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lunes, 21 de mayo de 2012

El arte de la enseñanza y la enseñanza del arte

historia de la vida: el arte de enseñar la ciencia y la ciencia de explicar el arte

Damien Hirst: "Shark"


El bloque inicial facilitado por el seminario “Monstruos, plagas y quimeras” coordinado por Pau Alsina y Raquel Renó en la UOC plantea la existencia de tres momentos paradigmáticos en la historia a la hora de dilucidar las relaciones entre arte y ciencia:


·la historia natural del siglo XVIII, en donde la vida se ausenta;

desde el "herbolario" de la historia natural en un espacio atemporal configurado por las taxonomías

·el período del evolucionismo, que historiza la vida;

al "nicho ecológico" de la perspectiva evolutiva, que busca una adaptación teleológica en la que se rompe la relación dialéctica entre el desarrollo del organismo y su contexto

·la ingeniería genética de finales del siglo XX y comienzos del XXI, que promueve una descontextualización de la vida.



En mi primera argumentación en el debate sobre esta unidad, creí necesario preguntarme si estoy totalmente de acuerdo con esta visión, y, aún cuando me parezca una clasificación histórica muy razonable y oportuna, cabe matizar que plantea dicha visión de los momentos fundamentales de la concepción de las ciencias naturales desde la perspectiva subjetiva de las propias ciencias naturales y sus gestores, y no por parte de la cultura que las ampara. Y es que las disciplinas crean no sólo un discurso o un modo de argumentar, sino un mundo ajustado a sus parámetros, coherente con sus metodologías, inereses e inquietudes. La ciencia se suele olvidar de cuánto se la tergiversa y malinterpreta desde la cultura popular y el arte, tanto como el arte no puede ser interpretado con rigor científico cuando acomete la tarea de ilustrar mensajes o nociones científicas.

Si queremos anticiparnos a un estudio de las relaciones entre los contenidos científicos y los artísticos y cómo éstos son asimilados por la generalidad de las gentes hasta conformar la cultura de una época, hemos de entender que diversas formas de pensamiento pueden coexistir o interactauar antes de concluir en nuevas formas de concebir la realidad y el mundo natural.

Creo sinceramente que es muy difícil separar arte y ciencia en sus inicios, cuando ni siquiera ambos conceptos existían, y, en todo caso, sus concepciones correspondientes no coincidían con su supuesta traducción actual.

Bajo mi punto de vista, intento priorizar la clara visualización de la divulgación y asimilación, por parte de los integrantes de cualquier cultura, y en particular de la llamada cultura occidental, de los contenidos científicos a través de formas de expresión herederas de la tradición artística.

Creo que han sido los artistas los encargados de transmitir los nuevos conceptos científicos a las sociedades que los vieron nacer al ilustrar de múltiples formas los contenidos expresados por los estudiosos y observadores de la realidad natural.


Volvamos a la visión de tres momentos paradigmáticos:


·la historia natural del siglo XVIII, en donde la vida se ausenta;



desde el "herbolario" de la historia natural en un espacio atemporal configurado por las taxonomías

Me gustaría apuntar, por mi parte, que estas taxonomías encuentran en el arte gráfico un aliado para su expresión y divulgación. Pensemos en el hecho, por ejemplo, de que es durante este período cuando aparece la anatomía comparada de la mano de Cuvier, y no es casual que éste fuera un hábil dibujante.

·el período del evolucionismo, que historiza la vida;

al "nicho ecológico" de la perspectiva evolutiva, que busca una adaptación teleológica en la que se rompe la relación dialéctica entre el desarrollo del organismo y su contexto



Se puede asociar este período, y el final del anterior, y a las primeras interpretaciones gráficas del aspecto de los dinosaurios a partir de los primeros hllazgos arquoelógicos acreditados científicamente. Como muy bien han apuntado especialistas como José Luis Sanz o Stephen Jay Gould, interesados también en las formas artísticas que han vehiculizado los conocimientos científicos, es interesante constatar no sólo la evolución de los organismos vivos, sino incluso la evolución de la imagen que ha ilustrado en la literatura científica o en espacios museísticos,por poner un ejemplo, al iguanodón, primer representante conocido de la estirpe que mejor conecta con los dragones de un pasado mítico.


·la ingeniería genética de finales del siglo XX y comienzos del XXI, que promueve una descontextualización de la vida.



La aparición de las tecnologías digitales y las llamadas realidades virtuales dan pié a la posibilidad de generar formas de vida virtual, y, en este terreno, el soporte utilizado por arte y ciencia a menudo es el mismo, análogamente a lo comentado más adelante con respecto a diferentes formas artísticas como dibujo y fotografía con el advenimiento de la infografía.


Existen grabados y dibujos del s. XVII en los que se recrean versiones del mito de Adán y Eva con aspecto bestial o simiesco. La narrativa histórica nos ha acostumbrado a habituarnos a la aparentemente lógica confrontación entre las teorías darwinianas y las ideológicamente establecidas en las instituciones científicas supeditadas a los poderes fácticos de la iglesia anglicana, pero también podemos constatar que la semejanza entre los primates ya era observada antes de la teoría de la evolución en base a la selección natural como una posibilidad comprensible para cualquier observador.

Lamarck creía en una adaptación al medio impulsada desde el interior (por los fluídos vitales) de los seres vivos, lo cual, desde la perspectiva de la selección natural es inaceptable, pero los neodarwinistas como Richard Dawkins han argumentado desde el nivel adaptativo de los genes en el entorno inmediato de las formas orgánicas manifetadas por sus fenotipos. Para un observador no científico, las analogías y metáforas generadas por ambas explicaciones no parecen ya tan diferentes en sus formas.
El propio Darwin se resistió a rendirse a las evidencias que suscitaron las intuiciones de Lamarck en el pasado, que a su vez alimentaron las de Alfred R. Wallace, quien generosamente no dudó en definir sus propias y auténticamente pioneras teorías evolucionistas como darwinismo.

Durante el XVIII, efectivamente, tal y como se nos plantea en el esquema anterior, las taxonomías se sitúan en un espacio atemporal, pero una cierta noción de Historia Natural cambiante a lo largo del tiempo es detectable en las justificaciones bíblicas de acontecimientos como el diluvio universal, y la aceptación de conceptos como fauna antediluviana. La geología flirtea con la explicación académica (o constatación) de acontecimientos asociados a causas divinas relatados en la biblia y los evangelios, y esto no es más que la continuidad de la tradición de los bestiarios medievales con respecto a la perpetuación de los conocimientos zoológicos y botánicos heredados de Aristóteles.
Si nos referimos a las manifestaciones plásticas y artísticas que sirven de vehículo a la propagación de conocimientos sobre especies animales, por ejemplo, podemos afirmar que constituyen el primer ejemplo potente de comunicación realmente poderosa y universal; los libros manuscritos más profusamente divulgados de todos los tiempos fueron los bestiarios, desde Aristóteteles hasta las innumerables transcripciones y reinterpretaciones que originó hasta el enciclopedismo del XVIII. Pero no podemos olvidar, además, que los responsables del éxito eran en gran medida los artistas que ilustraban (iluminaban) sus páginas con pigmentos a base de óxidos naturales (minio, que da lugar a la expresión “miniatura”, que hoy en día asociamos a la reducción de escala de un objeto, en analogía con la reducción de escala de la imagen que reproduce, recrea o representa la imagen real de un objeto real). El poder de estas imágenes y su asentamiento en la cultura fue tal que, por ejemplo, nadie osó alterar el modelo inicial de las ilustraciones y descripciones del rinoceronte tal y como aparecía en “El fisiólogo” de Aristóteles hasta prácticamente el siglo XIX.

Deberíamos, tal vez, intercalar a estos tres momentos paradigmáticos de la concepción de la Historia Natural otros tantos más asociados a su eficaz transmisión y asimilación social.

Visto de este modo el problema, creo que deberíamos referirnos a los momentos paradigmáticos de propagación de imágenes de contenido naturalista a través de manifestaciones plásticas de alcance masivo.
Desde esta perspectiva…

·el primer momento se daría con el nacimiento de las primeras manifestaciones artísticas en el llamado arte rupestre.

·El segundo estaría relacionado con los primeros textos ilustrados y los Bestiarios Medievales.

·El tercero lo marcaría la aparición de la imprenta de tipos móviles de Guttenberg y su asociación a los diferentes tipos de grabado. El poder sugestivo de las imágenes se multiplicaba en virtud de la repetición mecánica y se comunicaba de forma embrionariamente masiva.
Este período llegaría a su cumbre con las eciclopedias y la ilustración gracias, verbigracia, a las ilustraciones que las enriquecen y vehiculizan en gran medida, puesto que los esquemas gráficos perduran más que la casuística y los grabados constituyen el reconocimiento de las formas zoológicas existentes. La excelencia técnica y documental de dibujantes, grabadores e impresores influirá tremendamente en la visión del mundo natural por parte de la nobleza ilustrada, pero la obsesiva taxonomización de los seres vivos que nació con Linné, nos lleva a observar casos curiosos. En la enciclopedia Didèrot-D’Alembert, por ejemplo, dos tradiciones lingüísticas confluirán para intentar clasificar de forma diferenciada a pantera y leopardo, en realidad la misma especie (desde Asia, la tradición griega promovió el nombre “pantera”, desde África, la latina promovió el de “leopardo”, y aunque las descripciones y apuntes gráficos no hacían sino constatar la existencia de una única especie con diferentes nombres, lo cierto es que una misma plancha reproduce a ambos animales y nos menciona sus diferencias pese a su evidente parecido. Podríamos pensar en confusiones similares entre leopardo y jaguar, animales similares pero especies diferenciadas, pero entonces podríamos constatar la confusión léxica entre el nombre empleado para el tigre de Asia y el tigre (jaguar) de América. Texto e imagen tendrán problemas para ponerse de acuerdo, pero los libros ilustrados y las imágenes de animales clasificados por la evidencia de sus diferencias físicas visibles llega a su máxima expresión.
 



·El cuarto estaría asociado a la revolución industrial, a la aparición de los motores de combustión y las nuevas formas de energía como la electricidad, el mismo contexto en que aparecen la Fotografía y los procesos de reproducción fotomecánica.
La fotografía tendrá que esforzarse durante un tiempo para imponerse al dibujo y al grabado, pero, de hecho, la aparición de los procesos fotomecánicos facilitará la calidad y rapidez de reproducción de los grabados, y, aunque la fotografía no es lo suficientemente descriptiva o clara en sus inicios, aparece tímidamente con el beneplácito del público gracias a su condición de huella presencial del animal, puesto que reproduce su visión real directa, sin la sucesión de intermediarios que han llegado a deformar o estilizar los rasgos de múltiples criaturas. En cualquier caso, la imagen fotográfica y sus características empezaron a servir de influyente modelo para los dibujantes y grabadores, antes de sustituírlos en las sucesivas expediciones científicas.
El primer best-seller de la divulgación zoológica ilustrada que arropa las teorías evolucionistas corresponde a Alfred Brehm, también uno de los primeros comunicadores de contenidos científicos que se sirven de una narrativa inspirada en los relatos de aventuras, cargado de anécdotas significativas que son antesala de la etología tanto como del entretenimiento culturizante propio de Gerald Darrell o David Attemborough de la era del cine y la televisión. Y la obra de Brehm basó su éxito en la profusión de grabados influídos por los primeros archivos fotográficos de tema zoológico.

Escultura de Patricia Piccinini
·El quinto llegaría con el advenimiento de las tecnologías digitales y la infografía. En la era digital, fotografía, ilustración y pintura comparten un soporte común, y, aunque Francis y Crick hubieran descrito la imagen de la estructura del ADN en los años 50 (mucho después de que Mendel apuntara a los primeros brotes de la genética), lo cierto es que las analogías entre Bytes y genes encuentran excelentes ejemplos en la narrativa de Crichton y Spielberg para generar un renacimiento y una renovación de la resurrección de los dinosaurios.

Si en el cuarto estadio mencionado la llegada del misterio de la electricidad a la ciencia, la tecnología y la cotidianidad hace que Frankenstein la use para dar vida a su criatura, en la era postatómica la radiactividad (asociada a la mutación genética) genera los mitos superehóicos de la cultura pop: Spider-man, Hulk, Fantastic 4, y un largo etcétera nacen de accidentes asociados a diferentes tipos de radiación, y es significativo observar, por ejemplo, que si en el cómic original de Stan Lee y Steve Ditko, es la radiactividad la responsable de transmutar la picadura de la araña que transformará a Peter Parker en Spider-man, la versión cinematográfica de Sam Raimi en pleno s. XXI nos habla directamente de una araña mutada genéticamente.

Lo que es evidente es que el dibujo (con todas las disciplinas artísticas que se le asocian) es el responsable de que recordemos los rasgos de un rinoceronte tanto como de que persistan en nuestra mente conceptos como pirámide alimenticia o evolución humana asociados a un esquema gráfico. Las nuevas tecnologías, compartidas en su uso por diversas formas de arte y ciencia, facilitan  la interacción entre ambos campos y que reflexionen sobre ello