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viernes, 15 de junio de 2012

Analogías entre fotografiar y conservar en formol. Geno Rey y Mafa Alborés.


Hace unos años (bastantes ya) yo había dejado mi relación laboral con el Museo de Cera de Barcelona precisamente tras haber participado en un encargo que éste había recibido del Zoo de Barcelona. Por aquel entonces comencé los cursos de doctorado y mi compañero de faenas Geno Rey y yo fuimos acogidos por el Museo de Zoología de Barcelona como colaboradores.

lemur

lemur
Difícil no acordarse del Cánon Vitruviano.
Lo cierto es que todo comenzó cuando, aún como trabajadores del Museo de Cera, estábamos realizando la decoración y construcción de la instalación "Madagascar" en el zoo. La mayor parte de los animales que ocuparían dicha instalación eran reptiles o anfibios, por lo que la mayor parte de las dudas que surgían para optimizar los terrarios, su óptima adaptación al mantenimiento necesario y a las características de los animales, nos las habían de resolver Manel Aresté y sus secuaces del Terrario del Zoo (de hecho, al acabar nuestra relación laboral con el Museo de Cera e independizarnos, ellos fueron los primeros en reclamar nuestros servicios). La cuestión es que, durante nuestras incursiones a la zona de cría y mantenimiento del Terrario, contemplamos perplejos una enorme cantidad de matraces cilíndricos con restos de animales conservados en formol y/o en glicerina. Por alguna razón, casi todos los ejemplares nonatos o muertos en el zoo iban a parar allí, donde eran amontonados formando un muro enorme cuyos ladrillos eran recipientes transparentes albergando ejemplares zoológicos en su interior.

Ni que decir tiene que nos sentimos inmediatamente fascinados por aquella involuntaria instalación de bioarte de vanguardia y, al margen de nuestras actividades como escultores-decoradores, solicitamos permiso para fotografiar o documentar de algún modo aquella llamativa colección de cadáveres. Se daba la coincidencia de que hacía tiempo que los operarios del terrario reclamaban al zoo el desalojo de dicha colección, puesto que ocupaba demasiado espacio y suponía un cierto riesgo cara a la seguridad, por lo que algún responsable técnico se había puesto de acuerdo con los responsables del Museo de Zoología, por aquel entonces todavía vecinos al otro lado del parque de la Ciudadela, para que se hiciesen cargo de todo aquel material.
Geno y yo no tardamos en ponernos en contacto con la dirección del Museo para solicitar la documentación gráfica o cualquier otro uso posible de la colección de animales en conserva.


guanaco
guanaco nonato
Tiempo después, ya metidos en faena para la reforma del Terrario, desvinculados ya de nuestros lazos contractuales con el Museo de Cera, sumergidos además en los cursos de doctorado de la UB, y en calidad de colaboradores del Museo de Zoología con carnet (desde aquí nuestro agradecimiento y eterna simpatía a Frances Uribe, director por aquel entonces de la institución) nos pusimos a desempolvar los ejemplares de la sección de Antiquaria de la Biblioteca del museo, que no estaban clasificados ni archivados de modo alguno. Lo hicimos lo mejor que pudimos, especialmente con los ilustrados (porque nuestro trabajo indagaba precisamente en el trabajo de los artistas gráficos que iluminaban los escritos de los los naturalistas) y, por supuesto, indagamos acerca del destino de los matraces.
Averiguamos que los responsables del Museo no sabían en realidad qué hacer con ellos. Los criterios expositivos del Museo buscaban modernizarse y alejarse de cualquier parecido con un museo de los horrores que de algún modo siempre había acompañado a los museos de Historia Natural. Los cadávers en formol no guardan información genética fiable, y por tanto no tienen mayor intrés que el visual, y, en este sentido, no constituyen más que una simple curiosidad. Con todo y eso, se resistían a tirarlos o quemarlos, de modo que los ubicaron en un pequeño sótano y en una estancia bajo una de las escaleras del edificio.

tigre

tigre
En nuestros ratos libres, los sacamos de su almacén y los llevamos a la sala principal, soleada y luminosa, más adecuada para fotografiarlos, y así lo hicimos, más por motivos estéticos que documentales, aunque de forma metódica, y aquí tenéis una pequeña muestra de aquel trabajo fotográfico.

 




leopardo
Leopardo