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martes, 5 de junio de 2012

Imágenes manchadas e imágenes de gatos manchados.


Guepardo Real

Os remito, a los que os intereseis particularmente por el tema, a la entrada específica en la que esclarecíamos ciertas confusiones iconográficas entre distintas especies de felinos manchados, o "gatos con motas", como ironizábamos en aquel texto.
Es muy curioso constatar que sigue dándose la frecuente confusión entre grandes felinos bien conocidos, como leopardos (o panteras), jaguares (o tigres), tigres propiamente dichos, leones, pumas (o leones), tigrillos y otros gatos salvajes. Incluso se ha colado en la polémica felina algún intruso que poco tiene que ver con los felinos.

El motivo principal para redactar esta entrada es que me sigo sorprendiendo ante las dificultades que el público de a pie tiene para identificar con precisión las diferentes especies aún hoy en día.
Ya habíamos referido algunas de las confusiones de las que históricamente habían sido cómplices los dibujantes, grabadores y artistas naturalistas en general que se encargaban, en siglos anteriores, de mostrar al mundo el aspecto que ofrecía la presencia visual de los animales en libros ilustrados.
Así, al existir los nombres de leopardo y pantera para la misma especie, se acabó extendiendo la falsa creencia de que, por muy parecidos que fueran, se trataba de dos especies distintas, que a menudo aparecían dibujadas y descritas en capítulos diferenciados. Decíamos al respecto que los casos de melanismo, frecuentes en dicha especie, propiciaron la creencia de que las panteras son negras y los leopardos moteados, o, cuando menos, que pantera es una designación específica de los leopardos negros. Los casos de melanismo en jaguares (ya de por sí confundido icónicamente con el leopardo por el dibujo de su piel) empeoran dicha confusión, y el melanismo tampoco es infrecuente en los pumas americanos, aunque su coloración gris o parduzca le otorgue también la denominación de león americano (otro motivo de confusión léxica). El jaguar, en latinoamérica, es llamado también tigre. Siendo el felino, y el depredador, más grande y temible de la selva, con una piel dorada, anaranjada o amarillenta cubierta de rosetas oscuras, la identificación con el tigre de las junglas hindúes está justificada, aunque el verdadero tigre es mucho más grande y a rayas. Además, ambos comparten una afición al agua y a la natación que propicia el frecuente registro de ambas especies practicando la natación.


En la novela de Luís Sepúlveda "Un viejo que leía novelas de amor", el protagonista es requerido para la busca y captura de un tigrillo, y hemos de intrepretar que se trata de un jaguar, dado el carácter temible de la criatura. Sin embargo, en aquellas tierras al jaguar o yaguar se le denomina tigre, no tigrillo. De hecho, la denominación tigrillo se suele referir a dos especies americanas que comparten confusamente el mismo nombre:

  • El nombre común de un felino americano, Leopardus tigrinus, también conocido como gato tigre menor, o...
  • Al nombre común de otro felino americano perteneciente al mismo género y que es conocido también como margay, Leopardus wiedii.
 En el caso de la novela de Sepúlveda ignoro el porqué de la elección de la denominación tigrillo. Y en la película de Rolf de Heer basada en el libro (protagonizada por Richard Dreyfuss) bien podría haberse utilizado un leopardo para interpretar al jaguar, como en el confuso caso de Baby en La fiera de mi niña de Howard Hawks, y que también comentábamos anteriormente. He revisado imágenes del film y compruebo que, en principio, han usado un jaguar.


 También se le llama tigrillo a menudo a un extraño animal, el jaguarundi, muy esquivo y de vida misteriosa, de carácter muy fiero, que en algún caso se ha representado exagerando sus rasgos hasta hacerlo más vivérrido que felino (sus cuartos traseros son desproporcionadamente grandes, aparentemente, y su cabeza muy pequeña) como comprobamos en este grabado, en el que la apariencia de mustélido, o tal vez de vivérrido nos recuerda más bien a otra criatura escasa y poco conocida, la Fosa de Madagascar, perteneciente a los eupleridae, y más emparentada, por tanto, con las mangostas que con los felinos o con los cánidos a los que más parece asemejarse.
Fosa
Fosa (Madagascar)

Fosa sorprendida por una cámara nocturna con sensor de movimiento
Jaguarundi
 El jaguarundi, al igual que el guepardo, que muestra algunos rasgos caninos, como sus uñas no retráctiles, es un felino que muestra rasgos físicos que chocan con el referente felino que tenemos en Europa. Si observais las imágenes de la página "Bibliografía naturalista comentada" de este blog, veréis que a menudo el realismo de las ilustraciones de grandes felinos en enciclopedias zoológicas ilustradas, se basa en la observación de gatos domésticos. Esto ayudaba en muchos casos a mejorar ciertos aspectos de movimiento en los dibujos, pero delata a menudo que el artista partía de diferentes fuentes gráficas reforzadas por la presencia directa de un gato al que disfrazaba gráficamente de tigre o de león. No hay duda que algo, tal vez la extrema longitud de la cola del jaguarundi y la pequeñez proporcional de su cabeza, provocaron la extraña confusión del grabado mostrado más arriba, correspondiente a una edición de las expediciones de Alfred Brehm, con el aspecto, también extraño y de difícil identificación, de la fosa malgache.

Existen otros felinos con características propias, como la distintas especies de lince, con sus distintivas orejas con mechones, sus largas barbas y sus colas cortas que sí han merecido, tanto en Europa, como en América, de una peculiar atención y distinción. Además, este poderío icónico les ayudó a labrar sus propias leyendas con carácter propio, en las que se resaltaba su gran capacidad visual (análogamente al águila, o al halcón) y su astucia (de forma similar al zorro) que lo acercaba a la sabiduría que se otorgaba al búho (símbolo icónico de la filosofía, generalmente en forma de autillo o, sobre todo, de mochuelo). De ahí que la logia de sabios a la que perteneció Galileo Galilei adoptase la denominación de "lincei", o "de los linces".

Bubastis recreado para el cine

La mascota creada por Ozymandias en Watchmen, la novela gráfica de Alan Moore y Dave Gibbons, Bubastis, es un homenaje a las divinidades felinas de la antigüedad egipcia. Por eso es dibujada con las proporciones y las rayas que le emparentan con lo más temible de los tigres, pero los largos mechones de sus orejas conectan a Bubastis con los búhos y los linces símbolos de sabiduría. En realidad, el resultado me recuerda a un caracal sobredimensionado, y el caracal es otro felino raro, llamativo y paradójicamente muy poco conocido, que se nos antoja como un híbrido de puma y lince, una suerte de lince de pelo corto y patas largas, un lince estilizado.
Caracal

Caracal
Serval



Serval

El caracal se confunde por cercanía geográfica y fonética con el serval, pero son dos especies bien distintas. Lo curioso del serval es que presenta proporciones que parecen extrañamente inventadas, con su minúscula cabeza y sus enormes orejas, compartiendo la extrañeza que producen la fosa o el jaguarundi e incluso el fenec con respecto al zorro europeo. No quisiera terminar esta disertación sobre felinos raros, bellos y poco conocidos sin mencionar al ocelote y al serval. Las pautas cromáticas del ocelote también han generado una cierta confusión con jaguares y tigrillos, aunque el pies grandes, como se le conoce en Costa Rica, es más corpulento que los tigrillos y más pequeño que el jaguar.
Ocelote
Sus manchas u ocelos alargados son peculiarmente llamativos (aunque su intención es precisamente la contraria, pues todas las pautas cromáticas de los felinos manchados son obliterativas y buscan camuflar al animal en los juegos de sombras de la espesura) y nos recuerdan a las mutaciones atávicas de guepardo que se descubrieron en Rhodesia en 1926, el guepardo real, del que se creyó que se trataba de una especie, o cuando menos subespecie, nueva y desconocida, que resultó ser un rasgo endogámico que se llegó a manifestar en la descendencia de dos guepardos "normales" en un zoo.

Guepardo

Primer testimonio fotográfico (1927) del guepardo real descubierto en Rhodesia
 Vuelvo a repetir mi perplejidad por lo poco conocidos que son los guepardos reales, un accidente genético, una especie de marcha atrás en el aspecto físico de estos felinos que causó sorpresa al ser descubierto por el mundo occidental poco más que en el ámbito de zoológos y comerciantes de pieles sin escrúpulos allá por los años 20 del siglo pasado.

Guepardo Real
 Por si fuera poco, y gracias a Guy Combes, un fotógrafo naturalista, tenemos noticia ahora de un caso similar de atavismo, es decir, la manifestación de un gen recesivo correspondiente a un rasgo físico ya desparecido que nos habla de la evolución del aspecto visual de estos animales. Del mismo modo que las manchas en la piel de los cachorros de león nos remiten a un pasado en el que probablemente los leones presentaban una piel manchada, las franjas del guepardo real, como la piel negra de muchos leopardos, nos hablan de las variedades cromáticas que tal vez se dieron en versiones pasadas de estas especies, que como constata el hallazgo de Guy Combes, pudieron pasar también por la fase adaptativa de prescindir de dibujo alguno en su piel: el guepardo sin manchas. Su imagen evidencia los rasgos propios del guepardo más allá de cualquier asociación de ideas entre felinos con piel manchada. Eso sí, sus expresivas "lágrimas" negras, siguen presentes en sus hermosos rostros.


El guepardo sin manchas

El guepardo (Acinonyx jubatus) es conocido por ser el mamífero más rápido del mundo, capaz de alcanzar 115 km/h en velocidad punta. Imagináoslo por un momento, ¡guau!.

Los guepardos han desaparecido de muchas áreas de su distribución histórica (ocupaba gran parte de África y se extendía por Asia hasta la India).

Distribución del guepardo. Fuente: Wikimedia Commons | Public Domain

[En este otro mapa interactivo podéis explorar su distribución actual.]

El año pasado, el artista y fotógrafo Guy Combes consiguió fotografiar un raro ejemplar de guepardo "sin manchas o dorado" en Kenia.

Guepardo dorado o sin manchas. Autor: Guy Combes. Fuente: mongabay.com

Los científicos creen que se debe a una mutación o polimorfismo en un gen recesivo, que provocaría el cambio en el patrón de coloración típica de la especie.

Guepardo con coloración típica. Fuente: Wikimedia Commons | CC BY 2.0

Podría ser algo muy parecido a lo que ocurre con el que fue denominado "King Cheetah" o "Guepardo real", descubierto por primera vez en Zimbabue en 1926.

Guepardo real. Fuente: Flickr by Steve Jurvetson | CC BY 2.0

En este caso la variación hace que las manchas oscuras del pelaje sean más grandes y aparecen unas líneas longitudinales en la espalda. En un principio se creyó que era una nueva especie, pero finalmente se comprobó que era debido a una mutación en un gen recesivo. El gen recesivo debe ser heredado de ambos padres para que la característica se manifieste, por lo que aparece de forma muy excepcional en la naturaleza.

Guy Combes espera que este hallazgo sirva para llamar la atención sobre la necesidad de emprender acciones para conservar las poblaciones de guepardo en Kenia, donde se estima que quedan unos 1.000 guepardos.

Globalmente el guepardo se encuentra catalogado como Vulnerable por la IUCN Red List.

Visto en mongabay.com(April 23, 2012). Animal picture of the day: the spotless cheetah.

(actualización en Febrero de 2015):
fotografías recientes de una escasa subespecie de Guepardo del Sahara:


Fotografían al raro guepardo del Sahara

Este felino, casi desconocido y del que no se tenían apenas imágenes, se encuentra al borde de la extinción

De  | Apuntes de Naturaleza – jue, 5 feb 2015
Fotografía de infrarrojos del guepardo del Sahara.<br /><i>Crédito: Farid Belbachir/ZSL/OPNA</i>
Un desierto no parece el sitio más prometedor para encontrar ninguna especie interesante. Vaya, tendemos a pensar que no es más que un gran espacio vacío. Y sin embargo, tienen una muy interesante biodiversidad. Un ejemplo de ello es el guepardo del Sahara, del que recientemente se han conseguido las primeras imágenes. Como suele ocurrir en estos casos, obtener fotografías de este animal no ha sido sencillo. Ha hecho falta desplegar una red de cámaras de fototrampeo. Se trata de aparatos que disparan fotos de manera automática cuando detectan algún animal.
Gracias a estas imágenes se ha podido saber algo más de uno de los carnívoros más desconocidos del planeta. El guepardo del Sahara (Acinonyx jubatus hecki) es prácticamente un desconocido tanto para el público general como para la ciencia.
Y por buenos motivos. Primero, porque son pocos. Siempre lo han sido, aunque ahora están peor que nunca. A penas quedan 250 individuos. Que además se reparten un territorio muy extenso. Tampoco ayuda que sean animales nocturnos y que evitan en lo posible el contacto con humanos.
Hasta ahora, todo lo que se sabía – o creía saberse – sobre este animal era por vías indirectas. Por lo que decían los pobladores de la zona, y por lo que la lógica imponía. El problema es que ni la gente es tan fiable, ni la lógica tan aplastante.

Otra de las imágenes obtenidas durante el estudio.<br /><i>Credito: Farid Belbachir/ZSL/OPNA</i>
Aunque en este caso las cosas cuadran. Por lógica, tenía que ser un animal nocturno. Durante el día hace demasiado calor como para campar por el desierto. Los datos demuestran que no lo hace.
Otra cuestión de la que los científicos estaban razonablemente convencidos era de que necesitaban mucho espacio. Como ya hemos dicho antes, el desierto no es conocido por ofrecer grandes oportunidades. Hay poca comida, pocas fuentes de agua y muy poco refugio.
Cada guepardo del Sahara utiliza un área de campeo – una región que visita frecuentemente – muy amplia. Pero no se trata estrictamente de un territorio. Varios animales pueden emplear partes de mismo área de campeo, pero en un territorio sólo hay un animal.
En realidad no se puede decir mucho más. Es decir, por desgracia no se ha podido deducir mucho más de esta especie. Y es una pena, ya que se trata de un interesante felino adaptado a uno de los ambientes más duros del planeta.
Gracias a las imágenes obtenidas, y a la publicación de un estudio, los responsables del proyecto de conservación del guepardo del Sahara esperan recibir ayuda para entender mejor a este animal, su comportamiento y su ecosistema. O como mínimo, que a la gente empiece a sonarle que existe. Esperemos que no sea demasiado tarde.







-Un único león verdadero y tres gatos con motas.
El ejemplo, ya clásico y un tanto manido, del rinoceronte, ilustra un tergiversación de la imagen de un animal a través de una ilustración gráfica concreta. El de la mantis constituye una tergiversación del significado, no del significante, pero ambas formas de distorsión son interdependientes. De hecho, lo son hasta tal extremo que incluso las variantes léxicas correspondientes a una misma especie animal multiplican su imagen, o en algunos casos la restringen.
Esto resulta muy claro en la comparación de las distintas denominaciones locales de una especie, que además puede presentar variantes raciales, incluso determinantes de la diferenciación de dos subespecies, que no siempre recurren a la complementación nominal.
Un león del Atlas se diferencia de la subespecie angoleña, pero la calidad leonina, por así decirlo, de ambas subespecies mantiene a ambos, básicamente, como leones. La subespecie angoleña es muy rara y escasa, y el zoo de Barcelona bien podría jactarse de ello en la rotulación de la instalación que acoge ejemplares de estos escasos leones (al fin y al cabo, el argumento de la escasez incrementa el valor económico, directo o indirecto, de cualquier especie animal) pero el sustantivo "León" admite muy pocas variantes en el imaginario popular (aunque, la verdad, ¿a quién si no al zoo corresponde la divulgación de tales matices?).
Si un jabalí ibérico presentase variantes muy notorias desde los bosques de Galicia hasta los catalanes, bien podría ser que alguien pensase que un xabarín no fuese básicamente el mismo animal que un porc senglar, en Cataluña.
En zonas del sur de Galicia, donde se respira ya la cercanía de Portugal, el xabarín era denominado hasta hace poco touro ronco, pero casos como el del jabalí, animal perfectamente reconocible para los que conocen su cercanía, no crean una multiplicación de especies.
Sí es más frecuente en el caso de especies piscícolas, incluso en localidades pesqueras cercanas que acaban repartiendo sus nomenclaturas entre las distintas variantes locales (siempre que las variantes muestren diferencias visualmente obvias -las diferencias de tamaño, por ejemplo, difícilmente generan este tipo de polisemia a no ser que sea muy evidente que los xurelos de tal zona son más pequeños que los chinchos de tal otra).
Pero no son estos casos los que más nos interesan, sino aquellos presentes en los medios de divulgación zoológica tanto como en la acepción popular. Creo que el ejemplo más claro de lo que tratamos de exponer lo encontramos en la especie Panthera Pardus, repartida en dos especies supuestamente distintas: el lepardo y la pantera.

En realidad, ambos términos son sinónimos y designan a la misma especie animal. Pero la generación de potentes espectativas por los distintos relatos acerca del animal, utilizando uno u otro nombre, nos indica no sólo la confusión por parte del lector, sino por parte del naturalista, que también ha sido y es lector, con los peligros que tal condición conlleva, como la acrítica aceptación de la información escrita, sobre todo si está impresa, dignificada de alguna manera por su mecanización.
La existencia de ambos sinónimos ha motivado la búsqueda y descripción de ambos animales por separado, e incluso la absurda presencia de "ambas especies" contrastadas en imágenes, como por ejemplo en la plancha nº IX de la "Histoire Naturelle" (volumen "Mamifères-oiseaux") de la enciclopedia Diderot et D'Alembert. Este error es constatable desde los escritos de algunos autores clásicos hasta la actualidad. En los bestiarios medievales ambos animales son descritos por separado, y de forma distinta, por lo que la imaginación de los ilustradores completaba tal efecto.




En el ejemplo de las ilustraciones de D'Alembert, no deja de sorprendernos la presencia de dos dibujos del grabador Bernard Fecit, en los que no apreciamos diferencias morfológicas mayores que las que habría entre dos ejemplares distintos de una misma especie, o entre dos dibujos distintos del mismo animal, y pese a lo absurdo que nos parece el constatarlo, a los naturalistas del siglo XVIII todavía les pesaba la tradición de una literatura "zoológica" lejana a la metodología científica en la que cada afirmación es comprobada empíricamente.
La única experiencia que se tenía del animal, en tiempos de los bestiarios era la descripción, oral o escrita, de un testigo directo, que difícilmente tendría tiempo de visitar tanto la India como el África, con lo que las descripciones, por separado, de ambas criaturas "homólogas" fueron acercándose cada vez más sin llegar a intimar tanto como para ser interpretadas como la misma.
En el caso Diderot et D'Alembert, se dice que a primer golpe de vista parecen de la misma especie, dado el gran parecido entre ambos animales, cuyas representaciones ocupan la misma página. A la pantera se la describe como más pequeña que un tigre pero un tanto mayor que el leopardo. ¿Cómo se ha constatado tal comparación?



Pantera Longibanda, Asia.
Siguiendo la pista etimológica de ambas designaciones, parece ser que "pantera" habría dado nombre a la especie en Oriente, mientras que desde África llegaba noticia del "leopardo", descrito con múltiples coincidencias que fueron aflorando de la nebulosa de rasgos que componían la descripción del comportamiento animal.

No olvidemos que hablamos de un tipo de divulgación de conocimientos todavía preñada de connotaciones de la narrativa oral, en la que el rasgo más característico de la pantera, por ejemplo, era el irresistible aroma de su aliento, que atraería y adormecería a sus presas, y que le valdría para ser interpretada por los autores cristianos como un símbolo de Cristo, mientras el bestiario toscano lo generaliza a símbolo de predicador.
Ripa, en cambio, veía en esta característica de la pantera un parecido con el engaño y la libidinosidad.

Ibis o leopardo de las nieves, Asia
El origen de los atributos de la pantera tienen su origen en la tradición cultural hindú y pakistaní, filtrada a través de la cultura musulmana a la nuestra. Los distintos criterios de descripción han separado a las dos criaturas aunque sean la misma.
El artista grabador Bernard Fecit, seguramente copió dibujos realizados por otros artistas o por él mismo a partir de ejemplares disecados. Me temo que el leopardo traído de la India era mayor que el africano. En todo caso, no deja de ser llamativa esta persistencia de imágenes culturales y artísticas en la época de las enciclopedias, de textos ansiosos de rigor, que dan fé de la clara distinción entre onza (guepardo), jaguar y leopardo,...y pantera.
¿Cómo unos incipientes pero doctos taxónomos, observadores que diferencian un jaguar de un leopardo, no se dan cuenta también de la coicidencia con la pantera? Por persistencia de la imagen de un animal generada por la alianza de filosofía, literatura y arte plástico.

Están tan imbricadas, las imágenes, (pinturas y esculturas orientales, copias occidentales, grabados de bestiarios y tratados de animalia) con las palabras que las acompañan, cargadas de imágenes escondidas en nuestra propia animalidad, que describir un animal es desde el principio un expolio de los rasgos de todos los animales imaginables.

La persistencia de la diferenciación entre pantera y leopardo se mantiene hoy en día por culpa del exceso de melanina de algunos ejemplares, casi totalmente negros. Por un cúmulo difícilmente concretable de razones, la sonoridad del sintagma "pantera negra" ha dado lugar a considerar que los ejemplares hiperpigmentados son panteras, y los moteados leopardos propiamente dichos, y la vía a una todavía más eficaz confusión (así, al menos, ambas especies mostrarían un aspecto claramente diferenciable) queda abierta de nuevo.
En el apéndice que acompaña a este escrito ("El árbol de plástico", 'intrusismo de la imagen zoológica') hago referencia a la confusión nominal, verbal, con respecto a los animales que, así, inevitablemente, multiplican en la divulgación sus posibilidades taxonómicas.
El límite de lo fantástico roza a menudo lo científico. Las convenciones léxicas que denominan a los animales más allá de sus nombres científicos generan frecuentes confusiones que aúnan en una misma especie a animales tan dispares como el tigre, el leopardo o el jaguar a través de la confusión de convenciones léxicas de distintas culturas.


Jaguar, América del Sur
Jaguar con melanismo, Jaguar negro
Guepardo, Onza o Cheetah, África
Atavismo endémico de Guepardo Real
En latinoamérica, tigre y jaguar son sinónimos. Algo similar ocurre con "puma" y "león", tanto en el Sur como en el centro del continente. En el caso de la pantera y el leopardo ha costado muchísimo que se asuma generalizadamente, pero la diferencia es que un "león" puede ser un puma o un león. Un "tigre" puede ser un jaguar o un tigre asiático, pero un leopardo, o pantera, sólo puede ser una pantera, o, lo que es lo mismo, un leopardo.
Y no me lo confundan con el guepardo (sí, ese que corre tanto). Puede confundirse la imagen moteada y felina, pero no un rasgo de carácter. De hecho, por culpa del parecido razonable entre el velocísimo quepardo y el leopardo (el parecido nominal puede haber ayudado), el profeta Habacuc lo pone como modelo de animal veloz, confundiéndolo, probablemente, con la onza o guepardo (la velocidad máxima de un leopardo, unos 60 km/h, es superada, desde cero y en sólo un par de segundos, por el guepardo, que en velocidad punta ronda los 120 km/h -daremos cuenta del interesante tema de las cifras más adelante-).
Es un buen momento para recordar el ejemplo de "La fiera de mi niña", de Howard Hawks. Concédanme la autocita ("El árbol de plástico"): "...creo significativo mencionar que 'Baby', el leopardo domesticado que el hermano envía desde América del Sur a la protagonista del film, interpretada por una histriónica Katharine Hepburn, tendría, por fuerza, que ser un jaguar (no hay leopardos en Sudamérica).
Sin embargo, la confusión podría limitarse a ser meramente léxica, llamando leopardo a cualquier gatazo moteado (de hecho, el hermano es un personaje que ni siquiera aparece en escena; daría lo mismo que escribiese desde África o Asia), sin embargo, Baby, que vibra emocionado al oir al Mayor Applegate (imitando la llamada amorosa del animal, en supuesta actitud científica -la ciencia, como el arte, imita a la vida- tanto como al oir la melodía de "i can't get you anything but love"), no es un jaguar mal denominado. Lo que registra la cámara es un leopardo auténtico. Hawks filmó a un leopardo al que llamó leopardo, que venía de Sudamérica, donde no hay leopardos, pero sí jaguares, que, por lo visto,vienen a ser lo mismo. Hablamos del mismo Hawks que nos embelesó con el exquisito ambiente de safari en "Hatari" (colonialista, sí, reaccionario, sí, edulcorado...pero exquisito).
Es más rápido cambiar la fauna sudamericana con una mentirijilla y escamotear dos animales muy parecidos. El jaguar tiene una pauta gráfica, en su piel, de manchas más amplias y cuadrangulares; es más enjuto y robusto, y tiene la cabeza proporcionalmente mayor y más prominente en el hocico".
Lo que ratifica, según la concepción de especie más aceptada en la actualidad, la distinción entre jaguar y leopardo, es la nula o estéril descendencia entre un macho y una hembra de cada uno de los dos animales. Más adelante ya veremos que incluso este criterio se conmociona con las recientes investigaciones en biotopos en que coinciden poblaciones de leones indios y tigres, cuya descendencia híbrida (el tigón, que siempre se había considerado tan estéril como un mulo, por ejemplo) está resultando ser sorprendentemente fértil, desvelando una cercanía genética entre tigres y leones mayor de lo que hasta ahora se creía. Si esto es así ¿estamos asistiendo a la gestación de una incipiente subespecie de león? ¿o bien de tigre?. ¿O es que acaso la especie que en cierto momento paleontológico se bifurcó en las especies que darían lugar a los actuales tigres y leones se parecía a un tigón?.
Discúlpenme los biólogos. A veces no sé cuántas arriesgadas vueltas helicoidales puedo dar a mi discurso para que se me intuya. La ciencia, como la cultura popular, tiene sus propios problemas de precisión, de certeza. Ante los ojos del occidental, vienen a ser más o menos el mismo animal, como si hubiese dos variedades o subespecies: la africana y la sudamericana. Para explicarse basta mencionar a un leopardo (al fin y al cabo, los leopardos eran conocidos antes del descubrimiento del continente americano).
Al jaguar, en sus dominios, lo llaman tigre. Ignoro cómo viajó la palabra hasta las Américas, pero la designación de un gran felino amarillo con manchas tiene cierta coherencia, sobre todo si recordamos el sobrenombre de león para el puma, cuya coloración podría ser evidentemente equiparable a la del felino africano.
La palabra es escamoteable como la imagen, pero siempre a causa de la afectividad que la imagen representa. El leopardo era conocido desde más antiguo.
El jaguar se parece mucho al leopardo, pero goza de un "rango", en la selva amazónica, análogo al del tigre en la jungla monzónica, sin competencia depredadora. Incluso se da la coincidencia, en ambas especies, de sus frecuentes hábitos acuáticos, por lo que no es raro representarlos junto al agua o sumergidos en ella, cosa más improbable en el caso del leopardo, asociado a las ramas de los árboles, aunque es bien sabido que también el jaguar suele frecuentarlas.
Recordemos que cuando se especulaba que los dinosaurios serían lentos y pesados, casi incapaces los de mayor tamaño de moverse fuera del agua, estos eran representados junto a ella o sumergidos en ella, y, en cambio ahora, cuando las más recientes teorías apuntan hacia criaturas homeotérmicas, de mayor rapidez de acción, y capacitadas para utilizar sus colas como contrapeso, y no como un apéndice reptante, las ilustraciones de los libros divulgativos sacan a los dinosaurios del agua y los muestran moviéndose por tierra firme.
Cuando se invoca a un animal, se invoca a sus caracteres físicos, y también a los de comportamiento. El tricerátops, por ejemplo, siempre asociado a una versión antediluviana del rinoceronte, ha sido tradicionalmente dibujado con apariencia pesada. Pero también, como el rinoceronte se ha visto relacionado con la velocidad propia de un ariete capaz de agredir al temible tyranosaurio. Sin embargo, nos han pintado al tricerátops como un obeso y pacífico animal que sólo decargaba su furia en casos extremos, como si la potencia del impacto de su triple cornamenta dependiese sólamente de la inercia de su sobrepeso. La nueva concepción de los dinosaurios, alejada filogenéticamente de los reptiles, cercana a las aves, agilizada por su nueva sangre caliente tenía forzosamente que reflejarse de algún modo en las imágenes de todos sus representantes más populares.
El tricerátops no podía ser menos, como atestigua cierto dibujo de Gregory S. Paul, en el que tres tricerátops, significativamente estilizados, corren hacia nosotros recordándonos un travelling frontal cinematográfico. La sensación de gran angular imprime mayor velocidad a la escena, que muestra oportunamente una vista totalmente frontal del ejemplar que corre a la derecha de la imagen, un medio perfil izquierdo del que ocupa el centro y el flanco izquierdo del tercero, que parece que va a abandonar el margen izquierdo de la ilustración a toda velocidad, sensación acentuada por la polvareda levantada por la estampida (este y otros ejemplos de Gregory S. Paul están reproducidos en las páginas 223, 224, y 230 de Gould, S. J.: "El pulgar del panda").




Gregory S. Paul: "Tricerátops"
(reproducido de Gould, S.J.: "El pulgar del panda", p. 223, 224 o 230).


Caracteres físicos como indicadores de pautas de comportamiento
, ¿cómo si no funciona la paleontología?. La profundidad del conocimiento que tengamos acerca de ambas categorías en animales similares, o en distintas nociones de un mismo animal, nos hará nombrar distinto o bien usar sinónimos confusos.
Adán pone nombres a los animales, los diferencia con mayor o menor exactitud, poniéndose a sí mismo como parámetro, pero las palabras se mueven con mayor rapidez e imprevisibilidad que cualquier animal.
La pantera y el leopardo, siendo el mismo animal, han generado ilustraciones propias, independientes pero intercambiables, de animales gatunos moteados. Los frecuentes casos de melanismo de este animal han originado un mito científico, entendiendo como tal cualquier creencia nacida de una confusa o errónea explicación científica cuya rectificación posterior arrastra vestigios de dicho error, que ya había calado en la aceptación popular. La ciencia también es tradición. El unicornio es un mito espiritual, el rinoceronte su confirmación. La pantera negra es un mito científico (sería más exacto decir pseudocientífico, pero la pseudociencia sigue los pasos de la "auténtica") que ha perdurado con obstinación en el imaginario de la "ciencia para todos públicos".






Brachiosurus (Gregory S. Paul)
Ilustración extraída de Gould: “El pulgar del panda”, p.224 (ver bibliografía)


-Visto y no visto. El poder de la sombra.
A la pantera negra, cuyo exceso de melanina, por cierto, no llega a ocultar la parte moteada de su pelaje, más oscura que el fondo, se le atribuye tradicionalmente una mayor fiereza, un talante más agresivo y peligroso. Es algo que constatamos en los textos de Brehm, modelo, por cierto, de estilo narrativo de divulgación zoológica, en los que cada descripción se suele constatar con relatos y anécdotas.
La causa de esta arbitraria preferencia estriba, a mi juicio, en la cercanía de la estampa de este animal al arquetipo más borroso y elemental de depredador, de peligro animal mortal. Su color negro oblitera su figura en la siempre temible oscuridad, e hipertrofia la percepción de su mirada, de sus ojos, y de sus fauces. Una sombra con dientes carniceros es el mejor candidato para encarnar a la bestia. La amenaza medida, observada en detalle, pierde su potencia atemorizadora, pero no es fácil medir una sombra móvil. A la luz del día, unos ojos que poco saben del color y de la profundidad de campo como los de un antílope, tendrán una sorpresa análoga ante un leopardo moteado, desdibujado contra el fondo, convertido en una súbita y letal presencia fantasmal.
No ver con claridad una amenaza, no poder medirla, cuantificarla, multiplica las espectativas, aumenta la sensación de peligro. Nuestra visión de un animal negro en la penumbra nos pone en estado de alerta extrema.
Los relatos, ya sean literarios o fílmicos, de terror, comienzan normalmente ocultando a la vista a la criatura asesina para alimentar el miedo, la desconfianza preñada de las peores espectativas. Si a esto añadimos una compleja trama cultural que asocia los gatos negros a súcubos demoníacos, no es fácil privar de talante diabólico a la pantera negra. El ocultamiento de la criatura asesina en "El triple asesinato de la calle Morgue", de E. A. Poe se basa en el mismo principio. Es una especie de síndrome de desinformación visual. Que poco a poco se revele una criatura de aspecto humano no hace sino acrecentar el temor ancestral criaturas humanoides (se trataba de un orangután).
Pero no sólo lanzamos maldiciones sobre las imágenes de los animales. La cultura también bendice con dones la figura de cualquier animal por multitud de razones que varían mucho en sus formas y poco en su contenido. Nuestra actualidad está poblada de sus propios animales benditos, en su mayoría mártires del proteccionismo naturalista, como las ballenas, los osos panda, los delfines, o los koalas.
Establecer comparaciones es algo inherente a nuestra propia animalidad perceptiva, pero también lo es alterar los datos para expresar distintos aspectos de nuestra propia posición en la naturaleza. Buffon dice que , al compararse con otros animales y a estos entre sí, el ser humano puede conocer todo lo que hay que saber respecto a sí mismo, porque "si no hubiera animales no tendríamos asidero para nuestra propia comprensión". Incluso si nos negásemos a razonar tal aseveración no podríamos evitar que nuestro "hardware" ancestral nos hiciese partícipes de sentimientos de empatía con los animales. Los "zoólogos" medievales buscaban en el estudio de los mamíferos indicios de su posible relación con la esencia natural humana.
Al fin y al cabo, aunque con frustrante limitación -por culpa de nuestra egocéntrica voracidad intelectual- no es imposible que establezcamos comunicación con los animales de forma inmediata, natural, en calidad de animales (lo cual implica, más que una cierta dosis de humildad, el olvidarnos de asuntos como la humildad o la vanidad).
Poseemos nuestras propias características animales pero preferimos asumirlas como rasgos extrazoológicos en vez de específicamente zoológicos humanos.. Todos los animales tenemos formas orgánicas, potencialidades motrices, gestos, actitudes, expresiones o estados de ánimo comunes en algún aspecto.
La Edad Media fomentó el mito del seductor aliento de la pantera que atrae a la víctima para ser consumida, asimilada, como el hálito de los sermones atraen a la conversión.
Lo que parece una pirueta intelectual no es sino el pálpito del sentimiento de seducción implícito en el acto de la depredación, en el inevitable parasitismo del comer para vivir o ser comido, actos de consumación vital análogos a la reproducción, mezclados con la mitología del sexo, del placer absoluto de la participación pasiva de un sistema superior que se encarga de todo.



El capítulo de "El árbol de plástico" al que hacía referencia en "Un único león verdadero y tres gatos con motas" lo transcribo a continuación si no prefieren leerlo en su contexto original:

2-3-2-Intrusismo de la imagen zoológica. 
El cine de Howard Hawks y el gato con motas.


El límite de lo fantástico roza a menudo con lo científico. Las convenciones léxicas que denominan a los animales más allá de sus nombres científicos latinos generan frecuentes confusiones que aúnan en una misma especie a animales tan dispares como el tigre, el leopardo y el jaguar a través del filtro de la cultura popular.
Algo similar ocurre con el puma y el león, o, de forma opuesta, con el leopardo y la pantera, sinónimos que han creado dos especies que son una. Los casos de melanismos en el leopardo pasan a ser panteras y todavía persiste la creencia popular de dos especies distintas. Busquen en el diccionario enciclopédico Durván la palabra “mandril”y verán que la acompaña la foto de un primo cercano, el babuíno. ¿Es un error o un empeño en ratificar una confusión común por la legitimidad fotográfica y enciclopédica? El conocimiento suele frenarse a sí mismo con convenciones de origen afectivo.

Leopardo y Pantera erróneamente diferenciados como especies distintas en la enciclopedia Didèrot-D'Alembert

Jaguar

Leopardo

Jaguar negro

Leopardo negro o pantera negra


Howards Hawks lo convierte en un recurso a través de una sabia recurrencia del sonido, delatado como fuente de conocimiento animal en “La fiera de mi niña”. Más adelante comentaré este rico y entrañable caso con mayor profundidad, pero creo significativo mencionar que “Baby”, el leopardo que el hermano de la protagonista envía desde América del Sur tendria por fuerza que ser un jaguar (no hay leopardos en América del Sur) pero la confusión podría limitarse a ser léxica, llamando leopardo a cualquier gatazo moteado (y, dado que el hermano es un personaje que no aparece, daría lo mismo que escribiese desde África), sin embargo, Baby, que vibra emocionado al oir al mayor Applegate, tanto como la melodía de “I can´t get you anything but love”, no es un Jaguar mal llamado. Es un leopardo. La palabra es escamoteable como la imagen, pero siempre a causa de la afectividad que representa la imagen:

“Cuando el creador de imagen reactiva con sus propios fantasmas trayectorias a menudo recorridas, hay en el resultado -incluso fotográfico- una vacilación que hace volcar hacia lo fantástico la representación menos trucada. Así, los paisajes de bosques tropicales, grabados por los minuciosos ilustradores del Tour du Monde (1860 -1900) reflejan a pesar de las garantías cientificas con las que se rodeaba el editor, los sueños colectivos de la conquista colonial”.


La presencia del arquetipo responde a un origen animal que contempla la realidad a través del comportamiento de los entes circundantes. El hombre-animal, además, necesita grabar en su memoria los esquemas que representan probabilidades casuísticas de comportamiento a través de la narración, sea sintética (pintura, fotografía) o analítico-sintética (literatura, teatro, cine). La construcción de elementos icónicos entraña siempre lo animal (sintético) y lo “humano” (analítico) hasta el punto de trazar un viaje de retorno del análisis a la referencia arquetípica.

2-3-4- Tecnología e imagen animal

El estado actual de la aceptación de la moderna imagen electrónica utiliza, para su provecho, la acentuación del referente arquetípico (asimilado en cierto momento a la imagen de origen fotográfico) a través de su anulación. El animal quimérico se ve asimilado a la materialidad de las cosas, es objetivizado y camuflado...como en los viejos tiempos. En la imagen videográfica e informática el animal-signo se identifica como un objeto-signo. La pérdida de referente concierne a su naturaleza sígnica; la desaparición del diafragma en la imagen digital tiene que ver con su nuevo estatuto comunicativo. Fausto Colombo observa un tercer aspecto en la moderna imagen de síntesis relativo a la naturaleza física (su “ser-algo”) del icono sintético. Colombo cita a Peirce (crf Peirce 1931-35) para quien un signo era algo que estaba, por algún otro motivo, bajo algún aspecto o capacidad. Fausto Colombo se pregunta: “¿Qué sucede cuando la referencia a algún otro motivo se remueve por la virtualidad del espacio representado?”. De algún modo Colombo contempla esa regresión a la materialidad. El animal, como el objeto, vuelve a integrarse en su entorno o mejor dicho en el referente arquetípico de su entorno para volver a ser asimilado tal y como en un principio. Para Colombo la respuesta a su pregunta es simple:

“...los aspectos del objeto se vuelven aspectos del signo y así se asumen las connotaciones de una realidad individual cualquiera. Algún ejemplo: en el caso de la simulación de ambientes vegetales de árboles, de plantas, ya es posible “instruir” al ordenador para trazar un individuo con las características de una cierta especie (cfr. Francon 1987); la máquina (o mejor,naturalmente,el software) constituirá cada vez un vegetal precisamente diverso, individual”.
“Segundo ejemplo: La Apple está financiando el proyecto Vivarium, consistente en la construcción/invención de un fondo poblado de animales verosímiles, aunque no necesariamente “realistas” (cfr. Marión 1987). También aquí todo individuo es diferente del otro, sea en las características como en los movimientos y en los recorridos”.
“Tercer ejemplo: el video “Stanley and Stella. Breaking the Ice”, producido por la Whithney Demos Simbolics, en el que la utilización de una Connection Maclusive 2 permite a los diversos elementos (pájaros peces mecánicos) que se muevan “estudiando” el recorrido de los otros, cruzándose con ellos, evitándose (Ghiringheli y Gaggio 1988)”


Para Colombo (y Vidali, 1988: 279) estos datos sugieren la constatación de que “si la prensa y la reproducción audiovisual generan una serie, la videográfica genera una población(...) (todos los elementos) generados por un único modelo, el cual, detalle no descuidable, no permite prever las individuales transformaciones de cada elemento generado. Dicho de otro modo, el modelo es el generador sólo indirecto de una multiplicidad de acontecimientos videográficos”.

Fausto Colombo: “El objeto-signo” ("EI icono ético. la imagen de síntesis y un nuevo paradigma moral”)
en V.V.A.A.: “videoculluras de fin de siglo” Cátedra,Madrid 1990.

Sin embargo, seria erróneo pensar que el video, la informática, la televisión, han acelerado verdaderamente el proceso de regresión al esquema interior, al arquetipo de Jung, sino que limitan a dar fé, con la mayor rapidez que les es posible, de dicho movimiento en eterna pulsión.
La TV no es objeto, como bien señala Chion, de visión, sino de audiovisión en la que, no el sonido (como en el caso del cine) sino la visión (una visión bidireccional -no como el cine, que elude la mirada a cámara convirténdola en recurso cómico, dramático-, la televisión devuelve la mirada) actúa más a menudo como valor añadido. Es decir: el medio televisivo actúa (cada vez más por motivos de idiosincrasia social en el que se integra un aparato que puede actuar en 2° plano) como una radio con imágenes, un medio auditivo que somete drásticamente el componenete sonoro (al margen del sémico o del léxico) (del mismo modo que la prensa connota la palabra de tamaño, grosor, color) a la “palabra-zombie”.



Mafa Alborés