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lunes, 10 de junio de 2013

aves gigantes y águilas devoradoras de hombres


Recientemente, los avistamientos de grandes aves rapaces en áreas rurales de nuestro país se ha vuelto más frecuente que en tiempos de mi niñez.
Pese a vivir rodeado de campos, lo cierto es que, aparte de algún gavilán, era muy raro observar aves rapaces grandes debido a su escasez, probablemente debida a la caza y al uso de pesticidas.
Las políticas de protección y la prohibición de pesticidas que afectaban a los pequeños animales que constituyen la dieta de estas aves han propiciado su reaparición y ya no es infrecuente verlas surcar los cielos de áreas bastante pobladas y cada vez más urbanizadas.
De hecho, algunos vecinos de mi localidad, en las Rías Bajas gallegas, han visto cómo algún animal doméstico como conejos, gallinas, pequeños corderos e incluso perros pequeños o gatos eran capturados por uno de los miembros de la pareja de águilas que frecuenta los alrededores.
La presencia de estos animales es sintomática de un aceptable estado de salud medioambiental y ha de ser bienvenida al margen de los pequeños conflictos agropecuarios que pueda generar. No obstante, no cabe duda de que cualquier gran amenaza que venga del cielo alimenta la imaginación y la especulación, generando dudas razonables acerca del potencial peligro que pueda representar uno de estos animales para un niño pequeño, por poner un caso inquietante.
Hace meses, la red era testigo multitudinario de un vídeo reproducido hasta la saciedad en el que se registraba el ataque de un águila dorada a un bebé en un parque, y, pese a lo sorprendente de las imágenes, su realismo no dejaba dudas acerca de la posibilidad de este tipo de ataques. Los mitos de grandes aves agresivas son poderosos, y las águilas representan a los grandes y temibles depredadores del aire.





No obstante, es más fácil ser agredido por una gaviota (buscad, si no, información sobre los recientes ataques de estos animales en época de cría en ciertas poblaciones del Maresme) que por un águila, aunque no sea descartable la posibilidad de que se cobren como pieza a un niño lo suficientemente pequeño como para que se sientan capaces de alzar el vuelo con él. El caso es muy interesante porque nos habla claramente de las expectativas asociadas al grado de credibilidad de un documento gráfico sobre la conducta más o menos sorprendente o inquietante de un animal.
Poco tiempo después de la divulgación de las mencionadas imágenes, los autores, unos alumnos de una escuela de artes audiovisuales en Canadá, dieron a conocer la manipulación digital de las mismas y el consiguiente engaño, demostrando, más allá de una innegable habilidad técnica en el dominio de los programas de diseño 3D empleados, un grado muy elevado de conocimientos sobre las características propias de las imágenes registradas con diferentes tecnologías audiovisuales, y, por lo tanto, una gran capacidad de análisis crítico de un documento gráfico desde el punto de vista de su credibilidad documental.




El ejemplo del falso registro casual de un comportamiento animal creíble pero sorprendente nos sirve para constatar que el temor atávico es un buen cómplice de la predisposición a dar crédito a cualquier aparente prueba gráfica que lo confirme. En este caso, la capacidad del águila para capturar a un ser humano, aún tratándose de un bebé, confirmaría de alguna manera la existencia de grandes aves capaces de capturar a un ser humano, conectando con las leyendas de aves gigantes presentes a lo largo de la Historia de humanidad, como el ave Roc, el ave Fénix (dotada de características que la situarían en una clasificación propia, como mito zoológico) y otras.

Moa.Moa




Sí que es cierto que han existido aves prehistóricas de gran tamaño (conocidas en medios de divulgación zoológica y paleontológica como "aves del terror") y muchas de ellas eran peligrosos depredadores, aunque en su inmensa mayoría no eran aves voladoras, sino grandes zancudas más similares a un ñandú, un avestruz o un emú actuales. Algunas, como el Moa de Nueva Zelanda, son de tan reciente desaparición (a causa de su caza) que coexistieron con el ser humano, por otra parte causante de su desaparición, e incluso existe registro fotográfico de su presencia.
Sin embargo, aunque constituyen criaturas fascinantes sin lugar a dudas, carecían de la capacidad de volar, y por tanto no representaban exactamente la mítica bestia capaz de venir desde el cielo para arrebatarnos nuestra existencia terrenal y, de hecho, las pruebas físicas que confirmen la existencia de tales aves son escasas y no exentas de polémica por parte de los especialistas.
Es por todo ello que me parece significativa la noticia divulgada recientemente y que reproduzco a continuación, seguida, como es nuestra costumbre, por la reproducción de una serie de entradas recogidas de diferentes rincones de internet para contextualizar mejor nuestra propia información. Confío en que os resulte mínimamente esclarecedor y, en todo caso, ameno y entretenido.


Martes, 04 de junio de 2013



El águila devoradora de hombres existió realmente

Científicos confirmaron la veracidad de una vieja leyenda maorí sobre la existencia, en Nueva Zelanda, del Te Hokioi, un ave gigantesca capaz de precipitarse sobre un niño y llevárselo.

Un equipo de investigadores de la universidad australiana de Nueva Gales del Sur acaba de publicar un estudio que confirma la veracidad de una vieja leyenda maorí sobre la existencia, en Nueva Zelanda, de un águila gigantesca y devoradora de hombres. La investigación aparece esta semana en The Journal of Vertebrate Paleontology.
La llamaban Te Hokioi, se extinguió hace cerca de 1.000 años y fue un depredador terrible. Era de color blanco y negro, con una cresta roja sobre su cabeza y las puntas de las alas teñidas de amarillo y verde. Esa es la descripción que Sir George Gray, uno de los primeros gobernadores de Nueva Zelanda, hizo del águila mayor que jamás haya existido. Los maoríes la respetaban y temían. Viejas leyendas transmitidas oralmente hablan de raptos de seres humanos y en el país abundan las pinturas del depredador en rocas y cuevas. Ahora, y tras una nueva y extensa investigación, los científicos creen que no se trata sólo de una simple leyenda.
Su nombre científico es Harpagornis moorei y sus restos fueron descubiertos por primera vez en un pantano neozelandés por Juluis von Haast en 1870, motivo por el cual también se la conoce como "águila de Haast". Sin embargo, por aquel entonces se pensó que se trataba de un carroñero, ya que su estructura ósea recordaba a la de un buitre, con capuchones sobre las fosas nasales para que la carne no obturase sus vías respiratorias mientras se alimentaba.
"Una máquina de matar"
Pero un nuevo examen de los restos con las técnicas más modernas arrojó resultados bien distintos. Y eso fue lo que hizo un grupo de investigadores del Museo de Canterbury y de la Universidad de Nueva Gales del Sur. Las conclusiones fueron contundentes. El águila de Haast podía asestar golpes mortales a presas mucho mayores que ella, precipitándose desde el aire sobre sus víctimas a una velocidad superior a los 80 km. por hora.
La envergadura del depredador, con las alas abiertas, era superior a los tres metros, y su peso de unos 18 kg. Las hembras, mayores que los machos, doblaban en tamaño a las mayor de las águilas actuales. Y poseían unas garras mayores que las de un tigre. "Sin duda era capaz de precipitarse sobre un niño y llevárselo", afirma Paul Scofield, responsable de zoología de vertebrados del Museo de Canterbury. "Y no solo tenía la habilidad de atacar con sus garras, sino que podía juntarlas y atravesar con ellas objetos sólidos, como una pelvis. Su diseño era el de una máquina de matar".
Su presa preferida era el moa, un ave no voladora que habitaba en Nueva Zelanda y que podía llegar a los 250 kg. de peso y tener una altura de más de dos metros y medio. "En muchos yacimientos -asegura Scofield- los huesos de los moa muestran signos de haber sido atacados por estas águilas".
En cuanto a zoología se refiere, Nueva Zelanda es un lugar único en el mundo. De hecho, no existen mamíferos naturales de esas tierras, ya que quedaron aisladas del resto de los continentes durante el Cretácico, hace más de 65 millones de años. Por eso, las aves ocuparon los nichos que en otros lugares pertenecen a los grandes mamíferos como los ciervos y los bóvidos. "El águila de Haast -explica Scofield- no fue solo el equivalente a un ave depredadora gigante. Fue el equivalente a un león".
Se cree que estas rapaces gigantes se extinguieron hace cerca de mil años, tras la llegada de los humanos, que exterminaron a los moas. Los restos del águila de Haast son muy raros, porque nunca hubo muchas. Sólo existieron en la isla sur de Nueva Zelanda y se cree que en ningún momento llegó a haber más de mil parejas al mismo tiempo.
Fuente: 20minutos.es


 
Harpagornis moorei. (Imagen propiedad de la Universidad de Nuevo Gales del Sur)

 Una leyenda que existe entre la población Maorí de Nueva Zelanda habla de un enorme pájaro depredador, cuyas alas podían tapar la luz del Sol y que echó a todos los halcones del cielo. Durante mucho tiempo se creyó que no se trataba más que de un animal mitológico. Pero, tras muchos años de investigación se pudo saber que ese animal existía. Era el águila de Haast (Harpagornis moorei).
Se trataba de un ave rapaz de enorme tamaño. Podía medir más de tres metros de envergadura alar y pesar en torno a los 18 kg., lo que es bastante para un animal volador. Evidentemente, no tapaba el sol cuando volaba, pero sí proyectaba una sombra importante.
El factor que provocó que hiciese falta tanto tiempo para determinar de qué animal se hablaba era la depredación. Según las leyendas maoríes, los Te Hokioi – el nombre con el que conocían a esta ave – era un gran depredador, capaz incluso de llevarse a los niños de sus cunas. Pero cuando los primeros naturalistas comenzaron a estudiar los restos fósiles que había en la isla, ningún animal cuadraba con esta descripción.
De hecho, el águila de Haast tampoco se consideraba un depredador hasta hace algo más de tres años. Primero por su tamaño, más parecido al de un buitre carroñero que a cualquier rapaz cazadora. Pero sobre todo por una característica muy curiosa. En su pico, justo encima de sus agujeros nasales o narinas, tenían una pequeña estructura que podía cerrarse. Esta es una solución bastante común en aves carroñeras, que impide que la carne del cadáver impida al animal respirar mientras se hace camino entre ella.
(Ras67/Wikimedia Commons)Sin embargo, al volver a estudiar los restos de esta especie 150 años más tarde – fue descubierta en la década de 1870 -, y sobre todo al emplear técnicas modernas, las conclusiones fueron muy distintas. El pico del águila de Haast tenía fuerza suficiente como para atravesar una pelvis, lo cual no resulta muy necesario para un carroñero. Sus garras, muy fuertes y afiladas, eran capaces de provocar el mismo tipo de heridas que las de un tigre, lo que tampoco cuadra con su supuesta alimentación.
Aún así, ¿cómo se explicarían las estructuras en torno al pico? La respuesta la encontraron al investigar sobre su capacidad de vuelo. Con la ayuda de modelos biomecánicos comprobaron que serán capaces de alcanzar una velocidad de 80 km/h. Y a esta velocidad resulta necesario bloquear la entrada de aire, que supone un grave problema.
Con estos datos, los investigadores han podido demostrar la verdad que se escondía detras del mito. Ya se sabía que se alimentaban de moas, pero ahora podemos estar seguros de que los cazaban de manera activa. Al ser su fuente principal de alimento, cuando los moas se extinguieron, también lo hicieron las águilas de Haast, la que fue – hasta donde se conoce actualmente – el ave rapaz más grande que ha existido.

Fuente: Yahoo! España
La leyenda maorí de un ave cazadora gigante era cierta





Aves Gigantes: Monstruos Aéreos

 
Losmitos de la antigüedad nos hablan de aves gigantescas que atacaban a los seres humanos. Los ornitólogos rechazan la idea de que semejantes criaturas puedan existir... pero más de una persona ha experimentado la fuerza de sus garras.

Monstruos Con Alas

¿Aguilas gigantes?
El perro de Peter Swadley, un cazador de osos, trató de luchar contra un águila que había atacado a su amo en West Virginia, en 1895. El ave se llevó al perro, dejando a Swadley malherido.
En Tippah County (Missouri, Estados Unidos), un maestro de escuela refirió en 1878 la siguiente y trágica historia: "Hace unos días ocurrió en mi escuela un triste suceso. Durante algún tiempo, las águilas se mostraban muy inquietantes en los alrededores, ya que habían capturado cerdos, ovejas, etc. Nadie creía que intentasen apoderarse de un chiquillo, pero el jueves, durante el recreo, los niños se encontraban a cierta distancia de la casa, jugando a las canicas, cuando su pasatiempo se vio interrumpido por una enorme águila que descendió, capturó al pequeño Jemmie Kenney, de ocho años, y se alejó volando con él entre sus garras. El niño gritó y, cuando yo salí de la escuela, el águila volaba a tal altura que sólo pude oír los alaridos del niño. Se dio la alarma, y, a fuerza de gritos y disparos al aire, el águila se vio obligada a dejar caer su víctima, pero sus garras se habían hundido tan profundamente en él, y la caída fue desde tal altura, que el pequeño murió..."
Éste no es el único caso de un chiquillo arrebatado por un águila. En 1838, en las montañas de Suiza, una niña de cinco años llamada Marie Delex fue capturada por un ave cuando se encontraba jugando con sus amigas. No fue transportada al nido del ave, ya que un grupo que salió en su búsqueda encontró allí dos aguiluchos y montones de huesos de cabra y de oveja, pero ningún rastro de la pequeña. Pasaron dos meses antes de que un pastor encontrara sobre una roca su cadáver mutilado.
La noruega Svanhild Hantvigsen narra que cuando tenía tres años, en 1932, fue capturada por un águila y llevada hasta su nido. Fue rescatada por varias personas que habían presenciado el hecho, y tuvo la suerte de escapar del trance sin un rasguño, aunque sus ropas estaban hechas jirones.
Este tipo de ataques resultan alarmantes e insólitos, pero no misteriosos. Algunas veces, sin embargo, surgen noticias de otra clase, acerca de monstruosas criaturas aladas que no parecen ajustarse a la descripción de ningún ave de las descritas por la ornitología. A veces, parecen más bien gigantescas criaturas voladoras de las que se extinguieron hace millones de años; en ocasiones, parecen medio humanas.
La mayor ave conocida por la ciencia es el albatros viajero, que habita exclusivamente en los océanos del Sur y que posee la mayor envergadura de alas: 3,3 metros. Le sigue muy de cerca en tamaño el cóndor andino, con una envergadura de 3 metros. Las alas del cóndor californiano miden de punta a punta 2,7 metros, pero se cree que en la actualidad no sobreviven más que unos 40 ejemplares de esta especie.
Sin embargo, incluso un cóndor parecería diminuto al lado del teratórnido, un ave que se extinguió hace unos 10.000 años. Se cree que fue el ave de mayor tamaño que jamás haya habitado la Tierra, con una longitud de 3,3 m, una envergadura de 7,5 m, y un peso de unos 75 kilos. Se han encontrado fósiles en Argentina, México y el sur de los Estados Unidos, y se calcula que algunos de ellos revelan una antigüedad de 5 a 8 millones de años.
En la mitología se habla también de aves enormes. Los indios illinois pintaron un pájaro monstruoso, el Piasa o "ave devoradora de hombres", en una roca que domina un río cerca de Alton, en el estado de Illinois. Solían disparar flechas o balazos contra esta imagen cuando pasaban junto a ella en sus canoas. La pintura fue vista por exploradores misioneros en el siglo XVII antes de que la superficie de la roca fuese destruida por la erosión. En 1970 se pintó de nuevo una imagen del Piasa, imitando la tradicional.
Según los Illinois, el Piasa es un ave escamosa, con larga cola, cuernos y ojos de color rojo. Puede ser vista una vez al año, al amanecer del primer día de otoño, cuando sale del río para buscar una cueva donde pasar el invierno.
Secuestros de niños por aves gigantes
El supuesto secuestro del hijo de una campesina por un águila. El artista tituló este grabado, publicado en 1900, «El ladrón de los cielos».
Otras tribus amerindias hablan todavía hoy de otra enorme criatura: el ave del trueno. Según James "Cielo Rojo", indio ojibwa de la región de Thunder Bay, en Ontario (Canadá): «Vimos hace varios veranos un ave del trueno. Era un ave enorme, mucho mayor que los aviones que podemos contemplar hoy. No batía sus alas, ni una sola vez. Era blanca por debajo y negra por encima.»
Los informes modernos sobre aves gigantescas en los Estados Unidos comenzaron a finales del siglo XIX En el año 1882, en Dent's Run, Pennsylvania, un tal Fred Murray divisó una bandada de aves que, según dijo él, parecían buitres gigantescos, con una envergadura de más de 5 metros.
En febrero de 1895, la desaparición de la niña de diez años Landy Junkins en Webster Country (West Virginia) fue atribuida a una de estas enormes aves. La madre de Landy envió a la niña a la casa de unos vecinos, pero nunca llegó a ella. Un grupo de búsqueda encontró sus huellas en la nieve; abandonaban el camino y se adentraban unos pocos metros en un campo. Allí, numerosas huellas se mezclaban entre sí, como si la pequeña hubiera dado vueltas sobre si misma, tal vez tratando de escapar. Nunca más se supo de ella.
Un incidente acaecido unos días después sugirió lo que pudo haberle ocurrido a la niña. Un cazador de osos, llamado Peter Swadley, fue atacado por un ave de gran tamaño, que descendió sobre él y le hundió las garras en la espalda. Swadley escapó de la muerte gracias a su perro, que atacó al ave. Esta se revolvió entonces contra el perro, abriéndole el vientre de un zarpazo, y después remontó el vuelo llevándose al infortunado animal. Un ayudante del sheriff y su hijo vieron también el "águila" gigantesca que capturó un gamo en el bosque donde ellos estaban cazando ciervos. Según dijeron, el animal tenía una envergadura de 4,5 a 5,5 metros, y un cuerpo tan voluminoso como el de un hombre.
Según se cree, el mismo monstruo fue también el causante de extrañas desapariciones de ovejas en un corral vallado. Por tanto, parece ser que se trataba de un águila capaz de levantar el vuelo con un gamo, un perro de caza, una oveja y una niña de diez años, y que además intentó apoderarse de un adulto...
Hacia 1940, en Pennsylvania, un escritor e historiador local, llamado Robert Lyman, se encontraba en la Selva Negra, cerca de Coudersport, cuando vio en medio de un camino un pajarraco de color pardo. De pie media cerca de un metro, y tenía el cuello y las patas muy cortos. Cuando alzó el vuelo, Lyman vio, tomando como punto de referencia el camino, que sus estrechas alas, una vez desplegadas, alcanzaban una amplitud de 6 a 7,5 metros.
En 1947, cerca de Ramore (Ontario, Canadá), unos granjeros pasaron un mal rato con una gigantesca ave negra que atacó su ganado. Tenía un pico curvo, grandes garras y unos ojos amarillos "del tamaño de dólares de plata". Unos meses más tarde, en Illinois fueron avistadas repetidas veces aves de un tamaño increíble. "¡Ahí afuera hay un ave tan grande como un B.29!", chilló James Trares, un niño de doce años, al entrar corriendo en su casa en busca de su madre. Esto ocurrió en enero de 1948, y James fue el primero en notificar la existencia de este monstruo. El niño vivía en Glendale (Illinois), y el ave que vio volando tenía un color gris verdoso.
Ataque a seres humanos
Juan Muñiz Feliciano, obrero puertorriqueño, se defiende del ataque de una «terrible criatura grisácea» una noche de 1975.
Un ex coronel del ejército, Walter Siegmund, vio algo similar el 4 de abril. Calculó que volaba a unos 1.200 metros de altitud, y a partir de su experiencia militar quedó convencido de que "sólo podía tratarse de un ave de un tamaño enorme".
Hubo otras visiones, entre ellas alguna en Saint Louis (Missouri). Varios testigos creyeron primero estar viendo un avión, debido a su gran tamaño, hasta que el ser empezó a batir sus alas y a realizar maniobras propias de un ave. Entre los testigos se contaban policías e instructores de vuelo. La última visión tuvo lugar, al parecer, el 30 de abril de 1948. Charles Dunn apenas pudo dar crédito a sus ojos cuando contempló un ave cuyo tamaño "era el de una avioneta Piper Cub", que volaba a unos 900 metros de altitud y batía sus alas. Poco más se supo de aves monstruosas durante casi dos décadas, aunque en 1957 fue avistado un extraño pajarraco con una envergadura de 7,5 a 9 metros volando a unos 150 metros de altitud sobre Renovo (Pennsylvania). en 1966 se produjeron noticias procedentes de Utah, West Virginia, Ohio y Kentucky, aunque sólo algunas de ellas pudieron ser consideradas como visiones de especies apenas conocidas.
Más tarde, en 1975, tras unas misteriosas muertes de animales en Puerto Rico, fueron avistadas aves de gran tamaño y de aspecto similar al de cóndores o buitres de color blanquecino. El 26 de marzo, el obrero Juan Muñiz Feliciano fue atacado por una "terrible criatura grisácea con multitud de plumas, un cuello largo y grueso, y mayor que un ganso".
A finales de julio de 1977, fueron vistas cerca de Delava (Illinois) dos aves de gran tamaño que trataban de llevarse un cerdo que pesaba cerca de 30 kilos. Ambas recordaban los cóndores californianos y tenían una envergadura de 2,5 metros, pero un ecólogo de la universidad de Illinois comentó que los cóndores se hallan al borde de la extinción, y que no pueden levantar semejantes pesos; además se alimentan de animales muertos.
Victima de aves gigantes
El niño de 10 años Marlon Lowe, víctima, en 1977, del ataque de un ave gigantesca. Los gritos de su madre asustaron al raptor y lo obligaron a soltar al pequeño. El incidente ocurrió en Illinois, sede de las leyendas en torno al «Piasa».
¿Qué era, pues, lo que trató de llevarse al niño Marlon Lowe, de diez años de edad, en el jardín de su casa en Lawndale (Illinois) el 25 de julio del mismo año? También ese pajarraco iba acompañado por otro, y lo que pudo haber sido terrible tragedia tuvo lugar tan sólo unos días antes del frustrado robo del cerdo, y a una distancia de 16 kilómetros del lugar. Marlon estaba jugando al escondite, cuando a las 8:10 de la tarde una de las aves se apoderó de él y lo levantó del suelo. Afortunadamente, su madre se encontraba cerca. Vio los pies de Marlon colgando en el aire y gritó, ante lo cual el ave dejó caer al niño antes de haber alcanzado una gran altura. 
La señora Lowe se encontraba a sólo tres metros de distancia de las aves, y más tarde comentó: "Siempre recordaré que aquella cosa enorme inclinaba su cuello adornado con anillas blancas, y que parecía tratar de picotear a Marlon mientras volaba alejándose." Describió a las aves como "muy negras", excepto las anillas blancas alrededor de sus cuellos, cuya longitud era de unos 45 centímetros. Los picos eran curvos y median unos 15 centímetros de longitud, y la envergadura de las alas no era inferior a los 2,5 metros. Calculó que, de haberse posado en el suelo, habrían medido alrededor de 130 centímetros de altura. Seis personas los vieron alejarse hacia Kickapoo Creek, donde hay espesos matorrales y una gran cobertura de árboles.
De no haber sido por los gritos de la señora Lowe, que asustaron al ave, es muy probable que Marlon hubiese corrido el mismo destino de Marie Delex, Jemmie Kenney y Landy Junkíns. En realidad, los Lowe padecieron otras consecuencias. Fueron molestados por vecinos que dejaban pájaros muertos ante el portón delantero, y por escritos y llamadas telefónicas a cual más desagradable. En la escuela, Marlon, apodado "el niño del pájaro", tuvo que pelear más de una vez para hacer frente a las burlas de sus condiscípulos. Su cabello rojizo se volvió gris, y durante un año el pobre chiquillo se negó a salir al exterior después de que hubiera oscurecido.

   AVES GIGANTESCAS (escalofrio.com): 
Aves Gigantescas
En la mitología, se cuentan, a menudo, historias, de enormes aves predadoras, capaces de atrapar a una persona con sus poderosas garras y devorarla. El ave Roc, de las mil y una noches, el Piasa o el Yetso de E.E.U.U, o el mismo ave del trueno, pero la pregunta que queda por hacer es ¿Es posible? ¿Cabe pensar que un animal así tuviera posibilidad alguna de existencia real, tanto actualmente como en el pasado. Los relatos sobre águilas, buitres y cóndores gigantes que atacan a animales o personas, son más abundantes de lo que se pueda pensar, pero pocos ornitólogos están dispuestos a aceptar que realmente puedan existir, aunque más de uno, ha experimentado la fuerza de sus garras.
La leyenda del Thunderbird, se extiende por multitud de pueblos nativos americanos: Iroqueses, Ojibwa, Navajos... lo describían como un ave de presa, parecida al águila o al buitre, de un tamaño gigantesco.
Los indios Illinois pintaron un pájaro monstruoso, el piasa o "ave devoradora de hombres" , en una roca que domina un río cerca de Alton, en el estado de Illinois. Solían disparar flechas o balazos contra esta imagen cuando pasaban junto a ella en sus canoas. La pintura fue vista por exploradores misioneros en el siglo XVII antes de que la superficie de la roca fuese destruida por la erosión. En 1970 se pintó de nuevo una imagen del piasa, imitando la tradicional.
Según los Illinois, el piasa es un ave escamosa, con larga cola, cuernos y ojos de color rojo. Puede ser vista una vez al año, al amanecer del primer día de otoño, cuando sale del río para buscar una cueva donde pasar el invierno. En otras culturas como los Persas ya existían este tipo de encuentros con unas aves enormes a las que ellos llamaban Imgig, o los Maoríes, que las llamaban Pou-Kai.
Precedentes: Los teratórnidos.
Pero ¿Tenemos un precedente real y científico para un animal así? Un hallazgo fuera de lo común fue realizado por los doctores Rosendo Pascual y Eduardo Tonni en las cercanías de las Salinas Grandes de la población de Hidalgo, Provincia de La Pampa, Argentina, en 1979. En sedimentos que oscilan entre 8 y 6 millones de años de antigüedad, se encontraron unos restos óseos, de un extraño y gigantesco animal. Se trataba de una enorme ave hasta entonces desconocida la cual bautizaron como Argentavis Magnificens . En vida, las alas, tenían envergadura de entre 6 y 10 metros, del pico a la cola tenia 3,5 metros y unos 2´5 de altura. Las plumas mas largas pudieron tener 1,5 metros de longitud, con un ancho de 20 centímetros. Su peso esta calculado entre 80 y 100 Kilogramos. Por lo tanto, Argentavis Magnificens resulto ser hasta el momento el ave voladora de mayor tamaño del mundo . Pertenecía a la familia de los Teratórnidos, muy similares a buitres enormes, pero predadores, cuyas especies se extendían por toda América.

Supuesto ave cazada por un grupo de cazadores, la veracidad o falsedad de la foto nunca pudo ser probada.
Sabemos que hace 6 millones de años estas pavorosas criaturas, poblaron este planeta, pero ¿Sobrevivieron hasta años recientes? O la posibilidad más inquietante, ¿Podrían continuar surcando los más recónditos cielos de nuestro planeta?
Encuentros con Aves Gigantescas

Para responder esta pregunta hemos de basarnos en los testimonios de los testigos de los supuestos avistamientos de estas aves. En épocas tan recientes como 1948 fueron avistados estos descomunales animales. Las zonas donde más avistamientos se han producido han sido en las inmensas planicies despobladas del oeste americano. Los informes modernos sobre aves gigantescas en los Estados Unidos comenzaron a finales del siglo XIX En el año 1882:
Según James "Cielo Rojo", indio ojibwa de la región de Thunder Bay, en Ontario (Canadá): "Vimos hace varios veranos un ave del trueno. Era un ave enorme, mucho mayor que los aviones que podemos contemplar hoy. No batía sus alas, ni una sola vez. Era blanca por debajo y negra por encima."
En Dent's Run, Pennsylvania, un tal Fred Murray divisó una bandada de aves que, según dijo él, parecían buitres gigantescos , con una envergadura de más de 5 metros.

El perro de Peter Swadley trató de luchar contra un águila que había atacado a su amo. El ave se llevó al perro, dejando a Swadley malherido.
En febrero de 1895, la desaparición de la niña de diez años Landy Junkins en Webster Country (West Virginia) fue atribuida a una de estas enormes aves. La madre de Landy envió a la niña a la casa de unos vecinos, pero nunca llegó a ella. Un grupo de búsqueda encontró sus huellas en la nieve; abandonaban el camino y se adentraban unos pocos metros en un campo. Allí, numerosas huellas se mezclaban entre sí, como si la pequeña hubiera dado vueltas sobre si misma, tal vez tratando de escapar. Nunca más se supo de ella .

Un incidente acaecido unos días después sugirió lo que pudo haberle ocurrido a la niña. Un cazador de osos, llamado Peter Swadley, fue atacado por un ave de gran tamaño, que descendió sobre él y le hundió las garras en la espalda. Swadley escapó de la muerte gracias a su perro, que atacó al ave. Esta se revolvió entonces contra el perro, abriéndole el vientre de un zarpazo, y después remontó el vuelo llevándose al infortunado animal. Un ayudante del sheriff y su hijo vieron también el "águila" gigantesca que capturó un gamo en el bosque donde ellos estaban cazando ciervos. Según dijeron, el animal tenía una envergadura de 4,5 a 5,5 metros, y un cuerpo tan voluminoso como el de un hombre. Según se cree, el mismo monstruo fue también el causante de extrañas desapariciones de ovejas en un corral vallado. Por tanto, parece ser que se trataba de un águila capaz de levantar el vuelo con un gamo, un perro de caza, una oveja y una niña de diez años, y que además intentó apoderarse de un adulto...
Hacia 1940, en Pennsylvania, un escritor e historiador local, llamado Robert Lyman, se encontraba en la Selva Negra, cerca de Coudersport, cuando vio en medio de un camino un pajarraco de color pardo. De pie media cerca de un metro, y tenía el cuello y las patas muy cortos. Cuando alzó el vuelo, Lyman vio, tomando como punto de referencia el camino, que sus estrechas alas, una vez desplegadas, alcanzaban una amplitud de 6 a 7,5 metros.
En 1947, cerca de Ramore (Ontario, Canadá), unos granjeros pasaron un mal rato con una gigantesca ave negra que atacó su ganado. Tenía un pico curvo, grandes garras y unos ojos amarillos "del tamaño de dólares de plata". Unos meses más tarde, en Illinois fueron avistadas repetidas veces aves de un tamaño increíble. "¡Ahí afuera hay un ave tan grande como un B.29!", chilló James Trares, un niño de doce años, al entrar corriendo en su casa en busca de su madre. Esto ocurrió en enero de 1948, y James fue el primero en notificar la existencia de este monstruo. El niño vivía en Glendale (Illinois), y el ave que vio volando tenía un color gris verdoso.
Un ex coronel del ejército, Walter Siegmund, vio algo similar el 4 de abril. Calculó que volaba a unos 1.200 metros de altitud, y a partir de su experiencia militar quedó convencido de que "sólo podía tratarse de un ave de un tamaño enorme" .
Hubo otras visiones, entre ellas alguna en Saint Louis (Missouri). Varios testigos creyeron primero estar viendo un avión, debido a su gran tamaño, hasta que el ser empezó a batir sus alas y a realizar maniobras propias de un ave. Entre los testigos se contaban policías e instructores de vuelo. La última visión tuvo lugar, al parecer, el 30 de abril de 1948. Charles Dunn apenas pudo dar crédito a sus ojos cuando contempló un ave cuyo tamaño "era el de una avioneta Piper Cub ", que volaba a unos 900 metros de altitud y batía sus alas. Poco más se supo de aves monstruosas durante casi dos décadas, aunque en 1957 fue avistado un extraño pajarraco con una envergadura de 7,5 a 9 metros volando a unos 150 metros de altitud sobre Renovo (Pennsylvania). En 1966 se produjeron noticias procedentes de Utah, West Virginia, Ohio y Kentucky, aunque sólo algunas de ellas pudieron ser consideradas como visiones de especies apenas conocidas.
El 25 de Noviembre a las 07:15 un Zapatero llamado Tom Ury, estaba conduciendo al norte de la famosa ``área TNT´´ en Point Pleasant cuando algo le llamó la atención. Una oscura sombra negra que llegaba por encima de los árboles desde la dirección del río. Al principio pensó que era un helicóptero , pero cuando salió de los árboles observó que era un pájaro enorme. Según él, cada una de sus alas medirían entre 3 y 4´5 metros.`` Nunca había visto algo tan enrome en toda mi vida´´ declaró Tom.

Supuesto secuestro del hijo de una campesina por un águila. El artista tituló este grabado El ladrón de los cielos
A finales de julio de 1977, fueron vistas cerca de Delava (Illinois) dos aves de gran tamaño que trataban de llevarse un cerdo que pesaba cerca de 30 kilos. Ambas recordaban los cóndores californianos y tenían una envergadura de 3,5 metros, pero un ecólogo de la universidad de Illinois comentó que los cóndores se hallan al borde de la extinción, y que no pueden levantar semejantes pesos, puesto que son mas pequeños; además se alimentan de animales muertos.

Marlon Lowe un niño que fue atacado por un ave gigante.
¿Qué era, pues, lo que trató de llevarse al niño Marlon Lowe, de diez años de edad, en el jardín de su casa en Lawndale (Illinois) el 25 de julio del mismo año? También ese pajarraco iba acompañado por otro, y lo que pudo haber sido terrible tragedia tuvo lugar tan sólo unos días antes del frustrado robo del cerdo, y a una distancia de 16 kilómetros del lugar. Marlon estaba jugando al escondite, cuando a las 8:10 de la tarde una de las aves se apoderó de él y lo levantó del suelo. Afortunadamente, su madre se encontraba cerca. Vio los pies de Marlon colgando en el aire y gritó, ante lo cual el ave dejó caer al niño antes de haber alcanzado una gran altura. La señora Lowe se encontraba a sólo tres metros de distancia de las aves, y más tarde comentó: "Siempre recordaré que aquella cosa enorme inclinaba su cuello adornado con anillas blancas, y que parecía tratar de picotear a Marlon mientras volaba alejándose." Describió a las aves como "muy negras" , excepto las anillas blancas alrededor de sus cuellos, cuya longitud era de unos 45 centímetros. Los picos eran curvos y median unos 15 centímetros de longitud, y la envergadura de las alas no era inferior a los 2,5 metros, sino, bastante mayor. Calculó que, de haberse posado en el suelo, habrían medido alrededor de 150 centímetros de altura. Seis personas los vieron alejarse hacia Kickapoo Creek, donde hay espesos matorrales y una gran cobertura de árboles.
De no haber sido por los gritos de la señora Lowe, que asustaron al ave, es muy probable que Marlon hubiese muerto.
Ejemplares Supuestamente Cazados
Pero, las historias más sorprendentes, sin duda, son en las que se asegura que una o varias de estas aves fueron cazadas en su dia. El caso más conocido es el del Thunderbird cazado en Tombstone, Arizona, en el año 1890. Dos rancheros del lugar se encontraban de paso por esa zona montados en sus caballos, cuando de repente divisaron un enorme pájaro que volaba en círculos. Cuando la gigantesca ave se posó cerca de donde se encontraban ellos, los caballos se pusieron muy nerviosos. Los vaqueros lo siguieron y cuando se encontraban lo bastante cerca, abrieron fuego con sus rifles. El ave, ya en el suelo, comenzó a perseguirlos y los atacó . Uno de ellos le disparo varios tiros en el cráneo al pájaro hasta que éste se desplomó. `` Tenia los ojos tan grandes como dos latos de café, las patas tan recias como las de un caballo y las alas de unos 11 metros´´ aseguraron los dos asustados.
A pesar de todo este tipo de avistamientos no sólo se limita a Norteamérica:
Lugares Donde se avistaron

En 1975, tras unas misteriosas muertes de animales en Puerto Rico, fueron avistadas aves de gran tamaño y de aspecto similar al de cóndores o buitres de color blanquecino. El 26 de marzo, el obrero Juan Muñiz Feliciano fue atacado por una "terrible criatura grisácea con multitud de plumas, un cuello largo y grueso, y bastante mayor que un ganso".
En Balboa, la Boca, Panamá, el 29 de Enero del 2001 un joven de 21 años vivió una experiencia terrorífica en las faldas del Cerro Sosa, un lugar no demasiado poblado y rodeado de vegetación. Aproximadamente a la una de la madrugada, recordó que no había alimentado a sus perros y salió a esa hora a darles de comer. Cuando llenaba el cuenco de su segundo perro, escuchó unos sonidos extraños , como de ramas rompiéndose en el enorme árbol de caucho que tenia a unos 6 metros.
Él lo relataba así: `` Yo me voltié, así agachado y mire hacia atrás, y veo este pájaro enorme detrás de mí con las alas extendidas, les digo que era como ver un gallinazo (llamado también Zopilote o Buitre negro suramericano, Coragyps atratus) pero súper enorme, yo mido seis pies, y la criatura, supongo que era como el doble de grande que yo. Me quede totalmente paralizado en el momento, impactado, porque no había visto semejante cosa en mi vida. Me quede mirándolo, y movió la cabeza, o sea, que estaba de perfil se le podía ver el pico ganchudo perfectamente bien ... supuse que era gallinazo por la forma.

Juan Muñiz Feliciano, obrero puertorriqueño, se defiende del ataque de una «terrible criatura grisácea» una noche de 1975.
Comenzó a mover las alas ...´´ continuó la historia diciendo: `` Pero de pronto vi que hizo el intento de saltar de la rama del árbol en donde estaba hacia el suelo donde estaba yo, pero allí reaccione y salí corriendo a la casa, entre y mire por la ventana hacia fuera ... efectivamente ... el animal era mucho más grande que yo en altura ... claro, ya no tenia las alas abiertas, así que no se veía tan ancho.

Esa noche estaba solo en mi casa..., mis viejos se habían ido a la finca. Cuando de pronto veo por la ventanita de la puerta de atrás que el pájaro alza a volar, y cae en el techo supongo, por el estruendo que hizo. Salí corriendo para mi cuarto, ya no sabia que hacer...

Las garras se oían fortísimo cuando caminaba, y se movía arriba del techo para donde yo me movía adentro de la casa. Caminó supongo que por 10 mins arriba del techo, y después oí cuando dio como tres brincos arriba de techo y se fue volando supongo. Le he contado esta historia a mis mejores amigos, pero increíblemente la gente lo único que hace es burlarse y pensar que estas metiendoles un cuento.
En una zona del norte, también patrimonio del antiguo legado de los Teratórnidos, Alaska, hace muy poco tiempo se publicaba el siguiente titular:

Supuesta fotografía de un ave de gran tamaño en Alaska.
AVISTAN UN PÁJARO GIGANTE EN ALASKA (04-11-2002)
Un pájaro gigante con una envergadura de las alas cerca de los 6 metros, se ha avistado en una zona del sudeste de Alaska. En opinión de los aldeanos de Togiak y de Manokotak, han visto un pájaro que consideran lo más grande que han visto jamás.
El diario de noticias “Anchorage” afirma que el piloto de un avión comercial que llevaba pasajeros de Manokotak la semana pasada (16 de Octubre) pudo avistar, junto con gran parte del pasaje, a la criatura con total claridad.
Los científicos no saben dónde encajar estos informes de avistamientos de un gran pájaro depredador, sin embargo los biólogos de esta zona de Alaska, son escépticos en cuanto a la envergadura del animal.
“No estoy enterado de nada que tenga mas de 4,5 metros de envergadura y que este vivo desde hace 100.000 años” afirmo el especialista federal en aves de presa Phil Schemf.
Schemf y otros biólogos, así como un oficial de la policía y varios profesores de la escuela de Manokotak, coinciden en que los avistamientos podrían corresponderse a una especie conocida como Águila de Mar, o Águila Marina de Stéller (Haliaeetus pelagicus) una especia natural de la zona norte de Asia, la cual es una de las águilas más grandes del mundo junto con el Águila Arpía y la gran Águila Negra de Verreaux. Es aproximadamente un 50% más grande que un águila calva.
Fuera del nuevo continente, aunque si bien más escasos, tenemos algunos testimonios parecidos.
En fechas tan recientes como 1994 los lapones del norte describieron a una enorme ave de presa , que en su mitología se denomina Vuokho, llevándose a varios renos.
En 1838, en las montañas de Suiza, una niña de cinco años llamada Marie Delex fue capturada por una gran ave cuando se encontraba jugando con sus amigas. No fue transportada al nido del ave, ya que un grupo que salió en su búsqueda encontró allí dos aguiluchos y montones de huesos de cabra y de oveja, pero ningún rastro de la pequeña.
Pasaron dos meses antes de que un pastor encontrara sobre una roca su cadáver mutilado .
La noruega Svanhild Hantvigsen narra que cuando tenía tres años, en 1932, fue capturada por una enorme águila y llevada hasta su nido. Fue rescatada por varias personas que habían presenciado el hecho, y tuvo la suerte de escapar del trance sin un rasguño, aunque sus ropas estaban hechas jirones.
La leyenda del Ave del trueno puede ser fácilmente explicada, seguramente estas enormes aves llegaban, justo a las Zonas del Oeste de E.E.U.U donde habitaban los indios, en plena época de lluvias, en su migración anual . Esto explicaría su relación con las lluvias, los truenos y los relámpagos.
Los Harpagórnidos.
Una familia de aves predadoras gigantes existió en Nueva Zelanda. Los Harpagórnidos. Antes de los primeros asentamientos humanos hace 700 años, Nueva Zelanda no tenía mamíferos terrestres, aparte de tres especies de murciélagos. En lugar de ello, unas 250 especies de aves dominaban el ecosistema terrestre. En lo alto de la cadena alimentaria estaba la extinta águila de Haast ("Harpagornis moorei"). Con sus alas extendidas midiendo entre dos metros y medio y tres y medio, y con un peso de entre 10 y 20 kilogramos, el águila de Haast era entre un 30% y 40% más pesada que la mayor y más poderosa ave de presa viviente , se supone que se extinguió debido a la presión humana sobre su principal presa el famoso Ave Moa, una enorme ave no voladora que llegaba a los tres metros de altura, y de la que también se discute su posible supervivencia hasta la actualidad. Pero algunos informes de testimonios, en especial de nativos, sugieren que ha habido avistamientos posteriores, al igual que del Moa, por lo que seria posible que estas aves, en zonas frondosas o montañosas de Nueva Zelanda continúen vivas .

Aves rapaces de gran tamaño que se extinguieron en Nueva Zelanda cazando "Moas" otro ave terrestre de gran tamaño que era su principal alimento, a la derecha comparativa del tamaño de sus garras con las de las rapaces actuales.
Por si fuera poco en Nueva Guinea, Indonesia, los testimonios de varios exploradores, indican que otra clase de ave rapaz gigante habita en estas frondosas selvas. Según los testimonios, vive en zonas pantanosas, cercanas al mar, anidando en riscos y acantilados . Los nativos de Papúa, aseguran haberla visto transportar entre sus garras desde tortugas marinas a Dugongs , una especie de Sirénido emparentado con el Manatí, de un peso considerable. ¿Una nueva especie relacionada con el Águila de Haast? ¿Quizá se extendieron algunas especies pertenecientes a los Teratórnidos por otros lugares del mundo, aparte de América?
Eso, quizá, nunca lleguemos a averiguarlo, pero siempre es conveniente mirar al cielo de vez en cuando, nunca sabemos si unas afiladas garras y un pico curvo se pueden abalanzar sobre nosotros, en cualquier momento. Y si todo esto son simples leyendas sin fundamento alguno, en las cuales solo podría creer un loco, preguntemos la opinión de Marlon Lowe, Marie Delex, Svanhild Hantvigsen, Jemmie Kenney, Tom Ury, Landy Junkíns...

Fuente de Información: http://www.esencia21.com/Secciones/Criptozoologia/Aves2/Aves-Gigantes.htm
Escrito por : Himar Aranda Hernández

 

ELEPHANT BIRD AND MOA
ELEPHANT BIRD

The Elephant Bird (Aepyornis maximus) inhabited the island of Madagascar, off the eastern coast of Africa. Madagascar was settled around 2000 years ago by African and Indonesian peoples. Legends of the giant roc (rukh) in Arab folklore were probably based on the elephant bird. During the 9th century, Saracen and Indian traders visited Madagascar and other parts of the African coast and would have encountered these birds. In 1298, while imprisoned in Genoa, Marco Polo wrote his memoirs, covering 26 years of travel. In chapter 33, "Concerning the Island of Madagascar" he wrote that the Great Khan had sent him to investigate curious reports of giant birds.


The Malagasy people had had contact with Arab traders over several centuries, but had fiercely resisted colonisation. The first Europeans to visit the island were the Portuguese in 1500. Dutch and French expeditions established coastal settlements after 1509, penetrating the interior 150 years later. In the 16th century, Dutch, Portuguese and French sailors returned from the Indian Ocean with huge eggs taken as curios. The French established a settlement in 1642, by which time the Elephant Bird had become very rare. The last one probably died in 1649. The first French Governor of Madagascar and Director of the French East India Company, Étienne de Flacourt, wrote, in 1658, "vouropatra - a large bird which haunts the Ampatres and lays eggs like the ostriches; so that the people of these places may not take it, it seeks the most lonely places". In the face of human hunters, the elephant bird was retreating to remoter regions. By 1700, it was gone forever.
The elephant bird was the largest bird ever to have lived. It was a ratite, related to ostriches and emus, though it was unlikely to have been a swift runner. It had massive legs and taloned claws, vestigial wings and a long, powerful neck. Its body was covered in bristling, hair-like feathers, like those of the emu, and its beak resembled a broad-headed spear. It had evolved at a time when birds ruled the earth and had probably existed on Madagascar for 60 million years. In spite of its fearsome appearance (the legendary roc was fierce and ate elephants), it was a herbivore. It had little to fear from other native creatures on Madagascar; it was protected by its huge size and if needs be, could use its feet and heavy beak to protect itself in conflicts with others of its own kind.
The birds resembled heavily built ostriches, with small heads, vestigial wings, and long, powerful legs. They stood 10 ft (3 metres) tall and weighed approximately 1000 lbs (455 kg); although some moas were taller, the elephant bird was more robustly built. Their eggs had a circumference of about 3 ft (91 cm), were about 13 inches (33 cm) long and a capacity of 2 imperial gallons (9 litres). This is the equivalent of 200 hen's eggs and three times the size of the eggs of the largest dinosaurs. Fossilised eggs are still found buried on the island. The photo here is of a replica exhibited at Ipswich Museum, Ipswich, Suffolk, UK. The island would have supported only a small, slow-breeding population and the birds were probably driven into extinction by hunting and the theft of their eggs by humans. The fact that it had existed for 60 million years (much longer than humans) and adapted to a changing world, shows it to have been a very successful species. However, it was also specialised to an island environment with no large predators and was, therefore, not adapted to survive contact with aggressive European humans.
In 1867, Ferdinand von Hochstetter's book "New Zealand" also mentioned the Elephant Bird in Chapter IX "Kiwi and Moa, the wingless Birds of New Zealand" and suggested it still survived:
The number of species living is very small. In all there are only about 12 species known; two, perhaps three species of ostrich in Africa, three cassuary [cassowary] species 1 in southern Asia, two Emu's (Dromaeus) in Australia, an East and a West Australian, three species Rhea in South America, and three or four species of Kiwi (Apteryx) in New Zealand. Among all these the African ostrich, 6 to 7 feet high, is known to be by far the largest and most numerous species. But greater than the number of living species is the number of extinct species, which used to inhabit the islands from Madagascar to New Zealand even within the memory of man; and it is among these that we become acquainted with by far the largest representatives of the family of giant birds.
Marco Polo already, in the famous account of his travels, locates the giant bird Rue of the myth upon Madagascar, and relates that the Great Khan of the Tartars having heard of this bird at the far off borders of the celestial empire, sent forthwith messengers to Madagascar. They really brought a feather back with them, 9 spans long, and 2 palms in circumference, at which His Majesty expressed his unfeigned delight. People laughed at this tale, as a fable, and like so many other relations made by Marco Polo on real facts, it was declared vain swaggering talk; - until tidings came establishing the fact, that very recently a gigantic bird was, and is still existing in Madagascar. This happened thus: Natives of Madagascar had come to Mauritius to buy rum; the vessels they had brought with them to hold the liquor were egg-shells, eight times as large as ostrich-eggs, or 135 times the size of a hen-egg; eggs containing 2 gallons. They related that those eggs were now and then found among the reeds, and that the bird also was occasionally seen. This was not believed either until the Museum at Paris in 1851 received such an egg from a landslip in Madagascar, measuring 2 3/4 feet in circumference, and holding 2 1/2 litres; it was in a state as though it had been laid but very recently. Now Marco Polo's fabulous Rue has become the Aepiornis maximus of Madagascar. Yet that colossal egg, the casts of which are exhibited in almost every Museum in Europe, besides some fragments of bones in the British Museum, is all, that has hitherto been obtained of this bird. Whether it still lives, is uncertain. The natives assert to this day, that in the thickest forest, there still exists a giant bird; but that it is very rarely seen.
Entry for Roc in Harmsworth Natural History (1910): For a long period the marshes of Madagascar have yielded the egg-shells of enormous extinct birds, in search of which the natives are accustomed to probe with iron rods; the largest of these eggs having a longer circumference of upwards of thirty-six inches, and a girth of thirty inches. From these eggs probably arose the legend of the “roc” of the old Arab voyagers ; and it is, at any rate, convenient to adopt that name as the popular designation for the members of the family Aepyornithidae, all of which are included in the genus Aepyornis. In the course of time naturalists were rewarded by the discovery of the bones of the birds which laid these gigantic eggs; some of these remains indicating a bird of larger build than the most gigantic moa, the metatarsus being especially remarkable for its massiveness. Some of these birds appear to have had four toes, and they all differ from moas in the absence of a bony ridge at the lower end of the tibia. The skull was short and moa-like, and the wing seems to have been completely aborted.
Fossil evidence indicates several other species of elephant bird, ranging from 3 ft (90 cm) to 10 ft (3 metres), had inhabited Madagascar, though most had died out before modern humans had evolved. As well as Aepyornis, one other species, the smaller Mullerornis, probably survived into historic times. The reasons for these birds' extinction are hard to determine as there are no reliable historical records of the pre-European history of Madagascar. They were probably hunted by native people 1000-2000 years before European contact. This was probably subsistence hunting and did not threaten the birds' numbers. Egg collecting by Europeans would have been much more of a threat - such huge eggs can only be laid in small numbers and the birds probably bred slowly. Habitat destruction would have posed a grave threat to such a specialised bird.
GIANT MOA
Another flightless giant island-living bird was the New Zealand giant moa (Dinornis giganteus), a member of the ratite family. There were several species of moa, some taller than the elephant bird at 7 ft (2 metres) to the middle of the back and 13 ft (4 metres) to the head (twice the height of a tall man), although their necks probably projected forwards like a kiwi rather than upwards as usually depicted. They were more lightly built than the elephant bird, but still three times the weight of a large man at up to 200 - 275 kg. The Giant Moa's eggs measured 10 inches (24 cm) long and 7 inches (18 cm wide). Females were 1.5 times the size and almost 3 times the weight of males, leading scientists the revise moa classification and the number of moa species. In the past, the males and females had been erroneously considered different species due to this size difference. The moas occupied similar niches to mammalian herbivores elsewhere.
New Zealand was even more isolated than Madagascar and had no land mammals except bats. The first Polynesians arrived in New Zealand around the 10th century, becoming the Maori. The dominant life-forms were the giant land birds that lived in the fringes of the semi-tropical forests and on the grasslands and which the Maoris called 'Moas'. Encountering the huge birds, the Maoris made legends of the giant moa, calling it the Poua-Kai and describing it as a huge bird of terrific size and strength which, in a great battle, destroyed half the warriors of a powerful tribe with its terrible rending talons and thrusting beak



Moas were huge ratite 'running birds' like the Elephant Bird, but they inhabited the grasslands and forest-fringe in extraordinary numbers and variety. Scientists later gave them the family name Dinornithidae, 'terrible birds'. The aggressive Polynesian invaders became a Moa-hunting culture and for the moa, which had had no predators in 100 million years, the effect was devastating.
By the time Europeans discovered the islands in 1770, the giant moas had been hunted to extinction; their official extinction date is given as 1773. Europeans did not learn of the moa's existence until bones were discovered in the 1830s. The exact number of species is open to debate, the current belief is that there were 11 species contemporary with man and that higher counts were due to the sexual dimorphism. With only one natural predator large enough to tackle them (Haast's Eagle, another extinct giant) they were the dominant terrestrial species on the islands. Although the giant moa is the species that has captured the modern imagination, other members of the moa family were turkey-sized and weighed little over 1 kg. One striking feature of moa anatomy, apart from its height, is the complete lack of humeri (upper arm-bones). This means they had no trace of wings, not even a vestigial wing-structure.



There were several families of moa. Pachyornis and Emeus were hunted to extinction by the Maoris between 1100 and 1500. The powerfully built medium-sized Euryapteryx may have survived until 1700. Pygmy Moas, 3 -4 ft tall (90 - 120 cm) of the genera Anomalopteryx and Megalapteryx died out by 1800, hunted by both Maori and Europeans though there is evidence that one of the pygmy moas may have survived into the 20th century and may possibly still exist in the wilderness of Fiordland. By the time Europeans had realised the significance of the discovery of giant moas, the birds were almost extinct.
In 1838, Englishman John Rule brought back a fragment of a huge leg-bone from New Zealand. It was investigated by palaeontologist Richard Owen in London, but even then many dismissed it as a hoax or myth. It took several more years and many more bones to convince naturalists that the moa existed. A consignment of moa bones was sent in 1843 by geologist and missionary, Revd William Williams. He had studied the birds, and had recorded a sighting by two English whalers near Cloudy Bay, in Cook Straits in 1842: "the natives there had mentioned to an Englishman of a whaling party that there was a bird of extraordinary size to be seen only at night on the side of a hill near there; and that he, with the native and a second Englishman, went to the spot; that after waiting some time they saw the creature at some little distance, which they describe as being fourteen or sixteen feet high. One of the men proposed to go nearer and shoot, but his companion was so exceedingly terrified, or perhaps both of them, that they were satisfied with looking at him, when in a little time he took alarm and strode up the mountain."
In the 1850s, New Zealand resident, John White, interviewed several sealers who claimed to have eaten moas on the South Island, indicating that some birds had survived until as late as 1850. The most detailed account of giant moas came from an old Maori on South Island, who described the birds' appearance, habitat, feeding and nesting habits. He Maori described how fierce, booming male moas, guarded nesting females. He also described how the birds were hunted and eaten. Another Maori moa hunter described how the moa defended itself by kicking. Their eggs were taken as food and as curios by Europeans. In 1865, a moa egg containing an embryo was discovered near Cromwell.
Entry for Moa in Harmsworth Natural History (1910): The fate impending in the case of the kiwis has long since overtaken their gigantic extinct cousins the moas (family Dinornithidae), which had already disappeared from New Zealand when those islands were first colonised from Europe, although there is good reason to believe that they lived on till within the last five hundred or four hundred years, if not to a considerably later date. These birds, of which not only the bones, but in some cases the dried skin, feathers, and egg-shells, as well as the pebbles they were in the habit of swallowing, have been preserved in the superficial deposits of New Zealand, attained a wonderful development in those islands, where they were secure from persecution till man appeared on the scene.
Not only did the larger members of the group far exceed the ostrich in size, but they were extraordinarily numerous in species, as they were also in individuals; such a marvellous exuberance of gigantic bird-life being unknown elsewhere on the face of the globe in such a small area. As regards size, the largest moas could have been but little short of 12 feet in height, the tibia being considerably over a yard in length; while the smallest were not larger than a turkey. In reference to their numbers, it may be mentioned that there are some twenty species, arranged in about six genera; and the surface of many parts of the country, as well as bogs and swamps, literally swarmed with their bones.
Some of the moas had four toes to the foot, and others three, but all differed from kiwis in having a bony ridge over the groove for the extensor tendons of the tibia. They are, therefore, evidently the least specialised members of the order yet mentioned, seeing that this bridge is present in the majority of flying birds, and has evidently been lost in all the existing Ratitae. While agreeing in some parts of their organisation with kiwis, moas are distinguished by the short beak and the presence of after-shafts to the feathers while in the larger forms, at any rate, not only was the wing, but likewise the whole shoulder-girdle, wanting. There is, however, reason to believe that certain pigmy moas - which from their size were evidently the most generalised members of the group - retained some of the bones connected with the wing.
Moas were represented by several very distinct structural modifications; the largest being the long-legged, or true, moas (Dinornis) , characterised by the long and comparatively slender leg-bones, and also the large and depressed skulls. In marked contrast to these were the short-legged, or elephant-footed, moas (Pachyornis), in which the limb-bones are remarkable for their short and massive form; the metatarsus being most especially noteworthy in this respect. In these birds the skull is vaulted and the beak narrow and sharp; but in the somewhat smaller and less stoutly-limbed-broad-billed moas (Emeus) it is broad, blunt, and rounded. The other species, in all of which the beak was sharp and narrow, are of relatively small stature, and include the smallest representatives of the family, some of which were less than a yard in height. The eggs of the moas were of a pale green colour, and probably formed a favourite food of the Maori, by whom these birds wcre evidently exterminated.
Several skeletons are on display in museums in New Zealand and Europe and there are models and reconstructions based on these skeletons, on naturally preserved feathers and on oral tales of the bird and on its smaller relative, the kiwi. It is believed that moas resembled kiwis in several ways, that they were communal living and that the eggs were brooded by the males. With no need to look out for predators, their heads were probably carried forwards, like the kiwi, rather than upwards like an ostrich.
Another island giant, the Tasmanian emu, has been extinct since the 1850s on Tasmania and since the 1830s on Kangaroo Island (a 90 mile x 35 mile island; 144 km x 56 km). Unlike New Zealand, Australia had a variety of marsupial mammals and birds did not become the dominant life form. The Tasmanian emu was smaller than the Australian emu and was extinct by 1850. The Tasmanian dwarf emu was wiped out by 1830. Both were wiped out by man and by bush fires started by man. Kangaroo Island was discovered in 1802 and settled by whalers and sealers. Its emus were wiped out within 30 years. Australian emus survive on the Australian mainland in spite of extensive hunting between the 1920s and 1940s.
In 1867, Ferdinand von Hochstetter's book "New Zealand" described the Moa at length in Chapter IX "Kiwi and Moa, the wingless Birds of New Zealand". Below are excerpts describing the birds and their extermination.
The Kiwi, however, is only the last and rather insignificant representative of the family of wingless birds that inhabited New Zealand in bygone ages. By the term "Moa" the natives signify a family of birds, that we know merely from bones and skeletons, a family of real giant-birds compared with the little Apterygides. Missionaries were the first that beared from the natives of those gigantic birds, against which the ancestors of the present Maoris had been engaged in fearful struggles. The natives even pointed out a Totara tree on Lake Rotorua as the place, where their ancestors slew the last Moa, and in order to corroborate the truth of their narrative they showed large bones, which they found scattered on the banks of rivers, on the sea-coast, in swamps and limestone-caves, as the remains of those extinct giant-birds.
In 1839, Mr. Rule brought to England a fragment of a thigh bone of a Moa, from which Professor Richard Owen drew up a wonderfully correct idea of the bird. Almost at the same time the Rev. Mr. Colenso described in the Tasmanian Journal Moa-bones as the remains of gigantic birds. These facts excited interest and caused fresh researches, in consequence of which the Missionary, the Rev. W. Williams in 1842 sent several chests full of such bones, - which had been gathered on North Island in the coast districts about Poverty Bay and Hawkes' Bay, - to Dr. Buckland. Dr. Buckland presented the treasures to the Museum of the Royal College of Surgeons, and Prof. Owen constructed out of them the gigantic legs of Dinornis giganteus, which are one of the greatest curiosities of said Museum, legs over 5 feet high, which intimate a bird of at least 9 and a half feet in height. This is by far the most colossal from all the birds known. The tibia, the shin-bone alone, measures 2 feet 10 inches.
Upon South Island it was Mr. Percy Earl and Dr. Mackellar, who made collections at the mouth of the Waikouaiti, North of the Otago peninsula. But by far the most copious harvest was that gathered by Mr. Walther Mantell in the years 1847-1850 upon North and South Islands. He had collected more than 1000 separate bones and also fragments of eggs, which were bought by the British Museum, and furnished Prof. Owen the rich material for this celebrated works on the extinct families of Dinornis and Palapteryx. In this collection there was the famous skeleton of the elephant-footed Moa (Dinornis elephantopus) from Ruamoa, three; miles South of Oamaru Point (First Rocky Head), Province Otago, a species, which while it fell far short of the height of Dinornis giganteus, - measuring hardly over 5 feet, - was distinguished by an extraordinarily massive construction of the bones, and, as Mr. Owen says and indicates by the nomenclature, of all birds represents most the type of the pachyderms. Very appropriately, therefore, this skeleton has been placed in the British Museum by the side of the gigantic elephant Mastodon ohioticus.
Colonel Wakefield, Dr. Thomson and many others have also made up collections partly on North, and partly on South Island, and according to Prof. Owen there are already 12 to 14 different species of Moas known. Most of them have three toes like the Australian Emu. These Prof. Owen classes with the genus Dinornis, the four-toed species with the genus Palapteryx. From smaller bones, which were found, the genus Aptornis was established. However, the whole family of those wingless birds seems to have been very variable, since nearly every individual found, varied not only in size, but also in the number and proportion of the bones (especially of the vertebrae). It is, therefore, very doubtful, whether all the species, distinguished by Prof. Owen, are good species.
Besides bones, there were also fragments of egg-shells found on North and South Islands, indicating eggs of a size much larger than ostrich-eggs, but not quite equal in size to the egg of Aepiornis maximus [Elephant Bird], and of a thin shell with linear furrows. In 1865, Mr. J. C. Stevens, Natural History Agent in London, received from New Zealand an almost perfect egg of Dinornis. The egg is about ten inches in length and seven inches in breadth, the shell being of a dirty brownish colour, and about 1/12th of an inch in thickness. [...] Besides bones and eggs, little heaps of small rounded stones are very frequently found, generally chalcedony, carnelions, opals, and achates, which are designated by the natives as "Moa stones". They are sometimes found together with Moa skeletons, partly also in places, where there are no traces of Moa bones. It is probably correct to suppose that those stones come from the stomach of the birds, which like the ostrich and the Australian Emu were in the habit of swallowing little stones to assist digestion, ejecting them again from time to time, in order to swallow others less rounded.
From the localities of Moa bones, hitherto discovered, it appears first, that those birds were distributed over North Island, as well as South Island. Yet, as the Apteryx species of the two islands are different, so also the Moa species of North Island seem to be different from those found on South Island. Cook Strait, now separating the two islands, may have proved to these birds, which could neither fly nor swim, an unsurmountable obstacle, preventing them from migrating from one island to the other. New Zealand was perhaps a large continent when the Moas were first created. And if we suppose this or at least that the two islands were formerly contiguous to each other, we of course suppose also, that the separation took place so long a time ago, that the originally identical species, after the separation of both islands, may have been changed in course of time into the present varieties or species. According to Prof. Owen, the birds of South Island present stouter proportions, a compact, rather bulky frame of body, such as Dinornis robustus, elephantopus, crassus, and Palapteryx ingens, while those of North Island are distinguished by more slender and lengthy forms, like the Dinornis giganteus and gracilis.
These various species inhabited the plains and valleys and had their hiding-places in forests and caves. Their food doubtless consisted of vegetables, especially fern-roots, which they dug up with their powerful feet and claws. To assist the process of digestion, they swallowed small pebbles. According to native tradition, Moas were decked with gaudy plumage; and the present New Zealanders describe a cochin-china fowl as what they conceive lo have been the shape and the appearance of Moas. The formation of the skull leads us to infer, that they were stupid, clumsy birds, which we must not suppose to have been swift runners like the ostrich, but sluggish diggers of the ground, the nature and habits of which demanded no larger scope, than such as the limited territory of New Zealand presented.
From the traditions of the natives it appears, that great numbers of Moas were still living upon the islands at the time when they were first populated, and that the last of those birds probably disappeared from the surface of the earth but a few generations ago. It is even rumoured in the colony and is certainly not utterly impossible, that in unaccessible solitudes there might still be some few living stragglers of that giant-family "the last of the Mohicans". However, I am not inclined to believe the stories of the natives, that Heretaunga in the vicinity of Ahuriri on the East Coast of North Island or Whakapunake on Poverty Bay is the haunt of the last living Moas; and I likewise discredit the assertions of American sailors and seal-hunters, who pretend to have seen monster-birds of 14 or 16 and even of 20 feet in height stalking to and fro on Cloudy Bay and on the inhospitable southwestern shores of South Island. And certainly it is a remarkable fact, that in those extensive, wholly uninhabited regions of the Southern Alps, which within the last years have been explored, no reliable traces could be found anywhere. It is therefore my opinion, that all the larger species are wholly extinct, and that the above mentioned Roa-roa (Apteryx maxima) is probably the largest living representative of the former giant-family.
To the question about the causes of the dying out of those gigantic birds, we must necessarily connect the question about the causes of the final extermination of other large animals of the present period. [...] There are many facts, showing that in the struggle for existence, man acts the main part; that man has already swept quite a number of species from the surface of the earth, and that it is chiefly the largest animals that first succumb. We may even say, that all the larger animals are gradually being exterminated excepting those, which as domestic animals save their existence merely by their absolute dependence on man. The reasons for this arc quite obvious. The animal is either useful or noxious to man. If it be a large animal, its useful or noxious qualities are the greater; and in both cases man will strive to kill the beast, either in order to secure to himself the benefits of it, or to avert the great damage. This struggle of extermination will last a longer or shorter time, according to the number of individuals engaged, or, - since in the case of large animals, it can be only comparatively small upon a given space, - in proportion to the greater or smaller area of distribution of the animals in question. The huge animals once populating the forests of Europe, furnish a great many examples and proofs, too well known to require any further explanation. I will mention only two facts to show, how rapidly often the struggle is brought to a close with species having only a very limited range of distribution, how little there remains of such animals exterminated by the hand of man, and how fast every thing relating thereto is forgotten.
[...]Nor is it to be doubted, that the extermination of the gigantic birds of New Zealand was chiefly accomplished by the hand of man. In briefly retracing the past to the times when New Zealand was not yet trodden by the foot of man, we must assume, that at that time the large Dinornis and Apteryx species, whose bones we find to-day, lived in great numbers upon open fern-land, subsisting on the roots of Pteris esculenta. Dr. J. Haast notices also the occurrence of bones of the Dinornis in the moraines of the glaciers of South Island, and observes that the present Alpine flora furnished a large quantity of nutritious food quite capable of sustaining the life even of so large a creature; and as the fruits of these plants seem at present to serve no evident purpose in the economy of nature, he argued the former existence of an adequate amount of animal life, to prevent an excessive development of vegetation. This part was played by the Dinornis.
Those huge birds were then the only large animal beings that populated New Zealand; for of indigenous mammalia, except a little rat, there is nothing known. The first immigrants, who throughout the whole length and breadth of the extensive forests found nothing for man to subsist on, except the native rat and some small birds, obtained from the giant-birds the necessary supplies of meat, enabling them to increase in course of time to a whole nation numbering hundreds of thousands. But for those colossal birds, it would be indeed utterly impossible to comprehend, how 200,000 or 300,000 human beings could have lived in New Zealand, a country which even in its vegetable world offered nothing for subsistence, except fern-roots.
That such was really the case is sufficiently proven in the traditions of the natives. Ngahue, one of the discoverers of New Zealand, -- so tradition says, -- describes the land as the haunt of colossal birds. There are yet some Maori poems extant, in which the father gives his son instructions how to behave in the contests with the Moas, how to hunt and kill them. The feasts are described, which were wont to be instituted after a successful chase. Mr. Cormack as well as Mr. Mantell have found the bones on both the North and the South Islands in great number in the vicinity of camping-grounds and fire-places of the natives. Mounds were found full of such bones, in which after great feasts the remnants of the meals were promiscuously interred. The flesh and eggs were eaten; the feathers were employed as ornament for the hair; the skulls were used for holding tattooing powder; the bones were converted into fish-hooks, and the colossal eggs were buried with the dead as provision during their long last journey to the lower regions. Consequently those huge birds were in former times the principal game of the natives, and were probably altogether exterminated in the course of a few centuries.

Footnote: Dr. Thomson believes, that the Moas have become extinct since the middle of the 17th century. Meurant, a seal-hunter, according to a communication of the Rev. Mr. Taylor (New Zealand Magaz., April 1850), asserts his having seen Moa bones with the flesh on in Molyneux Harbour, South Island, as late as 1823. At any rate, natural phenomena such as volcanic eruptions, conflagrations of woods and heaths are likewise very probable to have contributed to the diminishing of the Moa family. In the swamp near Waikouaiti in South Island, Moa feet and legs have been found in an erect position, and the extraordinary number of Moa bones found in swamps is probably to be explained in this manner, that large flocks of those birds driven by fire or by men, got lost in the swamps and perished there. Dr. Haast very recently had the good fortune to make a most extraordinary discovery of that kind. A swamp near the Glenmark home station (Province Canterbury) has long been celebrated for the quantity of Moa bones that have been found there. Dr. Haast found no less than twenty-five skeletons of the Dinornis elephantopus and Dinornis crassus, of different ages. The bones were in excellent preservation and perfect condition. They retain the usual proportion of animal matter, and have undergone no mineral change. It is evident from these and similar discoveries that the birds of the elephantopus and crassus species congregated together in flocks, while the more monstrous specimen known as Dinornis giganteus must have been a comparatively solitary bird, as the bones of this class are scarce, and never found in any numbers in one spot.

 

 

 

miércoles, 10 de noviembre de 2010


ANIMALES FANTÁSTICOS: EL AVE ROC



Este es otro de los animales fantásticos descritos por Jorge Luis Borges en su libro “Manual de Zoología Fantástica”: El ave Roc.

"El Roc es una magnificación del águila o del buitre, y hay quien ha pensado que un cóndor, extraviado en los mares de la China o del Indostán, lo sugirió a los árabes. Lane rechaza esta conjetura y considera que se trata, más bien, de una especie fabulosa de un género fabuloso, o de un sinónimo árabe del Simurg. El roc debe su fama occidental a las Mil y una noches. Nuestros lectores recordarán que Simbad, abandonado por sus compañeros en una isla, divisó a lo lejos una enorme cúpula blanca y que al día siguiente una vasta nube le ocultó el sol. La cúpula era un huevo de roc y la nube era el ave madre. Simbad, con el turbante, se ata a la enorme pata del roc; éste alza el vuelo y lo deja en la cumbre de una montaña sin haberlo sentido. El narrador agrega que el roc alimenta a sus crías con elefantes.

En el capítulo 36 de los Viajes de Marco Polo se lee: Los habitantes de la isla de Madagascar refieren que en determinada estación del año llega de las regiones australes una especie extraordinaria de pájaro, que llaman roc. Su forma es parecida a la del águila, pero es incomparablemente mayor. El roc es tan fuerte que puede levantar en sus garras a un elefante, volar con él por los aires y dejarlo caer desde lo alto para devorarlo después. Quienes han visto el roc aseguran que las alas miden diez y seis pasos de punta a punta y que las plumas tienen ocho pasos de longitud.

Marco Polo agrega que unos enviados del Gran Khan llevaron una pluma de roe a la China."

Roc



Un roc destrozando el barco de Simbad.
Los rochos, Rocs, rucs o Rukhs (en idioma persa رخ rokh, según afirmó Louis Charles Casartelli es una forma abreviada de simurgh en persa), son aves de rapiña gigantescas, a menudo blancas, pertenecientes a la Mitología persa, capaces de levantar a un elefante con sus garras.

Índice

Orígenes orientales

El Roc tuvo su origen, según Rudolph Wittkower, en la lucha entre el ave solar indio Garudá y la serpiente Naga, una palabra que A. de Gubernatis afirmó que significa "elefante" así como "serpiente". El mito de Garuda llevándose a un elefante que estaba luchando con una tortuga aparece en dos epopeyas en sánscrito, el Mahábharata (I.1353) y el Ramayana (III.39). El Roc aparece en Arabic geographies and natural history, popularizado en los cuentos de hadas de Arabia y los relatos de marineros. Ibn Battuta (iv. 305ff) habla de una montaña suspendida en el aire sobre los Mares de China, que fue el Roc.
Otros autores sugieren explicaciones alternativas: el mito podría haberlo originado el quebrantahuesos, la rapaz de mayor envergadura de eurasia, de donde tomaría su coloración blanca y la leyenda de arrojar los elefantes desde las alturas (presumiblemente basada en la costumbre del quebrantahesos de elevarse con los huesos para después soltarlos desde gran altura).
Otra rapaz que se coloca como origen del mito es Aquila chrysaetos simurgh, subespecie extinta del águila real de gran tamaño que habitó durante el Pleistoceno y el Holoceno inicial en la isla de Creta. Simurgh es otro de los nombres del Roc. Dado que en la misma isla y en la misma época existía una especie de elefante diminuto, es probable que la observación de esta ave cazando crías o jóvenes del proboscidio en la antigüedad hubiese originado el mito.
Por último, las verdaderas aves elefante o epiornítidos (Aepyornithidae), pájaros gigantes oriundos de madagascar, aislados también en una isla del índico y ponedores de huevos de gran tamaño, guardan relación con el mito del Roc, aunque no como inspiradores; más bien se supone que habrían sido nombrados de tal forma respecto al mito preexistente.

Expansión occidental

En el siglo XIII, Marco Polo (citado en Attenborough (1961: 32)) declaró que "Es para todo el mundo como un águila, pero en realidad de un tamaño enorme, tan grande que sus huevos son de doce pasos de largo y grueso en proporción. Y es tan fuerte que puede tomar un elefante en sus garras y llevarlo alto en el aire y soltarlo para que se rompa en pedazos; luego de matarlo, el pájaro baja y se lo come". Marco Polo distingue explícitamente al ave de un grifo. No cabe duda que la de Marco Polo fue la descripción que inspiró a Antonio Pigafetta. Tales descripciones, sin duda, capturaron la imaginación de los ilustradores más tarde, como Johannes Stradanus circa 1590 o Theodor de Bry en 1594, mostró un elefante que había sido llevado en las garras del Roc, o que el Roc había destruido buques en venganza por la destrucción de su gigantesco huevo, como se relató en el quinto viaje de Simbad el marino. La ornitología de Tomasso Aldrovandini (1599) incluyó una imagen de un Roc con un cerdo parecido a un elefante en sus garras, pero en el racional mundo del siglo XVII, el Roc fue más criticado.
El Roc es mencionado en el segundo viaje de Simbad (Véase Las Mil y Una Noches) como "Rujj", el cual alimentaba a sus crías con elefantes y comía, además de elefantes, unas serpientes del tamaño de una palmera y rinocerontes. Simbad escapa de una isla atado a la pata de este ser y cuenta que midió un huevo de Rokh en 50 pasos de circunferencia. Igualmente, en el cuento de Aladino y la lámpara maravillosa, el hermano del derviche maghrebín (disfrazado de curandera) pide a la esposa de Aladino un huevo de rokh para curarla , ésta a su vez se lo pide a Aladino, y Aladino a su vez se lo solicita al Genio de la lámpara, sin embargo, el Genio se enfurece al escuchar esta petición, y arroja a Aladino con ira de un poderoso golpe, explicándole después que el poderoso Roc es el "Amo" de algunos genios y efrits, entre ellos los de la lámpara mágica, y el anillo encantado. El mito no da más información al respecto.

Roc en la cultura popular

El Roc también es mencionado en la saga de videojuegos The Legend of Zelda. Tanto su pluma como la capa confeccionada con plumas de esta ave proporcionan una ligereza increíble, dando a Link la capacidad de saltar o de planear tras un salto (sólo en juegos de vista aérea).
En el MMORPG Adventure Quest Worlds, la segunda Bestia del Caos, invocada por el Tercer Señor del Caos (el Dragonlord Vath), es un Roc de Piedra (llamado Rock Roc en el juego debido al idioma). En otro MMORPG, Silkroad online, Roc es uno de los llamados monstruos unicos y aparece solo una vez al día, para derrotarlo se necesitan muchos jugadores de gran nivel, generalmente casi todos los jugadores top de un servidor trabajando en equipo siendo de otra manera imposible al ser la criatura mas poderosa del juego.
En el juego de cartas coleccionables Magic: el encuentro, el Roc, como criatura, es representado en múltiples cartas de juego desde la expansión Arabian Nights (diciembre de 1993), con una clara inspiración en las fabulas y cuentos de Las Mil y Una Noches, hasta su última aparición en Magic 2011 como “Huevo de roc”.
También en el último juego de la saga Golden Sun, "Golden Sun: Dark Dawn", el Roc Imperial es una criatura cuyas plumas permiten construir el ala ligera, una máquina que vuela con la Psinergía del usuario. El ave guarda en su interior el orbe volcánico, que contiene la energía necesaria para activar la Torre del Eclipse.
En la saga de videojuegos Pokémon parece ser que una de los pokémon, Ho-Oh, esta inspirado en un Roc
En la serie de Figuras Monster in My Pocket, el Roc es el Monstruo numero 034, con un valor de 10 puntos.



Pinnacle of Orthanc
Gandalf's Rescuer