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viernes, 25 de mayo de 2012

Analogías entre información digital y genética en arte y ciencia.


 Analogías entre información digital y genética han sido utilizadas por muchos autores. El más famoso es sin duda Crichton con su Parque Jurásico, y la película homónima de Steven Spielberg daba cuenta de ello en un ficticio documental gráfico animado que formaría parte de la informacion audiovisual para todos los públicos (el típico material del departamento educativo de zoológicos y museos científicos) que el parque temático habría elaborado para su público.
Los especialistas nos plantean lo remoto de tal posibilidad, que da por sentado que la sangre (y el adn) de los dinosaurios se podría conservar en mosquitos conservados a su vez en ámbar, puesto que el mismo proceso de petrificación de éste no dejaría más que un vaciado interior de la anatomía del mosquito (es dudoso que ni tan siquiera fuese posible extraer información genética del propio mosquito). Evidentemente no es este exactamente el problema que nos preocupa directamente, sino que, como ya habíamos mencionado en otras entradas, la analogía entre bits y genes es uno de los méritos de la ficción de Crichton y de la producción de Spielberg, puesto que, al fin y al cabo, lo que Dennis Muren y demás responsables de ILM consiguen es recrear las formas visuales de las criaturas a partir de una de las primeras recreaciones tridimensionales digitales aplicadas al cine comercial con influencia decisiva en el imaginario zoológico mundial.
Microorganismo virtual de Louis Bec

Se ha especulado con la posibilidad de conseguir algo semejante con especies más cercanas en el tiempo con restos mejor conservados (el mejor ejemplo es el mamut, lo suficientemente grande y espectacular para suscitar interés, y con parientes vivos relativamente cercanos para posibilitarlo -algo semejante se dió, con éxito, al recurrir a bisontes americanos para repoblar y refrescar la endémica cosanguineidad de los bisontes europeos de Polonia al borde de la extinción-) y ya hemos visto que tanto desde la simulación informática de organismos vivos como desde la manipulación genética en organismos vivos, los más destacados representantes del bioarte han realizado obras de gran potencia expresiva tanto desde el punto de vista estético como desde el estrictamente científico. Louis Bec generaba organismos vivos en un entorno digital virtual a partir de información codificada. Recordemos que sus organismos supuestamente adpatados a un entorno sulfuroso, basando su metabolismo en el azufre y no en el oxígeno, planteaban, en base a la definición de vida, la duda razonable de poder ser considerados organismo auténticamente vivos. Por si fuera poco, posteriores descubrimientos constataron la existencia de organismos unicelulares que habitaban biotopos sulfurosos basándose en el azufre, convirtiendo la especulación artítica de Bec en una realidad biológica.
"Alba" Conejo fluorescente modificado genéticamente por Eduardo Kac
Por su parte, Eduardo Kac ha aplicado a sus proyectos con seres vivos manipulaciones genéticas que han dado lugar a la patente de un conejo fluorescente o la de una flor alterada con información genética del propio artista.
"Edunia", de Eduardo Kac











Obra de Patricia Picinnini
El bioarte se podría definir como aquel que reflexiona sobre lo biológico y su información inherente. Lo hace Patricia Picinini en sus obras, aunque no dejen de ser sino esculturas o fotografías, pero eso deja en posición de genuínamente bioartística sólo a toda pieza artística que está viva. Bec lo plantea en forma de contundente respuesta teórica a la pregunta. Kac es todavía más contundente en cuanto que sus obras pueden ser cuestionadas como obras de arte, pero no como seres vivos.
Lo que sí nos queda claro con todo esto es que la información, el "planning" estructural, el material en definitiva con que trabajan Dennis Muren, Louis Bec o Eduardo Kac es información codificada, y que es posible establecer analogías entre códigos genéticos y códigos infográficos.
Según deducimos de la noticia que reproducimos más abajo, tanto es así que podemos traducir a códigos informáticos códigos genéticos, y las fronteras entre real y virtual se desvanecen en el ámbito de lo potencial.



 Recientemente, y con cierto retraso, como es habitual en los refritos informativos de yahoo, se ha hecho pública la siguiente información:

MÉXICO, D.F., mayo 24 (EL UNIVERSAL).- Científicos de la Universidad de Stanford usaron secciones de ADN para codificar, almacenar, borrar y leer datos de manera digital, como lo haría un disco duro, en el material genético de una célula.
Para ello se reordenaron secuencias del material genético de bacteriófago, es decir un virus que infecta a una bacteria. Así se extrajeron dos proteínas, la integrasa y excisionasa, que participan en el proceso de modificación del ADN cuando el virus se incorpora a la bacteria, aseguro en su portal BCC Mundo.
El articulo original que aparece en Proceedings of the National Academy of Science asegura que uutilizando dicho proceso incorporación, los investigadores lograron que los segmentos seleccionados apuntaran en dos diferentes direcciones dentro de los cromosomas de la bacteria E. coli.
Si el segmento de ADN apuntaba a una dirección correspondía a un cero y apunta hacia el otro lado era un uno, simulando un bit, unidad mínima de la información digital y se representa con ceros y unos.
Los datos eran leídos gracias a que las secciones utilizadas del material genético habían sido modificadas para brillar con color verde o rojo dependiendo de la orientación que tomaban.
Este trabajo de bioingeniería se espera contribuya a los estudios del cáncer, en el medio ambiente y a desarrollar métodos de almacenamiento de información digital en sistemas biológicos.
Por ahora los bioingenieros buscan controlar datos más complejos como lo es un byte, el equivalente a ocho bits.


Al hilo de lo comentado, es inevitable transcribir esta otra noticia de la web del Independent, acerca de la posibilidad de "volver" a la vida al Tilacino, Lobo de Tasmania o Tigre de Tasmania, extinto desde principios del siglo pasado:



El Thylacinus Cynocephalus se ha extinguido en el continente australiano, pero unos pocos pueden sobrevivir en Tasmania
En un eco de la película Parque Jurásico, el ADN de un animal extinguido ha sido reactivado en el laboratorio por primera vez.Los científicos tomaron material genético del tigre de Tasmania - especie oficialmente declarada extinta hace 70 años - y lo insertó en embriones de ratón, donde desempeñó un papel en el desarrollo del  cartílago y el futuro
hueso.El doctor Andrew Pask, de la Universidad de Melbourne en Australia, quien dirigió la investigación, dijo:. "Esta es la primera vez que el ADN de una especie extinta se ha utilizado para inducir una respuesta funcional en otro organismo viviente, como más y más especies de los animales se extinguen, que siguen perdiendo el conocimiento crítico de la función de genes y su potencial ".En el Parque Jurásico de cine, los dinosaurios cobran vida con la resurrección de su ADN conservado. Algunos científicos han sugerido traer de vuelta el tigre de Tasmania usando la tecnología de clonación como la descrita en la película. Otros son escépticos, señalando que el ADN necesario es poco probable que esté lo suficientemente bien conservado.La nueva investigación demostró que el ADN de un animal extinto podría ser resucitado. El 5 pies de largo tigre de Tasmania (Thylacinus cynocephalus), un tipo de lobo marsupial, fue cazado hasta su extinción en estado silvestre en el año 1900 y el último espécimen en cautividad  murió en el zoológico de Hobart en Tasmania en 1936. Sin embargo, algunos ejemplares fetales se preservaron y conservaron.El equipo del Dr. Pask tomó fragmentos de ADN y se seleccionará un "potenciador" elemento asociado a un gen llamado Col2a1 que interviene en la producción del colágeno. Aunque no es un gen en sí mismo, el elemento ayuda al gen para dicha función.Situado en embriones de ratón, el ADN se "enciende" y ayuda al desarrollo del cartílago, el primer paso en la formación de los huesos.Los hallazgos, publicados en la revista PLoS ONE, tienen un enorme potencial para la comprensión de la biología de los animales extintos, dicen los científicos.