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miércoles, 10 de abril de 2019

Reflexión sobre la fotografía estereoscópica. Trampas Fotográficas de Mafa Alborés.


Mafa Alborés / Pau F. Luís: Proyecto Animal Invisible

Dedicamos hoy nuestra bitácora en línea a reflexionar sobre la actualidad de la fotografía desde diversos aspectos de su ejercicio, pero haciendo hincapié en una de sus variantes menos valoradas, comprendidas y conocidas por los propios fotógrafos: la fotografía esteroscópica.

Aunque el advenimiento histórico de la fotografía supuso un revulsivo en la estética del arte figurativo, y muy especialmente de la pintura y la ilustración, lo cierto es que su aparición no hizo sino constatar la vicariedad cultural a la representación gráfica de la realidad en dos dimensiones, tal y como había marcado la tradición del dibujo y la pintura desde hacía siglos. 

La fotografía se erigió como la forma más fidedigna de reproducir las imágenes del mundo físico tal y como las captaba el ojo, pero en ésta afirmación encerramos una concepción monoscópica de la percepción visual. 

Lo cierto es que nuestra percepción visual del espacio, estereoscópica, nos proporciona una inmersión en la profundidad y en la apreciación intuitiva de las distancias existentes entre los objetos de la que carece la tradicional representación bidimensional del dibujo y la pintura, por más que se esforzara en plasmar las leyes de la perspectiva euclidiana. 
Vemos con dos ojos y percibimos el espacio tridimensionalmente y la fotografía monoscópica no es más que la culminación de la aplicación técnica de un aprendizaje histórico de las leyes de la óptica, la física de la luz, las aplicaciones de las lentes y el comportamiento físico y químico de los materiales fotosensibles. 

La combinación y fijación de todos estos procesos culminó en los procesos fotográficos monocromos, pero incluso llegado este momento no tardó mucho tiempo antes de que se estudiasen las múltiples posibilidades de su aplicación óptica, incluída la fotografía esteroscópica a partir de dos tomas fotográficas de un mismo tema con ejes ópticos paralelos con una separación similar a la existente entre nuestros ojos. Los esteroscopios son muy antiguos, y las postales y cámaras esteroscópicas de doble objetivo también. 



Sin embargo pocos se plantean el hecho de que, en realidad, los ejes ópticos de nuestros propios ojos convergen a la distancia del objeto enfocado, por lo que nuestros músculos oculares responsables de su giro, o de la orientación de dichos ejes, se combinan de forma casi inconsciente con los músculos ópticos responsables de deformar el globo óptico para variar su distancia focal.
Cuando los estudiantes de fotografía estudian el enfoque, lo hacen con respecto a cuestiones acerca de la distancia focal o la aplicación de la hiperfocal en relación al concepto de nitidez y profundidad de campo, pero suelen olvidar que nuestra percepción binocular combina una doble imagen hasta superponer la duplicidad de un sujeto u objeto en cuanto es percibido con la nitidez propia del enfoque preciso. Comprender la estereoscopia es muy importante para comprender el enfoque y las posibilidades estéticas de la profundidad de campo. Tradicionalmente, para generar una cierta sensación espacial, atmosférica, se sugiere el empleo de un enfoque selectivo, con obturaciones rápidas y diafragmas abiertos, pero eso es algo que sólo adquiere pleno sentido con la fotografía tradicionalmente monoscópica.

Poco después de la aparición de materiales fotosensibles pancromáticos se empezó a experimentar con la aplicación de filtros cromáticos en busca del registro de la fotografía en color. 
De hecho, fué durante la experimentación de este tipo de procedimientos que, acidentalmente, Du Hauron, al observar una copia con error de registro con filtros rojo y azul en ambos ojos, apreció un efecto de tridimensionalidad que no tardó mucho en comprender e instauró el método anaglifo para ver tridimensionalmente imágenes gráficas o fotográficas fueran monocromas o en color. 
La visualización con gafas anaglifas filtradas en rojo/cyan sigue constituyendo hoy en día el paradigma de la visión 3D, incluso tras la imposición generalizada del uso de gafas polarizadas a tal efecto en las proyecciones cinematográficas.

La fotografía estereoscópica no debería ser sencillamente una curiosidad o un pasatiempo lúdico de la actividad fotográfica, o una especie de alarde efectista y curioso. Sería algo así como afirmar que lo realmente artístico es el dibujo o la pintura y que el bajorrelieve o la escultura fuesen subproductos efectistas. 
No obstante, es relativamente fácil constatar que poca producción fotográfica en 3D busca aportar rasgos genuínos de sus posibilidades expresivas, y he comprobado frecuentemente que mis alumnos de fotografía persistían en aumentar la "espacialidad" de sus ejercicios en fotografía esteroscópica mediante enfoques muy selectivos, menos convenientes, creo yo, cuando ejercemos este medio de expresión, que cuando ejercemos de convencionales fotógrafos monoscópicos (este problema es observable en las producciones cinematográficas actuales, sujetas a imperativos comerciales que buscan conciliar la estética de la versión bidimensional con la tridimensional de las películas).

La imagen estreoscópica, tanto si es fotográfica como si es pictórica, dibujada, analógica o digital, debería encontrar su propio nicho estético y expresivo sin limitarse a constituir un mero alarde espectacular. 

Lo que sugería a mis alumnos de fotografía más escépticos era que una vez obtenido un resultado, estuviesen convencidos de que a la versión monoscópica de su imagen le faltase peso específico en comparación con la versión estreoscópica, es decir: que el hecho de ver la imagen en tres dimensiones aportase una percepción significativamente diferente de la supuestamente misma imagen.

Basándome en este principio, les sugería que evitasen los enfoques muy selectivos, que aumentasen en lo posible la profundidad de campo y la nitidez de la imagen o que, una vez elgido voluntariamente el plano de enfoque por superposición de contornos de objetos, no fuesen estrictamente los más nítidos u ópticamente enfcados, dado que disponían de dos enfoques posibles.

En mi proyecto Trampas Fotográficas-El Animal Invisible, hago un uso perverso de este principio en algunas de las fotografías de la serie, realizadas en modo esteroscópico. No ofrezco la posibilidad de ver una versión monoscópica de las imágenes que produzco, de tal modo que la opción de observarlas sin gafas anaglifas ofrece la típica impresión de error de registro cromático y no permite apreciar bien la escena, aunque sugiera un recurso estético o expresivo pretencioso e intencionado de imágenes que muestran aparentes escenas naturales. Es por ello que rompo mi regla de la máxima profundidad de campo en fotograías esteroscópicas y realizo estos anaglifos digitales a partir de genuínas tomas dobles consecutivas, con ejes ópticos convergentes a un punto concreto de la escena fotografiada. Así consigo imágenes que aparentemente buscan una cierta atmósfera o espacialidad propia de teleobjetivos o fotografías realizadas com cámaras de gran formato que puedan ser vistas como propuesta bidimensionales con una distorsión cromática supuestamente intencionada y pretenciosamente (o incorrecta y resignadamente) efectista, en cambio, al ser observadas con gafas anaglifas, delatan la artificiosidad de los dioramas empleados y de las reproducciones zoológicas en miniatura, creando una sencilla y rápida reflexión sobre naturaleza y artificio que recuerda a la que hacían antiguamente los dioramas con respecto a la pintura. 

No quiero dejar de hacer constar una actualización al día siguiente de la publicación de éste arículo, añadiendo un comentario del escultor y reivindicador de la fotografía estereoscópica Roberto Manzano, a quien en su día dedicamos una entrada por este motivo (pasando por encima de su maestría como escultor, la cual, sencillamente, nos desborda) y quien, una vez más, apunta exactamente a nuestras propias motivaciones respecto a la estereoscopia (foto)gráfica. Para contextualizar su comentario, diré que lo extraigo de su ubicación en un grupo de Facebook (Stereoscopic 3D) dedicado particularmente a fotografía estereoscópica y otras manifestaciones artísticas en 3D:

Buena reflexión sobre la imagen estereoscópica. Supongo que en este grupo se asimila fácilmente todo tu discurso, el problema es fuera de estos grupos 3D. No se si aportaré algo nuevo, al menos lo justifico como opinión personal.
Empezando de nuevo con el concepto básico, decir que la lente de nuestras habituales cámaras fotográficas representa solamente uno de nuestros ojos, el otro se queda sin representación por la ausencia un segundo objetivo. Este detalle ya está cortando las alas al universo de posibilidades de nuestra capacidad de percepción. Al aportar la segunda imagen, conseguimos entender la realidad de una forma más natural, como es capaz de comprenderla nuestro cerebro. El conformismo de la sociedad hacia la representación bidimensional de la imagen en lugar de tridimensional entiendo que es por cuestiones técnicas a la hora de representarla en los diferentes medios. Para mi, no hay ningún discurso que sostenga que la fotografía bidimensional sea el camino correcto y la estereoscópica sea una mera curiosidad. Ese discurso es víctima del desconocimiento, del conformismo y de la realidad que vivimos y menosprecia la capacidad visual humana. La imagen estereoscópica es la culminación de todas las técnicas de representación de la realidad, y para que sea un estándar, es solo cuestión de tiempo.


Os dejo unos ejemplos, algunos ya conocidos para los seguidores del blog y otros inéditos, y os invito a visitar las entradas que repasan diversos aspectos de la fotografía esteroscópica que os ofrezco al final de este post:




















Mafa Alborés




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martes, 9 de abril de 2019

Más sobre monos y pintura. Un par de monos de Brueghel y otras monerías pictóricas observadas por A. P. Bernat Vistarini y Tamás Sajó desde la mesa revuelta de su Studiolum.



Decíamos en entradas precedentes:

Las imágenes de monos, lejos de obviar su inteligencia a través de rasgos neoténicos, evidencian generalmente una calidad humana mermada por rasgos humanos envejecidos, de modo que muchas representaciones de monos y simios de los ss. XVIII y XIX parecen ancianos humanos, o humanos envejecidos por condiciones de vida más agrestes, como los artistas creían reconocer en otros pueblos considerados más primitivos. La "humanidad" intrínseca de los monos era evidenciada en las ilustraciones del XVIII y criticada en muchas del XIX. 
La naturaleza neoténica de la humanidad, presente en la preferencia por el cuidado intensivo de las crías, se manifiesta en la preferencia innata por las crías de mamíferos o adultos que puedan recordar dichos rasgos neoténicos. 
Los monos (y excúsenme los biólogos por la genérica utilización del término "mono" desconsiderando los pertinentes matices entre primate, mono, simio y demás términos implicados en la definición exacta de cualquier mico) siempre han constituído una sorpresa para las congregaciones humanas alejadas de ellos. 
Para hindúes o malgaches, el mono es una forma especial de condición humana, sobre todo en la antigüedad. Para los nativos de Madagascar, los lemúridos (primates, pero no monos sino más bien prosimios) son espíritus del bosque como los gnomos y demás seres feéricos para las culturas célticas. 
En Borneo, los orangutanes (simios, póngidos, pero no monos) siempre han sido considerados un grupo humano peculiar. 
A principios del s. XVIII, este género de humanoides poco conocidos confirmaban las espectativas de otras formas de vida basadas en la alteridad de lo humano que están presentes en la cultura occidental desde tiempos remotos, generando frecuentes representaciones de formas humanoides monstruosas durante la Edad Media y el Renacimiento. Su existencia parecía tan verosímil como la de cualquier otra criatura descrita o representada en los Bestiarios o en los libros de viajes, y resulta paradójica la tremenda polémica religiosa desatada por la tergiversación de la que fue objeto la teoría Darwinista, cuando está claro que los modelos arquetípicos de alteridad imbuían de humanidad las imágenes de primates con fines científicos o artísticos del s.XVIII. 

-Reproducciones de monos en el arte gráfico. 
Incluso bajo una mirada pretendidamente objetiva, los rasgos "humanos" de estos animales eran exagerados para su reconocimiento, no para generar confusión, del mismo modo que Dürer dibujaba mallas miltares a su rinoceronte blindado para denotar dureza, porque diha dureza denotaba "rinoceronte". 
Ejemplo de ello es el cuadro conservado en la Haya de Tethart Philip Christiaan Haag (1737-1812), "Retrato de un orangután junto a un árbol", realizado en 1777. 
Se trata de un lienzo al óleo en el que intuímos un jardín zoológico (un muro, al fondo, de aire neoclásico, presenta un bajorrelieve de un orangután manipulando objetos; en lo alto del muro se ha encaramado un faisán, y también vemos en la imagen una perdiz y, al fondo, unos antílopes en reposo ante un cercado de madera). 
Aunque volveremos sobre este cuadro un poco más adelante, es importante señalar que, pese a la exactitud anatómica de la representación, el animal aparece erguido, y en una actitud tan humanizada que las extremidades inferiores no parecen tan cortas en relación a los brazos como normalmente tendería a exagerar un artista contemporáneo para acentuar el carácter simiesco de la criatura representada. 
No creo que se trate de un caso de ilustración de animal antropomorfizado, sino más bien de un hombre animalizado en el imaginario colectivo, a través de descripciones orales y escritas. Los monos debían de tener, en el contexto cultural occidental del s.XVIII, una categoría similar a cualquier tribu humana primitiva y remota, por más que creamos que antes de Darwin todo se oponía a dicha noción que, como atestiguan las imágenes zoológicas, ya flotaban en el aire que respiraban por igual científicos y artistas. 
La popularización de la imagen del mono a raíz de la polémica desatada en la Inglaterra Victoriana por las teorías darwinistas tenían un cariz social, segregacionista. Que Darwin afirmara que humanos y simios tuviesen antepasados comunes fue rápidamente malinterpretado (señalando miedos y afectividades de la sociedad del XIX) como que los monos eran nuestros padres biológicos. 
El siglo anterior ofrecía la posibilidad de ver un tipo particular de humanos en virtud de cierto determinismo de la cadena lamarckiana del ser. Todas las especies pertenecientes a la misma cadena que lleva eslabón a eslabón a la perfección de humanos, ángeles y Dios; pero con la garantía de inmutabilidad de la cadena, concebida con todos sus eslabones desde un principio, sin que nigún eslabón dependiese de la preexistencia del anterior. 
La inmutabilidad del mundo natural se puso en cuestión con Darwin, y las imágenes de los monos pasaron a ser una crítica consciente de la condición animal y la condición humana. En el XVIII, sencillamente, se admiraba la peculiar condición de estos humanos extraños e inferiores, sin necesidad de verse súbitamente avergonzados por su parentesco. 

M. Pinault señala que el mono dibujado al carbón por Hendrick Goltzius (1558-1617), mostraba ya en pleno siglo XVII un destacado ejemplo de humanización en la representación de la imagen de un animal relativamente pequeño. Es como un hombrecillo que confirmase la espectativa de la existencia de gnomos y demás formas de alteridades humanas. Jacob Matham reinterpretó el dibujo de Goltzius en dos grabados, uno de los cuales mostraba al animal fumando una pipa. Existe un dibujo similar de Saftleven que también representa un mono acuclillado y encadenado. 
Las compañias de las Indias Orientales y Occidentales jugaron un papel fundamental en el desarrollo de las colecciones de animales europeas, particularmente en provincias del sur, como el principado de Orange. Muchos especímenes de tierras lejanas fueron traídos al Chateau du Bois (Het Loo), en la provincia de Gueldre, para formar una casa de fieras considerada como una de las más ricas de Europa. 
Estos animales aparecen en una pintura de Melchior d'Hondecoeter que fue encargada por Guillermo III para decorar el hogar de su sala de exposiciones. Simultáneamente, y en un paisaje europeizante, el artista reúne cuadrúpedos asiáticos: cuatro cebúes, tres de pelaje blanco y uno marrón rojizo moteado de blanco, dos patos, ocho herbívoros más de distinta índole, y un elefante indio del que sólo vemos, al margen derecho de la imagen, apenas su parte frontal, el perfil izquierdo de su cabeza. 
La composición del cuadro es de construcción clara y ligera, deliberadamente tal vez, anticuada, mostrando cada animal inmóvil, en una pose lo más adecuada posible para hacer fácilmente compresnsibles sus características anatómicas. Constituye una rareza en la obra de Hondecoeter, según recoge M. Pinault de Loisel (Histoire des Ménageries), quien continuó su colaboración con el Chateau du Het Loo en su "Cuervo despojado de su plumaje", pintado para el príncipe Guillermo V de Orange en 1671. Éste también fue el destinatario del cuadro del orangután que pintó Haag. 
El animal había sido enviado por un mercante de la East India Company y emplazado en las posesiones del príncipe cerca de la Haya, donde tenía dos casas de campo, Het Groote Loo y Het Kleine Loo. Se trataba de una hembra, cuyo carácter impresionó a Guillermo: "...muestra signos de algo más que inteligencia animal". Existe también una acuarela de Aert Schouman que muy probablemente representa al mismo ejemplar. 
La calidad humana del animal es menos cuestionada antes de Darwin, por paradójico que parezca, o, en todo caso, la percepción de la cercanía entre humanos y simios estaba servida, en una época en la que otros animales, como el perro o el caballo, por su adaptación a las necesidades humanas, eran reconocidos como personajes dignos de ser retratados para deleite de sus propietarios, con connotaciones afectivas importantes, como podemos apreciar en "El perro en el arte, del rococó al posmoderno" de Robert Rosenblum. 
Los monos constituyen un punto de inflexión en la carga humanizante de las imágenes zoológicas, y en sucesivos apartados veremos más influencias de su paradigma de bestialidad imbuído a imágenes antropológicas, aprovechando tendenciosamente las orientaciones de la teoría evolucionista.


Antonio Bernat Vistarini y Tamás Sajó editan desde Studiolum diversas publicaciones digitales, entre las cuales quiero hoy destacar Mesa Revuelta (el diario de studiolum). No daría abasto enumerando los deliciosos artículos que han publicado, desde la perspectiva de Antonio Bernat Vistarini como algo más que un filólogo, acerca de temas diversos pero especialmente de observaciones históricas, científicas y culturales a través del arte.

En esta ocasión nos vuelven a recordar la recurrente presencia del mono en el arte pictórico, hasta el extremo de constituir incluso el género de la singèrie o monería, y su papel de encuentro escópico entre la animalidad humana y la humanidad animal. Lo hacen a través de un delicioso ensayo que propone como punto de partida la observación de un cuadro de Brueghel: "dos monos":

Dos monos


El cuadro más pequeño de Bruegel (tan solo 19,8 × 23,3 cm, 1562, Berlín, Gemäldegalerie) nos muestra dos monos. Están sentados, encadenados al alféizar de la ventana de un edificio de gruesos muros. A lo lejos se ve el mar y la ciudad portuaria de Amberes. Sobre el mismo alféizar, trozos de cáscara de avellana o nuez.

Que alguien que normalmente necesita unas doscientas figuras para empezar a expresarse use inesperadamente tan solo dos, debe significar algo. ¿Pero qué?

Según algunos autores, esta pintura, como tantas otras imágenes pequeñas de Bruegel, sería la ilustración de un proverbio flamenco: en este caso, «ir a la corte a por una nuez (o avellana)». Quienquiera que se aventure a ir a la corte, que no se sorprenda de quedar atrapado ahí. Y si va por puro capricho o curiosidad, entonces estará buscándose problemas gratis. Las dos aves libres que vuelan en el cielo sobre la ciudad forman un fuerte contrapunto con los dos monos encadenados junto a las cáscaras.

Andrea Alciato imagina en sus emblemas al cortesano atrapado en un cepo. Los emblemas de Alciato traducidos en rimas españolas, Lyon: Roville-Bonhomme, 1549, «In aulicos» (los cortesanos), p. 146.

Para otros críticos de arte, la pintura sería un mero estudio donde el maestro ejercita, para aprovechar más tarde, la figura de unos animales exóticos que solían llegar regularmente a Amberes. Sin embargo, no conocemos ningún otro boceto similar de Bruegel, y la detallada elaboración de la pequeña escena más bien sugiere que se trata un cuadro completo.

Con todo, Bruegel produjo otras dos imágenes ese mismo año donde parece que usó las lecciones de este estudio. Una es la pintura Dulle Griet (Mad Meg, Ámsterdam, Museum van den Bergh, inv. No. 788). En ella, una mujer desarraigada, con sus enseres en cestas y un cofre bajo el brazo, cubierta con un casco corre blandiendo una espada. Deja atrás un escuadrón de mujeres que parecen querer asediar el infierno. Un infierno poblado de grotescas figuras vistas ya en El Bosco y que Bruegel imitará tantas veces; pero esta es la primera vez que tales imágenes incluyen monos, y los dos que miran desde detrás de las rejas de la ventana redonda del castillo son muy similares a los del pequeño cuadro. La interpretación de la imagen es incierta, pero podría tratarse del intercambio carnavalesco de roles, tan popular entre los autores del Renacimiento: aquí, las mujeres asumen el papel de hombres guerreros. Los monos enfatizan este cambio de rol representando un papel humano en el castillo infernal.

 
 

La otra imagen es el grabado Monos robando al vendedor ambulante, que Bruegel realizó para la editorial A los cuatro vientos de su socio habitual, Hieronymus Cock. En él los monos desvalijan la canasta del vendedor y adoptan los roles humanos asociados a esos bienes que están saqueando. El gran número de figuras pequeñas compone un estudio completo del movimiento simiesco. El baile en corro de los monos al fondo evoca un motivo similar al de Dulle Griet.

 
 



No sabemos qué fue lo que despertó el interés de Bruegel por los monos precisamente en aquel año, ni por qué los olvidaría más tarde. Pudo haber encontrado inspiración en algunos monos exóticos vistos inesperadamente y los pintaría con la exclamación de que «esto será bueno para algo», pero entonces uno de sus amigos humanistas le pediría el cuadro para su gabinete de curiosidades y lo pulió para entregárselo. Es posible, incluso, que hubiera querido dominar el género de los animales exóticos codiciados por las Kunst-und Wunderkammers y las enciclopedias, de manera similar a otros temas contemporáneos, como paisajes, escenas campesinas o las diabluras de El Bosco, que intentó y logró con éxito, pero en este caso, de alguna manera, no acabó de entrar. Sin embargo, el maestro nunca descartó nada de lo que había creado, por lo que también aprovechó el motivo de los Dos monos en la pintura y la impresión posteriores.

Y así como Bruegel creó el género moderno de paisajes y escenas campesinas, estas contadas representaciones de monos tuvieron también su impacto en el arte posterior. En 1575, su popular estampa de los monos impulsó a Pieter van der Borcht a comercializar toda una serie de grabados, donde los monos se comportan como seres humanos, enfatizando así la comicidad de alguna escena cotidiana. Con esta serie comienza el género de las singeries (monerías, situaciones donde los monos parodian la sociedad humana), que mantiene su popularidad desde finales del Renacimiento hasta El planeta de los simios. El hijo y el nieto de Bruegel, los Jan Brueghel viejo y joven, también participaron en la temprana difusión del género.

Pieter van der Borcht el Viejo, El charlatán, 1575

Versión de Pieter Feddes Harlingen del grabado de Bruegel, principios del s. XVII

Jan Brueghel el Viejo y el Joven, El festín de los monos, c. 1620

Abraham Teniers, Monos arrestando a un gato, mitad del s. XVII

Pero quizá la representante más conmovedora del género no sea una pintora, sino una poeta, la ganadora del Premio Nobel, Wysława Szymborska, quien escribió una écfrasis de la pintura de Bruegel poco después de 1981, cuando la prohibición de Solidarność y la introducción de la ley marcial en Polonia.

Dwie małpy Brueghla

Tak wygląda mój wielki maturalny sen:
siedzą w oknie dwie małpy przykute łańcuchem,
za oknem fruwa niebo
i kąpie się morze.

Zdaję z historii ludzi.
Jąkam się i brnę.

Małpa, wpatrzona we mnie, ironicznie słucha,
druga niby to drzemie --
a kiedy po pytaniu nastaje milczenie,
podpowiada mi
cichym brząkaniem łańcucha.

Los dos monos de Bruegel

Este es mi gran sueño sobre el examen final:
dos monos encadenados, sentados en la ventana;
tras ellos, el cielo está volando
y el mar se da un baño.

El examen es de historia de la humanidad.
Me trabo y doy rodeos.

Un mono me mira sardónicamente, callado,
el otro dormita,
pero cuando a la pregunta sigue el silencio,
me incita con un suave
tintineo de su cadena.




http://mesa-revuelta.blogspot.com/2018/12/dos-monos.html

ver también:


http://www.emblematica.com/es/colophon.htm


Páginas y entradas relacionadas de El Animal Invisible:

Gorila rapta moza (escultura de Emmanuel Frémiet) y Charles Gemora como pionero de los profesionales del traje de gorila. 

Bellas y bestias. Bestialización femenina y erotismo. El cómic y las chicas de la jungla.

Naturalistas de ficción. Charles Darwin y Stephen Maturin como estereotipos del naturalista (II) La historia natural del Dr Stephen Maturin (segunda parte)

-El animal humano y el humano animal.

 LA IMAGEN DEL MONO

El hombre tras la máscara de mono. Rick Baker y el tránsito de los efectos manuales a los digitales.

Eslabón a eslabón. Enlace a enlace. (lost links, links oportunos y eslabones perdidos)

Galanura gorila

LA IMAGEN DEL MONO

-Animalidad humana. Humanidad simiesca. De Ray Harryhausen a Rick Baker.

Iconografía animal persistente. Orangutanes en las ramas y barrigas de anfibios.

El dibujo como transmisión de información naturalista. Conflictos entre reproducción y representación.

la contribución del arte a las ciencias

La doble identidad de Caroline Briggs (más sobre animalidad humana y parecido)


lunes, 8 de abril de 2019

Kendra Bulgrin, los simulacros, los señuelos, los dioramas y la pintura como anhelo del mundo natural.

Kendra Bulgrin


Kendra Bulgrin
Aunque habíamos visto en la red imágenes de Kendra Bulgrin, no conocíamos la especificación de su autoría hasta que supimos de ella y de su peculiar obra a través de un artículo específico aparecido en Mybridge's Horse a cargo de Emma Kisiel, a quien debemos tantos descubrimientos de arte antrozoológico, especialmente asociado a la fotografía. 

Por eso, tal vez, nos llamó especialmente la atención el peculiar mundo simbólico de Bulgrin, que ahonda en nuestra relación con el mundo natural y con las demás especies animales a través de una domesticación de elementos artificiosos o ecenegroáficos en forma de dioramas improvisados para su reinterpretación pictórica.

Kendra Bulgrin
En efecto, la ilustración, el diorama y la pintura se entremezclan en el personal método de trabajo de Kendra Bulgrin, a quien tal vez no apreciaríamos especialmente más que como mera curiosidad estética a la vista de una solo de sus enigmáticas imágenes, pero sí, sin dudarlo, al observar con más detalle cada una de éstas tras contemplar el gran número de experimentos análogos que componen su obra, por otro lado bastante extensa.

El collage, o al menos su apariencia, también suele constituir una técnica auxiliar para construir sus ensoñaciones pictóricas, pero, como vemos, lejos de disimular el origen de las mismas, pone en evidencia la construcción de éstas a base de recortes que se antojan más mentales que físicos. Bulgrin nos sugiere que nuestro propio mundo constituye una suerte de collage o diorama de elementos que cobran un sentido sugerentemente simbólico, y es precisamente su estética propia del diorama lo que más nos fascina.
Roland Reiss


Decíamos al respecto, en entradas anteriores:

Hemos dedicado muchas entradas a artistas que han recurrido al diorama y a las miniaturas, algunos de ellos incluso con intenciones tan simbólicas como las de Bulgrin, en su misma línea de collage tridimensional, como Roland Reiss, y otros que buscan recreaciones hiperrealistas con gran carga de crítica social, como Thomas Doyle o con ciertas dosis de onirismo surrealista e intrahistoria cultural como en el caso de Jorge Mayet. Algo similar a lo que en su día planteábamos al respecto de los dioramas de Rosa de Jong respecto a los dibujos y pinturas de Cinta Vidal (también vicarios de los dioramas de Thomas Doyle o las perspectivas imposibles de Escher.
Lo primero que pensé al descubrir los peculiares dioramas de Rosa de Jong fue que me recordaban a los dibujos y pinturas de Cinta Vidal, que ya en su día relacioné con los dioramas de Thomas Doyle.

Recientemente COLOSSAL le dedicó una entrada, cuyo comentario a cargo de Christopher Jobson hacía hincapié exactamente en lo mismo: el parecido entre los dioramas de la artista afincada en Amsterdam y los de Doyle, mencionando también las pinturas y dibujos de Vidal.


Jorge Mayet
La principal peculiaridad de los dioramas tridimensionales a escala es su parecido con los sistemas de preservación y exposición propios de los museos de historia natural, matraces de formol y glicerina, acuarios y terrarios. A su vez nos proponen mentalmente un paralelismo con la fotografía y su capacidad de preservar trocitos del mundo real en el espacio y en el tiempo. Aunque el formato clásico es paralelepípedo, un hexaedro como cualquier acuario clásico, las esferas transparentes también nos remiten a las bolas de cristal asociadas a la magia visionaria y a los pequeños paisajes navideños nevados en micromundos ralentizados por el medio acuático.


&
Rosa Jong no ignora el contexto de antecedentes del diorama, especialmente cuando este reproduce paisajes a pequeña escala, y reafirma su noción de muestra preservada introduciendo los suyos en tubos de ensayo que condicionan además la estrecha verticalidad de su formato, destinado no ya a su contemplación sino a la observación y toma de conciencia de los sustratos naturales que posibilitan la existencia de todo elemento componente de la biosfera.



Levi van Veluw
Comprobamos en nuestras búsquedas por la red que el arte del diorama sigue constituyendo un recurso para hablar de nuestra relación con la naturaleza, dado que la mayor parte de los ejemplos que encontramos reproducen elementos naturales, vegetación, paisajes...naturalezas en miniatura o a escala, aunque no siempre sea así (recordemos las peculiares creaciones de ficción irónica de Hrjoe Photography y su humorística visión de los superhéroes). Hemos encontrado este denominador común en obras tan parecidas y tan diferentes como las de Thomas Doyle, Maico Akiba, Jorge Mayet y otros tan interesantes como Arron Kuiper y sus paisajes de pintura tridimensional  o Guy Laramée y sus libros esculpidos, así como representantes de lo que aquí solemos denominar escenografías naturalistas, tanto si están constituídas por elementos naturales como si son un completo artificio de apariencia natural.
El diorama es una escenografía a escala, un recordatorio tridimensional de lo que la fotografía hace con la naturaleza, por lo que se convierte en peculiar cómplice de la fotografía, sea con fines específicos y narrativos a través del cine y la publicidad, o con fines críticamente documentales como en el caso de  y sus sueños de animales o trabajos análogos realizados en escenografía museísticas como los de   o Don Freeman y sus series sobre el Museo de Historia Natural de Nueva York.


 
Y aunque hemos traído aquí cuantos ejemplos de artistas del diorama nos han interesado, es posible que ninguno tanto como Patrick Jacobs y el mismo Thomas Doyle a quien mencionábamos al inicio por la similitud de recursos técnicos con Rosa de Jong (el uso personalizado de elementos propios de la industria dedicada al maquetismo y modelismo, por ejemplo), pero el ensamblaje de elementos de un paisaje compuesto como en los dibujos de Cinta Vidal evoca también a los trabajos de Ali Alışır cuyas obras descubrimos gracias al excelente artículo que le dedica Javier Fuentes en El Hurgador (Arte en la Red), y del que os ofrecemos un extracto para que lo comprobéis. La verdad es que de este artista nos ha interesado su serie "Cuerpos Virtuales" en relación a nuestros artículos sobre Animalidad y Parecido, pero no he podido evitar sacarlo a colación por las analogías evidentes de algunos de sus trabajos con los de Vidal, Doyle o de Jong. Tampoco podemos evitar relacionar los dioramas de de Jong con las calaveras de Jack of the Dust, que extraemos de un articulo original de Cultura Inquieta que a nuestro parecer las sobrevalora un poco asociándolas a la tradición clásica del arte consagrado al memento mori. Nosotros vemos una cierta similitud con las piezas de Maico Akiba en cuanto a recursos, pero de ejecución pobre y resultados dudosos.
Kendra Bulgrin
Pero volvamos a Kendra Bulgrin y recordemos que su particular manera de hacer es servirse de dioramas como modelos literales para sus composicionespictóricas. 
Pinta sin disimular el artificio, o precisamente potenciándolo, en un retorno a ciertos aspectos de la particular estética de René Magritte así como a su crítica al lenguaje, el pensamiento y la rpresentación gráfica de la realidad visual. Sus obras son dioramas y simultáneamente collages fotográficos reproducidos mediante técnicas pictóricas a modo de ilustraciones de un enigmático relato vital posiblemente autobiográfico, emotivo y con tintes tal vez psicoanalíticos. En todos ellos, la presencia humana, o tal vez la presencia de su propio yo simbólico, se produce a través de figuras monocromas de plástico, con peana rígida, como los soldaditos, indios y vaqueros en miniatura de los juguetes infantiles. Son acompañados en diversas actitudes por figuras animales que a menudo también sugieren el mismo artificio, o haber sido recortadas de un libro ilustrado o una revista.  
El espacio que comparten también suele ofrecer la apariencia de haber sido construído con pequeños elementos para adquirir la apariencia de pequeños paisajes improvisados no sin cierta habilidad, pero sin intención alguna de simular su artificio, señalando, quizá, la precariedad e insostenibilidad de nuestro planeta y de la naturaleza que disponemos a nuestro antojo con cierto descuido, con cierta precariedad. Los animales se convierten en compañeros protectores, espirituales. Sugieren, tal vez, la personificación simbólica de una cierta inocencia infantil, la añoranza de dicha infancia benévola y pacífica, hogareña y confortable que también simbolizan las casas. 
 
Sus casas se presentan como maquetas o sofisticadas casas de muñecas desubicadas en entornos de ensueño, sugiriendo vida palpitante a través de sus ventanas encendidas, frecuentemente ubicadas en paisajes que no son sino espacios interiores de casas a escala real, o sencillamente a gran escala, como universos dentro de otros universos, como capas psicológicas que se envuelven unas a otras constituyendo los trasuntos de nuestra personalidad.
Evidentemente, si algo reclama la presencia de Kendra Bulgrin en las selecciones de El Animal Invisible, es la persistente aparición de iconografía zoológica y paisajística en sus obras, pero también, sin duda, su conspicua reivindicación del artificio y el simulacro, la búsqueda de los límites entre la realidad fotogénica y el mundo natural. Sin duda, la imposible resolución de sus enigmas pictóricos es el mejor aliciente para contemplar sus obras: 



Trabajo reciente:








Más sobre sus dioramas pictóricos:



longing and belonging:

















Truth or consequences:







Want and fear kansas fields:

















Wisconsin Home:












Otros trabajos figurativos:














declaración de la artista sobre sus trabajos en encáustica:

En un trabajo reciente, he estado utilizando señuelos como sustitutos de la realidad como una vez usé miniaturas. Los señuelos son otra forma de pensar acerca de lo "real e ideal" y la relación entre el ser humano y el animal. También me interesan las expectativas humanas sobre nuestras relaciones con los animales. Nuestra imaginación de los animales proviene en parte de nuestro entorno cultural y podría estar vinculada a nuestra imaginación del yo y la familia. Hay un anhelo de conocernos a nosotros mismos a través de los animales. Los animales nos hacen más humanos.

 También siempre me han interesado las implicaciones metafóricas de la simulación y la mimesis. Los señuelos son de tamaño natural, están diseñados para imitar a la naturaleza y se utilizan a menudo en la caza para atraer o acercarse a los animales salvajes. He estado pensando mucho en cómo los humanos desean estar más cerca de la naturaleza y regresar continuamente a ella como un lugar de rejuvenecimiento a medida que nos separamos cada vez más del mundo natural. Sin embargo, la proximidad real con los animales salvajes es difícil o casi imposible de lograr, excepto en cautiverio. Utilizo los señuelos como metáforas para mis propios sentimientos de desprendimiento de la familia, la naturaleza, la memoria y mis propias raíces naturales y mi deseo de sentirme conectado.

 La fotografía se utiliza para lograr la distancia necesaria para comunicar emociones difíciles. La sustancia alquímica natural de la cera de abejas parece un contraste adecuado con el proceso digitalizado, nuevamente tomando nota de los contrastes marcados entre el mundo natural y artificial y la desconexión emocional general. Los señuelos o las miniaturas actúan como un reemplazo no solo para el recuerdo ideal de la infancia, sino que trascienden ese momento en particular para defender otros casos. Estos métodos de trabajar con la miniatura, el señuelo y la fotografía me permitieron distanciarme, y al mismo tiempo crear un lugar cercano idealizado para mi anhelo.






Kendra Bulgrin

Extracto del artículo de Emma Kisiel en Muybridge's Horse:

“Hay un anhelo de conocernos a nosotros mismos a través de los animales. Los animales nos hacen más humanos ". 

Me encantan estas líneas de la declaración del artista de Kendra Bulgrin. Kendra, cuyo trabajo, más ampliamente, "examina el anhelo de identidad" y cuestiona "cómo se construye la identidad a través de las imágenes, el lugar, la memoria, el señuelo y la miniatura", se me acercó el verano pasado sobre una exposición que comisariaba. No sabía entonces que ella misma es una artista maravillosa. Me encantó aprender sobre las pinturas de Kendra cuando me envió un correo electrónico hace unos meses para enviar su trabajo Muybridge's Horse.

Kendra muy frecuentemente representa animales en sus pinturas, y en su nuevo trabajo presentado aquí, cazando señuelos. Los señuelos y sus contrapartes me hacen pensar en escenas de una casa de muñecas, muñecas y otras miniaturas. Examinando su trabajo, particularmente Wisconsin Home seguido de Longing & Belonging, me encontré recordando un libro favorito de mi infancia por primera vez en muchos años: The Tub People de Pam Conrad, ilustrada por Richard Egielski. Veo la fantasía y la alegría, así como la calidad ligeramente macabra, de la historia tan claramente en las pinturas. Ambos son inquietantes y tristes, y hablan de asombro y curiosidad combinados con soledad y pérdida.

De la declaración de la artista: 

Siempre me han interesado las implicaciones metafóricas de la simulación y la mimesis. Los señuelos son de tamaño natural, están diseñados para imitar a la naturaleza y se utilizan a menudo en la caza para atraer o acercarse a los animales salvajes. He estado pensando mucho en cómo los humanos desean estar más cerca de la naturaleza y regresar continuamente a ella como un lugar de rejuvenecimiento a medida que nos separamos cada vez más del mundo natural. Sin embargo, la proximidad real con los animales salvajes es difícil o casi imposible de lograr, excepto en cautiverio. Utilizo los señuelos como metáforas para mis propios sentimientos de desprendimiento de la familia, la naturaleza, la memoria y mis propias raíces naturales y mi deseo de sentirme conectada. Estos métodos de trabajar con la miniatura, el señuelo, el lugar y la fotografía me permitieron distanciarme, pero al mismo tiempo crear un lugar cercano idealizado para mi anhelo.

http://muybridgeshorse.com/2019/02/06/kendra-bulgrin/

http://www.kendrabulgrin.com/


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