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viernes, 26 de febrero de 2016

Interiorismo y escenografía naturalista por Alexandra Kehayoglou. Alfombras de vegetación hecha de lana.



Completando lo hasta ahora expuesto en El Animal Invisible acerca de las escenografías naturalistas creemos merecida una reseña a las alfombras y tapices de Alexandra Kehayoglou.

Reconozco no ser precisamente un especialista en técnicas de tapicería y tejidos, y no solemos hacer mención a decoradores e interioristas en nuestro blog salvo que los animales o las recreaciones naturalistas estén presentes de algún modo en sus trabajos, y lo cierto es que éste es uno de esos casos.
No es fácil calificar los trabajos de Kehayogou, porque van un poco más allá de la representación de elementos naturales presentes, al fin y al cabo, en infinidad de elementos decorativos de la vivienda desde que el mundo es mundo. Lo que sí es llamativo, como me hacía ver Joan Fontcuberta en una conversación hace años, es que los estampados de telas, tapices, papeles pintados y alfombras, que desde la inspiración en formas vegetales y animales evolucionó hacia la abstracción geométrica desde muy antiguo, comenzó a reproducir de nuevo formas vegetales y animales con el advenimiento de la era industrial y la masiva urbanización de la población. El alejamiento del entorno natural, de la vegetación y la fauna, suscita la nostalgia del paraíso perdido, la necesidad de invocar la presencia de elementos propios de un entorno natural arquetípico y benévolo, confortable.
Las alfombras de Alexandra Kehayoglou reproducen con bastante fidelidad  la vegetación más susceptible de ser comparable o identificable con una alfombra. Humildes formaciones herbáceas y aglomeraciones de musgos que podríamos observar en marismas, estepas o llanuras pantanosas. Nos sitúan a menudo en paisajes nórdicos, en climas oceánicos, reproduciendo las combinaciones cromáticas y de textura de suelos concretos, de tierras concretas, y pasan la prueba de la fotogenia convincente.
En ocasiones, la artista experimenta con la continuidad entre pared y suelo, dos realidades de la experiencia visual y por tanto del paisaje, uniendo tapices y alfombras en forillos con vocación de trampantojo que no renuncian a aspectos escultóricos propios del bajorrelieve, compartiendo aspectos propios de la simulación escénica, de los decorados naturalistas, de los dioramas museísticos para romper en la medida de lo posible con lo rectilíneo, lo evidentemente premeditado, artificioso.
Os ofrecemos un surtido de las imágenes que hemos encontrado en la red, pero confesamos haberla descubierto gracias, como es tan frecuente en nuestro blog, a un comentario de Christopher Jobson para COLOSSAL.

Mafa Alborés


































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