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sábado, 10 de marzo de 2012

-El oportuno ejemplo de la viuda negra.


-El oportuno ejemplo de la viuda negra.
La fama terrible de la viuda negra, devoradora ocasional del macho durante la cópula, se tiñe además de su carácter venenoso de arácnido convirtiendo su toxicidad en mortal para el hombre.
Parece ser que este hecho es más accesible de contrastar estadísticamente, y resulta que, según el Instituto de Investigaciones Científicas de Arizona, de cada 3000 picaduras de viuda negra a seres humanos sólo se registra una mortal, y resulta muy difícil que el animal reaccione de forma agresiva, ya que su carácter pacífico le hace usar su veneno sólo para cazar, y no basta con intimidar, sino que hay que acorralar o capturar al animal para que intente morder a cualquier agresor que lo supere en tamaño.
Esto parece estar bastante claro para los responsables del documental sobre arácnidos producido y realizado por Stephen Ellis para KEG-Ellis Productions. En el más puro estilo canadiense, el filme expone de forma estudiadamente desapasionada la injustificada mala fama de la especie, basándose en el estudio estadístico anteriormente mencionado, y escogiendo cuidadosamente la gravedad y serenidad de la voz del narrador, para más señas Neil Diamond.
Sin embargo, a la hora de tocar el tema del apareamiento se omite el hecho de que casi nunca sea fatal ya que en todo caso siempre es un tanto problemático para el macho evitar los impulsos y órganos agresivos de la hembra.
Lo curioso es que se insiste en el hecho aún cuando se muestra al macho repetir la operación dos veces: "...esta separación pacífica es infrecuente en una especie que acostumbra a reciclar al macho". El uso del término "reciclar" es un intencionado distanciamiento de la realidad del macho, y por tanto una forma conscientemente "cruda" de mostrar la redundante crudeza de la vida salvaje, en definitiva la vida más real, dando por sentada nuestra afortunada posición como miembros de una sociedad civilizada. Una pose, en todo caso, que favorece la justificación de cualquier defecto del estado organizado, o de sus abusos. La fórmula, en realidad, es simple: la encarnizada competitividad de la sociedad capitalista no es más que un reflejo de lo que sucede en la naturaleza, aunque lo que se intenta es crear un recelo hacia la vida natural, que se nos presenta como como una amenaza indiscriminada, aleatoria, carente de favoritismos.
"Reciclar" al macho es una actitud deshumanizada, propia de la peor fantasía apocalíptica de Orwell o Huxley. La mecanización de los actos vitales y su reducción a términos de rentabilidad para la especie estaría asociado a un subliminal terror a un estado drásticamente comunista, y, por si fuera poco, machista, temblorosamente machista.
Para los que crean que estas lucubraciones van demasiado lejos, les diré que como mínimo hay un aspecto de esta imagen artificial interesado en el maniqueísmo descriptivo, y se trata de su revalorización.
La revalorización de las imágenes depende de la revalorización de su contenido. Un alto dirigente fotografiado junto a un desconocido carece de interés, a no ser que la vinculación con el desconocido tenga algo de escandaloso o cuando menos raro o llamativo.
La paradoja de documentales como el de Stephen Ellis es que se alimentan de imágenes lo más infrecuentes que sea posible, y sin embargo casi todos ellos caen en un océano de tópicos reconocibles.
Se conjura un acto terrible, llamativo, mortalmente peligroso y vitalmente necesario, que se supone frecuente, y se nos muestra uno aparentemente normal aún cuando parece ser que su inapreciable rareza reside precisamente en su aparente normalidad.
¿Porqué no se nos muestra un ejemplo de apareamiento "normal" con la "natural" captura e ingestión del macho? ¿Es que se filmó este fenómeno "a la primera" y casualmente? ¿O es que se han seleccionado hembras menos agresivas en el terrario que sirve de decorado de apariencia natural a la película?.
Es curioso que sin embargo se llame la atención sobre la subjetividad de nuestra conmoción al ver un anolis (un reptil) devorado por un ciempiés gigante, una muerte que "impresiona más porque somos vertebrados, como el anolis". El criterio de cercanía como móvil de simpatía, que se torna más evidente cuando el que cae bajo el poder de un artrópodo es un ratón (no sólo vertebrado sino también mamífero, "subiendo" en la escala subjetivamente ascendente que va hasta el primate humano).
Lo que nos tiene que llamar la atención es, en realidad, que un acercamiento supuestamente imparcial, científico, que nos recuerda que mamíferos y artrópodos son iguales ante la fatalidad de la naturaleza, nos describa la "parada nupcial" de la viuda negra como una "mezcla de sexo y peligro", o, incluso, "como una película de James Bond".


Después de este comentario, tal vez perciban de otro modo a las arañas, o las mantis religiosas en procesiones de viudas negras, pero basta con que perciban de otra forma la persistencia de los tópicos en las sucesivas informaciones sobre animales que llegan a los medios, especialmente e la red.

Les dejo un par de amenos ejemplos ejemplos:


La araña que corta su pene durante el coito

Hembra de N. Malabarensis. En el recuadro rojo se puede ver el pene del macho.Hembra de N. Malabarensis. En el recuadro rojo se puede ver el pene del macho.En algunos casos, el término "guerra de sexos" toma un sentido literal. Si la hembra de tu especie te come una vez terminada la cópula, y además busca varios machos para inseminarla, debes encontrar una estrategia que mejore tus posibilidades.
Por ejemplo, deshaciéndote de tu pene. Según han descrito desde la Universidad Hubei de China, el macho de una especie de araña, Nephilengys malabarensis, se automutila el pene durante la cópula, dejando el apéndice insertado en la hembra. No se trata únicamente de la punta del aparato copulador, llamado pedipalpo, sino de la estructura entera. Y permanece expulsando esperma mientras el macho huye.
En esta especie, la hembra es mucho más grande que el macho. En las arañas, cuando esto ocurre las hembras suelen comerse al macho al terminar la cópula. La razón de que esto ocurra tiene que ver con la inversión energética que cada uno de los sexos realiza en la cría. De manera sencilla, podemos entender la inversión energética como la cantidad de comida que cada uno de los padres deja de utilizar en sí mismo para emplearlo en sus crías. Y cuando la inversión de la madre es muy superior a la del padre, una forma de equilibrar las cuentas es mediante el canibalismo post-coital.
LibélulaExplicado así, parece que el macho cercera su aparato reproductor para sobrevivir a la cópula, aunque haya quedado estéril, pero la cosa no es tan sencilla. En términos biológicos, la función de todo ser vivo es reproducirse, y por tanto el macho ya ha cumplido con su función al terminar la copúla. Entonces, ¿para qué sirve seguir viviendo, más aun siendo estéril?
La razón por la que los machos de N. malabarensis se desprenden de su apéndice es para evitar que la hembra se reproduzca con otros machos. En esta especie, la hembra suele copular con varios individuos, reduciendo de esta manera las posibilidades de paternidad de cada uno de los machos. Al dejar su pene insertado en la hembra, éste sirve de tapón e impide que otros machos puedan fecundar a la hembra. Además, el pene desprendido expulsa más esperma que si se mantuviese unido al macho.
Esta estrategia resulta sorprendente por darse en arácnidos. Es la primera vez que se descubre un comportamiento así en arañas, y hasta ahora se tenía asumido que los machos participaban de buen grado en el canibalismo, a modo de ofrenda a la hembra. Lo que no es, es novedoso. Este tipo de estrategias, en las que o bien se controla a la hembra durante la gestación para asegurarse de que ningún otro macho copule con ella, o se genera un tapón para evitar esto mismo, está muy extendida por el reino animal. Por ejemplo, muchas especies de libélula presentan o bien una o incluso las dos estrategias al mismo tiempo.



Las viudas negras han encontrado a su rival

Hembra de viuda marrón. Por Tanikawa, via Wikimedia CommonsUno de los animates más temidos del planeta es la viuda negra (Latrodectus hesperus). Y su fama no es inmerecida, ya que se trata de uno de los depredadores más voraces del planeta, cuya picadura puede acabar con un humano adulto. Pero parece que no es tan temible, o que al menos ha encontrado a la horma de su zapato: la viuda marrón (Latrodectus geometricus).
Un equipo de investigadores de la Sociedad Entomológica Americana ha llevado a cabo un trabajo de campo tratando de determinar cuántas viudas negras había en la zona de California, y cuáles eran sus hábitas. Pero en lugar de viudas negras, encontraron muchas más viudas marrones. De hecho, hasta 20 veces más arañas de esta especie.

[Relacionado: La araña que corta su órgano sexual durante el coito]
Las viudas marrones se descubrieron por primera vez en Florida, en la Costa Este americana, en 1935. Hasta 2003 no se encontró ninguna en la región de California, y ahora están superando en número a las viudas negras, originales de la zona. Esto demuestra un enorme éxito, ya que su expansión ha sido completamente natural.
En realidad las dos arañas son muy parecidas. Pertenecen al mismo género, comparten estrategias de caza y ninguna de las dos presenta el comportamiento que ha hecho tan famosos a estos animales, el canibalismo sexual. Las hembras de estas dos especies no se comen al macho al terminar la cópula, como sí ocurre en otras especies muy cercanas.

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Al ser tan similares, sus hábitats son los mismos. Cuando las dos especies se encuentran en el mismo lugar, comienzan a competir por la comida, por los espacios para montar los nidos, y en general por todos los recursos. A la vista de los datos, esa lucha suele ganarla la viuda marrón. Aún quedan lugares en los que las viudas negras son mayoría, o incluso la única especie, pero cada vez van perdiendo más espacio.
Una de las diferencias que hay entre ambas es en cuanto a toxicidad. Si comparamos el veneno de la especie negra y el de la marrón gota a gota, son prácticamente igual de venenosas. Pero la marrón inyecta mucha menos cantidad de veneno en cada picadura, lo que supone una buena noticia para los humanos. Además, es mucho menos común un ataque de viuda marrón hacia un ser humano que en el caso de la negra.

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Otra buena noticia es que las viudas marrones suelen evitar las casas. Aunque no es común, las viudas negras pueden montar sus nidos en casas, normalmente en las cornisas de los tejados. La especie marrón evita las viviendas, siendo más habitual encontrarlas en bloques abandonados o en parques urbanos, sobre todo debajo de tablas o bancos.