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martes, 15 de marzo de 2016

Sandro Alviani y la divulgación zoológica en complicidad con las artes aplicadas.



Sandro Alviani en Costa Rica

Hace apenas un par de semanas murió Sandro Alviani, vinculado a la conservación y divulgación de la fauna en Costa Rica y antaño artífice de diversas exposiciones zoológicas cuya estela permanece presente en diversas instituciones de divulgación zoológica y científica.
A través de los recursos expositivos de la empresa Grupo Atrox de la que fué artífice y fundador y que sigue vigente en la gestión de exposiciones zoológicas, fué el propulsor de iniciativas privadas para exposiciones itinerantes o recientemente la gestión y mantenimiento de escenografías expositivas permanentes como la del Bosc Inundat del CosmoCaixa de Barcelona, o "Enverinats", una exposición itinerante que también pudimos disfrutar recientemente en el Museu Blau de Barcelona.
Este boloñés siempre tuvo muy clara la estrecha relación entre la auténtica curiosidad científica (vinculada al ansia de averiguar secretos) y la mera curiosidad por lo llamativo o insólito (la curiosidad suscitada por los espectáculos de lo llamativo manipulando superestímulos).
Sandro me lió en diferentes proyectos y colaboré con él en múltiples ocasiones para bien y para mal. Nos enfadamos muchas veces pero nos reímos juntos muchas más y me parecía alguien esencialmente simpático y, al margen de nuestra relación profesional, un amigo peculiar y divertido que ha determinado una parte de mi vida estrechamente relacionada con el blog que estáis leyendo.

"El Animal Invisible" es un lugar donde encontrar información sobre manifestaciones artísticas relacionadas con los animales y la divulgación naturalista, además de hacer hueco al arte figurativo naturalista en un sentido más estricto, es decir, el naturalismo como movimiento artístico que produce obras que aparentemente reproducen la realidad tal y como es aunque no la representen esencialmente. Para entendernos, la literatura de Balzac es naturalista, con tipologías y descripciones crudas aparentemente reflejo de la realidad, pero es esencialmente folletinesca y no estrictamente realista. El realismo es otra cosa que no tiene porqué recurrir necesariamente a apariencias naturalistas. No es natural que los animales hablen o conspiren políticamente, pero "Rebelión en la granja", de George Orwell es tan realista como cualquier pasaje de Galdós o Victor Hugo, si no más.
A partir de esta premisa que juega con el significado de "naturalismo" en dos acepciones bien distintas, hace años inicié un trabajo académico que desembocó en una tesis doctoral homónima a este blog que pretendía indagar no sólo en el arte como simulacro, sino en su capacidad para transmitir el discurso científico, y particularmente el zoológico, a través de los libros ilustrados y los recursos expositivos de los museos de historia natural y los zoológicos.
Las circunstancias y casualidades de la vida me habían llevado a trabajar como decorador y modelista en el Museo de Cera de Barcelona, pese a que mi especialidad era Imagen (foto, cine, video) pudiendo seguir explotando mis habilidades manuales como dibujante, pintor y escultor, para poder seguir sufragando mis estudios de doctorado.
Mi primer trabajo en el Museo de Cera consistió en la remodelación de un espacio que hasta entonces había estado albergando una exposición que no sólo había sido la más visitada y rentable del museo, sino una de las más rentables de la historia de las exposiciones temáticas en Europa. Se trataba de "Inquisición", un repaso histórico y documental a diferentes métodos y aparatos de tortura que sobrepasó las expectativas de los responsables del museo, quienes en un principio se habían limitado a ceder un nuevo espacio recién adquirido para experimentar con exposiciones alternativas a la colección permanente.
Entre los responsables de la colección de "Inquisición"  se encontraba Sandro Alviani, quien también era responsable de otras exposiciones destinadas a jugar con el morbo y la curiosidad del espectador bajo pretextos
divulgativos históricos y científicos, como por ejemplo diversas exposiciones de animales raros o peligrosos por su toxicidad, especialmente reptiles y artrópodos.
Por aquel entonces yo todavía no conocía a Sandro, pero la maquinaria del destino ya había empezado a trabajar en ello, ya que, tras esta etapa en el Museo de Cera, la institución fue requerida por el Zoo de Barcelona para remodelar uno de sus espacios en la línea de las modernas instalaciones con decorados naturalistas de apariencia hiperrealista que habían empezado a marcar la pauta en zoos como el del Bronx de Nueva York o el de Omaha, lo que me llevó a participar como empleado del Museo de Cera en la construcción de "Madagascar", el primer decorado de estas características habitado por animales vivos en el zoo barcelonés.
Hasta aquel entonces, los elementos que pudiesen hacer referencia a un entorno natural eran esquemáticas construcciones arquitectónicas o vestigios naturales un tanto aleatorios, como rocas o troncos de árbol.
Lo más parecido a un decorado naturalista era la vieja recreación en hormigón y guijarros de las peculiares formaciones de aluvión de Montserrat, que databa de los primeras remodelaciones del zoo moderno, allá por los años 50, y, mucho más recientemente, algunas recreaciones gelógicas y vegetales en la galería de monos y simios, unos de los primeros trabajos serios en resina de polyéster por Gabriel Ruiz (Gecco 3D) y Ramón López (Quagga), entonces socios en una empresa llamada "Gálig" que constituía un caso excepcional de especialización en recreaciones, volumetrías y escenografías naturalistas.
Lo más avanzado, moderno o ambicioso en la manera de exponer ejemplares zoológicos vivos en el Zoo de Barcelona se debía a una concesión a la empresa privada responsable de la exposición "Natura Misteriosa", especializada en serpientes, arácnidos e insectos venenosos, que por su difícil gestión habían sido paulatinamente eliminados de las colecciones del zoo y que ahora apelaban al pago suplementario de una entrada por parte del público más curioso.
"Natura Misteriosa" era otra de las iniciativas empresariales de los socios italianos responsables de "Inquisición", y su espíritu era similar: apelar a la curiosidad morbosa bajo un pretexto educativo o informativo. "Inquisición" había constituído un auténtico imán para el público debido a su pretexto culto, histórico, propio de cualquier sala temática de un museo de Historia o de Antropología, pero centrándose en lo truculento, en la muerte violenta, en la tortura y los aparatos empleados. Ni siquiera era necesario especificar si las piezas eran auténticas o eran reproducciones convincentes, porque de lo que se trataba era de ilustrar en una atmósfera adecuada una realidad histórica decididamente espantosa. Para sus responsables no era difícil ofrecer convincentemente el producto a cualquier concejalía de cultura. Desde una perspectiva oficial era un producto serio, una exposición sobre Historia desde un ángulo curioso y llamativo, pero nunca suponían hasta qué punto. La afluencia masiva de público y los cuantiosos ingresos de los expositores en espacios públicos cedidos sin ánimo de lucro les reservaba unos pingües beneficios con los que incrementar el número de reproducciones de piezas expuestas, o incluso de piezas originales que dignificasen el resultado obtenido hasta el extremo de simultanear prácticamente el mismo diseño de exposición en tres o más ciudades diferentes a la vez.

"Natura Misteriosa" no era ajena a este modelo. La iluminación puntual, restringida a los terrarios, buscaba crear una atmósfera más propia de un gabinete de curiosidades o de un pasaje terrorífico en un parque de atracciones. Sandro Alviani era uno de los responsables de "Natura Misteriosa" y, cuando se desvinculó de sus antiguos socios, fué él quien se hizo cargo de esta particular sección del zoo junto a su socio Andrés Serralta como un anexo al Terrario del Zoo de Barcelona. Pese a un uso todavía esquemático y precario de las posibilidades del polyéster, sus recursos superaban con creces las paredes de frío azulejo ocre y verde del zoo.

De hecho, la preocupación de Alviani por atraer al público mediante escenografías más atractivas y estudiadas estaba poniendo en evidencia la obsolescencia estética de las viejas instalaciones del terrario y, tras el experimento de "Madagascar" a cargo del Museo de Cera, los responsables del zoo quisieron probar a remodelar algunos habitáculos del recinto con ese estilo más realista y moderno, por lo que contactaron conmigo, ya desvinculado del Museo de Cera, para remodelar uno de estos espacios contiguos a la "Natura Misteriosa" de Alviani.
Fue entonces cuando establecimos contacto al verse atraído por nuestros acabados escultóricos y escenográficos.
Aquello fué el inicio de una remodelación de mayor calado del Terrario del Zoo, en la que participamos mi colega Geno R. Rey y yo en sana competencia con Gálig, lo que acabaría por empujar a los responsables del zoo a negociar con Alviani una reubicación de "Natura Misteriosa" a otra zona del recinto, dado que tampoco estaban dispuestos a renunciar a uno de los principales focos de interés del público, atraído por la estética de la exposición y por el atávico atractivo de los animales tradicionalmente asociados a la repulsión y el riesgo (un riesgo, por cierto, dispuesto a ser asumido por el equipo de Alviani, pero no por los cuidadores del zoo).

El ambicioso proyecto de reubicación de "Natura Misteriosa" se precipitó en gran medida por la inauguración del Aquarium de Barcelona en el cercano Moll de la Fusta, lo que hizo que los acuarios del llamado Aquarama del zoo (un edificio cilíndrico que incluía una gran piscina-anfiteatro para delfines rodeada por dos plantas de acuarios en su perímetro) fuesen parcialmente eliminados para albergar los nuevos terrarios de la colección de Alviani, quien quiso aprovechar la ocasión para ofrecer vistas más realistas de los biotopos representados, con un recorrido en penumbra en que tan sólo los terrarios estuviesen iluminados, como grandes pantallas de televisión tridimensional emergiendo de la oscuridad.



Como reclamo para atraer al público (obligado a pagar una entrada exclusiva además de la no despreciable entrada al zoo) se decidió emular el recurso usado en "Madagascar" (un baobab artificial con una hoquedad que hacía de acceso al interior de la instalación) simulando una entrada a una cueva que justificase la oscuridad y de paso albergase pequeños espacios donde simular filtraciones acuíferas, formaciones de estalactitas y estalagmitas e ir induciendo al visitante a entrar en una atmósfera sugerente donde contemplar un recorrido de terrarios atractivos albergando ejemplares de serpientes legendariamente venenosas, escorpiones, tarántulas, murciélagos, mariposas gigantes, ranas venenosas, etcétera. La denominación "Natura Misteriosa" fué sustituida por "El Misteriòs Mòn del Verí / El Misterioso Mundo del Veneno" y el pasillo circular contribuyó a que los contenidos se fuesen apareciendo de forma más paulatina incrementando la expectación.



Alviani era experto en generar curiosidad en el público, atraerlo y dejarle en el cuerpo la sensación de haber contemplado algo interesante, insólito y vistoso con recursos lo más económicos y espartanos posible en el recorrido, para poder desviarlos al interior de los terrarios, con acabados lo más realistas que permitiesen las posibilidades del polyéster en cuanto a textura, minimizando la cantidad de elementos vegetales vivos, o de tierras y turbas que requiriesen mantenimiento. Así pues construimos muchas piezas modulares intercambiables y con diferentes acabados, simulando piedra, tierra o madera para disponer de bases óptimas a las que añadir tierra auténtica, restos vegetales o recorridos controlados de agua, añadiendo musgo, recipientes con agua que conservasen un aspecto casual y naturalista, fáciles accesos de limpieza y mantenimiento, etc.
La premisa que compartíamos con Sandro es que si, observando en detalle la textura de los pequeños paisajes interiores, el aspecto ofrecido tenía una apariencia fotorrealista, el público obtendría la sensación de un macro o vista en detalle de un fragmento auténtico de biotopo natural, fuese un bosque húmedo, un manglar o un rincón arenoso del desierto americano, con lo que los terrarios supusiesen algo así como ventanas o lupas de acercamiento a espacios naturales auténticos, tal y como nos habíamos planteado en ciertas secciones del recorrido expositivo de "Madagascar".
Las técnicas empleadas suponían una hibridación entre pintura realista y escultura, algo normal en el mundo de la escenografía a escala y el mecanismo, aunque siempre adaptándonos a los condicionantes técnicos que nos obligaban a prever la presencia de bombas de agua para simular humedades naturales proporcionando agua a los animales vivos, o humificadores de ultrasonido, o comederos extraíbles, por no mencionar sistemas de ventilación, calefacción o lámparas de diversas índoles. Si observáis las imágenes siguientes, apreciaréis que, incluso desprovistos del acabado con plantas y otros elementos naturales, los terrarios elaborados para sus exposiciones intentaban ofrecer una evocación del mundo natural lo más convincente posible. De hecho, mi estancia en las instalaciones del zoo y mi amistad con algunos de sus trabajadores, expertos naturalistas autodidactas y excelentes constructores y conservadores de terrarios, creo que fue decisiva e influyente (junto con los trabajos de Gabi Ruíz -(Gecco 3D)-, por supuesto, autor de trabajos de mayor calado profesional, sin duda) para que el aspecto de las posteriores instalaciones elaboradas por estos entusiastas trabajadores cambiase radicalmente incluso cuando eran de elaboración propia.


En el caso de los dos terrarios siguientes, ejemplos de modelos individuales para exposiciones itinerantes, podemos observar algunos detalles interesantes que siempre tuvimos en cuenta, a saber: los volúmenes deben favorecer la presencia de huecos en los que depositar macetas con plantas vivas simuladas entre tierra natural y musgo.
Asimismo debe haber huecos donde el animal, sea un reptil, un anfibio o un artrópodo pueda evadirse del estrés sintiéndose oculto sin desaparecer totalmente de la vista del público que ha pagado para verlo y, finalmente, su aspecto debe ser naturalista pero no excesivamente concreto para que sea intercambiable, en caso de necesidad, por especies alternativas asociadas a biotopos concretos. El terrario que aparece bajo estas líneas lo construí para contentar a Sandro Alviani, quien era un gran admirador del trabajo gráfico de Frank Frazetta, como yo, y nos divertimos inspirándonos en una de su emblemáticas imágenes evocadoras de faunas misteriosas y salvajes. Pese a que en la imagen aparece escuetamente sin "naturalizar" con tierra, plantas y musgo (y sin su inquilino animal, que siempre era la guinda del pastel) creo que se puede apreciar el amor y entusiasmo con que acometíamos estas tareas.



La experiencia adquirida con la construcción y acabados de "Madagascar", de un tamaño notable para los inicios de la década de los noventa en la ciudad condal, nos sirvió para observar sus rincones más pequeños y detallados como modelo a seguir y mejorar en "El Misterioso Mundo Del Veneno"


Obsérvese, en comparación con los ejemplos vistos más arriba, basados en un criterio escénico más envolvente, que el estilo planteado inicialmente por Sandro Alviani como alternativa a los espartanos terrarios del Zoo de Barcelona, el de Valencia o el de Madrid, donde mantuvo exposiciones permanentes, entre otros, era en realidad bastante esquemático y siempre retroiluminado por un fondo azul translúcido, cuando no cubierto por un forillo fotográfico o un simple póster. Pese a su simpleza, denotaban un deseo de ofrecer al público algo más acorde con lo que podía ver en cualquier documental zoológico, o en cualquier libro naturalista ilustrado, lo que demuestra que tanto las ilustraciones como las nuevas escenografías zoológicas habían de medirse en un modelo de inspiración fotográfica y documentalista. Era cuestión de tiempo que al público no le bastase con observar al animal en vivo y en directo descontextualizado de su biotopo y se hacía necesario emular un entorno natural que, además, tiene un efecto tranquilizador, puesto que el visitante tiene la ilusión de que el animal está más confortable cuanto más natural aparente el espacio que ocupa...aunque éste en realidad sea de plástico. Además, el espectador contempla un cuadro de perpectiva única con un paisaje aparente de fondo, olvidando a menudo que el animal habita ese diorama contemplando desde su interior lo que la ventana le ofrece del exterior: un espacio arquitectónico con gente observando.

Lo más curioso del periplo de Alviani es que estaba abocado a hacer aquello que se le daba bien: vender los objetos de sus aficiones coleccionistas en forma de eventos culturales atractivos y rentabilizarlos al máximo para poder seguir  dedicándose a lo que más le gustaba: observar estos animales en su medio natural. Desde luego ello conllevaba su rescate y mantenimiento en cautiverio para reivindicar algo a menudo contradictorio, pero su ilusión era llegar a conseguir un espacio auténticamente natural donde instalarse y seguir desarrollando su pasión alejado de los zoológicos urbanos, lo cual siempre le obligaba a sortear problemas técnicos, legales y logísticos que se le daban bien por experiencia pero no por agrado. No es fácil mantener una reserva de reptiles letales en un domicilio privado. En cierta ocasión, al ver que había tapado un lavadero en un invernadero con una celosía de maderos, bromeé con que parecía que mantenía allí un cocodrilo y se limitó a responder lacónicamente que le empezaba a preocupar el bienestar del animal si seguía creciendo. Miré en el interior y, efectivamente, había un cocodrilo vivo y de un tamaño considerable en el interior.

Su carácter curioso e imaginativo le llevó a coleccionar todos los restos de animales que había tenido en cautividad o a los que había tenido acceso en los zoológicos que había frecuentado, ejerciendo de taxidermista experimental para producir una colección de falsas falsificaciones de monstruos y fetiches de la antigüeda y crear un particular gabinete de curiosidades supuesta y ficticiamente perteneciente a un personaje inventado para la ocasión, muy en la línea del Profesor Ameisenhaufen de Joan Fontcuberta, pero no como ironía artística, sino como exposición al estilo de "Inquisición".
Así ideó la falsa biografía del señor Alessandro (un alter ego poco disimulado), un supuesto personaje decimonónico consagrado a coleccionar reliquias, fetiches y piezas relacionadas con el ocultismo, la brujería y la superstición, con una premisa astuta y ambigua: Alessandro quería demostrar la falsedad de dichas creencias con su colección plagada de antiguas falsificaciones de siglos pasados (en realidad, todas confeccionadas por el propio Alviani o sus colaboradores, como yo mismo) y volver a atraer la curiosidad del público dándole un cuerpo a toda la exposición de modo que ilustrase coherentemente los típicos objetos de estudio de historiadores, criptozoólogos y parapsicólogos en la línea de Jiménez del Oso o del menos riguroso Iker Jiménez.
residencia de Alviani en el Jaguar Rescue Center Foundation
Así nació su Museo de la Brujería, inaugurado como exposición temporal en Jaca y que acabó teniendo una ubicación más  permanente en Segovia, lo que le sirvió, entre otras cosas, para ir sufragando su centro de operaciones en Costa Rica y volcarse en el turismo de divulgación naturalista, y finalmente en un centro de rescate de animales salvajes heridos por la acción humana que desembocó en el Jaguar Rescue Center Foundation, algo más allá de una mera forma de sufragar la hermosa residencia selvática con la que siempre había soñado, sino un lugar desde donde reinsertar animales a su medio natural o desde donde desarrollar actividades informativas y divulgativas.
Con la excusa de las tormentas de ideas a las que nos sometíamos para crear piezas plausibles para "Brujería" (supuestamente una actualización de una antigua colección o gabinete de curiosidades llamado en su día "El Frasco Mágico") realicé un gran número de "viejos" dibujos, "antiguas" pinturas, reliquias y "misteriosas" falsificaciones de falsificaciones de ejemplares criptozoológicos. Aunque mi supervivencia era problemática y el trabajo a menudo arduo, mentiría si no reconociese lo mucho que disfruté y lo mucho que especulamos y nos divertimos con ello.



Tal vez parezca que la realización de "Brujería" no fue más que un pretexto para engrosar las actividades e ingresos de Grupo Atrox al margen de sus proyectos zoológicos, pero lo cierto es que quien haya visitado "Enverinats/Envenenados", su exposición temática itinerante sobre el mundo de los animales y plantas venenosas (que pudimos ver hace no mucho en el Museu Blau de Barcelona) comprobará que no es más que la combinación de recursos expositivos de "Brujería", "Natura Misteriosa" y "El Misterioso Mundo del Veneno". Con sus expositores llenos de muestras de plantas y muestras de origen animal antiguamente empleadas para fármacos y remedios, dentro de frascos de vidrio cuidadosamente seleccionados por su aspecto anticuado (hoy en día diríamos "vintage") junto a trabajos de escultura hiperrealista encaminados a suscitar el morbo y las sensaciones más atávicas al contemplar los posibles efectos de algunos venenos naturales de serpientes y otras criaturas. Aunque Sandro Alviani ya hacía tiempo que estaba volcado en su vida entre animales selváticos, su antiguo socio Andrés Serralta compartía sus criterios y aprovechaba sus recursos escénicos para mantener la atención y la curiosidad del público asistente mientras se le ofrecía información profusa y veraz.





Me alegra que Sandro haya conseguido lo que buscaba con su descaro y su ingenio, que haya podido disfrutar de la cercanía de la selva y los animales que tanto amaba y me apena que no haya seguido disfrutando de ello más tiempo.





A continuación algunos documentos gráficos de mis colaboraciones con Sandro Alviani, desde detalles de la exposición "Brujería", hasta momentos de construcción de espacios expositivos de herpetología, algunos terrarios de los muchos que construímos para exposiciones itinerantes en diversos rincones del mundo y especialmente muestras de los ejemplares criptozoológicos que ideamos como si de científicos locos se tratase, disfrutando como niños y riéndonos cuando las ocurrencias sobrepasaban los límites de lo tolerable.
Casi todas las piezas son mías o de Geno R. Rey, pero algunas están realizadas por el propio Sandro, que a decir verdad tenía una gran capacidad para buscarse pasatiempos que luego, en su cabeza, bullían hasta encontrarles un hueco donde ubicarlos y rentabilizarlos. Podéis ver más muestras en la página correspondiente de este blog y comprenderéis que hayamos dedicado una extensión extra a los contenidos de esta entrada dedicada a Sandro Alviani, a quien siempre recordaré como mi particular Watto de Star Wars Episodio I, o el profesor Cavan (Ennio Lombardi) impostado por Armando de Razza en "El día de la Bestia". Era un liante astuto, divertido y apasionado del que siempre guardaré un buen recuerdo y que colaboró mucho en el hecho de que algunos sigáis con asiduidad los contenidos de este blog, que dudo mucho que él haya llegado a ver.

Mafa Alborés y Geno R. Rey para "El Misterioso Mundo del Veneno" (construcción del decorado de acceso)




Mafa Alborés

Mafa Alborés



Geno Rey / Sandro Alviani

Geno R. Rey/Sandro Alviani



Geno R. Rey/Sandro Alviani

Mafa Alborés / Sandro Alviani



Mafa Alborés / Geno R. Rey / Sandro Alviani

Sandro Alviani