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domingo, 9 de agosto de 2020

Fotografiar y dibujar en la era digital. Niños y reconocimiento animal. Identificamos las obras de Dom, antaño comentadas en relación a Telmo Pieper y Dougal Dixon, como pertenecientes a Tom Curtis.


Tom Curtis/Dom

 Y pasamos de las recreaciones dinosaurianas decimonónicas a la fusión de dibujo y fotografía en la era del Photoshop.

Telmo Pieper

 

 

Ya habíamos dedicado hace un tiempo una entrada a las curiosas creaciones de Telmo Pieper basadas en sus propios dibujos infantiles, principalmente de animales, recreados lo más literalmente posible mediante fotografías de los temas dibujados editadas mediante Photoshop. 

Dom
 

 

 

 

Poco tiempo después asistíamos a la práctica repetición del mismo concepto en la selección de imágenes de Dom, y ambos servían para complementar y contextualizar la publicación de obras del gran ilustrador naturalista Dougal Dixon en un proyecto en el que daba acabado profesional a los dibujos de dinosaurios y otros animales realizados por niños.

Es innegable la coincidencia conceptual y procedimental de los tres proyectos, si bien es cierto que el de Dixon llega a un puerto más concreto o bien establecido basándose en su propio prestigio como ilustrador naturalista y muy especialmente por el éxito conseguido gracias a sus especulaciones sobre la evolución en forma de futurible gráfico que ya le había procurado fama y prestigio.

En el caso de Telmo Pieper se trataría de un proyecto experimental al margen de sus tareas habituales como artista digital y diseñador gráfico, y de Dom apenas sabíamos nada al margen de cierta vinculación con el arte y el retoque digital y tal vez haberse inspirado en los trabajos de Pieper, aunque es algo de lo que no tenemos certeza. Sólo que, bajo el seudónimo de Dom, sus obras habían llegado a ciertas redes y confesaba inspirarse en los dibujos de sus hijos para seguir el mismo proceso de reproducción literal de las interpretaciones gráficas de los niños.

Pues bien: hemos sabido recientemente, por una nueva incursión de las obras de Dom en ciertas redes, que Dom es el nombre del hijo mayor de Tom Curtis, autor de las interpretaciones digitales de sus hijos Dom y Al, por lo que podemos ampliar un poco de información sobre sus obras y ofrecer una nueva selección de imágenes, no sin antes aprovechar para volver a ponerlas en contexto refrescando lo que en su día comentamos a propósito de las ilustraciones de Dougal Dixon:

Dougal Dixon
  Al límite de la especulación y la reproducción fiel, como en las peculiares recreaciones digitales de Telmo Pieper de sus propios dibujos infantiles de animales, o de Dom basándose en la misma premisa, nos llega un peculiar proyecto de Dougal Dixon, que descubrimos a través de un artículo de Koprolitos.

No podemos evitar acordarnos de aquellos trabajos de planteamientos similares recurriendo a tratamientos digitales de imágenes fotográficas, aunque lo cierto es que Dixon sigue fiel a las técnicas tradicionales, o al menos a su apariencia, y, en todo caso, al dibujo y la ilustración, no a la manipulación fotográfica digital.

Aprovechar las posibilidades del Photoshop para dar credibilidad fotográfica a las distorsiones gráficas de los dibujos infantiles es en sí un interesante ejercicio en los límites de la percepción visual, la reproducción de imágenes y la representación de modelos naturales a través de convenciones gráficas, temas que hemos tratado con anterioridad y de los que ha dado cuenta la semiótica en boca de teóricos tan notables como Gombrich o Eco, de quienes hemos aprovechado sus discursos acerca de los recursos gráficos de Durero al dibujar su célebre rinoceronte.

Volvamos por un momento a los referentes que hemos comentado con anterioridad:


Telmo Pieper
Dom
Dom parece inspirarse directamente en la ocurrencia de Pieper, y no existe prácticamente diferencia entre los resultados de uno y otro, aunque tal vez sea más coherente con sus propias expectativas Telmo Pieper, quien plantea la posibilidad de imaginar cómo serían los libros ilustrados con profusión de imágenes fotográficas de animales (aunque no descarta ofrecer imágenes de otra índole, tal y como hace Dom, tal vez incluso con mayor profusión, indicándonos, sencillamente que los animales son el tema por excelencia de los dibujos infantiles, y por tanto de la esencia del aprendizaje humano).

Telmo Pieper
Telmo Pieper rescata sus propios dibujos infantiles para evocar la problemática reproducción gráfica de la imagen que ofrecen los animales por los elementos que implican dichas imágenes para identificarlos con precisón, fin último de la taxonomía zoológica.

Pieper aprovecha para ilustrar dicha cuestión con imágenes representativas de otros objetos (coches, casas...) mientras que Dom sólo indica hasta qué punto los animales están presentes en el imaginario infantil como acicate a su curiosidad intrínseca, dado que tal vez le interese más la expresividad esquemática y a menudo distorsionante de las representaciones inexpertas de los niños, dotadas de fuerza gráfica, de inmediatez aparentemente irreflexiva, despreocupada de la fidelidad iconográfica por el puro placer de descubrir los resultados que surgen del papel.


Dom

Dom se inspira en los dibujos hechos por su hijo pequeño para recrearlos con apariencia fotorrealista, por así decirlo, poniendo sobre la mesa qué es eso que consideramos exacto o preciso en una fotografía en cuanto a detalles y textura, encerrando las formas y sus contornos en los trazos de un niño ingenuamente inexperto.

Es lógico, pues, que nos viniesen a la mente estos ejemplos al contemplar los dinosaurios infantiles readaptados al estilo de Dixon, un científico, un ilustrador científico y un artista imaginativo e influyente, inspirador, tanto para paleontólogos como para biólogos, para ilustradores precisos y concienzudos o para artistas imaginativos y fantasiosos.


Para empezar deberíamos aclarar que Dougal Dixon es uno de esos artistas a quien hace mucho tiempo que queríamos dedicar una entrada, debido a a la admiración que desde los años noventa teníamos  por sus trabajos como ilustrador científico, que alcanzó la fama especialmente por  aplicar lo aprendido como artista zoológico al editar una serie de trabajos gráficos basados en la especulación evolucionista, es decir, aventurándose a imaginar la fisionomía de animales futuribles tal y como había hecho al imaginar animales del pasado.

Tal y como nos informan los redactores de Koprolitos, sus libros más conocidos en este ámbito son "After Man: A Zoology of the Future"(1981), "The New Dinosaurs: An Alternative Evolution" (1988),

"Man After Man: An Anthropology of the Future" (1990) o "If Dinosaurs Were Alive Today" (2007) y en todos ellos, Dixon ilustra y explica cómo podrían ser las faunas del futuro o alternativas a los procesos evolutivos que se han dado en la historia de la Tierra, por lo que no es de extrañar que haya servido de fuente de inspiración tanto a científicos y paleontólogos (Dixon es paleontólogo antes que artista e ilustrador científico) como a artistas gráficos y creadores audiovisuales, llegando a asesorar, por ejemplo, a Peter Jackson para su versión de King Kong.

De hecho, al igual que la BBC había apostado por el hiperrealismo digital (iniciado por ILM para "Jurassic Park")en producciones como "Caminando entre dinosaurios", o "Caminando entre las bestias", no tardó la misma productora en dar forma audiovisual a los animales hipotéticos tras la extinción humana propuestos por Dixon.

Ni que decir tiene que la producción televisiva dio pie a su versión en formato libro, ilustrado con extractos de las imágenes digitales que imitaban los encuadres propios de un documental cine/videográfico a los que generalmente estamos acostumbrados y que han inspirado las pautas de realismo imitadas en múltiples producciones para divulgación museográfica o derivados al límite de la ficción y la divulgación científica.
Eso mismo ocurre con el Parque Prehistórico presentado por Nigel Marven siguiendo las mismas pautas empleadas por el naturalista en sus otras producciones documentales, rompiendo de algún modo los límites entre realidad y ficción (o al menos entre realidad y especulación científica) y que nos llevan a ficciones en formato aparentemente documental como "Sirenas. Mito o realidad", de Discovery Channel, o los dragones de leyenda hechos realidad zoológica por Justin Hardy.

Por todo lo expuesto, comprenderéis que, independientemente de nuestras preferencias particulares, concedamos un puesto de honor a Dougal Dixon entre los grandes del arte antrozoológico, como hemos reivindicado a otros en su día, de la talla de Gregory S. Paul, Burian, o el gran Charles R. Knight, ya que es digno heredero y colega de muchos de ellos y a la vez ocupa un lugar propio por alentarse a sí mismo a desarrollar aquella parte más resbaladiza de su labor como paleontólo y biólogo gráfico: la especulación, la recomposición de la lógica anatómica y evolutiva siguiendo un método quimérico e imaginativo sustentado por profundos conocimientos taxonómicos y biológicos para ver qué sale desde un punto de vista también curioso y estético. No deja de ser un juego, como cuando un niño imagina formas animales en objetos casuales o en sus propios e incontrolados trazos de dibujo aún sin entrenar, todavía frescos y expresivos. Conociendo el trasfondo de la obra gráfica de Dixon, ver cómo practica un ejercicio similar al de Telmo Pieper o Dom resulta mucho más interesante, y sin duda mucho más trascendente.

Como mencionábamos más arriba, las imágenes responden a un encargo, una campaña de GreatBeanBags a la que Dixon aportó su sello personal dando un peculiar giro a su producción de criaturas fantásticas, ya que el método a seguir consistió en tratar con las mismas técnicas empleadas en los libors ilustrados de biología y paleontología los modelos surgidos de una propuesta de ejercicio gráfico a escolares de corta edad. Dixon intenta imaginar, como premisa, que las criaturas representadas están reproducidas de forma precisa como si fuesen exactamente así en realidad, con lo que nos propone una reflexión sobre nuestros criterios de credibilidad gráfica y nuestros criterios de credibilidad científica, obligando a coexistir una estética Naïf con recursos gráficos y pictóricos propios del realismo naturalista.

Es de nuevo en BoredPanda donde encontramos el artículo original de Greta J. que nos informa acerca de los nuevos trabajos de Tom Curtis a partir de los dibujos de Dom y Al. 

Lo primero que destacaríamos como llamativo o significativo es que lo que reclama la atención del público es precisamente la génesis supuestamente lúdica y amateur del proyecto (algo cada vez más frecuente en las redes) ya que lo que el título del mismo recalca es que se trata de un padre jugando con sus hijos, estableciendo un reclamo afectivo ligeramente diferenciado del encargo profesional acometido por Dixon o el pasatiempo extralaboral de Pieper revisando sus propias imágenes. Aunque se trate exactamente de lo mismo (de hecho se nos confirma que la habilidad de Curtis proviene también de su amplia experiencia profesional) el alcance conseguido se basa en una premisa ligeramente diferente. Lo cierto es que se ha acabado convirtiendo en un proyecto desarrollado online con dibujos enviados por niños que cuenta cada vez con más participantes y seguidores, y que ha desembocado finalmente en la publicación de un libro.

 

Este padre photoshopea los dibujos de sus hijos como si fueran reales, y son terroríficamente divertidos (30 imágenes)

Este padre hace de internet un lugar mucho mejor y más divertido. Tom Curtis, de Londres, lleva la página de Instagram "Things i have drawn" (Cosas que he dibujado), en la que muestra lo que pasaría si los dibujos de los niños se volvieran realidad.

Tom tiene 2 hijos, Dom (11 años) y Al (8 años), y se dedica a photoshopear los dibujos que ellos y otros niños hacen. Esos garabatos divertidos y creativos cobran vida, con un resultado tan gracioso como terrorífico, y nos encanta. Y queríamos enseñaros sus últimas obras, así que echad una ojeada, disfrutad y votad por vuestros favoritos.  

"Solía afirmar que todos los animales eran reales, pero se tardaba mucho en encontrarlos y fotografiarlos, aunque se cansaron de la broma enseguida. El tiempo que tardo en crear las imágenes depende de muchas cosas: El sujeto (tardo menos con animales que con vehículos), la textura (la piel lisa es fácil, las escamas de reptil se tarda mucho en hacerlas bien, el pelaje es algo intermedio), y cuanto más detalles más tiempo lleva. Pero normalmente, creo que una media de 10 horas por imagen, más o menos."

"Todo depende de lo que ocurra en Instagram en el momento. Hace poco tuvimos un pico de seguidores, y nos mandaban más de 50 dibujos a la semana, pero ahora se ha calmado la cosa y solo llegan unos pocos al día."

"Dom y Al tienen ya 11 y 9 años, así que sus dibujos recientes son demasiado sofisticados y han perdido mucha de su inocencia. Por suerte, aún tengo guardados bastantes de los viejos. En estos días, les apetece más jugar a videojuegos que dibujar, aunque Al tiende a crear muchos personajes raros con cabezas extrañas. Aún no he hecho sus versiones."

Tras 5 años photoshopeando los dibujos de sus hijos, el instagram de Tom tiene más de 736000 seguidores. La idea tras la cuenta es sencilla (aunque lleve mucho trabajo) y es algo que muchos de nosotros seguramente hayamos pensado en hacer, y por eso funciona.

Tom tiene mucha experiencia y lleva casi 25 años usando Photoshop.

Todo comenzó cuando vio a su hijo Dom dibujando un animal raro, y que como casi todos los niños, dibujó los ojos y la boca en el mismo lado de la cabeza del animal.

"Se me cruzó por la cabeza que quizá los adultos no miramos el mundo correctamente, y los niños quizá tienen razón. Así que decidí abrir Photoshop y reimaginar los animales, caras, vehículos y objetos como los dibujan los niños," dijo Tom a PopSugar.

Ahora el padre photoshopea no solo los dibujos de sus hijos, también los de otros niños: muchos padres envían los garabatos de sus retoños para que Tom les de vida, y parece que va para largo. Así que, si quieres ver cómo serían en el mundo real los dibujos de tus hijos, envía a Tom una foto de ellos y quizá tengas suerte.

Y si te gustan mucho estas imágenes y quieres algo más permanente, siempre puedes echar una ojeada al libro de Tom: ‘Things I Have Drawn: At The Zoo.’

 



























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sábado, 25 de abril de 2020

Vadim Solovyov y su invasión de animales salvajes gigantes

Vadim Solovyov

Una vez hecha la reflexión sobre el fotomontaje que ofrecimos en nuestra entrada precedente, a la que dimos un sesgo en el que la eficacia del fotomontaje tal vez sea un síntoma de nuestro alejamiento del mundo natural, volvemos al fotomontaje para mostrar un claro ejemplo de lo que veníamos diciendo. 

Y es que, cuando el fotomontaje funciona de forma más llamativa es cuando imita o emula a la foto documental, y es por ello que  Gigantescos animales salvajes deambulan por las calles rusas en las composiciones surrealistas de Vadim Solovyov.

Vadim Solovyov
No obstante, en este caso entraríamos de nuevo en la eficacia de la evidencia de lo imposible, en el regusto de la fantasía creíble que hace realidad de forma ópticamente verosímil una cierta ensoñación de retorno de la naturaleza al mundo urbano cotidiano.

Es, creo, un recurso fácil, resultón y difícilmente eludible por el público automáticamente atraído por las imágenes de trabajos como el de Christophe Huet, por ejemplo, u otros tantos como el estudio Creatonautes, generando quimeras digitales, o Sarah DeRemer con sus asociaciones y analogías de manual, también flirteando con lo quimérico.

Sin embargo, como en el ejemplo de Huet, hemos de añadir todavía otro factor que convierte estos fotomontajes en un tópico de las redes y de las ensoñaciones digitales: la alteración de la escala.

Vadim Solovyov
Los animales son agigantados, preferentemente (aunque no faltan los ejemplos de miniaturización pretendidamente llamativa o sorprendente), para reclamar todavía más la atención, además de en su desubicación. 

Tampoco es nada nuevo, volvemos al viejo recurso de los insectos agigantados o vengadores de los mundos perdidos a lo King Kong, cuyo émulo no falta, desde luego, entre las imágenes de Vadim Solovyov.

Así, animales proverbialmente pequeños son traídos a la escala de nuestras mascotas o a la nuestra propia para incluso superarla, pero también es tentador reducirlos, especialmente en el caso de las mascotas domésticas, hasta convertirlos en miniaturas de bolsillo.

Vadim Solovyov
De hecho, es uno de los pocos casos en que Solovyov se centra en un animal doméstico, puesto que en la mayoría prefiere agigantar la fauna silvestre y, por tanto, constiuiría un caso contrario al que observábamos en Mitch Boyer sacando de paseo a su "perrito" gigante Vivian por Brooklyn.

Lo que pasa es que el de Boyer constituye un caso de proyecto fotográfico o artístico con su propia poética, mientras que los trabajos de Huet o Les Creatonautes, como, las de Solovyov parecen responder más a un "¿porqué no?" a cada ocurrencia de la imaginación menos exigente.

Aunque sería injusto no elogiar la buena vista y pericia técnica del artista ruso, o su trasfondo crítico con el avance desaforado de la civilización, puesto que, aunque nosotros, siguiendo nuestra línea habitual, nos centramos en sus trabajos protagonizados por animales, lo cierto es que la tecnología y los robots son su temática alternativa, que, de todas formas, no deja de ser vicaria de cualquier observación de lo que entendemos por animalidad. 

Vadim Solovyov
En ciertas ocasiones incluso combina ambos conceptos y los insectos gigantes o cualquier criatura aumentada o reducida de escala es acechada en su entorno por máquinas o drones misteriosos que cierran el bucle de su condición de reclamo de atención visual.

Solovyov presenta a los animales de tal modo que la máxima expresión de su método, si es que no se trata de una rutina, es mostrarlos siempre de forma insólita pero conocida, si es que es posible afirmar una cierta previsibilidad en nuestros hábitos de observar lo insólito, que deja de serlo en realidad cuando lo asimilamos por parecido a una categoría de fenómenos que deberían existir sólo fuera de una conocida y no dentro de una de aquello parecido a otra cosa.

Vadim Solovyov

Es decir: las imágenes de Vadim Solovyov nos presentan a los animales constituyendo el foco de observación de la cámara, ocupando un lugar protagónico en cualquier pantalla, agigantándolos incluso hasta el extremo de superar con creces el concepto de recurso de aumento de escala de la pantalla gigante.

Cosa que al menos demuestra tener clara el artista como idea comunicativa de cierto calado, en el caso en que muestra la presencia de una pantalla gigante en un evento deportivo, una de las muestras que quedan de acotación simbólica del terreno natural para la lucha simbólica de clanes por la ocupación de dicho terreno acotado y cuya escala obliga a una lejanía que, para acercar los rostros de los participantes al espectador en directo, requiere de los mismos recursos al que se ha acostumbrado como espectador en diferido: la pantalla.

Vadim Solovyov
La pantalla agigantada en escala para adaptarse a la escala del estadio de aforo masivo, de esa pantalla gigante que, no obstante, pierde protagonismo y se limita a subrayar la metarrealidad del animal enfocado, de la reiteración del encuadre y, por tanto, de una nueva revisión del cuadro dentro del cuadro magrittiano.

No faltan tampoco los casos en que se establece una analogía conceptual entre los animales y objetos, herramientas o vehículos y maquinarias, aunque en estos casos apenas se subraya con pequeños elemento asociativos:

Un rinoceronte se parece a un furgón o a un vehículo industrial y basta con señalizarlo con un faro de alumbrado o posición y, 
Vadim Solovyov
siguiendo este tipo de pretexto iconográfico y argumental, un tiuburón martillo se convierte en un martillo industrial o una máquina de construcción, con la insólita particularidad de flotar en el aire.

Y es que este es otro de los tópicos oníricos que se repiten en muchos artistas figurativos que recurren al uso surrealista de los animales: 

desplazar los animales acuáticos al aire, realizar un ejrcicio que desafía a la densidad del medio y de la materia orgánica que constituye a los propios animales. 

En la ensoñación del vuelo nadamos, porque cuando nadamos desafiamos a la gravedad del medio aéreo e incorporamos esa experiencia a nuestras expectativas. 

Vadim Solovyov
La imaginación y el subconsciente hacen el resto. De ahí que sea tan frecuente observar la presencia de animales acuáticos voladores en múltiples trabajos artísticos pictóricos, video y cinematográficos y, cómo no, fotográficos de montaje. Moverse sin apoyarse en el terreno, sino en el medio, es algo consustancial y común a animales acuáticos nadadores  y terrestres voladores, por lo que reflejar dicha idea en una imagen es siempre tentador e inmediatamente comprendido, porque forma parte de fantasías de origen atávico, que seguramente llevamos incorporadas desde un remoto pasado evolutivo.

En este sentido Solovyov no iba a ser menos y muchas de sus ocurrencias y creaciones explotan este tema o recurso argumental y así, yendo un poco más lejos, repasa también otro tópico antrozoológico que es la fascinación por los cefalópodos, por su peculiar e insólita configuración anatómica radial.

Vadim Solovyov
El artista demuestra su preferencia por la simbología clásica del pulpo, el calamar y la sepias y los reubica, cómo no, agigantados, en espacios aéreos como extraños zeppelines orgánicos, o como sugerentes apariciones fragmentarias de sus tentáculos como amenaza de una naturaleza al acecho que, en tiempos de coronavirus y confinamiento domiciliario, remiten a la reconquista de la naturaleza de los espacios urbanos arrebatados a los bosques, los mares y la vegetación primigenia.

La orografía invadida por la urbe no deja de ser un montaje artificial y la frontera entre naturaleza y artificio es puesta en cuestión por todas las formas de arte desde la noche de los tiempos.


Vadim Solovyov

Vadim Solovyov
 En el caso de los cefalópodos las refrencias iconográficas que aluden a lo amenazador o lo monstruoso parten, como bien menciona Caillois, de Victor Hugo, responsable literario del cambio de la mitología del pulpo, que pasa a ser digno representante del cambio y el disfraz, a ser monstruoso y amenazador guardián de los tesoros submarinos, algo que de alguna manera retomó Julio Verne recurriendo al parentesco con los calamares y su enciclopédica fascinación por la existencia documentada de los calamares gigantes del género architeutis.

Vadim Solovyov
Otros animales acuáticos como los hipocampos pasan de ser diminutos caballitos de mar a gigantescos habitantes de los cielos transformándose así en una especie de fenómeno atmosférico, pero es curioso constatar que como prefiere presentar a los pulpos y las sepias es en su condición de desubicación natural, haciendo justicia a la vieja expresión de encontrarse perdido como un pulpo en un garaje, aunque seguramente más de uno se sorprendería de lo resolutivo que podría llegar a ser un de estos inteligentes animales fuera del agua.

Por lo demás, la mayoría de ejemplos gráficos de Vadim Solovyov, envuelven las ciudades rusas que le sirven de escenario, así como los pueblos y barriadas rurales, de pequeñas criaturas agigantadas que tal vez simbolicen una suerte de venganza natural, en la que los pequeños insectos, las abejas polinizadoras y otras criaturas amenazadas por la influencia humana nos recuerdan hasta qué punto nuestra propia supervivencia depende de su presencia.

Por tanto, sobredimensionar escópicamente su presencia no es más que denunciar el peligro de su ausencia.

Vadim Solovyov
Volviendo a los temas que ha ha reavivado la crisis del COVID19, la invasión de los espacios naturales y de la fauna salvaje llevada al límite de su supervivencia e integrada en el consumo mercantil humano ha sido puesta sobre la mesa como una posible causa del peligroso acercamiento a las enfermedades que afectan a dichas especies y la posible letalidad poéticamente vengativa de sus parásitos, gérmenes y virus en formas hasta ahora insospechadas.

Uno de los animales que simbolizan la rareza y la fragilidad ante la extinción por la acción del hombre es el pangolín, especialmente por ser uno de los símbolos de la fauna asiática y constituir uno de los tesoros zoológicos de China, que encarna a su vez, como nación, a la potencia ancestral a la par que moderna, a la economía liberal emergente y atroz en su superpoblación y en su consumo indiscriminado de cualquier especie natural como mercadería gastronómica o medicinal.

La ausencia de gente en las calles a causa del confinamiento sanitario ha traído a las redes imágenes de animales silvestres invadiendo las calles y los espacios urbanos visto desde una perspectiva esperanzadora. Ante este hecho, la imagen de los pangolines convertido en vagabundos, hobbos o tal vez obrerors sobreexplotados del reciclaje y la trapería tal vez constituya el ejemplo más resaltable como rabiosamente actual de la obra gráfica de Solovyov.

Pero, en cualquier caso, queremos recalcar que el artista ruso constituye un ejemplo de todo aquello que se repite insistente y significativamente en el arte figurativo digital de los tiempos que corren y que, además, ejemplifica claramente todo aquello que venimos observando hace años desde nuestra plataforma de El Animal invisible.

Mafa Alborés


La obra de Solovyov la descubrimos a través de COLOSSAL, donde Grace Ebert nos dice al respecto:

Vadim Solovyov
Ver a un mapache lavando sus patas en los ríos de San Petersburgo o un pulpo emergiendo de un autobús de la ciudad sería una vista sorprendente para la mayoría de sus habitantes. Sin embargo, el artista Vadim Solovyov lleva esas escenas surrealistas un paso más allá al imaginar enormes grajos, pingüinos y camaleones invadiendo la ciudad rusa. Si bien muchas de las composiciones presentan a los animales en la naturaleza, algunas los colocan en espacios típicamente ocupados por un humano, como un perezoso detrás del mostrador cubierto de dulces de un kiosco.

Solovyov explica a Colossal que comenzó la serie misteriosa como una forma de explorar eventos extraños en su vida real. 

Vadim Solovyov
Por ejemplo, dice que el mapache gigante y sus contrapartes presuntas "se abre paso silenciosamente a través de la ciudad desierta en la tarde a los estuarios donde enjuaga tímidamente algo en el agua. A fondo. No menos de 20 segundos ", lo cual es una referencia a las sugerencias actuales de lavado de manos para evitar la propagación de COVID-19.

El artista dice que valora los componentes visuales y textuales de su trabajo por igual.

    Los animales gigantes (son) sólo una de las características de este mundo. Su origen, la historia del mundo en sí, se puede encontrar en fragmentos de los textos bajo las publicaciones. Existen muchas publicaciones en el contexto de eventos reales en mi ciudad y país. A través de mi trabajo, a menudo transmito de una manera velada (ya veces extraña) cuestiones importantes para mí  o problemas de la sociedad (actitud hacia los animales, política, fallas sociales). Pero esto, por supuesto, no excluye el hecho de que algunas obras son un "juego visual" irónico sin significados profundos adicionales.

Para ver la colección completa de la vida salvaje y sus respectivas historias, dirígete al Instagram de Solovyov. (fuente: This Isn’t Happiness)

Vadim Solovyov
Vadim Solovyov

Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
Vadim Solovyov

Vadim Solovyov
Vadim Solovyov

Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
Vadim Solovyov

Vadim Solovyov

Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
Vadim Solovyov

Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
Vadim Solovyov
https://www.instagram.com/solovyewadim/

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https://www.instagram.com/p/B5He7AQIiEM/?utm_source=ig_web_button_share_sheet


https://www.thisiscolossal.com/2020/04/vadim-solovyov-giant-wildlife/ 

https://thisisnthappiness.com/post/615287843655450624/they-want-their-stuff-back-vadim-solovyov


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