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jueves, 26 de enero de 2017

Necroantrozoología por Brooks Dierdorff en su proyecto "Trophy"





Alguien podría pensar que la foto que acompaña a este texto es una afortunada captura fotográfica de rápida obturación, un llamativo recurso óptico para detener en el tiempo, en el tránsito de un enérgico salto, al salmón que traza la diagonal del encuadre, pero no se trata de eso, dado que la foto ha sido manipulada mediante edición digital y, sin embargo, no se ha extraído el animal de otra imagen para recontextualizarlo, como se puede pensar de cualquier fotomontaje en primera instancia, sino que se han eliminado elementos de la escena para hacerlos desaparecer. Y es que, tal y como cualquier sujeto fotografiado está detenido, y de algún modo muerto, en el cuadro, el salmón de la imagen está efectivamente muerto, o agonizante, y sirve para redefinir un tema tradicional en la historia del arte: la naturaleza muerta.

En la entrada de hoy reconocemos no haber podido resistirnos a exponer un trabajo del que tenemos noticia muy recientemente, pasando por delante de otros muchos contenidos en forma de borrador que todavía tenemos a la espera de un comentario. Entre estos hay algunos que tal vez ni siquiera lleguemos a publicar pero que sirven para nutrir nuestros archivos de referencias interesantes y muchos de ellos pertenecen a extractos de las selecciones de la fotógrafa y estudiosa de la imagen Emma Kisiel, quien siempre se sitúa en los intersticios entre imagen animal, fotografía y muerte. 

De ella solemos decir que es una estudiosa y una creadora de imágenes fotográficas que nos hablan de la vida y la condición animal a través de los cadáveres y los restos orgánicos de la existencia de éstos, como peculiares portadores de curiosa información que no podemos evitar asociar a la belleza, por más que a muchos nos cueste admitirlo. Cansados de robarle selecciones y comentarios a Kisiel y un tanto hastiados (¿porqué no reconocerlo?) de tantas demostraciones de arte necroantrozoológico, seguimos con interés su interesante sitio web consagrado a este tipo de manifestaciones artíticas tomado nota de sus contenidos pero resistiéndonos a mostrarlos en su mayoría, dado que, de alguna manera, nos parecen falsamente reivindicativos de la conservación de la naturaleza y la fauna e incluso complacientes con cierta visión violenta y conformista del estado de las cosas. 

Sin embargo, en esta ocasión hemos compartido el entusiasmo de la redactora de Muybridge's Horse y fotógrafa de poéticas series necrozoológicas por la contundente serie "Trophy" de Brooks Diederdorff, un polifacético y multidisciplinar analista del mundo visual a través de la fotografía en relación a otras disciplinas artísticas como la escultura y la instalación.

Para "Trophy", la serie que enciende nuestro interés, Diederdorff no hace nada especialmente nuevo, como es eliminar digitalmente elementos de una imagen fotográfica, pero consigue aportar al resultado de dicho proceso una trascendencia potente y un claro mensaje anticinegético por reducción al absurdo. Las imágenes que el artista escoge para su edición son fotografías de trofeos de caza extraídas de la red para poner en evidencia sus convenciones y el trasfondo que encierran en cuanto al especismo humano y su cosificación de los animales.

Según nos dice Emma Kisiel desde Muybridge's Horse, Brooks Dierdorff es un nombre que había estado en sus notas durante mucho tiempo:   


En 2012, vi su conferencia "Predadores culturales: la fotografía y su relación con la cultura de la caza" en la conferencia nacional SPE en San Francisco. Su serie de trofeos siempre ha pegado conmigo y estoy feliz de añadirla al sitio hoy. Más allá de amar la idea ejecutada en este proyecto, estoy tan fascinada por el animal muerto representado, literal y figurativamente suspendido. Su cuerpo flotante o apoyado, habiendo sido su asesino borrado de la imagen; Su existencia impedida de desaparecer por completo por el acto de la fotografía.

De la declaración del artista


La serie "Trophy" deconstruye los códigos visuales prevalecientes dentro de la cultura de la caza manipulando las fotografías de trofeos de caza encontradas en la red. Borrar al cazador de la imagen revela las convenciones a través de las cuales los animales son objetivados, y realza la retórica visual a través de la cual los seres humanos intentan dominar el mundo natural.













http://brooksdierdorff.com/work/

http://muybridgeshorse.com/2017/01/18/brooks-dierdorff/

jueves, 8 de diciembre de 2016

Carnívoros anacrónicos. Caza y gastronomía jurásica en "Voracious", por Markisan Naso y Jason Muhr.




Vamos a intentar, antes de que acabe el año, de dar cabida a parte de nuestros borradores y de los trabajos artísticos relacionados con los animales que más nos llamaron la atención durante el año pasado.
Nos remontamos a Febrero, cuando nuestros admirados redactores de Koprolitos nos ofrecían una entrada dedicada al curioso planteamiento de un trabajo gráfico de Markisan Naso y Jason Muhr, una saga ilustrada cuyo excusa argumental son los viajes en el tiempo, sufragados por un negocio gastronómico en realidad poco sorprendente en los tiempos que corren de proliferación de programas de cocina y de chefs mediáticos: ni más ni menos que viajar en el tiempo a la captura de dinosaurios como piezas selectas para cocina. No hay excusas científicas ni aventureras, ni siquiera de negocios basados en la agotada espectacularidad de los zoológicos y parques temáticos de la actualidad, sino, sencillamente, la curiosidad por consumir productos cárnicos alternativos de animales mitificados por las leyendas y por la mitología de la historia natural. En un mundo de gourmets a la búsqueda de nuevas experiencias, la verdad es que el aparentemente bizarro planteamiento de la serie de Naso y Muhr nos parece muy interesante, ya que propone, como bien señalan los redactores de Koprolitos, una combinación entre Jurassic Park y Top Chef, aunque yo diría que más exactamente recurre al planteamiento de viajes en el tiempo propio de sucedáneos pseudodocumentales de Parque Jurásico como "Caminado entre Dinosaurios", con Nigel Marven, sin duda el naturalista mediático más coherente y competente tanto en la faceta de naturalista como en la de presentador y, por tanto, intérprete de un personaje premeditado y ejecutado como lo haría un dotado actor. Tenemos pendiente sin duda un comentario al trabajo de Marven y de otros grandes antecesores de la divulgación zoológica audiovisual, pero, de momento, imaginemos que los viajes de Marven al cretácico o al jurásico no son para capturar ejemplares para un zoo antediluviano, sino para llenar las despensas de un restaurante encaminado a la exclusividad de ogrecer menús prehistóricos.
Estamos sumidos en una época que cada vez más clamará por el enfrentamiento entre los defensores del veganismo radical y los consumidores de carne indiferentes a las injusticias cometidas con los animales criados o capturados para consumo humano, así que la metáfora planteada por "Voracious" no es un simple ardid argumental, o una broma narrativa: es una crítica aguda y certera al estado de las cosas aunque sirva como eficaz pretexto para contar aventuras, esas aventuras que en la época en que Howard Hawks rodó "Hatari", parecían honestas y amantes de la naturaleza y la aventura, y hoy las vemos como un atentado soberbio y antropocentrista a los demás miembros de la biodiversidad.
El valor socioeconómico adquirido por los productos más exclusivos de la gastronomía más selecta disfrazan de elevada espiritualidad e intelectualidad un sacrificio animal ya no sustentado en la supervivencia sino en el lujo, signo de desigualdad social y, sobre todo, de desigualdad interespecies.

Mafa Alborés




LUNES, 22 DE FEBRERO DE 2016


VORACIOUS

Recién salido del horno durante este mes de febrero, el cómic Voracious creado por Markisan Naso (guión) y Jason Muhr (dibujo), promete hacer las delicias de los amantes de los viajes en el tiempo, los dinosaurios y la gastronomía. Y es que esta serie breve editada por Action Lab parece ser la mezcla perfecta entreJurassic Park y Top Chef, ya que el protagonista, Nate Willner, utiliza una maquina del tiempo para viajar al pasado y conseguir dinosaurios con los que cocinar sus platos. Nate era un joven aprendiz de chef en uno de los mejores restaurantes de New York, pero tras la muerte de su hermana, perdió sus ganas de cocinar. De regreso a su ciudad natal en Utah, consigue trabajo en una cafetería y siente que su vida se encuentra en un callejón sin salida... hasta que inesperadamente hereda un traje para viajar en el tiempo que le lleva a hasta el Mesozoico. De esta forma, el chef Willner recuperará su pasión por la cocina. De momento, sólo se han editado los dos primeros números de la serie (que parece ser de cuatro) y de cada uno, han publicado dos portadas, que dejamos por aquí:



miércoles, 24 de febrero de 2016

Cabeza de animal y falsa taxidermia: relación entre tótem zoológico y trofeo cinegético. Arte ornamental y reflexión antrozoológica en las esculturas de Kelly Rene Jelinek.


Kelly Rene Jelinek

Enlazamos astutamente el tema de la zoocefalia como recurso expresivo, ahora específicamente en obras de arte inspiradas en las piezas de taxidermia y en los trofeos de caza, que priorizan la cabeza como elemento significativo y suficiente para representar el animal capturado (aunque no siempre es así: a menudo basta con la cornamenta, o podemos recordar los tristes ejemplos de sillas a partir de pies de elefante o ceniceros de manos de gorila -recuerdo una escobilla para la limpieza del coche hecha con la pata de un zorro como mango y su cola como plumero...y no olviden la lógica lingüística de los propios plumeros-).

Lo hacemos de la mano de la escultora textil Kelly Rene Jelinek, quien realiza piezas inspiradas en los modos de presentación de la taxidermia de carácter ornamental. Encabezamos nuestro artículo con su armadillo porque constituye una excepción (de cuerpo entero) que no asociaríamos directamente a la taxidermia o a los trofeos de caza si no la relacionásemos con otras obras de su producción que, voluntariamente o no, implica una reflexión sobre la cosificación de los animales y sobre la asociación entre diseño y naturaleza. Es inevitable recordar los comentarios que concedíamos a trabajos dispares, aunque basados en el mismo concepto, de Federico Uribe y Courtney Timmermans.


Foto: Federico Uribe
Federico Uribe


Respecto a Uribe y Timmermans decíamos anteriormente:


Courtney Timmermans
No sé si os acordáis de cuando incluimos en nuestra serie dedicada a escultura zoológica basada en el reciclaje de piezas industriales a  Courtney Timmermans y sus cabezas de animales inspiradas en trofeos de caza, realizadas bajo una cobertura de perdigones. En aquella ocasión encontrábamos cierta analogía formal entre las esculturas de Timmermans y las típicas muestras del tradicional arte Huichol de México: cabezas de animales cubiertas por cuentas esféricas, multicolor en el caso de los típicos jaguares del arte Huichol, y de pulido metal en la pacífica reubicación de los proyectiles de caza en el caso de la escultora norteamericana, quien recordaba las muertes de animales por la caza deportiva a la vez que usaba sus simbólicos causantes materiales como forma de acabado de sus símiles de trofeos en los que los animales no son los sacrificados sino las balas, aunque se trate de balas simbólicas, ya que no pasarían de cierta utilidad en caza menor, al tratarse de perdigones de poco calibre.
El colombiano Federico Uribe reincide en el planteamiento de Timmermans, pero lo cierto es que es más preciso, o cuando menos variado, en la selección de la munición empleada, que además es reubicada en analogía a la disposición del pelo de los animales.
Las balas no se limitan a aportar textura, sino que de algún modo conforman la construcción estructural de la pieza escultórica resultante.
El mensaje pacifista y proteccionista es evidente y no necesita excesiva explicación, pero sin duda es una muestra más del creciente protagonismo de la fauna y nuestras relaciones con ella en todo tipo de manifestaciones artísticas, testimonios de un tiempo marcado por una acuciante crisis ecológica.
Como veréis, en algunos casos los proyectiles se adecúan a la representación de ciertas formas del animal sin apuntar exactamente al tipo de bala que se emplearía para cazarlo. De hecho, las balas y cartuchos son dispuestos o modificados para cumplir más eficazmente con su función visual. Además, Uribe no se ciñe exclusivamente a reproducir el formato de los trofeos de pared, aunque de algún modo sus esculturas nos recuerden a la impresión producida por las piezas de taxidermia. Incluso comparten con ellas el estar realizadas con despojos de cacerías, aunque en este caso, dichos despojos no pertenezcan a las piezas cazadas sino a las balas no utilizadas para tan oscuro fin, sino para emular la belleza de los ejemplares salvados de la matanza.



A Jelinek la descubrimos a través de COLOSSAL, y Christopher Jobson dice de ella:

 La artista Kelly Renee Jelinek fabrica réplicas de tamaño natural de cabezas de animales disecados utilizando fragmentos de tela de tapicería. Los objetos de decoración evocan la nostalgia de la juventud que Jelinek pasó en el Wisconsin rural, donde se encontró con frecuencia  montajes y piezas de taxidermia como parte de la decoración cotidiana de la casa. La artista comienza con los mismos soportes de espuma utilizados por los taxidermistas reales a los que aplica jirones de tela, hilo, resina o astas recogidas, y los ojos de mármol de vidrio. Los resultados son sorprendentemente modernos objetos escultóricos que imitan a los montajes tradicionales anatómicos.

Si los anteriores autores mencionados apelaban a una metonimia plástica que asociaba los animales convertidos en objetos inertes por obra y gracia de los proyectiles empleados para matarlos, Jelinek reflexiona sobre el material en el que se convierten una vez muertos y cosificados como elemento ornamental, estableciendo un cruce de analogías entre las técnicas de la tapicería y la taxidermia en una curiosa intersección escultórica que aúna interiorismo, diseño gráfico y textil. 

Mafa Alborés.




















https://www.facebook.com/kelly.jelinek.7

http://www.thisiscolossal.com/2016/02/upholstered-faux-taxidermy-kelly-rene-jelinek/








domingo, 13 de diciembre de 2015

Balas y Animales. Federico Uribe. Diferencias y coincidencias con Courtney Timmermans.

Federico Uribe


Courtney Timmermans
No sé si os acordáis de cuando incluimos en nuestra serie dedicada a escultura zoológica basada en el reciclaje de piezas industriales a  Courtney Timmermans y sus cabezas de animales inspiradas en trofeos de caza, realizadas bajo una cobertura de perdigones. En aquella ocasión encontrábamos cierta analogía formal entre las esculturas de Timmermans y las típicas muestras del tradicional arte Huichol de México: cabezas de animales cubiertas por cuentas esféricas, multicolor en el caso de los típicos jaguares del arte Huichol, y de pulido metal en la pacífica reubicación de los proyectiles de caza en el caso de la escultora norteamericana, quien recordaba las muertes de animales por la caza deportiva a la vez que usaba sus simbólicos causantes materiales como forma de acabado de sus símiles de trofeos en los que los animales no son los sacrificados sino las balas, aunque se trate de balas simbólicas, ya que no pasarían de cierta utilidad en caza menor, al tratarse de perdigones de poco calibre.
El colombiano Federico Uribe reincide en el planteamiento de Timmermans, pero lo cierto es que es más preciso, o cuando menos variado, en la selección de la munición empleada, que además es reubicada en analogía a la disposición del pelo de los animales.
Las balas no se limitan a aportar textura, sino que de algún modo conforman la construcción estructural de la pieza escultórica resultante.
El mensaje pacifista y proteccionista es evidente y no necesita excesiva explicación, pero sin duda es una muestra más del creciente protagonismo de la fauna y nuestras relaciones con ella en todo tipo de manifestaciones artísticas, testimonios de un tiempo marcado por una acuciante crisis ecológica.
Como veréis, en algunos casos los proyectiles se adecúan a la representación de ciertas formas del animal sin apuntar exactamente al tipo de bala que se emplearía para cazarlo. De hecho, las balas y cartuchos son dispuestos o modificados para cumplir más eficazmente con su función visual. Además, Uribe no se ciñe exclusivamente a reproducir el formato de los trofeos de pared, aunque de algún modo sus esculturas nos recuerden a la impresión producida por las piezas de taxidermia. Incluso comparten con ellas el estar realizadas con despojos de cacerías, aunque en este caso, dichos despojos no pertenezcan a las piezas cazadas sino a las balas no utilizadas para tan oscuro fin, sino para emular la belleza de los ejemplares salvados de la matanza.

Mafa Alborés.



Uribe ha utilizado otros materiales para componer sus piezas, como trozos de lana para constituir con cierta lógica el revestimiento de su escultura de un carnero, y antaño nos había acostumbrado a sus piezas figurativas construídas con lápices de colores, pero sin duda la recreación de animales susceptibles de ser considerados piezas cinegéticas a base de balas y proyectiles de caza encierra un mensaje conservacionista y pacifista bastante claro y explícito.

 
























Os dejamos con alguno de los comentarios de los que hemos extraído información sobre este trabajo de Uribe, concretamente de Maria Rivas para Vice SinEmbargo.


Federico Uribe: El artista que convierte las balas en animales

El colombiano busca que con su serie Quedemos en paz las balas aporten un nuevo elemento simbólico. Se enfoca en demostrar que la vida siempre está presente, sea por medio de balas y armas de destrucción.

Por María Rivas Serrano
Foto: Federico Uribe
Foto: Federico Uribe
Ciudad de México 29 de noviembre (SInEmbargo/ViceMedia).- Esculturas grandes y coloridas creadas con balas de todos los tamaños y figuras han llegado a salas reconocidas de Boston en Adelson Galleries y ahora en Bogotá, en Barcú, exponiendo diferentes animales y paisajes del mundo salvaje. Las balas, que generalmente nos remiten a un lugar oscuro y destructivo, en este caso construyen el pelaje, los dientes y las plumas de leones, zorros, conejos y aves que adornan las paredes blancas de una sala de exposición.
La antítesis simbólica que se presenta en estas obras es de cierto modo problemática. Sin embargo, ese objeto de muerte sirvió de inspiración para el artista Federico Uribe, egresado de Arte de la Universidad de los Andes de Bogotá en 1988, y posteriormente de una maestría en Bellas Artes en Nueva York.
Foto: Federico Uribe
Foto: Federico Uribe
Su trabajo artístico, que en este caso saca belleza de la destrucción, se ha enfocado generalmente en utilizar elementos de la vida cotidiana para crear objetos que pierdan su identidad principal y se conviertan en herramientas que crean algo mucho más grande: torsos de mujeres desde el cuello hasta las piernas hechos con dominós, pedazos de fruta o monedas; flores de todos los tamaños con figuras de metal y cuerpos de mujeres, hombres y niños con pedazos de colores en un lienzo, son algunas de las series que Uribe se ha propuesto crear. Con la utilización de objetos cotidianos, el artista se ha enfocado en crear esculturas que tengan un nuevo significado.
Esta última serie, Quedemos en paz, hecha a base de balas de armas recicladas que compra por peso, construye un mundo salvaje donde sus protagonistas son los animales que hacen parte de nuestra fauna. En este caso, su idea era despertar belleza a partir del símbolo de violencia, pues el reto es demostrar que la vida siempre se renueva y la belleza siempre está presente, así provenga de lo que normalmente no es bello.
A pesar de encontrarse en un país donde la violencia ha sido protagonista por muchos años, esta obra no trata de sumarse a aquellas que la usan como símbolo por sí mismo. Uribe, con sus paisajes del mundo salvaje, tiene un fin puramente estético en el que logra volver a definir las balas en un origen de belleza.
Foto: Federico Uribe
Foto: Federico Uribe
Con su trabajo, Federico se ha propuesto entender el peso simbólico de cada material que utiliza en sus series. Lo importante, pues, es crear sus imágenes con coherencia: que el material de construcción aporte un nuevo elemento al objeto deseado. Se redefinen los objetos con la utilización de más objetos. “Ya una bala no representa lo mismo cuando es expuesta de una manera distinta”, afirma.
Foto: Federico Uribe
Foto: Federico Uribe
Para crear cada escultura de Quedemos en paz, se requiere de un proceso largo y dispendioso entre el artista y sus dos asistentes para realizar planos acerca de lo que van a construir y cómo van a hacerlo. Cuando ya finalmente tienen un esquema a seguir, empieza la construcción. Cada escultura se demora de tres a cuatro semanas en ser construida, según Federico, en las que hay una planeación del animal y de su postura. Después se juntan las piezas con otros materiales que no quiso revelar por los imitadores.
Por eso sus obras, más que recalcar formas de violencia, se enfocan en demostrar que la vida siempre está presente, sea por medio de balas y armas de destrucción. Acá, algunas muestras más de la obra.
Foto: Federico Uribe
Foto: Federico Uribe
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Redactora




Esculturas grandes y coloridas creadas con balas de todos los tamaños y figuras han llegado a salas reconocidas de Boston en Adelson Galleries y ahora en Bogotá, en Barcú, exponiendo diferentes animales y paisajes del mundo salvaje. Las balas, que generalmente nos remiten a un lugar oscuro y destructivo, en este caso construyen el pelaje, los dientes y las plumas de leones, zorros, conejos y aves que adornan las paredes blancas de una sala de exposición.

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La antítesis simbólica que se presenta en estas obras es de cierto modo problemática. Sin embargo, ese objeto de muerte sirvió de inspiración para el artista Federico Uribe, egresado de Arte de la Universidad de los Andes de Bogotá en 1988, y posteriormente de una maestría en Bellas Artes en Nueva York.
Su trabajo artístico, que en este caso saca belleza de la destrucción, se ha enfocado generalmente en utilizar elementos de la vida cotidiana para crear objetos que pierdan su identidad principal y se conviertan en herramientas que crean algo mucho más grande: torsos de mujeres desde el cuello hasta las piernas hechos con dominós, pedazos de fruta o monedas; flores de todos los tamaños con figuras de metal y cuerpos de mujeres, hombres y niños con pedazos de colores en un lienzo, son algunas de las series que Uribe se ha propuesto crear. Con la utilización de objetos cotidianos, el artista se ha enfocado en crear esculturas que tengan un nuevo significado.


Esta última serie, Quedemos en paz, hecha a base de balas de armas recicladas que compra por peso, construye un mundo salvaje donde sus protagonistas son los animales que hacen parte de nuestra fauna. En este caso, su idea era despertar belleza a partir del símbolo de violencia, pues el reto es demostrar que la vida siempre se renueva y la belleza siempre está presente, así provenga de lo que normalmente no es bello.
A pesar de encontrarse en un país donde la violencia ha sido protagonista por muchos años, esta obra no trata de sumarse a aquellas que la usan como símbolo por sí mismo. Uribe, con sus paisajes del mundo salvaje, tiene un fin puramente estético en el que logra volver a definir las balas en un origen de belleza.
Con su trabajo, Federico se ha propuesto entender el peso simbólico de cada material que utiliza en sus series. Lo importante, pues, es crear sus imágenes con coherencia: que el material de construcción aporte un nuevo elemento al objeto deseado. Se redefinen los objetos con la utilizacion de más objetos. "Ya una bala no representa lo mismo cuando es expuesta de una manera distinta", afirma.

Para crear cada escultura de Quedemos en paz, se requiere de un proceso largo y dispendioso entre el artista y sus dos asistentes para realizar planos acerca de lo que van a construir y cómo van a hacerlo. Cuando ya finalmente tienen un esquema a seguir, empieza la construcción. Cada escultura se demora de 3 a 4 semanas en ser construida, según Federico, en las que hay una planeación del animal y de su postura. Después se juntan las piezas con otros materiales que no quiso revelar por los imitadores.
Sus esculturas, que evidencian animales majestuosos, son una forma de decirle a los colombianos que "(les) toca asumir responsabilidad de ser una nación, pues ya todos estamos cansados de la guerra". Sin embargo, su obra no es una crítica a la violencia: es, más bien, un proceso de reconciliación. "Yo soy propositivo y los artistas estamos para reconciliar la belleza con la vida en los ojos del espectador. En esta guerra todos somos responsables de lo que hemos vivido, por eso acá no juzgo ni critico a nadie", concluye.


Por eso sus obras, más que recalcar formas de violencia, se enfocan en demostrar que la vida siempre está presente, sea por medio de balas y armas de destrucción. Acá, algunas muestras más de la obra.

Para ver más sobre el trabajo de Federico Uribe, haz click aquí.