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jueves, 3 de noviembre de 2016

Jacub Gagnon como excusa para distinguir realismo de naturalismo. Pintura y animales (I)

Jacub Gagnon



Seguimos rescatando material de nuestro cajón de borradores de este año. Muchos de ellos se corresponden a meses atrás, casi remontándonos a trabajos publicitados en la red el año pasado o incluso con anterioridad.

Jacub Gagnon

No obstante, ya sabéis que en El Animal Invisible no nos preocupa la rabiosa actualidad para que una obra artística nos parezca vigente o interesante, sino que más bien queremos dar cabida a la inclusión de proyectos artísticos que, habiendo alcanzado o no un cierto eco, sea por su calidad o por su conspicuidad, ilustren conceptos dignos de ser tenidos en cuenta a la hora de analizar aspectos importantes de la divulgación zoológica o antrozoológica a través del arte.
Iniciamos una miniserie de entradas dedicadas a los trabajos pictóricos protagonizados por animales que más han reclamado nuestra atención recientemente, y para la que hemos escogido a Jacub Cagnon, Erik Thor Sandberg y Lilia Mazurkevich. Aunque hoy prestaremos nuestra atención sobre los trabajos de Gagnon, intentaré introducir aquello que me parece significativamente común a la pintura de artistas tan semjantes como dispares.
Erik Thor Sandberg
Todos ellos se caracterizan por un realismo formal que se sirve simbólicamente de nuestra relación (o falta de ella) con los demás animales para generar imágenes problemáticas, llamativas, metafóricas o simplemente evocadoras.

En el caso de Mazurkevich se produce un diálogo entre la animalidad humana, solapada bajo los criterios canónicos de la belleza femenina, y la presencia ornamental de animales exóticos que apuntan a nuestra propia naturaleza.
Lilia Mazurkevich
En muchas ocasiones se permite referencias mitológicas y, como suele ocurrir en las representaciones de animales junto a desnudos femeninos, la equiparación de la mujer a una categoría particular de animalidad, de carnalidad hecha mercancía que, paradójica y simultáneamente, apela a una espiritualidad, una pureza, contrastada con la mera inocencia de la fauna salvaje, asociada a los instintos primarios en los que se asienta el deseo carnal, argumento  al que ya hemos apuntado como primordial en el tema recurrente de Bellas y Bestias, más desarrollado en entradas específicas de este blog.

La constatación de un deseo carnal con el que pactar unas señas de identidad estaría subrayado por el hecho de recurrir a sí misma como modelo, con lo que habríamos de añadir toda la trascendencia implícita en el recurso del autorretrato. En la oscuridad de nuestra percepción interna del mundo natural los mitos y símbolos son poderosos y corren el riesgo de ser un recurso fácil para producil imágenes aparentemente cargadas de simbolismo y que sencillamente apelan a preferencias estéticas bien establecidas, pero no creo que baste con ello para definir los recursos estéticos de Mazurkevich, ya que divide su trabajo en dos series diferenciadas: Noche (Night) y Día (Day), y si en la primera vemos referencias a la simbología de bellas y bestias, en la segunda son animales aislados, especialmente pajarillos y polluelos, los que escenifican metáforas sobre el mundo natural y sus difíciles equilibrios a través de su posición compositiva en el lienzo.

Jacub Gagnon
Jacub Gagnon es un pintor canadiense que llamó nuestra atención desde diversos medios digitales que ofrecían muestras de sus enigmáticas imágenes, acertijos simbólicos que flirtean con el surrealismo.

Su técnica pictórica es esencialmente realista, foto-realista incluso, a la manera en que ciertos representantes de la pintura barroca y tenebrista trataban la iluminación de sus composiciones, como Caravaggio, por poner un ejemplo que nos ha servido frecuentemente para referirnos a las aspiraciones naturalistas de pintores prefotográficos.

Apenas un foco de luz bastante duro, generalmente cenital, hace emerger sus composiciones de la absoluta oscuridad, por lo que sus cuadros suelen presentar fondos negros en los que los sujetos reproducidos se esclavizan a la composición casi como si de naturalezas muertas se tratase.

Los cuadros de Gagnon nos remiten, por tanto, al tipo de imágenes que un fotógrafo obtendría en estudio con una fuente de luz única, apenas sin reflectores, sobre un fondo negro o subespuexto.
Jacub Gagnon
Sus escenas, mayoritariamente protagonizadas por animales, son más naturalistas que estrictamente realistas, es decir: trascienden la realidad sin representarla más que simbólicamente, aunque el nivel de detalle en los aspectos materiales, superficiales que aportan credibilidad orgánica a sus figurantes.

Nos estamos refiriendo al naturalismo que caracterizaría, más que a la pintura, a la literatura naturalista como, por ejemplo, la de Balzac, llena de detalles y descripciones que otorgan a los lugares y personejes verosimilitud al margen de que la narración busque prioritariamente representar la realidad a través de los acontecimientos que sustentan el argumento, no necesariamente realista, por lo tanto.

En "Animal farm", de George Orwell, no es naturalista que los animales hablen, piensen y se rebelen, pero mediante la analogía construye una metáfora realista de la estructura social de su época y del devenir absolutista de una revolución comunista.

El naturalismo de Jacub flirtea también con el naturalismo en sentido más estricto, es decir, referido al estudio y representación metódica y fidedigna de las especies zoológicas en los libros ilustrados y demás medios de divulgación, pero en realidad, aunque esté presente el trasfondo de historia natural asociada a cada especie concreta, es la aliteración de tópicos naturalistas mexclada con la simbología animal heredera de la tradión cultural más ancestral lo que hace primar el simbolismo sobre cualquier otro aspecto de sus obras, que serán interpretadas de forma más o menos subjetiva por el espectador.
Podemos intentar acercarnos un poco más a las motivaciones del pintor a través de sus propias palabras extraídas de su galería digital:


La única manera en que un niño puede sobrevivir a la vida de un pequeño pueblo rural es a través de la imaginación. Eso es lo que yo pensaba. Muchos años después me mudé a una gran ciudad, crecí, estudié arte, y me gradué. Puedo ver ahora que la imaginación es esencial no importa qué paisaje te rodea o a qué edad.Actualmente ejerzo como artista en Toronto, creo imágenes que cuestionan y entretienen la discusión de la conectividad. Dentro de la escena que es mi lienzo, presento animales y objetos de maneras extrañas, colocándolos en escenas que se oponen a la practicidad. Mis pinturas se convierten en un espacio en el que la naturaleza se vuelve antinatural, bordeando el surrealismo.

A la vista de las pinturas de Gagnon no podemos evitar recordar la influencia de los pintores surrealistas en los artistas conceptuales que vistieron los álbumes discográficos de muchas bandas de rock progresivo de los años 70 del pasado siglo, tanto mediante técnicas pictóricas como desde la creatividad de los fotomontajes de laboratorio, pero su persistencia formal nos remite también a los gabinetes de curiosidades y a los museos de historia natural, a los catálogos fotográficos de divulgación zoológica y, por tanto, directa o indirectamente, a la taxidermia y su capacidad para convertir los despojos animales simultáneamente en aparentes seres vivos y en piezas de atrezzo o mobiliario. Lo consigue simplemente asociándolos a otros objetos ornamentales y a las luces puntuales propias de una exposición museística. No obstante, la presencia de los ejemplares queda recalcada por los fondos negros, como de estudiada fotografía de estudio al estilo de Wolf Ademeit convirtiéndolos en vestigios de un mundo natural desaparecido en las tinieblas, fagocitados por nuestra existencia en la que predominan los objetos materiales, ora cotidianos, ora ornamentales y que parecen extraídos de la misma tienda de antigüedades.

Mafa Alborés


Jacub Gagnon
Jacub Gagnon
Jacub Gagnon
Jacub Gagnon
Jacub Gagnon
Jacub Gagnon
Jacub Gagnon
Jacub Gagnon
Jacub Gagnon
Jacub Gagnon

Jacub Gagnon
Jacub Gagnon
Jacub Gagnon

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Jacub Gagnon

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Jacub Gagnon

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Jacub Gagnon



Fuente:
http://www.jacubgagnon.com/

miércoles, 26 de octubre de 2016

Arca de Noé fotográfica. Hasta el Último por Joel Sartore.





Si hay un proyecto fotográfico que merezca un lugar de honor entre las muestras de este blog, independientemente de la mayor o menor calidad o trascendencia de otros anterior o posteriormente aquí mencionados, se trata sin duda de Photo Ark, el arca fotográfica de Joel Sartore. Puede que los recursos dialécticos y expositivos de Nick Brandt sean indiscutibles, o que la espectacularidad de Gregory Colbert resulte seductora, pero la rotundidad documental y artística de Joel Sartore ha desembocado en un proyecto fotográfico monumental encaminado a constituir el legado iconográfico de la fauna existente. 
Un Arca de Noé llena de ejemplares en forma de fotografía o, como bien dice Rachel Hartigan Shea para National Geographic, fotografiar "Hasta el último" de los animales conocidos, tarea titánica y prácicamente imposible pero encaminada a la concienciación conservacionista argumentando la cercana desaparición de muchas de las especies registradas.
Las circunstancias personales que han imposibilitado los viajes de exploración fotográfica de Startore lo han obligado a reflexionar sobre su trabajo como fotógrafo naturalista hasta el momento y adoptar una nueva dirección mediante el trabajo de estudio, asumiendo con ello dos vertientes, una estrictamente documental y otra más experimental o artística, más conceptual que técnicamente. 
La neutralidad casi aséptica de los fondos blancos o negros aísla los ejemplares fotografiados de sus bitopos en peligro de desaparición, evidenciando su fragildad una vez fuera de contexto. Tal vez no haya sustancial diferencia con las imágenes de Wolf Ademeit u otros cuyos trabajos hemos revisado, pero la titánica propuesta que hay detrás resulta monumental incluso para uno de los pesos pesados de National Geographic.
La solución estética del escenario aparentemente vacío del estudio fotográfico obliterado por el uso de fondos blancos o negros nos recuerda no obstante lo artificioso de la situación fotografiada, realizada con animales en cautividad, casi un contrasentido de la linea de trabajo de campo hasta ahora desarrollada por el autor. No hay duda de que Sartore es muy consciente de la trascendencia de su trabajo y del estado de las cosas en una actualidad marcada por una crisis ecológica que ojalá en un futuro no sea más que un mal recuerdo, así que asumir métodos de trabajo aparentemente más cercanos a los de un Andrew Zuckerman, por poner un ejemplo bien concido, no lo coloca exactamente en la misma línea, dado que lo que subyace tras su proyecto es dejar testimonio de todas la criaturas posibles antes de su desaparición, con una premura que en el fondo reclama que el devenir de los acontecimientos imposibilite al máximo dicha tarea, en vez de facilitarla fatalmente.
Sin duda siempre habrá quien nos advierta del doble filo del arma del registro fotográfico, cuyos productos se revalorizan de algún modo cuando los referentes fotografiados escasean o desaparecen. No en vano introducimos este artículo con una pantera longibanda, fotografiada en cautividad por Sartore, antaño fotógrafo en plena naturaleza, y que encarna como pocas especies al animal-joya, escaso, hermoso, raro, poco conocido y a punto de desaparecer.

Mafa Alborés




Hasta el último


Autor: Rachel Hartigan Shea Fecha: 2016-04-12

http://www.ngenespanol.com/naturaleza/ecologia/16/04/11/proyecto-photo-ark-natgeo-national-geographic-arca-de-noe-fotografia.html


Durante años, Joel Sartore, fotógrafo de National Geographic, trabajó lejos de casa documentando la pasmosa fauna del Parque Nacional Madidi en Bolivia, encaramándose a los tres picos más altos de Gran Bretaña o acercándose a los osos grizzly en Alaska. Kathy, su esposa, permanecía en Lincoln, Nebraska, a cargo de los niños.

Pero en la víspera del día de Acción de Gracias de 2005, a Kathy le diagnosticaron cáncer de mama. La enfermedad la condenó a siete meses de quimioterapia, seis semanas de tratamientos de radiación y dos cirugías. Así que Joel Sartore no tuvo opción: con tres hijos de doce, nueve y dos años no podía viajar en busca de las historias que eran el pilar de su carrera. En esa época, comenta, “tuve un año en casa para pensar”. Pensó en el ornitólogo John James Audubon. “Pintó varias aves que ahora están extintas –afirma Sartore–. Pudo percibir el fin de algunos animales, incluso en la primera década del siglo XIX”. Pensó en George Catlin, quien pintó a las tribus de indios americanos “sabiendo que su forma de vida iba a verse muy alterada” por la expansión hacia el oeste.

“Y entonces pensé en mí –agrega–. Me había dedicado casi 20 años a fotografiar la naturaleza y no hacía mucho para lograr que la gente se interesara”.

Había tomado imágenes que mostraban en una fotografía por qué luchaba una especie –el ratón de playa de Alabama, por ejemplo, frente al desarrollo costero que amenazaba su hábitat–, pero se preguntaba si una táctica más sencilla resultaría más eficaz. Los retratos podrían captar la forma, las características y, en muchos casos, la mirada penetrante de un animal. Sin embargo, ¿también podrían utilizarse para captar la atención del público?

Un día de verano en 2006, Sartore le llamó a su amigo John Chapo, presidente y director ejecutivo del Zoológico de los Niños de Lincoln, y le preguntó si podría retratar algunos de los animales del zoológico. Incluso con Kathy enferma, podía trabajar un poco más cerca de casa, ya que el zoológico estaba a solo kilómetro y medio.

Cuando llegó al zoológico, Sartore les pidió dos cosas a Chapo y a Randy Scheer, el curador: un fondo blanco y un animal que se quedara quieto. “¿Qué te parece una rata topo lampiña?”, preguntó Scheer. Colocaron al roedor lampiño, de dientes saltones, sobre una tabla para cortar que tomaron de la cocina del zoológico y Sartore empezó a tomar fotografías. Podría parecer extraño que esa humilde criatura haya inspirado lo que se ha convertido en la obra de vida de Sartore: fotografiar las especies que viven en cautiverio y hacer que la gente se interese por su destino, pero emprender una misión planetaria con un pequeño roedor encaja perfectamente con la filosofía de Sartore. “Me emociono mucho cuando retrato bichos pequeños como este, porque nadie les presta atención”, señala.

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Se calcula que existen entre dos y ocho millones de especies de animales en el planeta. Muchas de ellas podrían extinguirse para finales de este siglo (los pronósticos varían de 1,600 especies a tres millones), a causa de la pérdida de hábitat, el cambio climático y el comercio de fauna silvestre. “La gente piensa que vamos a perder animales cuando tengamos nietos –afirma Jenny Gray, directora ejecutiva de los Zoológicos Victoria en Australia–. Ya los estamos perdiendo. Y esos animales se han ido para siempre”.Los zoológicos son la última esperanza para muchos animales al borde de la desaparición, pero los zoológicos albergan solo una fracción de las especies del planeta.


Sartore calcula que le tomará 25 años o más para fotografiar la mayoría de las especies en cautiverio.

Durante la última década, Sartore ha fotografiado más de 5,600 animales para el apasionante proyecto que él llama Photo Ark [el arca fotográfica]. Ha fotografiado ejemplares pequeños: una diminuta rana dardo venenosa verde y negra, una mosca amante de las flores de El Segundo, California. Grandes: un oso polar, un caribú. Marinos: un pez conejo, un calamar hawaiano. Aves: un faisán de Edwards, un turpial de Montserrat. Y no ha parado.

Sartore no manipula los animales, deja que lo hagan los cuidadores del zoológico. Si en algún momento “el animal muestra señales de estrés, la sesión termina –dice–. La seguridad y la comodidad de los animales es lo primero”. Ninguno de ellos ha resultado lesionado.








































































About Joel

Joel Sartore is a photographer, speaker, author, teacher, conservationist, National Geographic Fellow, and a regular contributor to National Geographic Magazine. His hallmarks are a sense of humor and a Midwestern work ethic.
Joel specializes in documenting endangered species and landscapes around the world. He is the founder of The Photo Ark, a 25-year documentary project to save species and habitat.
In his words, “It is folly to think that we can destroy one species and ecosystem after another and not affect humanity. When we save species, we’re actually saving ourselves.”
Joel has written several books including RARE: Portraits of America’s Endangered Species, Photographing Your Family, Nebraska: Under a Big Red Sky and Let’s Be Reasonable.  His most recent book is Photo Ark: A World Worth Saving. All of his books are available through his website.
In addition to the work he has done for National Geographic, Joel has contributed to Audubon Magazine, Geo, Sports Illustrated, The New York Times, the Smithsonian Magazine and numerous book projects. Joel and his work have been the subjects of several national broadcasts including National Geographic’s Explorer, the NBC Nightly News, NPR’s Weekend Edition, the Today Show and an hour-long PBS documentary, At Close Range. He is also a contributor on the CBS Sunday Morning Show with Charles Osgood.
Joel is always happy to return from his travels around the world to his home in Lincoln, Nebraska where he lives with his wife Kathy and their three children.

The Photo Ark

RARE: Portraits of America’s Endangered Species,
Photographing Your Family,
Nebraska: Under a Big Red Sky   
Let’s Be Reasonable. 
Photo Ark: A World Worth Saving. 

http://www.joelsartore.com/

http://www.joelsartore.com/galleries/the-photo-ark/


Fuente:

http://www.ngenespanol.com/naturaleza/ecologia/16/04/11/proyecto-photo-ark-natgeo-national-geographic-arca-de-noe-fotografia.html