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martes, 3 de marzo de 2015

Niños y animales. Los derechos de la infancia y los pioneros del derecho animal: Jeremy Bentham y Mary Ellen Wilson.

Nadie diría que el el padre del utilitarismo fuera precisamente uno de los pioneros del proteccionismo animal desde un punto de vista legal. Ya hemos mencionado en otras ocasiones la reticencia de la sociedad en general y de la occidental en particular a reconocer los derechos de los colectivos segregados del control económico y del poder fáctico de cualquier índole, como las mujeres (salvo en casos particularmente precisos, como la sociedad quáquera matriarcal del este de los EEUU de economía ballenera, en la que los hombres se limitaban a proveer, embarcados durante años, y las mujeres a administrar sus ganacias y la organización política, social y educativa de poblaciones como Cape Cod o Nantucket) o los niños. En los tiempos de las colonias y los primeros brotes de la sociedad industrial, la tracción animal y sus recursos cárnicos parecían ser argumentos suficientes para dejar a los animales todavía más abajo en las categorías de colectivos con derechos sociales o jurídicos.

Es clásico y bien conocido el disgusto de intelecuales como Rousseu ante este estado de las cosas, pero no tanto que fue uno de los principales detractores de su "religión natural" y de su Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, Jeremy Bentham, quien habría de devenir en uno de los pioneros en la defensa de los derechos jurídicos de los animales, los cuales, por cierto, se anticiparían a cualquier redacción oficial de los derechos de la infancia, como veremos a continuación de este recordatorio del talante animalista de Bentham, con un breve apunte al caso de Mary Ellen Wilson que supuso el inicio de la aplicación de los derechos de la infancia basados en los derechos de los animales que intelectuales influyentes como Rousseau, Bentham y otros (recordemos nuestro reciente comentario al respecto de Montaigne) habían introducido.

Jeremy Bentham nació en Londres, Gran Bretaña, en el seno de una familia de juristas. Fue reconocido como niño prodigio por su padre al encontrarlo en su escritorio leyendo varios volúmenes de la Historia de Inglaterra. A los tres años leía tratados, tocaba el violín a los cinco, estudiaba latín y francés. Hijo de una familia acomodada, estudió primero en Westminster School y a los doce años ingresó en la Universidad de Oxford, donde estudió Derecho, empezó a ejercer como abogado a los diecinueve años. Pero enseguida se mostró crítico con la educación de su época y con la práctica jurídica, dedicándose por completo a tareas intelectuales.1 Dotado de una fuerte personalidad, a lo largo de su vida escribió largos manuscritos donde proponía ambiciosas ideas de reformas sociales.

Desde 1814 convirtió su casa en centro de intercambio intelectual y foco de un activo movimiento utilitarista. Entre sus amigos y seguidores más cercanos se encontraba James Mill, el cual quiso hacer de su hijo, John Stuart Mill, el heredero de Bentham al frente del movimiento. Ambos fueron editores de importantes obras de Bentham, quien tenía la costumbre de escribir mucho, pero dejando la mayor parte de los textos inacabados para que los completaran sus editores.2


Sus trabajos iniciales atacando el sistema legal y judicial inglés le llevaron a la formulación de la doctrina utilitarista, plasmada en su obra principal: Introducción a los principios de moral y legislación (1789). En ella preconizaba que todo acto humano, norma o institución, deben ser juzgados según la utilidad que tienen, esto es, según el placer o el sufrimiento que producen en las personas. A partir de esa simplificación de un criterio tan antiguo como el mundo, proponía formalizar el análisis de las cuestiones políticas, sociales y económicas, sobre la base de medir la utilidad de cada acción o decisión. Así se fundamentaría una nueva ética, basada en el goce de la vida y no en el sacrificio ni el sufrimiento. El objetivo último de lograr «la mayor felicidad para el mayor número» le acercó a corrientes políticas progresistas y democráticas: la Francia republicana surgida de la Revolución le honró con el título de «ciudadano honorario» (1792), si bien Bentham discrepaba profundamente de Rousseau y consideraba absurdo el planteamiento iusnaturalista subyacente a la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789.3 Negaba también la «religión natural», que construía el concepto de Dios por analogía con los soberanos de la tierra, y defendía la «religión revelada». En la teoría del conocimiento, era nominalista. Lo bueno es lo útil, y lo que aumenta el placer y disminuye el dolor. “La naturaleza ha colocado a la humanidad bajo el gobierno de dos amos soberanos: el dolor y el placer. Ellos solos han de señalar lo que debemos hacer”. La ética se convierte, para Bentham, en una cuestión de cálculo de consecuencias o consecuencialismo.
Habla de un cálculo felicítico, intenta dar un criterio para ayudar a los demás en la búsqueda de lo útil, y hace una clasificación de placeres y dolores. Los placeres son medibles, aunque hay que considerar siete criterios:
  • Intensidad
  • Duración
  • Certeza
  • Proximidad
  • Fecundidad (situación agradable que genere más placer)
  • Pureza (ausencia de dolor)
  • Extensión, hay que entenderla como que hay motivos que impulsan a considerar intereses ajenos porque eso puede caer en propio beneficio (que te llamen simpático, benevolente, generoso...). [En la extensión cuando se trata del Estado, sí que se habla de lo útil para la sociedad, el legislador debe preocuparse de que con sus leyes den “la mayor felicidad al mayor número de ciudadanos”. Debe buscar intereses generales].
El utilitarismo ejerció su influencia sobre toda una generación de políticos británicos, representada por Peel.4 Además Bentham influyó o intentó influir sobre los gobernantes y líderes de las nuevas repúblicas latinoamericanas. Del mismo modo dejó fortalecido y apropiado el concepto de Deontología muy utilizado en leyes y códigos del quehacer profesional que mira hacia el futuro. También puede señalarse la incidencia que tendría, a la larga, sobre las doctrinas subjetivas del valor que se impusieron en la teoría económica occidental a partir de la «revolución marginalista» (Walras, Pareto, etc.).5 Su principal obra fue " El parlamento inglés"

Un anticipo del Gran Hermano de Orwell aplicado a un modelo penitenciario bienintencionado: El Panóptico

También dedicó su atención al tema de la reforma penitenciaria, elaborando por encargo de Jorge III un modelo de cárcel (el Panopticon) por el que ambos entraron en conflicto.6 Bentham ideó una cárcel en la cual se vigilara todo desde un punto, sin ser visto. Bastaría una mirada que vigile, y cada uno, sintiéndola pesar sobre sí, terminaría por interiorizarla hasta el punto de vigilarse a sí mismo. Bentham se dio cuenta de que "el panóptico" era una gran invención no sólo útil para una cárcel, sino también para las fábricas. Si bien el modelo de Bentham fue criticado (aunque él lo consideraba una genialidad), de alguna forma todas las cárceles, escuelas y fábricas a partir de aquella época se construyeron con el modelo panóptico de vigilancia.7 El modelo del Panopticon fue analizado por Michel Foucault en Vigilar y castigar.

Sorprende un poco, por tanto, que un intelectual tan amigo del control y de las prioridades del bienestar social basadas en los recursos económicos y los preceptos utilitaristas los considerase compatibles con una concepción igualitaria de los derechos de todos los seres vivos.

picture of Jeremy Bentham"Otros animales, que, a causa de haber sido sus intereses descuidados por la insensibilidad de los antiguos juristas, permanecen degradados en la categoría de cosas. ... Hasta la fecha, me aflijo con decir en muchos lugares todavía no ha dejado de ser así, donde la mayor parte de las especies han sido tratados bajo la denominación de esclavos... en el mismo plano en que ... los animales lo son aún. Puede que llegue el día, cuando el resto de la creación animal podrá adquirir los derechos que nunca se les podría haber quitado a no ser a manos de la tiranía. Los franceses ya han descubierto que la negrura de la piel no es una razón para que un ser humano deba ser abandonado sin reparación al capricho de un torturador. Tal vez llegue el día en que se reconozca que el número de patas, la vellosidad de la piel, o la terminación del hueso sacro, son razones igualmente insuficientes para abandonar a un ser sensible a la misma suerte. ¿Qué si no debería trazar la línea insuperable? ¿Es acaso la facultad de la razón, o tal vez, la facultad para el discurso? ... la pregunta no es ¿pueden razonar? ni ¿pueden hablar? sino, ¿pueden sufrir? ¿Por qué la ley niega su protección a cualquier ser sensible? ... Ya llegará el momento en que la humanidad extenderá su manto sobre todo lo que respira ... 

"Jeremy Bentham (1748 - 1832)Introducción a los principios de la Moral y la Legislación



Los derechos de los animales siguen siendo objeto de polémica en el ámbito del arte, por ejemplo como hemos visto específicamente, pero se anticiparon jurídicamente a los derechos de los niños y de las razas consideradas inferiores y susceptibles de padecer regímenes de esclavitud. Puede parecer un tanto sorprendente, pero lo cierto es que así se ha dado en la historia reciete de lo que llamamos sociedad moderna, como comprobamos a continuación:
Mary Ellen McCormack en 1874
 "Mary Ellen Wilson (después McCormack) era una niña de ocho años que vivía en Nueva York en 1872. Sus padres de acogida la trataban como a una cosa, como a algo de su propiedad; la maltrataban, estaba desnutrida, dormía en el suelo, nunca pisó la calle y cuando la dejaban sola la encerraban en un cuarto oscuro.
Etta Wheeler era lo que hoy llamaríamos una trabajadora social. Enterada de las condiciones de Mary Ellen se las ingenió para entrar en su domicilio y comprobar que la realidad era peor de lo contado por los vecinos: la niña tenía cortes de tijeras y señales de haber sido azotada. Denunció los hechos ante las autoridades pero éstas se negaron a intervenir al no existir ninguna norma que protegiera a los menores.

Desesperada por la impotencia, Etta recurrió a los miembros de la Sociedad Americana para la Prevención de la Crueldad Animal quienes pusieron a su disposición a sus mejores abogados que acabaron llevando y ganando el caso ante la Corte Suprema del Estado de Nueva York en 1874. Los cuidadores de Mary Ellen fueron condenados en la que se conoce como la primera sentencia de la historia en favor de la protección de menores.

El alegato de los letrados fue tan sencillo como eficaz: si Mary Ellen era parte del reino animal debía aplicarse al caso la Ley contra la Crueldad Animal, aprobada algunos años antes gracias a la intensa labor de la citada Sociedad.

Desde el siglo XIX se ha progresado mucho en favor de la protección de menores. Instrumentos internacionales como la Convención sobre los Derechos del Niño y todas las legislaciones nacionales hacen de los menores un bien jurídico de especial protección por su vulnerabilidad. Sin embargo la defensa de los animales, que en su día dio cobertura decisiva a la protección infantil, no ha corrido la misma suerte. En nuestro país todavía estamos esperando una ley como la neoyorquina de 1866 que salvó la vida a Mary Ellen.

En España se sigue mirando con cierta extrañeza a quienes nos declaramos animalistas porque estamos convencidos que impedir el sufrimiento animal nos hace precisamente más humanos. Tal como entendió la Corte Suprema de Nueva York pertenecemos al mundo animal por más que en esas mismas fechas un naturalista inglés fuera objeto de burla por afirmar que todos los seres vivos han evolucionado desde un antepasado común mediante un proceso conocido como selección natural. A día de hoy la diferencia está en que, mientras en España seguimos consintiendo actos de extrema crueldad contra los animales, en Inglaterra Darwin fue enterrado con honores de Estado, junto a Newton, en la abadía de Westminster. Lo que nos hace recordar las sabias palabras de Gandhi cuando dijo que la evolución de los pueblos se mide por el trato hacia sus animales."

(extracto de Antrozoología Divulgación)
http://antrozoologia-cultura-interespecies.blogspot.com.es/2014/12/el-caso-de-mary-ellen-origen-de-la.html)


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Jeremy Bentham on the suffering of non-human animals
Jeremy Bentham on the suffering of non-human animals

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"Other animals, which, on account of their interests having been neglected by the insensibility of the ancient jurists, stand degraded into the class of things. ... The day has been, I grieve it to say in many places it is not yet past, in which the greater part of the species, under the denomination of slaves, have been treated ... upon the same footing as ... animals are still. The day may come, when the rest of the animal creation may acquire those rights which never could have been withholden from them but by the hand of tyranny. The French have already discovered that the blackness of skin is no reason why a human being should be abandoned without redress to the caprice of a tormentor. It may come one day to be recognized, that the number of legs, the villosity of the skin, or the termination of the os sacrum, are reasons equally insufficient for abandoning a sensitive being to the same fate. What else is it that should trace the insuperable line? Is it the faculty of reason, or perhaps, the faculty for discourse?...the question is not, Can they reason? nor, Can they talk? but, Can they suffer? Why should the law refuse its protection to any sensitive being?... The time will come when humanity will extend its mantle over everything which breathes... "
Jeremy Bentham (1748 - 1832)
Introduction to the Principles of Morals and Legislation
 

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