COLOSSAL, a cargo de Kate Sierzputowski, quien nos los presenta así:
Un pájaro
con cuerpo de ajo, un brie en forma de cocodrilo y un salero alado han
salido de la mente imaginativa de la agencia creativa francesa Les Creatonautes.
El año pasado crearon una serie de collages digitales que combinan artículos deportivos, animales y objetos comestibles. El
proyecto es un gesto sutil de nuestro mundo cambiante, que muestra la
evolución de la sociedad a través de combinaciones absurdas y animales
poco prácticos.
"El mundo está en permanente cambio, está en una transformación", comenta Olivier Grossmann de Les Creatonautes a Colossal. "Esta transformación, a menudo invisible, a veces inesperada, es inevitable. Organismos vivos, paisajes, tecnologías, sociedades: todo cambia constantemente, a ritmos diferentes. A partir de esta observación, decidimos transformar el mundo a nuestra manera".
El grupo comenzó el proyecto el 1 de enero de 2018 y ha estado publicando "transformaciones" cada día desde entonces. Puedes ver más de las exploraciones extrañas en su Instagram.
Lo cierto es que no habría mucho más que comentar aparte de lo que ya dijimos en su día acerca de los fotomontajes de Julien Tabet, a quien asociábamos a otros autores de obras omnipresentes en las redes como Sara DeRemer.
Reencontramos en Julien Tabet la sintomática y persistente
reiteración de tópicos iconográficos de la antrozoología artística
pretendidamente surrealista del siglo XXI.
Imágenes
obvias, autocomplacientes y simultáneamente reivindicativas ante la
alarmante pérdida del mundo natural, y por tanto indicios de un contexto
de crisis ecológica que de puro evidente no para de gritar en silencio
engañosamente escópico, como el mudo grito desesperado de Michael
Corleone, tal vez el único momento memorable de la tercera entrega de El
Padrino.
Hace ya cuatro años que le dedicamos una entrada a los fotomontajes digitales de Sarah DeRemer
pese a considerarlos obvios, facilones u oportunistas reclamos
escópicos de la red para un público sin muchas exigencias artísticas y
poco crítico ante los alardes técnicos meramente resultones.
Y
es que la presencia masiva de dichas imágenes en infinidad de páginas
web, blogs, redes sociales (y muchos otros sitios sin acreditar)
constataban un cierto calado en el imaginario contemporáneo de este tipo
de quimeras digitales que suscitan el asombro complaciente y la
admiración por lo supuestamente artístico, sorprendente, original,
realista (en el sentido de "bien dibujado", "bien hecho" -heredado de la
antaño difícil habilidad de dibujar o fotografiar con maestría desde el
punto de vista del lego en habilidades artísticas no digitales-).
Pese
al aparente escepticismo despectivo de estas observaciones, he de decir
que valoro mucho y sin complejos la maestría técnica fruto del disfrute
y la paciencia observadora de DeRemer, y hemos de admitir la vigencia
de sus trabajos como una muestra de las tendencias iconográficas de
nuestra época y de la persistente constatación de la invisibilidad de
los animales tras su aparente omnipresencia mediática e iconográfica en
los nuevos medios artísticos, como no nos cansamos de repetir desde esta
bitácora.
Recordemos lo que decíamos al respecto de dicha tendencia a propósito de la compilación de Photo(shop)montajes de Sara DeRemer:
Existen
en la red muchas imágenes de fotomontajes que se han vuelto virales, la
mayoría de ellos dedicados a la hibridación de especies animales o su
asociación a objetos de diversas índoles.
No creo que los trabajos de Sarah deRemer
sean técnicamente excepcionales, pero sí creo que su sencillez de
recursos, sus facilones e inmediatos recursos de photoshop los
convierten en agudos collages cuyo mérito radica en la selección de los
protagonistas del fotomontaje, como es el caso del tiburón blanco con
mirada de araña (que aúna las dos zoofobias más emblemáticas), o su
serie de animales-fruta, que tal vez constituya una reflexión más
profunda que un mero juego visual acerca de las fronteras del veganismo,
y que, como podéis ver en los ejemplos que acompañan este texto previo
al muestrario de DeRemer, tampoco son estrictamente una idea original o
técnicamente más perfecta que sus precedentes.
DeRemer, sencillamente, parece haber meditado un poquito más tras
observar dichas imágenes preexistentes, y se diría que se ha limitado a
intentar emularlas junto con la fascinación que a ella misma le
producían, sin más pretensiones, pero me da la sensación de que, durante
el proceso, la tenue pregunta subyacente de por qué se sentía atraída
por estas criaturas surtidas de la imaginación y de los archivos de
imágenes zoológicas, nos resultan tan turbadoras, y es por todo ello que
hemos querido rendir tributo a las quimeras del s.XXI, marcado por el
Photoshop, a través de los sencillos pero contundentes trabajos de Sarah
DeRemer, encaminados a perderse, posiblemente, en el anonimato de los
buscadores de imágenes si no ponemos remedio. De
esta serie, destacaría la fusión del Kiwi ave y el Kiwi fruta.
Muchos
me han preguntado quién debe su nombre a quién. La verdad es que la
peculiar ave neozelandesa debe su nombre a su voz característica, que
suena a algo semejante a la onomatopeya que la nombra.
El parecido de la
fruta de la también genuínamente neozelandesa enredadera le otorgó la
misma denominación por parte de los habitantes de la isla (lo cierto es que esta asunción de genuinidad es falsa, porque la fruta es originaria de China y los neozelandeses empezaron a cultivarla con éxito durante la primera mitad del siglo XX, y huyeron del nombre original chino para buscar una denominación que la hiciese pasar por típicamente neozelandesa basándose en su parecido con su ave emblemática, decidiéndose por kiwifruit, que acabó degenarando popularmente en simplemente kiwi)
No hay que
decir que son ya muy vistos en internet montajes de esta índole, y que
ya habíamos visto ratones-kiwi, ranaranjas, cebrocerontes y toda suerte
de hibridaciones, pero son tan replicadas y copiadas a través de la red
que ya no es fácil determinar su autoría, y a alguien había que
adjudicar el mérito de producir obras de este tipo, y que constituirían
un género emparentado con los cadáveres exquisitos, el dadá, el
surrealismo e incluso la crítica a la ingeniería genética tan
ilustremente analizada por autores de peso como Patricia Picinini.
Desde luego, Julien Tabet
no sólo realiza fotomontajes digitales protagonizados por animales,
sino otros muchos de temáticas diversas, pero muchos de los más
divulgados a través de las redes son éstos, y sin duda los más
populares, como no podría ser menos en un universo en el que todavía
imperan los videos y memes de gatitos.
La cosificación
de los animales convive con una absurda y seguramente inevitable
espiritualización de vocación más profunda aunque de tratamiento cada
vez más superficial (no por ello menos persistente) y, tal vez por ello
inocua, que intenta colarse como sea en el inconsciente colectivo hasta
que nos decidamos a admitir las consecuencias ecológicas de nuestra
cultura amparada en un estilo de vida cada vez más artificioso,
depredador y contaminante.
A diferencia de la juguetona
experimentación de DeRemer, Tabet repite ciertos recursos que atañen a
los rasgos superficiales de la imagen de los animales y a su calado
cultural, pero también los evoca como recipientes metonímicos de sus
biotopos a través de símbolos como el mar y las peceras, tal y como de
alguna manera ya habíamos observado en Isana Yamada, Robin Wood, Tiffany Bozic, Andreas Lie y otros artistas que ya hemos comentado en su momento.
Hablaríamos
de cierto lirismo facilón y new age si no nos sedujera un cierto atisbo
de convicción estilística y solvencia técnica en el caso que nos ocupa,
pero, en todo caso, que quede claro que no soy el único en seleccionar
preferentemente como muestrario de Tabet sus imágenes con presencia de
animales preñadas de simbolismo, pretensiones poéticas y referencias
culturales sin perder un ápice de dramatismo ni humor socarrón.
El mismo proceso de fagocitación de metonimias visuales que asocian animales a entornos naturales humanizados por la arquitectura y por toda suerte de artificios se repiten en los trabajos del proyecto de Les Creatonautes, revestido de un halo de originalidad proyectado por medios de difusión hambrientos de contenido llamativo.
Aunque en ocasiones, como decimos, Tabet muestra un cierto cinismo lírico, un cierto sentido de la finura en su humor, a decir verdad Le Creatonautes, al marcarse un reto diario, acumulan un stock de imágenes que recuerdan demasiado a algo ya visto, pero revestidas de un cierto aire pop filtrado por el diseño gráfico supuestamente moderno de la era internet, y por tanto consumista y hipster, carente de valores y, más que creativo, tremendamente ocurrente, ocurrente hasta la extenuación alimentada por la imparable inercia del chascarrillo, del brain storming de los creativos de agencia, que han pasado de absurdamente selectivos a no descartar ni desperdiciar ningún subproducto de su trabajo, siempre didáctico y ejemplar para las escuelas de arte y diseño, para las revistas especializadas y los artículos de tendencias.
Y en este frenesí consumista y supuestamente artístico quedan reflejados los animales, convertidos en títeres a la vez que en ensueños, en dioses a la vez que en caricaturas, en productos de consumo sin consumir. Una vez más, intencionadamente o no, la iconografía animal contemporánea apunta a la condición desvalida de sus auténticos protaginistas y a una no bien reconocida añoranza del mundo natural y sus variados habitantes.