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lunes, 25 de junio de 2012

humanos y tiburones

Las informaciones científicas, cuando salen del contexto de los circuítos estrictamente científico, buscan una conexión con el público basada en mensajes aparentemente novedosos o llamativos.
Decir que el hombre desciende del mono es una tergiversación de las conclusiones de las teorías de Darwin y de Wallace. Para ambos hombres y simios (que no monos) comparten ancestros comunes en una genealogía muy ramificada y no siempre en orden ascendente, sin embargo la cultura ha asimilado la descendencia del mono como un argumento alrededor del cual generar polémicas más o menos absurdas y discusiones de carácter religioso, sociológico, científico y, en fin, deseosas a menudo de mezclar conceptos indisolubles.

La noticia que reproduzco a continuación, como es ya habitual en la web, pretende vendernos como novedad el descubrimiento del Meditrráneo, puesto que no es incompatible la descendencia de primates ancestrales con la descendencia de éstos a partir de filos precedentes. Que la mandíbula de los primeros tiburones ancestrales es la base evolutiva de la mandíbula de prácticamente todos los vertebrados no es en absoluto una novedad, pero el ir y venir de los contenidos de las noticias de carácter científico ha generado una sopa confusa, muy sazonada y poco alimenticia, de afirmaciones categóricas descontextualizadas.

Apuntes de Naturaleza

El ancestro común a humanos y tiburones

Crédito de la imagen: Megan Doherty/University of ChicagoHablando de la evolución de la especie humana, siempre decimos que descendemos del mono. Esta frase, que en muchas ocasiones se ha malinterpretado, quiere decir que tenemos un antecesor común con las especies actuales de simios. Simplificando, esto quiere decir que hubo una especie a partir de la cual surgimos, por una parte, los chimpancés y los orangutanes, y por otra, los seres humanos. Con la misma idea, podemos ir tirando del hilo hacia atrás, cada vez más atrás en el tiempo. Y nos encontraríamos con que descendemos del tiburón.
Un artículo publicado recientemente en la revista Nature ha cambiado la manera en que se entendía hasta ahora la evolución de los vertebrados superiores. La teoría que se manejaba proponía que los gnatostomados, el grupo de vertebrados que tienen mandíbulas y que incluye a los mamíferos, aves, reptiles, anfibios y parte de los peces, provenía de los peces óseos.
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Sin embargo, el equipo de investigación de la Universidad de Chicago sitúa como antecesor común a todos estos animales a un grupo de peces extinto denominado acantodios. Este grupo es curioso, ya que está a medio camino entre los peces con espinas y los condrictios, grupo al que pertenecen los tiburones y las rayas. Con los segundos tienen en común que su esqueleto está formado por cartílago, pero presentan unas largas espinas de hueso en el extremo de sus aletas.
Para llegar a estas conclusiones, se han basado en los ejemplares mejor conservados de este grupo, todos ellos pertenecientes a la especie Acanthodes bronni. Este organismo fosiliza mejor que el resto de los de su grupo, lo cual es una ventaja para los paleontólogos, pero también un problema. Fosiliza mejor porque tiene más partes de su esqueleto formadas por hueso, que perdura más. Pero también tiene más hueso por ser lo que se denomina una especie derivada, es decir, tener características bastante distintas de las originales de su grupo.
Sin embargo, la estructura de su cráneo es muy similar a la del resto de especies de acantodios. Este factor es fundamental, ya que es justo en esta parte del esqueleto en la que se puede estudiar cómo surgieron las mandíbulas, una característica que diferencia a los vertebrados superiores y que se considera que fue la razón principal de su éxito evolutivo.
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Pero, ¿por qué es tan importante la mandíbula? Por varias razones. Para empezar, esta estructura proporcionó una nueva forma de alimentarse, y se piensa que es la base del éxito de los vertebrados como animales. Por otra parte, todas las mandíbulas de los vertebrados siguen el mismo diseño y se mantienen las mismas bases. La diferencia entre las mandíbulas de una especie y las de cualquier otra se pueden considerar detalles. Importantes en algunos casos, pero a la larga, variaciones sobre la misma estructura.
El estudio del cráneo de A. bronni demuestra que se parece más a los tiburones que a los peces. Los científicos trabajaron con más de 100 variables morfológicas, y analizaron su parecido con especies modernas y antiguas de peces y tiburones, y con otros fósiles de acantodios. De esta manera, pudieron agrupar a las especies por su parecido, y la conclusión resultaba clara: los acantodios formaban un grupo compacto, muy cercano al de los tiburones. Los peces óseos aparecían más separados.
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