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miércoles, 14 de marzo de 2012

la imagen intrusa. La imagen y la realidad acotada.


Intoducción: la imagen intrusa
Imagínense que les cuentan una historia y, nada más comenzar la lectura, se encuentran con una palabra acompañada por un numerito (1), que la sobrevuela muy de cerca. Lo que pretendo referirles a continuación no es la historia de ese pequeño dígito (1), pero tiene mucho que ver con él. Y es que ese signillo numérico (1) flotante crea en mí la misma sensación que esta disertación: quiero seguir leyendo, haciendo caso omiso del asterisco numeral**, pero no consigo olvidarlo.
Por más que intente sumirme en la lectura, sé que en mi conciencia pesa la posibilidad de saber algo, crucial tal vez, escondido en las últimas páginas o rendido a los pies de ésta misma; y, simultáneamente, pesa (¿o contrapesa?) mi deseo de leer sin interrupcción mezclado con la pereza de no hacerlo.
Hace mucho tiempo quería dejar todo este embrollo registrado, pero no es más que un asterisco* digital1, numérico***, que flota detrás de buena parte de mis pensamientos.1.1

1.1.-La imagen y la realidad acotada.

En mi anterior trabajo, reflexionaba sobre la capacidad representacional de la fotografía sirviéndome de una lectura crítica del discurso de Roger Scrutton, relacionándolo con otros discursos acerca del tema de la representación. En el capítulo “La ventana y la naturaleza. El paisaje”, revisé ciertas cuestiones que, al quedar incompletas de ciertos argumentos entonces inoportunos, me sirven ahora para introducir las preguntas que en este momento me quiero hacer.
Decía entonces que, según Scrutton, “ante una fotografía, uno menciona las particularidades del asunto: ante un cuadro, únicamente el aspecto observable captado en el cuadro”. Mi objeción a dicho argumento era la siguiente: tal afirmación hace referencia a una única visión posible del objeto pictórico y objeto fotográfico y, por añadidura, parece ignorar la responsabilidad del fotógrafo sobre el asunto, cuya materialización es, a menudo, obra suya, sin que por ello debamos necesariamente considerar que ejerza estrictamente de escenógrafo.
Decíamos al respecto que Scrutton ve en la Fotografía una suerte de accidente mecánico, físico y químico, cuyo resultado es malinterpretado como una forma de representación por su aparente similitud con otras formas de representación como el dibujo, el grabado o la pintura.
Sin embargo, según Scrutton, una fotografía, al igual que un espejo, no representa la realidad pues, lejos de reinterpretarla y sustituirla, simplemente la refleja. Ahora bien: la fotografía, una vez asimilada por la sociedad, otorga a sus imágenes un valor que va más allá de la imagen especular o, en todo caso, habría que profundizar mucho más en las connotaciones que la imagen especular supone, amén de su fenomenología física. Ya mencioné en su momento la importancia de los escritos de Lewis Carroll al respecto, así que los retomaré más adelante en cuanto lo considere oportuno. Si retrocedemos a los albores historiográficos de la fotografía encontramos en los textos de Fox Talbot5 una concepción de la imagen fotográfica que rebasa los límites de la fotografía, como oportunamente señala Andreas Haus. Y es que la filosofía de Talbot supondría una concepción de la visión como algo activo y no pasivo. La visión humana no recibe las imágenes del mundo (o, al menos, no se limita a ello) sino que las fabrica.
El mecanismo fotográfico ilustra de forma ambigua un esquema que Talbot intuye como bidireccional. El ojo es el “otro lado” del negativo, oponiéndose a la lente, que por analogía, nos es dada como receptora de luz, no como emisora de imágenes, esto es: la idea de la concepción del ojo como lente de un proyector. Así, según este esquema, el ser humano proyectaría sobre la realidad física una realidad intelectual que le devolvería un compuesto de ambas; aunque, llegados a este punto, la cuestión ya no sería tan simple pues, si una imagen sólo es cognoscible a través de su superposición con imágenes anteriores, dado que éstas han sido a su vez proyectadas y registradas, llegaríamos a la afirmación de Guy Gauthier de que “todas las imagenes deben más a otras imagenes que a la Naturaleza”7